Una de las más bellas canciones de amor cantada por una de las sopranos más grandes de todos los tiempos: Rosa Ponselle (la Caruso con faldas): Maria, Marì!, canción napolitana, de Vincenzo Russo y Eduardo Di Capua.
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Una de las más bellas canciones de amor cantada por una de las sopranos más grandes de todos los tiempos: Rosa Ponselle (la Caruso con faldas): Maria, Marì!, canción napolitana, de Vincenzo Russo y Eduardo Di Capua.
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Entrevista en ABC
con Sebastian Weigle, director musical del Gran Teatre del Liceu.
«A Sebastian Weigle le bastó subirse al podio liceísta un par de veces para convencer con su talento. Cuando muchos lloraban su marcha inminente a Frankfurt adornada con frases como “siempre que tenemos a alguien bueno lo dejamos marchar”, el director anuncia que se queda. Acaba de renovar contrato con el Liceu por dos temporadas más fichando hasta el curso 2008-09. Por lo pronto, sobre su despacho luce una inmensa partitura de La clemenza di Tito, la ópera mozartiana que el lunes inaugura el curso operístico con trece funciones a cargo de dos repartos, el primero de ellos con con nombres tan importantes como los de Vesselina Kasarova, Véronique Gens, Marianna Pizzolato, Michael Schade y Ofelia Sala, obra que llega en una nueva producción del director mexicano Francisco Negrín en complicidad con la Ópera de Leipzig».
—¿Cuál es su concepción de Tito más allá de lo musical?
—Es una ópera muy completa. Mozart la escribió bajo una enorme presión porque estaba lleno de encargos, como eran el Requiem, La flauta mágica y algunos conciertos para instrumento solista. Creo que la ópera quería ilustrar que el poder se puede manifestar y vivirse de diferentes maneras, con un gobernante ’suave’ que se opone a un tirano. En todo caso no me queda claro si Mozart quiso reflejar en esta obra su concepción por un poder concreto o por el poder en abstracto. Es un excelente ejemplo de ópera seria, un género que tenía mucho éxito pero que después fue considerada anticuada. Posee muchas arias magníficas además de varias escenas de conjunto que Mozart pudo delinear con la ayuda de un libretista astuto. Estas ocho piezas de conjunto son una prueba de la innovación del compositor. En la partitura la lucha por el poder se manifiesta tanto como otras muchas pasiones: hay amor, odio, celos, venganza… La materia de la que se nutre cualquier ópera. Pero lo que es poco usual en esta obra es que se incorporan el perdón y la clemencia, en este caso del gobernante.

Calixto Bieito, en contra de la retirada de la ópera
«La Deutsche Oper de Berlín decidió suspender el martes la representación de la ópera de Mozart Idomeneo por recomendación de la Oficina Federal de Investigación Criminal, quien vio un peligro de despertar resquemores en el mundo islámico por el contenido de la obra.
El estreno de la obra estaba previsto para el próximo mes de noviembre, pero la oficina Federal de Investigación Criminal (Bundeskriminalamt) consideró que determinadas escenas podrían herir los sentimientos de los fieles a Mahoma.
(…)
En el epílogo de la escenificación llevada a cabo por Hans Neuenfels, Idomeneo, rey de Creta, sale al escenario con un saco en el que porta las cabezas de Buda, Poseidón, Jesús y Mahoma».
La canciller alemana critica la retirada
Más en 20 Minutos

Leontyne Price: aria de Lauretta (Oh mi papaíto querido) de la ópera en un acto Gianni Schicchi (integrada en el retablo operístico Il Trittico, junto a Il tabarro y Suor Angelica), Puccini. 1981.
Cuentan de la Bori que era una mujer elegante, de refinados modales, exquisita; no guapa, pero con encanto. Nunca se casó y tampoco tuvo hijos.
Su apellido real era Borja González de Riancho (hay quien asegura que ‘de Riancebo’) y nació en Valencia el 24 de diciembre de 1887. Tenía fácil italianizar su nombre artístico, ‘Lucrecia Borgia’, pero desde sus inicios se quedó con el improvisado ‘Bori’.
Borja si legge Boria in italiano, e attribuire boria a una donna equivale a definirla vanitosa, stupidamente superba. Borgia, che è la traduzione letterale del nome spagnolo Borja, non è proponibile –come nome di cartellone– chiamandosi Lucrezia; sarebbe inoltre apparso, benché non lo fosse, un equivoco pseudonimo.
Su musicalidad, una línea de canto elegante y aristocrática, un lenguaje refinado y coqueto, más su compenetración escénica, hicieron de Lucrezia Bori la gran soprano lírica de su tiempo. No era una voz muy extensa en la zona alta, ni grande de volumen, aunque sí cristalina y especialmente apta para la expresión de sentimientos tiernos y delicados. El sistema de grabación no la favoreció y sus registros no reflejan, muy probablemente, toda la grandeza de su arte. Fue Manon, Norina, Zerlina, Fiora, Louise, Mimì, Violetta… De este último personaje, dicen las crónicas, hacía una verdadera creación.
La valenciana Bori usaba camelias frescas en cada función de La traviata. En la escena final, cuando Alfredo Germont corre al lecho de Violetta (a buenas horas, mangas verdes), el Doctor Grenville le traía un ramillete. No figura en el libreto, pero lo cierto es que Annina las colocaba en un florero, y en el delirio final la Bori las arrojaba a su alrededor, mientras exhalaba el último suspiro.
Lucrezia Bori realizó sus primeros estudios en su ciudad natal y en Roma completó su formación musical, con el maestro Melchor Vidal, también español. Debutó en 1908 en el Teatro Adriano, con Carmen, en el rol de la dulce y cándida Micaela. En 1910, cantó en el San Carlo de Nápoles junto a Enrico Caruso y Pasquale Amato en Manon Lescaut y Madama Butterfly. Fue el espaldarazo definitivo a su carrera: en la temporada siguiente firmó contrato con La Scala, protagonizando, entre otras óperas, el estreno italiano de El caballero de la rosa.
Ricordi mi avvertì che tre signori sarebbero venuti a Parigi per sentirmi cantare e mi chiese di essere tanto gentile da imparare qualche aria della Manon Lescaut, cosa che io feci. I tre signori arrivarono: erano Toscanini, Puccini e Gatti-Casazza. Mi guardarono dalla testa ai piedi e poi dai piedi alla testa. Mi esaminarono bene. Probabilmente soddisfatti, mi invitarono a cantare la Manon Lescaut con Caruso, quale artista ospite al Metropolitan….. Mi ero fatta fare i costumi nuovi a Parigi: mi costarono una fortuna. Dopo la prova generale tutti vennero a congratularsi con me. Poi venne Puccini, con una tazza di caffè. ‘Bori , andava tutto alla perfezione. Solo che all’ultimo atto, quando la Manon ha fame ed è senza un soldo, il suo costume è troppo pulito’. E mi versò addosso la tazza di caffè.
Al Metropolitan de Nueva York llegó por primera vez el 9 de junio de 1910, con Manon Lescaut. En esta sala interpretó más de seiscientas representaciones de veintiocho óperas diferentes. Se la escuchó también con frecuencia en el Colón de Buenos Aires, pero, hasta donde sabemos, nunca llegó a cantar en España.
Su carrera artística terminó oficialmente el 29 de marzo de 1936, en el Metropolitan, con una gala en su honor. Ya retirada de la escena, brindó su apoyo y experiencia a varias instituciones musicales, especialmente a la Sociedad de Amigos del Metropolitan, y a cantantes que por entonces empezaban, como la soprano italiana Licia Albanese.
Falleció en Nueva York, el 14 de mayo de 1960, víctima de un derrame cerebral. Sus restos descansan en el Cementerio Municipal de Valencia, en el mausoleo familiar. No lo cuentan las crónicas, pero seguramente tampoco faltaron camelias frescas en su definitivo adiós.
Con ustedes (snif, sólo audición), Lucrezia Bori: Addio del passato, del Tercer Acto, Escena final, de La traviata, Verdi. AQUÍ
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Lucrezia Bori y Beniamino Gigli. Estreno en el Met de La rondine (La golondrina), 1928, ópera por la que la soprano sentía cierta predilección.
Más, sobre la Bori

Sus personajes (I).
Sus personajes (II).
Su público.
Renata Tebaldi, profonda ed infinita.
(Reflexión sabatina: ¿existió realmente rivalidad entre la Callas y la Tebaldi o fue sólo una leyenda?)

Mañana, sábado, empieza la Noche en Blanco en Madrid, una excepcional propuesta cultural abierta y gratuita de diez horas seguiditas, desde las 23:30 horas del sábado 23 de septiembre hasta las 03:00 horas del domingo 24.
El Teatro Real se suma a ella mostrando al público por primera vez su caja escénica, la complejidad de su maquinaria y la última tecnología de que hace gala.
(Foto: Fausto, en febrero de 2003)