Battle y Troyanos, en ‘Ariadna en Naxos’

  • Kathleen Battle (Zerbinetta) y Tatiana Troyanos (El Compositor): Ein Augenblick ist wenig…,  dúo del Prólogo de Ariadne auf Naxos, Strauss.
  • Dirige: James Levine. Metropolitan, 1988.
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    4 Responses to “Battle y Troyanos, en ‘Ariadna en Naxos’”

    1. oscar valdivieso says:

      Grande Tatiana Troyanos… Unas lineas a tan querida mezzo.-

    2. oscar valdivieso says:

      Estamos siendo tacaños con ella, rectifiquemos, de veras es muy buena.

    3. Paco Roa says:

      Independientemente de que alguno de Vds. así me lo pida, personalmente entiendo también que la Troyanos bien se merece unas, siquiera, breves palabras a guisa de modesto homenaje. El problema de la muy grande mezzo estadounidense es, yo diría, común al de todos los cantantes de su singular estirpe – qué sé yo, la Rysanek, la Varady (no se habla nada de ella, acaso la mejor mozartiana de la segunda mitad del veinte), Vickers, etc. -: al haber cimentado “únicamente” su, lamentablemente, corta carrera sobre una solidísima formación, un concienzudo estudio en pos de una, no por imposible, siempre querida perfección, un arduo trabajo sin desaliento ni distracciones y, al cabo, sobre un rigor ajeno a cualquier concesión a galería alguna, quedó fuera del star system de su época y ninguneada por las grandes campañas de marketing de las que si gozaron otras colegas suyas más afines al mercadeo. Razón por la que, incluso en la cima de su carrera, la eximia cantante dispuso de un predicamento mucho menor al que sus méritos profesionales la hubieran hecho acreedora sin duda, y, al día de hoy, a casi quince años vista de su muerte, sólo sea un incierto recuerdo en la memoria de algunos buenos aficionados, aquellos que no se dejan seducir con facilidad por el falso oropel y saben ponderar justamente el trabajo bien hecho.

      Desde Giulietta a Sesto, pasando por Santuzza, la Troyanos dejó una, al menos para un servidor, indeleble huella de su exquisito talento interpretativo y arte canoro de la mejor ley: voz uniforme, magníficamente impostada y sin fisuras en todos los registros -¡qué fiato!-, tornasolados graves y precisos agudos, construidos a partir de un centro tan sólido como hermoso, y, en suma, acomodable sin problemas su instrumento a las demandas de cada personaje encarnado. Apasionada por la música y por servir a ésta con la mayor fidelidad posible, Tatiana Troyanos queda inscrita en el Libro de la ópera mucho más allá que como una número uno de su cuerda: su nombre está grabado, desde mi punto de vista, en la exclusiva categoría de los más grandes de la lírica de nuestros días. Muchas gracias

    4. oscar valdivieso says:

      Gracias a usted don Paco, de veras es suerte del foro contar con sus conocimientos.-

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