‘Viva la ópera’ (II): ‘La flauta mágica’ de la Kömische-Oper-Berlin. Versión con personajes y diálogos inventados

Esta vez es am_zoo quien participa en ‘Viva la ópera’. Estudia en Berlín y se está poniendo las botas musical y líricamente hablando. Hoy nos brinda su testimonio sobre la representación de La flauta mágica que presenció hace siete días en la Ópera Cómica de Berlín: “Me dejó tan atónito y lleno de rabia que me está costando asimilarlo”.

No sólo lo cuenta, sino que hizo de pirata bueno (¡prohibido llegar al final sin leer el texto!). Toda una exclusiva.

Agárrense a la silla. Voilá:

“Me siento estafado. Fue el pasado lunes, 5 de marzo de 2007. Asistí a la representación de ‘La flauta mágica’, de Mozart, en la Kömische-Oper-Berlin. No sé qué adjetivos usar. Lamentable, horroroso, aberrante… me parecen demasiado suaves.

A ver cómo lo cuento. Llegué, dejé la chaqueta en el guardarropa, compré el programa (2,80 euros) y me senté en mi butaca. Miro la portada del programa y lo abro. Leo:

Die Zauberflöte (bien)

Große Oper in zwei Aufzügen von W. A. Mozart (correcto)

Libretto von E. Schikaneder (exacto)

Dialogfassung (“Versión con diálogos”) von Hans Neuenfels

¿¿¿Cómo??? ¿Versión con diálogos de Hans Neuefels? ¿Eso qué significa?

Paso las páginas del programa. Habla de la obra, hay una entrevista a no_sé_quién; y en las páginas finales, los diálogos del director de escena, el tal Hans. Cito: “Entre la introducción y el aria de Papageno… un diálogo a continuación”. Pues así toda la obra.

La cosa no acaba aquí. Tras descubrir que se ha cargado los diálogos originales y ha puesto los diálogos de cosecha propia, me percato de que en ellos aparecen tres personajes, una mujer y dos chicos. La mujer se llama Marie-Louise. Ellos son Franz y Xaver. Vaya, qué gracioso el director de escena, usando el nombre de uno de los hijos de Mozart, que, mira qué casualidad, ¡es mi nombre!

Estoy nervioso. Desencajado. Me niego a pensar que alguien ha cogido la obra y la ha amputado, literalmente. “¡No, no, no! No puede ser!”.

Saco la entrada. En ella no pone nada. Salgo al hall en busca de algún folleto. Nada. Miro la programación del mes. Nada tampoco. “No lo pone en ningún sitio. Si lo llego a saber, no compro la entrada. ¡Pero es preciso que lo ponga en algún sitio!”.

Pero no lo pone en ninguno de los que miré y miro en este momento. Vuelvo a mi butaca. Me siento fatal. Siento un nudo en la garganta. Estoy incómodo. Noto una presión fuerte en el pecho. La obra no ha empezado. Las evidencias son claras y sé qué va a pasar (mentira, ni la mínima parte de lo que va a pasar sé), pero me resisto a pensar que ocurrirá. Tengo la esperanza (nula) de que no va a aparecer ningún elemento extraño durante la representación. Tengo ganas de gritar fuerte y con rabia alguna de las palabras malsonantes que se me pasan por la cabeza (imaginad las más malsonantes).

Bueno. Empieza la cosa. Obertura. Aparece Tamino: ‘Zu hilfe, zu hilfe…’. Bien. Va vestido de cazador, con gafas. Luego salen las tres damas. Llevan abrigos y peinados a lo años 50 (así era todo el vestuario). Vale, por mí…, mientras no altere el sentido de la obra, como si Tamino lleva bermudas.

Termina la introducción y viene el primer diálogo. Desaparecen las tres damas y salen los tres inventados. Se acercan a Tamino y dice uno de los chicos inventados: “Quién es este?”. Y responde la mujer inventada: “Un tipo paranoico”. Y sigue el diálogo…

¿Un tipo paranoico? ¿¡Qué!? ¿Tamino un tipo paranoico? Primera puñalada trapera.

Lo mío va a más. Cada segundo que pasa odio más al Hans ese. Me llega a doler la cabeza de tanto pensar en “¡No y no y no!”.

Pues así todo el primer acto.

Los diálogos de las tres damas con Tamino, que se van interrumpiendo una a una pero que forman un solo discurso, y cómo le hablan, y cómo se le acercan. Ese juego de movimientos de las tres damas con Tamino. Fuera, todo fuera. Ahora están los tres sujetos inventados, con diálogos nuevos.

Ellos tres siempre están presentes en todos los diálogos. En algunos, incluso dialogando los tres con alguno de los personajes. El personaje original (Tamino, Pamina, Papageno, el que sea) hablando con los inventados. ¡Dios! ¡Eso es aberrante! Quitan texto original. Están alterando la historia original, aunque la música y la letra de la música se respete (lo único que respetó. Menos mal).

Más. La primera aria de la Reina de la Noche: una Reina que aparece en el escenario temblorosa y con paso dubitativo, que parece que vaya a desmayarse. No me gustó su timbre para cantar la Reina de la Noche. Tampoco tenía agilidad y flexibilidad para la coloratura y llegaba muy forzada a los agudos.

Bueno. La dramatización del personaje, pésimo y lleno de barbaridades. Durante la primera aria, la Reina pierde una mano, se arranca la cabellera quedando calva, se arranca un pecho y al final se desmaya. Entran los dos sujetos inventados con una camilla y se la llevan, perdiendo por el camino una pierna… Yo flipaba. Y encima, ¡había gente que se reía! ¡Lamentable! La Reina de la Noche, personaje vil, siniestro, perverso y malvado, caricaturizado en un personaje enfermizo y débil.

Con Sarastro tampoco tuvo piedad. El bajo que lo interpretaba fue, de lejos, la mejor voz de todo el reparto. Una voz profunda, limpia, clara. Una voz muy noble. Perfecto para Sarastro, para lo que simboliza. Simbolismo que el amigo Hans se encarga de hacer añicos, cómo no. Sarastro, el gran sacerdote, que representa la verdad, la bondad, la pureza, la luz, caracterizado en un personaje viejo, en silla de ruedas, que necesita ayuda para caminar (y menuda ayuda le ponen…, ¡qué triste!), que le dan espasmos y amagos de ataque.

Al principio del segundo acto, escucharlo cantar ese ‘O Isis und Osiris’, con esa nobleza y claridad, esa melodía solemne como un himno… y haciendo como que le dan espasmos musculares y se va a caer de la silla. Esto me pareció, ya no sólo sacar de contexto al personaje, me pareció putear al cantante. ¡Una falta de respeto total!

Un Papageno triste, vestido con traje de chaqueta gris. Sin ningún elemento que lo identifique como pajarero. Siempre a su alrededor el Franz y el Xaver, los inventados, llevando cazamariposas o pajaritos de plástico, haciendo… ¡haciendo nada!

En la segunda aria de la Reina de la Noche… Bueno, esto viene todo de seguido desde el aria de Monóstatos. Empieza Monóstatos junto a una urna de cristal en cuyo interior se encuentra ‘Pamina’ congelada. Termina su aria y aparecen la inventada y uno de los inventados. Monóstatos permanece en escena. Sale ‘Pamina’ de la urna. Pamina entre comillas porque no es Pamina, es un tío disfrazado de Pamina (no sé qué c… significa eso, pero como todo hasta ese momento, no me gusta).

El monólogo de la Reina, ese sermón a Pamina, ya he dicho que se lo ha cargado. Habla la inventada, Marie-Louise. Ni me molesto en ver qué dice. Eso sí, al final de su monólogo se dirige al director de orquesta diciéndole suavemente: “Musik!”. ¡Ese ‘musik’ sustituye el ‘kein Wort’ tan lleno de odio! Y sale la Reina y remata la faena.

¡Uf! Se me olvidaba. Durante el aria, Monóstatos y uno de los inventados dan puyazos a la Pamina andrógina siguiendo las indicaciones de la Reina de la Noche, que les marca, al ritmo de la música, cuándo deben darlos. Parte del público se ríe.

Era para llorar. La escena más dramática y siniestra de toda la obra, el clímax en el que el público queda expectante temiendo lo peor, ese dramatismo que sirve para que al final de la obra, cuando todo ha salido bien, la sensación de felicidad del espectador sea más gratificante al ver la derrota del mal, se lo carga con una tranquilidad increíble. ¡Ese tío es un insensible!

¡Uy! La flauta y el glockspiel. La flauta es un pene de aproximadamente un metro, y del glockspiel no cuelgan campanillas, cuelgan testículos plateados. Para hacer sonar la flauta, Tamino se la debe de frotar por el cuerpo, y el glockspiel cuando suena pues… produce dolor en las partes… nobles. Vamos, muy… imaginativo.

Y el final. El final es para arrancar la butaca y tirarla. Sale Sarastro y el coro a cantar el ‘La luz del sol vence sobre la noche…’, todo el significado de la obra que canta el personaje que simboliza esa luz del sol, esa verdad y bondad. Pues acaba de cantar Sarastro y mientras el coro está concluyendo la obra, le entran espasmos, le da un ataque y se muere en la silla de ruedas. ¡El Hans se carga al personaje que simboliza la verdad y la bondad! ¡Lo que ha vencido a la maldad muere! ¡Mata lo bueno!

La obra concluye ahí, pero pensemos que lo bueno ha muerto y que la maldad, la Reina, sigue viva. ¡Deja el camino libre para que vuelva la maldad y no encuentre obstáculo para vencer! Matando a Sarastro se carga definitivamente el simbolismo de la obra. Y si te cargas el simbolismo, te cargas la obra, aunque hayamos escuchado todas sus melodías. El espectador se va jodido. Creo, yo, vamos.

No sé. Seguro que me dejo muchas cosas. Fue una masacre artística en toda regla. Cada número tenía la suya.

Musicalmente, bien. Ningún pero a la dirección musical. Me gustaron más las voces masculinas que las femeninas (ya, bueno, es que la Reina es mucha Reina…). Sólo hubo, al principio de la segunda aria de la Reina, un momento en el que la orquesta se precipitó, pero… nada. La orquesta sonó muy muy bien.

Lo peor fue la escenificación, y creo que ha quedado bastante claro. Toda mi impotencia, rabia…. ¡Uf! Es como si me estuviesen apaleando. Me sentía terriblemente mal. Y para colmo, lo que he dicho al principio, los dos inventados se llamaban Franz y Xaver. Además de estar aguantando toda esa pantomima que no tenía gracia ni sustancia, escuchar a la Marie-Louise llamar a la vez a los dos sujetos inventados: “Franz Xaver!” Joder, es mi nombre. No soporto escuchar mi nombre ahí. Era como si estuviesen hurgando en alguna herida profunda o mal curada…

El primer acto fue el peor. Luego en el descanso me tranquilicé un poco y como en la última fila había varias butacas seguidas libres me senté allí. Podía estar más cómodo. En muchos momentos no me apetecía mirar aquello y estando detrás me podía sentar más cómodamente y mirar al techo mientras escuchaba la música. Había gente que empezó a marcharse a mitad del segundo acto. Gente a mi lado que dormía, la chica de delante se sacó su tableta de chocolate y se puso a comer, su pareja hacía cara de muy pocos amigos. Al final, aplausos entre algunos abucheos (los míos también). Salieron los cantantes uno a uno, y aplaudí. Me marché enseguida. Pasé de ver al Hans.

Esa noche me costó dormir…. Bueno, ni os lo imagináis. Y lo peor fue al día siguiente.

Al día siguiente, lo primero, averiguar quién era ese tal Hans Neuenfels. En la programación de la Ópera Cómica sólo aparece en ‘La flauta mágica’. Miro en la programación de la Staatsoper, y no sale. Miro en la programación de la Deutsche Oper y… ¡bingo! Sale como escenógrafo de una ópera esta temporada: ‘IDOMENEO’. No voy a decir más. Aquí todos sabemos qué pasó y todo lo que se dijo de libertad de expresión… y tal y tal.

Cuando ocurrió aquello, pensaba en hasta qué punto es libertad de expresión y hasta qué punto ese señor estaba atacando la libertad religiosa, o de elección, de los demás, independientemente de todas las amenazas fundamentalistas, ya que no sólo se cortaba la cabeza de Mahoma, sino también la de Jesucristo y la de Buda, como ya sabemos.

Pero tampoco le daba muchas vueltas a aquello. Evidentemente, en aquel momento no conocía el nombre del escenógrafo, y ni me preocupaba saberlo, la verdad. Tampoco era un tema que viese muy candente en la sociedad berlinesa. Ni con mi compañero de piso, ni con nadie de la universidad o del curso de alemán hablé de ello, y tampoco ellos hablaban de ello. Tampoco era algo tan grave como para preocuparse tanto… Además, en Berlín viven más de 200.000 turcos (musulmanes) y no hubo ningún tipo de protesta por parte de ellos. Sólo era miedo a algún atentado terrorista.

Pero el otro día me topé con él de cara y en un teatro. Y eso cambia las cosas. A mí, el dinero de la entrada, sinceramente, me da igual. Lo que me fastidia es que un tío coja una obra, y con toda la impunidad del mundo la destroce. Aquí no vale la libertad de expresión o la autocensura artística como excusa. Ha cambiado por completo el sentido de una obra, ha roto su ritmo y ha introducido elementos nuevos. Eso es manipulación.

Puede que sea exagerado, pero éste es un caso más, de los muchos que hay, que nos lleva hacia ‘1984’ o hacía ‘Un mundo feliz‘.

Lo segundo, fui a devolver una entrada. Tenía para ‘Don Giovanni’, pero me enteré de que es en alemán, y paso. ¿’Madamina’ en alemán…?, ¿’Don Giovanni, a cenar teco…’ en alemán? No. Muy a mi pesar, pero no. ¿Y si encima me meten aberraciones sin previo aviso? Paso. Otra vez será. Y lo repito: muy muy a mi pesar, porque me encantaría ver ‘Don Giovanni’. Eso sí, la de ‘El rapto del Serrallo’ me la guardo, que tengo curiosidad por ver qué hace el Calixte Bieito.

Y como decía alguien en un comentario de no recuerdo qué post, antes de comprar una entrada percataos de quiénes montan la obra, hasta del que levanta el telón si podéis. Él decía que miraría su entrada con lupa. Con lupa no, ¡con microscopio!

Pronto volveréis a leerme, porque estando en esta ciudad estoy aprovechando al máximo y voy a tantos conciertos como puedo.

Ésta no ha sido mi primera vez en la ópera. Fue hace un mes, en la Staatsoper, y fui a ver ‘La flauta mágica’ también. Iré a ver otras óperas, ya tengo las entradas, pero se da el caso que en los tres teatros de ópera representan esta temporada ‘La flauta mágica’ y pensé en ver las tres representaciones, una en cada teatro, y luego comparar.

Es algo que…. Ahora, o nunca jamás. Una ciudad como Berlín, con tanta oferta cultural, y especialmente musical, hay que exprimirla al máximo. No me voy a poner ahora a hablar de precios, pero, la verdad, es bastante asequible, y eso me permite ir a bastantes conciertos, no sólo sinfónicos o de cámara, o teatro lírico, sino también pop, rock o cualquier otro estilo musical. Berlín vale mucho la pena. Se ha de venir.

Creo que me he extendido un poco. Espero no haber sido muy lioso (a mí ya me liaron bastante…). Perdonad.

Gracias por leerme,

am_zoo

Ficha artística:

Lunes 5 de marzo de 2007 (19:00), Kömische-Oper-Berlin

Director musical: Markus Poschner
Director de escena: Hans Neuenfels

Vestuario: Reinhard von der Thannen
Coro: Robert Heimann

Sarastro: James Creswell
Tamino: Peter Lodahl
Pamina: Brigitte Geller
Reina de la Noche: Eleonore Marguerre
1ª Dama: Sinéad Mulhern
2ª Dama: Christiane Oertel
3ª Dama: Caren van Oijen
Papageno: Tom Erik Lie
Papagena: Claire Wild
Monóstatos: Thomas Ebenstein
Tres Genios: Philip Lutz, Moritz Mahler, Jan Scheidl
Dos sacerdotes: Sven Goiny, Mathias Bock

Los tres sujetos inventados:
Marie-Louise: Elisabeth Trissennaar
Franz: Ludwig Blochberger
Xaver: Alexander Heidenreich

(Las fotos)

  • Eleonore Marguerre: Der Hölle Rache, aria de la Reina de la Noche del Acto II de La flauta mágica , Mozart.
  • Kömische-Oper-Berlin, 5 de marzo de 2007.
  • “El monólogo de la Reina, ese sermón a Pamina […] se lo ha cargado. Habla la inventada, Marie-Louise. […] Al final de su monólogo se dirige al director de orquesta diciéndole suavemente: “Musik!”. ¡Ese ‘musik’ sustituye el ‘kein Wort’ tan lleno de odio! Y sale la Reina y remata la faena”.

    Actualización (13/03/07)

    No se lo pierdan: videoclip de la representación

    Cómo participar en ‘Viva la ópera’

    Crónica anterior:

    I. La comedia è finita!: Baja el telón para la Kabaivanska (26 de enero de 2004), por Paco Roa

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    22 Responses to “‘Viva la ópera’ (II): ‘La flauta mágica’ de la Kömische-Oper-Berlin. Versión con personajes y diálogos inventados”

    1. operasiempre says:

      Hola a todos:

      Werther: no necesitas pedir permiso para participar en ‘Viva la ópera’, envía el texto cuando quieras. Gracias mil. Por cierto, y esto es para todos, aquí no vale lo de guardar la vez. Los textos se irán publicando a medida que vayan llegando, ‘por riguroso turno’.

      Próxima entrega: “Arabella, de Richard Strauss, en la Deutsche-Oper. Con vídeo, ¡faltaría más! Arabella es Michaela Kuane, y el papel de Zdenka lo interpreta Fionnuala McCarthy”.

      Son palabras textuales de nuestro corresponsal en Berlín, el gran am_zoo:-) Quien añade: “Strauss en directo es electrificante y hace que te hierva la sangre. Te mantiene en tensión durante toda la representación. Fue algo fascinante”.

      Las siguientes crónicas: de Allfort (‘Pagliacci y Cavalleria en el Real’), Nemorino (sí, Lilith, Ne_mo_ri_no:-)), Werther, Lilith, Paco Roa (más adelante)…

      ¿Me olvido de alguien? El orden de los factores no altera el producto: todos los textos serán bien recibidos y mejor publicados. Ea, que no me pierdan tiempo: ¡a escribir!:-)

      Saludiños,

      Gio

    2. dinora says:

      Gracias am_zoo por compartirnos tu experiencia…aunque fuera un martirio! Aaaayyy Dios mío!! ¿¿hasta dónde vamos a llegar??.
      Una verguenza. Me pregunto si con la excusa de la libre expresión está todo permitido.
      Y ese poder y papel del director de escena……..algo está fallando, ¿no creen?
      Gio gracias por tu trabajo. Eres genial!!!
      Un besito a todos….espero leerlos.

    3. Francisco says:

      Querido Am_zoo:
      Supongo que ahora, la opera de las ensaladas te parecerá el paradigma del respeto al espíritu de la obra.
      Todo es relativo.
      Un abrazo.

    4. Lilith says:

      (Dentro de un par de días) Cuando me calme, escribo el comentario, porque ahora mismo no estoy en condiciones… El filtro no me iba a dejar.

    5. Julia says:

      La verdad es que debo ser demasiado carca pero yo estas cosas no las entiendo. Me parece bien que se hagan algunos cambios en los decorados si no interfiere en el verdadero sentido de la obra, eso lo acepto. ¿Pero esto? ¿quienes se han creido que son? Igual que se protegen las joyas de la arquitectura para que no sean manipuladas o reemplazadas por basura se debería legislar sobre la obligación de respetar a los genios de la música.

    6. Nemorino says:

      Para nada eres carca, Julia. En demasiadas ocasiones, el snobismo mal llevado a la práctica provoca estas situaciones un tanto rocambolescas. El problema fue la sensación que se llevarían aquellos que nunca hubieran visto otra representación de “La flauta” más acorde a lo que concibió Mozart.

      Un saludo.

      ¡Quanto è bella!

    7. Julia says:

      De verdad que me gustaria ver eso entero y que luego me presentaran a una persona que diga que le ha gustado, para conocer los motivos. Me parece inconcebible que a alguien le gusten esas cosas

    8. allforthemusic says:

      ¡Hola a tod@s!

      La verdad, me parece increible lo que nos cuenta am_zoo… quien en su sano juicio permitiría que una obra como esa se le trastocara entera.

      Comprendo que, en una ópera, pretendan cambiar los trajes de los personajes por otros que sean mejores, mas lujosos, o mas sencillos, o mas bonitos. Que se utilicen por ejemplo fuegos artificliales (si es una representación al aire libre) o unos decorados nuevos.

      Pero por favor, que sean fieles a la obra que se interpreta. Yo no me invento de repente música cuando toco lo que ha escrito alguien: intento darle el mayor sentido posible. Lo mismo pasa si canto, no me invento los sonidos: por algo, los compositores, lo escribieron así, y ellos no kerrian cambiar nada, si no, lo habría hecho.

      Porque el hans ese puede coger la obra, cargarse el argumento y hacer que la música, la trama y los personajes, que estaban tan bien ligados, vayan por caminos distintos?

      weno, me despido.

      Un besiño!

    9. Lilith says:

      Mañana hago el comentario, que se me ha hecho tarde… =P

    10. Sparafucille says:

      Este asunto ya lo hemos tratado en alguna ocasión: parece que los directores de escena tratan de usurpar el protagonismo a cantantes y músicos y se atreven a enmendarle la plana al compositor, no ya solo modificando ambientación, decorados y figurines de la época, sino incluso el libreto, el nombre de los personajes … Dentro de poco cambiarán también la música. Por ejemplo, ¿os imagináis que Tamino , en lugar de “Dies Bildnis ist bezaubernd schön”, cantara “Opá, yo viazé un corrá”? Por lo visto, al lado del Neuenfels este, el tal Peter Sellars (célebre por sus montajes de las óperas mozartianas) es un tradicionalista aburrido.

      Lo mejor que se podría hacer es boicotear a estos impresentables. Para empezar, los músicos y los cantantes deberían negarse a actuar en engendros de este tipo. Y después, el público, tanto el de los teatros como el de las tiendas de discos. Por favor, que a nadie se le ocurra comprar la colección de DVD’s con las óperas completas de Mozart representadas en el festival de Salzburgo de 2006. La mayor parte de los montajes escénicos son infumables (por o decir lo mismo del resultado musico-vocal).

      Hay montajes que juegan con el anacronismo o con la abstracción de modo inteligente. Por ejemplo, a mí si me agradó el montaje escénico de Willy Decker en la celebrada Traviata de Villazón+Netrebko, en Salzburgo (agosto de 2005). La simplificación de los elementos escénicos y el acusado simbolismo de éstos permitían resaltar algunos aspectos psicológicos interesantes de los personajes. Incluso me gustó el montaje más que la actuación de los cantantes, si me apuráis, pero lo de Neuenfels es para echarle de comer aparte. Exhibicionismo pedante y gratuito, porque encima se atreverá a justificar que el pene es una traducción onírica, en términos freudianos, del significado fálico-opresor de la flauta, que representa a Dios, a la Monarquía del “ancien régime”, etc, etc.

      Y seguro que más de un incauto se lo cree y todo.

    11. Susana says:

      Hola a am-zoo y a todos los otros foreros

      Aunque sigo mucho este blog, hasta ahora prácticamente nunca había participado, pero ante lo que ha contado am-zoo tengo que hacer un comentario. Realmente es indignante lo que ciertos > se permiten hacer con las óperas en nombre de la >.

      Me resulta curioso que la ópera objeto de semejante destrozo fuera justamente La flauta mágica. Lo digo porque hace dos años, en el Teatro Real de Madrid, los diálogos de la misma ópera fueron eliminados y sustituidos por otros textos. Desde luego la falta de respeto no fue comparable a la de Berlín, pero aún así en mi opinión destrozaron la ópera de Mozart. La puesta en escena, de La fura dels Baus, no me gustó nada, pero en esto no voy a entrar. Sólo puedo decir que no se veían más que colchones, piscinas de pelotas, etc. Absolutamente todos los diálogos de Schikaneder fueron suprimidos sin piedad (por eso, por ejemplo, el personaje de Papagena estaba reducido a su famoso duo con Papageno). En lugar de los diálogos, cierto escritor del que no recuerdo el nombre había compuesto unas seudopoesías o seudomeditaciones filosóficas que habían sido grabadas previamente en cinta por una actriz. Entre cada aria, dúo, etc, escritos por Mozart, el público era obsequiado con una de estas >, que por supuesto no tenían nada que ver con la ópera en sí. Realmente no sé con qué tenían que ver, porque yo procuraba no escucharlas. Mientras los textos eran recitados la acción no avanzaba, los cantantes ni se movían.
      Sin embargo, conozco a alguna gente a la que sí gustó esta representación. A lo mejor es que soy muy antigua.
      Bueno, me he extendido muchísimo en lo que he contado y lo siento, pero todavía me dura la indignación, sobre todo al comprobar lo que se está haciendo ahora con La flauta mágica en Berlín.
      Saludos a todos y viva la ópera .

    12. orlando says:

      Pues sí, me sumo a la indignación general. Pero da la impresión de que en esta época se piensa que este tipo de montajes, con la polémica que siempre traen consigo, favorecen a ‘La Ópera’. Porque por lo menos se habla de ella y eso quizás atraiga al público.
      Pues no sé yo si esto favorecerá a ‘La Ópera’, pero lo que está claro es que se cargan cada ópera que tocan. Y eso no creo que favorezca a nadie. Además, estos montajes sin pies ni cabeza que traicionan el espíritu de la obra me parece que perjudican seriamente el trabajo de otros registas que sí sean realmente originales, renovadores, y que sí pretendan poner su arte al servicio de la ópera. Y de ‘La Ópera’.
      Dentro de unas décadas seguro que se habla de esta época con una verdadera lástima. Porque lo que está claro es que esto sólo puede ser una moda, esto tiene que acabar pronto… ¿O habrá alguien que piense que este renacimiento del gusto y del interés por la Ópera que tanto se menciona tiene que ver con la supuesta modernidad de estos montajes? En mi opinión es mera coincidencia en el tiempo.

    13. Julia says:

      Creo que el problema está en que la gente considera a la ópera como algo arcaico enquilosado en un pasado glorioso pero carca y derechoso. No sé porqué algunos progres -y que conste que soy de izquierdas convencida- pretenden cambiarlo todo por el simple hecho de desafiar al público y para atraer a un tipo de personas que buscan el escándalo, lo rompedor. Sin darse cuenta de que lo que hacen no es digno de llamarse opera. La están cambiando hasta tal punto que ya no es ni ópera. Es algo indefinible que va mutando a peor cada año que pasa.
      Siempre he estado a favor de progreso pero esto no es progreso, es una modernización hacia atrás.

    14. am_zoo says:

      Primero, dar las gracias a todos los foristas por haber leído mi horrorosa experiencia y gracias por vuestros comentarios.

      No voy a extenderme, ya que el simple hecho de hablar de esto me remueve el estómago, y estoy casi seguro que la opinión con respecto a este tipo de despropósitos es unánime entre todos los foristas una vez leídos los comentarios hechos hasta el momento.
      Supongo que entendereis la indignación y el regusto amargo que todavía tengo desde aquel día (verdad, Susana?). Además qu coincido plenamente con vuestras opiniones, que perfectamente podrían formar parte de mi texto.

      Intentando completar un poco mi comentario presentado en el post, diré que creo que lo de aquel día fue un ataque directo y claro contra el arte. En este caso fue una conocidísima òpera, pero la aberración me pareció tan insultante que creo que es un ataque a todo el arte en general.

      Lo que yo vi esa tarde en la Ópera Cómica (menos cómica que nunca) de Berlin fue la manipulación, de principio a fin, de una obra de arte concebida en un momento histórico concreto y con una significado y una simbología bastante claras. Será un cuento fantástico, pero nos habla de la lucha del bien contra el mal, aunque sea de forma maniquea, y está escrita en un momento en el que Europa pasaba por momentos muy turbulentos debido a la revolución francesa. Tal vez la obra no tenga ideas explícitas a los acontecimientos históricos de la época, pero tanto Mozart como Schikaneder eran hombres de su tiempo que no vivían ajenos a dichos acontecimientos, y de algún modo u otro eso se refleja o lo transmiten en sus obras.

      “Toda obra de arte es hija de su tiempo, muchas veces madre de nuestros sentimientos”, dice W. Kandinsky al principio de su libro “De lo espiritual en el arte”.

      Pues bien, todo eso se lo carga, con toda la impunidad, del mundo Hans Neuenfels en esta obra. El mismo individuo de la movida de “Idomeneo” (nunca me cansaré de repetirlo).
      Hace unos meses, como ya he escrito, este señor se amparaba en su derecho a la libertad de expresión y a la libertad del artista. Pero lo que estaba haciendo era manipular y engañar a la gente.

      Hans Neuenfels, manipulando “La flauta mágica”, manipula una obra de arte, esto es, una obra hija de su tiempo, una obra concebida en un momento histórico, por personas de su tiempo, con una simbología, significado y estética que reflejan el pensamiento de una época. O lo que es lo mismo, una obra de arte es un documento histórico, al igual que lo es un tratado, los libros sacramentales, o cualquier yacimiento arqueológico.
      Por lo tanto, Hans Neuenfels, manipulando una obra de arte está manipulando un documento histórico, y con ello, tergiversando la historia.

      Y a partir de aquí se podría iniciar un larguísimo debate y podría ponerme a disertar sobre todas las opiniones que eso me genera, pero no voy a hacerlo ni espero que ocurra, porque eso sería ya movernos por caminos que se salen de lo estrictamente operístico y esto es un blog para disfrutar de la ópera y la música, y si se genera algún tipo de debate o discusión que sea de eso mismo: estrictamente operístico.

      Muchas gracias a todos, nuevamente, y especialmente dar las gracias a Gio por poder darme (y darnos) la oportunidad de colgar mis (nuestras) experiencias y vivencias. MIL GRACIAS!!

      Hasta pronto.

      am_zoo

    15. Paco Roa says:

      Las posmodernas -¿ridículas?- puestas en escena que hoy soportan las más de las producciones operísticas, entiendo que, si bien se mira el fenómeno que a más de un aficionado aflige y nos trae de cabeza, son reflejo del desconcierto estético y, lo que es peor, ético que cunde por doquier en el ámbito artístico; y éste a su vez, y si se quiere buscar la raíz del problema, a mi juicio responde a la general anomia y al “todo vale” que, cual metástasis moral, viene descomponiendo los valores y las más firmes creencias sobre las que ha descansado Occidente. En fin, el desarrollo de estas ideas nos llevaría muy lejos y no es posible aquí concretarlas, pero sí me gustaría para concluir esta mínima intervención, al hilo de la magnífica crónica servida por “am_zoo”, dejar apuntado que hoy, con sus “creaciones” y sálvese el que pueda, los directores de escena no hacen otra cosa que ocultar su escaso talento bajo el disfraz de la provocación y el escándalo (y sería urgente ya desenmascararlos). Saludos cordiales.

    16. Susana says:

      Veo que todos los del foro son de la misma opinión, y probablemente la mayor parte de los aficionados a la ópera también.
      El problema es que esta nueva raza de directores de escena, y los directores de los teatros que los contratan, quizá no se dan cuenta de que cuando la gente paga para ver La Flauta Mágica, lo que quiere ver es éso: La Flauta Mágica, con el libreto original y por supuesto la música compuesta por Mozart. A mí no me interesan las visiones retorcidas que sobre ciertas óperas tiene esta gente: que si en La Flauta Mágica vence el mal y no el bien, o que si Don Giovanni en el fondo es gay, o qué sé yo. Y para sostener sus personales visiones no sólo tergiversan la escenografía o la dirección de actores, sino también el texto y la música. Y la mayoría de la gente lo que quiere ver es La Flauta Mágica tal como la concibió Mozart, con una escenografía creativa, original, divertida, entretenida, pero que esté al servicio de la obra, que siempre debe ser lo primero.
      En fin, esto es lo que yo pienso. Espero que esta nueva moda no dure mucho
      Saludos a todos

    17. Lilith says:

      Me toca.

      Ya sabéis lo que pienso de los escenógrafos “modernos y transgresores”… El de las verduras me cae mal, pero este tío se ha pasado un par de continentes enteros. Cargarse “La Flauta Mágica” es un pecado mortal. Muy mortal. Cuando domine el mundo, me ocuparé de que su muerte sea laaaaaarga y dolorosa. Con torturas medievales y todo eso.

      Para empezar, ¿a QUIÉN?

    18. Lilith says:

      Fallo técnico. Continúo con el comentario…

    19. Giulio Cesare says:

      pues a la Komische oper se va a ver eso, porque a eso se dedican.
      Sino te gusta te vas a Staastsoper o Unter der Linden… y si la “modernidad” alemana te sigue sin gustar, un buen vídeo de Zeffirelli o Ponelle y verás lo que te gusta!

    20. operasiempre says:

      Giulio Cesare… Bueno, tampoco es para ponerse así, ¿no?;-)

    21. Musiliquí says:

      Tenéis toda la razón del mundo. La ópera no debía ser tratada como teatro alternativo.
      Hay que respetar a todo autor. Y la propiedad intelectual.
      Al director de el Louvre no se le ocurre escamotear a la Gioconda y colgar en su lugar cualquier bodrio de copia que se le haya hecho. Un advenedizo podrá hacer el mamarracho que quiera y venderlo en la orilla gauche del Sena. Se lo podré comprar, pero no me dará gato por liebre. Si pago para ver la Venus de Milo, no quiero que me enseñen una escoba con taparrabos. Si voy a la ópera quiero escuchar la música original con una buena orquesta bien dirigida, con unos cantantes serios que se ciñan al libreto y una puesta en escena digna y fidedigna. Si voy a Moulin Rouge quiero ver el Can-Can mas picante, a ser posible bailado al son de la musica del maestro Offenbach. Y sí voy a Silos, quiero escuchar cantar en gregoriano a los monjes, con respeto y en silencio. Como hice con los cánticos y danzas de los Derviches, en Estambul.
      Ya os contaré mi experiencia reciente en el Real. Será otro día. Saludos

    22. operasiempre says:

      Gracias por participar, Musiliquí.
      Estaremos pendientes de esa historia reciente.
      Saludos,

      Gio

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