‘Viva la ópera’ (IV): “La Borodina en acción, una mezzosoprano de verdad”

Cuarta crónica (o crítica, como prefieran) de ‘Viva la ópera’: el debut de Olga Borodina en el Teatro Real, el pasado 15 de abril. Allí acudió, emocionado, Paco Roa. Para todos ustedes, en exclusiva:

“La Borodina en acción, una mezzosoprano de verdad”

  • Paco Roa
  • Ya conocen ustedes sobradamente mi particular debilidad por la vocalidad grave femenina en toda su no pequeña gradación, desde la mezzo ligera hasta la contralto dramática, pasando por las especialistas rossinianas de la “cordada”. Pero si tuviera que quedarme con una sola representante de tan suculenta familia canora —al menos para quien esto escribe, desde luego que bien sabrosa—, ésta sería muy probablemente la mezzo dramática (tesitura que, como es bien sabido, a más de escasear casi tanto como el mirlo blanco, toda una rareza —fíjense si no, de las que un servidor ha conocido, además de la que hoy nos ocupa, afortunadamente en plenitud vocal, la Bumbry, retirada; la Obraztsova, virtualmente retirada también; y la Zajick, comenzando a declinar—, dispone sobre el papel de un exuberante rango vocal sólo punto menos grave que la contralto, pero que a mi juicio compensa con una mayor capacidad, variedad y matización expresiva).

    Pues bien, este año ya iba necesitando yo una ración de mezzo en vena y con tal mono asistí, el pasado día 15 de abril de 2007, al debut en el coliseo de la Plaza de Oriente —ya era hora de verla por los madriles— de la mezzosoprano dramática del momento Olga Borodina.

    Me van a permitir que en esta ocasión, empero ser la noticia la presentación en dicho teatro de la Borodina, comience por lo que en un concierto vocal suele ser una mínima referencia al final: la orquesta y la dirección. Y es que hacía mucho tiempo que, en mi opinión, los músicos titulares del Real no se producían con la virtuosidad y eficacia con la que lo hicieron acompañando a la cantante rusa, bajo las órdenes de la magnífica directora Keri-Lynn Wilson (habrá que hacerla un seguimiento).

    Desde “La gran pascua rusa”, tocada con inusitada precisión y comprensión de la infrecuente página, hasta la “Bacanal” de “Samson et Dalila”, aquí con mención especial para la madera y la percusión, pasando por una vibrante lectura de la conocidísima “Danza de las horas”, larga y merecidamente ovacionada, profesores y directora, en perfecta comunión, dieron lo mejor de sí tanto en las referenciadas piezas sinfónicas elegidas para la ocasión como en los demás momentos compartidos, igualmente en un no menor acoplamiento, con la gran voz de la Borodina. Qué bien, como (casi) siempre, el concertino de esta formación musical, Rafael Khismatulin.

    Y ahora ya sí, vamos a enjuiciar el estreno —confiemos en que no sea la única vez que la vemos por estos pagos— de la mezzosoprano de Leningrado en el Teatro Real de Madrid. Lo primero que pude confirmar en el escenario fue, además de su apabullante presencia escénica, que ya presumía, la perfecta correlación de sus cualidades vocales en vivo con las que ya conocía de ella por medio del disco (cosa que, por desgracia, no siempre es predicable para todos los cantantes, produciéndose en algunas ocasiones un no pequeño “gap” entre su voz grabada y su voz en directo); ¿cómo es, pues, el instrumento de la Borodina? Opulento, ancho, voluminoso, redondo y flexible a la vez —capacitado para el matiz llegado el caso—: dicho de una vez, una mezzo —valga el pleonasmo— verdaderamente grave * (como a un servidor le gusta, vaya).

    A toda esta riqueza vocal, en la que no falta un robusto agudo, añadan una fuerza interpretativa convincente y eficaz, sabiendo dar a cada página lo suyo dramáticamente, un fraseo idiomático más que correcto (no siempre presente en sus compatriotas cantantes) y una gran musicalidad, bien que no sin esfuerzo conseguida, y tendremos un retrato (creo) bastante cabal de la artista.

    La primera parte del programa, después de abrirse la velada musical con la obertura ya citada de “La gran pascua rusa”, quedó conformada con el cuaderno de Modest Mussorgsky “Cantos y danzas de la muerte”, cuatro canciones concatenadas —“Canción de cuna”, “Serenata”, “Trepak” y “El mariscal de campo”— que, teniendo como denominador común a la muerte en distintas manifestaciones, desde la infantil hasta la militar en el campo de batalla, sirvieron a la Borodina, a más de calentamiento vocal, para dejarnos su, ya significada, deslumbrante tarjeta de visita teatral y canora. Lástima que, para quien suscribe, de manera de sentir y psicología latina cien por cien, nos quedaran sumamente ajenas estas canciones, por lo demás tan bellísimas como angustiosas, dichas por la rusa con pasmosa sobriedad e intención; pan comido, pues.

    A la vuelta del descanso, la parte segunda del concierto lírico dio comienzo con una ejemplar interpretación de la popular “Danza de las horas”, como ustedes bien conocen, ballet de “La Gioconda”, y concluida esta preciosidad melódica, toda una “delicatessen”, ópera de la mejor, “Voce di donna”, muy celebrada aria de la Ciega del antedicho título de Ponchielli, y todo un remanso de paz en la convulsa acción de esta obra; qué bien aquí la media voz de la rusa.

    Más ópera seguidamente con “Printemps qui commence”, aria punto sosa comparada con la otra emblemática de la misma ópera —“Samson et Dalila”—, ofrecida también, ya a modo de propina, por la diva en su despedida, “Mon coeur s’ouvreà ta voix”, magistralmente cantada, confirmando ser hoy una de las dos o tres mejores intérpretes del personaje.

    Tras el último momento sinfónico, ballet “Bacanal” de la misma obra, todo un guiño de complicidad para con el público al incluirse en el concierto la celebérrima “Séguidille” “Près des rempants de Séville”, cantado como corresponde, de modo insinuante, bien que anotásemos algún episódico problema en el agudo que cierra la seguidilla. Justo todo lo contrario de lo ocurrido en “Adriana Lecouvreur” y su “Acerba voluttà”, página solista de la Princesa y última del programa, pues el agudo conclusivo aquí también fue dado con una enorme rotundidad y limpieza.

    Ciertamente, perdí la cuenta del número de veces que obligamos a la Borodina, ya consumido en su totalidad el programa y la propina concedida, a salir a escena a saludar y agradecer la muy merecida atronadora ovación de un público entregado a la artista, una mezzo de verdad.

    *Su voz y hasta su gesto recuerda un tanto a Irina Arkhipova

    Ficha artística:

    Domingo 5 de abril de 2007 (20:00)
    Teatro Real de Madrid, temporada 2006-2007
    Ciclo ‘Grandes Voces’
    Olga Borodina, mezzosoprano
    Orquesta Titular del Teatro Real
    Directora: Keri-Lynn Wilson

    Programa:
    PARTE I
    Nicolai Rimski-Korsakov
    La gran pascua rusa, obertura Op. 36

    Modest Musorgski
    Canciones y danzas de la muerte
    1. Canción de cuna
    2. Serenata
    3. Trepak
    4. El mariscal de campo

    PARTE II
    Amilcare Ponchielli
    Danza de las horas, de La Gioconda
    Voce di donna, de La Gioconda

    Camille Saint-Saëns
    Printemps qui commence, de Samson et Dalila
    Bacanal, de Samson et Dalila

    Georges Bizet
    Près des remparts de Sèville, de Carmen

    Francesco Cilea
    Acerba voluttà, de Adriana Lecouvreur

  • Olga Borodina: Mon coeur s’ ouvre à ta voix, aria de Dalila con Samson (casi completa) del Segundo Acto de Samson et Dalila, Saint-Saëns.
  • Samson: Plácido Domingo.
  • La Scala, 2002.
  • (Fotos 1, 2, 5, 3, 4, 6)

    Cómo participar en ‘Viva la ópera’

    Crónicas anteriores:

    I. La comedia è finita!: Baja el telón para la Kabaivanska (26 de enero de 2004), por Paco Roa

    II. La flauta mágica de la Kömische-Oper-Berlin. Versión con personajes y diálogos inventados (5 de marzo de 2007), por am_zoo

    III. Cavalleria y Pagliacci en el Real: En Pagliacci, se impuso una voz bestial: Vladimir Galouzine (8 de marzo de 2007), por Allforthemusic

    Tags: ,

    23 Responses to “‘Viva la ópera’ (IV): “La Borodina en acción, una mezzosoprano de verdad””

    1. Paco Roa says:

      Magníficas y con exquisito gusto, como siempre, las ilustraciones. Muchísimas gracias, apreciada anfitriona, por su esfuerzo y dedicación a la difusión de la ópera. Atentamente, Paco Roa

    2. abi says:

      Yo también agradezco la dedicación. Me encanta esta página 🙂

    3. operasiempre says:

      Se hace lo que se puede:-)

      De nada. Gracias a usted. Dar con las fotos y editarlas no es muy entretenido. Lo entretenido son los enlaces, sobre todo porque la Coctelera, al menos en la trastienda, sigue yendo al paso de la tortuga. Pero el mérito de este post, qué duda cabe, es del cronista.

      Gracias, abi:-)

      Buen fin de semana (o puente) a todos,

      Gio

    4. Diomedes says:

      Para los amantes de las voces femeninas graves (¿Orlando?), una preguntita: si escuchamos a Olga en, por ejemplo, “Ombra mai fu”, ¿qué nos impide decir que estamos frente a una verdadera contralto? Y con esto voy a: si bien las contraltos son escasas hoy en día, ¿no hay más de una mezzo que bien podría catalogar o como “mezzo-alto” (¿no se habla de bajo-barítono acaso?) o directamente como contralto? Ayúdenme con este tema que siempre me inquieta.

    5. Lilith says:

      Yo no lo entendido nunca, tampoco XD Nos vendría muy bien Allfor.

      No lo entiendo porque todavía no sé qué tipo de voz tengo. Allfor dice que soy soprano, pero yo lo dudo mucho. Este aria, por ejemplo, en cuanto a la afinación no me da ningún problema. La puedo cantar más aguda, pero también más baja, y no me pasa nada. No sé. Ays. ¿Dónde están los expertos cuando se les necesita? XD

      Mordiskitos ^^

    6. orlando says:

      Me parece que te equivocas conmigo, Diomedes, yo no soy -al menos especialmente- amante de las voces femeninas graves, desde luego no más que de las agudas; el que sí siente debilidad declarada por ellas es nuestro querido y admirado D. Paco Roa. Y te equivocas también en hacerme esa pregunta: ya te dije que soy un auténtico analfabeto musical. Pero si no lo fuese no tendría ninguna objeción en responderte, lo dejo pues para los que saben del asunto.

    7. Diomedes says:

      Perdón, Orlando, no recordaba bien de quién se trataba. Lo convoco entonces a Paco Roa, si es que le interesa el tema. Por ejemplo, en Giulio Cesare de la temporada pasada del Met, Cornelia fue interpetada por una cantante (no recuerdo el nombre) que era a todas luces una muy buena contralto, como corresponde al papel. Por la ficha de la página del Met, uno se enteraba que ha cantado y canta todos papeles para contralto, masculino o femenino. Sin embargo, ahí decía “mezzosoprano”. ¿Hay que darle demasiado corte a ese rótulo?

    8. Paco Roa says:

      Muy apreciados amigos de la ópera, acaso alguno de los dos o tres lectores que aún me soportan haya notado mi ausencia en este entrañable foro durante las últimas semanas. Si ha sido así, decirles que la misma se ha debido al fallecimiento de una muy querida tía a la vez que madrina de un servidor (q.e.p.d.), la cual era para mí, sin ninguna duda, como una segunda madre; algo más recuperado anímicamente, pues tengo la total confianza de que ya está con Dios y, por tanto, gozando plenamente de la dicha de los bienaventurados, y una vez más esperando contar con el permiso de nuestra gentil responsable del foro, así como con la benevolencia de todos Vds., me reincorporo a esta amable tertulia con un par de cuestiones de enorme interés que, me parece, suscita D. Diomedes: “Carmen” y la vocalidad más grave femenina, la contralto.

      Obviamente, no es mi intención agotar en esta intervención –tiempo habrá de abundar más en ellos si resultan de interés- cuanto se podría decir sobre ambos enjundiosos temas, de suyo tan extensos que darían para escribir más de un libro, por lo que me limitaré a dar poco más que unas cuantas pinceladas introductorias que nos puedan servir de marco para abrir un posible coloquio. De las óperas que hoy conforman el gran repertorio al uso, desde un punto de vista cuantitativo –rara es la temporada que en alguno de los grandes escenarios operísticos mundiales no se represente alguna que otra función suya-, resultan ser las desventuras del soldado Don José en pos de un imposible amor gitano, esto es, la “Carmen” de Bizet, uno de los títulos, me atrevería a sentenciar, más programados, conocidos, queridos y solicitados por la afición. Ahora bien, semejante dato estadístico no es, ni mucho menos, aval de calidad ni de fidelidad a las esencias de este libérrimo personaje, muy al contrario sucede que, las más de las veces, antes que una racial Carmen como Dios manda nos ofrecen una descafeinada “Carmencita” para salir del paso, tal y como, p.ej., pasó en el Teatro Real de Madrid hace unas cuantas temporadas. Y es que – esto hay que reconocerlo- tras el fallido intento de asunción del rol en nuestros días por la gran mezzo von Otter, no nos queda otra que, en paciente espera de que emerja una Carmen de, como dicen los niños, “verdad verdadera”, mirar con nostalgia a las voces del pasado para, ciertamente, reconciliarnos con esta gitana que no tiene más ley que la que dicta su propia libertad, ni más patria que la tierra que en cada momento pisan sus inquietos pies.

      Cuáles, pues, serían los excepcionales rasgos y escollos que presenta esta dichosa Carmen y que hoy (parece) la hicieran virtualmente inasequible al común de las cantantes graves, bien que dichas dificultades no les arredren a éstas lo más mínimo y todas osen desafiar el riesgo cierto de incorporarla a su repertorio. Primero de todo, acaso convenga significar que estamos ante el personaje, entre los no demasiados papeles de protagonista absoluta que se reservan para la cuerda de mezzosoprano, probablemente más complejo, mejor perfilado, absolutamente retador y también, claro está, sumamente gratificante jamás concebido para la vocalidad de mezzo lírico-dramática, de ahí que, lógicamente, como digo, todas las representantes de este registro quieran, más pronto que tarde, probar fortuna con él, ya sea para dejarlo de inmediato por imposible –la Horne- o para prodigarse sin cortapisa alguna –la Baltsa-. Dicho en titulares, las que siguen son para mí las notas de su perfil:

      – Una personalidad, sencillamente, apabullante; pocos otros personajes de esta cuerda, descontando la Rosina, disponen de tanta singularidad dramática como el que nos ocupa.
      – Por si esto fuera poco, a unas excepcionales dotes actorales con las que necesariamente debe contar la mezzo que quiera triunfar con Carmen, se debe sumar una no menor capacidad para bailar con soltura (casi nada); recuérdense los bailoteos que el muy aceptable “guión” le reserva a la gitana.
      – Y ya en el plano estrictamente vocal, necesitamos de una mezzo equipada con una voz robusta a la vez que desenvuelta y expresiva, que pueda seducir cantando y, sobre todo, que le posibilite poner toda la intencionalidad del mundo y no cargarse, por mucho que dé todas las notas, la celebérrima habanera. Su límite superior está en el Si4.
      – En definitiva, Carmen es una verdadera, si me lo permiten expresar así, “superwoman” que requiere cualidades de tal en su intérprete para que pueda sacarla adelante con un mínimo de solvencia y credibilidad.

      Pues ahora busquemos en el pasado para localizar a la mezzo (las sopranos están, en términos generales, fuera de lugar en este papel) cuya interpretación, al menos en mi opinión, pueda ser tenida por paradigmática. Dejando de lado a las mezzos del último tercio del siglo diecinueve y también a las del primero del veinte, tanto por razones de excesiva lejanía temporal como por el hecho de no disponerse de todas ellas del correspondiente registro sonoro que pudiera avalarlas, fue la gran mezzo norteamérica Risë Stevens –hoy muy (injustamente) olvidada- la primera que firmó una muy potable Carmen; años después, la Berganza y la Simionato comprendieron y cantaron más que correctamente, mejor la primera que la segunda, el papel que nos incumbe; definitivamente descartadas, por otra parte, la Bumbry –por “americanizar” el personaje- y la Cossoto –por “italianizarlo”-, quién queda como la mejor Carmen posible: pues…así como suena, Shirley Verrett. Admiremos su, hasta el momento, al menos para un servidor, no superada Carmen de 1973, toma en vivo del Covent Garden, con Domingo, la Te Kanawa y van Dam, y todos bajo la dirección del maestro Solti.

      Bien, pues sea suficiente con lo dicho sobre “Carmen” y pasemos –ya con brevedad- a la segunda cuestión suscitada, la contralto. Ya conocen mi nada disimulada pasión por el conjunto de tesituras graves femeninas, razón por la que la sucinta indicación que sigue igual puede resultar en algún punto algo parcial; por si así fuese, les pido anticipadamente disculpas. Decía yo en una intervención precedente, que la verdadera mezzo dramática resultaba tan escasa como el mirlo blanco, toda una rareza zoológica, pues otro tanto es posible apuntar de la genuina contralto: por seguir con estas comparaciones tomadas del mundo ornitológico, podríamos decir que resulta tan difícil de avistar (léase oír) como el quetzal, emblemática ave en franco peligro de extinción. En efecto, para poder contar hoy a las contraltos de verdadero prestigio que, en rigor, deban ser tenidas por tales, bastaría y sobraría con los dedos de una mano: fíjense, únicamente yo daría un par de nombres, Nathalie Stutzmann, por el momento más centrada en la canción de cámara que en la ópera; y, naturalmente, la sublime rossiniana Ewa Podlés, de la que sobra cualquier presentación. Dotada de una extensión tonal que puede llegar a las tres octavas, presenta la contralto una voz inconfundible, alta, oscura, pastosa, telúrica, gruesa, voluminosa y, al cabo, rotunda; cuenta además con una enorme amplitud en las notas graves y pasmosa facilidad para la coloratura. Equipada, por lo común, de un timbre de gran colorido e inmensamente bello hasta –compruébese escuchando a la Ferrier en, p.ej., Orfeo- llegar a conmover al oyente más duro, resulta ser la contralto, como es bien sabido, el equivalente femenino del bajo masculino, si bien su color puede resultar homologable al del tenor. Por otra parte, su tesitura comprende desde el Mi3 hasta el Do4 (por tesitura se dividen en dramáticas y cómicas), y su extensión, normalmente, entre el Do2 y el Sol4; y ya para concluir, sólo me resta comentarles que si en algunas ocasiones podría decirse que hubiera suficientes contraltos en los escenarios, no obstante lo escaso de su número ya indicado, ello es debido a que determinadas mezzos se valen del siguiente “truco” para suplantar vocalidad tan única como bella: son capaces de ahuecar no poco el sonido y así, procurando cantar en “registro de pecho”, lograr sonoridades muy parecidas a las de la legítima contralto. Muchas gracias por su paciencia y saludos cordiales.

      PD.: Ya sé, apreciada “Lilith”, que tengo una deuda con Vd.; intentaré saldarla cuanto antes. Y D. Diomedes, decirle que entre los debates más interesantes habidos en el foro, y que yo conozco, están dos que pueden resultarle de interés: el aspecto teatral de la ópera y, muy relacionado con éste, la capacidad que los cantantes/actores tienen para (co/re)crear junto con el compositor y el libretista. En ambos tuve como principal y duro oponente dialéctico al “forista” “am_zoo”, lo que ya no recuerdo –nos tendrá que ayudar la anfitriona- es la localización precisa de los mismos.

    9. Lilith says:

      Modesto como siempre, vuelve a iluminarnos D. Paco ^^ (Se lo crea o no, le hemos echado de menos)

      Dos preguntas (aparentemente) cortitas: entonces, ¿una mujer que pueda cantar con facilidad arias de tenor en el mismo tono, debería considerar la posibilidad de que es una contralto? Y, ¿cómo se distingue a una contralto legítima de una mezzo con los humos subidos (y el registro bajado XD)?

      Gracias por adelantado ^^

      PD: Sin prisas, que ya sé que lo que secuestran las obligaciones. ¡Lo bueno se hace esperar! =) Que me lo digan a mí… ¡Dos semanas, estuve esperando la respuesta de Lademann! XD

    10. oscar valdivieso says:

      Don Paco mi mas sentido pésame por el familar perdido.-
      De vuelta al ruedo, quiero preguntarle, si dentro de sus preferidas voces graves femeninas, lease mezzos y contraltos, esta la gran Lucia Valentini Terrani, magnifica artista y creo todavia en actividad.-
      No me parece Don Paco que mi eterna Marilyn Horne haya sido espantada (“por imposible”)por el papel de Carmen, en todo caso ruego a usted me indique en que basa su siempre sesuda y pedagogica argumentacion al respecto.-
      Saludos estimado Don Paco, pero me tocan a la señora Horne y me salta el fanatismo je je je (Soy lo que se diria parte de su “barra brava”)

    11. dinora says:

      Sí que se le ha echado de menos Paco Roa….Un placer tenerle entre nosotros nuevamente.
      Seguro sentimos todos su pérdida.
      Un abrazo.

    12. Paco Roa says:

      Bueno, primero de todo, muchísimas gracias de corazón a todos Vds. por sus muestras de solidaridad y cercanía en estas tristes circunstancias personales. Voy a intentar contestar lo mejor que sepa y pueda a las interesantes cuestiones que plantean, pero permítanme que lo haga del modo como resolvíamos cuando joven las dichosas integrales, por partes y con cierto sosiego. Y ya que acumulo tanto débito con la amable “Lilith”, dejo para, con más tiempo, una especie de posible monográfico que sirva para resolver sus dudas y salde también el compromiso adquirido anteriormente con ella de entrega de una determinada documentación, razón por la que paso a contestar hoy a D. Oscar. Muy brevemente, apreciado tertuliano, decirle que yo también admiraba y no poco a la Valentini-Terrani, pero esta fantástica mezzo de perfil esencialmente rossiniano y grave de la mejor pasta falleció hará cosa de unos diez años. Por lo que hace la Horne y su fallida Carmen, decirle que, en primer lugar, cómo me voy a meter con ella si para mí resulta ser la más grande cantante rossiniana del siglo XX, nada más lejos, pues, de mi ánimo; ahora bien, el personaje de Carmen se le atragantó desde un primer momento, no tanto vocalmente cuanto psicológica y dramáticamente, motivo por el que lo descartó de su repertorio a las primeras de cambio. Muchas gracias y saludos cordiales.

    13. oscar valdivieso says:

      Escuche intervenciones de la señora Lucia Valentini Terrani, como por ejmplo en el famoso cuarteto de Rigoletto (con Kraus y Ricciareli) y otros , lamentablemente la señora Lucia a pesar de su gran calidad, es poco conocida, y lo que me da tanta tristeza Don Paco es, efectivamente, recien tomar nota de su desapariciòn, hace exactamente… 10 años, pues murio el 11 de Junio del 1997.-UN dia como hoy hace 10 años, no puedo menos que pedir a la amable gestora del foro, a usted Don Paco y nuestros queridos co-foreros, elevar una pequeña oracion por el descanso y en memoria a tan gran artista.-

    14. Diomedes says:

      Mis saludos, Don Paco. Y muchas gracias por el aporte. Pero me sigue quedando la duda: ¿cómo he de considerar a cantantes como Brodina cuando cantan en esos graves tan graves? ¿No se puede decir que cubran la cuerda de mezzo y de contralto, como se dice de más de un barítono? Porque en caso contrario, la de mezzo resultaría ser una cuerda inmensa, ¿no? A mí me daba incluso la impresión de que detrás del título de “mezzosoprano” se esconden alguna que otra contralto, pero creo entender que su parecer no respalda esta sospecha; ¿me equivoco? Desde ya agradezco su nuevo aporte.

    15. Paco Roa says:

      En absoluto, D. Diomedes, debemos confundir a estas cuerdas –contralto/mezzo- pues hoy, vocalmente, están perfectamente diferenciadas. La Borodina, quede claro, es una mezzo dramática, otra cosa es que determinadas mezzos, singularmente las pertenecientes a esta tesitura, se valgan del indicado artificio para “suplantar” a las contraltos. Saludos cordiales.

    16. Diomedes says:

      Muchas gracias, Don Paco, por su aporte siempre tan cordial. Voy a seguir prestando atención al tema. Estoy descargando un disco de su estimada Ewa Podles (que ya se ha ganado también mi mejor opinión), lo que creo que me va a ayudar mucho a afinar el oído. Saludos.

    17. Paco Roa says:

      Apreciada y universitaria “Lilith”, paso a (intentar) aclarar –ya era hora pero comprenda que todavía estoy un poco en baja forma- sus dudas sobre la cuerda de grave más extremo (por correo, conste, hice otro tanto con la otra parte de la deuda). Muy seguramente Vd. haya escuchado en alguna que otra ocasión el término “contralto músico”, con el mismo se designa no tanto a una determinada tipología vocal, aunque que también, cuanto a una cantatriz travestida que por -permítame decirlo así-, “exigencias del guión”, interpreta en escena a un varón. Verá Vd., cuando a finales del siglo dieciocho y principios del diecinueve comenzó a declinar la rutilante estrella de los “castrati” y, con la misma facilidad que durante décadas atrás sobreabundaron hegemónicamente como ninguna otra cuerda, cayeron en desgracia y su número se redujo drásticamente hasta desaparecer virtualmente no bien llegado el año 1850 –en otra ocasión se podría volver sobre este fenómeno vocal sin parangón posible en la historia de la música-, fue entonces necesario sustituirlos con urgencia, antes que con los tenores, en aquel tiempo segundones relegados a ser solamente los “protas” cómicos en la ópera bufa, con una voz de mujer que tanto por su peculiar aspecto físico como por la idoneidad vocal pudiera semejarse a los héroes enamoradizos que los castrados siempre habían encarnado durante su muy largo reinado teatral, toda vez que el público seguía demandando dramas de reminiscencia clásica, medieval o mitológica y poco le importaba la verosimilitud que tuviera, con tal de que el espectáculo continuase para su divertimento, una mujer disfrazada de hombre haciendo las veces de recio guerrero victorioso en la batalla y caballero presto(a) a defender a su afligida dama puesta en apuros por el villano de turno.

      Tal vez el primer gran éxito de este nuevo “personaje” escénico-vocal lo protagonizase la contralto que estrenó el papel principal de “Tancredi”, ópera seria rossiniana en dos actos de 1813, Adelaide Malanotte (que, verdaderamente, aunque la tiene cualquiera, ella no tuvo una “malanoche” precisamente). Y muy pronto, mientras toda Venecia cantaba sin parar el famoso y pegadizo “Di tanti palpiti”, cabaletta del aria de entrada de Tancredi, hasta que, según cuentan, tuvo que prohibirse en según qué sitios –aprovecho la cita para solicitar a nuestra amable gestora, cuando ello sea posible, su emisión en el foro por la intérprete que guste-, la más grave vocalidad femenina se introdujo, impuso y, al cabo, prosperó como la mejor de las posibles soluciones para reemplazar a los destronados cantantes asexuados. Marietta Alboni, siempre presente en todas las grandes galas líricas de la época, la ya citada Malanotte, Rosmunda Pisaroni, de rostro tan deformado por la viruela que siempre salía al escenario de espaldas al público para no asustarlo, la inefable Geltrude Righetti-Giorgi, dispuesta a dar vida a cuantas Rosinas o Angelinas se ponían a tiro, o, qué sé yo, la celebérrima Giuditta Pasta, entre otras muchas que podrían recordarse (aunque nunca fueron muy numerosas, la primera mitad del diecinueve fue su particular época dorada) pasan a ser, pues, promovidas por el compositor de moda y más importante del momento, Gioacchino Rossini, el cual adoraba esta vocalidad, las legítimas herederas de los significados papeles de nobles héroes en pos de cruentas batallas, mil y una aventuras alocadas, riqueza, gloria y amor, mucho amor.

      Bueno, pues qué tenían estas cantantes para, por así decir, dar el pego y poder hacer sin problemas de, p.ej., valientes soldados de fortuna. Primero de todo, contaban, como digo, con algo muy importante para un actor, la complicidad del público, el cual apenas si reparaba en el “pequeño” detalle de que una mujer pudiera hacer de joven enamorado de otra mujer; segundo, su aspecto físico, y en esto no hace falta imaginarnos cómo podía ser el prototipo de una contralto músico al uso, pues basta para hacernos una cabal idea con fijarnos en nuestra coetánea Ewa Podles como eximia representante de la cuerda que nos ocupa: mujer fuerte, de complexión más bien corpulenta, cuello amplio y robusto, generoso pecho y, atención a este dato, cuerdas vocales de similar longitud a las del tenor, por otra parte, de carácter enérgico y hasta, llegado el caso, ademanes bruscos, altaneros y punto masculinos, esto es, dicho sea con todos mis respetos y desde la profunda admiración que siento por la Podles y todo el registro en general, una morfología de inequívoca virago (pongámoslas encima una armadura, un casco y una espada, y la cosa como que cuela sin forzarse mucho); y tercero, sus timbres que, según se decía entonces, resultaban parejos a los de los “castrati”, aunque escuchadas con los oídos nuestros más bien afirmaría yo que este singular color puede superponerse al del tenor tanto en su octava inferior como en la media. Mantengo, pues, que, atentamente “auditadas” las contraltos actuales, se pueden apreciar similitudes acústicas con los tenores.

      Bien, y ya por último, me queda decir unas palabras sobre el “truquito” que utilizan algunas mezzos para parecer contraltos. Apreciada “Lilith” (igualmente conocida como “La soprano misteriosa 6”), para estas vacaciones le voy a proponer un pequeño ejercicio –no se asuste que es mucho más fácil que la dichosa Selectividad que ya pasó- tan simple como hacer una pequeña audición a dos mezzos, la Valentini-Terrani y la Baker. A la segunda (cuya voz juega con la ventaja de ser punto anfibia) hágalo, dentro del recital Haendel para el sello “Philips”, en el famoso “Ombra mai fu”; y otro tanto haga con la italiana (también aquí hay una circunstancia a su favor, de manera natural su voz evolucionó, ya al final de su carrera, hacia la pastosidad de la contralto) para su versión del Malcolm de “La Donna del Lago”. Búsquese la vida para esta tarea que le “mando”, ahora lo tendrá muy fácil en Barcelona, y después del Verano hablamos, que no conviene cansar a los lectores, si aún queda alguno, con estas cuestiones tan especializadas. Saludos muy cordiales y, como no podía ser menos, dadas las fechas en las que nos encontramos, para todos los “foristas” que comiencen sus vacaciones este fin de semana les deseo de corazón lo mejor, pero recuerden tener mucha prudencia en la carretera.

    18. Lilith says:

      Gracias, gracias, gracias ad infinitum. Deuda saldadísima. En cuanto tenga un momento (mi hermano lleva todo el día robándome el ordenador y ahora mi madre me echa ¬¬) respondo – al correo y al comentario – como es debido.

      Mordiskitos cordiales XD ^^

    19. Lilith says:

      Vale, creo que me voy a tener que buscar la vida “bastantísimo” para encontrar todo eso, pero ya sabe que no paro hasta conseguir lo que quiero XD

      Gracias mil, que dice Gio.

      Besos ^^

    20. Diomedes says:

      Estimado Don Paco, leí atentamente su comentario-lección y también se lo agradezco. Y a propósito de Ewa Podles, quiero pedirle a Ud. y a quien pueda tener conocimiento sobre la grabación, su opinión sobre “La fille du régiment” con ella, Devia, Praticó… Lo vi cuando estuve de compras operísticas y me tentó, pero quise pedir opinión porque me frustro mucho si no me satisfacen mis compras. Fue la Podles la que ante todo me atrajo del DVD, y por eso me acuerdo de Ud., Don Paco. Saludos.

    21. Paco Roa says:

      D. Diomedes, no baja Vd. la guardia ni con los calores del Verano. Lamentablemente no hay mucho material filmado de la Podles, al menos comercializado, y lo que hay, como esta “Hija del regimiento” a la que se refiere, no es muy representativo del arte canoro de la gran contralto polaca. Razón por la que hay que contentarse con el CD si lo que pretende es estudiar y valorar su canto; tome nota de la siguiente reseña de “obligada” audición:

      – Ewa Podles Rossini Gala, 1998 (Bank Handlowy W Warszawie, S.A.). Saludos cordiales.

    22. Diomedes says:

      No, no bajo la guardia jamás! Jajaja. Y si no la bajo ni en el calor del verano, imagínese si la voy a bajar con el frío que está haciendo en el invierno montevideano! Una lástima lo que me dice del DVD comentado. De todas formas voy a considerar comprarlo, porque es raro encontrar grabaciones con contraltos de verdad, y según la mayoría de los comentarios que he leído la grabación no es nada mala. En cuanto a apreciar el arte canoro de Ewa en su mejor representatividad, ya he bajado ese disco de arias de Rossini. Lo hice impulsado por su “Una voce” acá colgado y sus mismas recomendaciones, Don Paco. Le agradezco inmensamente su constante atención. Saludos.

    23. […] Olga Borodina: Mon coeur s’ ouvre à ta voix…, aria de Dalila con Sansón (del Segundo Acto de Sansón y Dalila, Saint-Saëns). […]

    Leave a Reply