La Gruberova cantando de todo un poco. Lo más curioso son las fotos.
(Gracias, Lilith)
La Gruberova cantando de todo un poco. Lo más curioso son las fotos.
(Gracias, Lilith)

Vivica Genaux: Qual guerriero in campo armato, aria compuesta por Riccardo Broschi, en su ópera Idaspe, para su hermano Carlo Broschi, el célebre Farinelli, y reciclada después por Vivaldi en su ópera Bajacet (aria de Irene, Acto I). 2004.
Comentaba Sparafucille (gracias mil):
En la versión de Bajacet de Vivaldi dirigida por Fabio Biondi, Vivica Genaux canta el papel de Irene de Trebisonda (dicho sea de paso, el plantel que la acompaña es tremendo: la bellísima Elina Garanca, Patricia Ciofi, Marijana Mijanovic, Ildebrando d’Arcangelo y David Daniels). Acompaña a los dos cedés de la ópera un DVD promocional con diversas escenas de la grabación, en el que cada cantante interpreta un aria de esa ópera. Vivica canta una espectacular “Qual guerriero in campo armato”, con un sorprendente movimiento de mandíbulas y de labio superior, que roza lo caricaturesco, pero no resta un ápice de calidad a la sensacional interpretación vocal. Leí hace ya tiempo en una entrevista que mucha gente le pregunta si son gestos técnicos, para mejorar la colocación y la emisión de la voz, y dijo que no, que era algo sin ninguna relación consciente con los efectos vocales que realiza, y que lo hace desde hace tiempo de forma espontánea. En la ópera, además, Genaux se marca unas imponentes “Sposa, son disprezzata” y “Son tortorella”. En fin, ópera de obligada e inexcusable audición.
“De cómo una chica de Alaska se convirtió en cantante de ópera”

Por Vivica Genaux:
“Una de las preguntas que se me hace frecuentemente en mis viajes es ‘¿Cómo fue que una niña de Fairbanks, Alaska, decidió transformarse en una cantante de ópera?’.
Cuando uno piensa en Alaska, lo primero que viene a la mente es el frío invierno. En Fairbanks, donde nací y me crié, el invierno dura al menos 9 meses y generalmente las temperaturas son de 45 a 50 grados centígrados bajo cero durante Diciembre y Enero. Pero el frío no es lo único a lo que nos enfrentamos en invierno.
Giancarlo Monsalve: aria de Rodolfo del Primer Acto de La bohème, Puccini. 2007.
(Gracias, Nicolás Camilo Gesén)
27/03/10
Junio 2009
Entrevista en el País Semanal con Roberto Alagna

Existe una lógica aplastante en el mundo de Roberto Alagna. Puede que no sea la lógica de usted, ni siquiera la del mundo mundial, pero es incontestable. La filosofía de este tenor con el carácter de un vendaval, que se marchó el pasado mes de noviembre de La Scala en plena segunda representación de Aida y que el día 7 de junio debuta en Madrid con Il trovatore, de Verdi, tiene una coherencia propia que va desde el discurso del insomnio hasta la negación del ego o la justificación del divismo por gracia de Dios. Al fin y al cabo, ésa es precisamente la palabra que precede esa manera de comportarse encima de los escenarios y que sirve para definir a los grandes de la ópera.
Dice Roberto Alagna que siempre ha sido feliz. Con ese pensamiento positivo, él, que cumplirá 44 años el mismo día que pise el escenario del Teatro Real, ha ido sorteando las desgracias de la vida, que en su caso fueron muy tempranas. Se quedó viudo sin haber cumplido los 30, con una niña de año y medio en los brazos que luego ha ayudado a criar su segunda mujer, la soprano rumana Angela Gheorghiu. Con ella ha formado una de las parejas más atractivas y discutidas de la ópera actual por sus éxitos y sus conflictos en algunos teatros; el Real incluido, donde la cantante, que volvió a Madrid el pasado día 20 a dar un recital, dio una sonada espantada el primer día de ensayo de una Traviata que dirigía Pier Luigi Pizzi hace cuatro años.
Quizá jugar al rugby durante 10 años le convirtió en una especie de roca que resistía como nadie los golpes. Pero no, no sólo eso. Otras cosas le han ayudado más que saber escabullirse de una melé salvaje. Lo primero, la familia. Se crió en un suburbio de París de esos en los que hoy es fácil ver arder coches. Fue el primero de los 30 descendientes de su bisabuela, a la que conoció hasta que él cumplió 20 años en crecer lejos de la Sicilia siempre añorada por sus padres. Habían emigrado hacia el país más rico del Mediterráneo en busca de una vida mejor, pero el poco dinero que ganaba su padre como obrero de la construcción no les evitó conocer a fondo la pobreza a Roberto y a sus tres hermanos, dos de los cuales, más pequeños que él, están también metidos en el negocio del canto.
Roberto se crió en la calle y siempre se sintió desarraigado. Italiano en Francia, francés en Italia. Y español de descendencia: “Alagna es Alaña, con eñe; de los primeros españoles que llegaron a Sicilia”, afirma en el patio de un más que lujoso hotel parisiense, donde se ha presentado sonriente, atusándose el flequillo hacia atrás, con una camisa roja bordada y desatada por debajo de su pecho toro, pantalones blancos, zapatos de cuero relucientes y fular también blanco.
Vive en Suiza, pero también tiene una casa en París, donde aprovecha para parir discos superventas, como el reciente dedicado a Luis Mariano —que ha vendido más de 400.000 copias sólo en Francia— o como el que ha estado estos días grabando, de canciones sicilianas, antes de trasladarse a Madrid para los ensayos de Il trovatore. Le han advertido de que el público madrileño es duro de pelar. También le han contado que a José Cura le abuchearon cuando la cantó. Llega cauto, pero llega, pese a que muchos dudaron de que se le viera en el Real después de ese episodio en La Scala esta misma temporada…
Desde entonces ha cambiado. Es un poco más cauto, pero sólo un poco. Conserva el carácter explosivo y habla claro sobre lo que pasa, ha pasado y lo que pasará. No sabe si volverá al templo sagrado. Actualmente está en pleito con él: “Se equivocaron conmigo”, dice. De todas formas, La Scala es un teatro que se le atraganta. Ya había tenido su desencuentro 10 años antes en el mismo sitio, cuando Alagna y Gheorghiu discutieron con el entonces todopoderoso Riccardo Muti y abandonaron el teatro, interrumpiendo una relación casi paterno-filial entre el director y el tenor. La vuelta de Alagna esta temporada a Milán le fue brindada por otro de sus más que influyentes amigos, Stéphane Lissner, actual responsable de La Scala, que fue también el primer director artístico del Real. Pero todo se fue al traste, entre otras cosas, y según Alagna, “por una conspiración política”.
Reportaje de am_zoo. Un reportaje tres_en_uno al que no le falta de nada: vidilla, mucha vidilla; fotografías y vídeo. Todo de su autoría.
Sé que algunos de ustedes piensa que exagero cuando me refiero a él como ‘nuestro corresponsal en Berlín’, pero nada más lejos. Estudia en Berlín, nos envía sus crónicas desde Berlín y se lo está pasando como un enano… en Berlín (es un decir, calza un 45).
La crónica de hoy trata de la última (que se sepa) de sus aventuras berlinesas: un fin de semana entero, con sus días y sus noches, disfrutando a tope de música de la buena (y de vez en cuando de una buena cervecita).
Así lo vivió y así nos lo rebobina ahora, como si lo estuviera viviendo en el mismito momento en que nos lo está contando. Y tampoco exagero nada.
¡Qué noches las de Berlín!: Netrebko, Abbado y András Schiff
El pasado fin de semana (o el fin de semana del 18 al 20 de mayo) fue el mejor fin de semana desde que estoy en Berlín, y, con toda seguridad, el mejor fin de semana de toda mi estancia en la capital alemana, además de ser la síntesis perfecta de lo que he venido a buscar aquí: música.
Hablaré de música sinfónica, ópera y música de cámara. Hablaré de todo el fin de semana, intentando transmitir todas las sensaciones vividas y cómo iban acumulándose a los largo de los tres días. Espero tener la suficiente capacidad de síntesis para contarlo todo con claridad y no extenderme.
El finde empezó el viernes, 18 de mayo, sobre las seis de la tarde. Esa tarde (y los dos días siguientes) dirigía la Berliner Philarmoniker el que fue su director titular desde 1989 hasta 2002: Claudio Abbado. He ido a los teatros a ver ópera y ballets, a conciertos de cámara, a ver grupos de rock, pop, jazz. He intentado ir a ver a toda figura artística-musical que me gusta. Pero la Filarmónica es la razón musical de más peso por la que elegí esta ciudad. Demasiados discos, vinilos, imágenes… Demasiados “mitos” en torno a ella. Y todo se lo ha ganado a pulso. ¡Lo juro!
He visto dirigir a Zubin Mehta, Pierre Boulez, Seiji Ozawa, Daniel Barenboim, Mariss Jansons, Bernard Haitink y Sir Simon Rattle, y no pensaba irme de aquí sin ver dirigir a Abbado.
Para ver a cualquier director o intérprete que venga invitado a la Filarmónica no es difícil conseguir entrada, además,a precios asequibles. Pero Abbado es mucho Abbado en Berlín, y las entradas volaron el mismo día que salieron a la venta.
—Bueno, no pasa nada. El día del concierto me planto en la taquilla a ver si consigo una entrada de pie (las sacan a la venta el mismo día del concierto), y, si no, pues…, pues reventa (aunque me joda mucho). Pero yo no me quedo sin ver a este tío.
Día 18 de mayo. Allí me planto. Una cola larga.
—Uf, me voy a quedar con las ganas… Y mañana me gustaría ir a Bebelplatz, ¡y el domingo no puedo!
Abren la taquilla. La cola empieza a avanzar. Quince minutos como mucho. Se acabó. Viene un tipo y dice: “Las entradas de pie se han agotado para los tres días. Pueden esperar por si salen entradas” (No sé si de reservas anuladas, protocolo que no acude…. no lo sé).
Vale. Espero en la cola.
Soy el número nueve en la cola. Hay gente que empieza a moverse buscando reventa. Una mujer dice que no está dispuesta a pagar 80 euros por una entrada de 15. Yo no me muevo de la cola. Muy chulo yo con que compro en la reventa, pero… ¡que va! ¡Ni de coña! ¿Y si me timan? Hay gente que se va, gente que compra en reventa. Al final me quedo el quinto en la cola.
19:50 h. Faltan diez minutos para el concierto. Se acerca el tipo de la taquilla y dice: “Hay una entrada por 25 euros”. Los cuatro que tengo delante van juntos. “No, gracias”, les oigo responder.
El siguiente soy yo.
—¡¡¡Síííí!!!
Joaquín Turina Gómez, en su Historia del Teatro Real (Alianza Editorial. Madrid, 1977) cuenta con gran gracejo la revolución que supuso la llegada al coliseo madrileño del divo Titta Ruffo, en la temporada 1907-1908.
“La gran sensación de la temporada fue Titta Ruffo, que llegó a Madrid con secretario, pianista y cocinero.
Se despertó tal fiebre por escucharlo, que hubo que tomar medidas: una Real Orden prohibió la reventa de billetes, se reguló el número de entradas que podía adquirir cada persona. Todo ello dio origen a un fenómeno ‘moderno’: las colas nocturnas ante las taquillas del teatro; el público que salía del teatro se encontraba la fila de los que iban a esperar toda la noche y parte de la mañana siguiente —abrían a las once— suspirando por una entrada por escuchar a Titta Ruffo.
Por cierto, los puestos delanteros en la cola se pagaban a cinco pesetas. Al final del mes de enero hubo que indemnizar a Ruffo con 4.000 francos para que el barítono rompiera su contrato con la ópera de Montecarlo y se quedara más tiempo en Madrid para hacer más funciones. Es evidente que los empresarios ganaban mucho dinero con él“.
Titta Ruffo canta por primera vez en el Real el 14 de diciembre de 1907, interpretando el rol de Scarpia (16 de diciembre; 25 de enero de 1908). A ‘Tosca’ le siguió ‘Rigoletto’ (7, 9 y 11 de enero), una función a beneficio de la Asociación de la Prensa (17 de enero) y ‘Amleto’ (22, 23 y 26 de enero).
Regresaría al coliseo madrileño en las temporadas 1908/09, 1909-1910, 1911-1912, 1912-1913 y 1918-1919.
La impaciencia por escuchar a Ruffo en Rigoletto no fue menor en la temporada 1908-1909:

"Anoche cantó Titta Ruffo su ópera favorita 'Rigoletto'. El triunfo que en ella obtuvo fue aún mayor que los obtenidos por el eminente artista durante la temporada. Puede juzgarse del deseo que los aficionados sentían por oírle en esta obra con decir que para la adquisición de las localidades del miércoles se formó una larga cola en la taquilla del Teatro Real, desde dos noches antes, pagándose a buen precio los puestos y promoviéndose altercados, en los que tuvo que intervenir la fuerza pública" ('Nuevo Mundo' -Madrid-, 28 de enero de 1909).
Documental sobre la inauguración del Teatro Colón de Buenos Aires (sabe a poco, pero merece la pena verlo antes de que vuele del Olimpo).
La obra elegida para fecha tan señalada fue Aida, con Amedeo Bassi en el rol de Radamés, el 25 de mayo de 1908 (programa original en PDF).
Dos días después, estrena el Colón Titta Ruffo, con Amleto, de Ambroise Thomas. En el mes de abril de ese mismo año, el titán de los barítonos había cantado en el Gran Liceo de Barcelona; y en febrero, en el Principal de Valencia. Al Real de Madrid llega en diciembre de 1907. En los tres (algún día hablaremos de ello), cosecha grandes triunfos.
El incomparable bajo ruso Feodor Chaliapin se presenta por primera vez en el coliseo porteño en julio de 1908, en ‘Mefistófeles’. Caruso lo hará en mayo de 1915, en Aida.
(En la foto, Ruffo y Chaliapin, en 1909)
El 4 de agosto de ese mismo año, 1915, tiene lugar una actuación memorable en el Colón: Enrico Caruso y Titta Ruffo interpretan el Primer Acto de I Pagliacci en una función extraordinaria (ahí los tienen).
[16/01/10: en la fotografía figuraba también Hipólito Lázaro. Lugar y fecha: Montevideo, 16 de agosto de 1915: más información]
Finaliza el histórico vídeo de este post con la imagen de un óleo (1,60 x 1,10 m) que ya es toda una leyenda: el retrato de Titta Ruffo, Enrico Caruso y Feodor Chaliapin, obra del pintor polaco Tadè Styca (galería de sus cuadros), famoso por reproducir fielmente la semblanza y personalidad de sus modelos.
Ruffo tiene 33 años; Caruso y Chaliapin, 37. Por entonces, los tres artistas eran considerados los cantantes más famosos del mundo en su cuerda.
Pilar Lorengar: aria de Pamina del Segundo Acto, Escena IV, de La flauta mágica (Die Zauberflöte), Mozart. 1970.
Actualización (22/05/07):
Nuestro corresponsal en Berlín
, am_zoo, nos envía unas estupendas fotografías (inéditas y de su cosecha) del busto de Pilar Lorengar.
Comenta am_zoo que puede admirarse “en el segundo piso de la Deutsche Oper Berlin, junto a los de Ferenc Fricsay, Karl Böhm o Michael Bohnen y algunos intendentes del teatro. Hay ocho bustos, todos hombres, menos la Lorengar”.
Gracias mil, am_zoo
Artículo en ABC sobre Teresa Berganza
«La mezzosoprano llega con unos zapatitos de niña y una túnica rosa. En el cuello lleva un collar indio de bolas de seda “que mis nietas llaman las morcillas”. Cuida de no sentarse cerca del aire acondicionado para proteger su voz, un instrumento potente y a la vez delicado. Pero detrás de esa apariencia de fragilidad, Teresa Berganza es todo fuerza, y lo demuestra cada vez que abre la boca, ya sea sobre el escenario o tratando con periodistas.
Con una carrera de más de 50 años a sus espaldas, la madrileña se siente orgullosa de haber alcanzado la cima de la música clásica sin haber tenido que vender su integridad por el camino. “Yo no he tenido que pasar por ningún mal trago. Yo abrí la boca para cantar. Para hablar también, pero siempre he dicho la verdad y siempre he defendido todos los ideales de la cultura y de la música”.
Teresa Berganza se encuentra por primera vez en Egipto, lugar en el que se siente “como una adolescente”, y donde ha ofrecido dos recitales benéficos en la Ópera de El Cairo y dos clases magistrales con promesas egipcias de la música clásica.
Desde que comenzó a cantar a los 20 años, nunca le ha faltado trabajo. La voz suave y contundente de la ‘mezzo’ ha acariciado los principales escenarios del mundo. Ha sido Carmen, Angelina, Dorabella. Pero nada se consigue sin esfuerzo. “Ha sido muy fácil para mí, pero también muy difícil porque he tenido que trabajar mucho para mantenerme en el nivel más alto que he podido”.