La última actuación de Tebaldi en el Liceo: “Cantó ‘Tosca’ como la canta siempre: maravillosamente, estupendamente” (1959)

La última vez que Renata Tebaldi canta en el Gran Teatro del Liceo de Barcelona fue el domingo 22 de noviembre de 1959, en Tosca, con Giangiacomo Guelfi como Scarpia y Giuseppe Gismondo en el rol de Cavaradossi. A la batuta, Angelo Questa.

Sólo cantó la primera de las tres Bohème de las que hablábamos ayer (y el despiste es mío). En las otras dos, asumió el rol de Mimì la soprano barcelonesa Enriqueta Tarrés: “Fue una Mimí expresiva, sensible, brillante en los agudos y variada y convincente en los acentos. El público la aplaudió con toda efusividad a lo largo de la representación e insistió en los cálidos aplausos al final de los actos, requiriéndola al proscenio”.

La foto, como bien pueden apreciar, es del Metropolitan. No encuentro del Liceo. Además, está divina:-)

Y esto fue lo que el crítico de La Vanguardia U. F. Z. (el mismo que el de la Callas) escribió sobre esta última representación de la Tebaldi, y que apareció publicado dos días después (antaño no había periódicos los lunes; también el entrecomillado sobre Tarrés pertenece a esta crónica).

Éstas fueron sus palabras:

“Liceo. Despedida de Renata Tebaldi”

«A Renata Tebaldi, en su última actuación por esta temporada, había que demostrarle cuánto se la admira y quiere en Barcelona, demostración que, después de todo, no ha dejado de hacerse patente ni un solo instante. Pero había que insistir, y anteayer por la tarde, el teatro se llenó de modo que parecía haberse hecho elástico, y las ovaciones y ¡bravos! fueron inacabables y ensordecedores, e imponente la ofrenda de flores y regalos.

La eminente soprano, sobreponiéndose a la emoción que la dominaba, cantó Tosca como la canta siempre: maravillosamente, estupendamente. El ‘Vissi d’arte’, una creación magistral, subrayada por las aclamaciones de la sala, teniéndose que repetir la famosa romanza.

La ilustre diva salió ayer, en avión, para Nápoles y Milán, donde tiene contraídos compromisos, y después de cumplirlos, marchará a Nueva York, también contratada para cantar en el Metropolitan».

  • U. F. Z.
  • La Vanguardia (‘Música, Teatro y Cinematografía’, pág.29), 24 de noviembre de 1959.
  • 07/07/14

  • Vissi d’arte
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    11 Responses to “La última actuación de Tebaldi en el Liceo: “Cantó ‘Tosca’ como la canta siempre: maravillosamente, estupendamente” (1959)”

    1. Sparafucille says:

      Parece que el crítico musical de La Vanguardia era un “tebaldista” recalcitrante y un “anti-Callas” declarado. Se podría utilizar como ejemplo para reflexionar a propósito de ese debate que abrimos hace poco sobre la objetividad o subjetividad en la apreciación musical. Que conste que yo también, en general, prefiero a la Tebaldi, aunque sin llegar a un grado de fanatismo tal que me impida reconocer que hay interpretaciones de María Callas que, pese a todos sus posibles defectos vocales, son insustituibles. Pero, ¿no parece sospechoso en un crítico musical una polarización tan extrema de sus juicios críticos? ¿Acaso no inspira cierta desconfianza su parcialidad?

      La crónica está firmada en 1959 pero, ojo avizor, en nuestros días sigue habiendo críticos de este tipo: panegírico adulador con unos y libelo inmisericorde con otros. Hace años solía comprar varias revistas musicales especializadas para tener una orientación a la hora de adquirir discos. Cuando ya decidí que tenía conocimientos suficientes para orientar por mí mismo mis preferencias musicales, decidí prescindir de ellas como guía. El contraste era extremo, rozando a veces en lo increíble. En una revista, se encumbraba la última grabación operística de Plácido Domingo como “versión de referencia”; en la otra, se le ponía como chupa de dómine. La para unos genialidad de Barenboim era, para otros, mediocridad insalvable. Las sinfonías de Bruckner por Celibidache eran un tostón insoportable o la quintaesencia de la belleza, según el crítico al que acudiéramos, y así con todos, fuese cual fuese el género musical.

      Que haya diversidad de opiniones es inevitable. Que haya quienes se encastillen en sus dogmas y se hagan fieles vasallos o acérrimos enemigos de un cantantes, también es comprensible: cada uno tiene sus filias y sus fobias. Pero que eso se haga desde la privilegiada atalaya de la posición de crítico, con el poder que ello otorga para orientar o desorientar la opinión pública, para formar o malformar el gusto musical de los lectores, eso es ya otra cosa.

    2. RCA says:

      Soy un seguidor constante de este foro y en contadas ocasiones meto baza. LLevaba un tiempo queriendo introducir, con cierto aire polemista, una pregunta ¿Cúal es la razón para el ninguneo de Palacido Domingo? Es como mi antedecesor ha escrito un grandioso artista…. polémico. Nadie ha inaugurado tantas veces como él la temporada del MET, ha sido probablemente el mejor Otelo y Don José, un extraordinario Manrico y Cavaradossi, tremendo su Sanson e Infante Don Carlos, grande su Parsifal y sus incursiones en la Tetralogia.
      Este año la critica europea reconoce de forma unánime que ha salvado un mediocre festival de Salzsburgo de un modo extraordinario. Es mágico en la Zarzuela a la que ama y lleva por todo el mundo.

      Realmente no se por qué casi siempre me parece leer, las pocas veces que es citado, un bien….pero.

    3. adalgisa says:

      Respecto al tema Tebaldi/Callas yo pongo un 2 (o como muchísimo una X).Me encantan las dos pero todavía hay clases 🙂
      No estoy de acuerdo con Sparafucille,porque me parece que da a los críticos una función más didáctica o “realista” de la que tienen.Uno no puede dar más que su versión,y por eso cada crítica va firmada.Y que una cosa te guste mucho y otra muy poco no tiene nada que ver con el fanatismo,sino con tu gusto,porque cada uno aprecia en el cantante cosas distintas.Como en el cine:a mí me gustan los diálogos y los personajes,a otros el argumento,el tema,a otro la fotografía,los efectos especiales…Así que a mí Gladiador me parece un truño.No soy fanática porque veo sus virtudes (fotografía,efectismo,música…),pero es que para mí esas virtudes no valen mucho.
      Pues con los cantantes igual:a mí Kraus me parece un horror (glups!), porque sus virtudes,que no voy a negar,para mí son el complemento, pero le falta la esencia(lo que para mí lo es,se entiende).En cambio me encanta Domingo,porque tiene lo que para mí es esencial aunque tenga carencias en otros aspectos que para mí no son tan importantes (y encima,hablando de aspectos accesorios,actúa perfectérrimamente).Eso sí,prefiero oír a Pavarotti,que en general no es mi tipo,que a Domingo o a del Mónaco,di Stefano o Tucker (aquí hinco mis rodillas) cantando a Donizetti.
      Pero vamos,que evitar tu cerebro cuando estás hablando con tu cerebro es imposible:la verdad subjetiva no vale más que para uno mismo,pero es la única con la que podemos manejarnos,que el arte no es una ciencia exacta.
      También soy nueva en este blog e intuyo que me va a encantar… ¡cuánto material!.Pero si es cierto lo que dice RCA de Domingo lloraré por las noches.

    4. Sparafucille says:

      Si a la hora de hablar de Plácido Domingo leemos repetidamente, como recuerda RCA, un “bien, con reparos”, por algo será. ¿O es que va a dar la casualidad de que este foro, tan plural y variopinto, nos hemos juntado todos los anti-Dominguistas del mundo?

      Plácido Domingo es y ha sido un gran tenor, cuya voz y otras cualidades extra-operísticas le han proporcionado una gran fama y un nada desdeñable poder en el mundo de la ópera. No en vano ha sido director de la ópera de Washington y de Los Ángeles, entre otras. Su presencia en 21 aperturas de la temporada del MET no es por sí sola un mérito incontestable. ¿Cómo cantó en esas 21 ocasiones? Me bastaría una sola actuación magistral, con él o con otro cantante cualquiera, para reconocerle su calidad, que la tiene, indudablemente.

      Pero no hay que exagerar. En el conocimiento internacional de la figura de Plácido Domingo hay una clara proyección mediática. Parte de un repertorio amplio le da la oportunidad de grabar más y más y de ser casi omnipresente, a lo cual contribuye el abandonar los estrechos límites de la lírica elitista y hacer esos escarceos con el pop y con eventos institucionales que tan hábilmente ha explotado. Y en cuestión de presencia, las compañías discográficas, sobre todo las de música clásica (negocio con pérdidas aseguradas), saben del poder seductor de la imagen. Y Domingo la tiene, y esa ha sido su gran baza, el gran filón comercial, añadida a la de su voz. Pero sin imagen, la voz de Plácido Domingo tendría que competir con otros augustos defensores del rol de Don José, como Nicolai Gedda; o los Otellos de Jon Vickers o de Mario del Monaco, o el Radamés de Jussi Bjorling… Tiene logros indiscutibles, en mi opinión, como su personificación de Don Carlo, o la gracia que tiene para la zarzuela. Pero Plácido Domingo ha experimentado, desde tempranas fechas, un deterioro vocal muy notable: escaso fiato, legato muy pobre, regulación desigual, dificultad en el registro alto, dicción descuidada (en francés y en alemán resulta “incómodo” escucharlo), etc. Eso que para Adalgisa es solo un complemento o algo accesorio, y que en Alfredo Kraus (y supongo que en otros cantantes de su estilo) le horroriza, el cantar bien, con una técnica impecable, para mí es lo esencial, y ha sido lo esencial en el canto hasta que la ópera se ha frivolizado hasta el extremo de nuestros días. Por otro lado, la opinión de un crítico musical no tiene el mismo valor que la de cualquier opinión de un aficionado a la música. La opinión de personas como Arturo Reverter, Blas Matamoro, Fernando Fraga, Santiago Martín Bermúdez, J.A. Verla del Campo, J.M. Perez de Arteaga, José Luis Tellez, Enrique Pérez Adrián o el ya desaparecido Ángel-Fernando Mayo, no se pueden equiparar ni a mi opinión ni a la suya. Cuando alguno de estos señores emite un juicio crítico sobre un intérprete, s esupone que lo hace con conocimiento de causa. Estamos hablando de gente con una elevadísima cultura musical, no de simples “hooligans”. La función del sabio es enseñar al indocto, y eso vale también para cuando el sabio es un musicólogo y el indocto es un lector como yo. De ahí mi irritación ante el carácter claramente tendencioso (e irresponsable) de algunas críticas musicales, y que, por cierto, jamás he encontrado en la lista de especialistas antes citados.

      Volviendo, pues, al caso de Plácido Domingo: ¿cómo se puede sobrevivir en escena tantos años con un lastre vocal que se remonta a fechas tan tempranas (mediados de los setenta, y ahí están sus grabaciones operísticas para comprobarlo)? Recurriendo a la transposición a un registro más grave al tiempo que ensanchando la voz (¿sabe usted cuál es la tesitura real de los agudos de Domingo?), a trucos en las mesas de mezclas, o a irse, en el terreno interpretativo, a la exageración gesticulante, que es infalible para cautivar al gran público.

      En cuanto a Wagner, de verdad, no comprendo cómo a alguien le puede gustar Plácido Domingo metido en las carnes de un “heldentenor. El canto wagneriano naufraga estrepitosamente si no se acompaña de una dicción exquisita, de un dominio colosal de la regulación, de los matices… Plácido Domingo se desgañita con esos papeles wagnerianos, su entrega es absoluta, pero no convence, no son su fuerte, carece del elemento idiomático y de la voz indispensables para ello. Pero posee un gancho escénico desbordante. A ver en los tiempos que corren,qué compañía discográfica multinacional se atreve a hacer un lanzamiento a bombo y platillo de un “Parsifal” o “Tristán e Isolda” con un tenor germano semidesconocido, por muy bueno que sea, encima teniendo en cuenta que una ópera de Wagner son 3 discos como mínimo. Y ahí están los Ludwig Suthaus, Lauritz Melchior, Jon Vickers, Ramon Vinay o Wolfgang Windgassen, auténticos tenores wagnerianos, palideciendo ante el irrefrenable poder de la mercadotecnia al servicio del divo mediático, al que, pese a todo lo anterior, he escuchado en casi toda su discografía seria, y seguiré escuchando, que conste, porque mi curiosidad musical no tiene límites ni se detiene por fanatismos. Si acaso, me dejo llevar por ciertas devociones, que profeso, sin llegar a la santificación, hacia algunos cantantes más que hacia otros. Domingo, por lo que cabe deducirse de mis palabras, no es santo de mi devoción, aunque tiene ese discreto encanto que me arrastra a escucharlo de cuando en cuando.

    5. Lilith says:

      ¿Se puede saber por qué mi profesora de filosofía era tan aburrida, Sparafucille? XD

      Mordiskitos ^^

    6. RCA says:

      El sicario embozado termina su agradable disertación contándonos que de cuando en cuando se siente arrastrado a escucharle, me pregunto cómo tan discreto encanto, como afirma tiene Domingo, puede hacer que se desate con tal virulencia la necesidad de oír su voz.

      Bien, me pregunto de la misma manera si son tan torpes en el MET o el poder de Domingo es tan omnímodo como para después de haber cantado mal en cualquiera de las 21 aperturas llamarle para la siguiente. Ocurrió con Pavarotti, un año recibió unas criticas, dejémoslo en tibias, y no inauguró más.

      En cuanto a papeles, me equivoque, decir que probablemente fuera el mejor en dos papeles fue un error, no creo que nadie (ni nuestro amado Kraus) merezca que digamos taxativamente que alguien ha sido el mejor en tal o cual interpretación. Tan amable asesino me concede la gracia de reconocer como grande la interpretación de su Don Carlo, yo no cite a Radames, y en cuanto al resto decirle que Gedda habitualmente me deja frío (será que es sueco, aunque ese otro compatriota me vuelva loco) del Monaco me parece un chillón y Vickers un grandísimo tenor, que como Domingo hace un gran Sansón. Luego pasamos al repertorio francés, Gounod no es su fuerte, ni seguramente Pelléas (papel que no se si ha interpretado), pero volvemos a Carmen, francesa, al igual L´africane o La Juive, piezas en las que en los lejanos finales de los 70 y principios de los 80 dejó buena muestra de su muy buen hacer. Y de opera alemana escribe también nuestro dicharachero traidor, esto me sirve para entroncar con el tema de los críticos a los que hace referencia citando una lista extensa y excelsa de plumas incapaces de ponerse de acuerdo en nada; para unos, fulanito, es el no va más y para otros la nada más absoluta. Y si tenemos que creerles, para uno de los citados, Domingo fue una revelación en su primer Parsifal en la colina así como su Siegmund en Viena (Hemeroteca de El Pais) por lo visto a alguien , y de los que usted cita; le gusto, y mucho. Varios críticos en un comienzo te pueden orientar (en cine, literatura, música) pero al final nosotros también formamos nuestro criterio, nos hacemos poco a poco doctos reconociendo lo mucho que aún nos queda por saber, y eliges, nos quedamos con el que casi siempre coincides y a él que sientes como mentor. Tengo un libro escrito por varios de los que cita y para unos, una determinada soprano es algo así como una birria y para otros una diosa, y lo mismo ocurre con Domingo, algunos le adoran y otros lo odian. No quiero polemizar más sobre críticos con usted, pero en ocasiones algunos de los citados no es que actúen como forofos futboleros, es que se creen con la verdad absoluta, y como decía el filosofo no es eso, no es eso.

      Y la mercadotecnia no lo es todo, tenemos el ejemplo de Carreras para ver que cuando no hay más a nadie más se engaña. Que no le parece bien que un cantante de opera visite otros lares, generalmente de forma desastrosa, pues se le critica lo mal que canta tangos pero no que lo haga o lo intente. Después de leerle una y otra vez todavía me pregunto como puede este hombre engañar a tanta gente, críticos incluidos, como es que amantes irredentos del bel canto matan por una entrada para oírle en medio mundo. Ah! son indoctos snobs con dinero movidos por las modas todos ellos, no se como las críticas aparecen en las paginas de cultura en vez de en las de sociedad.

      Finalmente, hombre de espada suelta, he decirle que me gusta la música, pero apenas se de música (como en numerosas ocasiones ocurre con la cocina, el cine…), reconozco mi ignorancia, no se cuál es la tesitura en el registro grave de Domingo, lo de trasponer me suena, la critica ha reconocido a Pavarotti como uno de los mejores Rodolfos y Ricardos que en el mundo han sido y el llega y declara que siempre bajaba medio tono en ellas. Claro está ellos se habían dado cuenta, los críticos no iba a ser tan tontos, pero no por ello le bajaban, finales de los 80, del trono.

      Sin más sólo me queda desearle felices emboscadas.

      PD. Permítame decirle que su apodo, o más correctamente dicho, su avatar me ha permitido un pequeño juego que en ningún caso busca ofenderle. Mis respetos….dentro de un orden
      …. que es broma hombre.

    7. Sparafucille says:

      Bueno, vamos a solventar este asuntillo con un buen chasquido de metales, clin-clin, zas-zas: allá voy.

      Formulo de otro modo mi intervención anterior: Plácido Domingo es el tenor que tiene, a escala nacional e internacional, el mayor reconocimiento del público, hablando de “el público” en términos generales, de los aficionados a la ópera en su más amplio sentido. Dentro de esta categoría tan gruesa están incluidas tipologías muy variadas, que van desde el aficionado al canto que escucha ocasionalmente discos con recitales de arias y romanzas sueltas, o va esporádicamente a algún concierto, hasta el melómano coleccionista empedernido de discos y visitante asiduo de teatros y auditorios; desde el profano en materia musical, que se deja llevar por su buen “instinto” u “olfato”, hasta el que posee formación musical más o menos especializada. Pues bien, dentro de esa amalgama de aficionados a los que, con el “discreto encanto” al que me refería anteriormente (encanto en el que se aúnan voz, técnica e imagen, en las dosis y proporciones que todos sabemos) puede congregar Plácido Domingo, las reticencias hacia su forma de cantar directamente proporcionales al grado de formación musical. Dicho de otro modo, Plácido Domingo es el tenor del gran público, pero no tanto del aficionado exigente. Y que no se ofenda nadie, por favor, que no quiero decir que Plácido Domingo sea un tenor para tontos. Es un gran tenor, de repertorio amplio (tan amplio que en ocasiones toca palos que no son los suyos), con un equilibrio muy sabiamente mantenido, a lo largo de muchos años, entre sus cualidades vocales y sus dotes escénicas, oscilando en un nivel (si se me permite la expresión “profesoral”) de notable alto, pero nunca de sobresaliente o de matrícula de honor. Y eso no está nada mal, porque en el panorama tenoril de la actualidad hay más de uno que se merece un buen suspenso.
      Su trayectoria triunfal en el MET, antes de ser una objeción a mi opinión, contribuye a reforzarla. El público estadounidense, en materia de música clásica, es bastante conservador. La estructura organizativa de los grandes teatros y las grandes orquestas norteamericanas depende fundamentalmente de patrocinadores privados, y muy poco, o casi nada, de instituciones públicas. El mecenazgo público de la música culta en Europa permite asumir pérdidas económicas y una respuesta fría del público, precio que a veces merece la pena pagar a cambio de hacer programaciones musicales arriesgadas. Pero en un teatro como el MET a nadie se le ocurriría poner, en una misma temporada, Lulú, Peter Grimes, El amor de las tres naranjas, Wozzek y La carrera del libertino, y arriesgarse además con algún estreno mundial de vete a saber quién. En la gestión de los teatros de ópera americanos la cuestión económica tiene un peso innegable y, así las cosas, es normal que recurrieran tantas veces a Plácido Domingo, porque, siendo el tenor del gran público, es el que más reclamo puede tener para el público y propiciar un taquillazo en la inauguración. El refrendo del público, recogido generosamente en la prensa (¡cuánto debe Domingo al crítico musical del New York Times, hablando de hemerotecas!), alimenta la curiosidad y favorece a su vez la presencia del público en futuras representaciones. Es decir, que las propias representaciones operísticas generan un mecanismo autopublicitario bastante efectivo. ¿Qué Plácido Domingo cantó bien y muy bien en muchas de sus actuaciones neoyorquinas? No lo dudo. Pero seguro que en alguna ocasión también tuvo un desliz o una actuación mediocre. ¿Y por qué no pasó lo mismo con Pavarotti, por qué lo dejaron de lado? Porque Pavarotti siempre ha arriesgado vocalmente mucho más que Domingo, y eso hace que sus errores, a la luz del público y de la crítica, se magnifiquen. Cuando Pavarotti tiene una mala noche, se ha dado cuenta hasta el apuntador. Domingo ha sabido disimular sus carencias muy hábilmente.

      Pero ante un oído con formación musical no hay máscaras que valgan. Y ante el diapasón, menos todavía (el diapasón no engaña, como diría el mayordomo de Tenn). Hay evidencias sonoras impepinables de que Plácido Domingo ha cantado cosas (para empezar, casi todo el Wagner que ha cantado) bajando la tesitura de la partitura hasta más de un tono. O sea, que si tiene que dar un re sobreagudo y no le llega la voz, convertimos esa nota en un si bemol, y bajamos en un intervalo semejante el resto de las notas. Y, sí, de acuerdo, luego se pone a cantar, y lo hace con mucha gracia y queda muy resultón, pero en mi pueblo a eso se le llama hacer trampas. Acostumbrándose a cantar así, Domingo ha experimentado un proceso de ensanchamiento y oscurecimiento de la voz, que ha adquirido un color casi baritonal, aparte de los otros defectos que señalé en mi anterior intervención. Por eso una parte importante de la crítica no le aplaude tan incondicionalmente e, incluso, lo desaprueba.

      Celebro que coincida conmigo en que el repertorio francés no es fuerte de Plácido Domingo. En el Werther, Romeo y Julieta, Manon, Fausto o Los Pescadores de Perlas hay mejores alternativas que el madrileño. Tampoco es una referencia indiscutible, en mi opinión, en el repertorio belcantista (Donizetti, Bellini) o en el Verdi más ligero (Traviata, Rigoletto). Ahora bien, reconozco su buen hacer como Cavaradossi, Rodolfo, Don Carlos (sobre todo el de EMI, con Giulini, en 1970), Don Álvaro (con Levine, en 1976). Son varios, pues, los papeles en los que creo que ha “sentado cátedra”, pero fíjese en que casi todas los personajes que cito se remontan a grabaciones de los 70, antes de que empezase a deteriorarse su voz. Posiblemente si se hubiera centrado en un repertorio más reducido y menos exigente, al alcance real de sus cuerdas vocales, y si hubiera dosificado sus apariciones en público, su carrera, además de longevidad, habría dado cotas de excelencia y de especialización difícilmente superables. Pero él ha orientado su carrera así, qué le vamos hacer. Pese a todo, verá que ese “discreto encanto de la medianía” tiene para mí su algo de bello y de placentero. ¿Por qué hemos de buscar siempre al tenor o a la soprano “perfectos”? A veces es el conjunto de todas las voces o la labor orquestal lo que permite paladear adecuadamente una ópera, antes que una voz de relumbrón que eclipsa a todas las demás. Y Domingo, en las óperas que le menciono, brilla con intensidad y no eclipsa a los demás ni es eclipsado por ellos.

      Concluya ya esta reyerta,
      Enfundemos las espadas,
      Quede la cosa zanjada,
      Y emprendamos retirada
      Con las espaldas cubiertas.

      Que al gran tenor madrileño
      Le sean dados sus honores:
      Pues tuvo tiempos mejores
      En los que cantó de ensueño,
      envidia de ruiseñores

      Pero en cambio, ¡voto a bríos!
      Lo que jamás le perdono,
      Gentil caballero mío,
      es decir que le da frío
      Gedda y negarle su trono.

      Ponte en guardia, desdichado.
      Ten tu lengua viperina,
      Que el espadachín malvado
      Puede aguardarte emboscado
      Al doblar cualquier esquina.

      Un saludo afectuoso.

    8. dinora says:

      Bravo por los dos señores!!!! Excelente pues.
      …Lo malo es que nos acostumbren a estas extarordinarias intervenciones….

    9. dinora says:

      …extraordinarias quise decir…

    10. RCA says:

      Estimado espadachín de la Tizona y el verso:
      Demos por cancelada la fiera emboscada que a ambos nos aguardaba,
      olvidando pues rencillas pasadas centremos las palabras y guardemos las dagas.

      Reconoce usted que Domingo fue envidia de ruiseñores, y a ese tiempo glorioso es al que pido, imploro postrado de hinojos, que dediquemos más tiempo. Y ahora una pequeña matización, es en determinado repertorio francés en el que estoy de acuerdo con usted, aquel en él que nuestro amado Kraus y su entronizado Gedda dejaron muestras absolutas de su arte, ni por supuesto me imagino a Domingo de Edgardo o de Alfredo, intento reivindicar aquello que hizo Domingo tan bien como el que más y que usted mismo me reconoce.

      Más tarde habla de las trampas. Cierto. Pero trampa es también engañar al público arrastrando un nombre y una carrera por los teatros del mundo como hizo su querido Nicolai en sus postreros años canoros, ¿por ello obviamos todo lo anterior? No, no lo hacemos, ejemplos hay muchos, demasiados grandísimos artistas a los que les cuesta renunciar a oropeles, limusinas y aplausos.

      Y finalmente el MET. En la era de Internet es fácil ver que en un mismo año ha realizado un estreno mundial, ha programado dos Prokofiev, una opera de P. Glass y Peter Grimes además de muchos títulos llamémosles de repertorio. ¡que envidia!, difícil fue la temporada pasada en el Real; en esta que pronto inauguramos no hay ni un Verdi.

      Está siendo un placer, y me temo que a ambos nos gusta decir la última palabra, se que si no es aquí en breve volveremos a cruzar nuestras teclas.

      Un saludo.

    11. operasiempre says:

      clin-clin, zas-zas: que venga Sparafucille. Y luego, RCA:-)

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