Teresa Berganza: “Hay buenas voces que cantan repertorios equivocados”

«La mezzosoprano Teresa Berganza se encuentra estos días en Santander impartiendo la cátedra de canto dentro de la octava edición del Encuentro de Música y Academia de Santander, que organiza la Fundación Albéniz. La cantante madrileña, que confesó su pasión por Astor Piazzolla y el flamenco, mantiene una contagiosa vitalidad que compagina con su sabiduría sobre el instrumento de la voz».

  • Maxi de la Peña
  • —¿Qué se puede aportar en tan pocos días en una cátedra de canto a los alumnos?
    —Bueno, siempre queda algo de todas las semillas que lanzamos. Es muy difícil cambiar las técnicas en tan pocos días, pero sí se puede ayudar muchísimo a cambiar la forma de cantar. La técnica es la base de un instrumentista, de un cantante. Sí se les ayuda muchísimo en una interpretación, en buscar colores de voz en la musicalidad. Faltan en los cantantes y en los instrumentistas mucha interpretación. Ellos tocan y tocan y el otro día hablaba con los profesores del encuentro y me gustó mucho conversar con ellos porque los cantantes contamos con la suerte de tener la palabra, pero no es lo mismo en el piano y en el violín. La gente toca y toca muchísimo, pero a veces falta la entrega de la interpretación, y por eso hay que darles la seguridad porque a veces tienen timidez. Los cantantes están pendientes de si están dando demasiado o se mueven mucho.

    —Pero a eso se le llama falta de seguridad y muchas veces no saben lo que hacen encima del escenario.
    —Les falta conocimiento porque a lo mejor dan clases y estudian y les enseñan a cantar, a hacer un sonido para tener una técnica, pero no sacan el artista y el músico que hay dentro.

    —¿La técnica es distinta para las distintas gamas de voces?
    —La técnica es la misma. Es la respiración, porque la definición de cada voz es el color que tiene cada persona, y todos somos diferentes. Lo que yo más busco en las voces es la naturalidad. Es decir, si viene alguien y tiene un color de mezzosoprano, lo tiene y no tiene que buscar otros giros. Su voz es redonda. Viene una soprano y la voz suena a soprano. Ese instrumento hay que manejarlo dentro de como suena. A veces hay que cambiarlos. Si una cantante no llega bien a los agudos, la bajan y la hacen mezzosoprano, pero no lo es. Lo que hay que hacer es darle una técnica para que coja sus notas y tenga su extensión dentro de su color. Lo que define al cantante es el color y la personalidad de la voz y eso hay que trabajarlo.

  • Cómo quieres que adivine (Guridi).
  • Al piano: Félix Lavilla.
  • —¿Usted sigue sosteniendo que si se canta bien a Mozart se canta bien todo?
    —Lo sigo pensando porque para los cantantes hay muchas bases. Cuando empecé a cantar mis bases fueron Bach y Monteverdi. Este último me enseñó la palabra en la música, la música en la palabra, y Bach me enseñó el estilo. Pero para mi voz, y creo que para otras voces, Rossini y Vivaldi son la técnica. Luego se puede ser una soprano dramática como Birgit Nilsson, que cantaba a Wagner, Verdi o a Puccini y antes de cantar a estos compositores cantaba a Mozart en el camerino. Y siempre me decía que con Mozart colocaba tan bien la voz que luego podía cantar lo que quisiera.

    Hablando de la colocación de la voz, eso es fundamental para una buena cantante porque en el mundo lírico las hay en directo que tienen un oído aquí y otro allí.
    —Naturalmente. Y en la lírica ocurre más de lo debido, estoy de acuerdo. Por eso voy poco al teatro, porque lo paso muy mal. Tengo la desgracia de ser música, y creo que debo [de] tener un oído perfecto, con lo cual cuando estoy oyendo que están calantes, me pongo tensa y digo cómo no se dará cuenta y por qué el director no le hace un gesto, una indicación para que suba su nota. Cuando un cantante está calante o desafina completamente no se da cuenta.

    —Usted es mezzosoprano y por tanto tiene que haber composiciones específicas para su voz.
    —Claro. Por eso me he dedicado sólo a cantar un cierto repertorio y no me he salido de él para nada. Empiezo por Monteverdi y he llegado hasta Stravinsky, pero en recitales he llegado todo, menos los muy contemporáneos porque a mí no me va ese tipo de música. Mi voz es muy clásica, es muy instrumental, con un color muy especial, perfecto para Vivaldi, Mozart, Rossini. Luego me salí ya con cuarenta años y empecé a cantar Carmen y otras obras, pero las dejé porque mi voz se cansaba. Sin embargo con Mozart y Rossini yo podía estar cantando todos los días y no pasaba nada.

    —¿Hay un relevo generacional en España?
    —Hay voces femeninas que están cantando fuera de España mucho, pero tengo la impresión que son voces interesantes que están cantando repertorios equivocados. Lo que pasa es que han sido unos años tan tremendamente ricos en voces en España y en otros países que no sé si en esta generación hay ese tipo de cantantes.

    —Hay compositores como Zbigniew Preisner que alaban las voces sin vibrato.
    —A mí me gustan a veces sin vibrato según lo que tengan que interpretar. Hay momentos que cantan música barroca y a lo mejor no tienen que tener vibrato, pero también en la música barroca se admite el vibrato.

    —¿Con una octava y media de registro se puede abarcar un repertorio suficiente en la lírica?
    —¿Con una octava y media? Sí se pueden abarcar muchas cosas, pero mucho más en recital que en concierto y en ópera.

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