Giancarlo del Monaco: “Los directores tienen tanto poder que llevan la ópera por un camino que el público no puede seguir”

«Giancarlo del Monaco conoce a fondo el mundo de la ópera. El director de escena veneciano es el responsable de más de 120 producciones en teatros internacionales de referencia. Hijo del tenor Mario del Monaco, Giancarlo desarrolló su carrera en la escuela alemana, con Wieland Wagner. Luego llegó a los escenarios de Europa y América. Del Monaco llevó la dirección artística de la Ópera de Kassel, de Bonn y Niza.

Su trabajo en Cavalleria rusticana, ópera de Mascagni, e I pagliacci, de Leoncavallo, que presentó el año pasado en el Real de Madrid, le valieron el premio Teatro Campoamor a la mejor dirección escénica. Del Monaco dedicó el galardón al ovetense Emilio Sagi, “un gran amigo que siempre me dio oportunidades desde la dirección artística del Teatro Real”, y el 26 de agosto conducirá la gala de los premios líricos con Boris Izaguirre, Aquiles Machado e Isabel Rey como presentadores».

—¿Cómo entiende, desde su cargo de director de escena, el teatro lírico en la actualidad?
—En una evolución que no puede desligarse de la tradición, de las raíces. Si no, acabaría muriéndose, como la misma naturaleza. No podemos olvidar quién compuso la obra, quién la cantó o dirigió en el pasado por mucha importancia visual que se le dé hoy en día al teatro.

—Vuelve la polémica sobre el valor de la imagen, que afecta a los cantantes y su físico.
—El teatro no puede dejar de analizar lo que pasa en otros medios, como el cine y la televisión, pero en ese mundo mediático se da excesiva importancia a la imagen. Tener ‘tripita’ no es determinante para cantar ópera. Lo fundamental es que sean cantantes-actores. Siempre ha habido cantantes gordos con una gran voz, ¡y también guapos, pero con la voz muy pequeña! Esta moda superficial desemboca además en que los programadores empujan a los cantantes hacia papeles que no corresponden a su voz.

—¿Es un mito la llamada ‘tiranía de los directores de escena’?
—El director de escena tirano no puede subsistir. Todos los tiranos de la historia se han quedado ‘patas arriba’, ya me entiende. Naturalmente, existe una exigencia en la dirección escénica. Pero la última palabra la tiene el teatro.

  • Diana Díaz
  • La Nueva España

  • —Qué ocurre en los países con mayor tradición operística?
    —Alemania está perdiendo público por las exageraciones de los directores de escena. Piensan que si el público no comprende su propuesta es idiota. Los directores tienen tanto poder que llevan la ópera por un camino que el público no puede seguir. En Italia se atraviesa una crisis de identidad que protagonizan directores de teatro que ante todo son políticos. El caso de España es diferente.

    —¿En qué sentido?
    —El país vive un boom similar al de Italia en los años sesenta, respecto a la creación de teatros y colectivos musicales. Espero que en la crisis que atravesamos a los políticos por destrozar con tanta exuberancia como construyeron cuando España entró en Europa. El equilibrio político es fundamental para la actividad del teatro. En España el público es conservador. Pero las elecciones se ganan haciendo política de centro. Ni demasiado a la derecha ni demasiado a la izquierda. Así ha de ser la ópera.

    —¿Cómo es el trabajo con el director musical?
    Una producción de ópera es como un triángulo, en la base está el compositor y en los otros dos lados los directores de música y escena. De esta fórmula dependerá lo que se vea y escuche, más que del dinero. Tener mucho dinero no equivale a hacer buen teatro. El dinero puede acabar con la fantasía. La falta de medios agudiza la creatividad. Wieland Wagner, el que fuera mi maestro, empezó a hacer teatro con una escenografía mínima tras la Segunda Guerra Mundial.

    ¿Habría que revisar la formación del artista?
    En la Universidad de Alcalá de Henares, de la que soy profesor honorario, dan un taller único en el mundo donde se enseña interpretación musical y escénica. Desde Monteverdi hasta hoy se han dado diversos estilos y personalidades. El teatro es multicultural.

    Explíquese.
    Todas las facetas artísticas de la sociedad interactúan. Los teatros podrían ayudar a desarrollar la capacidad de los jóvenes artistas antes de ponerlos a trabajar. En la Scala de Milán debutan directores de escena con 22 años. Es imposible que tengan madurez. Mi padre decía que la Scala era un punto de llegada y hoy parece de partida.

    Su padre, Mario del Monaco, era una voz habitual en Oviedo.
    Cantó mucho en el norte de España y en Madrid. Estuvo muy ligado al Campoamor. En 1967, cuando Oviedo y Bilbao compartían temporadas líricas, le coincidió un Otello con la muerte de mi abuelo. El director de teatro le pidió que cantara y, en agradecimiento, el coro y la orquesta le dedicaron una misa de difuntos. Mi padre les regaló un crucifijo de plata que había comprado en Oviedo y que he visto cuarenta años después en las dependencias del Coro de Bilbao.

    —¿Podría adelantar algo sobre la gala del 26 de agosto?
    —Será divertida. Con los presentadores charlaremos y bromearemos. Sin sentido del humor, en el trabajo no hay éxito. Habrá actuaciones musicales de los premiados y una sorpresa divertida por parte de Boris Izaguirre.

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