Joyce DiDonato: “A veces te sientes en competición con los fantasmas”

«Rossini, Mozart y Händel han sido las armas idóneas para que Joyce Didonato (Kansas, 1969) rindiera en pocos años las grandes plazas operísticas mundiales, blandiendo su impresionante coloratura de mezzosoprano ligera. En su última visita a Madrid, nos comentó los preparativos del recital que le ha encargado el Festival de Pésaro para homenajear a la gran María Malibrán en el segundo centenario de su nacimiento».

  • C. David Carrón
  • —¿Cómo recuerda su primera vez en el Festival de Pésaro, la meca de los cantantes rossinianos?
    —Fue muy sorprendente y emocionante, especialmente para mí, que no soy europea. Cuando decidí dedicarme a la ópera ya estaba en la universidad. Empecé con Rossini, y todos los intérpretes de sus discos que yo compraba entonces (Raúl Giménez, Alessandro Corbelli, Enzo Dara…) cantaron en Pésaro. Todo el mundo quiere volver allí porque, por un lado, te lo puedes tomar como unas vacaciones se celebra siempre durante agosto, pero también es un sitio ideal para crecer como artista, porque la gente que acude sabe de Rossini y está pendiente de todo el mundo. Aquella primera vez interpreté a Adina, un personaje que poca gente conocía, luego no podía haber muchas comparaciones. La siguiente, hice de Rosina de El barbero de Sevilla, la ópera más conocida del autor, así que todo fue muy diferente.

    Al público europeo le pueden más las comparaciones que al de su país, ¿no es así?
    Estoy de acuerdo, aunque hay excepciones. En cada gran teatro de EEUU hay gente que sabe mucho. También En Europa hay muchos que van a buscar entretenimiento a la ópera pero, claro, aquí hay un mayor conocimiento de la tradición. Para que te aplaudan los europeos al cantar Rosina debes tener un nivel mucho mayor. Pero, por otro lado, a veces te sientes en competición con los fantasmas.

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  • DiDonato: Una voce poco fa, aria de Rosina del Primer Acto, Escena IX, de El barbero de Sevilla, Rossini.
  • Orquesta de la Accademia Nazionale di Santa Cecilia. Edoardo Müller.
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    ¿Cree que la Malibrán es uno de esos grandes fantasmas?
    Cada cantante ha hecho su aportación al legado de la ópera. No creo que hayamos cambiado tanto los artistas desde entonces, sino lo que envuelve a la ópera (el DVD, la alta definición, las retransmisiones a todo el planeta…). María fue la primera en imprimir su sello a esta profesión, algo que resultó, por un lado, estupendo para la ópera, pero, por otro, peligroso porque cuando se canta un papel, como yo Idamante, por ejemplo —el hijo de Idomeneo, en la ópera de Mozart—, soy él, y no Joyce. Hay que saber buscar el equilibrio entre interpretar un papel y dejar tu personalidad. Aun así, ella supo emocionar al público y a los compositores.

    ¿Cómo definiría el repertorio que han elegido para mañana?
    El repertorio de Malibrán era muy complicado, casi imposible para alguien de hoy: era capaz de cantar Norma, Cherubino, Susanna, Romeo…, que son personajes muy diferentes. Así que abordaré las arias que creo que puedo resolver bien con mi voz. Habrá arias que ya he cantado y otras nuevas.

    ¿No teme a las comparaciones con Cecilia Bartoli que, es la cantante que más reivindica a Malibrán?
    Escuchaba a Bartoli cuando estudiaba y me decía: “¿cuándo seré capaz yo de hacer cosas como esas?”. Ella ha sabido potenciar y desarrollar un repertorio que ha beneficiado mucho a la ópera y en el que es campeona absoluta. Eso me estimula para crecer, pero no creo que haya comparaciones porque ella vive en un universo propio.

    Su marido, Leonardo Vordoni, será quien empuñe la batuta mañana, ¿eso es una ventaja?
    Nos conocimos en Pésaro el año que interpretaba a Adina. Desde entonces hemos tratado de no mezclar nuestras vidas con el trabajo. Lo que resulta difícil teniendo en cuenta que a ambos nos apasiona lo que hacemos. Actuamos en un concierto juntos en Moscú, y fue duro, porque yo estaba nerviosa por él y por mí, y él también. Aun así fuimos capaces de lograr una mezcla excepcionalmente íntima entre mi voz y la orquesta que arias como la de Desdémona o Romeo requieren.

    Supongo que será más fácil que comprenda una profesión tan complicada como la suya un director de orquesta.
    Sí. Cuando he tenido realmente un mal día sobre el escenario. Él no solamente me comprende, sino que me anima diciendo: sólo se trata de música. Pero también sabe como nadie ese lado mágico que tiene la música y entiende mis sentimientos perfectamente en las grandes noches. Sabe que sólo soy realmente feliz cuando estoy sobre un escenario. Y eso es algo que adoro.

    Hay muchos acontecimientos en su carrera que tienen que ver con España: ganó el concurso Operalia de Plácido Domingo, el primer gran teatro que pisó fue el Real, ha grabado el álbum ‘Pasión’, de autores españoles…
    Sí existe una conexión especial. En España tengo la sensación de que la gente está realmente viva: trabajan duro, pero también hacen otras miles de cosas. Siempre tengo en cuenta esto cuando debo elegir entre otros grandes teatros y España, porque venir aquí me alimenta.

    ¿Se ve cantando este mismo repertorio dentro de diez años?
    El aparato vocal de una mujer cambia mucho a lo largo de la vida. Ahora canto eso, pero el día que no lo pueda hacer tampoco lloraré. Hice María Estuarda (Donizetti) hace tres años en Ginebra. Acabo de debutar [como] Romeo en Capuleti e Montecchi, de Bellini, que es un rol muy heroico. Tengo siempre la mayor exigencia vocal, pero también creo que hay que probar otras cosas. Me interesan mucho este otro tipo de papeles más épicos.

  • La Razón
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    Actualización (26/08/08)

    Pesaro: DiDonato invoca a la Malibrán

  • Susana Gaviña
  • “Esto lo canta con la gorra”, comenta en voz baja y en español una señora a su compañera de palco en el coqueto teatro Rossini, en Pesaro. Se refiere a la mezzosoprano Joyce DiDonato en el momento de abordar el aria de Rosina ‘Una voce poco fa’ de El barbero de Sevilla, del compositor nacido en esta pequeña localidad italiana, que cada verano se convierte en punto de encuentro y de culto de su obra musical gracias al Festival de Ópera que lleva su nombre y que dirige Alberto Zedda.

    Ésta es una de las piezas elegidas por la intérprete norteamericana (a la que pudimos escuchar recientemente en el Teatro Real en Idomeneo) para homenajear a María Malibrán con motivo del bicentenario de su nacimiento (la Bartoli le ha rendido ya su particular homenaje con un disco y una gira por toda Europa).

    Figura clave en la primera mitad del siglo XIX, María Felicia García, más conocida como María Malibrán, marcó un hito por su estilo personal, convirtiéndose en una de las cantantes favoritas de Rossini. Nacida en París, su fama superó la de su progenitor, el tenor y compositor sevillano Manuel García, fama que se incrementó tras su prematuro fallecimiento, a los 28 años.

    El programa del concierto se centró en el repertorio de la Malibrán, desde Mozart Las bodas de Fígaroal mencionado Rossini Otello, para terminar con Bellini I Capuleti e i Montecchi. Es esta última parte, en la que estuvo acompañada de la soprano Amanda Forsythe en el papel de Julieta, la que logró emocionar a los espectadores hasta el borde de las lágrimas, como le sucedió a una joven francesa.

    Desde el podio, Leonaro Vordoni, marido de DiDonato, dirigió a la Orquesta Haydn di Bolzano e Trento siguiendo con cuidadoso mimo cada una de las intervenciones de su esposa. Antes del inexcusable bis, la soprano norteamericana invocó el espíritu de María Malibrán, “sin la que no podría estar en este escenario”, acertó a decir en un italiano supervisado por su esposo antes de cerrar su actuación con una nueva aria de Rosina.

    La velada dedicada a la soprano de origen español era uno de los platos fuertes del XXIX Festival de Ópera de Rossini, aunque no el único. Sin lugar a dudas, la cita estrella la protagonizó el tenor peruano Juan Diego Flórez aquí un ídolo. No había corrillo, bien de japoneses, alemanes o italianos, que no mentara su nombre, encargado de la inauguración del evento el pasado 9 de agosto con un concierto, bajo el título Il presagio romantico, en el que interpretó páginas de La donna del lago y Guillermo Tell.

    La parte operística del festival corrió a cargo de tres títulos: dos nuevas producciones Ermione y Maometo II y la reposición de L’equivoco stravagante.

    Las dos primeras se pudieron ver en el Adriatic Arena, un espacio de grandes dimensiones y polivalente, transformado para la ocasión en dos teatros. Ermione contó con la dirección musical de Roberto Abbado, al frente de la Orquesta del Teatro Comunale di Bolonia, y la escénica de su hemano Daniele Abbado (de quien pudimos ver esta temporada en el Real un magnífico montaje de La violación de Lucrecia, de Britten).

    En el reparto, el público destacó de manera especial la intervención del tenor Antonio Siragusa, en el papel de Orestes. La segunda, Maometo II, que viajará este otoño a Japón junto con la producción presentada el verano pasado de Otello, contó con la batuta, menos brillante increpada por algunos espectadores de Gustav Kuhn, mientras que la escena, más tradicional que el título precedente, la firmó Michael Hampe.

    Por su parte, L’equivoco stravagante volvía a presentarse ante el público de Pesaro con algunas modificaciones de su director, Emilio Sagi, que también repetía con Il viaggio a Reims (dentro del Festival Giovane).

    El Rossini giocoso sigue encandilando con mayor facilidad al público que su producción seria, como se pudo comprobar en el teatro Rossini. La versión kitsch, colorista primero en blanco y negro que paso luego al ultra color y, en algún momento, atrevida que ha realizado Sagi provocó las constantes risas de los presentes, tanto por su puesta en escena como por el trabajo de un gran reparto, que no se sabe bien si son cantantes-actores o actores-cantantes por su extraordinaria vis cómica. Encabezado por Marina Prudenskaja, Bruno de Simone, Marco Vinco y Amanda Forsythe, estuvo bien acompañado por la batuta de Umberto Benedetti Michelangeli.

    El programa lo completó un Stabat Mater, con la voz de Daniela Barcellona, bajo la dirección del propio Zedda, y tres recitales: Carmela Remigio, Lawrence Brownlee y Patrizia Ciofi, quien optó por un repertorio totalmente francés, que dejó al público un tanto frío.

  • ABC
  • [Actualización audición: 06/05/14]
    (Foto)

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    One Response to “Joyce DiDonato: “A veces te sientes en competición con los fantasmas””

    1. Paco Roa says:

      Todavía profundamente estremecido por los recientes sucesos de Barajas, muy apreciados “foristas” y amable anfitriona, recién doy por concluidas mis vacaciones de este año, confío en que las de Vds. hayan sido tan satisfactorias y tranquilas como las que tuvo un servidor y empezamos el nuevo curso operístico que, en lo que cumple a la plaza de Madrid y sobre el papel al menos, no nos parece especialmente atractivo ni estimulante. Entre las pocas cosas que, así lo entiendo yo, merecerán la pena de cuanto se nos anuncia para la temporada 2008-09 estaría el recital lírico de la mezzo que justamente protagoniza esta entrada, la pizpireta Joyce DiDonato. Cantante que no por haberse incorporado de las últimas –es la más joven de la nómina- a la “troupe” de rutilantes mezzos de la actualidad (verdadero siglo de oro estos tiempos para la vocalidad grave femenina), ocupa tales zagueros puestos en el escalafón vocal de su tesitura. Muy al contrario, y tras su paso triunfal por la presente edición del Festival de Pesaro, la norteamericana no hace otra cosa que ganar enteros y afianzar una carrera que ya apunta muy lejos. Atentos, pues, al día 3 de Diciembre del corriente, fecha prevista para su recital en el Teatro Real.

      Leyendo los últimos comentarios y entradas publicados, me entero de la nueva paternidad –es Vd. todo un valiente- de D. Orlando; pues muchas felicidades, estimado amigo, y que el retoño salga tan aficionado como el padre. Y de los evidentes progresos de los estudios de D. Tomás, siga adelante porque tiene madera de tenor. Sólo le diré una cosa, acuérdese de los viejos amigos cuando debute. Saludos muy cordiales y que este recién estrenado foro de nuestra querida anfitriona tenga tanto o más recorrido que el de “La Coctelera”.

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