Riccardo Muti: “Karajan es el director que más se ha preocupado de la exactitud y la belleza del fraseo”

«Desde su marcha de la Scala de Milán —‘a la italiana’, según su definición—, Riccardo Muti se ha convertido en el director de orquesta más solicitado del planeta. Ha aceptado la titularidad de la Orquesta Sinfónica de Chicago a partir de 2010. Pero Muti, entretanto, es este verano el rey del Festival de Salzburgo, donde dirige nada menos que Otello, de Verdi, y La flauta mágica, además de los conciertos en homenaje a Karajan en el centenario de su nacimiento con el Réquiem alemán, de Brahms. Se hace acompañar por la Filarmónica de Viena, orquesta con la que lleva colaborando desde hace 38 años. En Salzburgo dirige también, hasta 2011, el festival de música barroca napolitana en primavera»

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—Usted participa en los homenajes a Karajan en Viena y Salzburgo. ¿Qué es lo más valioso de su herencia artística?
Karajan es el director que más se ha preocupado de la exactitud y la belleza del fraseo. Nadie ha alcanzado la magia del sonido que él tenía, especialmente en su última etapa cuando estaba enfermo y tenía noción de la muerte. Yo procuro dirigir en los homenajes dos Réquiems tan opuestos como los de Verdi y Brahms. El primero es un grito de rebeldía y rabia ante el abandono de Dios al hombre; el segundo tiene un carácter de consolación, está pensado en los que sufren. Karajan los bordaba.

—¿Y Toscanini? Normalmente, se le asocia con él.
Antonino Votto, que era mi maestro, fue el primer colaborador de Toscanini en la Scala. Me contagió la admiración. Toscanini venía de un mundo donde no existía la tradición del sonido bello a lo Karajan. Se situaba delante de una sinfonía o de una ópera y las reproducía con una determinación y una fuerza dramática admirables. Sin perfumes, sin retóricas. Sus ejecuciones eran de una fidelidad absoluta, como una fotografía de las partituras. Su técnica la aprendió de Nikisch. Toscanini siempre será moderno. Jamás envejecerá.

—¿Cuál es el secreto de Riccardo Muti dirigiendo, de dónde le viene esa energía que transmite?
—Toscanini se lo decía a Votto, y éste a mí: “Los brazos del director de orquesta son la extensión de la mente”. Las ideas musicales las transmito en los ensayos. En el concierto, todo debe ser lo más claro posible. El brazo es un medio y no un fin. Tiene un elemento de atracción, pero huyo de los gestos pirotécnicos. Los brazos y las miradas comunican la energía del alma. Dirigir una orquesta es un ejercicio mucho más espiritual que físico.

  • J. Á. Vela del Campo
  • Más, en El País
  • Mutti. Obertura de Guillermo Tell (final), Rossini.
  • Orquesta de La Scala de Milán. 1988.
  • Karajan. Filarmónica de Berlín.
  • Toscanini. NBC Symphony Orchestra. Carnegie Hall, 1952.
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    One Response to “Riccardo Muti: “Karajan es el director que más se ha preocupado de la exactitud y la belleza del fraseo””

    1. Paco Roa says:

      Imaginen por un momento hasta dónde podría llegar un Rossini totalmente desinhibido, al fin libre de censura o cortapisa alguna y, por tanto, sin otra limitación que la de su numen sin par y, como también sabemos, una connatural pereza, qué no sería capaz de producir ese gran sentido del humor suyo en tales favorables circunstancias, ¿verdad?, cuando en otras menos propicias había compuesto “El Barbero de Sevilla”, nada más y nada menos. Pues no es necesaria fabulación alguna, ya que en semejante estado de absoluta libertad creativa se encontraba el ahora aburguesado operista, cómodamente instalado en su nueva “nómina” de funcionario al servicio del rey Carlos X de Francia, cuando el día 20 de Agosto de 1828 estrenó su más delirante, jocosa, punto irreverente y festiva astracanada: “El conde Ory”.

      La verdad es que el llamado periodo francés de Rossini no podía haber comenzado mejor, gozando de los favores del monarca, que, entre otras distinciones y sinecuras de gran provecho económico, le había promovido al puesto de Primer Compositor del rey y nombrado Inspector general del Canto en Francia (?), empleo que se diría tomado de alguno de sus personajes bufos, con un importante triunfo para abrir boca, “El Viaje a Reims”, y, al cabo, siendo repuestas con éxito la práctica totalidad de sus obras anteriores. Así las cosas para Rossini, con un público parisino rendido a sus pies y unos ingresos anuales asegurados de ¡20.000 francos! solamente por el hecho de haberse afrancesado un poco, el tiempo pasaba plácidamente en su residencia del nº 10 del bulevar Montmartre sin que tuviera el menor interés en volver a componer, bien colmado su voraz apetito, más que saneada su cuenta corriente y (casi) perdida la inspiración con tanto bienestar. Pero sus entusiastas admiradores le pedían sin cesar algo nuevo, diferente y no limitado a la versión en francés, quitando de aquí y poniendo de allí, de algunas de sus más celebradas óperas italianas, de modo que no le quedó otra que desperezarse y, antes de comenzar a trabajar en su monumental “Guillermo Tell”, que desde hacía ya algún tiempo le rondaba la cabeza, dio gusto a su público y tomando prestado buena parte de la música de su incidental “Viaje”, y como base argumental un vodevil de Eugène Scribe, puso en escena la, a mi juicio, más desternillante ópera cómica jamás concebida por el “Cisne”. Me van a permitir, si es que no la conocen aún y dado que resulta bien fácil averiguarla, que no desvele la trama de “El conde Ory”, una inagotable sucesión de cómicas situaciones a cual más divertida y que cuenta hasta con un episodio de travestidos. Sólo les dejo apuntado un dato, hasta el nada sospechoso de rossiniano Beriloz afirmó: “El conde Ory es sin duda una de las mejores partituras de Rossini”.

      Como tantas y tantas otras obras del genial Rossini, ésta quedó igualmente en el olvido durante mucho tiempo, acaso demasiado, hasta una época tan cercana como la de los años cincuenta del pasado siglo, en la que nuestro recién desaparecido tenor Juan Oncina la puso en circulación con gran éxito personal. En fin, que les recomiendo vivamente su íntegra audición o, si no hay ocasión para todo ello, como mínimo no dejen de escuchar el inspiradísimo trío nocturno del segundo acto “À la faveur de cette nuit obscure”, pura sensualidad. Igual se podría, dado que hace mucho que no tenemos nada en “antena” de Rossini, programar dicho terceto. Saludos cordiales.

      P.D.: De “obligada” lectura resulta hoy domingo la entrevista que el tenor Marcelo Álvarez, con motivo de su participación en la ópera “Andrea Chenier” del Real (un servidor estará, D.m., en la función del 28/02/10), ha concedido al diario “La Razón”, págs.96 y 97: “Plácido debería dejar sitio libre. Ya pagó su hipoteca”. Les aseguro que no tiene desperdicio alguno.

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