Giancarlo del Monaco: “Los cantantes son eternos niños que viven de los sentimientos y de la música interpretados”

«Lleva el teatro en las venas y lo demuestra al hablar sobre él, apasionadamente y con un punto de calculada espectacularidad que envuelve al interlocutor. Giancarlo del Monaco, uno de los grandes directores de escena a escala internacional, está en Tenerife, donde en las próximas semanas pondrá a punto los engranajes del Auditorio santacrucero, escenario de dos ambiciosos montajes que abrirán y cerrarán la nueva edición del Festival de Ópera, Manon Lescaut, de Puccini, que se representará a partir del martes, y Otello, de Verdi, programada en noviembre.

Hijo del inolvidable tenor Mario del Monaco, el director italiano ha visto pasar por su manos tres generaciones de cantantes, desde aquella legendaria a la que su padre pertenecía hasta la actual, pasando por la de Plácido Domingo, que se precia de haber seguido de principio a fin. Un bagaje que, unido a su impresionante agenda, le autoriza para hablar sobre todo lo que se mueve sobre un escenario.

“Soy un hijo de la ópera asegura, estoy hecho de ella, llevo 42 años frecuentando los escenarios y no creo que a estas alturas me puedan venir a contar historias sobre este oficio”. Así de contundente se manifiesta Del Monaco, cuya “ola de pasión” dramática bañará en los próximos días el escenario del Auditorio, removiendo los amores difíciles de Manon y el caballero des Grieux».

  • José A. Dulce
  • ¿Por qué la Manon italiana no ha alcanzado el mismo prestigio y popularidad que la francesa debida a Massenet?
    Por la misma razón que Otello, porque necesita un gran tenor. Por otro lado, las óperas tardías de Puccini son más apreciadas que las primeras, entre las que se encuentra Manon Lescaut, que para mí es una de las mejores. No siempre la ópera es popular, no siempre lo es una obra maestra, no lo son Falstaff, ni Pelléas ni Lady Macbeth de Shostakovich. La popularidad no es sinónimo de genio, sino de facilidad para llegar público. ¿Por qué es tan popular Madama Butterfly? Porque cada madre vive y llora con el drama de su protagonista.

    ¿En qué bando se alinea, en el de los directores artísticos fieles al estilo de la época representada o en el de los que sacan las tramas de su contexto histórico?
    Soy partidario de la lógica. Si Geronte ( personaje de Manon) hace madrigales, debo justificar que en los años 30 del siglo XX haya alguien que conserve “tics” de composición madrigalista, lo que es verosímil ya que éstos han perdurado hasta los años 50 y 60. La lógica a la que me refiero deber ser la base de la “manipulación” o, mejor dicho, interpretación moderna de la época representada. Porque si nos ceñimos al texto, tendremos problemas cuando necesitemos sacar la obra de su “humus”. En todo caso, es una operación que debe hacerse con un gran conocimiento del texto y de la música. La ópera no es un museo; el museo representa el “statu quo” de una época, mientras que la ópera es un arte en movimiento.

    Después de haber trabajado en los grandes teatros de ópera de todo el mundo, no habrán faltado fricciones con directores de orquesta que le pedían imposibles.
    Nadie se puede autonombrar director de un teatro. Tiene que conocer muy bien sus entrañas y ser consciente de que un gran espectáculo resulta de la unión entre un gran director musical, un gran director de escena y grandes intérpretes. Cuando se produce la conjunción se llega al “súmmum”. El problema surge cuando el director de orquesta quiere sólo hacer música y el director de escena sigue su tendencia natural, que es hacer teatro. Por eso la química entre las almas es tan necesaria.

    España ha vivido un boom económico en los últimos años que se ha materializado en la creación de auditorios y orquestas. ¿Cree que la crisis por la que atraviesa el país puede frenar esa tendencia?
    La historia de la ópera tiene más de cuatrocientos años a sus espaldas. Cuántas guerras, cuántos desastres, cuántas catástrofes habrán pasado por ella? ¡Cómo para que ahora llegue una crisis a cargársela! La ópera lo superará. Los únicos teatros que se cierran son los teatros vacíos. El político que cierra un teatro que se llena pierde votos mientras que el que cierra salas vacías los gana. El teatro es como la política: se gana en el centro. El teatro debe aspirar también a ese equilibrio, siendo receptivo a las nuevas ideas pero conservando su centro.

    A sus 65 años, Giancarlo del Monaco luce un aspecto casi juvenil, todo gracias a una saludable receta al alcance de muy pocos: “Mi trabajo es también mi hobby”. “Empecé cuando las grandes voces iniciaban su decadencia; he conocido toda la carrera de Domingo y ahora trabajo con la nueva generación”.

    Respecto a las voces actuales, Del Monaco no ha escatimado críticas, pero cuando se le pregunta si los cantantes líricos son criaturas malcriadas y caprichosas, opta por un matiz conciliador: “La ópera es un mundo emotivo, hecho de amor y de odio. Los cantantes son eternos niños que viven de los sentimientos y de la música interpretados.

    Y muchas veces la realidad y la escena se confunden, como sucede en Pagliacci. Claro que el teatro y la vida no son la misma cosa, pero sí lo son para el cantante, lo que explica que vivan en una esfera masoquista. El mundo de los cantantes es un bosque de mimosas. Hay que conocerlos. Necesitan ser bien tratados y, a veces, para su propio beneficio, maltratados también”.

  • El Día.es
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