María Bayo: “Rossini es tan sugestivo como complicado. A mí me deja exhausta”

María Bayo

«María Bayo reivindica como lugar de nacimiento el pueblecito navarro de Fitero, “apenas tenía tres mil habitantes, lo que marcaba distancias para que pudieras imaginar lo que era una carrera lírica”. Hoy su voz es escuchada con veneración en los teatros principales del mundo.

Tiene la respuesta pronta, un cierto nerviosismo en los pies mientras conversa y una mirada cordial y luminosa. A partir de pasado mañana será Blanche de la Force, en la obra de Francis Poulenc, Diálogos de carmelitas, que inaugura la LXI Temporada de Ópera de Oviedo en el Teatro Campoamor. A propósito del coliseo de la capital del Principado, María Bayo entona una solicitud para que un espacio de tantas resonancias históricas y artísticas pudiera disponer de unas infraestructuras mejor dotadas, a la altura de los tiempos. Es la pasión que transmite en todo lo que rodea su profesión».

  • Alberto Piquero
  • Batti, batti, o bel Masetto, Don Giovanni, Mozart.
  • Orquesta Sinfónica de Galicia. Víctor Pablo.
  • —¿Siente los nervios de las vísperas de un estreno?
    —Creo que todo el mundo siente que va a ser examinado antes de un estreno. Pavarotti llegaba a ponerse enfermo. Es algo que hay que trabajar mentalmente, saber que vas a dar cuanto puedes ofrecer y no estar condicionada por otras exigencias. En Diálogos de carmelitas, el elenco va a entregar lo mejor de sí mismo, y en ese sentido estoy muy satisfecha.

    —La obra de Poulenc puede considerarse de filiación católica. No obstante, ¿pueden hacerse otras lecturas?
    —Quizá yo vea demasiadas cosas, pero creo que hay muchas otras facetas en un personaje como el de Blanche de la Force, que yo interpreto. Está la lucha por la fe y el miedo, junto a su propia liberación como mujer. Claro está, la esencia católica es fundamental: las ejecuciones de las monjas en la época del terror revolucionario en Francia. Pero, ya digo, también se puede leer entre líneas.

    —Poulenc se ha destacado por su dedicación a los aspectos vocales. ¿Se hace presente en Diálogos de carmelitas esa tendencia del autor?
    —El texto es un diálogo continuo. Y la diferencia con otras óperas es que no resulta nada repetitivo. Lo vocal está muy bien inserto en relación al texto, buscando las sonoridades y la atmósfera que quiso recrear.

    —Yéndonos a su biografía profesional, ¿se puede decir que su primera consagración llegó al obtener el primer premio en el concurso Belvedere de la Ópera de Cámara de Viena?
    —Con anterioridad, ya había estudiado en Alemania. Me tiraba más lo germánico que lo italiano. Por Bach, por la propia literatura alemana. Y, además, de ese modo me facilitaba aprender un idioma tan complicado.

    —¿Continúa siendo necesario triunfar en el exterior para ser reconocido aquí?
    —Salir fuera es un gran libro de conocimientos. En Italia, estuve asimismo mucho tiempo, ya como cantante profesional. La ópera nos exige el dominio de varios idiomas, y esas estancias favorecen la ampliación de un bagaje. Ahora bien, es cierto que en mi época era arduo abrirse camino. En este momento, hay mayores facilidades, incluso para empezar.

    —La crítica elogia su versatilidad vocal. ¿Es preferible a la especialización?
    —Si la voz se adapta a los diferentes repertorios, ¿por qué no hacerlos? Por supuesto, con el máximo respeto y trabajando las esencias de cada uno de ellos. Igual de legítima me parece la opción de quien se especializa en un número determinado de papeles.

    —No obstante, también tiene preferencias. ¿Rossini y Mozart, por ejemplo?
    —Mozart, siempre. Rossini es tan sugestivo como complicado. Son tantas las notas y tan precisas que se puede hacer pesado. A mi me deja exhausta.

    —Mozart incluso le ha dado la inspiración para ponerle nombre a su hija, Ilia, un personaje de Idomeneo que usted ha encarnado…
    —Sí, estábamos haciendo una versión en Niza de Idomeneo y yo estaba embarazada. El nombre mozartiano, que es el de una princesa cretense, se decidió por consenso familiar. Aunque cuando nació mi hija —casi nace en el escenario— ya estaba representando Antígona.

  • El Comercio.es
  • 22/09/08

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