Archive for October, 2008

Marcelo Álvarez: “Los grandes divos del pasado se equivocaban mucho más que nosotros, pero no estaba internet para dispersarlo por todo el mundo”

Thursday, October 30th, 2008

«En palabras de Pavarotti y Di Stefano, la de Marcelo Álvarez ha sido la carrera más fulgurante que jamás habían conocido. El tenor argentino, nacido en Córdoba en 1962, encontró su verdadera vocación con treinta años. Vendió la fábrica familiar de muebles en la que trabajaba para consagrar su vida al “sacerdocio” de la música.

No sabía solfeo, ni cantar O sole mio, pero seis años después de haber iniciado sus estudios, debutaba en La Fenice de Venecia, el primero de los grandes teatros de ópera con los que llenaría su voz en adelante.

Esta vocación tardía lleva aparejadas sus ventajas, entre ellas, “que no estoy contaminado y no me da miedo decir lo que pienso, porque sé que podría vivir de otra profesión”. Marcelo Álvarez es la voz más crítica del panorama lírico actual, agostado, en su opinión, por la excesiva exigencia que se vierte sobre los cantantes».

  • Marta Moreira
  • ¿Cómo es esta producción de Luisa Miller? [Palau de les Arts, 10, 13, 16, 20, 23 y 27 de noviembre]
    —Todavía no tengo una opinión completa, pero he visto la escenografía y creo que puede ser entretenida, aunque a su vez eso puede romper el verdadero drama de la obra.

    ¿Qué cualidades debe tener la voz de un tenor para dar lo mejor de sí en el repertorio verdiano?
    —La obra de Verdi ha estado muy contaminada (sobre todo a partir de la década de los cincuenta) con un verismo que el compositor no quería. Se ha llegado a convertir en una cuestión atlética. Mi propuesta es diferente, y tengo la suerte de que por el momento ha sido muy bien acogida. Creo que hay que cantar Verdi con todos los colores posibles, donde lo más importante sea el legato, el control de la técnica y el amor por la palabra hablada, que todo se entienda bien.

    —Comparte escenario con otra gran voz verdiana, la del barítono Carlos Álvarez, que interpreta el papel de Miller.
    —Espero que pueda recuperarse a tiempo, porque el otro día tuvo que suspender su actuación en el Real con Un ballo in maschera. Este tiempo…

    —¿Sufren mucha presión con los cuidados de la voz?
    —Es muy difícil tener una voz “top”. Hay que llevar una vida de monja de clausura, porque además el público no permite que nos pongamos enfermos. La gente no sabe el estrés y los nervios que padecemos antes de salir al escenario. La gente está acostumbrada a escuchar en sus casas discos de las grandes estrellas, y a todo volumen. Luego quieren que en el teatro suene igual, y no se dan cuenta de que todo ha cambiado.

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    ‘Eri tu’, por Renato Bruson (1979)

    Thursday, October 30th, 2008

  • Bruson: aria de Renato del Tercer Acto, Escena I, de Un ballo in maschera, Verdi.
  • Claudio AbbadoLa Scala, 1979.
  • En la misma grabación
  • ‘Viva la ópera’ (VI): “Un baile de horrible visión y deleitable audición”

    Monday, October 27th, 2008

    Les presento la VI Edición de ‘Viva la ópera’.  Crítica de la representación Un ballo in maschera en el Teatro Real de Madrid del pasado 10 de octubre de 2008. Allí estuvo Paco Roa, y así nos lo cuenta (gracias mil).

    Estaría bien que alguien más se animara a participar. No es imprescindible que el texto haga referencia a la representación de hace unos pocos días.  Puede ser de hace más tiempo. Sí, de aquella representación, o concierto, que tuvieron la suerte de presenciar y que probablemente nosotros nos perdimos. La extensión de la critica, o la crónica, la eligen ustedes (se agradecen las no demasiado extensas). Todas serán bienvenidas:-)

    ♣ ♣ ♣

    “Un baile de horrible visión y deleitable audición”

  • Paco Roa
  • «Amable anfitriona, apreciados tertulianos, quisiera ser totalmente honesto con todos ustedes, y antes que nada he de hacerles una necesaria confesión acerca de mi escaso dominio sobre el autor de Un baile de máscaras, toda vez que mis inquietudes y preferencias líricas, como bien saben los dos o tres lectores que todavía me soportan —¡madre mía, qué aguante!—, han discurrido a lo largo de los años, desde aquel ya lejano de 1981 en el que me inicié en este “negocio”, por otra dirección canora (casi) opuesta a la que hoy nos ocupará.

    Así, el conocimiento verdaderamente cabal que pueda poseer sobre la, por otra parte, enorme producción del que sin duda alguna es el operista italiano por antonomasia, mayoritariamente favorito de los aficionados y, por ende, uno de los más significativos e importantes de la historia de la lírica toda, Giuseppe Verdi, queda circunscrito a una media docena larga de títulos completos, aquellos que por distintas cuestiones de orden personal más me cautivaron y lograron ciertamente espolear mi interés, a los que, si acaso, añadiría algunos cuadros sueltos o, a lo sumo, unos cuantos actos correspondientes a otras tantas obras; y, al cabo, también me resultaron muy estimulantes y dignos de atención determinados personajes magníficamente perfilados por Verdi que, desde mi punto de vista al menos, disponen de un perdurable atractivo dramático-vocal: particularmente ejercieron sobre servidor de ustedes una enorme fascinación los grandes roles para mezzo, qué sé yo, Azucena, Amneris o, cómo no, la inquietante princesa de Eboli.

    Mi relación, pues, con el canto verdiano cabe calificarse de baja intensidad, muy fragmentada y un tanto esporádica. Razón por la que, aunque me esfuerce para que ello no suceda, en lo que sigue bien podría caer en errores de apreciación o incluso de bulto, recurrir a trillados lugares comunes y, en definitiva, resultar escasamente novedoso. Bueno, pido de antemano disculpas por cuantas faltas y deslices cometa, y espero contar con la benevolencia de todos los “foristas” que tengan la amabilidad de leer estas líneas.


    Apostando sobre el papel a caballo ganador sube con ganas el telón de la temporada lírica madrileña 2008-09. Pero no nos engañemos con falsas expectativas, pues ya se ciernen los más negros nubarrones sobre el futuro más inmediato del coliseo de la Plaza de Oriente, conocidos, entre otros muchos problemas no menores que no dejan de aflorar, la no renovación del reputado López Cobos, una lástima, ni la del prescindible Moral, cuya discreta gestión está pasando con más pena que gloria, los nulos resultados que hasta el momento se están produciendo para sustituirlos —parece que nadie de verdadero renombre internacional quiere trabajar en el Real—, y sabida también la cascada de cancelaciones de algunas figuras que amenaza con cargarse más de un título de esta misma temporada.

    ¿Otra vez malos tiempos para la lírica? Pues tal parece. En fin, yo a lo mío, que no es otra cosa que saldar el compromiso adquirido con el foro de dar noticia de cuanto dio de sí, en la función del pasado día 10 de los corrientes, la puesta en escena por el Teatro Real de la vigésimo primera obra del gran autor de Parma, Un baile de máscaras, coproducida con el Covent Garden (2004), montaje debido a Mario Martone y dirección musical del maestro titular del Real, por el momento, López Cobos.

    Pues muy bien, a partir de aquí y hasta el final nos vamos a organizar del siguiente modo: me parecería totalmente ocioso por mi parte el que diera aquí pormenorizada cuenta del argumento de esta ópera, cuadro por cuadro y acto por acto, pues les supongo a todos ustedes al corriente y, en todo caso, hay sobrados medios, incluido este de la red de redes, para conocerlo con el detalle que se quiera; por lo que, para empezar, sólo un mínimo apunte sobre cuál es el motor que activa el dispositivo dramático de esta ficción; a continuación me detendré algo más en las (casi) insuperables trabas que tuvo que salvar Verdi para poder estrenar ópera tan comprometida en aquel convulso tiempo de la Italia de mediados del XIX; y por último, sustanciada esta breve introducción, mi crítica de la citada función del Real por este orden: de lo peor a lo mejor; primero, lo menos afortunado, el pobre y muy desubicado montaje “censurado”; después el foso, notable tanto para el director como para los profesores que encontraron el necesario nervio verdiano; y, para concluir, el equipo vocal, todos, excepto el barítono que dio (mala) vida a Renato, cumplieron de forma sobresaliente.

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    Christopher Ventris: “Plácido es un héroe”

    Thursday, October 23rd, 2008

    «Parsifal llega este fin de semana al Palau de les Arts (25, 27, 31 octubre y 4 y 7 noviembre, a las 18 h. Duración aproximada de cinco horas) para desplegar todo el misticismo que envolvió a Wagner en su última ópera.

    La batuta de Lorin Maazel, el despliegue instrumental de la Orquestra de la Comunitat y las voces del Cor de la Generalitat y la Escolanía de la Mare de Déu dels Desamparats arropan un reparto que encabeza Christopher Ventris en la figura del caballero Perceval.

    El tenor británico, un trotamundos a la hora de meterse en la piel del jinete artúrico, se estrena en Valencia y con Lorin Maazel».

  • Alejandro Plà
  • —¿Para interpretar a Parsifal conviene ser un buen cristiano?
    —Yo no soy especialmente religioso. Además, entiendo que no se debe forzar al público con ningún tipo de ideas. Esta producción, en concreto, no es particularmente religiosa. Deja que el público interprete.

    —Nietzsche escribió un libro entero contra Wagner. En él carga contra el giro que había tomado su música. Dice “¿No será forzoso ver en Parsifal el engendro de un odio enloquecido al conocimiento, al espíritu y a la sensibilidad?”.
    —Es cierto que Wagner cambió en su última etapa. Se observa precisamente en su última ópera, Parsifal. Este personaje debe confiar en lo que cree y convencer a sus seguidores… La evolución de la música de Wagner termina en esta ópera extática.

    —Usted ha encarnado a Parsifal en escenarios de medio mundo. De repente se lo propone el Palau de les Arts. ¿Por qué acepta?
    —Cuando te proponen algo con Maazel y Herzog, pese a haber hecho tantas veces Parsifal, dices ‘¡Claro!’. Es un reto, una motivación. Yo nunca había trabajado con Maazel y he visto un ‘maestro’ muy claro y expresivo en su rostro y sus gestos. Entiendes rápido qué tipo de dirección desea.
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