Ana María Sánchez: “A un director de escena lo que más nervioso le puede poner es que no pase nada”

“La soprano Ana María Sánchez será una de las protagonistas del VI Concierto homenaje a Alfredo Kraus, organizado por la asociación lírica que lleva el nombre del tenor canario y que se celebrará esta tarde en el teatro Filarmónica. Junto a ella, y en un programa doble de ópera y zarzuela, estarán el tenor Jorge de León y la orquesta Oviedo Filarmonía bajo la batuta de Rubén Gimeno, que ya asumió la dirección musical de la Zarzuela del Verano”.

  • Pablo Gallego
  • —¿Qué tal han ido los ensayos?
    —Están siendo unos días muy intensos, con ensayos con orquesta por la mañana y luego por la tarde con el piano. Esta tarde descansaremos, mañana también y por la noche el concierto. Ha sido muy intenso, deberíamos haber tenido más días.

    —El programa del concierto está dividido entre ópera y zarzuela.
    —Lo he hecho así porque me parece que nuestro patrimonio de zarzuela es tan importante o más que muchas de las piezas de ópera que se tocan habitualmente en concierto. Estoy convencida de la calidad de nuestro teatro lírico y por eso insisto siempre en hacer una parte de música española.

    —¿Cómo recuerda sus intervenciones en el Campoamor?
    —Fue una época estupenda, me divertí mucho. Siempre lo he pasado bien en Oviedo porque es una ciudad que adoro. Siempre le digo a mi marido que si alguna vez tuviera que vivir fuera de mi tierra me tendrían que buscar aquí. Me maravilla que con este número de habitantes tenga dos orquestas y tanta vida musical, aunque nunca es suficiente. Cuanta más, mejor.

    —¿Qué cambios percibe en el mundo de la lírica?
    —El más importante es la incorporación de gente joven al público que acude a los teatros de ópera. La renovación de los espectadores es un paso muy importante para asegurar la continuidad del género en España. El ejemplo es el Liceo, que pasó de tener 6.000 abonados cuando el teatro se quemó a 28.000 en la actualidad. Y la mayor parte de ese público es gente joven.

    —¿En qué lugar está el cantante en la ópera actual?
    —Si usted presta atención a los cartelones de los teatros de media Europa, encontrará el título, el nombre del director musical no muy grande, y el nombre del director de escena muy grande, seguido del figurinista o el iluminador. Y los cantantes no aparecen.

    —¿Y eso por qué puede ser?
    —Porque se da demasiada importancia a lo que está pasando en escena. El centro es lo musical y hay una invasión de directores que vienen del teatro o del cine que no conocen la música y que tampoco les importa demasiado el trabajo que tiene uno que hacer y encima le ponen dificultades. Tienen un sueño y quieren que un cantante tenga unas características físicas determinadas, que se mueva de una determinada forma y que haga piruetas. Creo que se está perjudicando a la ópera.

    ¿De qué modo?
    —A un director de escena lo que más nervioso le puede poner es que no pase nada, necesita movimiento y que uno se esté moviendo cuando canta un aria dificilísima. Y no se da cuenta de que el aria es el momento de estar quieto, cuando uno se para y cuenta sus sentimientos. Lo único que se tiene que mover es el corazón del artista que está cantando y el corazón del que está escuchando. Pero si lo que te piden para ese aria es ir corriendo de un lado a otro, subir escaleras o hacer el pino puente, pues el público difícilmente va a estar pendiente de lo que está escuchando, sino más bien del ‘circo’ que está sucediendo. Esa es la realidad.

    —¿Hasta dónde llega esa realidad?
    —Pues al punto de que hemos llegado a prescindir de la mejor cantante del mundo en una ópera porque un traje de noche no le sienta bien. No entiendo cómo se puede prescindir y privar al público de la mejor Ariadne auf Naxos de todos los tiempos sólo porque el traje que ha diseñado el figurinista no le va bien, hablo de Deborah Voigt. Qué queremos, de qué va esto. Yo me pierdo un poco.

    —¿Próximos proyectos?
    —Hacer música haciendo ópera, en versión de concierto. Como Juan José, la única ópera de Sorozábal, que murió sin verla estrenar; o Roger de Flor de Chapí, también en versión de concierto. Yo sigo cantando ópera pero he decidido hacerlo así porque lo que más me importa es la música. Y la teatralidad que debe tener un aria yo intento darla en mi voz, en mi expresividad y en mis emociones.

    Ana María Sánchez Nacida en Elche (Alicante), es una de las grandes sopranos españolas. Durante su larga carrera ha recorrido todos los grandes teatros de ópera de España y Europa, además del Colón de Buenos Aires y el Metropolitan de Nueva York. Su trabajo es bien conocido por el público ovetense, al haber participado en varias temporadas de la ópera de Oviedo interpretando papeles en Roberto Devereux, Don Carlo o Anna Bolena, además de la grabación de La Vida Breve de Falla con la Orquesta Sinfónica del Principado de Asturias (OSPA) y el coro de la Fundación Príncipe de Asturias bajo la dirección de Maximiano Valdés.

    Es una de las mayores defensoras del genero lírico español, al que dedica buena parte de sus conciertos y grabaciones.

  • La Nueva España
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