Ángeles Blancas: “La ópera hay que verla. La discografía suele estar muy manipulada”

Entrevista a Ángeles Blancas, en La Opinión de Murcia el pasado día 6.

Ángeles Blancas—Acostumbrada a las óperas, con escenografías, vestuario… ¿Se siente algo desnuda en conciertos como el que ofrecerá esta noche?
—La verdad es que los conciertos son más difíciles que las funciones de ópera… estás solo, sin los elementos de la escenografía, sin la seguridad que da el mes de trabajo y creación del personaje. Es duro porque hay que intentar recrear el espacio pero sin nada de eso, pero también es más puro si cabe, es magnífico.

—¿Qué escucharán o qué sentirán quienes acudan al concierto?
—El público debe estar siempre con la mente abierta y fresca. No hay que atarse a nada. Para este concierto he buscado una programación diferente, he buscado los contrastes. La primera parte estará dedicada a la ópera, con obras nuevas, ahora que la voz me está dando nuevas oportunidades. La segunda parte es música de cámara, con la que el público podrá disfrutar de sus colores y su poesía.

—¿Es esa su filosofía? ¿Mantener la mente abierta y no atarse?
—Esa es mi filosofía, sí. Y también ponerle a todo mucho sentido del humor, que tal y como está el mundo es lo mejor que podemos hacer. Me gusta investigar en mi profesión y meterme yo sola en berenjenales (ríe). Reinventarme.

—¿Pero es posible experimentar en la ópera? Porque al menos desde fuera se ve un mundo muy encorsetado…
—En teoría sí es posible experimentar, pero en una ópera está el director de orquesta, el director de escena, el encargado del vestuario… Hay veces que te encuentras con personas inteligentes con los que aprendes y hay un intercambio que te ayuda a crecer, aunque otras muchas veces no ocurre eso. Entonces recurro a mi rollito personal (ríe). La verdad es que hay mucho encorsetamiento en la ópera…

* *

  • Ángeles Blancas: Non te quero por bonita, canción popular gallega (Marcial del Adalid).
  • Al piano, Miguel Zanetti.
  • Non te quero por bonita,
    que xa sei que non o és,
    quérote por moreniña
    e pola lei que me tés.

    N’aquela corredoiriña,
    en aquel anoitecer,
    o qu’entrambos nos xuramos
    ti-lo sabes, eu tamén.

    Miña vida está en teus ollos,
    miña morte está tamén,
    dame a vida ou dame a morte,
    para min todo
    está ben.

    * *

    —¿Hay miedo a hacer algo diferente?
    —No sé si por miedo, o simplemente porque hay gente aburrida… Pero no ocurre sólo en la ópera, todo tiene reglas muy encorsetadas, en todas las profesiones ocurre.

    —Siendo hija de soprano y de barítono su destino parecía claro… ¿Se rebeló alguna vez contra él?
    —¡Toda la vida! Me rebelé siempre… hasta que dije que no seguía y me rendí (risas). Mis padres siempre me transmitieron la gran belleza de lo que hacían y el amor por la música y por el escenario, aunque eso no tenía nada que ver con las cosas de niñez y de juventud que estaban en mi cabeza. Ellos siempre fueron muy respetuosos con lo que yo hacía, y me di bastantes cabezazos con cosas opuestas a la música. Incluso empecé a estudiar Empresariales, pero cuando un profesor me vio leyendo un libro de Quevedo y me preguntó qué hacía agarré mi libro, dejé las clases y me rendí.

    —¿A qué teme Ángeles Blancas encima del escenario?
    —Al aburrimiento… dentro y fuera del mundo de la ópera. Me inquieta también la gente que ejerce poder y que maneja y manipula a la gente acomplejada y más débil.

    —¿La gente ha dejado de ver la ópera como un espectáculo para ricos? ¿Van desapareciendo los prejuicios?
    —No sé si son prejuicios o es falta de costumbre. Es cierto que es un espectáculo caro, pero es que es muy especial, porque une a la música, el baile, la escenografía… Yo creo que es el espectáculo más completo y más dinámico. Lo que hacen falta son más teatros, programaciones más interesantes y vivas… más frescas, que es algo que repito mucho, pero es que el sentido del humor es lo principal.

    —Ha sido Julieta, Cleopatra, Salomé, Ana Bolena… ¿Siente debilidad por algún personaje?
    —Todos me han traído cosas importantes. Han representado mis comienzos… aunque son ya casi 16 años de carrera. Siempre miro hacia delante y me gusta pensar en los personajes que vendrán, en los nuevos que asoman.

    —¿Cansa tanta tragedia?
    —¡Es horroroso! (risas). Tú no sabes… esta cosa tan tremenda de que todos mueren, se vuelven locos… El profesor Michael Aspinall apuesta por convertir a los personajes dramáticos en cómicos y me parece fantástico. Las historias de la ópera son tan dramáticas que muchas veces rozan la comicidad.

    —¿Alguna vez escucha ópera en su casa?
    —Nunca. La ópera hay que verla. La discografía suele estar muy manipulada… no te la crees, o no deberías creértela. Yo escucho música étnica, chill out… ¡o nada!

    —¿Qué es lo mejor de su profesión?
    —Abrir una partitura escrita por Mozart o por Verdi y entrar en su mundo. Ellos nos dejaron un legado único que muchos no valoran… Lo mejor, sin duda, es llevar de una manera física esa maravilla del espíritu. Aparte de eso…

    —Más cosas buenas habrá, ¿no?
    —Algunas veces te reencuentras con personas, con colegas… y poco más. Pero eso ya es otra entrevista.

  • La Opinión de Murcia
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