Pietro Spagnoli: “He visto cómo a algunos compañeros, cantantes bravísimos, se les ha masacrado por nada, un fallo en un mal día”

«”La ópera, sobre todo, debe centrarse en la música. Y en rendir homenaje a su autor y hacer feliz al público”. El barítono Pietro Spagnoli, hijo de un conductor de autobús y de un ama de casa, se inició en el mundo del canto por casualidad. El hijo de sus vecinos cantaba en la ‘Capella Musicale Pontificia’ —el coro privado del Papa— y su madre pensó que él también podía hacerlo.

Tras ingresar en los ‘Pueri cantores’, hizo su debut con apenas ocho años. A partir de ese momento su vida estuvo para siempre ligada a la música, y a los 22 años logró una plaza en el Coro Sinfónico de la Rai. Su carrera como solista le ha llevado a los grandes teatros de ópera del mundo, en una carrera muy ligada a los grandes roles para barítono del repertorio belcantista italiano.

El próximo día 16, Pietro Spagnoli debutará en el Teatro Campoamor dando vida a Fígaro en El barbero de Sevilla de Gioacchino Rossini, cuarto título de la 61 temporada de Ópera de Oviedo que patrocina La Nueva España. Además de cantar escribe, aunque no lo publica. Forofo incondicional de la Lazio, considera a los aficionados a la ópera españoles casi tan difíciles de contentar como a los italianos. “El público, como el toro, asusta”, confiesa».

  • Pablo Gallego
  • —¿Cómo prefiere que le llame, Pietro o Zorro?
    —”Famo che io ero Zoro” (“¿Vale que yo soy el Zorro?”, la frase que decía a sus amigos para poder ser su personaje favorito en los juegos de infancia) en el fondo no es más que una filosofía del porqué del teatro, de la transformación. La clave es jugar, porque el teatro no es más que un juego en el que se finge ser otra persona. En este caso Fígaro. O Don Alfonso en Così fan tutte, o Rigoletto. Yo amo el teatro. Para mí es una forma de despojarme de quien soy y transformarme en un artista con la capacidad y el reto de hacer creíble un personaje.

    —¿Y llegar a serlo?
    —No creo que nos convirtamos en el personaje, sólo lo fingimos. Por supuesto queremos hacerlo bien y ofrecer al público una ilusión que, en el fondo, no es real. Ellos saben que yo soy Pietro Spagnoli, que no soy Fígaro. Pero yo juego a que lo soy y el público comparte conmigo esta farsa para pasar un rato divertido.

    —Sobre el escenario del Campoamor tendrá muy buenos compañeros de juego.
    —Me ha gustado mucho reencontrarme con José Manuel Zapata (Conde de Almaviva) y Simón Orfila (Don Basilio), artistas con los que ya he estado sobre el escenario y todo fue muy bien. Es la primera vez que trabajo con Álvaro Albiach, el director musical, y con Silvia (Tro, Rosina en la ópera) me encontré hace muchos años. Aún no tengo mucha confianza con ella, pero la estamos encontrando, igual que con el resto de componentes de la producción.

    —¿Y qué tal la parte escénica?
    —Con la directora ha habido discusiones por alguna escena. Es una producción difícil para mí, no tanto por el hecho de llevarla a cabo sino porque ve en Fígaro a un pobre desgraciado y sin suerte en la vida, algo bastante alejado de lo usual en este personaje. Aquí Fígaro es un soñador que espera conseguir lo que él no tiene y el resto sí. Como un artista al que sólo le dan pequeños papeles cuando lo que desea en realidad es triunfar en un gran escenario como el de la Ópera Garnier, el Covent Garden, la Scala o el Metropolitan. O el de Oviedo. Ha ido haciendo cosas aquí y allá sin demasiada suerte, y debe contentarse con lo que va saliendo.

    —En este caso la llegada del conde de Almaviva, quien le ofrece dinero para poder hablar con Rosina. Para conseguirlo Fígaro hace cualquier cosa. En el italiano de Milán sería un sfigatto, una persona sin fortuna, sin dinero. Así que intento ver cómo encaja esto en el aria, seguro que con lo que ella me proponga será suficiente. Espero que el público lo entienda.

    —¿Llegaría entonces a decir “no” a alguna petición del director de escena?
    —Soy un profesional y debo hacer caso a todo lo que me pida el director de escena. No tengo miedo de hacer cosas, digamos “extrañas”. Lo importante es que lo que se ve encaje con lo que se está oyendo y con el personaje. Que haya una razón. Aquí a veces la veo y a veces no, pero espero ser capaz de sacar adelante el personaje.

    —La crítica asegura que su voz y sus interpretaciones le distinguen. ¿Considera el suyo una especie de talento natural o es algo que ha ido desarrollando?
    —Seguramente natural. Pero también me fui encontrando con directores musicales y de escena de los que también he aprendido. Al principio, y también ahora, solía fijarme en otros artistas, los más grandes. Les observaba, les miraba, para aprender. No para imitar, porque no puedo ser otra persona y mi imitación será siempre peor que el original. Lo que trato es de adaptar todo lo bueno que veo en los otros a mí mismo y a mi voz. Siempre presto mucha atención.

    —Con un pasado ligado al mundo de los coros, desde la Capilla Vaticana al Coro Sinfónico de la Rai, ¿le costó hacer despegar su carrera como solista?
    —De niño no era solista. Y menos en el Coro Sinfónico. Empecé a cantar por casualidad y seguí haciéndolo porque me gustaba y el coro era una forma de tener un empleo. Curiosamente luego no me costó trabajo separarme de todo eso y empezar como solista. Los problemas aparecen más tarde, porque aun amándola esta es una profesión que una vez dentro no te deja respirar. Hoy cantas bien y te aplauden. Pero mañana tienes que hacerlo otra vez. Y pasado mañana todavía mejor. Sin importar que hay días en los que no te encuentras bien, te duele la garganta o simplemente la cabeza no funciona.

    —La voz está muy ligada a nuestro estado psicoemocional, y un problema pequeño puede acabar convirtiéndose en algo grande. Y es algo que me fastidia, porque he visto cómo a algunos compañeros, cantantes bravísimos, se les ha masacrado por nada, un fallo en un mal día.

    —El aria del Barbero de Sevilla es quizá una de las más conocidas en el mundo de la ópera.
    —A veces es un problema. Porque si uno se ciñe escrupulosamente a lo escrito por Rossini, la gente está tan acostumbrada a escuchar lo que han terminado siendo versiones tradicionales que te echan en cara no haber dado bien las notas. Así que intento ser flexible y dar aquello que me pide el director de orquesta, la versión más tradicional o simplemente lo que está escrito en la partitura, siempre y cuando se adapte a mis posibilidades. Tengo la voz que la naturaleza me ha dado, buena o mala, e intento sacarle el mayor partido posible, hacer que se olviden mis defectos subrayando mis virtudes.

  • La Nueva España
  • 2 Responses to “Pietro Spagnoli: “He visto cómo a algunos compañeros, cantantes bravísimos, se les ha masacrado por nada, un fallo en un mal día””

    1. Gloria says:

      ¿Pietro Spagnoli no es CASADO?
      ¿Pietro Spagnoli no atrajo nupcias como Juan Diego Florez?
      ¿Pietro Spagnoli es SOLTERO?

    2. operasiempre says:

      “Contrajo”, querrás decir, Gloria. Y las mayúsculas sobran…;-)

      Pues ni idea. Pero estarás con nosotros en que conocer su estado civil no aportaría gran cosa, o nada, a lo que entrevistador y entrevistado cuentan en la entrevista.

      Saludos,

      Gio

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