Pilar Jurado: “El encargo de una ópera es lo más importante que te puede ocurrir como compositor en este país”

«Cantante, pianista, directora o compositora son algunas de las actividades por las que se conoce a Pilar Jurado (Madrid, 1968). Ahora suma la de productora de su propio sello discográfico, donde en su primer álbum (cd y dvd) interpreta una selección de arias virtuosísticas de algunos de sus compositores favoritos.

La grabación aparece al tiempo que se ha conocido el encargo de una ópera [Página en blanco] a Jurado desde el Teatro Real, que la convertirá en la primera creadora española que estrene allí una primicia de esas características».

  • Juan Antonio LLorente
  • Su momento vocal en este disco dedicado a L’arte della coloratura desmiente la teoría de que la música contemporánea, con la que a usted se le asocia, rompe las voces.

    —Yo nunca he tenido esa sensación. Lo que destroza la voz es la mala técnica cuando no se aplica debidamente en cualquier tipo de música, no sólo la contemporánea. Cambiar de registro, haciendo alardes vocales con obras que hoy se escriben, y que tal vez otro tipo de música no exige, pueda llegarte a crear problemas. Pero yo he llegado a hacer en un mismo programa obras clásicas y contemporáneas, y mi voz no se ha resentido. En esto hay que tener en cuenta una buena técnica vocal, que te permita esa ductilidad en la voz que te posibilite abordar todo con facilidad, y un conocimiento del manejo de los estilos que también te permite estar ahí sin peligrar.

    —¿El marchamo que mejor se ajusta a sus decisiones es el de valiente?
    —Creo que sí, porque siempre lo he sido en todos los aspectos de mi vida. Además, sólo en la capacidad de superar grandes retos está la posibilidad también de alcanzar grandes metas. No tengo miedos, porque me considero una persona ambiciosa. No en el sentido peyorativo con que a veces se utiliza ese término, sino en el de alguien que quiere evolucionar y conseguir nuevas metas. Cumplir cada una de ellas es para mí el comienzo de la siguiente, porque en el fondo, la vida es superación. Y soy una persona que necesita vivir de esa manera, superándome cada día, siendo fiel a lo que necesito. Si es eso, adelante con ello.

    —¿Al capítulo de valentía hay que apuntar su primera ópera, encargo del Teatro Real de Madrid?
    —Hay que ser muy valiente. Pero los desafíos me encantan. Esa excitación estimula muchísimo más la creatividad de mis proyectos. El hecho de que éstos sean tan especiales para mi carrera creo que es lo que me hace crecer. Y me niego a renunciar a ese crecimiento. Aceptar grandes retos en la vida te permite poder abordar otros aún mayores en el futuro, y no quiero renunciar a nada de eso. Y por supuesto que el encargo de una ópera es lo más importante que te puede ocurrir en este país como compositor.

    —¿Habrá coloratura en su ópera?
    —Bueno… (risas)… espero que sí. Pero lo más importante es que haya comunicación, porque una ópera tiene fundamentalmente que comunicar, como también es definitivo que haya un tratamiento protagonista de la voz. Obviamente, voy a hacer un tratamiento instrumental y orquestal contemporáneo con mi música y mi estilo, pero lo que tengo claro -porque en la historia los personajes tienen una vida externa e interna muy importante- es que todo eso tiene que plasmarse a través de la voz. Quiero para ello grandes voces, aunque no habrá demasiados intérpretes, que tendrán papeles muy protagonistas.

    —¿Escribe teniendo en la cabeza quién los va a cantar?
    —De eso aún no puedo hablar, pero es cierto que ya se está pensando en algunas voces. Lo que puedo decir es que las grandes óperas de la historia que se han escrito y han funcionado a lo largo del tiempo nacieron para determinados intérpretes. Y en ese aspecto creo que no se equivocaron tantos compositores al hacerlo así. Es importante escribir sabiendo quién lo va a cantar.

  • Doce notas
  • Jurado: Rosa, tronco, risco y fuente, aria de Delfa del  Acto II de la zarzuela en dos actos Viento es la dicha de amor, de José de Nebra (libreto: Antonio de Zamora). 1996.
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