Archive for Febrero, 2009

Ramón Vinay (1982): “Del Monaco cantaba ‘Carmen’ divinamente bien, con esa voz que yo nunca tuve. Pero no era actor”

Miércoles, Febrero 11th, 2009

Vinay, Otello

¿Nunca segundas partes fueron buenas? Nos saltamos a la torera el dicho popular porque si hay una segunda entrega se debe, sencillamente, a que la entrevista era muy extensa.

Como introducción, y porque viene muy a cuento, añadimos una breve reseña de Mario del Monaco sobre Ramón Vinay:

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“Era un hombre imponente, cabello rizado y negro, facciones regulares. Era un señor del palco escénico y de la vida. Se preocupaba de sus trajes de forma minuciosa. Era intelegentísimo y ductil. Recuerdo que en Dallas y Niza interpretó la parte de Iago, como barítono, mientras yo hacía el Otello. Se consideraba un un estudioso de la ópera y fue uno de los pocos extranjeros capaces de cimentarse, en alemán, en Bayreuth, donde cantó Tristán e Isolda en lengua original”. [Mario del Monaco, en su libro autobiográfico La mia vita e i miei successi]

Y vamos con la segunda parte de la entrevista. Ojo, que si no han leído la primera,  se perderán gran parte del contexto,  se preguntarán quizás quién era Cossutta y, con seguridad,  por qué aparece mencionado en el  el tercer párrafo.

♣ ♣ ♣

Entrevista a Ramón Vinay (segunda entrega) realizada el 17 de julio de 1982 y publicada dos años más tarde, noviembre de 1984, en la revista Correo Musical de Buenos Aires. En julio de 1982, Vinay tiene 71 años.

(Gracias, Juan:-)

Ramón Vinay, 73º aniversario

  • Por Juan Dzazópulos Elgueta
  • Vinay, Callas—Yo fui siempre tanto actor como cantante. Creo que la Callas y yo, separadamente, sin habernos concertado, fuimos un elemento que trajo la actuación a la ópera. Tal vez exagero, pero creo que antes de esa época bastaba que un señor tuviera una linda voz y con la barriga por delante y brazo arriba así o asá… bastaba.

    Canté muy pocas veces Aida, pues es el tenor más tonto que pueda existir. A propósito, recuerdo una Aida en el Metropolitan. Yo no estaba bien de voz y en el ‘Celeste Aida’ agarré la frase ‘un trono vicino al sol’ a piano. Al día siguiente un crítico dijo: “¡Por fin lo oímos como está escrito…!”. ¡Y yo no podría haber cantado forte tampoco!

    Después de oír a Cossuta aquí en Otello yo, así se lo dije a los periodistas, le habría copiado cuatro o cinco cosas. Pero también le habría enseñado una docena. El copiar no es tan fácil. Cada gesto debe tener su razón. Si no,  son solamente gestos…

    Al principio de mi carrera en que yo cantaba Otello, por allá en los años en que Jesucristo llevaba pantalones cortos, yo, como todos los jóvenes, hacía demasiados gestos. Poco a poco estos se van eliminando. Tres gestos se vuelven solamente uno y hasta ese gesto se puede eliminar.

    Wieland WagnerTuve la suerte (ya te he dicho que yo he sido un hombre de una suerte enorme) de trabajar muchos años en Bayreuth, donde canté como tenor (me parece) por seis temporadas, después dejé de cantar durante dos temporadas  y regresé como barítono. Porque yo he cantado como bajo, barítono y tenor, lo cual te prueba que nunca supe cuál era verdaderamente mi voz.

    Al decir tres cuerdas, el contrabajo, el cello y el violín, la más natural para mí es el cello. Yo sufrí mucho como tenor, cada vez que veía un do para mí era fuego…

    Te decía que tuve la suerte de trabajar con Wieland Wagner, el nieto de Richard Wagner, en Bayreuth. Él tenía ideas muy profundas y arraigadas de lo que había escrito su abuelo, pero al mismo tiempo era un hombre moderno. Él eliminaba gestos.

    Vinay, Otello¡Cuánto más se transmite sin gestos! Yo pienso más en un paso y en un gesto con la intención de eliminarlos, o al menos pensaba, pues ya no cantó aunque sigo activo. Si el Padre Eterno me diera tres notas más arriba del fa diesis, que lo puedo cantar perfectamente sin pedir excusas, yo cantaría Otello… ¡Pero no lo puedo hacer! Haría un Otello que yo quisiera estar en el público para auto-admirarme. Esto suena como una estupidez, pero no lo es. ¡Es que yo quisiera recibir una lección de mí mismo!

    Qué pasa en la vida diaria, en una oficina o en un bar, que es donde suceden estas cosas, entre dos personas que discuten. Gritan, la cosa sube de tono, y parece que va a haber golpes. Pero uno de ellos se controla. El que está haciendo teatro es el que grita y se mueve, pero el que llama la atención es el que se está controlando. Lo mismo es en el teatro.

    Y dispénsame que estamos haciendo una entrevista al revés, qué suerte que viniste hoy, pues ayer no tenía un átimo de voz. Yo no me enfermo nunca. He andado por las calles sin abrigo, pero no siento frío. Tengo una salud de hierro, pero en alguna forma debo [de] haberme pescado un catarro, pero ya estoy mejor… y voy a permitirme fumar ¿Fumas?… (ante mi respuesta negativa…)… Se fuma en los tiempos modernos más bien por nerviosismo, por tener algo entre los dedos…

    —¿Y un cantante necesita del cigarrillo? Lo he visto sobre todo en los tenores, de Caruso adelante…
    —Yo lo hacía en el camerino, antes de la función. Tú sabes lo que es eso…

    —Ramón…  ¿Cantaste con el capital o con los intereses?
    —¡Muchachito! Con las dos cosas. El otro día, en la primera función de Otello. Como esa función, a mí también me pasó muchas veces… Un pequeño accidente que le puede pasar a cualquiera.

    Aquí (en el Municipal) hemos visto a Plácido Domingo con un pequeño problema (En Andrea Chénier no pudo dar el si bemol en ‘Un di all’ azurro’. N. del A.) Las voces que son brillantes son las más expuestas a  accidentes. En Caruso eran famosos sus accidentes, pues la suya era una voz absolutamente cristalina.

    —Ramón, en una carrera los éxitos son muchos y siempre se recuerdan. ¿Pero recuerdas tú algún accidente que se pueda considerar un fracaso? Algo así como lo que le sucedió a Cossutta…
    —¡No! ¡Mucho peor! Fue nada menos que en el Maggio Fiorentino, donde cantaba yo por vez primera el Otello con la Tebaldi. Canté el primer acto y lo acabé murmurando, pues sentía que se me acababa la voz. ¡Me sentía terrible! Y dije, si es posible, que lo termine otro tenor. Y de casualidad estaba allí Mario del Monaco, y él terminó la función…

    También me pasó en los Festivales de Amsterdam, siempre con Otello, donde después del primer acto ya no tenía voz, y ese fue casi mi último Otello, allá por los años sesenta. Y no creas que quiero poner énfasis en una especie de modestia, al decir que hablo con tanto entusiasmo de mis fracasos como de mis éxitos. Pues si tuviera que hablar de mis éxitos,  te puedo pedir la habitación de al lado y estamos hablando hasta mañana por la mañana…

    Entonces empecé a pensar en Iago, pues has de saber que el Otello es tan bueno como fuerte es el actor, el cantante, que hace el Iago. Si no, parece un drama un poco infantil. Que un coloso militar, un coloso de disciplina, no hablo del tamaño sino de voluntad férrea… En la primera escena del drama de Shakespeare, Iago ya enseña su espíritu maligno. No. No es un espíritu maligno. Es un espíritu que cree que el ser humano no es más que una… (no lo puedo decir en el cassette, pero nosotros decimos: ¡Viva Chile, m…!).

    Con Gré BrouwenstijnBueno, él consideraba a la humanidad entera y a él mismo en esa forma. Pero sí reconocía que la única persona capaz de salvar a la República de Venecia del desastre que habían tenido con los turcos cerca de la isla de Chipre era Otello. Un hombre que arriesgaba todo. Era el Rommel de esa época.

    Por consiguiente, Otello es lo militar, lo correcto. Inexorable con todos, pero primero condigo mismo. Ese hombre, por un pañuelo, por un chisme, se va a derrumbar. Si no hay un Iago que lo haga saber al público, éste no entiende nada.

    Yo supongo que el 50% del público que va a la ópera sabe vagamente lo que va a ver. Si es más, mejor aún, y, si se ha leído el libreto de la ópera, se necesita tener una afición tremenda, como la tienes tú. Pero en general el público no entiende nada. Te contaré algo.

    El Metropolitan decidió, allá por los años cincuenta, que la función del día viernes se cantara en inglés. Así que el americano normal no compraba el libreto, pero igual no entendía nada…

    Hollywood Bowl

    —¿Cantaste tú en inglés?
    —¡Sí! Hice la Carmen en inglés, con Stokowsky, en el Hollywood Bwol

    —Yo recuerdo habértela escuchado en italiano en el Municipal, en 1956, con un reparto que los norteamericanos llamarían “provincial”, de segundo orden. Sin embargo, el bis del ‘aria de la flor’, lo hiciste en francés…
    —Pues, mira, si tú me lo dices te lo creo, pues yo no recuerdo todos los incidentes de mi carrera. Pero eso me pasó también en Nápoles, donde yo hice que el Teatro San Carlos contratara una cantante norteamericana para Carmen, que en francés era la Carmen nacida.

    Una americana que no tenía ni idea de lo que era italiano, pero tenía todo el fuego de Carmen. La fui a esperar a la estación, pues ella llegó en tren desde Roma. Lo primero que me dice: “Ramón, I don’t know it in Italian” (“Ramón, no me la sé en italiano”)… ¡Oh Dios!

    Lo primero que hice fue irlo a decir a la dirección del teatro, sin tomarme la responsabilidad [de] que la rehusaran, pues el contrato establecía que la ópera debía cantarse en italiano. Pero la aceptaron. Entonces ella cantó en francés y todos los demás, solistas, coro, etc., en italiano. Y yo tenía que esforzarme para no pasarme al otro idioma. Llega el ‘aria de la flor’. La canto en italiano… bis, bis, bis.

    Tú sabes que en los tres grandes teatros del mundo, el Covent Garden, La Scala y el Metropolitan (no sé el Colón), no se repite jamás nada. La única que lo hizo, y quizás lo provocó, fue la tremenda Maria Callas, que en paz descanse. Tenía una gran voz cuando era gruesa como un piano y cuando se hizo un paquete de huesos, encantadora, pero un paquete de huesos, no tenía la voz. Pero esa mujer tenía la publicidad a su lado…
    Vinay, Don José

    Bueno, volviendo al San Carlos, al repetirla la canté en francés. Otra vez un aplauso tremendo, tremendo, como yo lo hubiera querido provocar. Seguía y seguía. Entonces yo me dije —no la voy a cantar por tercera vez— y me dirigí al público diciéndoles: “Vi ringrazio che volete che cante l’aria del fiore petalo per petalo…”.

    Y uno de la galería me respondió: “¡No! Fino a che l’impari! (“¡No! Hasta que te la aprendas”.) Vino el último acto y ella me dijo: “C’est toi?” y yo le constesto  sin darme cuenta; “C’est moi” y seguí así en francés hasta que de la galería me volvieron a gritar: “¡En italiano!”.

    (más…)

    ‘Mon coeur s’ouvre à ta voix’, por Christa Ludwig

    Martes, Febrero 10th, 2009

    SyD_Moreau

    Continuamos con los  regalos mágicos, segunda entrega, antes de que nos den las uvas… (de 2010;-)
    Para Paco Roa, y en el aria solicitada,  “la fantástica mezzosoprano alemana Christa Ludwig”.

    Christa Ludwig: Mon coeur s’ ouvre à ta voix, aria de Dalila con Sansón (del Segundo Acto de Sansón y Dalila, Saint-Saëns). 1988.

    Christa Ludwig

    nota

    Ludwig, en la misma aria

    stelle

    Ramón Vinay, “el Otelo inigualable y de referencia”

    Jueves, Febrero 5th, 2009

    Vinay, Otello

    Biografía resumida de Ramón Vinay publicada en liricahispana.com

  • Por Juan Dzazópulos Elgueta
  • (Gracias, Juan:-)

    ♣ ♣ ♣
    “Nació en Chillán, Ñuble, el 31 de Agosto de 1911.

    Ramón Mario Francisco Vinay Sepúlveda era hijo de Jean Vinay Robert y Rosa Elvira Sepúlveda Lara siendo el tercero de los cuatro hijos de este matrimonio.

    Sus ancestros provienen de la localidad de Larche, en Francia, ubicada a cinco kilómetros de la frontera italiana y a 120 kilómetros de Niza. Su padre emigró muy joven a América, primero a México, luego a Perú y finalmente a Chile, país donde llegó en 1898.

    Se estableció en Chillán, ciudad ubicada a 409 kilómetros al sur de Santiago. Al poco tiempo se había formado una buena posición como comerciante en monturas y arneses para caballos.

    En Chillán conoció y se casó en segundas nupcias con Rosa Elvira, una joven y modesta costurera. Su anterior matrimonio había sido en 1900 y su primera esposa falleció en 1903 después de haberle dado su primer hijo, Antonio).

    En 1914 regresó a Francia para comprar maquinaria para su fábrica. Allí lo atrapó la Primera Guerra Mundial viéndose obligado a prestar servicio en el ejército francés. Cuando pudo obtener una licencia, en 1917, desertó y volvió a Chile, donde se encontró con que su esposa había fallecido hacía poco.

    En 1920 el Gobierno de Francia otorgó amnistía para casos como el de Jean Vinay y este vendió todas sus pertenencias, regresando con sus cinco hijos a Francia. Se estableció en Digne y allí Ramón terminó sus estudios secundarios.

    Su padre quería para su hijo la carrera de arquitectura, pero el muchacho tenía aspiraciones de convertirse en un buen violinista. En 1928, a los 17 años de edad, y siguiendo el mismo destino de su padre, Ramón se embarcó rumbo a México.

    Vinay

    En la capital mexicana consiguió un modesto empleo con la familia Robert, descendientes de su abuela paterna. Poco a poco fue escalando mejores posiciones hasta poder independizarse y formar, junto a su hermano Otto, su propia fábrica de envases de cartón para la industria farmacéutica.

    Alrededor de 1930 comenzó sus estudios de canto con José Pierson.
    Este era un maestro con muy buena reputación y que contribuyó al desarrollo de toda una generación de cantantes mexicanos, entre ellos, Alfonso Ortiz Tirado, Juan Arvizu, Pedro Vargas y Jorge Negrete.

    Aunque durante este período de formación cantó ocasionalmente como bajo (obtenía un notable éxito cantando “Vecchia Zimarra”), su debut profesional fue en la cuerda de barítono, el 16 de septiembre de 1931, en el rol de ‘Alfonso IX’ en La favorita en el Teatro de las Bellas Artes, de la Ciudad de México antes de su inauguración oficial, que fue el 29 de septiembre de 1934.

    Fueron los compañeros de su “alternativa” Josefina Alonso (Leonor), Joaquín Alvarez (Fernando), Francisco Alonso (Baltasar), Leonor Hernández (Inés) y Miguel Campos (Gaspar). El director fue Ignacio del Castillo.

    Durante varios años cantó en las radioemisoras de México, donde era presentado como “el gran barítono mexicano”. Volvió al Bellas Artes la temporada 1938/1939 para cantar, en 1938, como ‘Amonasro’ en Aida y en 1939 como ‘Barnaba’ en La Gioconda.

    En la temporada siguiente, 1939/40, repitió como ‘Amonasro’ en Aida y cantó como el ‘Conde de Luna’ en El trovador y ‘Scarpia’ en Tosca. Se casó en 1940 con la joven mexicana María de los Angeles Padilla Brondo. De este matrimonio nacieron dos hijos, Rosita Elvira y Ramón.

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    En 1943 fue contratado para actuar y cantar en una película, Fantasía ranchera, junto a otros artistas líricos mexicanos como Josefina Aguilar, Paco Zárate y Pedro Vargas, y un actor muy joven, Ricardo Montalbán, que luego triunfaría en Hollywood.

    Con Herva Nelly
    Hasta 1944 continuó cantando como barítono en México, añadiendo a los roles ya conocidos, el titular en Rigoletto, ‘Tonio’ en Payasos y ‘Germont’ en La traviata.

    Cinco meses después de su última función como barítono en La favorita el 23 de Enero de 1944 hizo su debut como tenor, el 19 de Junio de 1944, como el protagonista de Otelo junto a Stella Roman (Desdémona) y, compartiendo el rol de ‘Yago’, los barítonos Frank Valentino y el chileno Carlo Morelli.

    Al año siguiente agregó en México los roles de ‘Sansón’, ‘Cavaradossi’, ‘Don José’ y ‘Des Grieux’ (Manon Lescaut) y obtuvo su primer contrato fuera de México. El 30 de septiembre de 1945 debutó en Nueva York como ‘José’ en Carmen, un rol que cantó varias veces durante los meses de octubre y noviembre. Su debut en el Metropolitan de Nueva York tuvo lugar el 22 de Febrero de 1946, en Carmen.

    Vinay, Don José
    El rol de ‘José’ se convirtió en su “caballito de batalla” en esta etapa de su carrera. Lo cantó en las más importantes ciudades de los Estados Unidos, incluyendo una función cantada en inglés en Hollywood dirigida por Leopoldo Stokowsky.

    Durante los meses de julio y agosto estuvo en México cantando en el Bellas Artes, Aida, Carmen y Otelo. También tuvo tiempo para participar en su segunda película, Sinfonía de una vida, en la que también actuaban el tenor Luis G. Roldán y el compositor Miguel Lerdo de Tejada.

    VinayVina, Otello

    Después de algunas funciones en el Metropolitan (Aida, Carmen y Otelo) viajó a Italia, debutando el 3 de septiembre de 1947 en el Teatro de la Pérgola, de Florencia, con Otelo junto a Onelia Fineschi y Tito Gobbi.

    Esta ópera y también Payasos las cantó además en Génova, Turín y Bolonia. A su regreso a los Estados Unidos, lo llamó Arturo Toscanini para cantar Otelo en las transmisiones radiofónicas que se hacían desde el estudio 8 de la N.B.C. en Nueva York. Los primeros dos actos se transmitieron el 6 de diciembre y los dos siguientes el 13 de diciembre.

    Cincuenta y ocho años han pasado y aún se le considera el ‘Otelo’ inigualable y de referencia.

    Desde Nueva York volvió a Milán, esta vez para inaugurar la temporada lírica en La Scala, el 26 de diciembre de 1947, siempre como ‘Otelo’ acompañado por Maria Caniglia y Gino Bechi y dirigido por Victor de Sabata.

    El año 1948 encontró a Vinay de regreso en América para cantar varios conciertos en Colorado y luego funciones de Payasos y Aida en el Metropolitan. También agregó a su repertorio el rol de ‘Julián’ en Louise de Charpentier, que cantó en Boston.

    Poco después, otro gran éxito en la Arena de Verona donde cantó Otelo con Renata Tebaldi y Carmen con Elena Nicolai. Regresó a su patria, para presentarse por vez primera como cantante, en septiembre de 1948. En el Teatro Municipal de Santiago se le escuchó en Otelo y en Aida con María Caniglia, y en Carmen con Fedora Barbieri.

    El 29 de Noviembre de 1948 le correspondió el honor de inaugurar la temporada del Metropolitan con Otelo. Esta función fue transmitida por televisión para Nueva York, siendo la primera vez que una ópera se emitía directamente desde el escenario del teatro.

    En 1949 siguió cantando su repertorio acostumbrado en Nueva York, Nápoles (San Carlo), Milán (Scala) y realizó una extensa gira estadounidense, “de costa a costa”, con el elenco del Metropolitan. A fines de ese año incluyó en su repertorio Sansón y Dalila (que ya había cantado en los comienzos de su carrera como tenor, en 1945 en México y en 1947 en Cincinnati), obra que cantó en el Metropolitan, en La Scala y en las Termas de Caracalla, en Roma.

    En 1950 hizo su debut en el Covent Garden de Londres, cantando Otelo con Tebaldi y Bechi, en la gira que la compañía de La Scala realizó a Inglaterra.

    Con Birgit Nilsson

    En octubre del mismo año cantó su primer rol wagneriano, ‘Tristán’ en San Francisco con la renombrada Kirsten Flagstad, como ‘Isolda’. En 1951 cantó en La Scala el rol de ‘Griscka’ en la versión en italiano de La leyenda de la ciudad invisible de Kitesch, de Rimsky Korsakov.

    El resto de ese año cantó sus habituales caballos de batalla (Otelo, Carmen y Payasos) en diversas ciudades de Estados Unidos y también en Salzburgo, Santiago y Lima.

    Malaniuk, Wieland Wagner, Möld, Vinay

    En 1952 cantó por vez primera en Bayreuth, Tristán e Isolda dirigido por Karajan. Durante seis temporadas cantó allí y en 1956 Wieland Wagner lo nombró Caballero de la Orden Wagneriana.

    También en 1952 cantó por primera vez el rol protagonista de Lohengrin, en Indianápolis. Hasta donde hemos podido averiguar este papel sólo lo cantó en un par de oportunidades. La otra fue en Pittsburgh en 1954 y luego lo abandonó para siempre. En 1952 cantó nuevamente Otelo en Salzburgo y volvió a Chile donde se le escuchó como ‘José’, ‘Otelo’ y ‘Sansón’.

    Vinay, 1954

    En 1953 cantó por primera vez en el Teatro de la Ópera de Roma, luego en Palermo, Lisboa, Amsterdam, Bayreuth (Parsifal, Las valkirias y Tristán), Río de Janeiro y Londres (Las valkirias).

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    ‘Niun mi tema’, por Renato Zanelli, Ramón Vinay

    Miércoles, Febrero 4th, 2009

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    Renato ZanelliTu? Indietro! fuggi!… Ora e per sempre addio (recitativo y aria de Otello del Segundo Acto, Escena V)/ y Niun mi tema, escena final de Otello, Verdi. 1929.


    Escena final (Niun mi tema, muerte de Otello): Ramón Vinay. 1951.

    Tant’osi?…
    Niun mi tema
    s’anco armato mi vede.
    Ecco la fine del mio cammin…
    Oh! Gloria! Otello fu

    E tu.. come sei pallida!
    e stanca, e muta, e bella,
    pia creatura nata sotto maligna stella.
    Fredda come la casta tua vita…
    e in cielo assorta.
    Desdemona! Desdemona!…
    Ah… morta! morta! morta!…

    Ho un’arma ancor!

    Pria d’ucciderti… sposa… ti baciai.
    Or morendo… nell’ombra….
    in cui mi giacio…
    Un bacio… un bacio ancora…
    ah!… un altro bacio

    ♣ ♣ ♣

    Rescatamos del fondo del mar un comentario de Nicolás Camilo:
    Renato ZanelliRenato Zanelli nace en el puerto de Valparaíso, Chile; su maestro de canto, luego de cantar en Chile y Uruguay y Brasil, lo lleva a Estados Unidos. En NY le presenta al bajo Andrés de Segurola, quien le organiza una gira en la que recorre diversos escenarios cantando en la cuerda de barítono, rápidamente triunfa y consigue contrato en el Met y en la RCA.

    En el Met, Zanelli triunfa en roles protagónicos en un teatro que en su elenco tiene figuras de la talla de “De Luca”, su voz es admirada por su timbre, elegancia y versatilidad. Todo esto ocurre a comienzos de los años veinte. Varias temporadas en el Met con gran éxito y vienen las desavenencias.

    Zanelli emigra a Italia donde aparece como tenor. El éxito lo acompaña de inmediato y luego de una gira que lo lleva al Covent Garden, los contratos se multiplican al triunfar en el rol de Otello de Verdi.

    Canta en los principales teatros europeos y regresa a Italia, para cuando canta en la Scala en 1928, ya era llamado el sucesor de Tamagno. Participa en el estreno de algunas óperas y graba algunas piezas.

    De Otello pasa a Wagner y el éxito lo acompaña siempre, está en la cúspide. Retorna a Santiago a la temporada lírica del Municipal de 1933. En Santiago canta su último Otello, viene del Colón, entre Chile y Argentina canta cerca de diez títulos… pero ya está enfermo, son sus riñones.

    Viaja a cumplir contratos a Estados Unidos; cumple muy pocos, ya que le es diagnosticado cáncer renal y su salud se agrava. Regresa a Chile y luego de una operación, fallece en Santiago en enero de 1935 en la plenitud de su carrera a la edad de 42 años, a una semana de cumplir los 43.

    Ramón Vinay vino a remplazar el mito de Renato Zanelli con un mito muy similar y una carrera muy parecida. Ambos son los más grandes Otellos del siglo XX.

    Zanelli, al igual que Vinay y Morelli, cantó en los mejores teatros de su tiempo y con los mejores cantantes y directores de la época. Una trilogía de leyenda”.

    (Gracias, Nicolás Camilo)

    ‘O mio babbino caro’

    Lunes, Febrero 2nd, 2009

    A cappella: Jackie Evancho (ocho años).

    ‘Amarilli, mia bella’, por Georges Thill

    Domingo, Febrero 1st, 2009

    amarili

    El fan número uno (mientras no se demuestre lo contrario;-) de Georges Thill nos invita a escuchar esta versión de Amarilli…. De Thill, claro está.  “Creo que supera al mismísimo Beniamino Gigli, pese a que la grabó siendo ya bastante grande”, nos comenta.

    Thill: Amarilli, mia bella, canción de Giulio Caccini.

    Amarilli, mia bella,
    Non credi, o del mio cor dolce desio,
    D’esser tu l’amor mio?
    Credilo pur: e se timor t’assale,
    Dubitar non ti vale.
    Aprimi il petto e vedrai scritto in core:
    Amarilli, Amarilli, Amarilli
    è il mio amore.

    (Gracias, JCR)