Regalo mágico para Nicolás Camilo (segunda entrega). Tres grabaciones de Renato Zanelli. Tres regalos en uno… ¡¿?!
¿Cómo era aquello que dejó caer?…: “Sobornaré a los reyes con un Enguindao (de los que yo preparo), y con Humitas en hoja”.
Sin comentarios también;-)
Zanelli: Un dì’all azzurro spazio… (Improvviso), aria del rol titular del Primer Acto de Andrea Chénier, Giordano. 1929.
![]()
Si può?… Si può?…, I Pagliacci. 1919
![]()
Canción de Fermín María Álvarez (música), mañico él; y Eusebio Blasco y Soler (letra), que también. 1919.
Para jardines, Granada.
Para mujeres, Madrid.
Y para amores tus ojos,
cuando me miran a mí.
Y la guinda del pastel (¿o era cereza?;-): un artículo muy completo sobre la vida y carrera del barítono y tenor chileno Renato Zanelli, publicada en liricahispana.com
(Gracias, Juan:-)
Nacido en Valparaíso el 1 de abril de 1892.
Renato Zanelli Morales era su nombre completo y fueron sus padres Ottorino Zanelli y Margarita Morales. Su padre, Ottorino Zanelli Ferro, había nacido en Savona, Italia y llegó muy joven a Chile, alrededor de 1882. Le habían precedido sus hermanos Julio, Nicolás y Enrique, estableciéndose en el Norte del país, en la provincia de Tarapacá.
Allí formaron “Zanelli Hermanos” dedicados a la explotación del salitre, oficinas aduaneras, propiedades, etc. Ottorino fue un hombre de gran habilidad para los negocios y en poco tiempo amasó una considerable fortuna, convirtiéndose en el mayor accionista de una de las más importantes empresas salitreras de Chile. En 1885 se casó con Margarita Morales Espinosa.
Su madre, Margarita Morales, pertenecía a una distinguida familia de Santiago, era aficionada al arte y logró destacar en los círculos sociales como pianista de mérito y pintora de talento. No fue, pues, extraño que inculcara su amor al arte a sus siete hijos: Armando (1886) tocaba el violín, Amelia (1888) estudió piano, Raúl (1890) también aprendió el violín, Renato (1892), Luis (1894), Carlos (1897) y Florencio (1902) se dedicaron al canto.
En 1894, cuando Renato tenía dos años de edad, sus padres decidieron llevarlo a Europa junto a cuatro de sus hermanos por lo que su madre se estableció en Italia a fin de darle a sus hijos una educación de nivel europeo, propia de la posición social y económica que disfrutaban.
Cuando tuvo edad suficiente, estudió primero en la Escuela Comercial de Neufchatel (Suiza) y luego en Turín (Italia), destacándose como un buen estudiante y por su afición a los idiomas. Hablaba perfectamente, además del español, italiano, francés, inglés y alemán.
Volvió a Chile y en 1913, al cumplir los 21 años, se incorporó al ejército para hacer el Servicio Militar, y destinado a un regimiento de artillería en Santiago, conoció a Luisa Roldán Lütjen (1896-1981), hermana de un compañero de armas, con la que se casó en 1915.
Su primer hijo, al que llamaron Mario Ottorino, falleció prematuramente con un año de edad. La pareja tuvo más adelante dos hijas: Marta (1918) y María Amelia (1921).
Estudió canto con el maestro Angelo Querzé, quien “coloca” su voz en la cuerda de barítono. (Querzé había sido un importante tenor dramático, nacido en Bolonia. Llegó a Chile en 1894 y estrenó aquí el Otelo verdiano y La hebrea de Halévy. Posteriormente se radicó en Santiago y se dedicó a la enseñanza del canto).
Debutó el 21 de septiembre de 1916, en el Teatro Municipal de Santiago, como ‘Valentín’ en Fausto, de Gounod. Los artistas que lo acompañaron en su debut fueron: el célebre tenor chileno Pedro Navia (Fausto), la soprano Juanita Caracciolo (Margarita) y el bajo Giuseppe Quinzi-Tapergi (Mefistófeles). Dirigió la orquesta el marido de Juanita Caracciolo, maestro Giacomo Armani. Se repitió el día 27 y luego la cantó en Valparaíso, el 6 de octubre.
La crítica pronosticó: “Renato Zanelli demostró que tiene sobradas condiciones para figurar con brillo en el teatro lírico” (“El Mercurio” de Valparaíso).
Después de participar en algunos conciertos de beneficencia y funciones sociales de caridad, el año 1917 cantó en el Teatro Politeama de Montevideo, el 17 de julio, Payasos y el 19 del mismo mes, El trovador. Volvió a Santiago y el 29 de agosto de ese 1917 cantó el rol de ‘Tonio’ en Payasos en el Teatro Municipal, junto al tenor Juan Elías (Canio), la soprano Mercedes Llopart (Nedda), el barítono Manuel Martínez (Silvio) y el tenor Juan Gallofré (Beppe). Dirigió Jaime Sabater.
“…sorprendió al público por sus incontestables dotes vocales que le prometen un porvenir brillante” (“La Nación” 30 de agosto de 1917).
El 6 de septiembre cantó el rol del ‘Conde de Luna’ en El trovador junto a Juan Elías (Manrico), Ofelia Nieto (Leonor), Andreina Beinet (Azucena) y Luigi Rossato (Ferrando). Dirigió Alfredo Padovani.
Como no veía mucho futuro en su patria, siguió los consejos de su maestro Querzé y decidió tentar a la fortuna en los Estados Unidos. Llegó a Nueva York en octubre de 1918 y Querzé hizo que lo escuchara un colega y viejo amigo, el bajo valenciano Andrés Perelló de Segurola, que había cantado en Chile en 1897.
Después de oírlo, Segurola le prometió llevarlo ante el Director del Metropolitan, Giulio Gatti-Casazza, pero le aconsejó que antes se diera a conocer al público estadounidense para lo que le organizó una gira de conciertos por la costa este de los Estados Unidos que cumplió con singular éxito.
A su regreso a Nueva York sus amigos le habían conseguido la ansiada audición en el Metropolitan. Gustó de inmediato y le ofrecieron un contrato por cuatro años. Era el primer sudamericano que se contrataba en el Metropolitan y el barítono más joven de todos, con sólo 27 años de edad. Los otros barítonos del teatro eran Antonio Scotti, de 53 años, Pasquale Amato, de 45 y Giuseppe De Luca de 43.
Antes de debutar en el teatro aceptó un contrato para grabar veinte discos con la compañía “Victor”, con la que entre los meses de septiembre y octubre grabó los nueve primeros aunque su publicación se postergó esperando el resultado de su debut en el teatro.
Nuestro personaje debutó en el Metropolitan de Nueva York el 19 de noviembre de 1919 como ‘Amonasro’ en Aida. Con un reparto realmente espectacular: la soprano Claudia Muzio fue ‘Aida’, la mezzo Gabriella Besanzoni fue ‘Amneris, el tenor Giovanni Martinelli hizo de ‘Radamés’ y la dirección de la orquesta estuvo en la batuta de Roberto Moranzoni.
La recepción del público fue cordial, pero la crítica no tanto: “Zanelli tiene una buena ‘voz de salón’ pero por completo inadecuada a los roles de peso programados”.
Durante el resto del año cantó varios conciertos en el teatro neoyorquino, y el 23 de enero de 1920 tuvo la oportunidad de cantar el ‘Tonio’ en Payasos junto a Enrico Caruso, que hacía el ‘Canio’ y Claudia Muzio, que era ‘Nedda’.
El 26 de enero cantó como ‘Don Carlos’ en La fuerza del destino nuevamente con Caruso, que esta vez hacía de ‘Don Álvaro’, y por primera vez con Rosa Ponselle, que fue ‘Leonor’, Gabriella Besanzoni que hizo de ‘Preciosilla’ y José Mardones, que dio vida al ‘Padre Guardián’.
El 3 de marzo de 1920 agregó a su repertorio un rol que generalmente interpretan los bajos: el ‘Rey Dodon’ en El gallo de oro de Rimsky-Korsakov. La atracción, sin duda, fue María Barrientos, en un reparto en el que estaban Marie Sundelius y Paolo Ananian y dirigía Giuseppe Bamboscheck.
En abril y mayo cantó algunos conciertos en La Habana y luego realizó una gira por Canadá. Volvió a Estados Unidos donde el 22 de mayo, cantó en Ann Arbor (Michigan) La condenación de Fausto, de Berlioz, junto al tenor canadiense Edward Johnson.
En los meses de verano de 1920, participó en varias funciones de ópera al aire libre en la Ravinia Park de Chicago, donde cantó Carmen, Payasos, El trovador y Aida, y luego realizó una nueva gira de conciertos por diversas ciudades estadounidenses. Los meses siguientes, de septiembre de 1920 hasta febrero de 1921, estuvieron dedicados a numerosas giras de conciertos a lo ancho y largo de los Estados Unidos, llegando hasta el lejano Oeste.
Durante la temporada del Metropolitan 1920-1921 no le dieron muchas oportunidades al joven barítono. Cantó solamente cuatro veces y el artista culpaba de ello a la abierta oposición que le presentaban los otros barítonos establecidos en el teatro, además de los recientemente incorporados Giuseppe Danise y Titta Ruffo.
El 13 de septiembre de 1921 realizó su sesión de grabación n° 15, que fue la final en los estudios “Victor” de Nueva York, en la que grabó la romanza “Tu non mi vuoi più ben” original del barítono Antonio Pini-Corsi. Esta grabación ha permanecido inédita hasta nuestros días. Con ella expiró su contrato, que no le renovaron.
El 24 de febrero de 1922 lo llamó con urgencia Gatti-Casazza para reemplazar al indispuesto Giuseppe Danise en una función de Payasos siendo sus compañeros en esta ocasión la soprano valenciana Lucrezia Bori (Nedda), el tenor costarricense Manuel Salazar (Canio) y el barítono Vincenzo Reschiglian (Silvio), dirigiendo Roberto Moranzoni.
Al día siguiente, 25 de febrero, volvió a reemplazar a Danise, en el rol de ‘Valentín’ en Fausto junto a Geraldine Farrar (Margarita), Giovanni Martinelli (Fausto) y León Rothier (Mefistófeles).
El 9 de marzo cantó Aida con Claudia Muzio, Julia Claussen, Manuel Salazar y José Mardones. Estas tres funciones fueron las únicas que cantó en el teatro neoyorquino en la temporada 1921/22. En mayo de 1922 lo contrató la “Scotti Grand Opera Company” cantando con ella en varias ciudades de los Estados Unidos.
Terminados estos compromisos y añorando a su familia, se embarcó de regreso a Chile. En Valparaíso dio un concierto el 14 de julio, en el Teatro Victoria, el que luego repitió en Santiago el 17 de julio, en el Teatro Municipal. El éxito hizo que lo llamaran para realizar tres conciertos más en Santiago y otro en Valparaíso.
“Su voz, dulce y potente hace del “Prólogo” de Payasos una interpretación que pudiéramos decir difiere de cuantas hayamos oído…” (“La Nación”, 22 julio).
“Su hermosa voz de timbre pastoso, su vocalización llena y armoniosa, dieron a las hermosas frases de este trozo, toda su amplitud y belleza. Pocas veces habíamos escuchado en nuestro Teatro Municipal un mayor entusiasmo que el que produjo esta interpretación…” (“El Mercurio”, 22 julio).
“El artista se hizo acreedor a frenéticas ovaciones. Podemos decir que estaba en la plenitud de sus fuerzas, mostrando que su registro, tanto en las partes altas como en los bajos no hacían notar transiciones, respecto de lo metálico y sonoro de su voz que maneja con una escuela en la que llama especialmente la atención el dominio absoluto de la respiración y las medias voces que son de una delicadeza que dejan de manifiesto su temperamento privilegiado… ” (“La Nación”).
Acompañado de toda su familia regresó a Nueva York donde durante los meses de diciembre de 1922 y abril de 1923 cantó en el Metropolitan El trovador, Payasos y Aida. La función de Aida del 21 de abril de 1923 fue la última vez que cantó en dicho teatro.
Después de dar algunos conciertos volvió a Chile. En Valparaíso cantó una función de Payasos en el Teatro Victoria y luego partió para una corta gira de conciertos por Uruguay y Argentina.
Sus dos recitales en el Teatro Albéniz de Montevideo los días 4 y 5 de agosto fueron apoteósicos. El 10 de agosto lo invitó el Teatro Colón de Buenos Aires para participar en una velada en memoria del recientemente fallecido Presidente de los Estados Unidos Warren G. Harding. Allí cantó la canción preferida del difunto mandatario: “Crucifix” de Fauré. Al término de la misma recibió las felicitaciones del Presidente de Argentina, Sr. Alvear, Ministros de Estado y miembros de la Embajada Estadounidense.
De regreso en su patria, se dedicó a dar varios conciertos en Valparaíso, Temuco, Valdivia y Osorno, y de regreso en Santiago, en el Teatro de la Comedia, el 14 de septiembre.
La empresa que dirigía ese año la temporada lírica en el Teatro Municipal lo invitó para actuar en una función extraordinaria de Rigoletto, el 23 de septiembre de 1923, junto a Elena Gagliasso (Gilda), Salvatore Salvati (Duque), Magdalena Bertola (Magdalena) y Luigi Ferroni (Sparafucile), dirigiendo Giulio Falconi.
Luego cantó en el Teatro Victoria de Valparaíso el 26 de septiembre Aida con Bianca Scacciati (Aida), Elvira Casazza (Amneris), Nino Piccaluga (Radamés) y Luigi Ferroni (Ramfis), dirigiendo Falconi.
El 27 de septiembre cantó Rigoletto con el mismo reparto de Santiago. Esta función de Rigoletto fue la última que realizó en su vida, como barítono, en una ópera completa.
Luego regresó a los Estados Unidos para cumplir con unos compromisos de conciertos. Su último recital fue al aire libre, en el Central Park de Nueva York, el 28 de octubre de 1923 y consistió en arias y dúos de Otelo con el gran tenor portorriqueño Antonio Paoli.
Curiosas coincidencias en la vida de Zanelli: Como ya hemos dicho, su maestro de canto fue el tenor Angelo Querzé, que había estrenado Otelo en Chile, y la última vez que cantó como barítono, lo hizo cantando en ese concierto arias de ‘Iago’ en Otelo, la ópera que le entregaría los más grandes éxitos de su carrera y le aseguraría la inmortalidad como tenor en los anales del canto lírico.
Renato Zanelli permaneció en el Met durante cuatro temporadas cantando únicamente seis roles. Entre 1919 y 1923 se presentó 31 veces en dicho escenario, de las cuales 17 fueron funciones de óperas y el resto 2 galas y 12 conciertos. Con justa razón se sentía frustrado y decidió buscar otros horizontes.
Desde hacía algún tiempo germinaba en su cabeza una idea: la de transformarse en tenor. El maestro Arturo Toscanini le había manifestado algún tiempo atrás su convicción de que su voz era de tenor, “demasiado clara para barítono” y le había recomendado viajar a Italia para estudiar en la nueva cuerda.
En Milán, los maestros Dante Lari y Tanara coincidieron con la opinión de Toscanini y le aconsejaron cambiar su registro. Es así, como al poco tiempo, se produce su debut como tenor en el Teatro Politeama Giacosa de Nápoles, el 28 de octubre de 1924, como ‘Alfredo’ en La traviata, obra que cantó varias veces durante los meses de octubre y noviembre y de las que desconocemos los repartos.
En el mismo teatro y reemplazando a Antonio Melandri, cantó su segundo rol de tenor, el de ‘Raúl’ en Los hugonotes, el día 28 de noviembre, con las sopranos Montecucchi (Valentina) y Abbrescia (Margarita) y la mezzo Assenato como ‘Urbano’. En diciembre de 1924 repitió con éxito como ‘Alfredo’ en el Teatro Comunale de Trieste, con Anna Sassone-Soster (Violeta) y Celestino Sarobe (Germont), dirigiendo Gino Neri.
Por entonces conoció al empresario Amedeo Indelicato quien se convirtió en su representante, que también fuera de Miguel Fleta. Este le consiguió varios contratos para cantar durante 1925 en diversas ciudades italianas.
En Bari cantó en febrero y marzo, siete funciones de La fanciulla del west con la soprano Maria Roggero y el barítono Corrado Tavanti, dirigiendo el chileno Alfredo Padovani. En marzo cantó en Ginebra El trovador y en Terni, Tosca.
El 3 de noviembre de 1925 cantó el primer ‘Otelo’ de su vida en el Politeama Chiarella de Turín, en un total de 12 funciones, con la soprano Gemma Bosini y el barítono Mariano Stabile, dirigiendo Federico del Cupolo.
En el Regio de Parma, cantó Norma, desde el 26 de diciembre hasta el 12 de enero, con Vera Amerighi-Rutile (Norma), Irene Minghini-Cattaneo (Adalgisa), Umberto Di Lelio (Oroveso) y la dirección de Pasquale la Rotella.
El 16 de enero de 1926 cantó nuevamente 6 representaciones de Otelo, ahora en el Teatro Verdi de Florencia, con Maria Polla-Puecher (Desdémona) y Pasquale Amato (Iago), bajo la dirección de Arturo Lucon.
En junio de 1926 se embarcó rumbo a Sudamérica formando parte de una compañía lírica contratada para el Teatro Colón de Buenos Aires y el Teatro Lyrico de Rio de Janeiro. Sus colegas, en la cuerda de tenor, eran Aureliano Pertile, Giacomo Lauri-Volpi y Roberto D’Alessio.
Su debut en el Colón fue el 11 de julio de 1926 como ‘Manrico’ en El trovador junto a Giannina Arangi-Lombardi (Leonor), Karin Branzell (Azucena), Benvenuto Franci (De Luna) y Tancredi Pasero (Ferrando) y dirigió Gabriele Santini. 
“En El trovador se presentó un artista nuevo: el tenor chileno Renato Zanelli, logrando salir airoso, y con éxito, en una difícil prueba, efectivamente, Zanelli posee voz de tenor, de hermoso color dramático y volumen suficiente, como pudo evidenciarlo ayer… (Crítica, 12 de julio). Después de “la pira” debió salir a escena cinco veces “entre demostraciones colosales de entusiasmo”.
La segunda presentación del tenor en el Colón fue el 14 de julio, en una función homenaje a la República Francesa en su Día Nacional. Se representó El barbero de Sevilla con Titta Ruffo, Graziella Pareto y Roberto D’Alessio, dirigiendo Santini. Antes de comenzar la ópera, se presentó en el escenario cantando ‘La Marsellesa’ con voz vibrante y “ratificó la buena impresión producida en El trovador” (“La Prensa” 15 de julio).
Durante los meses de agosto y septiembre de 1926 cantó en el Teatro Lyrico de Rio de Janeiro, Payasos con Rosetta Pampanini, Benvenuto Franci y Gino Vanelli, dirigiendo Santini; y Nerone, de Arrigo Boito, con Giannina Arangi-Lombardi, Luisa Bertana, Benvenuto Franci y Ezio Pinza, bajo la dirección de Marinuzzi, alternándose con Aureliano Pertile.
De regreso en Italia, cantó en octubre y noviembre en el Teatro Dal Verme de Milán su primera ópera de Wagner, Lohengrin, en italiano, y luego el rol de ‘Fausto’ en Mefistófeles.
Comenzó 1927 con una gira a Egipto, durante los meses de enero y febrero, cantando en El Cairo y Alejandría las óperas Otelo, Aida, La africana y Mefistófeles.
De regreso en Europa, triunfó en Montecarlo en el mes de marzo, con Otelo y Tosca y luego repitió Otelo, durante los meses de abril y mayo, en las ciudades de Fiume, Niza y Ancona.

El director de orquesta Leopoldo Mugnone fue el factor decisivo que intervino en este momento su carrera. Mugnone le había escuchado cantar el Otelo en 1925 y, habiendo dirigido en el pasado a Francesco Tamagno y Giovanni Zenatello, le ofreció prepararlo para el papel del Moro, cosa que Zanelli aceptó y canceló todos sus contratos. Fueron tres meses de intenso estudio y dedicación absoluta.
A fines de octubre, Mugnone pensó que ya estaba preparado y le consiguió su presentación como ‘Otelo’ en el Vittorio Emanuele de Turín, el 17 de noviembre de 1927 papel del que cantaría cinco funciones. Su popularidad creció día a día y lo llamaron para cantar este personaje el 30 de diciembre en Módena, el 21 de enero en Piacenza, el 10 de febrero en Mantua, el 11 de marzo en Nápoles y nuevamente en Piacenza el 20 de mayo.
Aclamado por la crítica como el legítimo sucesor de Tamagno y Zenatello, lo contratan para el Covent Garden de Londres, debutando con Otelo el 11 de junio de 1928 junto a Miriam Licette (Desdémona), Giovanni Inghilleri (Iago), Olga de Franco (Emilia), Salvatore Baccaloni (Ludovico) y la dirección de Vincenzo Bellezza.
En su edición del 12 de junio, “The Times” comentaba: “El evento principal de la noche fue la primera presentación del Signor Renato Zanelli cuyo canto en el famoso pasaje que culmina con ‘Della gloria d’Otello è questo il fin” provocó una estruendosa ovación de la galería. Dejando de lado el éxito vocal que logró en todos aquellos momentos en que un tenor tiene oportunidad para destacarse, Zanelli logró crear una poderosa impresión mediante un tratamiento dramático consistente de su rol. Le tomó un poco de tiempo acostumbrarse al medio pero a partir del acto segundo su canto estuvo de acuerdo a su actuación”.
Por su parte, el crítico Ernest Newmann escribía en “The Sunday Times”: “un instinto auténtico para el canto, un sentimiento para la curva de la frase musical y el ritmo y acento naturales de las frases”
El 18 de junio, grabó sus primeros discos como tenor en los estudios de “La Voz de su Amo” en Londres, siendo dirigido por John Barbirolli. El triunfador regresó a su patria y debutó como ‘Lohengrin’ en el Teatro Municipal de Santiago, el 19 de agosto de 1928, junto a Inés Alfani-Tellini (Elsa), Elvira Casazza (Ortruda), Gaetano Viviani (Telramundo) y Gaudio Mansueto (Rey), dirigiendo Ferruccio Calusio.
Repitió la ópera los días 23 y 28 de agosto. “Hizo el rol del caballero Lohengrin el tenor chileno Renato Zanelli. Desde las primeras notas llama la atención el timbre grave de su voz que encuadra al personaje legendario que interpretaba. El señor Zanelli es el tipo perfecto del tenor ‘wagneriano’: voz potente y de hermoso timbre, y con un completo dominio del registro grave y medio” (“Zigzag” del 25 de agosto).
Luego cantó ‘Canio’ en Payasos con Lila Cerda reemplazando a una indispuesta Alfani-Tellini (Nedda), Gaetano Viviani (Tonio), Romano Rasponi (Silvio) y la dirección de Giulio Falconi los días 22 de agosto y 1° de septiembre. Siguió su ‘José’ en Carmen los días 2 y 19 de septiembre con Florica Cristoforeanu (Carmen), Alfani-Tellini (vacilante Micaela) y Gaetano Viviani (soberbio Escamillo), con Falconi en el podio. “Zanelli tuvo los honores del bis en la difícil romanza ‘Il fior’…”.
El 15 de septiembre de 1928 tuvo lugar el estreno absoluto para Chile de Tristán e Isolda, de Wagner, cantada en italiano. Los protagonistas fueron Zanelli y la Cristoforeanu, admirablemente secundados por Elvira Casazza (Bragania), Gaetano Viviani (Kurwenal), Gaudio Mansueto (Marke) y el maestro Calusio.
Se repitió la obra los días 17 y 23 de septiembre. “Renato Zanelli, que es el genuino tenor wagneriano, de cálido timbre baritonal, interpretó el rol de ‘Tristán’ con marcada comprensión artística. En la escena del filtro supo dar a su rol toda la grandiosidad del héroe. Precisó las frases musicales de la obra sugiriendo con emotividad las impresiones intensas del drama musical de Wagner. En el tercer acto, Zanelli impresionó. El sentimiento, unido a su científica escuela de bel canto, produjo en el público admiración, recibiendo grandes aplausos” (“La Nación” 24 septiembre).
El 21 de septiembre de 1928 se produce el esperado debut de Zanelli como ‘Otelo’ en el Municipal capitalino. Es un reparto excepcional: Giuseppina Cobelli (Desdémona), Titta Ruffo (Iago), Tamara Beltacchi (Emilia), Adolfo Pacini (Ludovico) y la dirección de Giulio Falconi.
“Nuestro compatriota Zanelli hace una verdadera creación de su papel de Otelo, dándole al débil y enamorado personaje, todo su aspecto atormentado y sufrido. Sin duda, que los éxitos alcanzados por Zanelli en esta obra en algunos de los principales teatros del mundo, se justifican plenamente. Su actuación dramática, aunque de vez en cuando se resiente de una voluntad un poco clara de conquistar fáciles aplausos, es emocionante. Su desempeño como cantante es parejo y atrayente, y tiene momentos sobresalientes que no pueden dejar indiferente al público que se siente arrebatado. En esta obra Zanelli se clasifica como gran cantante y gran actor” (Crítica de Wolfgang en “El Mercurio”).
“Con razón la crítica europea lo ha consagrado como uno de los más eminentes cantantes de la hora actual. Su posesión dramática es soberbia. El numeroso público que asistió anoche al estreno de la obra verdiana, tributó al célebre artista los aplausos más nutridos y espontáneos. La impresión que nos deja Renato Zanelli de su labor artística es profunda e inolvidable. Es un artista estupendo”. (Javier Rengifo en “La Nación” 22 septiembre).
Repite el ‘Otelo’ el día 25, con Gaetano Viviani reemplazando a Titta Ruffo. Y el 27 de septiembre se presenta en el Teatro Victoria de Valparaíso con la misma obra y con un éxito rotundo. La Compañía Lírica se dirigió luego a Buenos Aires para participar en la Temporada de Primavera del Teatro Colón. Aquí su primera presentación, el 14 de octubre de 1928, fue en una gala en honor de los embajadores extranjeros asistentes a la transmisión del mando al nuevo Presidente Hipólito Irigoyen. Participó en la escena segunda, del segundo acto de Aida con Zoraida Corucci, Elvira Casazza, Gaetano Viviani, Giorgio Lanskoy y Juan Cairo, bajo la dirección de Gregorio Fitelberg.
El 23 de octubre cantó Otelo con la Alfani-Tellini y Titta Ruffo, dirigiendo Arturo de Angelis. “El joven tenor chileno Renato Zanelli soportó con gallardía la abrumadora parte del protagonista; posee una dicción clara y expresiva, una voz potente y de bella calidad, y es un actor trágico convincente; su encarnación del papel de ‘Otelo’ satisfizo al público que premió su inteligente labor con aplausos calurosos, sobre todo después del segundo y último actos, donde tuvo arranques impresionantes… ” (“La Prensa” 24 de octubre).
El 25 de octubre cantó ‘Canio’ en Payasos con Alfani-Tellini, Viviani y Luigi Tomasetto. Dirigió Achille Lietti. Su última presentación en el Colón fue el día 28, nuevamente en Otelo pero con Viviani reemplazando a Ruffo.
De regreso a Italia, no paró de cantar Otelo. El 26 de noviembre en el Politeama Rossetti de Trieste, el 4 de diciembre en el Comunale de Bolonia, el 17 enero 1929 en el Verdi de Padua y el 26 de enero en La Fenice de Venecia.
Luego siguió su debut en el Teatro Reale dell’Opera de Roma con el rol protagónico en Tristán e Isolda el 26 de febrero. Junto a él cantaron Lily Hafgren (Isolda), Fanny Anitúa (Brangania), Gaetano Viviani (Kurwenal) y Giacomo Vaghi (Marke), dirigiendo Gino Marinuzzi.
“Tristán fue el tenor Renato Zanelli, que tiene una voz robusta y extensa, un ímpetu y una claridad de acento tan notables, que al oírlo no se pierde una palabra ni una sílaba” (Barilli en “Il Tevere” de 27 de febrero).
El 29 de marzo de 1929 inauguró la temporada de ópera en el Coliseo dos Recreios de Lisboa, con Otelo y luego cantó Carmen el 4 de abril. El 25 de abril estaba de vuelta en Roma para cantar Aida con Claudia Muzio, Ebe Stignani, Giacomo Vaghi y su hermano Carlo Morelli como ‘Amonasro’. Director, Gino Marinuzzi.
Durante el mes de junio realizó varias sesiones de grabación en Milán para “La Voce del Padrone” con romanzas de Andrea Chénier y Otelo, y cantó Otelo una vez más en el Alighieri de Rávena el 4 de junio y en el Comunale de Bolonia el 3 de noviembre.
El 28 de diciembre de 1929 volvió al Teatro Real de Roma para cantar el rol de ‘Sigmundo’ en La valquiria de Wagner, en italiano, de la que se dieron seis funciones. El reparto lo formaban la soprano Lily Hafgren (Brunilda), Giuseppina Cobelli (Sieglinda), Angelica Cravcenco (Fricka), Nazareno de Angelis (Wotan). Dirigió Gino Marinuzzi.
“El tenor Renato Zanelli no ha cedido en ningún momento bajo el peso de su rol, tan peligroso por los saltos continuos del registro bajo al agudo” (Lunghi en “Il Giornale d’Italia” 30 diciembre 1929).
Intercaladas con las funciones de La valquiria cantó en Roma dos funciones de La fuerza del destino, la primera el 14 de enero de 1930 con Iva Pacetti (Leonor), Ebe Stignani (
Preciosilla), Gaetano Viviani (Carlos), Nazareno de Angelis (Guardián) y Emilio Ghirardini (Melitón). Dirigió Marinuzzi.
El 21 de enero, también en Roma, cantó la primera de tres funciones de Tristán e Isolda junto a Hafgren, Stignani, Viviani, Vaghi y Marinuzzi. El crítico Barilli elogió una vez más con entusiasmo la “voz robusta, extensa, bellísima” del protagonista (“Il Tevere” 22 enero 1930).
Cambió de escenario y se presentó en el Teatro Grande de Brescia con “Tristán” junto a la soprano Sara César, la mezzo Maria Valverde, el barítono Giuseppe Noto y el bajo Mattia Sa
ssanelli, dirigiendo Arturo Lucon las cuatro funciones a contar del 26 de febrero.
El compositor Ildebrando Pizzetti le otorgó el privilegio de estrenar su nueva ópera, Lo Straniero, el 29 de abril de 1930 en la ópera de Roma. El reparto fue el siguiente: Renato Zanelli (S
traniero), Maria Zamboni (Maria), Giacomo Vaghi (Re Hanoch), Duilio Baronti (Il Pietra), Carlo Tagliabue (Scedeur), Luigi Nardi (Falco), Pier Antonio Prodi (Vecchio), Nino Vaccari (Il Rosso), Amerigo Neri (Esaú), Leone Leonelli (Il Vecchione). Director: Gino Marinuzzi.
La ópera se dio tres veces solamente, los días 29 de abril, 1° y 3 de mayo de 1930. Lo contrató nuevamente el Covent
Garden de Londres para dos funciones de Otelo, el 6 y 16 de junio de 1930. En el reparto figuraron Iva Pacetti (Desdémona), Tamara Beltacchi (Emilia), Mariano Stabile (Iago), Fernando Autori (Ludovico) y dirigió Vincenzo Bellezza.
El público inglés, tradicionalmente flemático, olvidó en esta ocasión su tradicional compostura e interrumpió la función (algo pocas veces visto), para tributar una larga ovación a escena abierta al gran tenor, después del monólogo “Dio, mi potevi scagliar”. La prensa comentó: “una interpretación aún mejor que la de 1928, aunque la Pacetti como Desdémona fue un fracaso”.
En la segunda función, la irlandesa Margaret Sheridan reemplazó a la Pacetti y Nadia Kovaceva fue la nueva Emilia. Volvió a Italia donde realizó sus tres últimas grabaciones para “La Voz de su Amo” con arias de Payasos, Hugonotes y Stabat Mater de las cuales, las dos primeras permanecen inéditas. Del Stabat Mater se ha publicado, el año 2004, el “Cujus animam” en un compacto Pearl (Inglaterra), llamado ‘Unpublished Treasures’ (Tesoros Inéditos).
El 6 de septiembre de 1930 cantó la primera de 8 representaciones de Otelo en el Petruzzelli de Bari, con Lina Bruna Rasa y Enrico De Franceschi, para luego cantar diez funciones más en el Politeama Chiarella de Turín, a partir del 15 de noviembre, con Emma Lattuada y Vincenzo Guicciardi.
El 11 de diciembre de 1930 logró una de las grandes aspiraciones de todo artista, debutar en el Teatro alla Scala de Milán. La ópera fue Tristán e Isolda y cantó seis funciones con Giuseppina Cobelli, Ebe Stignani, Luigi Rossi-Morelli y la dirección de Víctor de Sabata.
Su interpretación fue unánimemente aclamada. En el mismo escenario milanés presento “Lo Straniero”, el 8 de enero de 1931 con el mismo reparto de Roma, excepto la soprano que fue en esta ocasión la joven Maria Caniglia. Se dieron cuatro funciones que dirigió el autor, Ildebrando Pizzetti.

A partir del 28 de marzo y durante todo el mes de abril cantó en el Teatro Massimo de Palermo, Tristán e Isolda. Sus colegas son Fidela Campiña (Isolda), Maria Capuana (Brangania), Augusto Beuf (Kurwenal), Albino Marone (Mark) y dirigió el argentino Franco Paolantonio.
El 5 de junio de 1931 cantó nuevamente en la Scala, en una versión concierto del “arazzo” de Adriano Lualdi, “La Rosa di Saron” junto a Maria Caniglia y la dirección de Sergio Failoni. El 17 de septiembre de 1931 cantó nuevamente Otelo en el Teatro Dal Verme, de Milán.
Podría haber sido una función más del centenar que cantó en su vida. Sin embargo, la ocasión era especial: la víspera de la Fiesta Nacional de Chile y el rol de Iago interpretado su hermano menor, Carlos (Carlo Morelli, su nombre artístico). Otro querido amigo ítalo-chileno dirige la orquesta, Alfredo Padovani y en la platea, conmovida, presencia este singular evento la madre de los dos cantantes, Margarita Morales.
La soprano fue Maria Polla-Puecer y se dieron tres funciones más los días 20, 22 y 24 de septiembre. Terminó el año y comenzó 1932 con cuatro funciones, que empezaron el 26 de diciembre, de Tristán e Isolda en el San Carlos de Nápoles, junto a Maria Llácer, Maria Capuana, Carlo Tagliabue, Vincenzo Bettoni y la dirección de Franco Capuana.
El 17 de enero de 1932 inició su última temporada en la Scala. La ópera es, una vez más, Tristán e Isolda, de la que se dan cinco funciones. El rol principal femenino lo comparten Giuseppina Cobelli y Maria Llácer. La argentina Luisa Bertana fue ‘Brangania’, Carlo Tagliabue fue ‘Kurwenaldo’ y Antonio Righetti el ‘Rey Mark’. Dirigió Víctor de Sabata. No podemos dejar de preguntarnos cómo es posible que el gran teatro milanés no haya invitado al tenor chileno para cantar su mundialmente aclamado Otelo en la Scala.
El 24 de febrero del mismo año, cantó su última temporada en el Teatro Real de Roma. Son cinco funciones de Tristán e Isolda en las que lo acompañaron Cobelli, Stignani, Tagliabue, Vaghi y Marinuzzi. El 25 de diciembre regresó al Teatro Regio de Parma y cantó tres funciones de La valquiria con Patrizia Toldi (Brunilda), Carmen Melis (Siglinda), Livia Sigalla (Fricka), Cesare Formichi (Wotan), Enrico Contini (Hunding) y la dirección de Werner Wolff.
Entró en conversaciones para presentarse en Berlín y Viena e incluso comenzó a estudiar Tristán e Isolda, Lohengrin y La valquiria en alemán, pero el proyecto no llegó a realizarse. En más de una ocasión se sentía cansado y sufría constantemente de los riñones. Comenzó un régimen alimenticio estricto, nada de sal en las comidas, los huevos sin yema y mucho descanso.
El Teatro Colón le ofreció la oportunidad de regresar a Sudamérica, para inaugurar la temporada 1933 en Buenos Aires. La obra escogida fue Debora e Jaele de Ildebrando Pizzetti, que no se representaba en ese teatro desde su estreno en 1923. La temporada se inauguró el 25 de mayo y hubo dos funciones más los días 28 de mayo y 3 de junio, en ellas cantó el rol del ‘Rey Sisera’. Luisa Bertana fue ‘Debora’, Gilda Dalla-Rizza (Jaele), Nena Juárez (Mara), Salvatore Baccaloni (el Kenita) y Giacomo Vaghi (el Ciego). Dirigió Gino Marinuzzi.
El crítico Ricardo Turró comentó la opinión así: “magnífica reposición de Marinuzzi, con el ya vacilante Renato Zanelli”. El 6 de junio se presentó en el Colón como ‘Pollione’, en una solitaria representación de Norma en la que un letrero, a la entrada del teatro, informaba al público que Zanelli cantaría enfermo. Los otros cantantes fueron Claudia Muzio (Norma), Luisa Bertana (Adalgisa) y Giacomo Vaghi (Oroveso), dirigidos por Marinuzzi.
Los críticos de la época que preferían la verdad al eufemismo, fustigaron este espectáculo y sólo dejaron a salvo las actuaciones individuales de Vaghi y Marinuzzi. Regresó a Chile para descansar. Sin embargo, decidió prestar su participación a una corta temporada lírica con cantantes nacionales. Todas las funciones fueron dirigidas por el maestro italiano, radicado en Chile, Romeo Borzelli. Su primera presentación fue en Andrea Chénier, el 6 de agosto, con Pina Gatti y Alberto López.
Se dijo: “Su voz en el registro alto tiene demostraciones de opacidad”. Siguió Tosca, el 10 de agosto, con Pina Gatti y Alberto López: “el tenor Zanelli cantó su parte en constante lucha con ciertas dificultades físicas, que ya traicioneramente le presenta su garganta”.
La tercera ópera fue El trovador, el 13 de agosto, con Gati, López y la mezzo Ema Orozco: “el tenor Zanelli cantó en esta oportunidad el papel central con suma distinción y finura de recursos vocales, mereciendo en “la pira” -transportada medio tono más bajo- el premio de una repetición que el público exigió con calurosas ovaciones”.
Su cuarta fue Payasos el 17 de agosto, con Gina Salvi, Alberto López e Idilio Valdivieso: “su garganta ha ido mejorando en cada nueva presentación hasta imponerse en forma convincente en la partitura de Leoncavallo. El “arioso” debió cantarlo dos veces para satisfacer los insistentes pedidos de una concurrencia que lo aplaudía con inusitado entusiasmo; porque, en realidad, el artista parece que ha recuperado gran parte de sus condiciones vocales logrando nuevamente la admiración que en los mejores tiempos de su carrera artística le dispensó el público santiaguino”.
El 27 de agosto cantó Mefistófeles. El rol protagónico fue magistralmente cantado por el veterano Gaudio Mansueto, radicado en Chile y un especialista de la parte. Pina Gatti y Ana R. de Vergara fueron ‘Margarita’ y ‘Elena’. “Zanelli se destacó en forma irreprochable en la romanza del último acto, que debió repetir para complacer a la concurrencia que lo aclamaba con insistentes ovaciones”.
Su sexta presentación fue Aida, el 3 de septiembre, con Pina Gatti, Ema Orozco y Alberto López: “Renato Zanelli en la romanza del primer acto, sostuvo cuidadosamente, en el tramo más alto de su registro, de tenor abaritonado, un auténtico gallo de Etiopía, pero su presencia, por suerte, no alteró en nada la pasividad del gallinero” (A.A. en “La Nación”).
El 6 de septiembre de 1933 participó en un “Concierto Sinfónico” en el Teatro Municipal, en honor al maestro Armando Carvajal, creador y director artístico de la Orquesta Sinfónica de Chile, con motivo de cumplirse su 150° concierto. El tenor cantó ‘Da voi lontan” de Lohengrin y el ‘Preislied” de Los maestros cantores en la primera audición en Chile y cantada en alemán. El siempre irónico crítico de “La Nación” (A.A.) comentaba: “El tenor que cantó los trozos de Lohengrin y de Los maestros cantores desgraciadamente, no es el mismo que nosotros conocimos años atrás, animando el papel de ‘Tristán’”.
Después de algunas postergaciones “por razones de salud” el tenor se presentó el 25 de septiembre en un recital en el Teatro Victoria de Valparaíso. Lo acompañó al piano el maestro Francesco Piccioni y el cantante se prodigó durante dos horas en un programa en que alternó las más difíciles romanzas de ópera con canciones ligeras de autores franceses, italianos y británicos.
“Tanto se había dicho que Renato Zanelli había dejado de ser el ‘divo’ de que hablaban con frecuencia las crónicas europeas, que el público porteño que en otra oportunidad habría llenado el Victoria para escuchar al célebre cantante, se mostró un tanto retraído esta vez para concurrir al recital anunciado. Felizmente para el arte nacional, no fue poca sorpresa para los asistentes constatar que Zanelli se encontraba en la plenitud de sus facultades, con el agregado ahora muy importante, que ha pasado a ser un verdadero maestro del bel canto” (G.P.B. en “El Mercurio” de Valparaíso).
En el Teatro Municipal de Santiago, los días 12 y 15 de octubre de 1933 cantó los últimos Otelos de su vida. Sus compañeros, todos chilenos, fueron: Blanca Hauser (Desdémona), Zunilda Carrasco (Emilia), Alberto López (Iago), Oscar Dahm (Lodovico). Dirigió la orquesta el maestro Francesco Piccioni.
“Renato Zanelli estuvo como en sus mejores tiempos; cantó en forma insuperable la parte del dúo de amor del primer acto, la romanza “Ora e per sempre addio” y la escena con el barítono (Si, pel ciel). El “Dio, mi potevi scagliar” no podría expresarse con mejor dicción, y creemos no caer en exageraciones al afirmar que actualmente ningún cantante de su cuerda lo supera en nobleza de recursos musicales, cuando encarna el personaje central de la obra maestra de Verdi” (crítico A.A. en “La Nación”).
Junto con la soprano Blanca Hauser y el pianista Francesco Piccioni, Zanelli organizó una serie de conciertos en las principales ciudades del Sur de Chile: Concepción, Temuco, Valdivia y Osorno. La gira finalizó con el concierto realizado el 25 de octubre en el Club Alemán de Osorno. Le pidieron una función extraordinaria de Andrea Chénier en Valparaíso el 27 de octubre pero el tenor envía un telegrama excusándose: “Causa recrudecimiento antigua dolencia, imposible cantar allí”.
En febrero de 1934 regresó a los Estados Unidos. Aunque se sentía cansado y le faltaban las fuerzas en muchas ocasiones, tenía contratos firmados para cantar óperas y conciertos, sin embargo, su enfermedad le impidió dar cumplimiento a la mayor parte de sus contratos y sólo lo oyeron en unos pocos conciertos y en radio. En octubre, Alfredo Salmaggi lo contrató para su compañía Cosmopolitan Opera, para presentarse en Payasos en el ‘Hipódromo’ de Nueva York pero tuvo que cancelar y lo reemplazó por el tenor John Pane-Gasser.
Consultó varios médicos que le diagnosticaron un tumor que debía operarse de inmediato. Ellos sabían que era un cáncer pero ocultaron la verdad al cantante. El tenor pospuso la operación, pues quiso volver a Chile con los suyos. En noviembre de 1934 regresó a Santiago siendo la sombra del hombre que todos conocían porque la enfermedad había producido estragos en su otrora fuerte figura. Parecía más bajo a pesar de que medía 1,87 metros y había adelgazado 25 kilos.
Le costaba un enorme esfuerzo moverse, pues los dolores eran muy agudos y, si lo hacía, era afirmado en alguien o apoyándose en los muebles. Visitó varios médicos y le aconsejaron hospitalizarse con urgencia y se internó en el pensionado del Hospital San Francisco de Borja, donde su incurable dolencia siguió avanzando y minando las energías del cantante. Finalmente fue sometido a una operación de los riñones, pero su debilitado organismo no resistió la intervención y falleció bajo los efectos de la anestesia, una semana antes de cumplir los 43 años de edad. Murió en Santiago el 25 de marzo de 1935.
Sus restos reposan en la sepultura familiar de su padre político, Alcibíades Roldán, a pocos metros de la entrada principal del Cementerio General de Santiago de Chile. Dos calles de Santiago perpetúan la memoria del gran cantante.

Tags: biografía, fermín maría álvarez, giordano, improvviso, leoncavallo, los ojos negros, prólogo, un dì'all azzurro spazio

















Muy contento con estos reyes que trabajan el año entero al parecer…
3X1… Gracias!!
El artículo es muy bueno, muy completo y las grabaciones que yo pedí… Todas!!!
Un gran Regalo!!!!
ya regreso a comentar más…. primero voy a leér nuevamente el artículo, a disfrutar un poco con mi regalo…. ya les cuento!
Un abrazo y muchas gracias.
Ja, ja. Los Reyes no sé, pero los pajes… Y no digamos los pajes olímpicos y similares…;-)
Querida Gio: Que regalo de regalos! Yo, siendo chilena, no conocía a Renato Zanelli! Sí, no lo conocía, con todas sus letras!
Ha sido un descubrimiento extraordinario. Te estaré eternamente agradecida. Besos. Victoria.
Querida Gio: Ya estamos en Abril de 2010 y ahora si que conozco a Renato Zanelli, todo lo que puedo. Antes solo había oído referencias. Me programaré una visita al Museo en Valparaíso que era su casa (Palacio Baburizza) apenas se me presente la oportunidad y si no se ha caído con el sismo, hace poco estaba en reparaciones. Esa voz es maravillosa! Tal vez alguien en alguna parte del mundo tenga mas grabaciones de él. Y su historia me conmueve profundamente. Morir tan joven! Cuánto más le quedaba por vivir y triunfar. Un poco egoístamente, pienso en cuantas grabaciones suyas más habríamos podido disfrutar nosotros!
Un saludo a Nicolás Camilo desde nuestro Santiago de Chile. Ojalá que aparezca, que se le echa de menos.
Saludos a todos.
De nada, Victoria. Los agradecimientos, al investigador chileno Juan Dzazópulos, y a Nicolás, cómo no, que se lo pidió de regalo.
Muy bien, ya nos hablarás de tu visita al Palacio Baburizza. Algún día escucharemos algo más de Renato Zanelli. Si damos con ello;-)
Nicolás dejará testimonio de su visita cuando menos lo esperemos;-) Seguro.
Saludiños para todos,
Gio
Querida Gio,
Acaba de caer en mis manos un disco 78 “nuevecito” de Renato Zanelli! Se trata de “Marianina” de N. Ferri y “Zaza, Zaza, piccola zingara” Acto 4, de Leoncavallo, que he podido escuchar en victrola.
He visto que no está en Internet y quisiera obsequiarlo y compartirlo, antes de que se quiebre…
No te lo puedo mandar con la tecnología de mi modesto ordenador…
Si a nuestro buen amigo Juan le interesara, lo pongo a su disposiciòn, junto con agradecerle las maravillas que nos ha regalado. Se lo guardo o se lo llevo…cuando se dé…
Saludos a todos.
Para aquellos operófilos que les pueda interesar, informo que en el blogroll “La ópera y sus intérpretes – Antonio Lagatta Mazzeo”, se está colocando viejos programas emitidos hace ya unos años por la Radio Oficial del Uruguay (Sodre).
Para quien los quiera escuchar, brindo el detalle de los últimos incorporados
Nº 155: Barítono y tenor chileno RENATO ZANELLI (1892-1935)
Nº 156: Soprano norteamericana ROSA PONSELLE (1897-1981)
Nº 157: Tenor norteamericano CHARLES KULLMAN (1903-1983)
Nº 158: Bajo norteamericano JEROME HINES (1921-2003)
Nº 159: Reminiscencias de la ópera DON GIOVANNI
Nº 160: Soprano australiana JOAN SUTHERLAND (1926)
Nº 161: Tenor sueco NICOLAI GEDDA (1925)
Nº 162: Mezzo soprano norteamericana RISË STEVENS (1913)
Tenor peruano LUIGI ALVA (1927)
Nº 163: Tenor español FRANCISCO LÁZARO (1938)
Nº 164: Bajo italiano NAZARENO DE ANGELIS (1881-1962)
Barítono austríaco BERND WEICKL (1942)
Nº 165: Soprano turca LEYLA GENCER (1928-2008)
Nº 166: ARTURO TOSCANINI interpreta a GIUSEPPE VERDI
Nº 167: Barítono y tenor argentino CARLOS GUICHANDUT (1914-1990)
Nº 168: DÚOS DE ÓPERAS
Nº 169: Bajo italiano PAOLO MONTARSOLO (1925-2006)
Soprano alemana ANNELIESE ROTHENBERGER (1924-2010)
Nº 170: Compositores de óperas recordados únicamente por sus
canciones
Nº 171: Tenor uruguayo JOSÉ SOLER (1904-1999)
Nº 172: Bajo italiano TANCREDI PASERO (1893-1983)
Nº 173: CANTANTES WAGNERIANOS
Nº 174: Tenor argentino RAFAEL LAGARES (1918-1999)
Tenor búlgaro NIKOLA NIKOLOV (1925)
Quedo a la orden por cualquier consulta.
Y a Gio, desde ya muchas gracias por el espacio.
Muy interesante, lo que nos comenta Antonio Lagatta Mazzeo, acerca de estos fanytásticos programas de la Radio Uruguaya.
Vemos a nombres legendarios del mundo de la ópera (Gedda, Guichandut, Ponselle, Gencer, Pasero, Toscanini …. y tantos otros). Reconforta el pensar que las voces de los grandes no quedan en el olvido. Son todos ellos testimonio de la grandeza de este maravillosos arte que es la ópera, y el género lírico en general.
Un abrazo muy grande, y muchas gracias, por mi parte, amigo Antonio.
Muchas gracias, Victoria. No sé si habrá leído el mensaje nuestro amigo Juan (le debo mail). Juan, que no nos dices nada, a ver qué va a pasar…;-)
Muchas gracias, Antonio. Interesantísimo todo… De momento, me apunto el 167, Carlos Guichandut. Así, sin favoritismo alguno…;-)
Para mañana… ¡El tenor uruguayo José Oxilia!
Mañana, mañanita, Oxilia.
Gracias, Enrique. Un abrazo para todos,
Gio
Amiga Victoria:
Muchísimas gracias por tus lindas palabras y por tu generosa oferta.
Tengo en mi colección todas las grabaciones realizadas por Renato Zanelli, tanto como barítono como tenor, y algunas “inéditas” (no publicadas). No quisiera pecar de vanidoso, pero ha sido el fruto de muchos años de buscar, pedir, regatear, comprar, gastar, etc. etc. como quiera ponerse. En fin, en el ocaso de mi vida (o, dicho en texto lírico, “Giunto sul paso estremo”) tengo la satisfacción de tenerlas todas. Y ahora traspasadas a formato CD.
Al morir, mi gran amigo y colega coleccionista, Ricardo González, su viuda puso a mi disposición varios originales (78 rpm) de Zanelli, entre ellos el que me ofreces tan generosamente: Zazá con Marianina. Por supuesto, no los puedo tocar pues no tengo victrola, gramófono o similares aparatos de reproducción. Pero es una emoción inmensa tener en las manos el disco, tal y cual salió a la venta en 1919 o 1920. Eso es coleccionar….el placer de tener, por tener.
Creo que en algún futuro próximo, Zanelli merecerá una addenda o postdata (como se le quiera llamar) y enviaré a Gio algunas otras grabaciones de Zanelli para deleite de sus admiradores.
Pero primero lo primero, recuerden que les debo Rosita Serrano, que me ha tomado algún tiempo actualizar, corregir y agregar nueva información. Ya se los enviaré. Lo prometido es deuda.
(Y allí habrá también algunos datos nuevos concernientes a Sofía del Campo y a la familia de Rosita, que responderán a tus inquietudes).
Estuve hace algunos años en el Palacio Baburizza de Valparaíso (o Museo de Bellas Artes). Recorrí los salones y me asomé a un balcón a mirar el mar, que se ve precioso desde lo alto del cerro. Y recuerdo que me dije, pensar que aquí, donde yo estoy parado, seguramente estuvo Renato Zanelli y, tal vez, con su hermano Carlo Morelli, tomándose una copa y mirando el mar, como lo hago yo. Bueno, la emoción lo hace a uno pensar y decir tonterías…..
Gracias, nuevamente, a Gio por su infinita paciencia, y a ti Victoria y a todos quienes pierden su tiempo leyendo mis modestas colaboraciones.
Para todos un cariñoso saludo,
Juan
Amigo Juan:
Tus colaboraciones son verdaderos documentos y tu trabajo es tremendamente valioso e increíble. La música es alimento del alma…
y en un mágico punto de encuentro para seres sensibles…
Soy yo la que tengo que darte infinitas gracias.
Un cariñoso saludo para Gio y para ti.
Ejem, ejem… Paciencia una poca, que no infinita. Cuando se me agota, mejor no andar cerca;-)
Te tomamos la palabra, Juan: más adelante, algo más sobre Zanelli. ¡Gracias!
Totalmente de acuerdo, Victoria. Es un lujo contar con la colaboración de Juan, y no lo digo porque sea amigo mío desde hace muchos años. También es un lujo contar con la colaboración de Antonio Lagatta, a quien también conozco por mail hace tiempo. Uno en Santiago de Chile, el otro en Montevideo: dos autoridades (Gio dixit;-) Y no exagero ni un poco.
“la música, mágico punto de encuentro”… Cierto, Victoria. Y hasta de encontronazos..;-) Defendiendo cadal sus preferencias. Con buena voluntad, eso sí; eso que nunca nos falte.
Saludiños para todos,
Gio