Barbara Hendricks: “Necesito cantar obras que me emocionen”

  • Rafa Balbuena
  • Hendricks

    Clara y rotunda, pero sin afectación ni divismos. Barbara Hendricks, cantante de ópera, activista en pro de la paz y Premio Príncipe de Asturias de las Artes en el año 2000, confiesa que está “muy emocionada” ante el concierto que dará el día 22 en el Palacio Valdés de la mano del Centro Niemeyer. La soprano habló ayer para La Voz de Avilés y dio su visión de una carrera que cumple este año treinta y cinco años de trayectoria sobre el escenario. “La música es la forma que tengo de expresarme, y lo ocurrido hasta ahora me llena de satisfacción”, asegura.

    —¿Cómo se siente ante su nueva visita a Asturias?
    —Me hace muy feliz volver. Desde el Premio Príncipe de Asturias he procurado visitar la región, y lo he hecho unas cinco veces. Sigo maravillándome ante un lugar tan verde y tan tranquilo.

    —¿Qué recuerdos tiene de aquella visita, y de España en general?
    —Que me concediesen el Premio de las Artes fue un gran honor. Y compartir la presencia con los premiados en las otras categorías, en un galardón tan importante, es un recuerdo imborrable. Siempre se me ha dispensado un trato excelente en España, y estoy muy agradecida por ello.

    [E Susanna non vien! (1984)]

    —¿Qué puede decir del repertorio que va a abordar en el concierto avilesino?
    —Los autores de estas piezas siempre me han emocionado. Tanto Schubert y Poulenc como Mahler o Falla me llegan muy hondo, y es un placer cantar estas composiciones. Me acompañará Love Derwinger al piano, y el repertorio, como siempre, lo he elegido yo, por todo lo que significa para mí. Realmente, necesito cantar obras que me emocionen. Eso es esencial para comunicar.

    —¿Conoce la importancia del Centro Niemeyer?
    —Estoy segura de que el futuro lo convertirá en una referencia cultural, y eso es siempre positivo.

    —Usted tiene un extenso currículum como cantante, pero en un principio se decantó por estudiar ciencias. ¿Qué le llevó a dedicarse a la ópera?
    —Si le digo la verdad, no lo sé (risas). Yo estudié matemáticas y química, pero el escenario me atrajo con muchísima fuerza. Quise probar si tenía talento, y al final me acabé dedicando a cantar. La música me eligió a mí, y no al revés. Y no lo pude evitar. No fue una opción, sino una vocación a la que no pude oponerme. No sé si ha sido un error (risas).

    —Su gran especialidad son Mozart y Brahms. ¿En qué obras ha dado lo mejor de sí misma?
    —Realmente, me entrego por igual en todo lo que hago. Es cierto que La flauta mágica cosechó mucho éxito, pero no podría decidirme por una obra concreta. Hay tantos autores maravillosos… Mozart es muy cercano a mis sentimientos, pero a mí me gustan todos los papeles que he hecho. Es como escoger entre tus propios hijos. Nunca podría decantarme por uno solo.

    —¿Qué ha supuesto para su carrera actuar bajo las órdenes de Karajan, Bernstein o Zubin Metha?
    —Un orgullo, desde luego, y un lujo que no olvidaré jamás. Lo más importante es lo que aprendí de ellos. La experiencia con Bernstein fue de las más bellas, tanto por su exigencia como por su humildad. Y de Karajan ¿qué puedo decir? Ha sido el mejor director, lo que hizo por la música es irrepetible. Yo he tenido el honor de trabajar con los más grandes directores del siglo, como fueron ellos dos y Giulini.

    —También recibió clases de la diva por excelencia, María Callas. ¿Qué recuerda de ella?
    —Bueno, es un recuerdo extraño. Ella era una excelente intérprete, lo que ocurre es que aquellas clases, además de alumnos, tenían público, y eso nos ponía un poco nerviosos a todos. Creo que Callas no estaba cómoda, y no era una profesora al uso. Lo considero algo interesantísimo, y ella tenía una personalidad fascinante. Además de ser, como usted ha dicho, la Diva, con mayúsculas.

    —No es usual que una soprano dé un giro como el suyo, actuando en el Festival de Jazz de Montreaux de 1994. ¿A qué se debió ese golpe de timón?
    —Bueno, yo nací en Arkansas, y el jazz, el blues y los espirituales es la música de mi niñez. Realmente, no es tan extraño que hiciese ese repertorio. Hubo críticas muy positivas, aunque otras dijeron que era bajar de nivel. Yo creo que las críticas no deben afectar a un artista, y asumir riesgos es necesario para cualquier carrera musical. Si la crítica es constructiva, se puede y se debe admitir, pero también es cierto que hay que seguir el instinto y hacer lo que uno cree.

    —En cuanto a las grabaciones que ha hecho, ¿tiene alguna favorita?
    —Le digo lo mismo que antes: no puedo escoger. Aunque grabar ha sido una buena experiencia, que abre muchas puertas, los discos son como fotografías, pedazos quietos del pasado. Nunca me paro a escucharlos, aunque no podría dar una explicación a esto. La música está viva y el disco se queda ahí. La verdad es que no vivo del pasado. Al menos de momento (risas).

    —Usted creó su propia fundación para la paz. ¿Qué le llevó a dar ese paso?
    —Porque quería hacer algo por aquellos que necesitan ayuda en conflictos bélicos. Colaborar con ACNUR es uno de los más altos honores que me han concedido. Pero yo quería tomar mi propia iniciativa. La Fundación es pequeña, no dispone de mucho dinero, pero procuramos todos poner lo posible de nuestra parte, especialmente en asuntos tan terribles como las minas antipersona, que se cobran constantemente muchas víctimas civiles ajenas a las guerras.

    —¿Cómo valora que Barack Obama esté al frente de le Casa Blanca?
    —Me alegró mucho que fuese elegido. Más allá de ser un afroamericano como yo (que actualmente soy ciudadana sueca), Obama tiene la posibilidad de cambiar el mundo, aunque tiene muchos problemas que afrontar. Pero sé que concibe soluciones, como acabar con la Guerra de Irak, y que sabrá sobreponerse a las catástrofes del gobierno anterior.

    —Su nombre está muy unido al de Kofi Annan, por actuar en la entrega de su Premio Nobel de la Paz…
    —Me alegró mucho de que se lo diesen. Es un amigo, y me emocioné en la ceremonia. Se recordará de modo positivo su labor por la paz al frente de la ONU.

  • La Voz de Avilés
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