El año sabático de Carlos Álvarez

A finales del pasado mes de  enero, el barítono malagueño Carlos Álvarez anuló oficialmente  todas sus actuaciones hasta final de temporada.  Ya había cancelado para entonces su  esperada cita en el Real, en Un ballo in maschera, su  recital del Teatro de la Zarzuela, su Simon Boccanegra en el Liceo de Barcelona…  Una lesión epitelial en la cuerda vocal derecha le obliga definitivamente a tomarse un año sabático.  Lo de sabático es un decir (no le queda otra). Lo de un año, también (hasta que se recupere del todo). Que el parón le sea leve y que, mientras tanto, disfrute. Como él mismo dice, “no hay mal que por bien no venga”.

  • Entrevista al barítono malagueño en Sur.es. Por Regina Sotorrío
  • Carlos Álvarez«Debería estar ensayando Macbeth en la Ópera de París, pero en su lugar se pierde entre el público para escuchar una charla entre el palestino Sami Naïr y el israelí Shlomo Ben Ami en la Universidad de Sevilla. Debería estar cantando arias en un recinto histórico, pero en su lugar interpreta tangos y boleros en la ducha. “Estoy en situación de paro biológico forzoso”, asegura Carlos Álvarez. Una leucoplasia en una cuerda vocal (una afección “con la que la gente vive normalmente”, pero que dada su profesión le impide trabajar) ha roto totalmente la rutina del barítono malagueño. Por primera vez en sus veinte años de carrera, el internacional artista ha tenido que aparcar la maleta y cancelar la temporada lírica, pero “no hay mal que por bien no venga”. “Esto me está dando la oportunidad de hacer cosas que normalmente no habría hecho”, afirma el malagueño, que confía en poder volver pronto a los escenarios».

    —¿Cómo está?
    —Estoy bien, muy tranquilo, pero con la duda de qué es lo que va a pasar orgánicamente. El día 19 tengo revisión en Málaga y, a partir de ahí, veremos cómo está la situación.

    —¿Cuál es el diagnóstico?
    —Hay una leucoplasia, que etimológicamente es una mancha blanca, en la cuerda derecha que me impide trabajar. Apareció a mediados de septiembre y habíamos pensado que iba a reducirse o desaparecer en un tiempo, pero sin poner mucha carga en el tratamiento médico y pensando que con el entrenamiento vocal, el descanso y una medicación suave que me permitiera estar listo para empezar a trabajar rápidamente, se iba a solucionar… pero hemos visto que no.

    —Entonces se hablaba de laringitis…
    —Claro, porque en septiembre fue una laringitis, pero ya estaba eso ahí. No le dimos importancia porque eso es algo con lo que la gente vive normalmente, lo que ocurre es que a mí me impide hacer mi trabajo y esa es la gravedad. Es como si un pianista tiene una lesión epitelial en el dedo; pues yo tengo una lesión epitelial en mi cuerda.

    —¿Qué tratamiento sigue?
    —Un tratamiento con corticoides y otras medicinas que son coadyuvantes. A mediados de este mes sabré más cosas, pero tenía la necesidad de dejar tranquilos a los teatros. En un principio intenté mantener la posibilidad abierta, pero conforme vamos viendo que si eso, aunque se reduzca, necesita un tiempo de entrenamiento para volver a empezar, tenía que ser consciente de que los teatros no pueden estar esperándome y que ellos, si surge un imprevisto como este, necesitan dar una solución lo antes posible. Ha sido por eso por lo que a finales de enero ya decidí cancelar el resto de la temporada, por una cuestión de respeto.

    —¿Tiene fecha de regreso?
    —No. En la intención estaría hacerlo lo antes posible, pero volveré a cantar cuando esté bien. Aunque se quite el problema, hay que ver cómo me quedo. En principio, si desaparece, bien; pero si necesitamos utilizar cirugía para quitarlo, porque esa posibilidad también existe… Es una situación de calma, espera y de ver cómo evoluciona.

    —Entonces, ¿le veremos en 2010 sobre los escenarios?
    —Espero que antes.

    —¿Está tranquilo?
    —Estoy muy tranquilo, porque además me está dando la oportunidad de hacer cosas que normalmente no habría hecho. Lo que me fastidia es que, es verdad que después de veinte años de trabajo uno se merece un año sabático, pero ya me gustaría haberlo elegido a mí, no que haya sido por obligación, y menos por enfermedad. En todo caso, hablamos de una enfermedad profesional y hay que aceptarlo.

    —¿Y es una enfermedad leve?
    —Sí, claro. La gente vive con esto y hay un montón de personas que no se enteran de que tienen algo, pero para mí es mi instrumento de trabajo y necesito tener revisiones. Y, sobre todo, que era ya una imposibilidad física de poderlo hacer. Había agotamiento vocal y un montón de cosas que no me permitían cantar. Estuve haciéndolo sin problemas hasta mediados de septiembre en Viena. Me fui después a Madrid para los ensayos de Un ballo in maschera, y ahí es cuando ya me di cuenta de que no podía… Lo que sí he tenido es la sensación de que durante al menos el último trimestre de 2008, con ese cuidado que han tenido todos los médicos y con esa necesidad de estar preparado inmediatamente para hacer el trabajo, hemos perdido intensidad en el tratamiento y quizá he perdido tres meses en capacidad de recuperación. Pero han sido tres meses estupendos porque así he podido pasar las vacaciones como quería y las Navidades con los niños.

    —Esto habrá cambiado su rutina.
    —Ahora no soy nada rutinario (risas). No me tengo que levantar para ir a trabajar y estoy haciendo, realmente, lo que quiero.

    —Se sentirá extraño…
    —Yo he hecho siempre lo que he querido y lo que he creído que tenía que hacer en cada momento, pero una imposición como esta es la primera vez que me ocurre y eso es lo que más me cuesta aceptar.

    —¿No lo tiene aún asumido?
    —Bueno, no me queda más remedio (risas). Pero, en todo caso, como me rebelo… ahora lo que hago es utilizarlo de la mejor manera posible.

    —La tranquilidad le está viniendo bien…
    —Yo tengo mis responsabilidades, sin duda, pero no hago hincapié en ‘hay que ver, tenía que estar trabajando’. No hay mal que por bien no venga. Este momento de crisis lo estoy viviendo desde el punto de vista de la gente de la calle y eso me produce mucha tranquilidad.

    —Es decir, que su vida ahora es norma
    l.
    —Yo soy muy normal, pero mi vida profesional no me lo permitía. Y esto es fantástico.

    —¿Y ensaya o ejercita la voz?
    —Muevo la voz, poquito, sin excesos en los extremos del registro, no hago los agudos, tampoco los más graves, y a lo que me estoy dedicando es a cantar en la ducha tangos y boleros, este tipo de repertorio que te permite mantener la voz en su sitio pero que no te obliga a una exigencia vocal. Y es estupendo (risas).

    —El tango es una alternativa…
    —De hecho, hay un tenor, José Manuel Zapata, que hace poco hizo un concierto con Pasión Vega en el Teatro Real interpretando tango, que me había invitado a participar en un concierto que se realizará este mes en Valencia, pero tengo que decir que no. Aunque pudiera cantar un tango no creo que fuera muy honesto no poder asumir responsabilidades profesionales de verdad y, sin embargo, permitirme una cierta veleidad como es participar en un concierto con otra gente. En principio, porque no dejaría tranquilos a los que me contratan y tampoco estaría siendo honesto conmigo mismo porque cantar es mi profesión, pero no dejo de reconocer que yo soy quien soy porque hago ópera. No quiero hacer otro tipo de cositas, a no ser que en el futuro, si esto no va bien… Hay amigos que me han dicho ‘si tuvieras que dejar de cantar podrías comenzar una carrera interpretativa, dedicarte a cantar otras cosas, a la enseñanza, a dar conferencias…’ (risas).

    —Hay muchos artistas de ópera que se pasan a la canción ligera.
    —Pero a mí eso… Fíjate que Ainhoa Arteta es amiga mía y acaba de sacar un disco de canciones. Es verdad que las canta con su voz lírica, pero no es eso lo que está esperando el público de nosotros. Nunca me he planteado el poder hacerlo. Quizá estoy hablando con una perspectiva de poder seguir con mi trabajo en las mismas condiciones, si por alguna situación tuviera que cambiar… pues ya me lo tendría que plantear.

    —Pero es una posibilidad remota…
    —Espero que sí, que lo sea, pero no hay que descartar nunca nada.

    —Ha tenido que cancelar su actuación en Madrid, Viena, París, Málaga… ¿le ha costado más anular esta última cita que las anteriores?
    —Sin duda. Era la primera vez que iba a hacer Marina y era reunir toda una serie de circunstancias que me iban a permitir estar estupendamente, pero la situación obliga. Lo que sí quiero es seguir manteniendo esa rectitud en la forma de hacer mi trabajo porque si intentara hacer un esfuerzo mayor posiblemente no quedaría bien, me convertiría en una sombra de lo que podía ser, y el público no merece ni un segundo de zozobra.

    —Decir un ‘no’ a tiempo…
    —Sin duda. Pero había un no hace años que era un no consciente de cuál era mi evolución y cuáles eran las responsabilidades que podía asumir; este es un no obligado.

    Marina es además una de las pocas óperas españolas del repertorio nacional.
    —Sí, y a mí me gusta mucho la música española y sé que soy capaz de expresarme bien en nuestro idioma… Hay gente que me dice, como curiosidad, ‘a ti se te entiende todo cuando cantas’ (risas). Eso es un cumplido estupendo, pero debería de ser una obligación.

    —¿Falta apoyo en España a la lírica?
    —No, en absoluto. Al final, yo que soy muy voluntarista, me doy cuenta de que hacemos lo que podemos, y es verdad que eso no es siempre bastante. En todo caso lo que sí habría que intentar es que la gestión musical esté en manos de profesionales que permitan un desarrollo optimizado de los recursos que existen. También es cierto que la situación actual nos va a abocar a tener cuidado en dónde se pone el dinero, cuáles son los gastos que hay que hacer… Lo que me daría pena es que en un momento de crisis tuviéramos también la desilusión de que aquello que nos puede permitir enriquecimiento personal desapareciera.

    —¿La crisis toca también a la lírica?
    —Ya está tocando. Hay teatros que están disminuyendo su temporada, han tenido que cancelar algunos títulos y están teniendo mucho más cuidado en cómo se gestiona y cómo son capaces de optimizar los recursos. Y todavía estamos viviendo de la renta de los años 2007 y 2008; yo creo que las temporadas chungas de verdad van a ser 2010 y 2011.

    —¿La lírica es una oferta elitista?
    —Lo que sí hay es un elitismo económico, porque en el momento en que le das una ópera de Puccini a alguien, le encanta. Ahora, ¿tiene la gente dinero para gastarse unos 60 euros? Hay gente que sí, que hace un esfuerzo. Y te habla alguien que vive de la subvención pública, no hay nadie más subvencionado que yo porque normalmente trabajo para teatros públicos, hay muy poca iniciativa privada en mi trabajo. Hay otros compañeros que sí hacen conciertos privados y les pagan los bancos, una cofradía… Yo no, yo necesito que cuanto más gente pueda asistir a mi trabajo, mejor.

    —¿Es una decisión personal?
    —Sí. Es verdad que podría hacer mucho dinero haciendo conciertos privados, pero ¿para que haya 200 personas? No, eso ya lo hacía cuando estaba en el conservatorio.

    —Dicen de usted que es uno de los mejores intérpretes de Verdi de todo el mundo, ¿en la lírica se corre el riesgo de encasillarse?
    —Para nada, porque yo hago otros repertorios. Lo que sí creo es que como hay pocos que puedan hacer ese repertorio verdiano, cuando aparece uno… Hace poco, estando en esta situación de paro biológico forzoso, me llamaron del Metropolitan para ver si podía hacer un Rigoletto, sólo dar un salto para hacer dos funciones y volverme. Crear una buena expectativa sobre tu trabajo te permite tener esa tranquilidad, pero siempre tienes que estar al nivel máximo de capacidad, porque eso es lo que se espera de ti.

    —Ahora que cumple 20 años en los escenarios, ¿imaginaba que llegaría hasta aquí?
    —En absoluto, yo pensaba siempre en divertirme. Me veo ahora y veo a alguien normal, lo que pasa es que lo específico de mi trabajo me lleva a sitios que tienen una gran tradición, que necesitan una parafernalia y un ritual muy específicos… ¿Y eso hace mi vida más importante o más especial? No, porque en el momento en que se termine el trabajo… No tenía ninguna expectativa, todo lo que está apareciendo es un regalo.

    —¿Con qué sueña?
    —Mis sueños no tienen que ver con la profesión, sino con mirar alrededor en la sociedad y que la justicia sea equitativa. Yo llegué a esto por casualidad, y como mis otras inquietudes sociales eran distintas —no dejo de acordarme de mis estudios de Medicina—, siempre tengo a los demás ahí delante. Hay cosas que hago y que se ven, pero otras que no se ven me permiten mantener una calma espiritual.

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    2 Responses to “El año sabático de Carlos Álvarez”

    1. Victor Manuel López says:

      Queremos y te deseamos una pronta recuperación, porque el mundo de la lirica no se puede permitir la ausencia de un gran barítono como tú eres.

      Un abrazo.

    2. Francisco Jose says:

      Creo que todos los amantes del canto te deseamos que te recuperes pronto. La primera vez que te escuché fue en la Gala 150 aniversario de El Teatro Real, cantando Toreador de Carmen, me quedé impresionado, a partir de ese momento has pasado a ser mi ídolo, y como cantante aficionado que soy me pareces un ejemplo a seguir, no solo en tu faceta profesional, sino en la humana, ya que aunque no te conozco (y no es por ganas), me da la impresión que todo lo que tienes de gran cantante, lo tienes de gran persona.

      Ánimo, y espero que te recuperes pronto.

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