
Continuamos con la segunda parte del artículo publicado con motivo del Centenario de la presentación de Gayarre en Bilbao (aquí, la primera). Gracias, Tonio.
“Y vayamos al último de los tres testimonios que enunciamos, Caruso, el insigne Caruso, cuya vida y muerte presenta tantas semejanzas con las de Gayarre. En una entrevista aparecida en un rotativo de Nueva York, se expresaba así el partenopeo:
“Yo por aquel entonces (1888) tenía pocos años (15, exactamente) y poquísimas liras…, pero cuantas noches podía trepaba al paraíso del San Carlos (de Nápoles) para escuchar embelesado a los grandes cantantes de entonces. De Stagno tengo todavía en el oído y en los ojos el ‘desafío’ de Los Hugonotes y el último ‘largo’ de El barbero de Sevilla; de Masini, el dúo con Gilda del Rigoletto y su famosísimo cuarto acto de Los Hugonotes; de Gayarre, el grito angustioso ‘Ah, madre mía! de Lucrezia Borgia y el ‘ataque’ de su aparición en La Africana: ‘O Paradiso!… Per Bacco!’. ¡Aquello era un paraíso de veras. ¡Qué grandes artistas Qué portentosos artistas!”.
A estas descripciones se podrían añadir obras de críticos, compositores, etc. , sin embargo, creemos que con los testimonios anteriores es suficiente.
Teniendo, pues, en cuenta los testimonios de sus contemporáneos y compañeros y su repertorio, podemos deducir que el estilo de Gayarre fue eminentemente melódico, tanto en su fase de blando lirismo como en lo dramático. Su voz era homogénea en todos los registros, alcanzando en el agudo hasta el re bemol, y con un timbre dulce y flexible que le permitía ‘filar’ con la máxima perfección.

Habrá habido cantantes de voz más extensa que la de Gayarre, incluso algunos cuyo órgano vocal fuera más robusto y sonoro, sin embargo, lo que no habrá habido en la historia de la música lírica es una voz tan bella, tan armoniosa, con tantos matices de suavidad, en una palabra, tan angelical o angélica. Estos son los calificativos que utilizaban con más frecuencia los contemporáneos cuando hablan de su voz. Una voz única, o el Tenor de La Voz de Ángel.
Finalmente, y como la ABAO trata con este homenaje a Gayarre de conmemorar el centenario de su debut en Bilbao, vamos a destacar tres aspectos del tenor que nos demuestran su vasquismo de ley y su amor a Bilbao.
La primera de estas manifestaciones es la que hace del tenor Gayarre y del Euskera su compatriota Isidoro Fagoaga en el libro Retablo Vasco.

“A pesar de su vida andariega, o acaso por esto mismo, Julián Gayarre conservó siempre un encendido recuerdo por las cosas del terruño y en modo especial por su lengua y sus canciones. Era notoria su predilección por las composiciones de Iparraguirre y, entre estas, por el ‘Guernikako arbola’.
Puede asegurarse que cuantas veces se celebraba una función en su honor, encontraba medio para incluir, en un intervalo o al final de la velada, el himno del bardo vasco. He aquí, referida por el cronista del diario madrileño “Iberia”, la síntesis de una función en el Teatro Real, en marzo de 1886:
“Gayarre se despidió del público de la Corte con la ópera Lucia di Lammermoor. Al final y a petición de sus entusiastas admiradores, el artista cantó, acompañado al piano por el maestro Oller el ‘Guernikako arbola’. Los aplausos que el público le prodigó, le obligaron a repetir el inspirado himno vasco, que dicho por Gayarre, con la expresión admirable del artista y del éuscaro, produjo en el auditorio entusiasmo indescriptible”. 
Estas singulares despedidas que el gran cantor organizaba en los teatros peninsulares, llegó a repetirlas incluso en el extranjero: en París y también en Roma, sobre todo en esta última capital, donde, al término de sus compromisos artísticos, recibía en el hotel a todo el cuerpo de críticos, y, después del ágape, cantaba espontáneamente diferentes arias de su repertorio; al final, previa explicación de lo que la letra significaba, entonaba el ‘Guernikako arbola’.
Con todo lo que a este respecto llevamos referido, yo no hallaba la prueba concluyente de cuanto afirmara su sobrino don Valentín de que su tío “hablaba bastante bien el vascuence y lo entendía perfectamente”. Esta prueba me la proporcionó la visita que, como queda explicado, efectué a Roncal en el verano de 1950.
Allí previa autorización, buceé despaciosamente en la biblioteca familiar, ojeé todas las partituras musicales y, con la tiranía que sólo la nobleza del fin excusa, hice que los bonísimos de sus descendientes revolvieran hasta el último rincón de sus arcas y archivos. Y el tesoro, como lo presentía, se ofreció a mis ojos: más de sesenta cartas autógrafas, escritas a lo largo del tiempo y de las más diversas latitudes y, dulcis in fundo, otra carta —la perla negra entre las blancas— redactada toda ella, desde el encabezamiento a la despedida, en vascuence.
Hela aquí en su texto integral:
Barcelona, 19 de diciembre, 1884.
Ene tía Juana maitia.
Eugenia sin da [etorri da] arro ongui.
Quemen gaude anisco ongui guciac eta orií [berori] nola dago?
Nain din [nai du] sin [xin, jin, etorri] cona, [onera] ichasoaren ecustra?Anisco andia da, tia Juana.
Nai badu nic dud anisco deiru orentaco vidagearen pagateco quemengo ostatiaren pagataco. Ezdi eguiten quemen ozic batrere, chatendegu quemen anisco ongui eta guero artan [artean, bertan] dugu iror nescache postretaco eta gazte eta polit.
¡Ha! ¡cer vizia! ¡tia Juana maitia, amar urte chiquiago bagunu…!
Gorainzi guzientaco eta piyco bat nescachi pollit erroncari guziat.
Julián
[…]

Esta carta, aparte su donosa ternura, confirma la observación de don Valentín que antes reprodujimos. En efecto, es evidente que no hablaba bien el vascuence y, por obvia deducción, lo escribía probablemente peor, pero —y esto es lo que cuenta— se esforzaba, como vemos, por hacerlo, en lugar de pretender que fuera su tía, que apenas hablaba el castellano, la que hiciera el esfuerzo contrario”. [Fagoaga, Retablo Vasco]
Otra anécdota de su amor a Bilbao es la que narra su amigo Julio Enciso, bilbaíno amigo y biógrafo, con motivo del concurso de orfeones celebrado en 1888, en una carta que le dirigió Gayarre y que vale la pena reproducirla:
“Como te dije en el despacho que te he puesto hace una hora, no me he quedado a conocer la adjudicación de los otros premios para ponerte el parte para que fueras el primero en saber el triunfo que ha obtenido el Orfeón de Bilbao.
Ayer comenzó el certamen, y los chapelgorris estuvieron muy por encima de los demás, y el público los premió con una frenética salva de aplausos: la partida estaba ganada. Luego tocó el turno al de Limoges, que cantó bastante bien; pero había la diferencia de las bonitas voces, el brío y la gracia en favor de Bilbao. 
Hoy correspondía el certamen de lectura, y la lucha también ha sido entre Bilbao y Limoges. Los de Bilbao cogieron papeles, y a la señal del Jurado empezaron; y, chico, parecía que lo sabían de memoria, cantando con sin igual soltura; y aunque estaba prohibido el aplaudir, el público no se ha podido contener y les ha hecho una fiesta.
Luego el de Limoges entró y cantó la lección bastante bien, pero parecía un coro de falsete, todo tristón.
Concluido el certamen, el Jurado se retiró a deliberar, como en La Africana, faltando únicamente aquello de ‘il consiglio, o signori…’. Pasó un rato, el ansia era grande; al fin apareció el Jurado, y cuando el secretario dijo: “Por ocho votos contra uno se adjudica el primer premio al Orfeón de Bilbao”, un ¡hurrah! general hizo temblar la sala. Los bilbaínos se abrazaban y abrazaban a Zabala. Todos gritaban (y yo el que más) ¡Viva Bilbao!
Echo a correr al telégrafo, y todavía ignoro la adjudicación de los otros premios, pues en mi vida he sentido emociones como la de hoy. Un señor, cuando bajaba la escalera corriendo, me detuvo para preguntarme qué es lo que tenía, y yo le mandé a paseo y seguí corriendo. Ya te enviaré los periódicos”.
Finalmente nos referimos al debut en Bilbao de Gayarre y su comportamiento con esta ciudad, para lo que acudimos al libro de Enciso en sus Memorias de Gayarre:
“Al fin, en el otoño de 1881, un empresario bilbaíno, don Luciano de Urizar, hizo cuestión de amor el presentar a Gayarre en Bilbao. “Sabiendo mi amistad con él —dice Enciso—, se empeñó en que le acompañara a Barcelona —en cuyo teatro del Liceo actuaba— y donde, a nuestra llegada, no sólo le visitamos, sino que cenamos también en su compañía.
Nadie se habló de teatros durante la cena; pero a los postres, don Luciano se dirigió a Gayarre diciéndole:
“Don Julián: he empeñado mi palabra de que Ud. cantará en Bilbao y estoy dispuesto a todo en conseguirlo. No sé si le convendrá a Ud. mi proposición; pero por de pronto me atrevo a ofrecerle veinte funciones, a mil duros cada una. Y como la mejor escritura es pagar, ahí tiene Ud. en letras sobre esta plaza veinte mil duros adelantados”.
Y sacando una cartera la colocó frente a Gayarre. Éste, sorprendido, se quedo mirándome. Entonces le expliqué quién era don Luciano de Urizar.
Don Luciano —contestó Gayarre—, ya veo que no es Ud. un especulador, y esto me obliga sobre todo. Esta obligación, mi amistad con don Julio y el cariño que profeso a Bilbao, a donde voy casi todos los veranos, me deciden. Iré, pues, pero… no puedo aceptar esas condiciones; sería abusar de Ud., y yo en mi vida he abusado de nadie. No puedo,pues, cobrar a Ud. mil duros, porque no se los cobro a los demás. Iré a Bilbao, yo me encargaré de todo, y, si, como espero, las cosas van bien, ya nos arreglaremos. Entretanto, hágame Ud. el favor de guardar esa cartera y ese dinero, que esto es lo último que debe hablarse entre nosotros”.
Así contestó Gayarre. Estuvimos allí unos días, hasta que se embarcó para Palma de Mallorca, y cuando nos dio el abrazo de despedida, don Luciano le dijo:
—Hasta el 9 de Abril, que empezará la temporada
—No faltaré contestó Gayarre. Tengo palabra de Ley.
Y así fue. El día convenido se presentó Gayarre en la capital vizcaína, pero, ¡en mala hora! La víspera —coincidencia fatal—, don Luciano, víctima de una aguda enfermedad, murió dejando a la familia y a la empresa en el mayor embarazo y desolación. Gayarre que, por su parte, quedó profundamente afectado, decidió encargarse de todo. No sólo cantó las estipuladas veintes funciones, en su calidad de único tenor, sino que se ocupó de los ensayos, repartos y concertación, salvando de esta manera los intereses gravemente comprometido de la familia de Urizar.
Así se portó Julián Gayarre —comenta orgulloso el memoralista—.
¿Qué de extraño es, pues, que el público le tributase, no ya la admiración por el artista, sino su simpatía hacia el hombre desinteresado y honrado?
“Su debut —agrega luego— fue hijo de las circunstancias, pero tiernísimo. Estábamos concluyendo de almorzar al día siguiente de su llegada, y en aquella hora debía verificarse el entierro del señor Urizar, al que había acudido todo Bilbao, pues era don Luciano sumamente querido y bien relacionado en la invicta villa.
—¿Tienes en casa el ‘Aria di Chiesa’ (‘Pietà, Signore, di me dolente…’) de Stradella? Me dijo Gayarre de pronto.
—Sí.
—Dámela.
Se la di y echó a correr a la Iglesia de San Nicolás; subió al coro y cantó aquella bellísima melodía ante el público bilbaíno, que por primera vez escuchaba la voz del gran tenor.
—He querido tributar esta pequeña muestra de cariño al buen amigo don Luciano, me dijo luego.
La temporada fue de las que hacen época en la historia del teatro de Bilbao. La última noche, después de los aplausos, coronas y regalos, fue conducido a casa entre hachones encendidos, con música y hasta cohetes, siendo saludado por el público que le aclamaba con delirio”.
Éstas y otras anécdotas, por supuesto ciertas y contrastadas, demuestran el comportamiento que tuvo el gran Gayarre con Bilbao, por lo que creemos que al hacerle este homenaje, después de 100 años, no hacemos sino un acto de justicia, a través de ese otro artista excepcional que es Alfredo Kraus, tan admirado y querido también es nuestra Villa.
[Fotos]
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Don Luciano —contestó Gayarre—, ya veo que no es Ud. un especulador, y esto me obliga sobre todo. Esta obligación, mi amistad con don Julio y el cariño que profeso a Bilbao, a donde voy casi todos los veranos, me deciden. Iré, pues, pero… no puedo aceptar esas condiciones; sería abusar de Ud., y yo en mi vida he abusado de nadie. No puedo,pues, cobrar a Ud. mil duros, porque no se los cobro a los demás. Iré a Bilbao, yo me encargaré de todo, y, si, como espero, las cosas van bien, ya nos arreglaremos. Entretanto, hágame Ud. el favor de guardar esa cartera y ese dinero, que esto es lo último que debe hablarse entre nosotros”.
[...] Julián Gayarre, el tenor de la voz de ángel (II) [...]
Julián Gayarre, gran cantante, superior persona.
En el libro “30 años de Crítica Musical” del reputado crítico José M. Esperanza y Solá en el segundo tomo, con motivo de la muerte del inolvidable Julián Gayarre en 1890, su descubridor el insigne sacerdote Hilarión Eslava narra como lo conoció.
En 1865 don Hilarión había ido a Pamplona para descansar y ahí le hablaron de un orfeón de obreros de la fundición Pinachi y le pidieron les compusiera un coro, lo que el bondadoso sacerdote aceptó, una vez terminada la obra quizo ensayarla por si mismo, no bien comenzó el ensayo le llamó la atención una voz que se destacaba sobre los demás. Al terminar el ensayo le invitó a que al siguiente día vaya a casa del almacenista de música Don Conrado García.
Presentóse puntual el jóven Gayarre ataviado con la blusa típica del obrero y la tradicional boína, tras el examen el gran maestro Eslava definió “….una organización finísima, un despejo admirable, una voz fácil, extensa y de claro timbre, pero defectuosa, nasal y chillona en las notas agudas, lo cual era de fácil remedio con un bien entendido y perseverante estudio…”
El resto de la historia es conocido, el generoso don Hilarión se llevó a Madrid a Julián Gayarre para enseñarle los rudimentos de la lírica y luego le consiguió una beca para el Conservatorio de Música de Madrid.
Sigo con el tema Gayarre.
Nuestro tenor tuvo una hija natural de nombre María, con una tiple de su epoca, de nombre María Montilla. A esta hija le dejó un legado en su testamento.
No tengo ni idea que fue de la niña ni de su madre. ¿Hay alguna persona que sepa algo de esto? ¿ Quizas los herederos?
La fortuna de Gayarre al morir, segun Hernandez Girbal, quien escribio una biografía, era superior a dos millones de pesetas, y a la niña le dejó 125.000 pesetas, por tanto una cantidad importante.
Insisto, tengo curiosidad por saber algo de ello, ya que su amigo y primer biografo, D.Julio Enciso, hombre muy puritano, no tuvo mejor ocurrencia que ocultar su paternidad y destruir toda la correspondencia del tenor con sus innumerables admiradoras.
Recordo bem um filme com Alfredo Kraus sobre este tenor.
No se sabe gran cosa, Tonio. Los herederos, tampoco. Al menos no se dice nada nuevo en el libro que editó hace unos años la Fundación Gayarre (”Julián Gayarre. Un tenor histórico. Un navarro universal”).
Al parecer, la soprano María Montilla formaba parte de la compañía de cantantes españoles que organizó Gayarre para cantar en Bilbao. Hay una foto de ella en el libro de Óscar Muñoz (”Julián Gayarre. Como el de casa ninguno”).
Hernández Girbal, en “Julián Gayarre. El tenor de la voz de ángel”, creo que tampoco añade nada nuevo, aunque ya hace mucho tiempo que lo leí.
Resumiendo, que el misterio sin resolver sobre la hija de Gayarre, como bien apuntas, es mérito de Enciso por hacer caso al tenor y quemar un montón de cartas personales de Gayarre. Incluso el propio Gayarre censuró la biografía de Enciso y eliminó de un plumazo párrafos enteros.
Lo que sí he encontrado en la hemeroteca es lo que dijo la prensa sobre el testamento de Gayarre. A ver si mañana encuentro un hueco y lo publico.
Saludos,
Gio
Hola. Soy Oscar Muñoz, autor del libro “Julian Gayarre. Como el de casa ninguno”. En la actualidad estoy ultimando una biografia mas completa del gtenor navarro. Respecto a la hija de la qu venis hablando os diré que hace unos pocos años en el transcurso de mis investigaciones halle el testamento del tenor que hasta la fecha no habia aparecido y en el pude extraer lo poco que se sabe de la hija de Gayarre. Incluso me encontré la sospresa de que el dato que todos barajabamos sobre la maternidad de la niña y que yo mismo publique en el libro anteriormente citado, era erroneo. En su testamento el propio tenor lo aclara. Aun así se sabe muy poco de esta niña.
Hola, Oscar:
Qué sorpresa; no sabía que aún seguías investigando sobre Gayarre. Bueno, no sé de qué me extraño; ya sé cómo son estas cosas… Imagino que no vas a desvelar más hasta que salga el libro (haces bien:-)
Hace tiempo hablé contigo, pero quizás ya no lo recuerdes. Te escribo un mail (será ya el lunes).
Un abrazo,
Gio
Para Oscar Muñoz
Te ruego me indiques, más o menos, cuando se publicará el libro al que te refieres y la editorial.
Estoy muy interesaado en el tema.
Saludos.
Estaremos al tanto, Tonio. Pero seguro que Oscar nos avisa.