Teresa Berganza (1997): “Rossini hubiera escrito óperas para mí”

“Mi voz es […] la parte más importante de mi vida, es lo que más quiero, es lo que más satisfacciones me da, y es la que me hace más sufrir también”.

“Los alemanes han dicho ‘no sabemos si es que tiene la técnica más perfecta o es que canta tan natural que es así, desde que ha nacido’. No, yo canto con una técnica, tengo una voz. Y creo que hay voces muy bonitas, muy hermosas, pero cuando no tienen técnica, cuando no hay una técnica para mantener esa voz, se nota y se siente, y sobre todo se nota a través de los años”.

“Mozart fue mi primera pasión en el canto, puesto que la primera aria que aprendí cuando empecé a aprender canto fue el Voi che sapete de Las bodas de Fígaro, el Cherubino”.

“La música de Mozart se adaptaba tan bien a mi voz, a mi forma de cantar, al color de la voz, al estilo, que por fuerza tenía que amarle con pasión”.

“Rossini pedía unas agilidades, un color de voz […], un color redondo para hacer esas agilidades, y yo tenía ese color y tenía esas agilidades. Esas agilidades no las tenía, esas agilidades son parte de la técnica de canto”.

“Yo creo que a Rossini le hubiera encantado conocerme; a mí me hubiera encantado conocer a Rossini, porque pienso que hubiera escrito, como se hacía en la época, óperas para mí”.

“Yo encuentro que la mujer gitana, y gitana española, no sé, es una mujer como muy encerrada en sí misma. Y esta Carmen que he hecho yo… Yo no he hecho nada de especial en esta Carmen, no he hecho más que sé leer música y he leído muy bien esta partitura, y creo que he sido fiel a ella”.

“A la zarzuela hay que darla su importancia y su categoría y su nivel. Yo la he llevado por todo el mundo. Incluso he llegado a cantarla con una orquesta china, que me costó muchísimo, muchísimo, explicarles lo que era un chotis, porque o iban muy deprisa o iban muy despacio. Y entonces [ríe], le cogí al director y le dije ‘Venga, muy cerca de mí, agárreme, y a ver cómo marca usted este ritmo en un cuadrado así: ta, ta, tri/ ta, ta, tri/ ta, ti, ta/ ti, ri’. Y el chino lo bailó”.

Teresa Berganza, 1997.

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2 Responses to “Teresa Berganza (1997): “Rossini hubiera escrito óperas para mí””

  1. Paco Roa says:

    Después de muchos lustros dedicados de forma preferente a mi operista de cabecera, Rossini, tantos como los que llevo de aficionado, los cuales me han permitido tener –eso me creo al menos- un conocimiento razonablemente bueno de su obra y hasta de la singular personalidad que atesoraba el maestro de Pesaro, puedo decir que la rotunda afirmación que hace la Berganza en esta entrevista sobre el destino para sí, en el supuesto de haber sido contemporánea del compositor, de algunas de sus óperas, me resulta una hipótesis como mínimo un tanto arriesgada. Vamos a ver, que la Berganza ha sido una de las adalides más sobresalientes en la recuperación de su ópera bufa y que ha sabido restaurar devolviendo el perdido lustro vocal y dramático a las más significativas heroínas cómicas de ésta, es una realidad a mi juicio indubitable, como también lo es el particular regusto que sentía Rossini por la vocalidad grave femenina, pero no tanto, ojo con esto, hacia la de la mezzo lírica, tesitura de nuestra Berganza, cuanto por una más oscura, sonora, de fuertes acentos dramáticos y espesura casi viril a la vez que agilísima connatural de la contralto, cuerda grave extrema de la mujer con la que virtualmente “levitaba” extasiado Gioachino Rossini; registro tal que tuvo su particular edad de oro –una pena que sólo fuese flor de un día- durante el primer tercio del siglo XIX, coincidiendo, pues, precisa y felizmente, con los años de apogeo creativo del autor del Barbero.

    Así, los tres papeles rossinianos bufos más frecuentados por Teresa Berganza a lo largo de su exitosa carrera, a saber, la Isabella de “La Italiana en Argel”, la Angelina de “La Cenicienta”, y, por supuesto, la Rosina de “El Barbero de Sevilla”, fueron creados para contraltos y estrenados por ellas: Rosina y Angelina por la prematuramente retirada Geltrude Righetti Giorgi, de tan bello timbre como inmenso talento escénico, según dicen las crónicas; e Isabella por Maria Marcolini, además de –si hemos de hacer caso a las malas lenguas- amante ocasional del maestro, prototipo de la tipología vocal que se llegaría a conocer como “contralto rossiniana”. Resulta, pues, poco justificada la antedicha afirmación de nuestra querida Berganza, aunque también conviene aclarar que en los comienzos del diecinueve las mezzosopranos no poseían aún, por así decirlo, estatuto propio, pasando muchas veces por “sopranos cortas” o camufladas contraltos y, en todo caso, en cuanto tales mezzos sólo fueron objeto de atención en el pentagrama rossiniano como segundas voces femeninas con, claro está, alguna que otra excepción. Pero dejemos aquí la cuestión, sin agotarla ni mucho menos, por si resultara de interés para algún “forista” y se suscitara un debate. Saludos cordiales.

    P.D.: Pues sí, amable anfitriona, como reza en la siguiente entrada, de Madrid al cielo… y un agujerito para poder verlo, es lo aquí que se decía cuando yo era un chaval y la capital era (acaso) la ciudad más amable y con más calidad de vida de España, ahora mucho me temo que ya no se pude decir lo mismo: interminables obras, suciedad acumulada, paro, delincuencia criminal, contaminación de todo tipo, tráfico colapsado, insufrible ruido…; en fin, un todo un “encanto”. Y conste que soy “gato”.

  2. operasiempre says:

    Yo no soy “gato”. Pero no sé qué tendrá Madrid que cuando te vas estás deseando volver. Todo esos problemas, que existen, es cierto, no son exclusivos de la capital de España. En todos los sitios cuecen habas, y en algunos sólo cuecen habas. Todo está, supongo, en ver el vaso medio lleno o medio vacío. Depende:-)

    Saludos,

    Gio

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