Archive for Junio, 2009

Dr. Alfonso Ortiz Tirado, el embajador lírico de la canción mexicana (I)

Martes, Junio 30th, 2009

:-)

:)

:-):-):-)

:-)

La semana pasada me enviaron un regalo. En realidad, no era un regalo, sino una tanda de regalos. Y en realidad no eran para mí sola, son para todos ustedes también.

Entre ellos hay uno, y no sé por cuál empezar, que me trae recuerdos muy especiales. Recuerdos buenos todos. Es la canción del jibarito.

Este título quizás no les diga nada, pero por ese nombre la conocemos en casa: “Y alegre, el jibarito va…”.  Mi marido se la cantó muchas veces a I. y a H., nuestros hijos mayores, cuando tenían pocos años. Es una de esas canciones ligadas a su infancia y que aún hoy recuerdan y cantan (peor que su padre, todo hay que decirlo).

El pasado fin de semana, precisamente, hablábamos en casa de esta canción y de algunas otras que también él les cantaba cuando eran niños.  Será porque ya le llegó el tiempo al uno, y le queda ya muy poco al otro, de cantarles canciones a sus propios hijos.

Aún no había podido abrir todos los regalos, así que me di cuenta después de que entre ellos estaba la canción del jibarito. Con esta canción de Ortiz Tirado, que en realidad se llama Lamento borincano, más Cabellera blanca y Clavel sevillano (estas dos últimas de Agustín Lara), damos vida hoy a esta entrada.

Son esas joyitas que Nicolás Camilo Gesén guarda en su fonoteca particular y que tampoco se guarda para él solo. Aún quedan. Otro día las compartiremos también.

Gracias mil, Nicolás:-)

Alfonso Ortiz Tirado

Sobre las razones de su elección, apuntaba Nicolás Camilo sobre Ortiz Tirado:

“Primero, porque me parece un tremendo cantante de voz privilegiada y que no se proyectó en la lírica debido a que su profesión era otra y la lírica demanda de tiempo completo, asunto incompatible con su vocación social. Al igual que Vinay, Vargas, Arvizu, Negrete y otros, él fue alumno del maestro Pierson y desarrolló una carrera colmada de éxitos siendo parte de la generación de oro de la música mexicana. Grandes compositores entregaron sus creaciones a la voz de este talento. Médico de cabecera de Agustín Lara y Frida Khalo, entre otros, su vida es una historia que se mezcla con la apasionante historia de la primera mitad del siglo XX”.

nota Ortiz Tirado: Lamento borincano

Alfonso Ortiz Tirado: Lamento borincano, canción de Rafael Hernández Marín.

Sale loco de contento
con su cargamento
para la ciudad, sí,
para la ciudad.

Lleva en su pensamiento
todo un mundo
lleno
de felicidad, sí,
de felicidad.

Piensa remediar la situación
del hogar que es toda su ilusión
.

Y alegre, el jibarito va…

El artículo más completo que he encontrado en Internet sobre la carrera artística del médico y tenor mexicano Alfonso Ortiz Tirado es del investigador chileno Juan Dzazópulos, gran admirador de Ortiz Tirado, y que aparece publicado en liricahispanica.com (nunca les recomiendo lo bastante esta página: es la más rigurosamente contrastada que conozco sobre cantantes líricos hispanos del pasado).

Gracias, Juan:-)

Alfonso Ortiz Tirado

  • Por Juan Dzazópulos Elgueta
  • Alfonso Ortiz Tirado nació en Álamos (Sonora), el 29 de enero de 1893.  Sus padres fueron Alfonso Ortiz Retes, médico de profesión, y Luisa Tirado, que le dieron seis hermanos: María Luisa, Adelina, Beatriz, Sara, José, Roberto y Alfonso.

    Siendo aún muy niño falleció su padre y su familia se trasladó a Ciudad de México donde ya a los ocho años de edad se destacó cantando en una recepción social, a la cual lo habían llevado sus hermanas Sara y María Luisa, mezzosoprano y contralto respectivamente. El niño debió reemplazar a la soprano programada y resultó ser la estrella de la noche.

    Estudió medicina, titulándose en 1919 como cirujano y ejerciendo en el Pabellón Ortopédico Nº 6 del Hospital General de México. Al mismo tiempo estudiaba canto con el maestro José Pierson y a partir de 1920 comenzó a presentarse en conciertos y funciones benéficas.

    La XEH En 1920 cantó por vez primera en la radio, en una pequeña estación y luego en la radiodifusora de la Compañía Cigarrera “El Buen Tono”, que luego se convirtió en la poderosa XEB.

    Ese año decidió ir a los Estados Unidos para especializarse en Ortopedia, primero en Denver (Colorado) y luego en Nueva York, donde comenzó a cantar en clubes nocturnos y hoteles, como el Waldorf Astoria.

    El 11 de noviembre de 1928 debutó en la ópera, en el Teatro Esperanza Iris, en el rol de ‘Nemorino’ en El elixir de amor, obra que repitió el día 7 de diciembre. Los otros roles los interpretaron la soprano Consuelo Escobar (Adina), el barítono David Silva (Belcore) y el bajo Eduardo Lejarazu (Dulcamara). Alfonso Ortiz Tirado

    Cantó luego, en el mismo teatro, el papel de ‘Renato Des Grieux’ en Manon de Massenet, los días 14 y 21 de diciembre, junto a la soprano María Romero (Manon), Eduardo Lejarazu (Lescaut) y Francisco Alonso (Conde).

    El enorme éxito alcanzado por Ortiz Tirado hizo que la obra se repusiera el 27 de enero de 1929. El reparto siguió igual, excepto Flora Islas Chacón, que reemplazó a María Romero en el rol de la protagonista.

    El 17 de enero de 1929 cantó un nuevo rol: ‘Almaviva’ en El barbero de Sevilla junto a Consuelo Escobar (Rosina), Luz Villarreal (Berta), Romero Malpica (Fígaro) [audición de Romero Malpica], Francisco Alonso (Basilio) y Eduardo Lejarazu (Bartolo). El 28 de abril de 1929 volvió a ser ‘Almaviva’, pero esta vez en el Teatro Arbeu. Los otros artistas fueron Isabel Soria (Rosina), Luz Villarreal (Berta), Enrique Torres Gómez (Fígaro), Francisco Alonso (Basilio) y Luis G. Saldaña (Bartolo). El 5 de mayo repitió su ‘Nemorino’ en el Teatro Esperanza Iris junto a Consuelo Escobar (Adina), Eduardo Lejarazu (Belcore) y Luis G. Saldaña (Dulcamara).

    Realizó algunas giras artísticas por varias ciudades de su país, siendo acompañado al piano primero por el compositor Gonzalo Curiel y luego por José Sabre Marroquín. Su primera salida al exterior fue en 1929, cantando en La Habana y otras ciudades del Caribe. A su regreso se presentó exitosamente en el Teatro Degollado de Guadalajara, el 15 de diciembre de 1929, en un concierto de ópera y música mexicana, junto a la Orquesta Sinfónica de Guadalajara.

    Ortiz Tirado y Néstor Chayres. El 18 de septiembre de 1930 inauguró la radioemisora XEW en México, junto a Juan Arvizu, Néstor Chayres, Agustín Lara y otros famosos de la canción mexicana.

    Ralph Peer, director artístico de la RCA Víctor, lo contrató para su sello, y grabó su primer disco 78 rpm con las canciones “Rosa” y “Lamento gitano”.

    Partió a Nueva York contratado por la NBC, permaneciendo 18 meses en los Estados Unidos. Cantó además en Washington, Chicago, Filadelfia, Baltimore y otras ciudades.

    Todo el dinero que ganaba en sus presentaciones lo gastaba comprando material quirúrgico para su futura clínica, el sueño de toda su vida.

    Audicionó para el Metropolitan de Nueva York, con éxito, pero su amor por la carrera de médico le impidió aceptar el contrato que le ofrecieron. A su regreso a México se casó con Magdalena Avilés, con quien tuvo tres hijos: Alfonso, María Luisa y Carlos.

    Alfonso Ortiz Tirado En 1933 hizo una nueva gira a Cuba cantando en La Habana y otras ciudades de ese país. Luego pasó a Costa Rica donde cantó en el hermoso Teatro Nacional de San José. Siguió una extensa gira por los estados mexicanos, destacando sus Conciertos Operísticos en el Teatro Degollado de Guadalajara los días 20, 21 y 23 de junio de 1933, acompañado por la Orquesta Sinfónica de Guadalajara.

    También en 1933 realizó su primera película en México: Su última canción, junto a la actriz María Luisa Zea, que debutaba con este film. En esta película participó también la mezzosoprano Josefina Aguilar, y la música era de Jules Massenet y María Grever.

    Lo anterior nos da la oportunidad de añadir que participó, posteriormente, en otra película La última copa, también con Maria Luisa Zea, pero no hemos encontrado la fecha en que se rodó.

    Alfonso Ortiz TiradoEl 28 de diciembre de 1933 cantó nuevamente en el Teatro Degollado de Guadalajara en un Concierto de Música Mexicana.

    En 1934 realizó su primera gira por Hispano América: visitó Colombia, donde su hermano José era Embajador de México; cantó en Caracas, siendo acogido con un entusiasmo jamás visto antes; en julio de 1934 viajó a Buenos Aires contratado por Radio Splendid LR-4, que tenía sus fabulosos estudios en la esquina de la calle Callao con Avenida Las Heras, y allí se presentó los martes y domingos de 21:30 a 22:00 horas en las Audiciones Instantina de Bayer. También dio varios recitales en el Teatro Odeón de Buenos Aires.

    notaOrtiz Tirado: Cabellera blanca

    Buenos Aires fue la ciudad que lo tuvo como invitado de honor con mayor frecuencia. Se recuerda el homenaje que el tenor quiso tributar “a las cabecitas blancas”, en el Teatro Monumental de dicha ciudad. Todas las viejecitas que tuviesen sus cabellos blancos, entrarían gratis, invitadas por el tenor mexicano. Los empresarios estaban pesimistas.

    El resultado superó todo lo imaginado. Largas colas, el tráfico interrumpido y 2.500 “cabelleras blancas” (título de un gran éxito de Ortiz Tirado) repletando las aposentadurías del teatro. Un emocionado tributo al artista y a su madre.

    Dr. Alfonso Ortiz Tirado, el embajador lírico de la canción mexicana (II)

    nota Ortiz Tirado: Clavel sevillano

    Ortiz Tirado: Clavel sevillano, canción de Agustín Lara (música) y Javier Solís (letra).

    Un clavel sevillano prendió en sus trenzas
    despertando una fiebre de ansias inmensas.
    Un clavel encarnado como una flama
    que incendiara sus ojos de sevillana.

    ‘Dónde estás, corazón’, Com’è gentil…’, Era de maggio’, por Tito Schipa

    Jueves, Junio 18th, 2009

    El antiguo puerto donostiarra

    Ay,  las galeras.  Qué pesaítas son. Las galeradas, especifico. La máquina no da para más, así que apostemos sobre seguro. Por el gran Schipa.

    Otro día añadiremos más detalles sobre lo que nos canta, que hoy hay que seguir remando. Y lo que nos queda. A ver si en unos días llegamos a buen puerto.

    Tres por el precio de una. Una que ya tenemos y dos nuevas. Por Tito Schipa:

    nota¿Dónde estás, corazón?

    (Gracias, Nicolás Camilo)

    notaCom’è gentil la notte a mezzo april

    notaEra de maggio

    El misterio del testamento de Gayarre (II)

    Viernes, Junio 12th, 2009
    Julián Gayarre como Vasco de Gama en 'La Africana'.

    Gayarre, como Vasco de Gama, en 'La Africana'.

    La segunda parte del misterio;-) Aquí, la primera.

    Julián Gayarre redacta su testamento, de su puño y letra,  el 23 de agosto de 1883. Si nos atenemos a esta fecha, podemos deducir que la niña María Mantilla, hija natural del tenor, tenía en enero de 1890, cuando muere Gayarre, al menos siete años de edad.

    Si nos fijamos en la fecha en que fallece el padre de Gayarre, 27 de agosto de 1882, observamos una coincidencia que llama la atención: el tenor roncalés redacta su testamento justo un año y cuatro días después de la muerte de don Mariano Gayarre Mainz.

    En el verano de de 1883, Julián Gayarre tenía 39 años. Recordemos que sus dos  hermanos, Ramón y Victoriano, no llegaron a cumplir los treinta y cinco. El presentimiento de que, al igual que sus hermanos, también él fallecería joven debió de influir poderosamente en la decisión de redactar su testamento. Es probable que también fuera decisivo el hecho de que, al morir su padre, a los 80 años de edad, él era el único que aún vivía del núcleo familiar primero: sus padres, sus hermanos.

    El testamento fue abierto el 11 de enero de 1890, nueve días después del fallecimiento del tenor. ¿Qué trascendió a la prensa sobre su contenido?

    La Vanguardia, 13 de enero de 1890

    Servicio Telegráfico

    Telegramas de la Prensa Asociada

    Bilbao 11, a las 9′15 noche.—Hoy se ha abierto el testamento de Gayarre en presencia del juez, de los testigos y del notario. Dicho testamento está otorgado en 23 de agosto de 1883 y escrito de la letra de Gayarre.

    Al otorgar su última voluntad, dispuso que se le enterrara en el Roncal [sic], y que sus funerales fuesen modestos, dejando algunos legados a todos sus primos carnales.

    La Vanguaridia, 13 de enero de 1890.

    En el testamento hay una cláusula reservada que se cree se refiere a su hija.

    Se instituyen herederos a don Valentín y a doña Fermina Gayarre, sus hijos , y a su hermano don Ramón, y nombra albaceas testamentarios a los señores Enciso y Garjón.

    Detectamos un par de incorrecciones  (cosa de los telegramas y las prisas, probablemente) en la reseña anterior. Valentín y Fermina Gayarre Arregui eran  hijos de su hermano  Ramón y, por tanto, sobrinos suyos (tal como está redactado, parece que fueran hijos del propio tenor).  Su hermano Ramón, en 1890,  había ya fallecido (muere en 1871).

    Al día siguiente, el mismo diario, en la edición de la tarde, ofrece más detallada información sobre el legado de Julián Gayarre:

    La Vanguardia, 14 de enero de 1890

    El testamento de Gayarre

    Como ya han dicho nuestros telegramas es ya conocido en casi todas sus partes.

    A las once de la mañana del sábado último, con las formalidades de la ley y ante el juez, notario, testigos y parientes, se abrió el testamento.

    Aparece otorgado el 23 de agosto de 1883  y está escrito de puño y letra de Gayarre. Dispónese en él, como así se ha verificado, que se le hagan funerales modestísimos y se le entierre en el Roncal [sic].

    A todos sus primos carnales deja diferentes legados.

    Contiene también una cláusula reservada y de carácter particular que se cree debe referirse a la hija que tiene reconocida.

    Instituye herederos a Valentín y Fermina Gayarre, hijos de su difunto hermano Ramón, y nombra albaceas testamentarios con facultades a don Julio Enciso y a don Gregorio Garjón.

    Legados en metálico:

    A su primo Gregorio Garjón, 16.000 duros; a Pedro María Garjón, 8.000; a Eugenio Garjón, 8.000; a los hermanos Cristina, María, Vicenta y Víctor (ignórase apellido), 5.000 duros a cada uno; a la niña María Mantilla, 25.000 y a su cuñada Gabriela Arregui, 8.700.

    Será administrador de todos estos bienes don Gregorio Garjón, con el sueldo de 1.000 duros anuales.

    Su sobrino Mariano entregará 6.000 duros en metálico a Filomena, en compensación de la casa solariega de Roncal a él legada.

    Destina también otras mandas para el cura de Roncal y familias pobres.

    La Vanguardia, 14 de enero de 1890 (I).La Vanguardia, 14 de enero de 1890 (2).

    Por último, dispone el testamento que se considere nulo y no se satisfaga al heredero o legatario que se oponga a alguna cláusula del testamento o trate de formalizar oposición o de recurrir a los tribunales.

    También aquí se colaron, no sabemos si por su cuenta y riesgo, algunas  imprecisiones.

    Hasta donde se sabe, no es cierto que Julián Gayarre hubiera reconocido legalmente a la niña María Mantilla como su hija.

    A quien Gayarre transmitió en herencia la casa solariega de Roncal fue a su sobrino Valentín  (Mariano era el nombre del padre del tenor). Y a quien Valentín debió entregar 6.000 duros en compensación  fue a su hermana Fermina (salvo que ambos nombres empiezan por “F”, nada tiene que ver el nombre de Filomena con el de Fermina).

    Julián Gayarre  en el rol de Fernando, 'La favorita'.

    Julián Gayarre en el rol más emblemático de su carrera, el Fernando de 'La favorita'.

    En realidad, quien residía en 1890 en la casa familiar del barrio de Arana de Roncal, que el tenor mandó construir en 1879 sobre el mismo solar de su casa natal, era Gabriela Arregui, hermana política del tenor y madre de sus sobrinos Fermina y Valentín.

    Ambos tenían, cuando fallece Gayarre, 21 y 20 años, respectivamente; es de suponer que aún pasaban al menos largas temporadas con su madre.

    Más tarde, cuando Fermina contrae matrimonio,  Gabriela se traslada a vivir con ella a Madrid, donde fallece en 1923 con más de 80 años.

    Observamos, pues, que de los legados en metálico, la niña María Mantilla es quien mayor suma percibe: 25.000 duros. La consignación de su nombre en el testamento de Gayarre constituye, hasta la fecha,  la única prueba documental de la que se dedujo  en su momento que  María era hija natural del tenor.

    ¿Era una cantidad considerable, en 1890, hace casi 120 años, los 25.000 duros que el tenor legó a su hija?

    Marta Herrero Subirana, bisnieta de Ramón Gayarre, el hermano mayor del tenor, se remite a la biografía de Máximo de Arredondo cuando escribe en su libro sobre Gayarre (la edición que consultamos es de mayo de 2003):

    “Según este autor, en el testamento ordena que su cuerpo sea enterrado en Roncal, nombra herederos a sus dos sobrinos, mi abuela Fermina y su hermano Valentín; y deja numerosos legados, entre ellos 25.000 duros a la niña María Mantilla, es decir, unos setenta millones de pesetas actuales (421.000 €)”.

    Como veníamos diciendo: obras son amores.

    Julián Gayarre en Milán, cuando ya era considerado como el mejor tenor del mundo.

    Gayarre en Milán, en la época en que triunfa en la Scala, donde debuta el 2 de enero de 1876. Le faltaban por entonces siete días para cumplir los 32 años. Justo catorce años después, el 2 de enero de 1890, fallece en Madrid, a los 46 años.

    El testamento fue redactado en Bilbao, en la casa de su amigo y albacea testamentario Julio Enciso, y registrado en la notaría de don Blas de Onzoño de esa misma ciudad, según desveló el propio Enciso en las Memorias de Julián Gayarre.

    ¿Se sabe hoy en día con certeza si  la misteriosa cláusula reservada del testamento de Gayarre guardaba, efectivamente, algún tipo de relación con la niña María Mantilla?

    ¿Se detallaba además en el testamento a cuánto ascendía  el patrimonio de Gayarre el 23 de agosto de 1883?

    Al misterio de la famosa cláusula  se suma el misterio del no menos famoso testamento, documento notarial que desapareció como por ensalmo hace, probablemente, casi 120 años:  “Hasta la fecha el testamento no ha aparecido ni consta en los archivos notariales de Bilbao”, asegura Oscar Muñoz en su libro, quien se pregunta:

    ¿Es probable que Gayarre pidiese además a su amigo que se deshiciera del testamento y así proteger su vida más íntima y la de personas queridas como por ejemplo su hija o la madre de ésta? ¿Fue el propio Enciso quien falseó la fecha y la notaría en que fue entregado el documento?

    Es probable.  La fidelidad a toda prueba que demostró Enciso hacia Gayarre y su empeño en salvaguardar de toda mirada indiscreta la vida privada del tenor avalan sólidamente esta teoría mientras no se demuestre documentalmente lo contrario… ¿Aparecerá algún día el testamento de Julián Gayarre? Probablemente, no. Pero quién sabe.

    Gayarre

    “La fortuna de Gayarre  se calculó en unos doce millones de reales”, asegura Muñoz, que coincide en esta apreciación con Arredondo, quien precisa que “el tenor ha dejado una herencia cuantiosísima, que algunos hacen ascender a doce millones de reales”. “Es decir, el equivalente a mil setecientos millones de pesetas (unos 10 millones de €)”, explica Marta Herrero Subirana, quien añade:

    Un simple cálculo matemático nos permite ver que “esta cuantiosísima fortuna” equivaldría a sus honorarios de tres o cuatro años. Habida cuenta que Julián llevó durante toda su carrera una vida austera, sin despilfarros, y que su primo Gregorio fue un muy buen gestor de su patrimonio, podemos deducir algo que él siempre quiso tener oculto: su faceta de mecenas, de hombre generoso, generosidad que se concretó no solamente en el frontón o en las escuelas de Roncal. Generosidad que supo continuar su sobrino Valentín, que sin duda cumplió con las instrucciones recibidas de su tío.

    ¿Qué se puede añadir? Que  obras son amores también.  ¡Bravo, Gayarre!

    El misterio del testamento de Gayarre (I)

    El misterio del testamento de Gayarre (I)

    Martes, Junio 9th, 2009

    Julián Gayarre

    Indagando en la hemeroteca de La Vanguardia, se encuentran cosas tan curiosas como lo que dijo la prensa en 1890 sobre el testamento de Julián Gayarre.

    Gayarre falleció en Madrid, el 2 de enero de 1890. Casi seis años y medio antes, el 23 de agosto de 1883, ya había dejado por escrito el célebre tenor navarro a quiénes nombraba sus herederos universales y a quiénes y en qué cuantía legaba parte de  fortuna.

    Entre los legados en metálico que donó el tenor figura el nombre de una niña quien, con diferencia, resultó ser la mayor beneficiada. Ni siquiera en su testamento quiso confirmar Gayarre el parentesco que le unía a ella, y se limita, sin más, a consignar su nombre: “La niña María Mantilla”.

    No obstante, existía en el testamento una cláusula reservada, que lógicamente no se hizo pública. La prensa de aquel entonces dedujo –concedamos que con más datos e información de los que contamos hoy en día– que aquella cláusula privada estaba relacionada con su hija.

    Por lo que se sabe –muy poco, a ciencia cierta–, María Montilla era hija de la soprano del mismo nombre y del tenor Julián Gayarre. Gayarre no le dio su apellido, pero, obras son amores; es evidente que velaba por ella.

    María Mantilla

    La soprano María Mantilla caracterizada, probablemente, de Anna Bolena.

    Pero ¿quién fue la soprano María Mantilla? No existe mucha información sobre su trayectoria artística (nada vemos en la Red), pero sí se sabe, por ejemplo, que cantó en el Teatro Real en la temporada 1872-1873.

    Debutó con Anna Bolena el 10 de octubre de 1872, y continúo con Gemma di Vergy, ambas obras de Donizetti y ambas estreno en el Real. Intervino después en Los Hugonotes, Il trovatore y Don Giovanni, junto a Roberto Stagno.

    En 1873 canta el Moisés de Rossini y la Norma de Bellini. Su última intervención en el coliseo madrileño fue en un concierto sacro: el oratorio de La Creación de Haydn en marzo de ese mismo año.

    Gayarre debutaría en el Teatro Real casi cinco años después que Mantilla, el 4 de octubre de 1877, con La favorita.

    ¿Cantó María Mantilla en el Gran Teatro del Liceo de Barcelona? Parece ser que sí, a juzgar por lo que en la hemeroteca hemos  hallado:

    “La empresa del Gran teatro del Liceo ha contratado, en sustitución de la señora Pierson, a la distinguida prima donna María Mantilla”, publican en La Vanguardia el 29 de abril de 1885.

    (La Pierson no fue muy bien recibida en el Liceo y sólo cantó  una sola vez el Don Giovanni, precisaron en el Diario de Barcelona).

    En la edición del día siguiente, 30 de abril, se anuncia que “La señorita Mantilla, deseando contribuir al mayor brillo de la función ha accedido a debutar con la ópera Amleto y encargarse de la parte de ‘Reina’ en obsequio del beneficiado”. El beneficiado era nada más y nada menos que Victor Maurel.

    Y el 8 de mayo de ese mismo año, 1885, se comunica que asumirá el rol de Leonora en Trovador:

    Con la ópera ‘II trovatore’ debutará mañana domingo en el Gran teatro el tenor don Andrés Antón, que viene precedido de gran fama por los ruidosos éxitos que ha obtenido recientemente en el teatro Real de Madrid. También debutará en dicha ópera el barítono señor Rubirato, habiéndose encargado de la parte de Azucena la distinguida artista señora Pasqua y de la de Leonor la señorita Mantilla.

    Por aquellos años, los cronistas y/o críticos de prensa del teatro lírico, y en general de cualquier otro espectáculo, las más de las veces se limitaban a anunciar qué se cantará, dónde se cantará y quiénes cantarán, y generalmente sólo hacían referencia a las figuras principales. Pero todo apunta a que la soprano María Mantilla cantó en  el Liceo en la primavera de 1885 (lo verificaremos con más tiempo otro día).

    ¿Qué más se sabe sobre esta soprano?

    María Mantilla

    La tiple María Mantilla.

    El investigador de Gayarre Oscar Muñoz en su libro Julián Gayarre. Como el de casa ninguno escribe sobre María Mantilla lo siguiente:

    “Gayarre no se resistió a los caprichos de Cupido y en más de una ocasión se dejó caer en los brazos del amor. Quizás la historia de amor que más huella le dejó fue la que mantuvo con la tiple María Mantilla. Fruto de esta relación nació una niña a la que dieron el nombre de María y el apellido materno llamándose entonces como su madre.

    Poco o casi nada se sabe de esta niña.

    Aunque se conoce muy poco del testamento de Gayarre, por lo que se publicó en la prensa de la época se sabe que el tenor otorgó “a la niña María Mantilla 25.000 duros”. Toda una fortuna para la época. Años más tarde la hija del tenor adoptó el apellido paterno, pasándose a llamar María Gayarre”. 1

    1.- Testimonio de Dña. Alicia López de Garretxena, a quien se lo contó un matrimonio que conoció a la hija de Gayarre.

    Cuando en 1882, Julián Gayarre da su palabra al empresario don Luciano de Urizar de que se presentará en Bilbao, organiza el tenor una compañía de cantantes españoles, con el objetivo de cantar en la capital vizcaína y quizás en alguna otra ciudad española. Entre el elenco de aquella compañía, se encontraba la soprano María Mantilla.

    Con estas palabras lo cuenta Florentino Hernández Girbal en su libro Julián Gayarre. El tenor de la voz de ángel:

    En seguida Julián empezó a disponer la temporada que un mes más tarde [hasta últimos de marzo de 1882, Gayarre se encuentra en Roma] habría de iniciar en Bilbao. Organizador y empresario de la compañía lo era el maestro José Lago, un gallego tan diligente como astuto y tan capaz como emprendedor. […] En poco tiempo le unió al tenor una gran amistad y fueron muchos los negocios teatrales que hicieron juntos.

    Tales gestiones y la presencia de una agente americano que deseaba contratar a Gayarre hicieron que por el ambiente teatral corriese el rumor de que el roncalés formaba compañía con cantantes españoles para emprender una jira [sic] artística por los países americanos.

    Julián hubo de desmentirlo, aunque la oferta, con respecto a él, era cierta, lo mismo que la formación de la compañía, pero ésta no tenía otros propósitos que actuar en la capital de Vizcaya y, si acaso, en alguna otra provincia española. Tratándose de una empresa en la que él tenía parte, según había acordado con don Luciano de Urizar, Julián procuró rodearse de buenos amigos, que fueran a la vez artistas excelentes.

    Así aseguróse la participación de la soprano María Mantilla, a la que acompañaba por entonces con muy expresiva asiduidad; de José Kaschmann, una de las más bellas voces de baritono que han existido, compañero suyo en muchas noches de triunfo; del bajo Pedro Meroles [muy probablemente se refiere al bajo Pablo Meroles], muy apreciado por todos los públicos, y del barítono Eugenio Labán, que llegó a ser uno de sus mejores amigos”.

    Se da por cierto, pues, que la soprano María Mantilla era la madre de la hija natural de Julián Gayarre. Sin embargo, Marta Herrero Subirana, descendiente del tenor, y Francisco Moreno Bardají,  su esposo, autores del libro Julián Gayarre. Un tenor histórico. Un navarro universal, editado por la Fundación Gayarre,  ponen en duda ciertos aspectos de la vida privada del tenor roncalés, y así lo adelantan  en la Presentación:

    En algunos puntos de la vida de Gayarre nos hemos apartado del tratamiento que les han dado en esas biografías [se refieren a las escritas por Máximo de Arredondo, Anselmo González, Hernández Girbal, Oscar Muñoz, citados expresamente]; preferimos ofrecer en este libro la versión que de estos acontecimientos se ha mantenido  en el seno de nuestra familia; incluso en algún tema importante como la identidad de la madre de María, la hija natural de Gayarre.

    Y así, en el capítulo III.III ‘Las mujeres y los amigos’, Marta Herrero Subirana, nieta de Fermina Gayarre e hija esta última de Ramón, uno de los dos hermanos del tenor, especifica:

    María Mantilla

    María Mantilla.

    Lógicamente la discreción que Gayarre exigió a su entorno en estos temas la llevó al máximo cuando las relaciones amorosas dieron su fruto lógico.

    De estas relaciones la más conocida es la que mantuvo con María Mantilla, importante soprano española con la que compartió tardes de triunfo en Madrid y que actúo con él en Bilbao en 1882, y “a la que acompañaba con muy expresiva asiduidad”.

    La existencia de la hija de ambos, María, fue admitida por Julián al legarla en su testamento la cantidad de 125.000 pesetas.

    Esta niña, a la que Julián no reconoció legalmente, cambió posteriormente su apellido materno por el paterno de Gayarre, aunque no lo transmitió por morir sin descendencia de su matrimonio.

    Todos los biógrafos aceptan que la madre de la niña era la soprano María Mantilla; pero en casa, las pocas veces que oí comentar el tema, el nombre que se citaba era el de Teresa; quizá la niña se llamaba Teresa en lugar de María; o quizá la madre era Teresa, una hermana de María que daba conciertos de arpa.

    Parece que la niña María o Teresa no fue el único fruto de la relaciones amorosas que mantuvo Julián. Aunque también es lógico que quisieran atribuirle paternidades diversas. En la investigación que Oscar Muñoz, su más reciente historiador, está realizando sobre la correspondencia inédita de Julián aparecen cartas firmadas por una Lola, que trata a Julián con mucho cariño… y le dice que su hijo le llama “papá”.

    ¿Se llamaba, pues, la niña María? ¿Se llamaba Teresa? Es extraño que el propio tenor confundiera el nombre de su hija en su testamento. ¿Era hija de la soprano María Mantilla o de su hermana Teresa? ¿Se llamó quizás María Teresa y fue conocida por ambos nombres?  Recordemos que María era también el primer nombre de la madre de Gayarre, la devoción que siempre sintió por ella el tenor  y la tradición secular de imponer, generación tras generación,  los nombres de los familiares más próximos, especialmente el  de los abuelos.

    ¿Podría haber adoptado  la niña María Mantilla el apellido Gayarre, o cambiar el apellido Mantilla por el de Gayarre, sin que su padre, que ya no vivía, la hubiera reconocido legalmente como su hija?  ¿Podría haber transmitido su apellido si éste no le pertenecía legalmente? ¿Es posible que en aquella cláusula privada del testamento, Gayarre reconociera postúmamente su paternidad y que ésta fuera la razón de que años más tarde María Mantilla pasara a llamarse María Gayarre?

    Julio Enciso, biógrafo y albacea testamentario del tenor.

    Julio Enciso, amigo, biógrafo y albacea testamentario del tenor.

    Demasiadas incógnitas después de casi 120 años de la muerte de Gayarre. Y en realidad no importan. Lo que sí parece evidente es que Gayarre se preocupó por que no se supiera públicamente  y  con absoluta certeza que la niña María Mantilla era hija suya.

    Sus familiares respetaron a rajatabla sus deseos, incluso después del fallecimiento del tenor. También, y especialmente, Julio Enciso, su mejor amigo, casi un hermano, y autor de las Memorias de Gayarre:

    Las tachaduras que Gayarre realizó en las Memorias son flagrantes; por ejemplo, al relatar Enciso las aventuras amorosas que Julián tuvo en San Petersburgo, escribe: “en cambio, abundaron las grandes aventuras, y allá va una”;  punto y aparte. “Desde aquella época solía recibir siempre Gayarre en determinado día del año una flor dentro de un sobre…”. Al buen Enciso se le olvidó corregir la redacción después de que el original hubiera sido mutilado por el protagonista de la aventura”. [Julián Gayarre. Un tenor histórico. Un navarro universal]

    Quizás al buen Enciso no se le olvidó. Quizás fue su forma de dejar constancia, sin dejar de ser leal, de que le hubiera gustado contar más cosas de la vida privada del tenor (es obvio: de no ser así, Gayarre no hubiera tachado párrafos enteros del manuscrito original), pero que no le dejaron. Que el propio Gayarre no se lo permitió.

    Por si quedara alguna duda de la férrea intención del tenor  de desvelar lo menos posible sobre sus historias de amor o íntima amistad con el género femenino, recordemos que Gayarre encargó a Enciso que cuando él falleciera “destruyese todas las cartas con firma de mujer existentes en la casa de Roncal, encargo que Enciso llevó a cabo con la destrucción de más de trescientas cartas”. [Julián Gayarre. Como el de casa ninguno]

    De nada sirve lamentarse del gran valor histórico y documental que sin duda se perdió para siempre entre  aquellas cartas.  Así lo decidió el tenor. Y así lo asumió Enciso. Tempus fugit…

    Sebastián Julián Gayarre Garjón nace en Roncal el 9 de enero de 1844. Era hijo de Mariano Gayarre Mainz y de María Ramona Garjón Jandúa. Sus dos hermanos, Ramón y Victoriano, tenían 5 y 3 años, respectivamente, cuando nace el benjamín de la familia, Sebastián Julián. Recibe el primer nombre  por la devoción que María Ramona sentía por este santo; y el segundo, por el santo del día en que nació,  9 de enero, San Julián. Sus padres tenían 43 y 41 años, respectivamente, cuando nace el tenor.

    Gayarre recibe la noticia del fallecimiento de su madre en Varese, el 20 de septiembre de 1869, justo en los días en que por primera vez canta en Italia (debutó con I vespri siciliani, de Verdi). De todos es conocido cómo recibió la triste noticia el tenor y cómo el sentimiento y el dolor con que cantó Una furtiva lacrima le catapultó a la fama.

    Su hermano Ramón estaba casado con Gabriela Arregui. Del matrimonio nacieron dos hijos,  Fermina, en 1869;  y Valentín, en 1870. Ramón fallece en el verano de 1871, a los 32 años, víctima de la tisis. Por aquellos días firma Gayarre su primer contrato, con Baldini, el empresario que le dio su primera oportunidad en Varese.

    Su hermano Victoriano también fallece joven,   a los 34 años, el 18 de octubre de 1875. Estaba soltero y también murió a causa de la tuberculosis.   A Gayarre le contratan por esas fechas para cantar por primera vez en la Scala.

    Julián Gayarre con su padre, Mariano Gayarre Mainz (frente al tenor) y sus primos Gregorio y Pedro María.egorio y Pedro María.

    Julián Gayarre con su padre, Mariano Gayarre Mainz (frente al tenor) y sus primos Gregorio y Pedro María Garjón.

    El tenor roncalés asociaba la coincidencia entre la pérdida  de sus seres  queridos y algunos de los éxitos  clave en su carrera con la idea de que sus mejores triunfos artísticos se los estaba cobrando la vida con la muerte de aquellos a quienes más quería.  Este presentimiento, sumado a su  carácter,  de natural melancólico,   se acentúa  aún más cuando fallece su padre, don Mariano, el 27 de agosto de 1882, en Roncal.

    ¿Ves estas tierras? Pues ahí venía yo de niño a trabajar con mi padre y mis hermanos. Mi madre nos traía un puchero de habas y un trozo de pan que constituía nuestra comida. Entonces era pobre… hoy en cambio soy rico, millonario, pero ¿dónde están mis seres queridos? Cambiaría todo ahora mismo: mi dinero, mi fama, todo por verme de nuevo con ellos como entonces… como un humilde campesino. [Memorias de Julián Gayarre (1844-1890)]

    El misterio del testamento de Gayarre (II)

    CCartel original de la película 'Gayarre', protagonizada por Alfredo Kraus.

    Una vergine, un’ angel di Dio, por Alfredo Kraus. Del film ‘Gayarre’, 1958.

    Diego Flórez arrasa en el Real

    Jueves, Junio 4th, 2009

    Veni, vidi, vici. Llegó, cantó y venció. Por más de mil.

    ¡Bravo!, ¡guapo!, ¡qué majo eres!, ¡eres el rey!…,  fueron algunos de los piropos que le lanzaron a  Juan Diego Flórez durante su recital del martes en el Teatro Real, dedicado a Alfredo Kraus.

    Se le esperaba con impaciencia.  Las entradas se agotaron. Menos mal que sí hubo pantallazo en la Plaza de Oriente.

    Sì, ritrovarla io giuro, de la primera parte del recital. Al piano, Vincenzo Scalera.

    Flórez saluda desde el balcón (6:49).

    “Les mando un beso desde aquí arriba. ¿Cómo se oyó? ¿Cómo se vio? ¿Bien?…
    A ver, para los señores peruanos…”.

    Y cantó a capella La flor de la canela.

    El próximo domingo, día 7, de nuevo recital de Flórez, con pantalla gigante incluida.

    ¿Cuándo volverá al  Real? Cuán largo nos lo fía Mortier…  De Cosí fan tutte, programada por Antonio del Moral para la temporada 2010-11, rien de rien. Y  hasta 2015,  la agenda del peruano está completa.

    Más:

  • “Cuando llegas a entender que el canto es aire, es cuando comienzas a cantar bien”
  • Mortier se ha puesto en pie al igual que el resto del público, incluido el actual director artístico del Real, Antonio del Moral
  • Juan Diego Flórez paga con un cheque de voz su ausencia en Rigoletto
  • Flórez pone en pie hasta al público de la calle
  • Gracias, rubik001, parsifalito, Cuál es tu cau cau

    Nota bene: no se me quejen de los vídeos, que menos es nada;-)

    Andrés Veramendi: “Si uno no se identifica con el personaje, jamás lo cantará bien”

    Miércoles, Junio 3rd, 2009
    Andrés Veramendi como Mario Cavaradossi en <i>Tosca</i>. Lima, 2008.

    Andrés Veramendi como Mario Cavaradossi en 'Tosca'. Lima, 2008.

    La carrera artística del tenor peruano Andrés Veramendi no es aún muy extensa. Muy joven, con buena voz; es consciente de que ha elegido una profesión en la que el público siempre pone nota y en la que nunca se termina de aprender. Prefiere la ópera, pero no descarta la zarzuela y el recital.

    Soltero. Aún no tiene hijos.  Sencillo, cordial, trabajador. Empeño e ilusión no le faltan por forjarse un porvenir en el escenario lírico internacional.  “A los divos hay que dejarlos en la primera mitad del siglo XX”, asegura.

    Veramendi como Alfredo. Municipal de Chile, mayo 2009.

    Entrevistamos a Andrés Veramendi, en exclusiva para operasiempre.es, que el pasado 23 de mayo interpretó por primera vez el Alfredo de La traviata, ópera que inaugura la temporada en el histórico Teatro Municipal de Santiago de Chile.

  • Montse Román
  • –Leo en en YouTube: “Soy un Tenor Peruano que intenta salir adelante en este mundo tan complicado…”. ¿Por qué es complicado salir adelante en ese mundo tan complicado?
    –Sí, mire… Toda actividad artística es de por sí compleja, ante todo porque se trata de arte, lo cual significa tener que regirse por patrones estéticos que demandan mucha dedicación, especialización, sacrificios personales, concentración y, en general, una disposición psicológica y física que no se demanda ni se espera de personas que trabajan en otras profesiones y oficios, pero sí a los artistas.

    Yo soy un cantante lírico y la dedicación y esfuerzo que hago para sacar adelante mi carrera me llevan a decir que este mundo del canto lírico es complicado. Pero no lo digo como queja sino como constatación de la realidad que he escogido vivir.

    –¿Considera que la Red es un excelente medio de promoción para un cantante?
    –Sí, definitivamente es un excelente medio para hacernos conocidos y también para una mayor divulgación de nuestro arte.

    –¿Cuándo decidió dedicarse a cantar profesionalmente?
    –Tenía 16 años cuando tuve que escoger entre estudiar Derecho, que es lo que de algún modo sugería mi familia, y el canto, que es lo que a mí me gustaba. La decisión fue facilitada por los consejos de quienes habiéndome escuchado me alentaban para estudiar canto.

    –¿Su debut oficial?
    –Fue un poco apresurado y fruto de esas circunstancias escénicas que a veces suceden. Se estrenaba en Lima la zarzuela Los Gavilanes; el tenor se enfermó la víspera y el director del coro –pues yo simplemente formaba parte del coro– dijo: “Hay un chico del coro que puede hacerlo”. Hubo una audición, me escogieron, y con 18 años y muerto de susto debuté. El público me aplaudió mucho, pero ahora estoy convencido de que lo que más aplaudieron fue mi audacia.

    –¿Cómo definiría su voz?
    –Pues… De acuerdo a los estándares, soy un tenor lírico. Se trata de una voz con brillo muy timbrada.

    –Entre las personas que le alentaron o ayudaron en su carrera, ¿de quién no se olvidará nunca?
    –Hay muchas personas y sería injusto dejar de mencionar algunas, pero afectivamente quiero agradecerle a todos los que me han ayudado en la persona de una cantante que fue mi primera maestra en España, y que ya no está con nosotros. Me refiero a Ángeles Chamorro. Ella me acogió con mucho cariño y desinterés y me ayudó a entender lo exigente que era prepararse para ser un buen cantante.

    –Isabel Penagos, Ángeles Chamorro, Vittorio Terranova, Pedro Lavirgen,  Ernesto Palacios, Enrique Ricci…: ¿qué es lo más importante que le han aportado cada uno de sus maestros?
    –Primero, amar el canto; segundo, buscar permanentemente igualar los sonidos sin forzar –de esta manera se adquiere una buena línea de canto que, por ende,  produce el cantar bien–; asumir el repertorio que corresponda a mi edad y a mi evolucion vocal. No caer en el error de buscar algo artificial, ortopédico, por decirlo de algún modo. Es decir, buscar siempre la naturalidad del canto reforzada con la técnica. Todos ellos han insistido, y les estoy agradecido por ello, en que debo trabajar mucho y trabajar siempre la técnica.

    –¿Con quién completa su formación en la actualidad?
    –Desde 2005, con mi maestra Isabel Penagos preparo todas mis obras. Gracias a ella estoy solidificando la parte técnica de mi canto y, por ende, la musical e interpretativa. Ella es muy exigente en cómo debo abordar mi repertorio y en verdad le debo mucho, sobre todo en estos últimos tres años de mi carrera. Tambien trabajo desde hace dos años repertorio con Enrique Ricci en Barcelona y recibo consejos técnicos e interpretativos de Ernesto Palacio.

    Veramendi, Puerta de Alcalá.

    –¿Le parece España un buen lugar para vivir?
    Resido en Madrid desde el año 2001. España es un país muy bello y estoy contento de vivir aquí.

    –¿Es más exigente el público por estos lares?
    –En general, el público con mayor conocimiento sobre lírica es más observador y exigente. Como en todos lados, el oído de la persona habituado a escuchar música clásica suele ser más refinado y, por tanto, más exigente también.

  • Nessun dorma. Orquesta del Teatro Lírico Nacional de Donetks (Ucrania)
  • –¿A qué cantante lírico del pasado admira más?
    –Pregunta complicada, ya que son muchos. Si me pide citar algunos dentro de los tantos del pasado que admiro y me gusta escuchar, nombraría a Aureliano Pertile, Beniamino Gigli, Franco Corelli, Maria Callas, Mirella Freni, Fiorenza Cossotto, Luciano Pavarotti.

    ¿Y del panorama lírico actual?
    Del presente, Plácido Domingo, Juan Diego Flórez, Marcelo Álvarez, Roberto Alagna, Renée Fleming, Dimitra Theodossiou, Cecilia Bartoli.

    –Domingo, Flórez, Álvarez, Alagna: ¿el orden en que los cita coincide con su orden de preferencia?
    –No.

    –¿Quién considera que es en la actualidad el tenor más importante?
    –Pregunta difícil, porque creo que va siempre ligada a los gustos personales. Pero depende. Entre el repertorio belcantista, sin duda, Juan Diego Flórez; y en el repertorio lírico grande creo que comparten Plácido Domingo y Roberto Alagna junto a Ramón Vargas y Marcelo Álvarez. También está Kaufmann.

  • Bimba dagli occhi pieni…. Miki Mori (Madama Butterfly). Teatro Nacional de Donetks (Ucrania)
  • Veramendi–¿Ópera, zarzuela, concierto? Si puede elegir, ¿con cuál se queda?
    –Los tres tienen su momento y al decir ópera dejo constancia de que no excluyo ni la zarzuela ni el recital.

    –Interpretación y voz. ¿Cuál sería en su opinión el porcentaje ideal de cada uno de estos elementos clave que debe aportar un cantante en la representación de una ópera?
    –Van juntos; no puedo separar desde una perspectiva de exigencia artística la voz y la interpretación. La voz sola no es nada y la interpretación sola es cosa del teatro o del cine, pero no del canto lírico.

    –Que necesariamente deban ir juntas no significa que necesariamente hayan de ir en igual proporción. ¿Podría decirse que mitad y mitad?
    –Sí se podría llegar a decir, pero igualmente pienso que la voz sola no es nada. Hay cantantes que tienen una voz no especialmente bonita, y poseen, sin embargo, una musicalidad y un legato increíbles que hacen de su canto un canto bello. De igual modo, hay quien tiene una bella voz pero no canta bien o su voz es demasiado fría y no llega a transmitir.

    Es complicado definir qué factor de los dos es más importante o si ambos deben darse en igual proporción. Creo que para lograr una buena interpretación hace falta también ser una persona de sentimientos nobles y tener la capacidad de ser expresivo y llegar al público. En suma, conseguir que el espectador viva y sienta lo que estás cantando. Si a esto se le agrega además una bella voz, creo que hablamos de un cantante lírico completo.

  • Lunge da lei per me non v’ha diletto!… De miei bollenti spiriti… O mio rimorso!Nancy Gómez (Annina). Teatro Municipal de Santiago de Chile, 2009
  • –Fue seleccionado para el rol de Alfredo en La traviata del Municipal de Chile entre más de un centenar de aspirantes. ¿Qué sintió al ser elegido?
    –Para mí fue un momento muy especial de mi experiencia artística. Por un lado me sentí muy gratificado. Por el otro, sentí que asumía una gran responsabilidad. Ese día, por supuesto, salté de alegría y me emocioné. Sentí que mi lucha y mis estudios me estaban permitiendo conquistar un logro importante en mi carrera ganado honestamente y fruto de mi trabajo.

    Martina Zacro y Andres Veramendi en Traviata, Teatro Municipal de Chile. Mayo, 2009.

    Andres Veramendi y Martina Zadro en el brindis de 'La traviata'. Teatro Municipal de Santiago de Chile. Mayo, 2009.

    La responsabilidad de los ensayos, la tremenda responsabilidad en las funciones, ha constituido para mí una experiencia enriquecedora como artista y como persona. Me siento satisfecho de haber actuado en el Teatro Municipal de Chile, cuna de grandes intérpretes y grandes espectáculos. Y agradezco en especial al señor Andrés Rodríguez, intendente del Teatro Municipal de Chile, así como a todo el personal artístico del teatro que creyó en mí y me brindó esta gran oportunidad.

    –¿De qué actuación se siente especialmente orgulloso?
    –La carrera del cantante lírico es también la suma de los diferentes roles que va asumiendo a lo largo de su trayectoria artística. La mía no es aún muy extensa, pero siento que no puedo ser ingrato con lo que me enseñó la asunción de cada personaje, el enriquecimiento que cada uno de ellos me ha ido aportando, tanto en zarzuela como en ópera.

    El Javier Moreno de Luisa Fernada o el Fernando de Doña Francisquita han sido para mí experiencias muy gratas que han quedado en mi repertorio y que espero volver a cantar. Pero también tengo tantas cosas que agradecerle al Cavaradossi de Tosca o a este Alfredo de Traviata que no puedo dejar de mencionarlos y espero reencontrarme con ellos muchas veces.

    –¿Es laborioso interpretar por primera vez a un personaje? ¿Con cuál se ha sentido más identificado?
    –Todos dan mucho trabajo y sin huir de la pregunta debo decir que, si uno no se identifica con el personaje, jamás lo cantará bien.

    –¿Por qué en su profesión nunca se termina de aprender?
    –Esta carrera es así: cada personaje nuevo o uno que regresa después de varios años exige estudio. Además tienes que adaptarte a la propuesta del regista y al tempo con que el director de orquesta concibe la obra. Siempre es un comenzar de nuevo.

    Hay que estudiar la obra, lo primero, y también hay que conocer y leer con atención a los autores, y en el caso de las óperas, los libretos o las obras en que han sido basadas. Todo lo relacionado con mi profesión, con la ópera y la zarzuela, absorbe gran parte de mi tiempo, pero procuro también dejar un hueco para otras inquietudes. Tengo mucha curiosidad por los experimentos científicos de nuestro tiempo, por ejemplo.

    –¿El propio cantante es quien mejor sabe qué nuevos retos puede afrontar?
    –Considero que para tomar una decisión hay que escuchar primero a tu maestro. No olvidemos que, a diferencia de otras profesiones, el cantante y su maestro están juntos siempre. Yo consulto mucho a mis maestros, tanto para decir sí como para decir no a invitaciones de roles que para mí eran prematuros.

    –¿Qué proyectos inminentes figuran en su agenda?
    –Tengo por delante cantar de nuevo La traviata en la temporada de ópera de Lima y un proyecto aún sin fecha definitiva para hacer La vida breve en Turquía. También, varios conciertos programados así como diversas audiciones.

    –¿Le preocupa la denominada por algunos de sus colegas “dictadura” de los directores de escena?
    –No, en absoluto. Son roles y funciones, y hay que saber adaptarse. Eso sí, manteniendo una línea de respeto por el autor de la obra, por el artista, por el arte. Lo que sí me parece importante señalar es que el divismo ya pasó de moda.

    –¿No sólo de divos vive la ópera?
    –Así es. Creo que a los divos hay que dejarlos en la primera mitad del siglo XX.

    [Algunas de las fotos, gentileza de Andrés Veramendi]