Gayarre, como Vasco de Gama, en 'La Africana'.
La segunda parte del misterio;-) Aquí, la primera.
Julián Gayarre redacta su testamento, de su puño y letra, el 23 de agosto de 1883. Si nos atenemos a esta fecha, podemos deducir que la niña María Mantilla, hija natural del tenor, tenía en enero de 1890, cuando muere Gayarre, al menos siete años de edad.
Si nos fijamos en la fecha en que fallece el padre de Gayarre, 27 de agosto de 1882, observamos una coincidencia que llama la atención: el tenor roncalés redacta su testamento justo un año y cuatro días después de la muerte de don Mariano Gayarre Mainz.
En el verano de de 1883, Julián Gayarre tenía 39 años. Recordemos que sus dos hermanos, Ramón y Victoriano, no llegaron a cumplir los treinta y cinco. El presentimiento de que, al igual que sus hermanos, también él fallecería joven debió de influir poderosamente en la decisión de redactar su testamento. Es probable que también fuera decisivo el hecho de que, al morir su padre, a los 80 años de edad, él era el único que aún vivía del núcleo familiar primero: sus padres, sus hermanos.
El testamento fue abierto el 11 de enero de 1890, nueve días después del fallecimiento del tenor. ¿Qué trascendió a la prensa sobre su contenido?
La Vanguardia, 13 de enero de 1890
Servicio Telegráfico
Telegramas de la Prensa Asociada
Bilbao 11, a las 9′15 noche.—Hoy se ha abierto el testamento de Gayarre en presencia del juez, de los testigos y del notario. Dicho testamento está otorgado en 23 de agosto de 1883 y escrito de la letra de Gayarre.
Al otorgar su última voluntad, dispuso que se le enterrara en el Roncal [sic], y que sus funerales fuesen modestos, dejando algunos legados a todos sus primos carnales.
En el testamento hay una cláusula reservada que se cree se refiere a su hija.
Se instituyen herederos a don Valentín y a doña Fermina Gayarre, sus hijos , y a su hermano don Ramón, y nombra albaceas testamentarios a los señores Enciso y Garjón.
Detectamos un par de incorrecciones (cosa de los telegramas y las prisas, probablemente) en la reseña anterior. Valentín y Fermina Gayarre Arregui eran hijos de su hermano Ramón y, por tanto, sobrinos suyos (tal como está redactado, parece que fueran hijos del propio tenor). Su hermano Ramón, en 1890, había ya fallecido (muere en 1871).
Al día siguiente, el mismo diario, en la edición de la tarde, ofrece más detallada información sobre el legado de Julián Gayarre:
La Vanguardia, 14 de enero de 1890
El testamento de Gayarre
Como ya han dicho nuestros telegramas es ya conocido en casi todas sus partes.
A las once de la mañana del sábado último, con las formalidades de la ley y ante el juez, notario, testigos y parientes, se abrió el testamento.
Aparece otorgado el 23 de agosto de 1883 y está escrito de puño y letra de Gayarre. Dispónese en él, como así se ha verificado, que se le hagan funerales modestísimos y se le entierre en el Roncal [sic].
A todos sus primos carnales deja diferentes legados.
Contiene también una cláusula reservada y de carácter particular que se cree debe referirse a la hija que tiene reconocida.
Instituye herederos a Valentín y Fermina Gayarre, hijos de su difunto hermano Ramón, y nombra albaceas testamentarios con facultades a don Julio Enciso y a don Gregorio Garjón.
Legados en metálico:
A su primo Gregorio Garjón, 16.000 duros; a Pedro María Garjón, 8.000; a Eugenio Garjón, 8.000; a los hermanos Cristina, María, Vicenta y Víctor (ignórase apellido), 5.000 duros a cada uno; a la niña María Mantilla, 25.000 y a su cuñada Gabriela Arregui, 8.700.
Será administrador de todos estos bienes don Gregorio Garjón, con el sueldo de 1.000 duros anuales.
Su sobrino Mariano entregará 6.000 duros en metálico a Filomena, en compensación de la casa solariega de Roncal a él legada.
Destina también otras mandas para el cura de Roncal y familias pobres.
Por último, dispone el testamento que se considere nulo y no se satisfaga al heredero o legatario que se oponga a alguna cláusula del testamento o trate de formalizar oposición o de recurrir a los tribunales.
También aquí se colaron, no sabemos si por su cuenta y riesgo, algunas imprecisiones.
Hasta donde se sabe, no es cierto que Julián Gayarre hubiera reconocido legalmente a la niña María Mantilla como su hija.
A quien Gayarre transmitió en herencia la casa solariega de Roncal fue a su sobrino Valentín (Mariano era el nombre del padre del tenor). Y a quien Valentín debió entregar 6.000 duros en compensación fue a su hermana Fermina (salvo que ambos nombres empiezan por “F”, nada tiene que ver el nombre de Filomena con el de Fermina).

Julián Gayarre en el rol más emblemático de su carrera, el Fernando de 'La favorita'.
En realidad, quien residía en 1890 en la casa familiar del barrio de Arana de Roncal, que el tenor mandó construir en 1879 sobre el mismo solar de su casa natal, era Gabriela Arregui, hermana política del tenor y madre de sus sobrinos Fermina y Valentín.
Ambos tenían, cuando fallece Gayarre, 21 y 20 años, respectivamente; es de suponer que aún pasaban al menos largas temporadas con su madre.
Más tarde, cuando Fermina contrae matrimonio, Gabriela se traslada a vivir con ella a Madrid, donde fallece en 1923 con más de 80 años.
Observamos, pues, que de los legados en metálico, la niña María Mantilla es quien mayor suma percibe: 25.000 duros. La consignación de su nombre en el testamento de Gayarre constituye, hasta la fecha, la única prueba documental de la que se dedujo en su momento que María era hija natural del tenor.
¿Era una cantidad considerable, en 1890, hace casi 120 años, los 25.000 duros que el tenor legó a su hija?
Marta Herrero Subirana, bisnieta de Ramón Gayarre, el hermano mayor del tenor, se remite a la biografía de Máximo de Arredondo cuando escribe en su libro sobre Gayarre (la edición que consultamos es de mayo de 2003):
“Según este autor, en el testamento ordena que su cuerpo sea enterrado en Roncal, nombra herederos a sus dos sobrinos, mi abuela Fermina y su hermano Valentín; y deja numerosos legados, entre ellos 25.000 duros a la niña María Mantilla, es decir, unos setenta millones de pesetas actuales (421.000 €)”.
Como veníamos diciendo: obras son amores.

Gayarre en Milán, en la época en que triunfa en la Scala, donde debuta el 2 de enero de 1876. Le faltaban por entonces siete días para cumplir los 32 años. Justo catorce años después, el 2 de enero de 1890, fallece en Madrid, a los 46 años.
El testamento fue redactado en Bilbao, en la casa de su amigo y albacea testamentario Julio Enciso, y registrado en la notaría de don Blas de Onzoño de esa misma ciudad, según desveló el propio Enciso en las Memorias de Julián Gayarre.
¿Se sabe hoy en día con certeza si la misteriosa cláusula reservada del testamento de Gayarre guardaba, efectivamente, algún tipo de relación con la niña María Mantilla?
¿Se detallaba además en el testamento a cuánto ascendía el patrimonio de Gayarre el 23 de agosto de 1883?
Al misterio de la famosa cláusula se suma el misterio del no menos famoso testamento, documento notarial que desapareció como por ensalmo hace, probablemente, casi 120 años: “Hasta la fecha el testamento no ha aparecido ni consta en los archivos notariales de Bilbao”, asegura Oscar Muñoz en su libro, quien se pregunta:
¿Es probable que Gayarre pidiese además a su amigo que se deshiciera del testamento y así proteger su vida más íntima y la de personas queridas como por ejemplo su hija o la madre de ésta? ¿Fue el propio Enciso quien falseó la fecha y la notaría en que fue entregado el documento?
Es probable. La fidelidad a toda prueba que demostró Enciso hacia Gayarre y su empeño en salvaguardar de toda mirada indiscreta la vida privada del tenor avalan sólidamente esta teoría mientras no se demuestre documentalmente lo contrario… ¿Aparecerá algún día el testamento de Julián Gayarre? Probablemente, no. Pero quién sabe.
“La fortuna de Gayarre se calculó en unos doce millones de reales”, asegura Muñoz, que coincide en esta apreciación con Arredondo, quien precisa que “el tenor ha dejado una herencia cuantiosísima, que algunos hacen ascender a doce millones de reales”. “Es decir, el equivalente a mil setecientos millones de pesetas (unos 10 millones de €)”, explica Marta Herrero Subirana, quien añade:
Un simple cálculo matemático nos permite ver que “esta cuantiosísima fortuna” equivaldría a sus honorarios de tres o cuatro años. Habida cuenta que Julián llevó durante toda su carrera una vida austera, sin despilfarros, y que su primo Gregorio fue un muy buen gestor de su patrimonio, podemos deducir algo que él siempre quiso tener oculto: su faceta de mecenas, de hombre generoso, generosidad que se concretó no solamente en el frontón o en las escuelas de Roncal. Generosidad que supo continuar su sobrino Valentín, que sin duda cumplió con las instrucciones recibidas de su tío.
¿Qué se puede añadir? Que obras son amores también. ¡Bravo, Gayarre!
El misterio del testamento de Gayarre (I)
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Muy buen artículo! Y además con un “toque” de suspense que hace su lectura más interesante y casi no te das cuenta de su extensión (parte I y II). Me ha gustado conocer este tema, aunque al final aún queden interrogantes…
Saludos.
Gracias mil, Rosina:-)
Lo bueno que tienen los misterios sin resolver es que no pierden su magia. Y todos los divos tienen un misterio. Por lo menos. Saludiños,
Gio
Acabo de visitar su casa y así como creo que todo el mundo tiene derecho a su intimidad, dado que él era conocido sólo por cantar, dejémosle tranquilo y si tuvo otra vida que no pensó divulgar, está en todo su derecho. Otra cosa es la curiosidad que despierta ese testamento del que desapareció todo y no queda huella…………¡es que tuvo muy buenos amigos que no le engañaron y le quisieron!. Así debiera ser en todos los ámbitos de la vida pero para eso, hay que cultivar las amistades y la familia como hizo él.
Begoña, recordar su vida es recordar su arte. Recordar a Gayarre es honrar su memoria.
Sí, “tuvo muy buenos amigos que no le engañaron y le quisieron”. Claro que sí. Pero no veas el material precioso que se perdió para la historia en general y para la historia de la lírica en particular.