Teatro Real de Madrid y plaza de Oriente. A la izquierda, en el edificio más bajo, la casa donde se alojaba el tenor Julián Gayarre cuando cantaba en el Real y donde falleció, el 2 de enero de 1890.
El Teatro Real renueva su equipamiento audiovisual y toma impulso para sumarse a la nueva era digital. Vamos, que en tecnología, el no va más; y de lo bueno, lo mejor.
Veremos.
Proyectos inmediatos, como quien dice: transmisiones de ópera en directo o por internet, nuevas y mejores grabaciones de las obras programadas, participación en el proyecto de universidades en red, como el de “Ópera Oberta” del Liceo…
4,5 millones de euros costará la broma. La finalización de los trabajos está prevista para el próximo mes de septiembre.
Nos recomendaba hace unos días Pablo Navarrete esta versión de Francisco Araiza. “Vale la pena escucharla”, apuntaba. Le hacemos caso y la llevamos a portada. No teníamos aún nada de Araiza en casa, además. Gracias, Pablo.
Falta nos hace por los madriles soñar con que algún día volverán aquellas noches de mediados de abril, con la que está cayendo. ¡Verano crudele!
21/06/09:
67 años y casi 3.000 representaciones. 433 Rigolettos en sus 42 años de carrera. “¡No se necesitan ‘registi’ –directores de escena– para el espectáculo más perfecto del mundo!”, clamaba Leo Nucci la víspera de su debut en el Teatro Real de Madrid, con Rigoletto. “Hago lo que quiero”, afirmaba categórico en la entrevista que concedió a EFE.
“Rigoletto es un hombre horriblemente deforme y, si eso no se comprende, ni la historia, ni la música, que cada vez que él entra marca sus desacompasados pasos, tiene sentido”.
“Es un abuso y una arrogancia apropiarse de la inteligencia de los otros, y eso es lo que hacen los directores”.
23/06/09:
Sin joroba y sin pierna renqueando, por favor, le pidió la directora. Leo Nucci dijo que nanay. ¡Si la dirección que precisa su personaje la pautó al milímetro Verdi hace 158 años!, alega el barítono. Y Nucci triunfó. Por más de mil.
Al día siguiente, no pudo dormir. “En su mente se agolpaban los rostros que han conformado el paisaje de sus 67 años de vida. Sus orígenes, hijo de minero muerto de silicosis; su trabajo de adolescente en la herrería familiar; sus estudios de canto pagados con esfuerzo y sacrificio, y los años viajando de teatro en teatro”.
“Nunca me suele ocurrir, pero justo antes de salir al escenario pedí las partituras. Había algo que me provocaba cierta zozobra y no sabía qué era. Salí a escena y me sentí reconfortado. Canté con una tranquilidad absoluta. Fue apoteósico”.
“Todavía ahora me cuesta digerirlo. No soy un divo, nunca lo he sido. Por eso ese tipo de cosas me siguen emocionando. Pensé en mi vida”.
“En mi primer Rigoletto mi esposa estaba embarazada. En mi último soy abuelo de dos nietas. Ésa es la fuerza de mi personaje, la experiencia”.
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“Desde el primer momento en que Nucci ha aparecido arrastrando una pierna y con joroba, el silencio ha reinado en el auditorio, que ha aplaudido prácticamente cada una de sus intervenciones, especialmente el dueto con su hija, una soberbia Patricia Ciofi, que ha bordado Caro nome”.