“Floria Tosca es el papel más bonito que una soprano puede cantar”. Ésa es la opinión de Hasmik Papian, que desde el pasado jueves y hasta el próximo sábado dará vida a la heroína pucciniana en el segundo título de la 62.ª Temporada de la Ópera de Oviedo”.
Pablo Gallego
–¿Cree que los directores de escena han robado el protagonismo en la ópera a músicos y cantantes?
–Sí. Sobre todo en Alemania. Allí es imposible ver una producción clásica, y ni siquiera ponen los nombres de los cantantes en los carteles que anuncian la función.
–¿Y qué tal les sienta eso?
–No demasiado bien. Aún así, mi relación con los directores de escena es buena. Siempre estoy abierta a experimentar cosas nuevas, pero también es cierto que muchos cantantes de ópera pagan un precio muy alto por las ideas de algunos directores.
–¿Podría precisar?
–Sus propuestas interfieren en la música, y algunas son tan desagradables que enfurecen al público. Cautivados por la brutalidad de los aspectos teatrales se olvidan del cantante y de la música. Hay demasiados uniformes militares, sangre, montajes sórdidos y, a veces, muy poco respeto por el trabajo de los demás. Es una verdadera pena. Los ensayos de seis semanas, al final, no sirven para nada.
Hoy no. Hoy, La leyenda del beso. Y, para empezar, su bellísimo Intermedio. Que digan lo que digan, nada tiene que ver con esto;-)
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14 de junio de 1972
Brillantísima clausura del IX Festival de la Ópera, con Turandot
“Por la enorme dificultad de su parte, sea para Ángeles Gulín la primera referencia. Voz poderosísima, voluminosa, potente, extensa, pechó sin desmayo con la responsabilidad. No hay artista que en este papel no acuse algún momento destemplado y también lo hubo en el trabajo de nuestra soprano, que se mostró más atenta, disciplinada y contenida que otras veces, cuando tan fácil es pasarse aquí. Ángeles Gulín tiene una voz como para cantar Turandot en la Arena de Verona… y que se oiga en Mantua”.
[Ángeles Gulín (Rivadavia, Orense, 14 de febrero de 1939- Madrid, 10 de octubre de 2002): In questa reggia. Teatro Municipal de Bogotá, 1981]
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14 de octubre de 2002
Alberto González Lapuente
El adiós a una voz de hierro
“Hay voces esencialmente bellas que se recrean en sí mismas conformándose con adornar de forma naturalmente atractiva cuanto hacen; otras que anteponen la inteligencia, colocando al servicio de la interpretación su propia idiosincrasia; las hay también innatas, fornidas, capaces de adentrarse, sin tregua, en el corazón del oyente con la finura de un estilete y la inquietud de lo verdaderamente pasional. A esa estirpe pertenecía la voz de la soprano Ángeles Gulín, fallecida hace unos días en Madrid.
(…)
Los hitos en su biografía están al lado de nombres como Frühbeck de Burgos, Giulini, Maag o de colegas como Domingo, a quien acompañó en su presentación madrileña y en el postrero estreno de El poeta de Moreno Torroba en 1980, Pavarotti, Ludwig, Gedda, Caballé, Talvela o Del Monaco.
Todos ellos se relacionan ahora en una biografía que no olvida el de su marido, el barítono Antonio Blancas, con quien inició su verdadera carrera en Italia, y sobre todo Alemania, después de las primeras actuaciones por Sudamérica a raíz del debú en la ciudad de Montevideo en 1958.
Para los más jóvenes, la voz de Gulín es hoy una rareza conservada en unas pocas grabaciones de zarzuela y otras operísticas cuya realización ‘en vivo’ engrandece su vibrante naturaleza: un Stiffelio grabado en Nápoles y una Alzirade 1972, un Oberto en registro de 1977 en Bolonia, además de La leyenda del beso, Los gavilanes, Me llaman la presumida o La del soto del parral.
Por el contrario, los más veteranos recuerdan algo más difícil de guardar: su condición de verdadera soprano dramática, indomable y tenaz como el hierro, poseedora de una gran extensión y de una potencia realmente excepcionales como para adentrarse en el terreno de la leyenda.
Ángeles Gulín, nacida en la localidad orensana de Rivadavia, ha dejado ese poso y un saber que ahora se prolonga en la voz de su hija, la soprano Ángeles Blancas, continuadora de una labor que toma como modelo a quien ha sido una intérprete de raza”.
‘A San Antonio/ como es un santo/ casamentero…’. Por Arregui, Pérez Carpio y Coro. Y aunque ya escuchamos esta romanza en su día, hoy nos vamos a permitir el bis:
De este apacible rincón de Madrid, por Faustino Arregui.Grabaciones de 1932. Dirige (orquesta y coros): Maestro Acevedo.Luisa Fernanda, de Moreno Torroba, fue estrenada en el madrileño Teatro Calderón el 26 de marzo de 1932. Con “éxito clamoroso”.26 de marzo de 1932
“Hoy, Sábado de Gloria, a las diez quince, estreno de la comedia lírica en tres actos, libro de Romero y Fernández Shaw, música del maestro Federico Moreno Torroba, ‘Luisa Fernanda’, interpretada por los famosos artistas Selica Pérez Carpio, Laura Nieto, el ilustre barítono Emilio Sagi-Barba, Faustino Arregui, Marcén y Manolito Hernández”.
27 de marzo de 1932
“Hoy, domingo, a las cuatro (tres pesetas butaca), ‘La rosa del azafrán’; seis treinta y diez treinta, la comedia lírica de Romero y Fernández Shaw y maestro Moreno Torroba, ‘Luisa Fernanda’, clamoroso éxito de los autores y de los admirables intérpretes, Selica Pérez Carpio, Laura Nieto, Sagi-Barba, Arregui, Marcén y Manolito Hernández”.
27 de marzo de 1932
“La música, del maestro Moreno Torroba, obtuvo un éxito extraordinario, singularmente por lo que a los actos primero y segundo se refiere. Los aplausos con que fueron acogidos los primeros números se renovaron en una entusiasta ovación al terminar el primer dúo del primer acto, dúo que pudiéramos llamar de la rosa, cantado insuperablemente bien por la eminente artista Laura Nieto, que hizo gala de su maravillosa voz , y por el notable tenor Aguirre, que tuvo grandes aciertos de expresión y en su arte de cantante.
El público, entre bravos y ovaciones repetidas, obligó a bisar el número; y a partir de este momento, el éxito alcanzó proporciones tales, que, a no haber cedido a lo largo del acto tercero, un poco fatigoso y en el cual la inspiración del señor Torroba no logró del público los arrebatadores aplausos anteriores, se hubiera podido contar áquel como acontecimiento cumbre de la temporada”.
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Y la nota emotiva (fotografías):
1934. “DON GIL DE ALCALÁ. María Espinalt la notabilísima tiple, que ha estrenado con mucho aplauso en la Zarzuela la ópera cómica del maestro Penella. La ‘foto’ reproduce una escena de dicha obra, en la que aparecen sus protagonistas: María Espinalt y el tenor Faustino Arregui”.
1933. “Estrella Rivera y Faustino Arregui, notables artistas de la compañía titular del teatro Calderón, que han contraído ayer matrimonial enlace en la iglesia parroquial de San José”.
25/10/09:
"A la simpática Srta. Aidita, con mi sincero afecto". Estrella Rivera. 1945.
El propio Alagna anuncia en una entrevista concedida en exclusiva a Le Figaro, que será publicada mañana, que “ya no vive con su esposa, la diva rumana Angela Gheorghiu”.
“Es la primera vez desde el fallecimiento de mi primera esposa, Florence, que falleció cuanto yo tenía 29 años, dejándome solo con nuestra hija Ornella, que era un bebé, que conozco cierta serenidad. Veo, al fin, la belleza del instante. Angela no quiere oír hablar de divorcio. Ya veremos. Lo esencial es que ella sea feliz y tenga la fuerza de subir a escena”.
Como esa Granadina ya la tenemos en casa (versión magistral, sí), busqué entre mis CDs y di con la de Fleta. Y, de camino, encontré, sin querer queriendo, Cuando salí de Marbella (Malagueña), que también habla de las fatigas del querer. ¡Ay!
–¿Es su costumbre tratar de hablar lo menos posible cuando tiene concierto o solo cuando tiene alguna molestia? –La preparación de un concierto o función de ópera es un trabajo arduo en el que exigimos mucho a la voz. Es un entrenamiento, como el de un deportista. Hay ocasiones en las que es conveniente dejar descansar la voz para que este ‘fresca’ en la actuación, el momento de la verdad. Todos los que utilizan la voz para su trabajo saben de la necesidad de darle un respiro. En general intento hablar lo menos posible el día del concierto.
–¿Cuál es su ópera favorita para cantar y cuál para que se la canten? –Mi favorita es siempre la que esté interpretando en ese momento. Todas tienen algo que me hace amarlas profundamente. La que más me gusta escuchar? depende de quien la cante, pero en general, La bohème o Madame Butterfly.
–¿Cómo es un día ‘normal’ en su vida? ¿Cuántas horas dedica a los ensayos? –Si estoy en período de ensayos me levanto temprano y paso de 6 a 7 horas en el teatro cantando y, dependiendo de la producción, corriendo de un lado a otro (como en Las bodas de Figaro). En estos períodos es muy difícil encontrar la energía para encerrarte con el piano y trabajar la voz, el trabajo de escena es incompatible muchas veces con la disciplina diaria necesaria. Si estoy haciendo funciones procuro levantarme tarde porque tengo que estar a pleno rendimiento a partir de las 7 de la tarde. Intento hacer lo menos posible. Cuando llego al teatro muevo un poco la voz y repaso las frases difíciles. Al volver a casa repaso la película de lo sucedido y tomo nota mentalmente de lo que hay que revisar.
“No sé quién pueda ser tu profesora, pero entre ella y tú (…) habéis hecho algo muy, muy hermoso, que nos ha emocionado a todos. Y… todo el mundo canta bien, esta noche están cantando tantos bien… Pero los que cantamos más o menos bien, nos rendimos ante lo magnífico, y tú eres magnífica”.