“Dice lo que piensa y ahora regresa al Real con Andrea Chenier, ópera con la que entona un ‘hasta luego’ a Madrid. ‘Volveré cuando Mortier se haya ido porque él tiene fecha de caducidad’. Serán cinco años.
Es jueves, como casi siempre, y las manecillas del reloj están a punto de marcar las once de la mañana. MarceloÁlvarez llega al Teatro Real medio encogido, con un gorrito negro de lana calado hasta las cejas; calza zapatos blancos de suela de goma. El tenor cordobés (de la Córdoba argentina) es uno de los grandes y él lo sabe. Divertido, excesivo, cercano, fieramente humano, sería imposible amordazarlo. ‘Me gusta’, dice riendo después de escuchar a María decir, mientras subimos en el ascensor, que ‘hace un frío pelón’.
Él juguetea con el móvil, pero se ríe y adopta la expresión para su vocabulario. Acaba de incorporarse a los ensayos de Andrea Chenier, que el coliseo estrena el 13 de febrero y que llega precedida de un importante éxito en la Ópera de París, antiguo feudo de Mortier, ahora tomado por Nicolas Jöel”.
Gema Pajares
—De nuevo vuelve a casa… —Así es, regreso a mi hogar. Y estoy feliz e ilusionado.
—La crítica en Francia ha sido unánime con usted. Dice que su Andrea Chenier es antológico. —Qué puedo decir yo. Nunca antes se había representado en La Bastilla y siempre sobrevolaba la sombra de grandes como Corelli y Del Monaco, pero se olvidan de que antes hubo un Beniamino Gigli que interpretó el personaje, tan pleno de matices y expresiones que cantarlo es un gusto porque se trata de un poeta con una voz llena de inflexiones y es ésta la que ha de amoldarse al personaje.
—Perdonad, por favor,
atended. —¿Qué decís? —Que os adoro. —¡Callad!
No decídmelo así.
Y escuchando su voz,
yo pensé: ¡Qué infeliz!
♣ ♣ ♣
“¿Hubiese sido CarlosÁlvarez, el barítono que canceló en Oviedo por motivos de salud y que a la misma hora en la que se representaba Simon Boccanegra interpretaba en Roma el papel de Ford, de la ópera Falstaff, el estímulo para esta ópera? Cancelar por motivos de salud aquí, para cantar allá no deja de ser un gesto feo, aunque se pueda justificar por razones artísticas, como que un Ford es más cómodo que un Simon”.
Decíamos ayer sobre esta foto: “El 4 de agosto de ese mismo año, 1915, tiene lugar una actuación memorable en el Colón: Enrico Caruso y Titta Ruffo interpretan el Primer Acto de I Pagliacci en una función extraordinaria (ahí los tienen)”.
Información y fotografía procedentes del libro Titta Ruffo. La mia parabola. Memorie. Staderini Editore. Pomezia (Roma), 1977. Capítulo “Ilustrazioni”, foto número 66.
“66. Caruso (seduto) e T. R. nei panni di Canio e Tonio. Foto presa in occasione di una serata straordinaria pro Associazione stampa argentina durante la quale fu eseguito il primo atto dei Pagliacci. La serata ebbe luogo al Colón di Buenos Aires il 4 agosto 1915 (questa è la data essata del raro cimelio fotografico)”.
Y precisaba hace unos días el investigador de ópera uruguayo Antonio Lagatta Mazzeo (gracias mil):
“En realidad la foto está cortada, ya que a la derecha de Caruso se encuentra Hipólito Lázaro (eliminado en la foto agregada), y la foto completa fue tomada después de la interpretación de la ópera completa I PAGLIACCI en el Teatro Urquiza de Montevideo, el 16 de agosto de 1915. Previamente Hipólito Lázaro (que en la foto está vestido de smoking) había cantado “Cavalleria Rusticana”.
Ver: Foto Nº 41 (entre las páginas 308 y 309) del libro “My Parabola” RUFFO – The autobiography of Titta Ruffo -
Motiva esta mi intervención el hecho de que no es la primera vez que se pretende hacer pasar esta foto de Caruso y Ruffo (eliminando a Lázaro) como tomada en el Teatro Colón, ya lo había notado en el libro “Historia de los cantantes líricos” de Néstor Echeverría (pág.. 113)”.
Gracias por la paciencia y sepan disculpar a este uruguayo que quiere poner las cosas en su sitio”.
Aquí los tienen. De izquierda a derecha, Hipólito Lázaro, Enrico Caruso y Titta Ruffo. Montevideo, 16 de agosto de 1915.
Sobre estas líneas, portada de la biografía de Titta Ruffo en la que consta reproducida la famosa foto (página 45), con la fotografía sin recortar y el lugar y la fecha correctos: Ruffo. My Parabola. The autobiography of Titta Ruffo, edición posterior a la italiana de 1977, de donde procede la información y la fotografía en la que Hipólito Lázaro desapareció del mapa.
Además de en Titta Ruffo. La mia parabola. Memorie. Pomezia (Roma), 1977, la fotografía sin Lázaro aparece reproducida en el librito Gent nostra. Hipòlit Lázaro. Ramón Sabatés. Barcelona, 1987. Y, como nos informa Lagatta Mazzeo, en Historia de los cantantes líricos de Néstor Echeverría (desconozco si en esta edición). Probablemente, en algún otro libro más. Probablemente también, el recorte y la incorrección en lugar y fecha partieron de las primeras ediciones de la biografía de Ruffo, aunque sólo tenemos constancia de ello en la de 1977. ¿Alguien cuenta con la edición de 1937 para poder verificarlo?
Si efectivamente fue así, cabe preguntarse por qué en las primeras ediciones de la biografía de Ruffo, se eliminó inmiserocordemente a Hipólito Lázaro de la foto. Las cosas nunca ocurren por casualidad, ¿o sí?
Y aunque nada tengamos que ver con el recorte, qué menos que, en desagravio, escuchemos a Lázaro cantar:
“Hipólito Lázaro, que presumía de cantar siempre a tono, se consideraba a sí mismo el mejor tenor del mundo. Disculpémosle esta bravata (pues lo primero era verdad), que no es sino un modo de autoafirmación, casi ineludible en quien a menudo es juzgado por sus congéneres. Y disculpémosle de paso que no lo dijera en el mejor momento histórico, pues lo cierto es que en el mundo había unos cuantos más que eran también el mejor tenor del mundo. En el mundo estaba Caruso (del que Lázaro en algún caso habló con gran desdén) y, casi a un palmo de su cara, también estaba Fleta.
—¿Qué lugar cree que debe ocupar la publicidad en la carrera de una artista?
—Mi interés por todo lo que tenga que ver con lo mediático es totalmente relativo. No me gusta que la gente entre en mi intimidad. La parte íntima me la reservo mucho. Sea cual sea la imagen que se dé de un artista nunca permitirá conocer a la persona. Separo mucho mi vida íntima de la pública.
—¿Siempre ha pensado de la misma forma?
—Lo he pensado desde siempre porque es un mundo que no me gusta. La vida mediática tal y como está concebida en la actualidad me parece que ha caído en el exceso, está un poco fuera de control y, además, no es veraz respecto al artista.
—Hay artistas que huyen de este tipo de perspectivas profesionales
—Fíjese por ejemplo en Maria Joäo Pires, toda una artista del mundo del piano que, sin embargo, es una gran protectora de su vida privada. No me interesa la perspectiva de salir todos los días en los medios. Es un mundo que me interesa poco porque, hasta cierto punto, termina por ser injusta, porque hay cantantes que, con una carrera normal pero de interés, no llegan a tener realmente una recompensa apropiada por su trabajo debido a todo este tipo de concepciones mercantiles, que a veces convierten una carrera musical en un espectáculo superficial.
—¿Qué me dice de artistas como Maria Callas, cuya vida se conoció con todo lujo de detalles?
—Maria Callas es otra cosa, además, tenga usted en cuenta que hablamos de otros tiempos, muy diferentes, donde los ritmos vitales e incluso el valor de lo público era tomado de otra manera, mucho menos superficial y agresiva. Ahora se trivializa demasiado. Yo llevo 17 años de carrera y le aseguro que conozco muy bien cómo funcionaba y funciona todo este mundo, porque lo he conocido gracias a mi madre, Angeles Gulín, a quien acompañé durante años. Cuando mi madre hacía su carrera, en los años 80, todo tenía un tipo de consistencia más elegante. Ahora se tiene la sensación de que hay muchas carreras montadas en el aire.
“La Fundación creada en honor de la destacada soprano española, Victoria de los Ángeles, fallecida el 15 de enero de 2005, prepara un sentido homenaje luctuoso a la ilustre cantante, al cumplirse un lustro de su desaparición”.