Archive for Abril, 2010

Flórez, Spagnoli/ Blake, Nucci/ Wunderlich, Prey/ Alva, Gobbi/ Alva, Prey/ Domingo, Domingo/ Landi, Franci/ Monti, Panerai: ‘All’idea di quel metallo’…

Jueves, Abril 29th, 2010

30 de abril, a las 7:15

  • Nicola Monti y Rolando Panerai. RAI, 1954
  • (Gracias, Mefisto)

    30 de abril, a las 3:26

  • Luigi Alva y Hermann Prey. 1972
  • Plácido Domigo (Fígaro y Conde de Almaviva): final del dúo. ‘Homenaje a Sevilla’. 1981
  • Bruno Landi y Benvenuto Franci. 1930
  • (Gracias, Juan)

    30 de abril, a las 12:25

  • Luigi Alva, Tito Gobbi. 1957
  • (Gracias, Victoria)

    * *
    -.-

  • Dúo de Fígaro y el Conde de Almaviva (All’idea di quel metallo…) del Primer Acto de El barbero de Sevilla, Rossini. Por:
  • Juan Diego Flórez y Pietro Spagnoli. Teatro Real, 2005
  • Rockwell Blake y Leo Nucci. Met, 1989
  • Fritz Wunderlich y Hermann Prey. Programa TV. 1959
  • (Gracias, Pablo)

    http://www.metro.co.uk/metrolife/43947-pl-cido-domingo-hommage-a-sevilla

    Ópera, ópera, ópera (abril 2010)

    Lunes, Abril 26th, 2010

    arcoiris 30 de abril

    >

    [El gran Kraus: Com’è gentil la notte a mezzo april]

  • 26 de abril de 2010. Presentación del nuevo CD de  Flórez en Madrid
  • 007I puritani en el Real: aplausos para Diego Flórez; bravos para Eglise Gutiérrez

    “Vocalmente el tenor ha estado tan sublime como suele estarlo aunque tampoco se ha entregado o así lo ha entendido el público, que ha premiado ’sólo’ con aplausos al peruano durante la representación, y unos ralos ‘bravos’ cuando ha salido a saludar, acostumbrado en este coliseo a verdaderos desbordamientos de entusiasmo”

  • Las cancelaciones de última hora y los nuevos talentos
  • “Casi todos los cantantes saltan a la fama con ocasión de una sustitución. Es el ciclo vital de la ópera. Pavarotti sustituyó a Di Stefano y Ramón Vargas se hizo un nombre como el Rodolfo que no pudo encarnar Luciano”.

  • María Bayo: No concibo la vida sin Mozart”
  • (más…)

    En recuerdo de Tom Kaufman

    Lunes, Abril 26th, 2010

    Tom Kaufman

    Nos envía nuestro amigo Juan una reseña sobre el investigador de ópera Thomas G. Kaufman. No conocí personalmente a Kaufman, pero sí intercambié con él información en numerosas ocasiones. Él me prestó gentilmente su colaboración en la revisión de la cronología de las actuaciones operísticas de la soprano almeriense Fidela Campiña: completó algunos datos, añadió otras, señaló alguna que él no consideraba correcta… También me envío información sobre algunas actuaciones que yo desconocía del tenor vasco Jesús de Gaviria.

    Correspondí a su generosidad como buenamente pude. No era fácil, porque se lo sabía todo. Le envié algún libro que desde España era más fácil conseguir; algunas críticas de prensa sobre  las primeras actuaciones de Luisa Tetrazzini en Barcelona; y alguna que otra crónica o crítica de prensa más que él me solicitó expresamente sobre algunos cantantes líricos del siglo XIX.

    Era un intercambio generoso. Hoy por ti, mañana por mí. Sólo que él siempre tenía infinitamente más que dar. Es lo mismo que me sucede con Juan, quien, ha sido, es, mi maestro en este mundillo de cronologías artísticas sobre cantantes líricos del pasado en el que nunca se termina de aprender. Con el emotivo homenaje de Juan en recuerdo de Tom (así firmaba siempre en sus mails), vaya también el mío.

    Gracias, Juan.

    * *

    23 abril 2010

    Thomas G. Kaufman (1930-2010)

  • Por Juan Dzazópulos
  • Con mucho dolor y mucha nostalgia, les anuncio el fallecimiento de mi amigo el investigador y coleccionista Tom Kaufman el día 22 de abril, en Baltimore, Maryland, a los 80 años de edad (1930-2010).

    Thomas G. Kaufman había nacido en Viena, en 1930, y durante los años de la segunda guerra mundial fue un refugiado en París, para luego emigrar a los Estados Unidos donde tomó la ciudadanía estadounidense.

    Lauri-Volpi (1934)

    Sirvió en el ejército de los Estados Unidos, para luego trabajar, prácticamente durante toda su vida en un importante compañía farmacéutica. Cuando le conocí residía en Boonton, New Jersey, y ya era una autoridad internacional en materia de cronologías artísticas de cantantes líricos. Su gran amor fueron los “tenores” y de ellos prefería aquellos con voces poderosas y squillanti. Sus tenores predilectos fueron Giacomo Lauri-Volpi, John O’Sullivan y Nino Piccaluga. Luego seguía con Mario del Monaco y Franco Corelli.

    Prefería a José Carreras antes que a Plácido Domingo, por quien no sentía especial admiración. De Pavarotti admiraba sus agudos brillantes y seguros. Su compositor predilecto fue Meyerbeer y de Wagner, solamente admiraba algunas de las arias popularizadas por tenores.

    Jamás negó su ayuda a quienes le solicitaban datos para algún trabajo musical, especialmente si se trataba de algún tenor. Fue generoso y sabio en sus consejos. Escribió las cronologías de artistas ya míticos como Adelina Patti, Mattia Battistini, Enrico Caruso y Rosa Ponselle, publicadas como apéndices en las biografías de estos cantantes. Trabajos inigualables por su seriedad y por sus detalles fidedignos. Cuando algún libro incluía una cronología y él descubría errores, no vacilaba en proclamarlos en todas las revistas especializadas. Un caso muy particular fue su despiadada crítica hacia el libro “Antonio Paoli, el león de Ponce” de Jesús María López. Obra monumental, pero muy descuidada en los aspectos cronológicos de las funciones en que el tenor portorriqueño participó.

    Tom KaufmanKaufman escribió una obra absolutamente de referencia: “Verdi and his Major Contemporaries” (A selected chronology of performances and casts) (Garland Publishing Co., New York, 1990).
    Su segundo libro fue “Catalogue of Mercadante’s Operas. Chronology of Performances with Casts”, publicado en Italia, en 1996, por el Bollettino dell’Associazione Civica Saverio Mercadante.

    Cuando comencé a escribir mi primera biografía del tenor chileno Renato Zanelli para “The Record Collector” en un ya lejano 1985, fue Tom quien no vaciló en “desmantelar” la parte cronológica de mi trabajo y darme su opinión sobre cómo debía hacerse una verdadera cronología artística. Por supuesto seguí su consejo, y desde entonces todos mis trabajos siguieron lo que podríamos en justicia llamar “modelo Kaufman”. Fue un entusiasta colaborador en mi cronología de Miguel Fleta, y luego en todos los demás trabajos publicados (Margarita Salvi, Carlo Morelli, Carlos Ramírez, Ioannis Apostolou, Costa Milona, Ulysses Lappas) y en otros que esperan su publicación (Pedro Navia, Carlo Merino).

    Viajó a Sudamérica en 1995, invitado por Julio Goyén Aguado para el lanzamiento de su biografía del tenor bilbaíno “Florencio Constantino”. Estando en Buenos Aires, Tom no vaciló en viajar a Santiago de Chile, para conocerme y hacer algunas investigaciones en la Biblioteca Nacional. Así después de diez años de correspondencia (cartas y algunos fax, pues los emails aún eran un sueño), pudimos abrazarnos y disfrutar juntos de algunas exquisitas “parrilladas”.

    Después de jubilar, junto a la compañera de su vida Marion, se trasladaron a Baltimore, donde residió los últimos diez años. Una cruel enfermedad fue minando su organismo, pero su mente siempre ágil estaba dispuesta a seguir discutiendo sobre los méritos de este o aquel cantante.

    Su generosidad, caballerosidad y buen humor, son su herencia para quienes aún continuamos en este mundo. No te olvidaré Tom.

    Lina Bruna Rasa y Beniamino Gigli, en Cavalleria rusticana, dirigidos por Mascagni

    Miércoles, Abril 21st, 2010

  • Beniamino Gigli: O Lola, c’hai di latti la cammisa, aria de Turiddu del Preludio de Cavalleria rusticana, Mascagni.
  • nota

  • Tu qui, Santuzza? (Gigli y Rasa): primera parte, segunda
  • Lina Bruna Rasa: Voi, lo sapete, o mamma
  • Grabación realizada en Milán (abril de 1940): Lina Bruna Rasa (Santuzza), Beniamino Gigli (Turiddu), Gino Bechi (Alfio), Maria Marcucci (Lola), Giulietta Simionato (Mamma Lucia), dirigidos por el propio Mascagni. Coro y Orquesta de La Scala de Milán.

    (Gracias, Mefisto)

    Lina Bruna Rasa

    “Bruna Rasa, bellísima mujer, rostro lleno de encanto, cuerpo escultural, se presentó en la Scala, en Guillermo Tell al lado de Benvenuto Franci y Lauri-Volpi, en el centenario de la ópera. ‘Selve opache’, la suave melodía rossiniana, dio alas a su voz y al corazón del gran público milanés.

    Pero la ópera en la que la Rasa ha dejado un sello personalísimo es Cavalleria rusticana. Mascagni la prefería a cualquier otra intérprete. Su sinceridad en ‘Voi lo sapete, o mamma’ —confesión saturada de presentimientos y de espanto— cautivaba a cualquiera que tuviera en el corazón un mínimo de sensibilidad. Cuándo ella lloraba, Mascagni lloraba. Y muy pocos de los oyentes hubieran podido hacer otra cosa que imitarla.

    El camino de la gloria estaba abierto a la magnífica criatura, resplandeciente de fascinante feminidad. Pero parece que la naturaleza golpea a ciegas a sus víctimas. La locura tenía que perturbar aquel nobilísimo intelecto: una enajenación intermitente y dramática. Se la conducía a la fuerza al camerino, y la pobrecilla se obstinaba en su mutismo. Alguien tenía que zarandearla, abofetearla incluso, y después acompañarla entre bastidores.

    Pero bastaba que de la orquesta se elevaran las primeras ondas sonoras para ver aquel rostro iluminarse, vibrar, serenarse, sonreír. Bruna Rasa entraba en escena como volviendo en sí misma. No era ella quien se poseía, sino el personaje el que entraba en ella y participaba en la representación, como un ‘doble’ mágico, venido o enviado quién sabe de dónde.

    La aventura concluía al cabo de unas horas como por sortilegio. Una gentil, vibrante loca, cantaba en gloria de voz como Santuzza no ha tenido jamás tan misteriosa ni conmovedora”. [Lauri- Volpi, en Voces Paralelas]

    (Gracias, Enrique)

    Clase magistral de la Gruberova en su despedida de Madrid

    Viernes, Abril 16th, 2010

    [Gruberova: Pâle et blonde...,  aria de la locura (segunda parte) Hamlet, Thomas. Teatro Real, 21 de marzo de 2010]

    Una edición más de ‘Viva la ópera’ que no necesita presentación. La única audición que encontré sobre el recital de Gruberova del pasado 21 de marzo va sobre estas líneas.

    Esperamos que alguien más se anime a participar y nos cuente por escrito qué escuchó, vivió, sintió… en determinada interpretación operística o recital lírico de un cantante. Vale también contarlo de viva voz, por qué no. ¿Alguien se atreve?

    Insistimos: no es imprescindible que los recuerdos sean de ayer mismo.  Si lo atesoran en su memoria, seguro que es bueno. Sugerencias, textos…, ya saben, a operasiempre[arroba]gmail.com

    El autor de la crónica, o critica, como prefieran, que hoy llevamos a portada es Paco Roa: gracias mil.

    Edita Gruberova

    La Gruberova dicta una clase magistral de canto y ‘artisteo’ en su despedida de Madrid

  • Por Paco Roa, para Ópera, siempre
  • Me preguntaba nuestra amable anfitriona si quería dejar en el foro una reseña del concierto lírico que la Gruberova ofreció en el Teatro Real de Madrid, el pasado día 21 de Marzo del corriente.

    Supuestamente me quede algún lector, cosa que a estas alturas de tan pertinaz presencia mía (al igual que aquella famosa sequía del franquismo que bien recordamos los mayores de estos pagos) en este tan grata tertulia operística dudo razonablemente, conocerá de sobra que soy un tanto renuente a pronunciarme, ni para bien ni para mal, sobre las sopranos, toda vez que, primero, no son de mi negociado, y, segundo, cada una de ellas dispone para su uso discrecional de prietas legiones de seguidores incondicionales y rendidos admiradores —a los que, mucho ojo, se oponen en parecido número los abigarrados detractores— que ya se ocupan y preocupan por mantenerlas en el candelero, ora para endiosarlas, los primeros; ora para enfangarlas, los segundos.

    Mientras que mis queridas mezzos y contraltos, pobrecitas, como no tener no tienen siquiera un perrito que les ladre (bueno, a excepción de una, la Larmore, cuyo miniaturizado can es un primor). Y que conste que no tengo absolutamente nada en contra de quienes son consideradas las reinas indiscutibles de la ópera, más bien estoy claramente a su favor (recordarán que, de hecho, no tuve el más mínimo problema en echar mi cuarto a espadas para salir en defensa de la Milanov y de la Gencer cuando entendí que se las había minusvalorado injustamente), pero, ¡caramba!, hay que equilibrar un poco la balanza, digo yo.

    Edita GruberovaBien, pues si hay una soprano en activo que, aun siendo ya ¡sesentona!, cuenta con una verdadera multitud de leales por todo el mundo repartidos e inasequibles al desaliento —desde luego, no parece que dé muestras de cansancio alguno por más que la persigan (¿atosigan?) de plaza en plaza— esa es sin el menor riesgo a equivocarnos Edita Gruberova (al concierto de referencia no faltaron, fíjense bien, ni los inevitables japoneses de cuota).

    Por esta razón me resulta un tanto chocante que ninguno de los tertulianos, ya sean eventuales o fijos, que tiene “ópera, siempre” haya pedido la palabra para contarnos lo mucho y bueno que dio de sí la eslovaca en su esperada reaparición en el coliseo madrileño. En fin, en el primer hueco que tengo tras el alta hospitalaria de mi madre, venzo mi natural reticencia sopranil —además la ocasión ya verán que lo merece— accediendo muy gustosamente a la invitación que me hacía la gestora del foro, y en lo que sigue les dejo una modesta crítica del evento en cuestión.

    Dentro del ciclo de “Grandes Voces” de la actual temporada lírica 2009-2010 del Teatro Real de Madrid, se inscribe este cuarto concierto de los anunciados que protagonizó la veterana soprano, una de las cantantes sin duda alguna más respetadas y sobresalientes de su generación, Edita Gruberova.

    En atril estuvieron presentes fragmentos de celebradas partituras de Rossini, Bellini, Verdi y Massenet, seleccionados éstos para los momentos meramente orquestales, alternándose, ya en la parte vocal, con otros pertenecientes a obras no menos aplaudidas de Donizetti, Bellini, Verdi y Thomas.Edita Gruberova

    Sin sorpresas, pues, en la elección de este bien ensamblado programa musical de sobra conocido por los aficionados y perfectamente acomodado al saludable estado vocal por el que atraviesa la grandísima intérprete de Bratislava. Si bien, como reza el dicho popular, más vale maña que fuerza, en ocasiones es preciso disponer y hacer uso tanto de la primera como de la segunda para conseguir llevar a buen puerto determinadas empresas que requieren de ambas cualidades.

    En esa convicción dirigió la orquesta titular del Real el joven maestro alemán Michael Güttler, de una parte, con la suficiente habilidad, esmero, cuidado y como, en apariencia, dejando hacer para conducir a los profesores donde él quería sin que se notase, y así pudimos disfrutar de una matizadísima ‘Meditación’ de Thaïs —con total seguridad lo más logrado de la velada lírica instrumentalmente hablando—, colmada de sosiego y delicadeza (aquí es de justicia hacer mención expresa del primer violín de la formación, Rafael Khismatulin), pero también, de otra, sabiendo imponer su autoridad con mano firme y hasta con la adecuada dosis de contundencia, para firmar, entre lo más destacable de las piezas sinfónicas, unas rotundas oberturas de Guillaume Tell, con la que se abrió el concierto, y de La forza del destino, ya en el comienzo de la segunda parte.

    Aprobaron con nota a mi juicio, pues, director y profesores, que además, lo cual no es poco, dejaron cantar, cosa que no se pudo decir del director que nos tocó en “suerte” en la precedente Andrea Chénier, Víctor Pablo Pérez.

    Edita GruberovaYo creo que a estas alturas de su carrera resultaría totalmente ocioso por mi parte, hasta incluso ridículo, pretender descubrirles a quien durante más de 40 años de ininterrumpida carrera —sin haber cosechado ni una sola mala crítica y habiéndose venido abajo todos y cada uno de los teatros por ella visitados— está considerada con toda la razón en virtud de los méritos contraídos como un prodigioso fenómeno vocal de irreprochable línea de canto, musicalidad innata, y capaz de articular sin necesidad de desmelenarse cualquiera de las intricadas agilidades del más arduo pentagrama que se le proponga a modo de desafío.

    Soslayamos, pues, las presentaciones, y antes que nada sí convenga quizá indicarles brevemente cuál es la situación tanto vocal como interpretativa que después de tantos lustros cantando sin desmayo tiene en nuestros días la Gruberova.

    Seguro que también muchos de Vds. conocen la evolución que ha tenido su instrumento vocal, pero como estoy de acuerdo con mi buen amigo el cátedro de Ética D. José Luis, últimamente compañero de fatigas operísticas de un servidor, cuando dice que “en los tiempos que corren no se puede dar (casi) nada por sabido”, lo dejo apuntado a vuelapluma.

    Edita Gruberova

    No obstante haber llamado la atención esta genial intérprete desde sus inicios profesionales porque, aun pudiendo ser clasificada correctamente como una soprano coloratura, su instrumento resultaba mucho más grande, voluminoso, amplio y, al cabo, de superior vigor “tímbrico” que el de sus colegas de agilidad —pongamos, qué sé yo, una Sills o una Serra, de voces, además, punto monocromáticas—, nunca se apartó en esos primeros años de carrera de los papeles que conforman el repertorio al uso de las cantantes “jilguero”, dejándonos así indelebles creaciones, impecablemente cantadas y no por ello peor escenificadas, de las Lucia, Reina de la Noche (¡11 temporadas teniéndola en repertorio, hasta cumplidos los cuarenta años de edad!), Zerbinetta, Olympia, Norina, Oscar (no confundir con el tertuliano D. Óscar, al que aprovecho para saludarle afectuosamente), Lakmé, Amina, Konstanze…

    Pero no bien entrada la década de los noventa del pasado siglo, la voz en evolución de Edita Gruberova comienza a experimentar un mayor ensanche y expansión, se sombrea paulatinamente su zona aguda, va ganando en facilidad para el canto spianato y consigue una correcta emisión de las notas de centro, por lo que deviene apta ya para transitar hacia personajes no exentos de ornamentación vocal bien que de un mayor fuste dramático.

    De este modo, acomete con total garantía sus primeras reinas Tudor, Dña. Ana, la Condesa, Violetta (ya probada en su juventud), Elvira, Julieta, Semíramis, y más recientemente Norma o Lucrezia Borgia (2009), mientras que, por otra parte, rechaza sistemáticamente cuantas proposiciones se le hacían para avanzar hacia terrenos de superior peso vocal aún al de estos últimos papeles incorporados.

    Edita GruberovaCon lo dicho, pues, a lo que cabe añadir una gradual reducción selectiva de sus actuaciones operísticas en los últimos años —no oculta una total discrepancia con no pocos escenógrafos— para centrarse mucho más en los recitales, tenemos bien definido, creo, su momento actual como intérprete que ha logrado lo que no todos pueden decir, la total plenitud de la que hoy disfruta: canta y actúa mejor que nunca todo cuanto quiere (y debe), como quiere, cuando quiere, y donde quiere.

    Una más que probada inteligencia a la hora planificar la carrera, a lo que hay que sumar una dosificación adecuada, además de, claro está, estudio y trabajo sin descanso, y, en última instancia, interpretando en cada momento únicamente lo que más le convenía han obrado el “prodigio” de preservar su voz (casi) intacta, sin apenas desgaste perceptible, en su año ¡cuarenta y dos! de profesión. “¡A ver si aprenden otras!”.  Repetía una y otra vez no bien concluía cada interpretación la Gruberova el caballero que teníamos justo a nuestras espaldas, en la fila anterior del patio de butacas.

    Y es que hay que reconocer que muy pocas sopranos (ciertas de no poca nombradía que se consideran coloratura no saben ni trinar, y no me tiren de la lengua), si acaso alguna, han conseguido lo que ella a su ya avanzada edad, la casi absoluta ausencia de vibrato, no digamos ya siquiera el más mínimo asomo de trémolo alguno, unos agudos y sobreagudos que aún son verdaderos chupinazos, una cosa ciertamente astral, conservar (casi) la misma amplitud dinámica que tenía de joven, y, en fin, una voz, antes que fenecida como la de sus colegas de “quinta”, increíblemente lozana; y todos estos recursos puestos a la disposición de un programa que hubiera arredrado a la más intrépida de las veinteañeras. Edita Gruberova

    Tras una estimulante obertura de Guillaume Tell, salió a escena, acogida con gran cariño y una interminable ovación de las que sólo se reservan para las muy grandes ocasiones, una bien elegante Edita Gruberova preparada para sentar cátedra con sus muchas tablas y su insuperable oficio canoro. De los cuales ya nos dio sobrada muestra en las mismas páginas iniciales ‘Tranquillo ei posa… Com’ è bello! Quale incanto’ y ‘Respiro io qui… Ma la sola, ohimè!, son io… Ah! la pena in lor piombò’, de Lucrezia Borgia y Beatrice di Tenda, respectivamente, sabiéndoles imprimir el carácter propio de dichas páginas y haciendo gala de un firme registro central, de una buena disposición dramática, y también, lógicamente, de su confesado talón de Aquiles, nadie es perfecto: los graves.

    [Sempre libera]

    Pero lo mejor estaba aún por llegar de la mano de Verdi, antes de irnos al descanso y justo después de la ‘Música de ballet’ de Macbeth, más Verdi ahora con el aria del primer acto de La Traviata, ‘È strano… Ah, fors’è lui… Sempre libera’, que he de confesarles todavía resuena en mis oídos. Aquí, amigos míos, la Gruberova echó el resto: plena intensidad interpretativa e inteligente control de sus fabulosos medios vocales, es verdad que con alguna puntual nota alta mal negociada, para dejarnos en el recuerdo la imborrable delectación de una sublime Violetta nunca antes así cantada.

    Ya en el descanso, no se hablaba de otra cosa más que de lo que recién se había escuchado y que aún nadie daba crédito, y es que, verdaderamente, parece no tener explicación humana lo que hace esta señora con su instrumento.

    En fin, cambió de vestuario nuestra soprano para afrontar la segunda mitad del concierto, ahora vestido de raso largo de color negro, y vino lo que me resultó menos satisfactorio, acaso fruto del necesitado relajo tras la tensión generada en la endiablada aria de la frívola cortesana, una un punto acomodaticia Belliniana ‘O rendetemi la speme…Qui la voce sua soave…Vien, diletto, è in ciel la luna’, cantada con distancia, como únicamente para coger fuerzas, sacar el arresto necesario y poder hacer justicia a ese verdadero “tour de force” interminable que es la escena de la locura ‘A vos jeux, mes amis’ de la Ofelia “hamletiana”.

    [Vien, diletto, è in ciel la luna, Puritani, Bellini. 1985.]

    Edita GruberovaY visto lo visto, cómo desentrañó tanto con el gesto como con la voz el alma de este atormentado personaje, frágil de cuerpo y de mente, que es Ofelia, todos nos pusimos en pie para premiar con vítores esta generosa muestra del talento y el arte de la Gruberova. Con las dos propinas fuera de programa concedidas –Linda de Chamonix y El Murciélago, que sirvió para sacar el lado más cómico de la genial intérprete— se cerró, tras quince minutos de aplausos, el triunfal concierto.

    Una sensación agridulce nos quedó al final a todos: por un lado, felicidad completa por haber podido gozar hasta lo indecible de una jornada musical que cabe ya calificar de histórica, y, por otro, la pena de que, casi con toda seguridad, no se volverá a repetir en Madrid. Su edad y, el que supone un obstáculo mucho mayor, Gérad Mortier nos lo impedirán.

    Muchas gracias de antemano a la gentil anfitriona por la publicación de esta crónica, saludos cordiales y hasta una próxima ocasión.

    Marcelo Álvarez y Verdi

    Miércoles, Abril 7th, 2010

    Marcelo Álvarez

    Marcelo Álvarez (novedades discográficas):

  • Se quel guerrier io fossi… Celeste Aida (Aida)
  • Dì tu se fedele / Forse la soglia attinse… Ma se m’è forza perderti (Un ballo in maschera)
  • Oh! fede negar potessi… Quando le sere al placido (Luisa Miller)
  • La vita è inferno all’ infelice… O, tu, che in seno agli angeli (La forza del destino)
  • Quale d’armi fragor poc’anzi intesi?… Ah sì, ben mio… L’onda de’ suoni mistici.., Di quella pira (Il Trovatore). Con Annalisa Raspagliosi y Arturo Chacón-Cruz
  • La mia letizia infondere (I Lombardi)
  • Mercè, diletti amici… (Ernani)
  • Coro y Orquesta Sinfónica de Milán Giuseppe Verdi. Director: Daniel Oren
  • * *

  • RTVE
  • (Gracias, Francisco)

    Rayén Quitral, La Flor de Fuego

    Martes, Abril 6th, 2010

    Rayén Quitral

    Hoy traemos a portada algo muy especial. Especial, porque no es fácil encontrar información rigurosa, documentada, sobre la soprano chilena Rayén Quitral. Especial también, porque tampoco es fácil encontrar las grabaciones que de Rayén podrán escuchar. Una exclusiva con todas las de la ley en óperasiempre.es;-)

    ¿Dónde hubiera llegado Rayén con una más sólida formación, con un sólido apoyo afectivo en su vida personal?  Nunca lo sabremos. De lo que no hay duda, es que poseía una voz excepcional.

    Gracias mil, Juan.

    * *

    Rayén Quitral (1916-1979)

    El Copihue Rojo (1953)

    “Soy una chispa de fuego” (de El Copihue Rojo)

  • Por Juan Dzazópulos Elgueta
  • Abril, 2010

    “La soprano chilena Rayén Quitral, que paseara su voz privilegiada por los escenarios del mundo durante los años 30 y 40 del siglo veinte, siempre tuvo a honra reconocer que su apellido era de origen indígena (mapuche) y su nombre artístico significa “flor de fuego” en esa lengua. Sin embargo, los Quitral no tendrían más sangre araucana en sus venas, que cualquier otro campesino típico del sur de Chile.

    María Georgina Quitral Espinoza nació en la pequeña localidad costera de Iloca (provincia de Curicó), el 7 de noviembre de 1916, hija de un peón agrícola, Fidel Quitral Correa; y de una campesina, Fidelisa (Fidela) Espinoza Letelier (algunas versiones dicen que el nombre de la madre sería Elena). Su padre falleció siendo Rayén aún muy niña. Su madre trabajaba de empleada doméstica en una casa particular de Iloca.

    Hasta los cinco años de edad vivió Rayén en Iloca con unas tías, hermanas de su madre. Después la llevaron a San Javier, donde comenzó a asistir a una escuela primaria, y de San Javier se trasladaron a Curicó, donde completó su instrucción, pues allí vivió de los siete a los quince años. Por entonces cantaba en fiestas familiares y en la iglesia. También realizó algunos estudios de piano.

    A los quince años de edad, Rayén fue madre soltera. Una bondadosa señora alemana se hizo cargo del niño y costeó su educación.

    Alrededor de 1932, el dentista santiaguino Alfredo Avaria le escuchó cantar y, entusiasmado, logró que la señora Quitral y su hija se fueran a trabajar a su casa en Santiago.

    El dentista hizo que su paciente, el empresario teatral chileno Ignacio Benítez Gallardo, la escuchara en su consultorio (Rayén cantó, escondida tras una puerta, el tango de Luis Martínez Serrano, ‘Donde estás corazón’) y Benítez, entusiasmado con esa prodigiosa voz, la llevó a la casa de la prestigiosa maestra de canto doña Emma Ortiz.

    Esta dama, cuyo nombre real era Emma Wachter Ortiz de Thomassen, de origen bávaro, le dio primero clases en forma particular, y luego le hizo ingresar al Conservatorio Nacional de Música, en 1935, donde Emma Ortiz fue su profesora de canto; María Elena Blum, de piano; y el maestro Pizzi, de teoría y solfeo.

    Rayén Quitral
    Rayén Quitral

    [Ay, ay, ay... (Osmán Pérez Freire), 1953]

    La primera presentación pública de Rayén Quitral fue en el Teatro Club de Señoras, posiblemente en marzo de 1937, en una presentación que ahí realizó Emma Ortiz con sus alumnas más aventajadas. Luego se presentó en el Teatro de Sewell.

    Aún estudiaba cuando se le ofreció un ventajoso contrato para presentarse en conciertos. Como la dirección del Conservatorio pusiera inconvenientes, Rayén optó por retirarse. Su debut no pudo ser en el Teatro Municipal, pues se la consideró muy joven y sin experiencia, pero lo realizó en el Teatro Central, el 31 de mayo de 1937, en uno de los tradicionales conciertos de los días lunes, con un programa de dos horas de duración y las localidades agotadas.

    Repitió este concierto en el Teatro Central y en otros como el Teatro Santa Lucía y el Teatro Oriente, tanto en la capital como en el resto del país, durante tres meses. Entre ellos destacaron sus exitosas presentaciones en el Teatro Municipal de Concepción y en el Casino de Viña del Mar junto al violinista Pedro D’Andurain.

    El 29 de abril de 1938 se presenta en el Teatro Solís de Montevideo en un concierto, acompañada al piano por su maestra, Emmita Ortiz. Es anunciada como “concierto de la soprano araucana Rayén Quitral”. Siguen actuaciones en Radio Baquedano de la capital y un ‘concierto de despedida’ en el Teatro Caupolicán, y en agosto viaja a Argentina.

    Rayén Quitral, El barbero de Sevilla

    Rayén Quitral

    [Una voce poco fa, El barbero de Sevilla, Rossini. 1938]

    En septiembre de 1938 debuta como concertista en Buenos Aires, realizando cuatro conciertos en el Teatro Politeama, y graba en esa misma ciudad sus dos primeros discos (‘Una Voce poco fa’, de Il Barbiere di Siviglia, con ‘L’angui d’inferno’, de Il flauto magico, disco Victor N° 36211 (12”); y las canciones ‘El Copihue Rojo’ y ‘Canción Araucana’, disco Victor N° 38332 (10”). También en el mismo año es contratada por Radio Belgrano (LR3), en la cual permanece durante cuatro años con un mismo auspiciador.

    De regreso en Chile, el 4 de diciembre de 1938 cantó (sin micrófono) en la inauguración del Estadio Nacional de Santiago, siendo acompañada por el tenor mexicano Juan Arvizu. Los dos años siguientes los pasó prácticamente entre Argentina y Chile, y presentaciones en Radio Belgrano. En la temporada de diciembre 1939 y enero 1940 tuvo ocasión de compartir honores con dos grandes de la lírica internacional: el tenor español Hipólito Lázaro y el tenor italiano Tito Schipa.

    En diciembre de 1940 dio conciertos en diversos teatros de Lima y en Radio Nacional de Perú, con motivo de las fiestas del Centenario de Arequipa. En Perú era anunciada como “la voz extra humana”.

    Rayén Quitral Il flauto magico
    Rayén Quitral

    [Der Hölle Rache, aria de la Reina de La Noche, La flauta mágica, Mozart. 1938]

    En su debut en el Teatro Municipal de Lima, cantó el aria de la Reina de la Noche de La flauta mágica, la canción ‘Mapuche’, lieder de Brahms y Schubert, para finalizar con ‘El Copihue Rojo’.

    En su segundo concierto cantó ‘Ardon gl’incensi’ de Lucia di Lammermoor. Entonces vino uno de los grandes terremotos que destruyó gran parte de la ciudad. Rayén permaneció en la ciudad cantando en Radio Nacional y luego dio un concierto de despedida en el Teatro ‘Marsano’ de Miraflores, cantando ‘Ah! fors’è lui’ y ‘Sempre libera’, de La Traviata, con unos agudos que “eran verdaderos cañonazos”.

    De vuelta en su país, Rayén cantó durante los primeros meses de 1941 en Valparaíso, Viña del Mar y Santiago, realizando luego largas giras por el sur del país.

    Rayén QuitralEl maestro Erich Kleiber, que la había escuchado cantar en conciertos, la solicitó para el rol de la Reina de la Noche, en el estreno argentino de La flauta nágica de Mozart. Tanto Kleiber como la ilustre cantante y maestra Edita Fleisher la prepararon para este rol, con el cual debutó en el Teatro Colón de Buenos Aires el 12 de septiembre de 1941.

    En esta obra compartió honores con el tenor Charles Kullmann y el bajo Alexander Kipnis. Se dieron cinco funciones de esta obra. Al año siguiente, el maestro Fritz Busch repuso La flauta mágica en el Colón y nuevamente es llamada Rayén Quitral para el rol de Reina de la Noche, junto al tenor Edward Kein y el bajo Giacomo Vaghi. La primera de las seis funciones tuvo lugar el 18 de agosto de 1942.

    Poco antes, el 16 de julio de 1942, había debutado en el Teatro Municipal de Santiago, en el rol protagónico de Lucia di Lammermoor. Dos funciones de esta ópera y un exitoso concierto el día 31 de julio constituyeron el aporte de Rayén a esa temporada lírica.

    Después de cantar en el Teatro Colón, Rayén Quitral realizó largas giras de conciertos, cantando en las principales ciudades de las provincias argentinas. Regresó a Chile en febrero de 1943 con recitales en Valparaíso y Viña del Mar.

    Rayén Quitral

    [La tierra (Emmita Ortiz—Gabriela Mistral), 1953]

    Aunque duela admitirlo, Chile no quiso o no supo explotar la riqueza de Rayén Quitral en su mejor época. Además de las dos funciones de Lucia ya mencionadas, su contribución a la ópera nacional en treinta años de carrera artística, se redujo a una aislada función de Rigoletto, al término de la temporada, el 16 de octubre de 1943, junto al tenor Bruno Landi y el barítono Daniel Duno.

    Siguieron conciertos en Uruguay, Perú, Brasil, Cuba, Estados Unidos (donde fue ventajosamente contratada por el empresario Sol Hurok) y Canadá.

    Rayén Quitral

    En Nueva York fue acogida en la casa del célebre pianista chileno Claudio Arrau. Éste le ofreció su casa y además se preocupó personalmente de pulir ciertas vulgaridades en su interpretación y musicalidad. Cuando Arrau creyó que su alumna estaba lista para cantar en un escenario, logró sin grandes problemas una audición para el Metropolitan Opera de Nueva York. Antes de dirigirse al teatro, Arrau, una vez más le hizo hincapié en lo que le había enseñado.

    El 21 de noviembre de 1944 tuvo lugar la audición. Rayén cantó el aria de la Reina de la Noche de La flauta mágica y la Escena de la Locura de Lucia di Lammermoor. Los Archivos del Metropolitan Opera registran lo que sigue: “Extraordinary voice, was so nervous that she was unmusical, undisciplined. Needs much work” (”Voz extraordinaria. Estaba tan nerviosa que se mostró antimusical, sin disciplina. Necesita trabajar mucho”).

    Por supuesto, no fue contratada y Arrau, muy molesto con su ‘indisciplinada” alumna, no quiso saber nada más de ella. Tengo en mi poder una funda de un disco 78 rpm Columbia que dice: “The world’s greatest artists on the world’s finest records” (”Los más grandes artistas del mundo en los mejores discos del mundo”). Y luego una lista de grandes de la música como Ezio Pinza, Lily Pons, Torsten Ralf, Paul Robeson, Risë Stevens… y Rayén Quitral.

    Esto me hace creer que, posiblemente, antes de la malograda audición, Arrau consiguió que Rayén Quitral grabara algunos discos para la Columbia americana. Sin embargo, al no obtener el contrato con el Metropolitan, los discos jamás se publicaron y es más que probable que las matrices fuesen destruidas. Así fue como Rayén Quitral perdió la mejor oportunidad de convertirse en una soprano de renombre internacional.

    En algunas entrevistas que he tenido oportunidad de leer, la soprano menciona con absoluto desparpajo haber cantado en el Metropolitan Opera, Carnegie Hall, Opera de París y Scala de Milán. Mis investigaciones demuestran que, lamentablemente, nada de esto fue verdad.

    En 1945 viajó a México y obtuvo uno de los mayores éxitos de su carrera al participar en el ‘estreno’ en Ciudad de México de la ópera El rapto del serrallo, de Mozart. Se dieron dos funciones, los días 14 y 16 de agosto de 1945, en el Teatro de las Bellas Artes. Rayén cantó el rol de Konstanze y a su lado estuvieron el tenor Romulo De Spirito (Belmonte), la soprano Ruby Mercer (Blonde), el bajo Salvatore Baccaloni (Osmin), el tenor Carlos Sagarmínaga (Pedrillo) y el bajo Gilberto Cerda (Selim). Dirigió el maestro Walter Herbert.

    En su libro Cincuenta Años de Opera en México, Carlos Díaz Du-Pond la describe así: “… una chilena con una voz fabulosa de soprano que pudiéramos llamar ‘única’, pues tenía una extensión fenomenal”. Rayén Quitral se radicó por varios años en la capital mexicana, donde cantó en radio auspiciada por la Lotería Nacional.

    Rayén QuitralEn 1949 volvió a Chile para tres conciertos en el Teatro Municipal y presentaciones en Radio Sociedad Nacional de Agricultura. El 19 de septiembre de 1949 dio un concierto en el Teatro 18 de Julio de Montevideo, acompañada al piano por Darío Sorin. Luego vinieron conciertos en Francia y en Italia. El 30 de abril de 1950 se presentó en un concierto en el Teatro della Pergola, en Florencia. La crítica de Il Mattino dell’Italia Centrale dijo que “… el público aplaudió vivamente”, pero agregaba: “… no ha confirmado plenamente todavía la bella fama con que era anunciada al público florentino. La entonación no es siempre segura….”.

    El 6 de enero de 1951 tuvo lugar su ya legendario debut en el Royal Opera House Covent Garden de Londres, con la ópera La flauta mágica. Se dieron cinco funciones, los días 6, 17 y 26 de enero; y 7 y 19 de febrero, y la obra fue cantada en inglés.

    El reparto fue el siguiente: Peter Pears (Tamino); Uta Graf (Pamina); Rayén Quitral (Reina de la Noche); Jess Walters (Papageno); Iris Kells (Papagena); Marian Nowakowski/Norman Walker (Sarastro), Parry Jones (Monostatos). Erich Kleiber (director de orquesta).

    Rayén cantó la primera función en inglés, pero después la empresa la autorizó para cantar su rol de la Reina de la Noche, en idioma alemán. Aunque estas funciones tuvieron gran éxito de público (Rayén Quitral declaraba en una entrevista que los mismos reyes de Inglaterra aplaudieron de pie su interpretación…; queremos creer que la historia es verdad), la crítica fue algo reservada. Así el Daily Telegraph del 8 de enero de 1951 comentaba que “… hizo una eficiente, pero áspera (harsh) Reina de la Noche…”.

    Vuelve a Chile y el 3 de septiembre de 1951 dio un concierto en el Teatro Municipal acompañada por Carlos Oxley al piano, pero los críticos chilenos, haciendo gala de severidad, le criticaron su “vulgarismo” y su “despliegue de sonoridad”. El 10 de octubre del mismo año se presentó en el Teatro Central en un concierto a beneficio de la Universidad Popular Juan Enrique Concha.

    Nuevamente parte para realizar giras de conciertos por países sudamericanos. El 14 de octubre de 1952 da un único concierto en el Teatro Municipal con Free Focke al piano. Luego regresa a Argentina. Allí, el 9 de julio de 1953, se presenta por última vez en el Teatro Colón de Buenos Aires participando en un concierto de Bailes y Cantos Folklóricos.

    Rayén Quitral

    [La tranquera (Osmán Pérez Freire—Antonio Viergol), 1953]

    Tras una ausencia de dos años, en 1953 regresa a Chile para grabar diez temas para el sello verde de RCA Victor. Estos cinco discos 78 rpm, más los dos grabados en 1938 en Argentina, son su única herencia fonográfica. A fines de ese año dio un único concierto en el Teatro Municipal.

    El 27 de enero de 1954 participó en la velada inaugural del Teatro SATCH (actual Teatro Carlos Cariola) junto a numerosos artistas, entre los que también se encontraban la soprano Marcela de la Cerda y el bajo Claudio Robles.

    Rayén Quitral

    También en 1954 recibió la distinción del ‘Caupolicán’, como la mejor cantante lírica nacional, premio que otorgaba anualmente la Asociación de Cronistas de Cine, Teatro y Radio.

    Rayén Quitral

    [Una pena y un cariño (Lily y Mercedes Pérez Freire—María Pascal Lyon), 1953]

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    Juan Diego Flórez: “La voz, antes que en la garganta, está en el cerebro”

    Domingo, Abril 4th, 2010

    [Flórez: Pour mon âme..., Liceo de Barcelona, 11 de marzo de 2010]

  • Antonio Lucas
  • —¿Cuánto le debe su voz a su adolescencia rockera?
    —Más que mi voz soy yo el que le debe mucho a esa riqueza, a ese “background”. Uno es lo que ha vivido y la suma de las experiencias que lleva dentro. Mi voz es fruto de mis aventuras, de mi forma de cantar, de mi modo de expresar. Aquella banda de rock de cuando era joven me dio mucho. Cantaba versiones de los Beatles y de Led Zeppelin. Y lo hacía a garganta pelada. No sabía nada de música clásica. Desde los quince años daba conciertos para mis amigos del colegio y actuaba en el pub que regentaba mi madre en Lima cuando les fallaba el cantante. Podía estar toda la noche actuando entre humos, sin parar. Imagínate.

    —Y de ahí a la cima del canto…
    —Bueno, no fue tan sencillo. Eso sí, tuve suerte de no joderme la voz… Lo que tengo claro es que ésta, antes que en la garganta, está en el cerebro. Nosotros hacemos que suene en verdad una nota porque la hemos “escuchado” en nuestra mente. Eso es mágico. Una nota es una posición exacta del sonido. Y hay que ajustarla a la voz de cada uno, a sus posibilidades. La voz se maneja con las sensaciones. Y en ópera esa cuestión es llevada al límite porque la ambición es la excelencia.

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    ‘Credo in un Dio crudel’ / ‘An die Musik’, por George London

    Viernes, Abril 2nd, 2010
     George London (Boris Godunov).

    George London (Boris Godunov).

    George London (Yago): Credo in un Dio crudel, Otello (Acto II, Escena II), Verdi.

    notaEn el Olimpo;-)

    London: An die Musik (Schubert).

    (Gracias, Mefisto)