Juan Diego Flórez: “La voz, antes que en la garganta, está en el cerebro”

[Flórez: Pour mon âme..., Liceo de Barcelona, 11 de marzo de 2010]

  • Antonio Lucas
  • —¿Cuánto le debe su voz a su adolescencia rockera?
    —Más que mi voz soy yo el que le debe mucho a esa riqueza, a ese “background”. Uno es lo que ha vivido y la suma de las experiencias que lleva dentro. Mi voz es fruto de mis aventuras, de mi forma de cantar, de mi modo de expresar. Aquella banda de rock de cuando era joven me dio mucho. Cantaba versiones de los Beatles y de Led Zeppelin. Y lo hacía a garganta pelada. No sabía nada de música clásica. Desde los quince años daba conciertos para mis amigos del colegio y actuaba en el pub que regentaba mi madre en Lima cuando les fallaba el cantante. Podía estar toda la noche actuando entre humos, sin parar. Imagínate.

    —Y de ahí a la cima del canto…
    —Bueno, no fue tan sencillo. Eso sí, tuve suerte de no joderme la voz… Lo que tengo claro es que ésta, antes que en la garganta, está en el cerebro. Nosotros hacemos que suene en verdad una nota porque la hemos “escuchado” en nuestra mente. Eso es mágico. Una nota es una posición exacta del sonido. Y hay que ajustarla a la voz de cada uno, a sus posibilidades. La voz se maneja con las sensaciones. Y en ópera esa cuestión es llevada al límite porque la ambición es la excelencia.

    En un momento, Juan Diego Flórez proyecta un sonido como recién traído del hipotálamo. Es una solfa que queda colgando por ahí, sin desaparecer del todo. Un sonido manejado con un criterio inexpresable, como un pájaro. Flórez nació en Lima en 1973. Su padre era intérprete de música criolla. La adolescencia le confeccionó estas aristas sin divismo que ahora gasta. Está lejos de la afectación confitada que ejercitan otros. No es un pedante con modales de alhelí. Empezó varias carreras en el Perú de Fujimori, donde todo era excedente de miserias. Las abandonó con un rigor escrupuloso. La música le rondaba furiosamente. Habla acortando distancias, en una cercanía de risa con mucho diente.

    —Empecé Publicidad y dejé Publicidad. Pensé en apuntarme a Antropología. Después a Filosofía… Y nada. Era consciente de que ser músico (y más clásico) en Perú era arriesgarse a morir de hambre. No aprobé después el examen de ingreso en Humanidades por un punto. Eso habría determinado toda mi vida. Y lo entendí como una señal… En verdad tenía pocas alternativas si no me hubiera ido bien en esta profesión. Entre en el conservatorio de Lima para aprender a escribir música, a hacer arreglos, a prepararme como cantante pop… Pero descubrí la música clásica y me fascinó. Comencé en 1990 y dejé el conservatorio de mi ciudad en el 93. Lamentablemente me vi obligado a dejar mi país para mejorar mi formación. Entonces me marché a Filadelfia… Y tampoco me gradué… Lo mío ha sido siempre no terminar lo que inicio.

    Juan Diego Flórez carraspea con ciertos intervalos, como corrigiendo con sobriedad de tos las confidencias. A los 23 años debutó en el Rossini Opera Festival de Pesaro (Italia). Era 1996. Se estrenó como tenor principal en un rol endiablado, el de Corradino en la ‘Matilde de Shabran’. Y ese fue el principio de la gloria, una descarga de ovaciones lo predispuso a hacer surco con los peraltes de la nuez en la historia del ‘bel canto’, ‘reinventando’ a Donizetti, Rossini, Gluck, Paisiello…

    —En ese mismo año, el 96, debuté en La Scala a las órdenes de Riccardo Muti. Imagino que aceptar algo así sólo se hace cuando uno es muy joven, muy ignorante y muy osado. No era consciente de lo que estaba sucediendo. Fue más tarde cuando empecé a darme cuenta de lo que aquello significaba. Era un inconsciente. Sabía, por ejemplo, qué era La Scala, pero no la tenía interiorizada. Ahora con más conocimiento, me crecen las inseguridades.

    —¿Mira hacia atrás?
    —Soy más de echar la vista hacia delante. Sólo ahora empiezo a disfrutar del momento. Lo principal es estar en el presente. Pero en esta profesión se tiende a estar pensando en mañana. Más si uno es consciente de la presión (y la suerte) que supone tener comprometida la agenda profesional hasta el 2014.

    —¿Da tiempo a darse cuenta de la realidad del mundo?
    —Sin duda. A mí me preocupa mucho la salud del planeta. Me emociono con la naturaleza… Y respecto a lo social: me gusta ver que mi país va mejorando en todos los aspectos. Hablo de Perú porque es la realidad que mejor conozco. Ahora la clase media es más numerosa y la pobreza va disminuyendo, aunque aún queda mucho por hacer en este sentido. Me enoja la desigualdad. Y cuando era niño se notaba mucho más cómo la clase dominante, los “blancos” que decimos allí, detentaban todo el poder. Aún quedan ciertas actitudes anacrónicas en esa gente… Pero el poder está más mezclado. Por fin somos todos peruanos. Sobre todo aquellos que antes no eran considerados así, los desclasados.

    —Los vulnerables…
    —Así es. Y para ayudar desde mi posición he creado una fundación para favorecer orquestas y coros infantiles y juveniles, un modelo muy parecido al que desarrolla el maestro Abreu en Venezuela. Ya tenemos las primeras orquestas. Y es muy estimulante. Va dirigido a los sectores que gozan de menos opciones. Va a ser algo importante.

    Regresa el carraspeo y alguna nota cantada que Juan Diego Flórez engarza a las palabras a modo de ejemplo de algo. Lleva varias semanas en el Liceo de Barcelona interpretando ‘La hija del regimiento’, donde se aloja una de las arias más diabólicas del repertorio, con nueve do de pecho. Hasta ahora le han pedido cuatro bises. Y los ha cumplido.

    Flórez, con su arquitectura de cantante de boleros, ha detonado tradiciones y tabúes en un mundo de cuello duro como el de la ópera. En La Scala ofreció el primer bis en 75 años. Ha sido hábil a la hora de elegir su repertorio. Y arrastra una candela revolucionaria que hizo saltar la lucecita de alerta en las antenas de Kraus y Plácido Domingo.

    —Soy mi peor fan. No me gusto mucho. Pero sé cómo quiero cantar. Y es cierto que algunas cosas de mi repertorio suenan diferentes en mí. Un poco por méritos propios y otro poco porque soy hijo de lo que vino antes. El canto es una combinación entre lo espectacular y la clase: la elegancia, lo profundo. Intento hermanar las dos caras. Eso es el ‘bel canto’.

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    2 Responses to “Juan Diego Flórez: “La voz, antes que en la garganta, está en el cerebro””

    1. victoria kraus dice:

      Hola Gio y amigos.

      Feliz Domingo de Resurrección!

      Muy interesante y aportador este apartado! Juan Diego Florez, voz llevada al limite, ambicioso de la excelencia! Excelente y legítimo!

      Me gusta mucho Juan Diego, su voz, su canto y su personalidad propia, su sencillez, su manera de verse a sí mismo, sorprendente a veces. No veo por qué su “canto revolucionario” hizo saltar una lucecita de alerta en las antenas de Kraus y Domingo!

      En la de ALFREDO KRAUS debe haber sido solo una agradada sonrisa de complacencia!

      Kraus nos dejaba desolados cuando él mismo decía: “vendrán otros”. El tiempo nunca se sabe, pueden pasar muchos años y aún estamos oteando al horizonte.

      Y DOMINGO no tiene este registro ni este repertorio lirico ligero! Y ya tiene tanto! Por qué?

      Quizás la lucecita fue en las antenas de otros tenores jóvenes, muy meritorios también y “ambiciosos de la excelencia” como Juan Diego.

      Su “canto revolucionario” no es tal, lo dice él mismo, “un poco de méritos propios y otro poco porque soy hijo de lo que vino antes”.
      Piensa que lo suyo es “una combinación entre lo espectacular y la clase, la elegancia, lo profundo.”

      Muy bien dicho y respecto a eso sea bienvenido, y en muy buena hora, todo lo bello que él pueda aportar de cara al mañana.

      Le deseo que siga cosechando éxitos maravillosos sin “dárselas de unico divo” opacando las condiciones de otros, que los hay, de mucho mérito también. Y si su mérito es mayor, será mayor!

      Todo sea por el arte de la música y la belleza del canto operatico.

    2. operasiempre dice:

      Felices Pascuas, Victoria. Por estos lares ya no falta mucho para las doce campanadas… Se nos fue la Semana Santa.

      Hay qué ver qué entrecomillados más bien has seleccionado de la entrevista…:-)

      Me gusta lo que dice sobre los vulnerables y el planeta, aunque nada tenga que ver con la ópera. Y lo que más me sorprende es que diga que no se gusta mucho. ¡No lo dirá en serio…!;-)

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