
Reproducimos una breve entrevista sobre Rayén Quitral encontrada en la hemeroteca digital de la Biblioteca Nacional de España.
Fue publicada el 13 de noviembre de 1937 en Caras y Caretas, revista semanal ilustrada editada en Buenos Aires (Argentina) entre 1898 y 1941, y que se distribuía además —así consta en este ejemplar de 1937— en “Bolivia, Brasil, Canadá, Chile, Colombia, Costa Rica, Cuba, República Dominicana, Ecuador, El Salvador, España, Estados Unidos de Norte América, Guatemala, Haití, Honduras, Méjico, Nicaragua, Panamá, Paraguay, Perá, Uruguay y Venezuela”.
Pueden acceder a la entrevista buscando por “Rayén Quitral” en el segundo enlace. Es el primer archivo que aparece (pág. 97 en el PDF; 100, en la revista).
Rayén tiene tan sólo veinte años. Muy joven, muy tímida —así la describe el periodista—, es su maestra de canto, Emma Wachter de Thomassen (Emma Ortiz), quien definitivamente toma las riendas de la conversación y resume la carrera artística de Quitral, que en noviembre de 1937 no ha hecho más que empezar. Rayén, precisa el entrevistador, “contesta con pocas palabras, pero con muchas sonrisas”.
En la fotografía que ilustra la entrevista, y que no es posible reproducir, observamos a una sonriente Rayén al lado de su maestra bajo este pie de foto: “A la izquierda, la joven artista chilena Rayén Quitral, en compañía de su profesora, la señora Emma Wachter de Thomassen”.
En el tercer archivo que aparece en la hemeroteca on line, del 17 de diciembre de 1938 (pág. 90 en el PDF; 88, en la revista); es decir, un año y un mes más tarde de esta entrevista, puede leerse lo siguiente:
“Luego de su exitosa actuación ante el micrófono de Radio Belgrano, se ausentó para Chile la soprano araucana Rayén Quitral. Esta intérprete del ‘bel canto’ cumplirá luego un ventajoso contrato en Nueva York”.
Y en el cuarto, 19 de agosto de 1939 (pág. 90 en el PDF; 88, en la revista):
“Se presentó Tito Schipa en el Auditorium”
“A los nombres de Bidu Sayao, Gianna Pederzini, Rayén Quitral, Hipólito Lázaro y otros grandes artistas que, en un esfuerzo de Radio Belgrano, digno de destacarse, desfilaron por el ‘auditorium’ de esa emisora, se une el del notable tenor Tito Schipa, que hizo su presentación el miércoles 2 del mes en curso”.
El 1 de agosto de 1937, anuncian en el New York Times la presentación de Rayén en Nueva York —que hasta donde sabemos, no llegó a producirse— y señalan “the extraordinary volume and beauty of her voice astonished critics”.
En los diarios españoles, la única referencia que hemos hallado sobre Rayén Quitral corresponde a la noticia de su fallecimiento, publicada en el madrileño ABC el 23 de octubre de 1979:
“Ha fallecido en Santiago de Chile Rayén Quitral, la cantante lírica más importante surgida en Chile en el curso del presente siglo. Rayén Quitral se había iniciado en la lírica en 1936, desarrollando posteriormente su carrera en los más importantes teatros de Europa y América”.
Confirmación, estas breves reseñas, de lo que ya sabemos por nuestro amigo Juan. Aunque nunca viene mal añadir algún detalle más.
Emma Wachter de Thomassen explica que Rayén nació en Temuco, capital de la Región de La Araucanía, pero hasta donde sabemos también, no nació allí, sino en Iloca, provincia de Curicó.
Un dato nuevo. La participación de Rayén en el Grand Festival Mozart de Montreal, temporada 1944/1945. “Mlle Ryan Quitral, soprano du Brésil” (sic) no es otra que nuestra chilenísima Rayén Quitral.
Y vamos con la entrevista. Optamos por respetar el título original, si bien resumido, para titular también este post. Vaya en recuerdo de Rayén Quitral. Otro día, más;-)
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[Mapuche / Canción Araucana (Tradicional. Recopilación y arreglos, Emma Ortiz), 1953]
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“Rayén Quitral, la joven soprano araucana, a través de las palabras de su profesora”
Caras y Caretas, 13 de noviembre de 1937

Rayén Quitral, en compañía de su maestra, Emma Wachter de Thomassen ('Caras y caretas', 13 de noviembre de 1937).
Rayén Quitral es una mujer joven. Casi una niña. Tiene apenas 20 años. Puede decirse que recién nace a la vida consciente, aun cuando aparenta no tener todavía consciencia de su propia personalidad. Así al menos me ha impresionado durante los pocos minutos de nuestra entrevista.
Cierta timidez se advierte en su trato y una espontánea ingenuidad en sus manifestaciones. Ella dice lo que siente. Y lo dice con lenguaje llano, sin rebuscamientos retóricos, sin alardes de elocuencia. Por el contrario, su conversación es así monosilábica. Contesta con pocas palabras, pero con muchas sonrisas.
—¿Se siente usted artista? —le pregunto.
Ella cruza los brazos sobre el pecho, encoge los hombros y sonríe. En la sonrisa está la respuesta anticipada, que el periodista debe interpretar.
—Yo no sé… no sé… —dice luego.
—Qué impresión le causan el público y los aplausos?
Sonríe nuevamente con sus brazos cruzados sobre el pecho, expresando en seguida:
—Cuando canto, no veo al público ni oigo los aplausos. Lo que sé decirle es que al terminar cada número desearía desaparecer inmediatamente del escenario…
—¿Es usted chilena?
—Araucana pura, de Temuco, en el sur de Chile —interviene su profesora y acompañante, la señora Emma Wachter de Thomassen.
—¡Araucana! Los rasgos físicos de la joven artista son, en efecto, característicos de aquella raza indómita que vencio a Valdivia y que tuvo en Caupolicán y en Lautaro dos exponentes varolines de bravura heroica. ¡Araucana! Y la mente se remonta a cuatro siglos de historia para recordar con Alonso de Ercilla las virtudes fuertes de aquel pueblo, que el poeta soldado cantó en su poema inmortal, maravillado por el instinto libertario que lo animaba.
Una raza fuerte, ahora casi extinguida, que no cultivó su espíritu hasta que las generaciones nuevas se pusieron en contacto con la civilización. Y esta es, acaso, la herencia ancestral que pesa sobre la soprano Rayén Quitral.
La señora Wachter de Thomassen, profesora del Conservatorio Nacional de Santiago y miembro de la Facultad de Bellas Artes de la misma ciudad, me refiere la carrera de su alumna.
—Rayén no ha alcanzado a apreciar todavía el magnífico don que posee. Soy yo quien estoy enamorada de su voz. La descubrí hace cinco años, cuando ella era una chicuela. Entonces, como ahora, daba los tonos altos con una maravillosa facilidad. Mi tarea ha constituido, pues, en lograr que diera los tonos bajos, con exactitud. Y así, ella posee hoy un registro completo de su voz de soprano ligera.
—¿Cuánto tiempo lleva de actuación en público?
—Tan sólo pocos meses. Debutó con éxito en Santiago. Luego ha actuado en Valparaíso, en Concepción, en Los Ángeles y en Chillán, todas ciudades chilenas donde fue acogida con cariño.
—¿Qué impresión tiene de la presentación de Rayén en Buenos Aires?
—Estoy conforme. Pero advierto que la crítica ha juzgado a Rayén como a una artista completa. Y ella no lo es aún. Reconozco que carece de los recursos de la cantante y de la actriz veteranas. Confío que los adquirirá con la práctica, cuando abandonando su actuación individual, inicie la de conjunto. Por ahora me parece conveniente que logre el dominio absoluto de su voz, factor fundamental de su arte. Y en este sentido, no se ha negado a Rayén aptitudes excepcionales.
—¿Tienen ustedes proyectada alguna gira por Brasil?
—Iremos a Rosario y probablemente a Tucumán.
—¿Volverán luego a Chile?
—No, regresaremos a Buenos Aires para terminar las audiciones comprometidas con Radio Belgrano, y emprender después viaje a Montevideo, donde Rayén ofrecerá varios conciertos.
—¿Terminará allí su actuación?
—No. Iremos a Nueva York, donde esperó que Rayén logrará éxitos estimuladores.
—¿Y después?
—Después, sí, regresamos a Chile, pues yo debo de volver a mis tareas del Conservatorio y ella…
La señora de Thomassen queda un instante pensativa.
—¿Y ella? — le pregunto.
—¡Quién sabe! Tal vez se case y emprenda con su marido nuevos rumbos.
Ahora me dirijo a Rayén Quitral, quien ha permanecido muda durante nuestra conversación con su profesora.
—Yo… —me responde risueña y con sus brazos cruzados sobre el pecho. —Yo… no sé nada… no he pensado nada…



