Luisa Pierrick (1924): “Enseguida comprendí la importancia de la voz de Miguel [Fleta] y sobre todo su sentimiento”

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Miguel Fleta: «En Cavalleria, al natural, en 'Carmen'» ('Caras y caretas', Buenos Aires, 5 de julio de 1924).

  • Caras y caretas (Buenos Aires), 5 de julio de 1924
  • «El gran tenor se disponía a almorzar. Su hijo, una encantadora criatura de cuatro años, se encaramaba por los muebles con esa inquietud simpática de los niños inteligentes. La señora de Fleta dirigía con su mirada viva todos los detalles. Una estufa eléctrica mantenía una temperatura tibia y acariciadora.

    —Almuerce usted tranquilo —le dije— yo iré averiguando lo que deseo saber, sin molestarle.

    Y mientras almorzaban, Fleta y su señora, iban respondiendo a mis preguntas con esa sencillez tan sugestiva que constituye la característica del gran tenor.

  • Fleta: Amapola
  • —Yo nací en un pueblo de la provincia de Huesca que se llama Albalate de Cinca. Mis padres fueron unos modestos industriales; es decir, mi padre tenía el café del pueblo.

    —Mi padre tuvo ya buena voz y además tocaba casi todos lo instrumentos; también mis hermanas tenían buena voz. Yo, a los ocho años, era en el pueblo ‘EI cantador de Jotas’ y cantaba en la iglesia.

    —Mis padres querían dedicarme al comercio porque el maestro se lo aconsejó; yo era, para mis años, un gran matemático y por mi facilidad en la aritmética se creyó que yo haría un buen comerciante; pero mi madre no se decidía a dejarme ir a Barcelona; luego, por consejo de unos ingenieros, se me quiso dedicar a la marina mercante; pero mi padre enfermó y estuvo cuatro años en cama con una parálisis general; entonces llegó la catástrofe de mi casa; tuvimos que trasladar el café y para poder vivir, se me envió a Zaragoza con una hermana mía, y estuve dedicado a los trabajos del campo; pero yo seguía cantando y cuando había alguna fiesta iba yo con los otros muchachos cantando jotas, hasta que un día, un tal Miguel Asó, cantador de jotas de profesión, me oyó y me dijo que fuese a su casa para enseñarme el estilo del canto de jotas; mis hermanas se opusieron, pero yo durante el día trabajaba y por las noches iba a casa de Asó y estudiaba aquel estilo que tanto me pustaba. Tenía yo entonces 18 años.

    —Me presenté entonces en un festival de jotas que hubo en el Principal de Zaragoza y el día del ensayo general todos me felicitaron y me auguraron el primer premio.

    —Ni el primero, ni el segundo… No obtuve premio alguno; no, señor.

    —Estuve dos años en Zaragoza trabajando; unos dos meses después del festival regresé a mi pueblo, y como había aprendido el estilo, tuve allí un gran éxito; tanto que todos aconsejaron a mis padres que me enviasen a aprender el canto delinitivamente. Y allá fui.

    'Mundo gráfico', 6 de noviembre de 1912).

    "Los artistas del Liceo de Barcelona": Adelina Agostinelli, Maria Gelcich, Elvira de Hidalgo, Luisa Pierrick, Nicola Zerola, Titta Ruffo, Margort Kaftal ('Mundo gráfico', 6 de noviembre de 1912).

    [En la foto: Adelina Agostinelli, Maria Gelcich, Elvira de Hidalgo, Luisa Pierrick, Nicola Zerola, Titta Ruffo, Margot Kaftal]

    —Fui a Barcelona; al Conservatorio. Había en el Conservatorio dos clases de canto: una, que la daba un profesor, y la otra que la daba la profesora francesa Luisa Pierrick, una artista que después de haber cantado con gan éxito en el Liceo de Barcelona habia sido nombrada profesora del Conservatorio. Yo pregunté al conserje, que era un buen hombre, y él me aconsejó que fuese a la clase de la profesora Pierrick. Y allá fui.

    Miro a la señora de Fleta y sonrío; para nadie es un secreto que aquella profesora del Conservatorio de Barcelona es hoy la esposa del gran tenor y madre de ese niño que Fleta adora, y que me mira, mientras come, con sus ojos inteligentes de muchacho travieso y gracioso.

    Mundo gráfico., 06/11/1912, p 29

    'Mundo gráfico', 6 de noviembre de 1912.

    —Diga usted, señora —le pregunto. —¿Cómo empezó usted la educación de la voz del gran tenor?

    —Enseguida comprendí la importancia de su voz y sobre todo su sentimiento; cualidad, que en otros cantantes viene al cabo del tiempo, en Miguel surgió en seguida. Empezó estudiando música religiosa: música suave que le permitía modular bien y decir las frases con claridad: Gounod, Franck… La primera obra que Fleta aprendió fue Werther.

    —¿Subvención?… Varias veces solicité una subvención del Ayuntamiento de Barcelona y, a pesar de las muchas recomendaciones de varias personas que se interesaron por mí, nunca pude obtener la subvención solicitada.

    —Entonces fui a Milán y el año 1919 debuté en Trieste en el Teatro Verdi con la Francesca di Rimini; canté después Aida, y mi carrera empezó a iniciarse triunfal.

    —Fui a Viena, el 1921; a Praga; volví a Italia; fui a Viena otra vez; a Montecarlo. Un día, un agente de Milán me propuso ir a Madrid. Me escribió luego Luis Paris para ir al Real y yo le pedí seis mil pesetas por función y seis funciones; se me ofrecieron dos a cuatro  mil y, si gustaba, las otras cuatro a seis mil; por fin se arregló; cuatro funciones a seis mil, y yendo por cuatro a seis mil, canté once funciones a ocho mil, en vista de mi gran éxito. Era en 1922.

    —Entonces vine a Buenos Aires por primera vez; debuté en una función de gala cantando dos actos de Carmen.

    —Fuí a Méjico (sic); volví a Madrid: visité mi pueblo y les canté el ‘Ay, ay, ay’ y ‘Te quiero’; se hizo una fiesta tan grande que constituye época, y desde entonces en el campanario de la torre de la iglesia de mi pueblo se ha instalado una luz potente que se divisa desde muchas leguas a la redonda para demostrar que aquel es el pueblo de Fleta.

    Fleta es un hombre sencillo, amable; una criatura; no tiene esa ‘pose’ do los divos, sino una naturalidad encantadora.

    Me despedí de él, subyugado por su sugestivo carácter, y de su señora, su única profesora, que formó al artista: una mujer inteligente y sagaz».

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    43 Responses to “Luisa Pierrick (1924): “Enseguida comprendí la importancia de la voz de Miguel [Fleta] y sobre todo su sentimiento””

    1. enrique paz escudero says:

      El grandísimo Miguel Fleta, falleció a cien metros de mi casa, en La Coruña, en lo que es la Plaza de Orense. Allí, por la petición que hicimos al ayuntamiento, un grupo de melómanos coruñeses, conseguimos que en ese solar se pusiese una placa, recordando al ilustre tenor aragonés que murió en nuestra ciudad, en el año 1938. Procuraré, en cuanto pueda, hacer una fotografía de dicha placa, para colgarla en este blog.

      Pues bien, Miguel Fleta creo que fue un fenómeno de la naturaleza, dotado de una voz que aparece de muy tarde en tarde, y además dotado de una sensibilidad especialísima a la hora de cantar. Su voz era un auténtico tesoro, y era la admiración de sus colegas más afamados. No era un tenor de gran extensión (pocas veces iba al do), pero la brillantez de su registro agudo, daba la sensación de que llevaba su voz a la extratosfera.

      Las canciones españolas que dejó grabadas son verdaderas joyas, igualmente las romanzas de zarzuela y cómo no, las arias de óperas.

      Grandísima pena, que no hubiese llegado a grabar (que se sepa hasta hoy), las dos arias de la Turandot, que él estrenó en la Scala, dirigido por Toscanini.

      Las facultades del tenor aragonés eran inmensas, y él, sabedor de las mismas, desgraciadamente se prodigó en demasía, y eran muchas las ocasiones, que terminada la representación de la ópera que esa noche cantaba, mandaba poner en el escenario un piano, y daba un concierto completo de canciones y arias. Finalmente y prematuramente la voz se terminó. Fueron los suyos diez años de gloriosa carrera, y después vino un penoso declive, según se cuenta en aquella época.

      En cualquier caso, todas sus grabaciones son una muestra de la grandeza de una voz, como pocas ha conocido la historia de la ópera.

      Por último, como anécdota personal, quiero contar, que tuve la fortuna de conocer a la gran Elvira de Hidalgo, que me invitó a comer en su casa de Milán, y a continuación me escuchó en audición privada, en el aria “tombe degli avi miei” de la Lucia de Lammermoor. Una vez me que me hubo escuchado, se mostró dispuesta a darme clases en su casa, pero al final fue Alfredo Kraus quien se ocupó de mi enseñanza.

      La Sra. Hidalgo vino años después a La Coruña, y tuve el honor de invitarla a comer en mi casa, aprovechando para hablar de su alumna predilecta, la incomparable Maria Callas.

      Son parte de mis recuerdos, que atesoro dentro de mi mente y mi corazon.

      Un saludo, queridos amigos.

    2. Munguia says:

      Debía de ser un horror en directo, porque él quería coger sus tiempos lentos, y los directores las pasaban canutas para apianar orquesta, y lo que es peor, que le siguieran en esos rallentizandos que se inventaba en aragonés.

      Una vez, cantando con Toscanini “Rigoletto”, a tal modo llego su encontronazo, que Toscanini llevaba a la orquesta a su tiempo, y Fleta que no había conseguido que el Maestro le dejara hacer sus virtuosidades, se centró en su tiempo; con lo cual, el desajuste entre orquesta y solista fue horroroso y el público explotó en quejas.
      Se paró la función, y tuvieron que separarlos porque Toscanini iba lanzado a matar al tenor, y a su vez, el aragonés tambien:
      – Sepa usted Maestro – le espetaba Fleta mientras le agarraban unos coralistas- que el público me ha venido a ver cantar a mí, no a usted, que les da la espalda.

    3. enrique paz escudero says:

      Amigo Munguía, yo con todos los respetos, no creo para nada que fuera un “horror” escuchar a Fleta, cuándo hacía “su” personal versión de un aria.

      Hay que tener en cuenta que en aquella época, los grandes cantantes se tomaban sus libertades a la hora de abordar una romanza.

      Tambien Lauri Volpi (me lo contaba a mi Elvira de Hidalgo), tenía sus encuentros con los directores de orquesta (e imagínese Ud. a Lauri Volpi enfadado), porque llevaba los tiempos como a él le parecia. Y muchos más …

      Hoy por suerte los cantantes se mueven más por lo que el compositor escribió.

      Maravilloso, pero de verdad, yo daría algo por estar presente en una ópera cantada por Miguel Fleta, pongamos por ejemplo en la Turandot del estreno, y escucharlo recrearse en un “Non piangere Liú” a su gusto.

      Escucharía a Fleta con los ojos cerrados, y que el maestro inmenso Toscanini, acabada la función, se enfadase lo que quisiera con él, en el camerino.

      Creo que más de uno de nuestros contertulios, se abonaría a esa función.

    4. enrique paz escudero says:

      Solo añadir una cosa.
      Para mí la ópera es ante todo, el canto, envuelto en el maravilloso sonido de la orquesta, con lo cual, desde mi humilde opinión, siempre debe de prevalecer la voz, sobre el acompañamiento orquestal. Creo firmemente que el director debe acompañar al cantante, y no el cantante seguir a la orquesta.

      En tiempos pasados a los cantantes se les escuchaba, porque para una Turandot (poniéndola como un ejemplo de una gran ópera), bastaban con 50 músicos en el foso, pero hoy son 80, ó 90 más un coro de 100 voces.

      Que quiero decir con esto; pues que ahora, la voz de los solistas son un elemento más de una producción operística, en la cual todos forman un conjunto.

      Antiguamente, la gente iba a escuchar a Caruso, a la Melba, o a Stracciari, y por tanto acudían a escuchar su canto, con sus libertades (que se las tomaban, por supuesto), y la orquesta y lo demás ocupaba un segundo término.

      Aquellas costumbres de la época, ciertamente se han perdido, y sinceramente, no se si ahora estamos mejor.
      Cada uno que opine lo que quiera.

    5. Munguia says:

      Estimado Don Enrique,
      ¡yo daría un año de mi vida por poder asistir a 6 funciones excelsas de Fleta!
      Cuando decía un horror me refería a tener que escuchar a Fleta a su bola mientras Toscanini llevaba su tiempo por otro lado. Por lo menos gracioso.
      Para mí, y sin desmejorar a ningún gran tenor, Fleta es para mí el mejor tenor que ha dado España.

    6. VICTORIA kRAUS says:

      Hola amigos:

      Recuerdo haber leído que Alfredo Kraus no quedaba muy conforme cuando le correspondía cantar alguna ópera con la Orquesta Philarmonia y su gran Director, Riccardo Mutii.

      Ya en el final del Brindis de La Traviata, con Kraus y Monserrat Caballé, la orquesta interviene en forma muy importante (1982).

      Tambien hay un aria final de una opera donde la nota final de los solistas queda tapada completamente por la gran “coda” de la orquesta, larguísima y sonorísima! Y muy bonita, pero me gistaba mucho más escuchar a Kraus con Pablo Sorozával. Muchas veces la orquesta está en silencio, otras adorna tanto como la voz del cantante, pero no es una competencia, es producir belleza… Como lucir este Re?

      http://www.youtube.com/watch?v=J3jzl-tH4pI

      Saludos a todos.

    7. Paco Roa says:

      ¿POR QUÉ NO SOY “FLETISTA”? (I)
      Por Paco Roa

      Teniéndome por buen nadador –alguna cosa destacable además de la edad teníamos que tener-, jamás rehusé nadar a contracorriente en mi vida, con más determinación, lógicamente, en sentido figurado que real, pudiéndose afirmar que no me atemoriza una tal “adversidad”, muy al contrario, diría que me estimula y hasta complace oponerme al aluvión del pensamiento único que hoy impone su férrea dictadura aprovechando las horas bajas, por decirlo amablemente, de una gran parte, la más amodorrada, de nuestra sociedad. Por ejemplo, en este mismo foro operístico sin ir más lejos creo que he tenido oportunidad de demostrarlo en más de una ocasión, braceando contra muy mayoritarias y embravecidas corrientes (de opinión), verdaderas riadas en algún caso, que hubieran arredrado al más pintado, claro que eran otros tiempos muy concurridos y no menos disputados. Y de un modo particular nadé río arriba, aun a riesgo de ahogarme ya, participando con disidente voz en alguna que otra entrada en la que salió a relucir la figura discutible y controvertida como pocas otras de nuestro nunca olvidado Miguel Fleta (siempre que hablo aquí de este tenor, inevitablemente me viene a la memoria un antiguo tertuliano de singular grafía en su firma, si no recuerdo mal algo así como E: Arroyo, cuyos comentarios, curiosamente, sólo se esperaban para defender a capa y espada al cantante aragonés; reciba Vd., si sigue “conectado” de algún modo a este foro, mi saludo y recuerdo). Sin el menor ánimo de abrir coloquio alguno, entre otras cosas porque en mi vuelta a “ópera, siempre” me propuse no debatir, ni, menos todavía, convencer a nadie de nada, solo faltaba, he aquí en lo que sigue, lo más comprimido que pude, una suerte de decálogo que da cuenta de las razones por las que no soy “fletista”, pero sólo en sus tres primeros puntos para tampoco extenderme hoy más de la cuenta:

      1º.- De su muy desigual carrera, a lo sumo siete u ocho temporadas, todas dentro de la década de los años veintes del pasado siglo, consiguió Fleta estar, aunque ni siquiera en ellas libre de escándalos y división de opiniones, en plenitud vocal y artística. Del resto, de acuerdo con lo que nos informa su currículo, casi es mejor correr piadosamente un tupido velo. Muy breve el apogeo, flor de un día, en comparación con el largo perigeo para auparlo, pues, a cima tenoril alguna como pretenden sus incondicionales.

      2º.- Se ha de convenir que la proyección internacional del tenor aragonés al más alto nivel, a mi juicio el mayor refrendo posible para la carrera de un cantante lírico, fue ciertamente limitada, con muy contadas o nulas presencias en los más importantes coliseos líricos del mundo donde se decide la suerte de los mejores, y por si ello no bastase no exenta de episodios muy lamentables que la empañaron no poco. Sirvan a guisa de meros ejemplos ilustrativos, su nada más que testimonial paso, visto y no visto, por la Scala, donde no terminó de encajar entre su selecto público (recuérdense al respecto los altercados con su director Toscanini y hasta con el mismo Puccini), o las apariciones algo más numerosas en el Met, bien que su relación contractual con este afamado teatro concluiría de la peor manera posible en los tribunales, los cuales terminarían sentenciando en su contra.

      3º.- Resulta como mínimo cuestionable la profesionalidad del indisciplinado Fleta –aquí creo no decir nada nuevo y en esto, supongo yo, coincidiremos más de uno-. Un cantante profesional responsable que por tal se tenga, que quiera ser respetado y hacerse respetable, en modo alguno puede permitirse los incontables excesos y abusos de todo tipo que cometió “Miguelón” –empezando, qué sé yo, por la mala vida llevada, siguiendo por las permanentes salidas de pata de banco que tuvo con unos y con otros, y, al cabo, cantando como le parecía, “ad libitum”, con muy poco respeto tanto por la partitura como por el director-, los cuales prematuramente, primero, malograron su carrera, y, en última instancia, acabaron con su propia persona. Una pena, pero ésa y no otra fue la triste realidad.

      4º.- Acaso el mayor déficit de su canto, desde mi punto de vista al menos, radicaba en la…Continuará.

      Saludos cordiales y de corazón, ¡MUY FELIZ Y PRÓSPERO 2011!

      P.D.: por aquello de añadir un plus a estos artículos, al final de los mismos le haré partícipes de algunos de mis tesoros líricos que, como tales, conservo en un lugar preferente de mi discoteca, bien que a resguardo de miradas fisgonas. Apuesto a que este primero que les descubro (a medias) les va a llamar la atención y despertar su interés. Siempre se ha dicho que Ponchielli fue un discreto compositor de un solo éxito; sin desmentir por completo tan repetida afirmación -de hecho, como bien se sabe, de todas sus óperas únicamente le sobrevivió “La Gioconda”-, sí la matizaría algo pues a mi juicio un par de títulos más como poco habrían merecido también la pervivencia en el repertorio: en su totalidad “El Hijo Pródigo”, y, si no hubiera sido posible toda ella igualmente, al menos alguna que otra página para su frecuente programación en recitales de “Marion Delorme”. Entre estas páginas, sobresale una verdadera gema de incalculable valor por su belleza sin par, pero que, por su general desconocimiento, es menester reivindicar. Se trata de un aria para barítono y… “hasta ahí puedo leer”. Les dejo tras su pista.

    8. Munguia says:

      Una respuesta fantásticamente argumentada, Don Paco.
      Así da gusto.

    9. Paco Roa says:

      ¿POR QUÉ NO SOY “FLETISTA”? (II)
      Por Paco Roa

      En la idea de participar en “ópera, siempre” sólo con artículos, evitando en la medida de lo posible hacerlo en los debates ya que tantos quebraderos de cabeza me proporcionan mis comentarios por los malentendidos que inopinadamente -toda vez que esto no me ocurre en ninguno de los demás sitios donde también escribo, ni siquiera en este mismo foro me había sucedido con anterioridad al pasado año- suscitan en algunos contertulios (y yo que pensaba que nadie me leía), sigo hoy con el artículo iniciado el pasado día 29 de Enero sobre las razones, presentadas en forma de decálogo, por las que, apenas iniciado en esta afición a la ópera que aquí nos convoca, eliminé de mi primera lista provisional de tenores el nombre de Miguel Fleta. Hoy sustanciaré sólo los puntos 4 a 6 de dicho decálogo, ya que no quiero que resulte demasiado extensa esta nueva intervención. Para mi consuelo parece que al menos el Sr. Munguia, con independencia de que pueda estar o no de acuerdo con lo que ya va expuesto, me ha leído sin dificultad ni errores de interpretación, validando así de algún modo tanto la forma como el fondo del texto. En fin, que me complace mucho hacerme entender correctamente por dicho distinguido contertulio, por lo que esta segunda entrega la publico en la confianza de que igualmente resulte de su agrado. Reciba Vd., Sr. Munguia, un cordial saludo.

      4º.- Acaso el mayor déficit de su canto, desde mi punto de vista al menos, radicaba en la linealidad absoluta del mismo; esto es, cuando se escucha al tenor baturro todo “suena” igual o muy parecido, sin que se perciban no ya los distintos matices, esto sería mucho pedir, sino tan siquiera los trazos más gruesos que delimitan y diferencian estilísticamente los variados repertorios que aborda. En Fleta, digámoslo así, todo es Fleta y nada más que Fleta, ya cante “Carmen” o, qué sé yo, “Turandot”.

      5º.- Derivado del punto anterior, si hay algo que a mí me desagrada especialmente de su forma de interpretar y, en definitiva, del muy sui géneris entendimiento de la dramática lírica que posee, es su ubicuo e irrefrenable personalismo: en cualquier papel cantado por Fleta siempre ocurre lo mismo, la omnipresente personalidad de éste arroya hasta desfigurar totalmente la propia de aquél querida y otorgada por el autor. Que si un sollozo marca de la casa por aquí sin venir a cuento, que si un calderón no previsto ni mucho menos deseable por allá, que si un interminable filado capaz de enervar al más templado por acullá, que si por allí innecesarios “abbellimenti” de dudoso gusto, que si un ademán…En fin, que cuando uno va a ver la ópera, pongamos, “Tosca” (no soy muy pucciniano que se diga, pero sírvanos el ejemplo), lo que más se desea para la parte del tenor, al menos en mi caso desde luego, es que su rol se sirva con fidelidad, esto es, que el intérprete de turno sepa transmitirnos quién es en verdad Mario Cavaradossi según lo concibió Puccini dramática y, por descontado, vocalmente, bien que, como es natural, y aquí juzgaremos la mayor o menor estatura teatral de dicho cantante, demostrando su propio talento escénico, y para nada lo que hace Fleta por afán de protagonismo: un remedo del pintor que, a fuer de “original” con la partitura, ya no será ni de lejos Caradossi sino Cavarafleta, si Vds. me permiten la “boutade”.

      En resolución del quinto punto del decálogo, que prefiero antes que a Fleta a (casi) cualquiera de los muchos tenores que han abordado el muy agradecido papel del pintor pucciniano (ciertamente agradecido, pues devuelve el ciento por uno a quien lo canta), por seguir y terminar ya con el ejemplo propuesto –cualquiera, ya digo, por descontado Kiepura, no digamos Pertile, mucho mejores también Borgatti o Caruso, sin dudarlo prefiero a Lázaro, o ya más en nuestros tiempos, Pavarotti, y, si me apuran, hasta Domingo son superiores también en el papel de Cavaradossi-.

      6º.- Si miramos con ecuánimes e imparciales ojos en el contorno de Miguel Fleta, en lo que al registro de tenor hace durante los años veintes de siglo pasado, esto es, reparamos en sus rivales directos en los pocos años que, con salud vocal, pudo competir nuestro tenor, observamos un ferozmente competitivo panorama, y ya no tanto por el resultado que pudiera arrojar un eventual examen comparativo entre los instrumentos vocales de la competencia y Fleta, cuanto por los méritos artísticos contraídos por éste y por los más relevantes tenores de su tiempo, del que, a mi juicio, no sale muy bien parado el aragonés. Verdaderamente, qué situación más envidiable fue la que vivieron nuestros abuelos respecto a la cuerda de tenor, pues, fíjense bien, ellos disfrutaron, entre otros ilustres tenores del primer tercio del siglo XX –imposible aquí siquiera sólo citar a todos-, del sucesor del gran Caruso, el no menos grande, grandísimo Martinelli; de Gigli, el preferido de tantos y tantos aficionados (entre los que, por cierto, he de decir que no me cuento); de un verdadero titán, el hoy todavía llorado por no pocos Lauri-Volpi; del portentoso Jadlowker y del cinematográfico Slezak; sin olvidarnos de todo un estilista, Schipa, en “ópera, siempre” muy recordado; ni, por supuesto, de un grandísimo técnico, favorito de Toscanini y referente para muchos cantantes, Pertile; como tampoco de un tenor de tan caudalosa como viril voz, Zenatello; etc.; etc. En fin, conspicuos cantantes los citados, todos ellos de insuperable currículo e inmensa importancia lírica que, desde mi punto de vista, hacen palidecer a Fleta. Dura, muy dura competencia la de su época, pero una gozada, como digo, para nuestros abuelos con tanto y tan bueno para elegir, y en unos años, además, en los que al Liceo y al Real, que conocía sus mejores días entonces, acudían todos ellos, ¡qué suerte!

      7º.- Si, de acuerdo con lo que nos enseña la Teología Moral, el más grave de los pecados capitales resuelta ser el de soberbia, en cuanto que fue el pecado cometido por el mismo Lucifer al sublevarse, me pregunto cuál podría ser el más grande “pecado” para los cantantes líricos, pues yo apostaría por uno del que…Continuará.

      Saludos muy cordiales.

      P.D.: ya que la cosa va de tenores, sigamos con ellos también en este “bonus”. Entre los distintos soportes de audio y video de mi caótica discoteca lírica, estoy haciendo un lugar a dos tenores que vienen pisando fuerte y que, si aguantan firmes, apostaría por ellos como líderes de su cuerda en breve. Aunque personalmente estoy bien servido de tenores, toda vez que hoy sobreabundan los ligeros, con lo cual Rossini está a salvo, reconozco los serios problemas que en nuestros días tiene el registro tenoril, especialmente a partir de la tesitura lírica, ante la escasez de buenas voces. Por lo cual es un verdadero placer poder hablar (muy) bien -hasta el punto de recomendarlos- de dos jóvenes tenores que, como digo, ya ocupan un destacado lugar en mi discoteca: Vittorio Grigolo y Piotr Beczala. Disfruten con ellos.

    10. Yemapel says:

      Sin querer entrar en polémicas, claro está, creo qua a Fleta le falta, para conocer realmente su verdadera dimensión, una grabación de una ópera entera, en vivo a ser posible, una Tosca o una Carmen, por ejemplo. A mí no me parece tan monocromático. De hecho, que fuera elegido para Turandot por un director que le detestaba, habiendo otros tenores italianos muy cualificados, es un indicador. En lo que sí concuerdo es en la inutilidad de sus excesos y en la factura que pagó por ellos.

      P.D.: Grigolo lo vi en el Rigoletto de Plácido Domingo y me pareció un poco flojo para esa ópera, aunque tiene una bonita voz. Beczala lleva ya unos años como destacado intérprete mozartiano, sin la fama y el reconocimiento que sí gozan otros. Buen tenor, sin duda.

      P.D.: Confirmo que este post sí lo he escrito yo.

    11. […] propósito del  artículo de opinión de Paco Roa sobre Miguel Fleta…, una grabación del artista aragonés que aún no tenemos en casa, más una versión de […]

    12. Paco Roa says:

      POR QUÉ NO SOY “FLETISTA (III)
      Por Paco Roa

      Pues menos mal, apreciado contertulio “Yemapel”, que por una vez quien quiera que sea el individuo suplantador, en -es de suponer- un repentino ataque de consideración, le ha respetado, vamos progresando, a ver lo que dura…Esperemos, no obstante, que pronto se pueda desenmascarar del todo (parece que ya hay pistas) al trapacero infiltrado en esta amable tertulia antes de que pueda ir más lejos aún en su impostura, de lo cual me parece que es muy capaz. A Fleta le faltaron no pocas cosas importantes en su carrera, entre otras la que Vd. con acierto menciona, y le sobraron otras tantas innecesarias en un buen cantante lírico verdaderamente profesional para que se le hubiera podido encumbrar a parejas cimas (“ochomiles”) que conquistaron por méritos propios –entonces no había marketing ni otros camelos por el estilo- cualquiera de los egregios tenores-escaladores de su misma época que yo citaba; y, por favor, polemice Vd. cuanto tenga por conveniente, solo faltaba, piense además que la ópera es lo que es gracias en buena medida a las eternas trifulcas y polémicas entre los propios cantantes y, principalmente, entre aficionados que la han mantenido con vida y buena salud hasta nuestros días durante ¡cuatro siglos! –recuérdese, p.ej., la todavía reciente y aún no concluida disputa cainita entre “callistas” y “tebaldistas”-, que hacen de las grescas de hoy, por agresivas que sean, que tampoco es el caso ahora en “ópera, siempre”, meros juegos florales entre doctrinos. Tentado estoy en tomar parte en el “comparativo” Kraus-Fleta que nos propuso la amable gestora, pero dado que es pública mi condición de “krausista” y, ahora también, mi poca devoción por Fleta, mejor me concentro en avanzar en el decálogo. En esta tercera entrega del mismo, que enumera algunas manifiestas imperfecciones, faltas y desviaciones que a mi juicio se acumularon en el currículo de Miguel Fleta a modo de indeseable tejido adiposo, presentamos los puntos 7º y 8º. Decíamos el último día en el séptimo punto.

      7º.- Si, de acuerdo con lo que nos enseña la Teología Moral, el más grave de los pecados capitales y, por ende, reo es de juicio eterno quien lo comete y no se arrepiente, resulta ser la soberbia, en cuanto que fue el pecado consumado por el mismo Lucifer al sublevarse, me pregunto cuál podría ser el más grande “pecado” privativo de los cantantes líricos, pues fíjense que yo apostaría por uno del que, a mi entender, y si me permiten seguir con esta pequeña broma, hubiera tenido que confesarse con bastante frecuencia Fleta y no sé si le hubieran perdonado por falta de arrepentimiento: el (indebido) uso de la voz para el exclusivo lucimiento personal del intérprete al margen, por tanto, de lo estrictamente previsto en lo vocal por el operista para el personaje que se canta. Y tanto más pecaminoso el yerro en cuestión –siempre hay que desdramatizar las historias que se cuentan por muy serias que puedan ser, que ésta no lo es- cuanto más privilegiado resulte ser el instrumento vocal con el que así se quebrantan los más elementales preceptos operísticos; y fíjense que, al respecto, de la voz de Fleta se ha llegado a decir que era, lo cual yo no comparto, mirífica. Muy posiblemente los dos lectores que aún me quedan, y que ya sé, creo, quienes son -Vd. “Yemapel” y el bueno de D. Antonio-, recuerden que, cuando hice una pequeña glosa del grandísimo tenor rossiniano Rockwell Blake, ponderaba en él una virtud, que no sería tal (cuándo fue un mérito hacer lo que se debe), pero dado que siempre cunde más lo malo que lo bueno, es menester elogiar tanto en nuestros tiempos, bastante menos pues hoy los “exhibicionistas” han desaparecido virtualmente, como en los de Fleta, más frecuente entonces la comisión de tal falta, aunque no hasta el extremo en el que cayó el baturro: “jamás Rockwell Blake –perdón por la autocita-, y eso que, dada la enorme facilidad para el virtuosismo que posee y una agilidad vocal sin parangón hubiera sido lo más cómodo, sucumbió a la tentación de hacer de éstos un fin en sí mismos, un permanente alarde sin más de sus soberbias facultades canoras, antes al contrario, tan privilegiada capacidad para la más compleja coloratura quedó siempre al servicio de las exigencias teatrales. Y así ha conseguido, antes que nada, sabiendo velar cualquier signo exterior de semejante superioridad que pudiera interpretarse como un lucimiento personal al margen de la dramática, y, en última instancia, vía introspección y concienzudo estudio de los rasgos esenciales y del modo de ser de cada personaje por él abordado, memorables caracterizaciones dentro de su repertorio que hoy están consideras como no superadas…”
      Nada que ver Blake en esto de reprimir totalmente el “show” vocal, más bien sería la contrafigura virtuosa de Miguel Fleta, máximo (soberbio) “pecador de la pradera”, que diría un conocido humorista –como ven sigo desdramatizando-; espero que el ejemplo propuesto del norteamericano ilustre bien el extravío que censuro en el español.

      8º.- Hacia 1928, esto es, apenas transcurridos nueve años de su debut -ojo al dato, que diría el incombustible periodista deportivo José Mª.Gª.-, su voz amenazaba ruina, sencillamente ya no era apta para cantar ópera. Hombre, hemos de convenir que algo debió de hacer (muy) mal nuestro querido tenor para que, no bien cursada la primera década de su carrera, el privilegiado en origen instrumento vocal de Fleta estaba irreconocible: “Fleta duró “en forma” apenas un lustro. Después su pobre voz parecía, verdaderamente, un alma crucificada: caduca, lacerada, escuálida –en las duras pero justas palabras de su ilustre colega Lauri-Volpi-. Cantaba con las fibras del instinto. Y poco a poco se turbó, se alteró, se volvió casi epiléptica. Las cuerdas vocales, rebeldes a fatigas insoportables, al fin se doblegaron y se quebraron. Y el gran tenor se acabó…” Yo creo que sobra cualquier apostilla por mi parte.

      9º.- La historia (al menos la reciente) de la ópera no registra un caso parecido de decadencia. Continuará…

    13. operasiempre says:

      ¿Parece que hay pistas?… Por favor, cuidado con levantar falsos testimonios. La IP del ordenador del que partió aquel único comentario firmado por otro “Yemapel” (“La historia nunca la escriben los que pierden”), con absoluta certeza, no corresponde a ningún país de América del Sur.

      Aprovecho para señalar que me parece de muy mal gusto el tono que se está utilizando, desde el principio, para hablar de Miguel Fleta.

      Saludos para todos,

      Gio

    14. Paco Roa says:

      Tengo que discrepar con nuestra amable anfitriona. Mire, yo no tengo ni la más remota idea de quién pueda tratarse, si es verdad que ( (me) parece) hay una pista. En todo caso, coincidirá Vd. conmigo –al menos, espero, en eso- en que quien así se esté comportando merece como poco la reprobación, y que, claro, se sepa quién es. Pero en fin, Vd. es el árbitro y el contertulio “Yemapel” la víctima de momento. Por lo que respecta a Fleta, tampoco crea que le entiendo muy bien: estoy utilizando un tono desenfadado, informal (del cual avisé reiteradamente en el comentario para que nadie lo pudiera tomar en otro sentido que no tiene) que si a Vd. no le gusta pues lo retiro –reitero que es Vd. quien arbitra-; pero si no le gusta no sé como puso Vd. un enlace con mi comentario. No comprendo nada…, pero con ese gesto entendí que, lógicamente, le había parecido todo lo contrario. Por otra parte, es mi opinión sobre la carrera del tenor en cuestión, que, creo, se ajusta bastante a la realidad, y que pensaba, como tantas otras veces hice antes con no pocos intérpretes, podía expresar libremente. Saludos cordiales.

    15. Paco Roa says:

      En fin, repasando su amonestación, y visto que “es de muy mal gusto el tono que se está utilizando”, opto por dejar inacabado mi decálogo. La verdad es que me hubiera encantado que un “fletista”, que no será porque no los hay (son legión) hubiese salido al paso para, argumentadamente, refutarme. Igual me habría convencido –atiendo muy bien a buenos razonamientos-, y llevado a su orilla. Lástima, otra vez será. En todo caso, creí que el mejor “tono”, como decía, para diluir un comentario que se estaba alargando –es lo que tiene dar argumentos-era el informal, desdramatizar la cosa lo más posible y, como se diría, hacer una faena de aliño para terminar. Bueno, otra vez será…Confío en elegir mejor el próximo tema, pero conste que me limité a exponer mi opinión razonada sobre Fleta, que, seguro, tuvo muy buenos motivos para conducirse como lo hizo, pero los resultados fueron los que fueron y eso no se puede cambiar. Saludos cordiales.

    16. operasiempre says:

      Lamento la discrepancia. En mi opinión, cuando uno no tiene ni la más remota idea sobre algo, lo más sensato (al menos, en público) es guardar silencio, y ése es precisamente el criterio que yo misma me aplico en este caso.

      Mire, a cualquier blogger que le pregunten si sabe quién está (qué ordenador está) detrás de cada comentario que se realiza en su blog, respondería que de los comentaristas habituales podría identificar a todos y cada uno de ellos; y que sobre quienes comentan ocasionalmente, a menudo con nicks diferentes, probablemente, no podría identificar con certeza a ninguno.

      A Yemapel le solicité que eligiera entre: a) eliminar directamente el comentario; b) que él mismo explicara en el blog que ese comentario no era suyo. Eligió la opción b, y así se hizo.

      El hecho de que anunciara en portada su artículo de opinión sobre Miguel Fleta creo que es prueba, precisamente, de mi imparcialidad, porque, si el tono del artículo (no voy a entrar sobre el contenido), me hubiera parecido el adecuado, hubiera reproducido el artículo en una nueva entrada, como así hice, por ejemplo, con su artículo sobre Blake.

      Libremente, sí; por descontado. Pero con este artículo sobre Fleta se ha despachado usted en un tono que yo no recuerdo que utilizara con otros cantantes.

      Espero que alguno de los expertos sobre Miguel Fleta (que los hay en este blog; y alguno de ellos ha investigado durante años sobre Fleta) manifiesten su opinión. Aún están a tiempo…

      Saludos cordiales,

      Gio

    17. Mefisto says:

      Estimados amigos…..vuelto al ruedo, me centro en lo aquí tratado para dar mi opinión.
      Primero diré que me parece excepcional la voz de Fleta. En todo. Alguna vez comenté que me parecía escuchar falta de apoyo diafragmático a su voz. Tal vez la razón para que ella no soportara los excesos a los que la sometía. Sin embargo, debo decir que en materia interpretativa me parece soberbio y muy superior a muchos de sus contemporáneos (con excepción de Caruso, Gigli y algún otro…ambos con infinitos excesos del tipo de los citados). Por un lado, la calidez de su sonido consigue junto con su dicción desarrollada desde la profundidad de cada palabra, una dosis de verdad que el canto lírico, de por sí, carece. Nunca escuchamos en él un aria o una canción que esté cantada “como de compromiso”. Porque el arte del canto (y por supuesto el de la ópera) está basado en la expresividad….y creo que Fleta dio todo por ello. Creo que la ópera sería infinitamente más aburrida para mí, más “ajena” si todos los cantantes cantaran igual en métrica y estilo (que de hecho la “pureza de estilo” actual es una de las cuestiones que me obligan a escuchar sólo cantantes del pasado), dejarían de ser intérpretes de la partitura para convertirse en meros discos rayados. Yo, a diferencia de otros “contertulios” no escucho egoísmo (y sin haberlo conocido en persona para justificar mi afirmación, por supuesto) en su canto….sino acaso un intento desesperado por expresar….tan desesperado que le privó de su propia forma de vida. Todo cantante conoce los riesgos de cantar con excesos, a menos que esté fuera de sus cabales (que también los hay y hubo). Para casos de voces prematuramente afectadas….¿Callas?….¿Di Stefano?….¿Vickers? Tal vez otros comprendieron mejor sus fisiologías y la armonización de éstas con sus técnicas; pero nadie puede negarle a Fleta ese canal directo con el que se comunica con quien lo escucha. Yo escucho a Pavarotti y pienso: “¡¡¡Qué linda voz!!! muy pequeña y maleable pero hermosa”. Escucho a Domingo en (por seguir el ejemplo de arriba) “La vita me costassi”, transportada y aullada y pienso: “¿Cómo es que no se estrangula a sí mismo?”. Resistencia prodigiosa……ahora….no cambio ni en estado de ebriedad a Fleta y sus 6 o 7 años de canto por Domingo y sus 50 años…de hecho por nadie….Suerte que dios (el que sea) nos diera, al menos, un Fleta.
      Saludos cordiales a quienes pudieran leer estas líneas y a mi querida Gio…….M >;-)

    18. JUAN DZAZOPULOS says:

      Gracias, Mefisto, por su atinada intervención referida al vilipendiado Miguel Fleta. La participación de don Paco Roa, bajo el título “Por qué no soy fletista” simplemente me dejó anonadado y realmente me ha costado decidirme a exponer no sólo mi opinión, si no la de varios expertos en este tema.

      Sigo creyendo que Miguel Fleta no requiere de defensores ni fans que justifiquen su vida y obra. Las 110 grabaciones que nos dejó como herencia hablan por sí solas y nos muestran, tal vez incluso en forma muy parcial e incompleta, lo que fue el arte del divo español.

      Don Paco Roa cita al polémico tenor Giacomo Lauri-Volpi, en el párrafo final dedicado a Fleta en su obra “Voces Paralelas” (1955). Sin embargo, para ser justo e imparcial, debió haber citado la primera parte, que comienza así:

      “Al tenor navarro (Julián Gayarre) y al tenor catalán (Francisco Viñas) se suma el aragonés Miguel Fleta: la tercera aparición en el período de sesenta años. Constituyen la tríada de las voces más hermosas de España, tierra pródiga de gargantas privilegiadas. Y fue Miguel Fleta el que toda la España, oficial y popular, exaltó y glorificó, aunque fuera por pocos años, como un símbolo. Voz completa: notas bajas, medias, altas, todas cálidas, aterciopeladas, flexibles, potentemente viriles. En ella no hubiera sido posible siquiera percibir una ‘nota sorda’. Y dígase: ¿qué voz no tiene una nota sorda? Tanta gracia de Dios fue conedida a una voz única…”

      Y el mismo Lauri-Volpi en un libro anterior, “L’Equivoco” (1938) había dicho: “España entera, del rey al campesino de la última aldea le honraron. Yo he visto ancianos temblorosos de canas veneradas, arrodillarse a sus pies, besarle las manos y vestidos. Mujeres hermosas ofrecerle flores, sonrisas, regalos, por la felicidad de verlo y hablarle. ¿Exageración, fanatismo? Lo que se quiera, pero cuando un hombre crea una individualidad imperiosa y dinámica y logra afirmarla tan poderosamente superando los límites de su esfera de acción y las fronteras de su patria, ese hombre ha hecho su felicidad y la de otros, y puede decirse que no ha vivido en vano.”

      Y que han dicho de él otros colegas (además del citado Lauri-Volpi):

      “Yo estuve allí para la première de Turandot en La Scala. La voz de Fleta era muy hermosa, pero un tanto lírica para el rol de Calaf” (Francesco Merli, octubre 1972)

      “El español Miguel Fleta, una voz de rara belleza, fue para mi el tenor más grande del siglo. Dominaba su voz a su voluntad: tomaba un agudo a toda voz y luego lo disminuía hasta convertirlo en un susurro, y después, nuevamente, lo agrandaba de una forma increíble. Y como si esto no fuera suficiente, era muy atractivo y se desplazaba muy bien en el escenario”. (Gilda Dalla Rizza, marzo 1975)

      “Escuché a Miguel Fleta cuando cantó la première de Turandot. Su voz era muy hermosa y muy dulce”. (Mario Filippeschi, junio 1978)

      “Un cantante superdotado y escogido por Dios para cantar como un ángel”. (Mario del Monaco, junio 1978)

      El Dr. Horacio Sanguinetti escribió la biografía de Miguel Fleta para “Ayer y Hoy de la Ópera” (Buenos Aires, junio 1980):
      “Su voz era un verdadero fenómeno, un milagro irrepetible. Tan poderosa que se oía desde la calle Cerrito cuando cantaba en el escenario del Colón, se adelgazaba hasta un soplo mínimo -pero siempre audible- en pianísimos sobrehumanos. Baritonal en el color, concluyentemente tenoril por la extensión, abarcaba desde un ‘do’ grave al ‘re’ bemol sobreagudo con igual solvencia, sin modificar timbre ni espesor. Su fiato monumental dejaba la impresión de que nunca necesitaba respirar. Tomaba una nota, la ensanchaba, la adelgazaba, manteniéndola interminablemente, y con una amplitud de regulación que sólo obtienen los instrumentos musicales. Y además, el dechado de gracia, inteligencia e intención. Y todavía ese carácter personalísimo del timbre, nostalgioso, agónico, muy hispano en su raíz moruna; esa voz melancólica que el artista casi paladeaba como un vino embriagador para todos. Y el correcto arte escénico, y la gallardía y simpatía que le permitieron flirtear con las divas de Hollywood….”

      Y al final, refiriéndose a sus discos:
      “Estas grabaciones, que se reeditan periódicamente mejoradas gracias a las depuraciones de la técnica moderna, conservan un eco de la voz añorada y famosa. Así, este eco al menos no se apagará. Y por él, sus devotos se multiplican y lo evocan como a una estrella rutilante, cuyo esplendor no depende de la distancia, sino de la magnitud.”
      (El Dr. Horacio Sanguinetti, Rector del Colegio Nacional de Buenos Aires, ha sido también Director Artístico del Teatro Colón de Buenos Aires.)

      Y creo que, por ahora, con lo dicho, basta y sobra.
      Juan Dzazópulos

      Y para terminar, por hoy, esta copla:

      “Hoy es día de prez
      y gloria popular,
      porque canta Miguel
      en el Teatro Real”

    19. Cristinatormo says:

      Toda mi vida he escuchado música, en grabaciones y en conciertos, me gusta la música desde la infancia, aunque no mucha ópera. Un buen día, no hace mucho, buscando en internet grabaciones mejoradas de Caruso me encontré con D. Miguel y no me lo podía creer……No soy profesional de la Música, ni me hace falta…tampoco lo soy de la Pintura, ni de la Arquitectura, ni escribo Poesía….ni he creado el Mundo y sus paisajes, y todas ellas son cosas que me hacen disfrutar.

      Al principio me sorprendió su voz y el uso que de ella hacía y después descubrí el arte extraordinario que subyacía en sus interpretaciones, la ausencia de vulgaridad, la emoción sincera, intensa, pasional, melancólica, la exquisitez más increible repleta de verdad, de autenticidad………. y tan español (es que quizá “español” sea eso, precisamente, en nuestra mejor versión, claro, no en la que diariamente nos prodigamos los unos a los otros…..). No pude entender porqué siempre había recibido algo así como una difusa idea de que “hubo” un tenor (sí, lo “hubo”, pero dejó 110 grabaciones) que era Fleta, pero sin querer concederle la importancia que realmente tenía. Me parece una vergüenza nacional. Y lo de que tuvo una corta carrera no es justificación ninguna para querer disminuir su legado artístico.

      La genética quizá, las infecciones es muy probable que tuvieran su parte, el sobreesfuerzo al que se sometió él mismo (parece ser que de locura) probablemente afectaron terriblemente no ya a sus cuerdas vocales sino a su propia salud general. Pues ya lo saben: si alguno tiene la voz de Fleta, su musicalidad y su alma, que procure descansar mas y cuidarse, que hoy hay muchos más medios, no nos vuelva a hacer la misma faena. De momento, escuchamos unas grabaciones de estudio, con un nivel técnico poco avanzado y nos maravillamos aún así

    20. enrique paz escudero says:

      Yo muy poco puedo decir a favor de Miguel Fleta, que ya no hayan expresado con absoluto acierto, desde mi punto de vista, mis distinguidos contertulios Mefisto, Juan Dzazopulus y Cristinatormo.

      Solo quiero hacer una mínima matización acerca de la longevidad vocal de Miguel Fleta, el cual, efectivamente tuvo apenas diez años de gloriosísima carrera, empezando una prematura decadencia, a causa de varias razones sobradamente conocidas.

      También la inmensa María Callas se mantuvo en perfecta forma vocal diez años, y su voz empezó a ir declinando, hasta llegar a aquellos tristes conciertos que realizó con Giuseppe Di Stefano, en ayuda del tenor necesitado.

      A mí, personalmente, esos diez años extraordinarios de Callas (con sus salpicaduras por medio), los valoro más que veinte años gloriosos de otras grandes colegas. Y como yo digo, a mi “Calliñas” que no me la toque nadie ………

      Y ya que he hablado de Di Stefano, maravilloso intérprete, tuvo una voz privilegiada, que a los siete años de su debut ya había desaparecido su brillo, convirtiéndose en una voz opaca, abierta y desentonada. Pero …… Pippo, era mucho Pippo, y mis respetos hacia él.

      Creo que con lo dicho, queda claramente expresada mi opinión, absolutamente favorable al inolvidable Miguel Fleta.

    21. Paco Roa says:

      Ya me sabrán disculpar por la enorme demora en mi correspondiente turno de réplica, pero es que últimamente no paro con los dichosos médicos y, por otra parte, tardé no poco en resolver si, suspendida “ópera, siempre”, tenía sentido o no dicha réplica. Finalmente, decido intervenir por aquello de no dejar cabos sueltos, que un servidor también se toma unas vacaciones. En fin, esto de cumplir años tiene sin duda muchas cosas buenas y otras, claramente también, no tanto. Entre estas últimas, en mi caso particular hay que mencionar las no pocas “goteras” que, una tras otra, me están saliendo al paso sin previo aviso ni, desde luego, invitación alguna por mi parte; la (buena) salud, se diría, me deja por momentos… El caso es que, de acuerdo con mi cardiólogo, tengo que andar diariamente no menos de 30 minutos, y, de acuerdo con mi traumatólogo, tengo que nadar tres veces a la semana, igualmente no menos de media hora cada vez; en fin, que ni les cuento ya lo que me prescribe mi neurólogo…Bueno, a ver de dónde demonios saco yo ahora todo el tiempo que necesito para cumplir puntualmente con tantos deberes médicos. Y para que no falte de nada, un alma caritativa (?) me ha regalado un “inteligente” lorito jardinero (Poicephalus Gulielmi), bastante, parece, dócil, y relativamente apto, parece también, para el habla. Le estoy enseñando a solfear (aunque ya veremos lo que dura mi paciencia y su capacidad para aprender), y estamos haciendo ya, en tan poco tiempo que tengo al animalito, algunos tímidos progresos con la serenata del Conde Almaviva, como no podía ser otra pieza siendo yo su maestro y “mentor”, “Ecco, ridente in cielo” (confío en que no empiece a meter “morcillas”, que maldita la gracia que le hacían a Rossini, y que se atenga a la partitura o será llamado al orden). En fin que, entre los médicos, sus deberes y la cría y educación del dichoso pajarito (la verdad que es un encanto el condenado), no tengo tiempo ni para mirarme al espejo…

      Hombre, ¿”anonadado”?, D. Juan. –en fin…, deseo al menos, distinguido contertulio, que sólo sea en la segunda de las acepciones que le otorga el DRAE al vocablo que emplea para, supongo, describirnos su estado de ánimo tras leerme; en todo caso, confío en que ya esté Vd. repuesto del todo; hago votos para ello-. Como buen conocedor del mundillo lírico, que me creo por sus intervenciones que Vd. lo tiene que ser -y qué verdadero placer resulta, así de claro se lo digo, dirigirse a alguien que no usa seudónimo-, es de pensar que no le habrá cogido por sorpresa mi opinión sobre el aragonés (aunque como quedó “anonadado”, ya me hace Vd. dudar…), pues de toda la vida de Dios y de los santos respecto del muy controvertido Miguel Fleta, cuyo arte y manera de cantar e interpretar fueron, son y, así lo creo, seguirán siendo objeto de eternas disputas no siempre amistosas entre aficionados, crítica y colegas, hubo, y se ha mantenido hasta nuestros días, una muy importante división de opiniones como mínimo (personalmente recuerdo que, apenas despertados en mí los sentidos operísticos, que ni siquiera aún los conocimientos –de esto han pasado muchos años-, mi primer rifirrafe con otro aficionado fue a cuenta, cómo no, del citado tenor). Aspecto tal del desacuerdo general existente sobre su figura, y qué aburrimiento mortal –sería como para cambiar de afición sin demora- supondría estar de acuerdo en todo, que fue sobre el que, precisamente, entre alguna que otra cuestión más, quise significar de un modo especial con mi inacabado decálogo sin, por lo visto, conseguirlo, y nunca, ¡por Dios bendito!, “vilipendiar” por más que así le pueda parecer a Vd., distinguido contertulio; entre otras cosas, por tres muy elementales que sin duda va a entender, digo yo, perfectamente: no es ese mi estilo, no habría razón alguna para hacer semejante cosa con tan buen e ilustre compatriota mío, y, en todo caso, estaría totalmente fuera de mi interés próximo o remoto el hacerlo (“cui bono?”, servidor lo más mínimo, se lo puedo asegurar y, por otra parte, a la vista está).

      Pero fíjese que, como decimos en España, no hay mal que por bien no venga. Y así, mi decálogo (que al final quedó sincopado en “octólogo”) parece que hubiera conseguido algo de lo que estábamos, desde mi punto de vista ciertamente, más necesitados que el comer en nuestra tertulia (?) operística, espolearla, despertándola del ya muy prolongado letargo que arrastraba penosamente desde la desaparición en la misma de los más veteranos, a mi juicio mejores, y proactivos contertulios, y que nos tenía a todos, a ojos vistas, bajo mínimos. ¡Estamos vivos, pues!, qué bien. Constatado lo cual, hora es ya de dejar el páramo estepario para entrar, a ver si es verdad, en terrenos más fértiles y productivos como los que fueron bien desbrozados y roturados hace años por quienes, con mucho más ánimo y sin duda alguna capacidad para el debate, nos precedieron en el uso de la palabra en “ópera, siempre”. Fertilidad que ya, parece, se anuncia tanto en esta entrada como en la correspondiente a, desde luego con otro estilo muy distinto y errores de bulto en algunos de sus comentarios, “Mi aldea, por Guillermo Orozco”. Ya digo, no hay mal que por bien no venga, pero no cantemos victoria todavía ni mucho menos, porque creo, sinceramente, que nos hace falta más de un revulsivo para levantar el vuelo…

      Cuentan de un gran predicador con merecida fama de santo, auténtico pico de oro de un tiempo muy lejano, que tenía por costumbre utilizar para sus más importantes sermones en la iglesia catedralicia algunas inocentes bien que eficaces añagazas, simples triquiñuelas más que otra cosa, pretendiendo con ellas y al cabo logrando captar la atención de su somnoliento y distraído auditorio, normalmente beatas más pendientes de sus cuitas, chismes y rezos de capilla que del atento desarrollo de la Misa: subido en el púlpito principal, empinado para parecer más alto, con gesto desafiante y atronadora voz, que retumbaba en las cuatro esquinas del concurrido templo, despertaba de la “siesta” a sus charlatanes feligreses bramando, “¡Dios no existe!…” (p.ej.). Y a continuación hacía una pausa valorativa, y así, no bien principiado el sermón de tan desconcertante manera, lo interrumpía y se relajaba mediante un muy hábil silencio bien medido en el tiempo. Ya se pueden imaginar Vds. la enorme conmoción y general desconcierto que la referida y otras parecidas incongruentes exclamaciones que utilizaba a modo de señuelos, aparentes salidas de tono en boca de aquel santo varón al comienzo de sus prédicas, causaban en sus distraídos y adormilados fieles; bien que de sopetón, como por ensalmo, se obraba el milagro esperado, cesaban los cuchicheos radicalmente, y la gente, boquiabierta, abría los ojos, se miraban unos a otros estupefactos no dando crédito a lo recién escuchado, y como buscando alguna explicación a lo inexplicable en apariencia. A continuación, conseguido tal efecto intimidatorio y disuasivo, reanudaba su sermón el ahora satisfecho predicador y con socarrón retintín, bajando como medio tono la voz, aclaraba “…, eso dicen los ateos…” Para cuando el auditorio quería recuperarse del susto y darse cuenta de la celada tendida en la que había caído ya era muy tarde para volver a lo suyo; se había logrado el objetivo pretendido por el elocuente orador, al fin los fieles habían dejado de lado de una buena vez sus asuntos menores e impropios, había parado definitivamente, como ya decía, el chismorreo, y, lo que era más importante aún, quedaba asegurado hasta el final de la homilía y hasta de la Misa toda –ganado en buena lid ello con su astucia-, la escucha atenta y participativa de los feligreses. El buen predicador era, nada más y nada menos que uno, como seguro que ya lo adivinó el culto lector, de los más influyentes Padres de la Iglesia, San Juan Crisóstomo.

      No tenía ni idea, Sr. Dzazopulos, que Vd. me leyera y que lo hiciese además con el grado de detalle que advierto en su contestación. De verdad que se lo agradezco, pero le diría que no pierda su tiempo con las ocurrencias de este viejo que ya chochea. Sepa, no obstante, que otro tanto hice yo con su, cómo lo llamaría, (singular) alegato en pro de Miguel Fleta, y que me parece muy bien, fenomenal, qué quiere que le diga, que a Vd. le guste tanto tantísimo nuestro querido tenor, bien que en ello no le pueda alabar el gusto; claro que sí, a Vd. le va Fleta y a mí lo más mínimo: esto es, fíjese qué cosa, ópera, ni más ni menos: más de cuatro siglos de apasionada y, por momentos, violenta discusión entre aficionados (recuérdese –un ejemplo entre mil- la famosísima “Querella de gluckistas y piccionistas”, que dividió y enfrentó “cruenta” e irreconciliablemente a la afición de finales del dieciocho a cuenta de la ópera “a la francesa” versus la ópera “a la italiana”; tema muy interesante, por cierto, para un futuro posible debate). Debo reiterarle, eso sí, que de “vilipendios”, nada de nada, apreciado contertulio, tengamos las cosas claras. Pero ya que estamos hablando de ellos, mírelos “qué bien lucen” en estado químicamente puro y así, sin anestesia preparatoria alguna, pero en otro sitio bien distinto y distante de mi decálogo. Hace unos días, releyendo las entradas y comentarios realizados sobre la Kabaivanska, una fantástica cantatriz de mi interés y estima, y que, por cierto, no recordaba siquiera que hubiera dejado aquí una crítica mía de una memorable actuación suya en el Real, reparé en la siguiente “perla cultivada” de un tal Daniel en la entrada “Mi secreto para sobrevivir en la ópera es reírme de mí misma”: “¡Vieja payasa!…Siempre fue una gran mentirosa –dice el susodicho- con su arte y [sic] so voz de porquería”. ¡Madre mía, si yo hubiera dicho solamente la décima parte de lo citado sobre la soprano respecto de Fleta! Miedo me da sólo de pensarlo…Bien, pues en su momento no se le pitó penal, ni siquiera libre indirecto al tal Daniel. Así da gusto…

      Pues muy bien, dicho todo lo cual, y como yo creo que no se va Vd. a molestar, he de decirle con total franqueza, Sr. Dzazopulos, que su contestación a mi decálogo es de lo más flojo de cuanto yo pude leerle en esta tertulia virtual –bien es verdad que no todo se lo leí-. Vd., por toda argumentación para hacerme ver la supuesta grandísima calidad artística de Fleta, se remite a lo que del cantante dice Fulano, Mengano o Zutano, sin refutarme, ni por el método directo ni por el indirecto, ninguna de mis tesis. En fin, si sólo se le ocurre eso… Aunque ya que estamos hablando de citas, le diré que en absoluto estoy de acuerdo tampoco con la comisión de injusticias que Vd. me imputa por traer a colación en mi artículo sólo un fragmento de la, por otra parte, conocidísima y por tantos repetida cita de Giacomo Lauri-Volpi sobre Fleta, ya que dicha reducción únicamente se hizo por un doble motivo que resulta muy evidente además y la justifica plenamente: primero, justamente por su general conocimiento como digo, en efecto, cualquier aficionado que tenga sólo una mediana culturilla lírica tiene suficiente noticia de la misma, lo que, a mi entender, ahorraba tener que darla completa; y segundo, porque, a la altura de mi decálogo en la que la introduje, lo que me interesaba del juicio crítico que del aragonés ofrecía su colega italiano de tan longeva como inteligente, exitosa y bien aprovechada carrera escénica sólo era ya subrayar, apoyándome en su testimonio directo y de primera mano, la debacle absoluta de una, para muchos, privilegiada voz en un tan brevísimo arco de tiempo, sólo siete u ocho años de (muy mal administrado) ejercicio profesional, una cosa increíble…Pero fíjese que, en realidad, ni siquiera hubiese hecho falta la cita de marras, toda vez que, la realización de una rápida audición de la discografía del tenor a partir del año de 1928, esto es, ¡a sólo ocho años de su debut!, habría sido más que suficiente (si lo hubiera indicado) para darse (darnos) perfecta cuenta de esta ruina vocal y ratificar una por una las acertadas palabras de Lauri-Volpi sobre la misma, sin necesidad, ya digo, de reproducirlas en su literal por mi parte. En efecto, recomiendo, pues, que se haga dicha audición para comprobar que su, en origen, bien bruñido instrumento, ya sólo era capaz de tremolar de forma tan persistente como incontrolada –singularmente apreciable tal en la zona aguda-, y de tan triste modo, no bien terminada la década de los años veintes del siglo pasado, la estrella fugaz del bueno de “Miguelón” se fue apagando de un modo total e irreversible.

      Comenzaba Vd. diciendo, (cito literal) “me ha costado decidirme a exponer no sólo mi opinión, si no la de varios expertos en este tema”. Y tanto fue lo que le debió de costar, Sr. Dzazopulos, que la suya nos la escatimó por completo. Eso sí, luego al final dice: “con lo dicho, basta y sobra”. Pues hombre, creo que ni lo uno ni lo otro porque, si bien supimos por Vd. qué decían sobre el particular Merli, el tantas veces repetido Lauri-Volpi, Rizza o Filippeschi…, su opinión, como digo, quedó totalmente inédita entre tanta y tanta cita. Pero conste que no se la estoy pidiendo ni mucho menos, sencillamente se lo hago notar, pues lo que hizo Vd. fue, ciertamente, un raro ejercicio de un más extraño aún alegato sin fundamentar al que le faltó sentido crítico y le sobró sentido reivindicativo.

      Aunque muy posiblemente a más de uno nos podría gustar que hubiese sido muy otra la biografía personal y profesional de Miguel Burro Fleta, ésta fue la que fue, y eso –mucho me temo- no se puede cambiar ni, desde luego, se debe tergiversar. Y a propósito de su biografía, sabemos por ella (aunque tengan cuidado con estas fuentes que en ocasiones más parecen hagiografías) que en el año de 1930, tras realizar una no muy satisfactoria gira americana, regresa a España y cae enfermo permaneciendo inactivo. Para colmo de males, en tal pésimo momento personal recibe la noticia de la pérdida del contencioso que tenía abierto y pendiente de sentencia con el Metropolitan, teatro con el que había incumplido contractualmente (le había demandado su gerente general Gatti-Casazza), dando una palmaria muestra de, en mi opinión desde luego, lo que había sido una constante en su carrera: su muy discutible sentido de la responsable profesionalidad, siempre supeditado a sus caprichos y arbitrariedades de turno. Se le condena, pues, a pagar casi ¡veinte mil dólares! de la época en concepto de indemnización, una auténtica fortuna en aquel momento, que, ciertamente, quebrantan su economía e incluso hasta el resto de su ya por entonces maltrecha carrera. Yo me pregunto, siguiendo con algunos de los aspectos biográficos de Fleta más conocidos, cómo un profesional por poco serio y respetuoso que pueda ser tanto con su trabajo como, por descontado, con el ajeno –para el caso que me voy a referir con el del compositor, nada más y nada menos-, puede dirigirse al operista –en nuestro caso Puccini- de semejante irrespetuosa forma y tan pagado de sí mismo en el que fue el primer encuentro entre ambos tras una función de “Tosca” cantada por el aragonés en Viena.

      Después de la función baja al camerino Puccini:

      – “Vengo a felicitarle tiene Usted una bella voz.
      – Gracias, maestro.
      – Pero vengo a decirle que si hubiera querido que el aria del tercer acto se cantara como Usted la canta, la habría escrito así, ¿por qué hace esto?
      – Escuche maestro: cantándola como Usted la escribió, me aplaudirían; cantándola a mi modo, me piden el bis.
      – Y esa licencia de descaradamente a la orquesta…¿no se da cuenta de que está enmendando la plana al autor?…”.

      Y así, de desorden en desorden y sumando desmadres y excesos de todo tipo a cual más censurable (los otros se los ahorraré al amable lector que hubiera aguantado hasta este punto, qué paciencia la suya, pero entre los estrictamente vocales sí destacaré las incontables “mezze voci”, tan cursis como cargantes, y, cómo no, los no menos abusivos “smorzando”, todos ellos en detrimento del resto de la línea vocal) con el único propósito de, cómo lo podría decir, “épater le burgeois”, encontramos a Fleta, apenas comenzada la nueva década de los años treintas del pasado siglo, en situación terminal tanto profesional como, siendo lo que es mucho más de lamentar, lógicamente, pues era bien joven, personal. En efecto, el tenor ya no canta fuera de España, y dentro tiene que cantar de todo, jotas, zarzuelas y hasta flamenco para poder (mal) salir adelante. El caso es que en 1938, contando con unos ¡no bien cumplidos 40 años!, fallece en La Coruña, el 29 de Mayo, víctima de una gravísima enfermedad renal de origen bien conocido. Claro, la moraleja de tan triste cuento podríamos decir que va de suyo y es lo que, en definitiva, pretendía subrayar casi más que cualquier otra cosa con el decálogo justificativo de la no filiación “fletista” de un servidor: el deplorable uso (abuso) de tan buen y privilegiado instrumento canoro hasta hacerlo trizas, y dejarlo virtualmente irreconocible e inservible para el canto en cuestión, ya digo, de siete u ocho años nada más. Miguel Fleta actuó, más allá de su enorme ego y de las deficiencias técnicas y estilísticas de las que adolecía por una muy justa formación musical y las muchas prisas por triunfar, que le harán las más de las veces cantar con escaso sentido de la medida, poco respeto por el arte del fraseo e infidelidad al texto e intenciones de los compositores, como algunos nuevos ricos tras recibir una tan inesperada como fabulosa herencia, dilapidando de mala manera el capital heredado de la noche a la mañana; no advirtió que el canto es una carrera de fondo, una, podríamos decir, maratón que hay que saber planificar y entrenar metódica y concienzudamente y no un vertiginoso “sprint” a matacaballo. Al estudiar cabalmente a Fleta hemos de saber separar con nitidez lo que fue realmente, sus aciertos y fallos tanto vitales como profesionales, de lo que no es más que una memoria nimbada de leyenda. Esto me parece fundamental.

      Al leer Vd. mi decálogo –llamémosle más bien exposición motivada que refiere con argumentos mi crítica posición personal, la de un servidor, respecto del controvertido Fleta-, D. Juan, me temo que pasó por alto algo de lo que yo advertía claramente al comienzo de dicha exposición y que, empero, es necesario su observación para un buen entendimiento de los predicado: no pretendí otra cosa con dicha exposición, no hay otro alcance ni propósito alguno más, declarado o sin declarar, que posicionarme respecto del cantante que tanto nos ha ocupado, de forma tan personal como, añadiría, (especialmente en este caso) intransferible. Dicho (o mejor) repetido lo cual, y siendo, como es obvio significarlo, que tanto Vd. como todos los demás contertulios son muy libres de compartir o no mi juicio, solo faltaba, agradezco todas sus intervenciones, bien que les habría agradecido mucho más las mismas si hubieran estado más y mejor fundamentadas por la cosa de aprender todos, doy por finiquitado el asunto Fleta.

      Pues cambiamos rápidamente de tema para despedirme. Quiero aprovechar la suspensión de “ópera, siempre” para hacer yo también un receso en su tertulia. Mis felicitaciones a nuestra muy querida mezzo rossiniana Berganza por sus recientes 76 esplendorosos años. Aunque no soy “dominguista”, como es conocido en esta tertulia, en la ópera como en todo me gusta la seriedad, es de justicia extender las felicitaciones a Plácido Domingo por el incontestable éxito cosechado en el concierto que dio en la plaza de la República de Buenos Aires, ante el conocido Obelisco. Y ¡qué decepción!, apreciados contertulios (no por esperado menos lamentable), la primera temporada del Real –cuidado que vienen curvas- bajo la total responsabilidad de Mortier (2011-12), pues hace bueno el peor de los pronósticos: nada de nada de nada, hasta se ha cargado el buen Señor, que, no bien instado en su sinecura que se la pagamos todos, ya se afana en dinamitar el teatro, el ciclo de grandes voces…, y de Rossini ya ni hablamos, claro, para qué. Si acaso, por salvarle un poco la cara al nuevo director artístico, maquilla algo la frustración más absoluta de la programación anunciada la estimulante presencia en el “cartellone” del infrecuente Mercadante con “I due Figaro” (por cierto, estrenada en Madrid, en 1835, y que en esta ocasión será dirigida –lo cual está por ver; personalmente no me lo creo- por ¡¡Mutti!!, casi nadie al aparato), juntamente con “La finta giardiniera” mozartiana y, al cabo, se evita finalmente el total descalabro con la presencia en “Lady Macbeth”, ya en el plano estrictamente vocal, de Eva-Maria Westbroek, posiblemente la mejor soprano dramática de nuestros días. Recuerden que lo verdaderamente enriquecedor en una tertulia, aunque sea virtual, es la confrontación argumentada de ideas y opiniones distintas. No se preocupen porque las que defiendan estén en minoría o, incluso, queden con ellas en solitario, eso, lo puedo asegurar, resulta todavía más estimulante. Debatan, pues, en todos cuantos sitios participen…Entretanto mejora (eso espero al menos) la salud de un servidor de Vds., reciban mis saludos más cordiales. Disfruten del Día Mundial del Teatro y hasta siempre…

    22. victoria kraus says:

      Canta Miguel Fleta : “La Borrachita”

      http://www.youtube.com/watch?v=pEQ3nMtRDZs&feature=related

      ME ENCANTA!

      Y que conste que he leído todos los comentarios atentamente, incluido el “Decalogo” de nuestro amigo Paco Roa.

      Saludos a todos.

    23. enrique paz escudero says:

      Como humildísimo tenor, a mil años luz del inmenso DON MIGUEL FLETA, me enorgullezco de que haya sido una gloria de España, y que su arte sea reconocido en todo el mundo, por la mayoría de las personas que entienden un poco de lo que es el arte del canto.

      Cantantes así ya no se escuchan desde hace muchas decenas de años.

      Repito. ¡¡ Ojalá apareciese otro FLETA, cosa más que improbable!!

    24. victoria kraus says:

      Alfredo Kraus admiraba muchísimo a Miguel Fleta y es la palabra de un MAESTRO! Le dedicó un homenaje especial en Zaragoza, en Octubre de 1998, a sus 71 años, ya enfermo de cuerpo y alma.

      Agrego uno de los enlaces, que son ocho y están bellisimos.

      http://www.youtube.com/watch?v=BT3rLLlXoT0

      Si Fleta no hubiera cantado así, no habría llamado tanto la atención de…
      PUCCINI, aunque le enmendara la plana de su “Tosca”. Lo felicitó y el mismo Fleta reconoció que así el publico le pediría el “bis”.

      El era Fleta!

      Y escuchen a Kraus.. Nadie ha cantado así “Cuore Ingrato”, tampoco.

      BBBBIIIIIIIISSSSSS !!!!!!!!

      Kraus era Kraus y él sabía..

      http://www.youtube.com/watch?v=Kk5WEtAn7zk&feature=related

    25. enrique paz escudero says:

      La grabación de “Core ‘ngrato” pertenece a un concierto dado por Alfredo Kraus, Ramón Vargas, Paolo Coni y Renata Scotto Melanie Holliday y Gail Gilmore, en el Palau San Jordi, en Barcelona el 12 de julio de 1991.

      De esta bellísima y conmovedora canción de Salvatore Cardillo, nunca había escuchado a un tenor que me complaciese más que la versión de Giuseppe Di Stefano, grabada en 1953. La calidez y pasión que le daba el tenor siciliano a su interpretación reflejaba toda la desesperación y pasión del pobre enamorado. La belleza de la voz de Di Stefano, por supuesto, contribuía enormemente a redondear, si cabe más, dicha interpretación.

      Cuando en 1991, escuché la versión de Kraus que aparece en la reseña de Victoria Kraus, al momento quedé entusiasmado por esta versión, tan etérea, delicada, íntima, triste, que el maestro afortunadamente nos dejó en grabación perfecta. Existe video de la misma.

      Ese portamento que Kraus hace hacia el final (core… core ‘ngrato) echa por tierra la leyenda negra sobre la frialdad de Kraus. Esta versión la he escuchado muchas veces, y cuanto más la escucho, más bella me parece.

      Es por supuesto, hasta hoy, la versión que más me llega al corazón.

    26. Sergio says:

      Mi abuelo, cantador de jotas, trabajaba las tierras que la azucarera de Zaragoza les cedia a los trabajadores, en esos caminos coincidía con Fleta, siempre jovial y generoso

    27. Marco Rado says:

      Fleta, es Dios. Los demás, solamente son tenores. Muy buenos algunos. Casi divinos otros, pero tenores. Y humanos.

    28. José R. Gaviria says:

      Sin mas comentarios , Fleta en muy pocos años , 10?? , hizo lo que otros no han hecho en 40 .

    29. j.j.lorenzo says:

      Soy una persona que nací en Cieza (Murcia). Yo tenía 5 o 6 años, cuando escuché a Miguel Fleta cantar en la radio entonces Popular hoy Cope. Era mediodía y yo estaba jugando al fútbol en la calle, cuando de una peluquería de Sras salía la voz de un GRAN TENOR que cantaba EL GUITARRICO, cómo me verían las señoras de la peluquería que llamaron a la emisora para decir lo que pasaba con humilde criatura que estaba emocionado escuchando a un gran hombre que se hizo a sí solo.
      Él me hizo que yo amase el BEL CANTO.
      A mis 12 o 13 años oí cantar a D. Alfredo Kraus la canción “ESTRELLITA” y luego leyendo un tebeo venía en la contrapartida del mismo la letra de AMAPOLA, la cual me la aprendí de memoria hasta la fecha.
      Gracias a D. Alfredo, por cierto lo he seguido casi por todo el Mundo, siendo la penúltima vez en Zaragoza en el homenaje a MIGUEL FLETA, ya estaba cansado, y la ultima vez fue en Madrid en su Exposición en el Teatro Real.
      D. Enrique Paz Escudero: ¿Me puede facilitar la clave del programa en el ordenador para sacar música sin voz, para poder cantar con mi voz?
      Muchas gracias.
      Qué suerte tuvo en tener un gran Maestro que le educase su voz y que mantenga lazos de acercamiento con la familia Kraus.

    30. j.j.lorenzo says:

      Dice Victoria Kraus que D. Alfredo Kraus admiraba muchísimo. Yo no lo dudo, yo oí La Traviata en Zaragoza entre los años 1970 al 1973 cantada por D. Alfredo Kraus y María Fleta (nieta del gran tenor Miguel Fleta).
      La protegía en los ensayos como en las actuaciones como si fuese una hija más.
      Doy gracias a Dios haber escuchado a Fleta y de haber podido seguir a D. Alfredo Kraus por medio mundo. He escuchado en directo a grandes tenores como Plácido Domingo, Pavaroti, Mario del Monaco a Volpi, etc.

    31. Dinora says:

      Después de mucho tiempo he venido a parar aquí, con el gran Fleta, esa voz y forma de cantar tan maravillosa….un refresco siempre sienta bien. Salud a todos y un gran abrazo a Gio.

    32. óperasiempre says:

      Yo también, después de mucho tiempo, he venido a parar aquí;-) ¡A Fleta siempre se vuelve!;-)

      Un abrazo grande, Dinora. Saludos también para todos los demás. Disculpas mil por los silencios (el silencio, en la música, también es una nota…;-)

      Las circunstancias a veces mandan y, a veces, más de lo que deben. En fin. Volveremos. Lo intentaremos. A otro ritmo. A ver si es posible.

      Un abrazo para todos,

      Gio

    33. Nicolás Camilo Gesén says:

      Ayer leí este post de Dinora, pero reflexioné que, anímicamente, quizás no era el mejor momento para escribir y entonces he venido hoy. Qué tremenda sorpresa!
      Siempre estoy regresando, una y otra vez, ahí están Antonio, Paco Roa, Dinora y algunos más que hacemos este mismo ejercicio.
      Un gran abrazo Gio!… plis… Sácanos del purgatorio. Lo solicito en nombre de muchos que están mirándote en silencio con una sonrisa cómplice.

      Abrazos,

      Nicolás.

    34. Paco Roa says:

      Menuda sorpresa, muy apreciada anfitriona, cuánto tiempo sin tener noticias de Vd. en esta su casa, que tanto le ha echado en falta… Sea bienvenida, y espero que su larga ausencia no se deba a ninguna causa grave, sino, sencillamente, a un muy merecido descanso después de una labor tan intensa como lograda en este fantástico espacio de su creación. Tómese las cosas con calma, que no hay ninguna prisa. Tiempo al tiempo…

      Aquí estamos a su entera disposición un servidor con sus mezzos, contraltos, Kraus y, claro es, Rossini. Reciba un muy cordial y afectuoso saludo de su amigo y su tropa.

    35. Antonio says:

      ¡Vaya!

      Ya la aparición de Dinora fue una gratísima sorpresa. Pero, además, ha logrado lo que ya parecía imposible.

      Cuánto me alegro de volver a leeros a las dos.

      Besos y abrazos (como siempre, a elegir)

      Antonio.

    36. óperasiempre says:

      Gracias por regresar siempre, Nicolás. ¿Del purgatorio? Mira que Beatrice no está ni se la espera (que se sepa;-)

      Un abrazo grande,

      Gio

    37. óperasiempre says:

      Muchas gracias, Paco Roa. No, nada grave, afortunadamente. A veces las obligaciones le invaden a uno. Le tomo la palabra: tiempo al tiempo…

      Un afectuoso saludo,

      Gio

    38. óperasiempre says:

      También nosotros nos alegramos de verte por aquí, Antonio. Dinora es que es hada. Y para las hadas (buenas) no hay nada imposible;-)

      A ver si retomamos por fin la buena senda en este mes de julio que está ahí mismito.

      Un beso, Antonio. Un abrazo para todos,

      Gio

    39. Dinora says:

      Guauuuuu la que ha liado el pollitooooo jaja
      Antonio, hasta lo que parece imposible hay que intentarlo 😉
      Que ilusión más grande encontrar estos comentarios deseosos por volver a compartir ese gran mundo que es la música y toda su magia…. Y será al ritmo sereno que cada uno se marque….. No podía ser de otra forma, la vida aprieta pero hay que seguir danzando!!!
      Besos a todos y a todos 🙂

    40. Juan Dzazópulos says:

      Qué alegría saber nuevamente de tí, Gio!
      Ojalá puedas organizar tu regreso, aunque sea a paso más lento, y tener todos el privilegio de contar contigo….en este tu sitio.

      Te cuento que en 1992 The Record Collector publicó en Inglaterra mi trabajo sobre Miguel Fleta (biografía cronología y discografía).
      Hoy, casi 25 años después, me piden que lo “actualice” . Y en ello estoy. Nuevamente con don Miguel…y descrubriendo mis errores, los propios y los de otros, y las omisiones que son muchas. En fin, Fleta se lo merece, y veremos que sale de todo esta labor….labor de amor, en todo caso.

      Un abrazo, Gio,
      Juan

    41. Luis Felipe says:

      Muy entretenida la discusion sobre Fleta.
      Todas las grabaciones de opera de el me gustan mucho.
      Siempre oigo el aria de Pescadores de Perlas.
      Aunque este transportada.
      Aprecio especialmente el timbre aterciopelado y la ductilidad en la voz.

    42. Juan Dzazópulos says:

      AYUDA!!!
      1. Necesito información sobre la soprano española CARMEN FLORIA que cantó entre 1919 y 1945 (aprox), poco en España (1927 Marina con Fleta, en el Apolo de Madrid y en el Liceo de Barcelona). Bastante en Italia, Montecarlo, Malta y Egipto.

      2. Quiero comprar el LP (vinilo) de BERNABÉ MARTÍ: Romanzas de Zarzuelas (sello VERGARA No. 730-STL (1964). Me ha sido imposible encontrarlo en Internet. Agradeceré cualquier información indicándome a donde dirigirme. Mil gracias.
      JUAN

    43. Juan Dzazópulos says:

      Pueden contactarme a mi correo:

      juandzazopulos@vtr.net

      Más gracias!

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