Hay quien asegura que fue la propia Sayão quien convenció a Heitor Villa-Lobos de que esta pieza fuera para voz. Bien pudiera ser. La piccola brasiliana, como llamaba Toscanini a la expresiva y menuda Sayão, fue una de las cantantes preferidas del compositor brasileño. Sea como fuere, ésta es una de esas grabaciones históricas que hay que escuchar sin prisas al menos una vez. Y hasta el final.
La Bachiana Nº 5, escrita para soprano y orquesta de ocho violoncellos, consta de dos números (a y b, compuesto el primero en 1938 y en 1945 el segundo, según el propio autor): Aria-Cantilena y Danza-Martelo.
“El primer numero, Aria-Cantilena, es un género de canción lírica brasileña, a modo de serenata, apoyada por los pizzicati de los cellos. Tiene forma ternaria (ABA) en la cual la primera sección (A) consiste en una vocalización duplicada por uno de los cellos, con los demás tocando en pizzicati. Luego, el tema lo toma un solo cello, acompañado por los demás, sin participación de la voz. En la sección central (B), contrastante con la anterior, la melodía está a cargo de la soprano, que canta ahora con el texto de Ruth V. Corrêa [Tarde uma nuvem roséa lenta e transparente...], acompañada de los cellos. La sección final (A) es una repetición de la primera”.
Sobre la 5a de la Bachiana Brasileira —la que estamos escuchando— suele decirse que es una canción sin palabras; lo que en verdad puede apreciarse en la primera parte, donde la voz solista es un instrumento más, arropado y sostenido por el resto. En los últimos minutos, cuando esa primera sección se repite y cierra el número, es una canción a bocca chiusa. Increíble el vibrato final de Sayão, por cierto.
“Héctor Villa-Lobos, el eminente músico brasileño, compositor y director de orquesta, que ha dado con éxito brillante un hermoso concierto en el teatro Colón” ('Caras y caretas', 18 de mayo de 1935).
A sus Bachianas —nueve en total— les dio su autor un título doble: uno tradicional, como en las Suite de Bach, y otro brasileño. El término bachiana fue invención de Villa-Lobos para designar un tipo neoclásico de composición musical que, si bien tiene su inspiración en Bach, el maestro de la polifonía barroca, es, en espíritu, una composición netamente brasileña.
“Heitor Villa-Lobos es uno de los pocos artistas nuestros que se enorgullece de su sensibilidad americana, y no trata de desnaturalizarla. Por una vez, es palmera que piensa como palmera, sin soñar con pinos nórdicos” [Alejo Carpentier]
A casinha pequenina,canción popular brasileña armonizada por Ernani Costa Braga [vídeo: de hacia 1930; audición: 1947 (Gracias, Juan)]
Menos conocida, pero deliciosa también, es A casinha pequenina, otra de las perlas que nos dejó Sayão, el rouxinol brasileiro. En la estructura paralelística del poema y en algunos otros detalles se refleja —quizás no intencionadamente por su autor— el legado trovadoresco de las cantigas de amigo medievales de la lírica galaicoportuguesa, que cultivaron juglares, trovadores y segreles (tipo autóctono de poeta ajuglarado).
Los temas de las cantigas de amigo (la mujer enamorada y sus circunstancias) y sus formas son comunes a otras manifestaciones poéticas de origen folclórico. En esta canción, el tema central es la queixa por un tiempo feliz vivido que quizás ya no regrese, simbolizado en esa casiña pequeñina junto a la que se alzaba un cocotero, que, cuitado, de saudade ya murió. Pero a diferencia de lo que suele ser habitual en las cantigas de amigo medievales, no es un yo poético femenino el que habla, sino un yo poético masculino, que se dirige a su amada (”oh, morena”).
A casinha pequenina (¿de autor desconocido?) pertenece al género musical de las modinhas, cantigas de salão, emparentadas por su temática sentimental con las cantigas noturnas de rua, las románticas serenatas a la luz de la luna, a modo de los trovadores.
“A temática amorosa das modinhas, que se estendem até as primeiras décadas do século XX, inclui, além do sofrimento, um natural elogio do campo, uma espécie de locus amoenus, paraíso ou ninho de amor perdido. Percebe-se uma singeleza de motivos, ambientados no espaço rural, a exemplo das cantigas de amigo”.
Tu não te lembras da casinha pequenina
onde o nosso amor nasceu?
Tinha um coqueiro do lado que, coitado,
de saudade já morreu.
Tu não te lembras, oh, morena
Da casinha onde te vi?
Daquela frondosa mangueira, altaneira,
onde canta o bem-te-vi?
Al parecer, el autor de A casinha pequenina no es anónimo, sino que, muy al contrario, tiene nombre y apellido: Patrício Teixeira. En la Enciclopédia brasileira da diáspora africana (pág. 644), se consigna lo siguiente: “TEIXEIRA [Chaves], Patrício (1893-1972). Cantor e violonista brasileiro nascido e falecido no Rio de Janeiro. [...] Criador de Casinha pequenina (1927) e Não tenho lágrimas (1937), entre outros sucessos”.
Y para no dejarnos invadir por la saudade, una canción infantil, la numero 5 de las Cinco canções nordestinas do folclore brasileiro. No sé yo si no lo terminamos de arreglar…;-) Lo de la saudade, digo.
Reproducimos a continuación un artículo sobre Bidu Sayão rescatado del túnel del tiempo que nos permite saber algo más sobre esta gran soprano brasileña.
Caras y caretas (Buenos Aires), 17 de noviembre de 1928
Nos visitó recientemente, con motivo de las fiestas realizadas en la transmisión del mando presidencial, una gran artista brasileña, la señora Bidu Sayão. Vino sin precedencia de los anuncios encomiásticos habituales, sin las presentaciones de forzado elogio que suelen usarse para las celebridades de las tablas.
"La cantante Bidu Sayão, llamada la Barrientos brasileña, que está triunfando en Italia" ('Caras y caretas', 15 de enero de 1927).
Joven cantante que había recogido en los escenarios europeos considerables triunfos, aún no había tenido tiempo de adquirir la vanidad de su fama, ni el gusto por las adulaciones de encargo; llegaba sencillamente a tomar parte en las funciones de gala oficiales con que el Gobierno agasajó a las embajadas extranjeras, en las que era preciso dar la impresión de cierta simetría de reparto a la ilustre figura de Titta Ruffo, uno de los artistas líricos más apreciados de nuestro público.
Apenas si uno que otro diario recordó que la señora Bidu Sayão pertenece a una familia distinguida de Santos, y que desde pequeña reveló cualidades extraordinarias de voz y de inteligencia musical; que sus padres cultivaron esas dotes, dándole los maestros que requería el cuidado de la técnica del canto y el desarrollo de su talento artístico, y que, a medida que avanzaba en el estudio, demostraba, no sólo mayor afición y más disposiciones naturales, sino también más entusiasmo por la ardua carrera de intérprete teatral.
Nació en 1904 [1902] y se presentó en conciertos en 1920, a los diez y seis años, conquistando éxitos que pronto le dieron nombre considerable en la sociedad de su patria; pero su anhelo se cifraba en la escena, en la personificación de esas figuras ideales, envueltas en el prestigio sobrenatural que les presta la admiración de las multitudes; su ansia consistía en expresar y transmitir las emociones intensas de la música ante los auditorios suspensos de sus labios; su vida estaba ciertamente en la profunda conmoción de los triunfos populares, en esa especie de infinita ebriedad que provoca la gloria de las magníficas ovaciones.
Fue a la tierra del canto, a Italia, y se entregó por entero a su arte. Tuvo la fortuna de encontrar una maestra incomparable, Emma Carelli, la directora del teatro Costanzi, de Roma, que quiso encargarse de su preparación escénica, y en 1926, a los veintidós años escasos, se presentó al público de la Ciudad Eterna en el papel de Rosina de El barbero de Sevilla, de Rossini, con un éxito tan formidable que al punto su nombre fue incluido entre los de las principales sopranos ligeras del mundo.Puede decirse que desde ese instante su carrera estaba hecha.
Durante su primera temporada del Costanzi repitió su triunfo diez veces, y, por lo tanto, se consagró a preparar su repertorio para lanzarse definitivamente a las tablas. Conoció entonces a Walter Mocchi, nuestro excelente amigo, empresario de notables temporadas líricas en el Colón y en el Coliseo, y es probable que las observaciones y consejos de un hombre de teatro tan experto le han sido de considerable beneficio, puesto que después de actuar con creciente fortuna en diferentes ciudades de Italia, del Brasil, de Holanda, de Francia y de Hungría, se unió a él en matrimonio, y se estableció en su ciudad natal.
Las contadas funciones que dio ante nuestro público, y más especialmente la audición de arias y canciones ofrecida en la Asociación Wagneriana a fines de octubrepasado, nos la revelaron como una artista admirable, de una sensibilidad musical delicadísima, poseedora de una voz maravillosamente timbrada, flexible y pura como pocas, y de un volumen no común en su género.
“La cantante brasileña Bidú Sayão, ante el micrófono de Radio Belgrano, el día de su debut, durante la audición Palmolive” ('Caras y Caretas', Buenos Aires, 1 de julio de 1930).
Expresiva y emocionada en sus interpretaciones escénicas, sencilla y segura de sí misma, se superó todavía como cantante de cámara, pues que dio a escuchar ejecuciones exquisitas de arias clásicas, de ‘lieder’ modernos, de canciones características, y lo mismo comunicaba la pureza de líneas de una melodía de Caccini, de Pergolesi o do Mozart, que la inquietud estremecida de una ‘chanson’ de Duparc, de Ravel o de Hahn, o la pintoresca riqueza colorida de una ‘Jota’, de Falla, o de la ‘Casinha pequenina’, de Braga.
El público de nuestro teatro Colón la acogió con grandes muestras de aprecio en El barbero de Sevilla, dedicándole largos y repetidos aplausos; pero aun excedió ese triunfo con otro mucho mayor y más entusiasta en el segundo cuadro del tercer acto de Lucia de Lammermoor, de Donizetti, la famosa escena de la locura, que hizo célebres a Luisa Tetrazzini y a María Barrientos.Y después de oírla en obras de tamaño compromiso, y de comprobar que no sólo es dueña de una voz preciosa y de una técnica perfecta, sino que también demuestra un sobrio talento artístico, es necesario contar a Bidu Sayão entre las grandes cantantes de la actualidad.
Dos versiones históricas de esta canción a dúo con el mismo barítono: Emilio de Gogorza, de ascendencia española. Una con Shipa y otra con Caruso. Casi diez años de diferencia entre una y otra grabación.
Quedan que ni pintadas para el día de hoy. Felicidades para los que suspiran mirando la luna. Es un decir… O no.
“Si hubiera que destacar una cualidad de Pilar Jurado (Madrid, 1968) sería su facilidad para sonreír –además de su excelencia como compositora y cantante de ópera, claro–. La autora se ha convertido en la primera mujer que sube al escenario madrileño un título lírico del que es responsable tanto del libreto como de la música y, como ella misma señala, se encuentra “en una burbuja de afecto desmesurado”. En La página en blanco, Jurado afronta la crisis de valores que sufre el ser humano en la sociedad actual pero desde una mirada romántica y con un final que permite vislumbrar la salvación.
Noelia Hermida
—¿Cómo se siente tras el estreno de La página en blanco?
—Alucinada con la situación, con el interés que ha despertado la ópera, ilusionada con el excelente trabajo que ha hecho todo el equipo y el Teatro Real y con el enorme cariño que han puesto todos en este proyecto… Estoy llena de mucho amor colectivo (risas), y eso es lo más gratificante en un proceso como es la creación de una ópera.
—¿Ha tenido tiempo para sentarse y pensar en lo que ha conseguido?
—¡No!, ni lo he tenido, ni lo quiero tener (risas). Quiero ser absolutamente inconsciente de eso. Sé que es un momento histórico pero lo estoy viviendo con mucha naturalidad.
—¿Qué se puede leer en su ‘página en blanco’?
—Cada uno puede hacer su propia lectura y ver la mía. Creo que, al final, todos somos una página en blanco; todos creemos controlar nuestra vida, pero no es así; la controlamos hasta cierto punto, pero, si impulsamos nuestros sueños, se cumplirán. Apuesto por el ser humano por encima de todo.
* * *
“A juzgar por los aplausos generalizados, entreverados de “bravos” pero también de algún abucheo, la caligrafía empleada para la “materialización” de la realidad ha logrado conectar con el público que asistía al histórico estreno”.
A propósito del artículo de opinión de Paco Roa sobre Miguel Fleta…, una grabación del artista aragonés que aún no tenemos en casa, más una versión de Alfredo Kraus de la misma romanza. Dos grandes, cada cual en su época y estilo, y por motivos diferentes.
No proponemos comparar, sólo escuchar. Que cada cual manifieste su opinión si lo considera oportuno. Como siempre…
Guillermo Orozco suma los éxitos logrados en el registro de tenor a los que está ya conquistando en su nueva etapa en la cuerda de barítono.
“La Semana de la Zarzuela echó el telón con la puesta en escena de su joya más preciada La rosa del azafrán, que contó con el estreno en el papel de ‘Juan Pedro’ del ahora barítono Guillermo Orozco con una fantástica actuación. (…) En el segundo pase, destacó el debut del hasta ahora tenor Guillermo Orozco como barítono, interpretando magistralmente el papel de ‘Juan Pedro’ en su nuevo registro de voz”.
“El ahora barítono Guillermo Orozco y la soprano María de Félix protagonizaron en enero un concierto de zarzuela en Beirut. En el evento, organizado por la Orquesta Filarmónica de Líbano, la Fundación Guerrero y la embajada española, se escucharon fragmentos de La Revoltosa, La del soto del parral y Luisa Fernanda, entre otros, bajo la dirección de Harout Fazlian” (Ópera Actual).
Raquel Meller. Fotografía publicada en la revista 'Nuevo Mundo', Madrid, el 10 de agosto de 1928.
Soy antitaurina. Viene a cuento porque para mí es una declaración de principios. La denominada “fiesta nacional” me parece una vergüenza nacional. La tortura no es arte ni es cultura. Pero es mi opinión y no pretendo generar ningún debate sobre cuestión tan alejada de la lírica (aun a pesar de Carmen y Escamillo).
El relicario es una historia de amor y de muerte (como la de Carmen). ¿Quién no ha escuchado alguna vez lo de pisa, morena/ pisa con garbo…? Esta canción, tan torera ella, es del compositor almeriense José Padilla; la letra, de Armando Oliveros y José María Castellví.
La Meller la creó (no la estrenó, sí realizó su particular creación), la Supervía la bordó y… no faltó quien la dejó poco menos que irreconocible. En fin. Todas las canciones tienen su aquél, y alguna hasta su ahimè.
"El insigne Titta Ruffo en la Plaza de las Arenas, en el momento en que ‘Gallito’ le brindó un toro en la corrida del domingo del mes corriente” ('La actualidad en Barcelona', 'Mundo gráfico', 26 de marzo de 1913).
“El Relicario fue dado a conocer en España por la tonadillera Mary Focela, pero fue Raquel Meller quien popularizó la canción, consiguiendo que media España silbara su música y la otra media cantara su letra, de la que son autores Castellví y Oliveros”. [Anecdotario histórico español]
«La Mary Focela era una cupletista de segunda fila en el oficio. Había estrenado, sin éxito, El Relicario, que luego contribuiría a la fama de la Raquel Meller. “Años después –escribe el historiador del cuplé– vi a Mary Focela en el camarín de Raquel, vistiéndola. Ironías de la vida y de la suerte…”». [Cambó: 1876-1947]
Entrevista a Armando Oliveros (autor, junto a José María Castellví, de la letra de El relicario) publicada en La Vanguardia, el 17 de octubre de 1956
Mano a mano
Armando Oliveros
“Noticias de Norteamérica dan cuento de que en la propaganda del partido republicano, como música de fondo, suenan los compases españolísimos de El relicario. ¡Quién iba a decir que volvería a la actualidad el famoso cuplé de Oliveros, Castellví y maestro Padilla, tan lejos! Hagamos historia.
—¿Cómo fue –pregunto a Armando Oliveros?
—En el año 1914. Vino Mary Focela a vernos a Castellví y a mí, y nos pidió un cuplé para presentarse en Barcelona, y nos pusimos a trabajar a ver qué se nos ocurría.
–¿En qué pensaron?
—En la Fiesta de las Bellotas, que se celebraba en El Pardo por San Eugenio.
—¿Qué tenía que ver todo eso con la Focela?
—Queríamos evitar que se pareciera a lo que desfilaba por los escenarios, pero nos pusimos a trabajar sin darle ninguna importancia.
—¿Qué es lo primero que salió?
–”El día de San Eugenio, yendo al (sic) Pardo lo conocí. Era el torero de más tronío, el más castizo de ‘to’ Madrid”; después el estribillo: “Pisa morena, pisa con garbo…”
—¿Cuándo lo conoce Padilla?
–Con la primera estrofa y el estribillo vamos a casa de Padilla, que tenía una academia de cante en la calle del Doctor Dou. Lo leyó, se sentó al piano y dijo improvisando: “Esto podría ser una cosa así”, y salió inmediatamente. Por la noche Padilla lo llevó al Edén y se lo dio a la orquesta Planas para que lo tocara, y la gente aplaudió sin saber de lo que se trataba y ya sonó bien.
—¿Ya estaba lanzado?
—No; lo de aquella noche en el Edén fue una especie de ensayo; debíamos terminar la letra, que nos costó dar con la segunda estrofa: “Un lunes abrileño, él toreaba y a verle fui”. A los quince días ya estaba a punto y se lo estrenó la Facela en el Arnau.
—¿Éxito?
—Se aplaudió, pero no pasó nada.
—¿Cuántos días lo cantó?
—Un mes todos los días. Al mismo tiempo Padilla se lo dio a Blanquita Suárez, que lo llevó al Romea de Madrid y el cuplé siguió su curso sin ser nada extraordinario. Lo cantaron otras, porque en aquellos tiempos había tantas cupletistas como ahora novilleros.
—¿Cuándo empieza a armar ruido?
—Pasado yo un año de su estreno, Raquel Meller lo estrena en París, pero antes lo hizo en disco.
—¿A qué atribuye el éxito de Raquel?
—A que Raquel, la segunda estrofa, en lugar de cantarla, la recita sobre la música, como debe ser. Y a partir de ella se ha cantado por todo el mundo y por todas las canzonetistas.