Luis Sagi-Vela falleció en Madrid en la madrugada del pasado 17 de febrero, tras casi un siglo de vida, a los 99 años. Ese mismo día los cumplía.
Hasta siempre, don Luis. Nuestra admiración le acompaña. Buen viaje.
Luis Sagi-Vela falleció en Madrid en la madrugada del pasado 17 de febrero, tras casi un siglo de vida, a los 99 años. Ese mismo día los cumplía.
Hasta siempre, don Luis. Nuestra admiración le acompaña. Buen viaje.
Entrevista a Mariella Devia en La Vanguardia.
Los días 4 y 7 de enero, Devia actuará en el Gran Teatro del Liceo en una versión concierto de Il pirata.
—¿Es fatigoso interpretar siempre a mujeres en historias dominadas por personajes masculinos que exhiben su virilidad…
—… luchando por una mujer, ja, ja. Pero esta es una historia que precisamente sucedía en aquella época: en la lucha por el poder de un feudo, una ciudad o un país, la mujer era moneda de cambio.
—¿Cuesta introducirse en un personaje tan ajeno a usted?
—La música ayuda. Lo es todo.
—Todas las heroínas están enamoradas…
—Ay, sí. Y la violencia del pirata, según él, es debida al amor que siente por Imogene. Y ella al final, como tanto el marido como el exnovio mueren, no enloquece pero sí entra en una gran desesperación.
—¿Cómo se come eso en el siglo XXI?
—Bueno, hoy hay maridos que matan a sus mujeres e hijos. Y ese fenómeno que ya se daba en la época belcantista hacía que los autores se hicieran preguntas sobre la psique. Bellini escribió también La sonámbula, un fenómeno de la psique. Exploraban.
—Y se aplicaba el atenuante de pasional a ese tipo de crímenes.
—Había el delito de honor que por suerte ya no existe en Europa. Pero era una manera de tratar de entender la pasión y la locura. El romanticismo del bel canto puede ser hoy muy actual.
—¿Cómo es su relación con Bellini como persona?
—Digamos que somos parientes, ja, ja. Adoro este canto, me divierte. Siempre he hecho Rossini, Donizetti, Bellini, Mozart… y también el Verdi que puedo cantar.
—¿Le divierte porque le resulta fácil técnicamente?
—Porque técnicamente es difícil: es la satisfacción de la dificultad.
—Está usted en forma. ¿Es porque no se prodiga mucho?
—Tengo 64 años, no quiero hacer demasiados conciertos. Y no salgo mucho de Italia. Vengo al Liceu porque se trata de Il pirata y porque es un periodo breve.
—¿Cómo le han influido las voces que rescataron el bel canto del olvido: Callas, Caballé…?
—La Caballé cantaba Il pirata de una manera hermosísima. Siempre es interesante escuchar, pero una está obligada a encontrar su propia forma de abordar la partitura. Yo siempre busco eso y nunca me planteo agradar al público. Lo hago así porque lo siento así. No se trata de hacer virtuosismo, hay que darle un sentido.
—¿Qué le gusta de la Callas?
—Era magnífica y hay que agradecerle que redescubriera las óperas que ya nadie interpretaba al irrumpir el verismo. Maria Stuarda, por ejemplo, fue rescatada por la Gencer tras años en la sombra. La Callas, la Caballé, la Sills..
—Hábleme de las diferencias.
—Cada una tenía su característica. La de la Caballé era una voz de gran belleza; la Gencer era más verista; la Sills era magnífica en la agilidad… todas lo eran. La Caballé dijo una vez una cosa magnífica: que la señora Gencer había descubierto este repertorio, la señora Sills lo había grabado y ella lo había cantado. Qué maravilla.
—¿Y qué la tiene a usted concentrada en el bel canto?
—Un artista ha de reconocer adónde le lleva su voz, dónde puede dar lo mejor de sí. Cuando yo cantaba Lucia no imaginaba que algún día haría Il pirata. O Norma.
—Entonces, ¿ha hecho la carrera que ha querido?
—No se trata tanto de construir una carrera. Hay que tener en cuenta al público, yo nunca he sido capaz de hacer fuegos de artificio. Si hago algo, ha de ser verdadero. Y por eso no he querido afrontar óperas que sabía que no podía exprimir al máximo.

El madrileño Teatro de la Zarzuela rinde homenaje a Victoria de los Ángeles, que el 1 de noviembre de 2012 hubiera cumplido 89 años.

“Cuando murió Victoria, fuimos conscientes de la magnitud del personaje Victoria de los Ángeles, y empezamos a descubrir la inmensidad de partituras que tenía, la cantidad de vestidos —muy bien conservados—, las fotografías, la correspondencia con personalidades de la cultura de todo el siglo XX; y empezamos a notar la responsabilidad que teníamos de conservar todo este material”.
“Victoria guardaba, realmente, todos los objetos, recuerdos de viajes… Le hacían muy feliz las cosas pequeñitas; las cosas que para ella era lo que le daba alegría en la vida”.
“También queríamos —y siguiendo un poco la filosofía de Victoria— que disfrutaran de todo este material el máximo de personas posible”.
“En sus viajes a Estados Unidos, descubrió todo este material que le permitía enseñar, cuando llegaba a Barcelona, los lugares donde ella había estado y lo que había visto”.
“Empezó a aficionarse a grabar, a filmar, todo lo que ella quería enseñar en casa. También quería tenerlo como un recuerdo de una etapa de su vida”.

El próximo 1 de noviembre, Rolando Villazón actuará en el Teatro Principal de Mahón, dentro de la 41 temporada de ópera que organizan los Amics de s’Opera de Maó. Un recital junto al pianista Gerold Huber.
Para Villazón, la isla de Menorca es “refugio de descanso y meditación de su familia durante las vacaciones, estrechando desde hace años el vínculo con el Mediterráneo y la música”.
Se muestra poético el tenor en sus respuestas: “[...] la ola al atardecer con sus peces danzando bajo los pies de mi Lucia hermosa”. Por ejemplo.
['Il mio tesoro', Don Giovanni, Mozart. Abril 2012]
Contundente, también. Afirma Rolando Villazón que se encuentra en el mejor momento de su carrera, “ese en que ya no importa escalar ni ser reconocido, solamente importa cantar”.
—Usted es uno de los mejores tenores de la última década y también, uno de los más reconocidos, ¿Qué momento está viviendo en su carrera?
—El mejor de los momentos, ese en que ya no importa escalar ni ser reconocido, solamente importa cantar. Ese en el que el yo, se disuelve en el todo de lo que es más importante, es decir, la música imperecedera.
—Le he oído decir que saltarse los límites es una constante en su vida ¿este ha sido el secreto de su éxito?
—No, el secreto de mi éxito, si tal existe pues habría que definir el significado del éxito, es haberle hecho caso al payaso que habita entre mi espalda y mi pecho. Y subirme en sus hombros y saltar de límite en límite, desafiando al sentido común.
—Los villazonistas, que se cuentan a millones en todo el mundo, dicen de usted que es todo pasión y lo consideran el sucesor de Plácido Domingo. ¿Supone un reto o un halago?
—El gran maestro Plácido Domingo no tiene ni tendrá sucesores. Él es único y nadie hará lo que el está haciendo. Los villazonistas son unos duendes maravillosos con los que me voy a pastar estrellas cada vez que nos encontramos en un pentagrama relleno con una sonrisa voladora.
(más…)
“Non credo alla morte. Agli amici dico sempre che è solo il primo tempo”.
(Gracias, Nicolás)
La canción ‘Caruso’ —quizás la más emblemática de Dalla; al parecer, la que él más amaba— nació en la suite de un hotel: el Excelsior Vittoria de Sorrento (Nápoles). ¿Quién no se ha emocionado alguna vez al escucharla? ¿Quién no identifica al instante su melancolía, su desgarrador ‘te voglio bene assai’?
Entre junio y julio de 1921, ya conveleciente de su enfermedad, Enrico Caruso se alojó en el Vittoria de Sorrento. Pocos días después fallecía el tenor, el 2 de agosto de 1921; en otro hotel, el Vesuvio de Nápoles. Desde entonces, aquella habitación del Vittoria lleva su nombre: la suite Caruso.
Muchos años después, por mera casualidad, Lucio Dalla ocupa esa misma habitación. Visita Sorrento y decide dar un paseo en barco, rumbo a Capri. Un fallo en el motor, y la barca hubo de ser remolcada hasta el puerto. Su amigo Lucas Fiorentino, propietario del Vittoria, le invita a alojarse en su hotel. Y le cuenta la historia: el tenor napolitano daba clases de canto a una ragazzina de la cual se enamoró.
Otras fuentes aseguran que fue Angelo Leonelli, amigo suyo y proprietario del bar La Scogliera, en el puerto de Marina Piccola, quien le narró la historia. El caso es que en Sorrento, “qui dove il mare luccica”, en la misma habitación que sesenta y cinco años antes ocupó Caruso, el boloñés Lucio Dalla escribió esta canción en homenaje al gran tenor napolitano. Editada por primera vez en 1986, en DallAmericaCaruso, ni el propio Dalla se esperaba tal arrollador éxito. Y todo, porque el destino, en forma de barca, se negó a abandonar Sorrento…
Con estas palabras lo rememoraba Dalla en abril de 2002:
“Mi si ruppe la barca, ero tra Sorrento e Capri, mi ospitarono degli amici proprietari dell’ albergo dove morì il grande tenore Enrico Caruso. Per tre giorni sentii raccontare la storia del maestro e di quella ragazzina a cui dava lezione di canto e di cui era innamorato. Mi raccontavano di come, in punto di morte, gli fosse tornata una voce così potente che anche i pescatori di lampare la udirono e tornarono nel porto per ascoltarla. Caruso è nata così”.
Qui dove il mare luccica
e tira forte il vento
su una vecchia terrazza davanti al golfo di Surriento
un uomo abbraccia una ragazza
dopo che aveva pianto
poi si schiarisce la voce e ricomincia il canto:Te voglio bene assai
ma tanto tanto bene sai
è una catena ormai
che scioglie il sangue dint’e vene sai…
Cuánto hay de leyenda en la historia de la ragazza y en los pescadores que regresaron al puerto al escuchar la voz de Caruso, su último canto, nunca lo sabremos. Tampoco hace falta. Nos basta con escuchar la canción. De ella hay muchas versiones, como en el Romancero. Ninguna como la de su creador. Gracias, Lucio Dalla. Per sempre.
Y recuerden: Dalla no se ha ido,“es solo el primer tiempo”.
Munguía:‘Adio, Euskal-Erriari’, zortzico (José María Iparraguirre / Charles Bordes). Dirección: Nicasio Tejada. 1962.
Carlos Munguía falleció el pasado 20 de febrero de 2012 en su ciudad natal, Donostia-San Sebastián. La mala nueva nos la comunicaba ayer su nieto, Munguía:
Hoy no vengo a dar alegrías, y me temo que debo contaros que el lunes falleció el tenor vasco Carlos Munguía a la edad de 90 años en su domicilio, tranquilo y sin dolor, y rodeado de los suyos.
En paz descanses, aitona.
Descanse en paz, don Carlos Munguía. Hasta siempre.

En las crónicas y críticas de prensa que hemos hallado sobre las actuaciones de Carlos Munguía, destacan sobre el tenor donostiarra, la musicalidad, la fluidez en su canto, el talento dramático, el sentimiento, la entrega. Reproducimos textualmente algunas de ellas.
La primera corresponde a su actuación en Mendi-Mendiyan, de José María Usandiazaga, en el Teatro Victoria Eugenia de San Sebastián, en 1951. El 18, 20 (en función de tarde) y 21 de enero, interpretaron los roles principales María Luisa Nache (Andrea), Jesús de Gaviria * (Joshe Mari) y Pablo Vidal (Juan Cruz). Coros y danzas del Orfeón Donostiarra. En todas las representaciones dirigió Ramón Usandizaga, hermano del autor.
El 20 de enero por la noche, función de carácter popular, asumió el personaje de Joshe Mari Carlos Munguía, por entonces en los inicios de su carrera, junto a Angelita Calvo (Andrea) e Ignacio Munguía (Juan Cruz). Completaron el reparto, Joaquina Belaustegui, José María Maiza y Nicolás Aldanondo.
Escuchamos, sencillamente, una gran versión de Mendi-Mendiyan. La orquesta […] sonó tan bien como el primer día, en muy buenos solos del violín de Asiain; pero por lo mismo que los artistas no eran profesionales, su mérito destacaba sobre cualquier otro. Carlos Munguía tuvo una noche de triunfo; la capacidad de su voz, la fluidez con que canta y el acertado sentido interpretativo que posee le llevaron a donde quiso, logrando una romanza del segundo acto prodigiosa (La Voz de España, 21 de enero de 1951).
Angelita Calvo e Ignacio Munguía supieron vivir los personajes y cantarlos bien. […] El tenor Carlos Munguía brilló a gran altura. Tiene el joven solista del Orfeón Donostiarra grandes cualidades para este arte, y tanto la romanza del segundo acto como el ‘racconto’ del tercero, números esperados con gran interés, lograron levantar merecidas ovaciones, al igual que en diversos momentos de la obra (El Diario Vasco, 21 de enero de 1951).
Carlos Munguía interpretó el rol de Adrián en La Llama, de Usandizaga, en 1953, también en el Victoria Eugenia, y en la que también cantó su hermano, el barítono Ignacio Munguía.
Fue el 21 de enero de 1953, junto a Angelita Calvo (Tamar), María Jesús Gárate (Aisa), Ignacio Munguía (El sultán / El oráculo):
Angelita Calvo y Carlos Munguía fueron ovacionados con gran cariño, y el tenor se vio obligado a repetir la nostálgica romanza del tercer acto, y ambos, el dúo del cuadro final. Magnífico en su breve papel el barítono Ignacio Munguía y, demostrando sus posibilidades de artista, María Teresa Eceiza. Muy bien, Joaquinita Belaustegui, José María Maiza y Julio Uribe. Y acertado y expresivo, Aldanondo. Lo mismo decimos de María Jesús Gárate y María del Carmen Pérez Parral (El Diario Vasco, 22 de enero de 1953).
En las representaciones anteriores, 17, 18 y 20 de enero, cantaron María Luisa Nache (Tamar), Pablo Civil (Adrián), Inés Rivadeneira (Aisa) y Manuel Ausensi (El sultán). A la batuta, en las cuatro, Ramón Usandizaga.
En 1954, canta Munguía en Las golondrinas, de Usandiazaga: días 16, 17 y 20 de enero, Teatro Victoria Eugenia. Tres únicas representaciones interpretadas por Pilar Lorengar (Lina), Rosario Gómez (Cecilia), Pablo Vidal (Puck), Carlos Munguía (Juanito), Nicolás Aldanondo (Roberto) y Fernando Miguel (Un caballero). Dirigió Ramón Usandizaga.
[Munguía: 'La roca fría del Calvario' (relato de Rafael), La Dolorosa, Serrano. 1955]
Las críticas de prensa siguientes pertenecen a la temporada de zarzuela que realizó Munguía en mayo de 1962 en el Teatro Pérez Galdós de Las Palmas de Gran Canaria.
La primera corresponde a su actuación en La bruja, de Ruperto Chapí, que cantó el 16 y 17 de mayo, junto a Amparo Azcón, Carlos Morris, Fina Gessa, Luis Franco.
Ayer [17 de mayo], y también el miércoles [16] por la noche, se montó La bruja, de Chapí, en el Teatro Perez Galdós por la compañía de zarzuela de Paco Kraus. […]
A su lado [al de Amparo Azcón] destacó el tenor Carlos Munguía, siempre muy musical y muy seguro, con la voz ayer flotándole a flor de labios y recreándose en todas sus intervenciones. Los dos fueron largamente aplaudidos por el público, público que obligó a que el telón se alzara repetidas veces en los finales de acto (Falange, 18 de mayo de 1962).
La que sigue corresponde a su actuación en La del soto del parral, de Soutullo y Vert, que Munguía cantó el 24 de mayo, junto a Amparo Azcón, Francisco Kraus, Fina Gessa, Luis Franco. Dirigió José Terol.
Por primera vez nos interesó —se entiende, que cantándola— la zarzuela, oímos voces, cantantes, conjunto, unidad, altura. Sin duda alguna, La del soto del parral ha sido el mejor estreno que nos ha ofrecido la compañía de Paco Kraus. Así lo ratificó el público con su aplauso entusiasmado. […]
Amparo Azcón, Paco Kraus y Carlos Munguía fueron los intérpretes afortunados de este inolvidable éxito. La soprano, inmersa siempre en su temperamento, volcó su drama entregada completamente a su personaje de Aurora. […] La del soto del parral es para Paco Kraus obra a medida. Su voz se mueve sin tensiones en la tesitura de la obra, tesitura, por otra parte, no fácil de sostener. […]
Y Carlos Munguía —¡tuvimos tenor por fin en La del soto del parral!—, en el mismo tono y ritmo que el barítono y la soprano, puso un vivo sentimiento en todas sus intervenciones. El tenor sabe conseguir unos efectos dramáticos de gran eficacia, como lo demostró en el concertante final, pero siempre atento a la buena emisión —que es esencial— y a la medida musical (Falange, 25 de mayo de 1962).
…………..
* En el Diccionario de cantantes líricos españoles (1997, pág. 94), de Joaquín Martín de Sagarmínaga, se consigna sobre Fidela Campiña: “su carrera finalizó en 1948 […], pero posteriormente cantó Mendi-Mendiyan, con Gaviria, en el Teatro Victoria Eugenia de San Sebastián”; y en Mitos y susurros. 50 años de lírica en España (2010, pág. 304), del mismo autor, se consigna que Gaviria cantó Mendi-Mendiyan en el Teatro Victoria Eugenia en 1948. No fue así. Gaviria cantó ese Mendi-Mendiyan en el Victoria Eugenia en 1951, y junto a María Luisa Nache. Campiña no volvió a actuar tras despedirse oficialmente de la escena lírica, en febrero de 1948.