Shirley Verrett nació en New Orleans el 31 de mayo de 1931. Estudió canto en Los Ángeles con la soprano Anna Fitziu (1888-1967) y luego en la Juilliard School of Music de New York. En los primeros años de su carrera se presentó como Shirley Verrett-Carter.
Su debut professional fue en 1957 en Yellow Springs (Ohio), en el rol de Lucrecia, en la ópera The rape of Lucretia (La violación de Lucrecia), de Benjamin Britten. En 1958 debutó en la New York City Opera como Irina en la obra Lost in the stars (Perdido en las estrellas), de Kurt Weill.
El pasado 13 de octubre de 2010, a los 71 años de edad, falleció en su natal Copenhague, el bajo danés Ulrik Cold.
Había nacido el 15 de mayo de 1939; estudió canto en Dinamarca. Sus primeras actuaciones fueron en el campo del oratorio y de la música barroca.
En 1971 cantó en la Komische Oper de Berlín el rol protagónico en Don Quichotte, de Massenet. En 1973, el director sueco Ingmar Bergman lo escogió para el rol de Sarastro en su film ‘Trollflöjten’ (La flauta mágica) de Mozart.
Otros roles en su carrera fueron Marke, en Tristán e Isolda; Gurnemanz, en Parsifal; además de numerosos roles en obras barrocas de Monteverdi, Rameau, Händel y otros compositores.
Paralelamente, Ulrik Cold, fue regisseur y director (intendente) en la Ópera Real de Copenhague.
Su herencia discográfica incluye Armida de Lully, Admeto, Re di Tessaglia, de Händel; Hypolite et Aricie de Rameau, Xerxes, de Händel; L’Incoronazione di Poppea, de Monteverdi y La Pasión según San Mateo, de Bach, además del mencionado film ‘La flauta mágica’.
Juan Dzazópulos Elgueta
(Fotografía: Gentileza de Ópera Nostalgia y Manfred Krugmann)
«Perfeccionista, Bartoli ha logrado que la lírica más exigente, la nota más lúcida y la ligazón con el gran público sean parte de una misma comunión: la que persigue por encima de purismos o convencionalismos, volver a sentir con Bellini y Rossini o con las huellas de la revolucionaria María Malibrán.
Vender millones de discos como una estrella del pop y, a su vez, recoger calificativos de alabanza constituyen dos extremos que conviven con naturalidad en la cantante italiana. Cecilia Bartoli, que comenzó a cantar a los 8 años interpretando el pastor de Tosca de Puccini, fundamenta cada interpretación, cada gira en un universo musicológico, documental y artístico donde lo vocal es un proceso siempre en proyección.
Para evitar la trascendencia y el rito recuerda el valor del respeto y nunca elude el sentido del humor: “¿Ser la nueva Callas? Yo no tengo un Onassis al lado”».
—Me gustaría que comentara esta gira que ha sido más reducida que en ocasiones anteriores. Y, sobre todo, ¿por qué ha elegido un programa casi monográfico, cerrado?
—Esta gira es diferente a la última que realicé porque esta vez sólo he cantado papeles de Handel en estado puro y para mujer. Creo que su música es la más bonita, fue el compositor más importante del siglo XVIII, y con más talento. En el programa, aquí en Santander, como en Madrid o en Barcelona, se ofrecieron varios aspectos de la mujer a través de la música de Handel como hilo conductor. Estaba la mujer celosa, la mujer ansiosa, la mujer dulce, la mujer horrible, la mujer muy fea. Es increíble cómo puede transmitir con la música esos sentimientos, el carácter de las mujeres. Y eso es el reto para ser expresado por la coloratura de la voz y el saber que están a mi lado los componentes de Il Giardino (Armonico).
—Siempre hablamos de los repertorios que se seleccionan, ¿pero qué opinión le merece el público? ¿Aprecia determinados cambios y evoluciones?
—Me encanta el público español. Le encanta la música fuerte, pero también la de tonos suaves. Es un espectador que explota con los agudos, pero también aquí hay mucho público al que le gusta la música dulce, profunda y melancólica. Ello me toca el alma. Es una característica al alza que me inspira mucho. Es importante saber que existe un público silencioso, que escucha y que no parte siempre del aplauso. Hay veces que la música está escrita para recibir un aplauso de impulso. Pero también la hay que necesita más concentración, energía especial para escuchar con recogimiento, con silencio, con respeto.
—Tiene recitales y proyectos muy diversos, algunos secretos, pero también está su gran reto para 2012: asume la dirección del Festival de Pentecostés de Salzburgo. ¿Cómo se lo ha planteado?
—Es interesante y diferente. Es un privilegio y un honor. Su propia duración, esos cinco días, me encanta. Es una pasión. Además es la primera vez que una mujer tiene esta posición. Mujer y de mi generación. Mi vínculo con el festival se remonta a mis inicios, así que esta oportunidad me parece maravillosa porque puedo unir mi experiencia de cantante a la de espectadora, que también lo soy. Además, no me limitará a proyectos barrocos sino que la colaboración se extenderá a todos los ámbitos artísticos.
—La clave de una cantante, ¿es saber cuáles son límites, no dar pasos en falso?
—Sí, es así. Creo que la calidad de una voz, de un músico en general consiste en cuidar su instrumento, de escucharse, pero también de aprovechar sus recursos aunque siempre con mimo y cuidado. (más…)
Es ley de vida… Pero no por eso se siente menos. Ya todos ustedes lo saben. Falleció Joan Sutherland . ¿’La Stupenda’? El epíteto se le queda chico. Dame Joan Sutherland, una de las GRANDES de la historia de la lírica (con mayúsculas, como bien apuntaba Antonio).
La soprano de coloratura, estadounidense, Dolores Wilson nació en Filadelfia, el 9 de agosto de 1928. Fueron sus padres Henry Webster Wilson y Elisa Elizabeth Lazzaro.
Inició sus estudios de canto en Nueva York con William Hermann y luego en Venecia con la renombrada soprano Toti dal Monte.
Los bosquejos biográficos sobre Dolores Wilson publicados en Internet, coinciden en señalar el año 1952 como el de su debut en la ópera, en el Teatro Grande de Brescia en el rol de Rosina en Il barbiere di Siviglia
Mis investigaciones demuestran que es un error, pues en 1952 la soprano llevaba al menos cuatro años cantando en Europa. Lo más probable es que sí haya sido en Brescia, pero en 1948. Se dice que al comienzo de su carrera se hacía llamar Dolores Visoni (italianizando el Wilson). (más…)
Teatro Jovellanos de Gijón: del 9 al 23 de octubre de 2010.El niño judío (preludio)
El Concurso Internacional de Zarzuela Ana María Iriarte “tiene como finalidad divulgar y promover los nuevos talentos de la Zarzuela en el ámbito internacional, gracias a una convocatoria abierta a cantantes de cualquier nacionalidad y residencia y con edades comprendidas entre los 18 a 45 años“.
“En su primera edición, este concurso se perfila como pionero en su género y pretende constituirse en un punto de encuentro emblemático y definitivo para aquellos cantantes líricos que desean orientar su carrera hacia la Zarzuela y que tendrán la oportunidad de participar en un curso magistral de Zarzuela impartido por Doña Ana María Iriarte”.
Plácido Domingo, como Pablo Neruda, en 'il Postino', Ópera de Los Ángeles, 2010.
“Ha sido una larga y fructífera colaboración y aunque continuaré ayudando a la compañía artísticamente de todas las maneras posibles, la actual temporada será mi última como director general”.
“Asegura Rolando Villazón (Ciudad de México, 1972) que si alguna “fuerza cósmica” le devolviera al pasado, pediría amablemente que le colocaran el quiste en el mismo sitio donde se lo encontraron hace poco más de un año. De los quince especialistas que le examinaron, sólo uno acertó el origen de una afonía que ponía en jaque su condición de divo todoterreno tras una retirada preventiva que lo había alejado cinco meses de los escenarios.
A la palabra ‘cirugía’ en boca del foniatra Gerrit Wohlt, el mismo que operó a Natalie Dessay, le siguió la cancelación de todos sus compromisos hasta mediados de 2010, incluido el esperado estreno en Los Ángeles de Il Postino de Daniel Catán.
Se despidió en su blog con un emotivo vídeo en el que explicaba las razones de su ausencia y agradecía el apoyo de los fans, que en el caso del tenor mexicano, asiduo a los realities, los crossovers y los chats, son legión. Hasta la misma puerta del quirófano le acompañó Lucía, su mujer. ‘Me dijo que pasara lo que pasara —recuerda el tenor mexicano— no me preocupara de nada. Que mi talento no estaba en mi garganta, sino en mi cabeza. Todo en mi cabeza’.
Nueve meses más tarde, y abriéndose paso entre los rumores, aparecía de nuevo en la Ópera de Viena para L’elisir d’amore de Donizetti. El público agasajó su ‘Furtiva lagrima’ con 23 minutos de aplausos. Pero hubo cierto consenso en cuanto a que Villazón podría haber perdido “amplitud” y “fuelle” en el exilio. Lo desmintió en su siguiente aparición como Lenski en el onírico Eugene Onegin de Achim Freyer para la Ópera de Berlín y más tarde en La traviata de Zúrich.
Algo más tibio fue el reencuentro con Salzburgo y la gira londinense. Pero para entonces ya nadie se atrevía a cuestionar que Villazón había vuelto para quedarse. Debutará esta temporada como Don Ottavio en el Don Giovanni de Mozart del Festival de Baden-Baden. Ofrecerá recitales en San Sebastián, Barcelona y Madrid. Y estos días presenta ¡México!, su última incursión discográfica.
Benjamín G-Rosado
Rolando Villazón (foto: Felix Broede).
—Cuesta imaginarlo tanto tiempo fuera del circuito. ¿A qué se dedicó en esos nueve meses?
—He sido feliz durante mi retiro. Han sido unas vacaciones impuestas, que he aprovechado para hacer todo lo que tenía pendiente. Pasear con mi familia, visitar a los amigos, perderme en largos paseos y leer compulsivamente. He sido un devorador de filósofos y biografías de payasos, a los que siempre he considerado protectores de nuestra verdadera naturaleza, ésa de la que nos hablan Brecht, Beckett, Cocteau…
—¿Con qué lección se queda?
—He aprendido que las cosas pasan porque tienen que pasar. Y que hay que afrontarlas tal y como vienen.
—¿Quiere decir que no forzó la voz, que no se precipitó?
—No lo digo yo, lo dicen los médicos. Mi quiste no tuvo nada que ver con mi manera de cantar. Era un problema genético. No es que me saliera un quiste por arrastrar la voz, sino que arrastraba porque tenía un quiste de tamaño considerable.
—Un sector de la crítica no fue tan comprensivo…
—Hay dos razones por las que hoy me asomaría a las críticas. Bien por narcisismo, buscando el elogio y el aplauso. O bien por dar voz, nombre y hasta motivos al crítico cabrón que llevo dentro. Y poder enojarme con alguien. ¿Sabe qué le digo? Que para crítico canijo, me basto solo.
—¿Seguirá desfogándose con Don José y Don Carlo?
—A la partitura me remito cuando digo que no son roles peligrosos para mi voz. Don José es un tenor lírico, escrito casi todo en piano. Y el problema de Don Carlo es que nos hemos acostumbrado a las versiones que dejaron Corelli y los grandes tenores lírico-spinto. Parece como si después de ellos ya nadie pudiera cantarlos.
Debutó en Hungría en el rol secundario de Conde Ceprano, en Rigoletto, y se integró a la Ópera Estatal en 1973. Su repertorio incluyó, entre muchos otros, los roles de Leporello (Don Giovanni), Gurnemanz (Parsifal), Rocco (Fidelio), Sarastro (La flauta mágica), Felipe II (Don Carlos), Don Basilio (El barbero de Sevilla) y Walter en Luisa Miller, Oroveso en Norma, Giorgio en I Puritani.
Además fue un prestigioso cantante de lieder. Ganó los concursos internacionales Dvorak (1971), Schumann (1974), Erkel (1975), Wolf (1980) y Pavarotti (Filadelfia, 1981).
Polgár y Brigitte Hahn, en 'Der Kreidekreis', de Zemlinsky. Zurich Opera, 2001.
El Gobierno húngaro lo premió con su distinción cultural más alta “Kossuth” (1990). Fue también profesor de canto en la Academia Franz Liszt de Budapest.
En 1991 aceptó un contrato y se trasladó a vivir a Zúrich, donde se dice que ganaba veinte veces lo que recibía en Hungría.
Su interpretación del rol protagónico en El castillo de Barba Azul, de Bartók, le valió el Premio Grammy 1999 en su grabación junto a Jessye Norman y Pierre Boulez dirigiendo la Orquesta Sinfónica de Chicago.