Las promesas están para cumplirlas (al menos, algunas…;-) Como el Torna a Surriento de Corelli que prometí a Victoria subir a portada.
Pero, hete aquí, que Victoria no nos deja que vaya en aquel post donde tantas veces tornamos a Surriento, y tantas cosas aprendimos. No: “Franco Corelli tiene que estar solo!”.
En exclusiva para todos ustedes, semblanza sobre Kathryn Grayson del investigador de ópera Juan Dzazópulos Elgueta. Actualidad y amistad obligan… Gracias, Juan:-)
Juan Dzazópulos
“El miércoles 17 de febrero de 2010, a los 88 años de edad, falleció en su hogar de Los Ángeles (U.S.A) y por causas naturales, la soprano estadounidense Kathryn Grayson. Había nacido el 9 de febrero de 1922, en Winston-Salem, North Carolina, y su nombre verdadero era Zelma Kathryn Elisabeth Hedrick, hija de Charles y Lillian Hedrick.
Debido al trabajo de su padre (constructor) su familia se trasladó a St. Louis, y allí comenzó Kathryn sus estudios de canto. Se cuenta que a los once años de edad ya cantaba Lucia di Lammermoor. La familia se trasladó posteriormente a Hollywood, donde Kathryn Grayson iniciaría su carrera musical, en el cine.
Si bien su carrera no fue la de una ‘cantante de ópera’ en el estricto sentido de las palabras, su voz de soprano coloratura, con un rango de cuatro octavas, su buen gusto, su natural encanto y figura y su gran amor por el género lírico la hicieron incluir en todas sus actuaciones fílmicas arias y canciones propias de ese género musical.
Debutó en 1941 en una película sin mayor éxito, ‘Andy Hardy’s Private Secretary’ (’La secretaria privada de Andy Hardy’), junto a Mickey Rooney. En 1942 filmó la opereta de Harry Tierney, ‘Rio Rita’; y en 1943, ya contratada por la MGM, se presentó ‘Thousands Cheer’ (’El desfile de las estrellas’, junto a Judy Garland, Mickey Rooney y Gene Kelly.
Participó en ‘Anchors Aweigh’ (1945-’Leven anclas’, con Frank Sinatra y Gene Kelly). En 1946 apareció junto al gran tenor danés Lauritz Melchior en ‘Two Sisters from Boston’ (’El ruiseñor mentiroso’). Luego actuó en ‘Till the Clouds Roll By’ (1946, ‘Cuando pasan las nubes’), una especie de biografía del compositor Jerome Kern, principalmente notable por los cantantes que en ella aparecían: Frank Sinatra, Judy Garland, Dinah Shore, Lena Horne, entre otros.
Una curiosa y simpática actuación fue en ‘It happened in Brooklyn’ (1947, con Frank Sinatra y Peter Lawford). Ahí tuvo la ocasión de cantar ‘la canción de las campanas’ de Lakmé y el dúo ‘Là ci darem la mano’ de Don Giovanni, nada menos que con el barítono… Frank Sinatra.
Filmó su cuarta película con Frank Sinatra en 1948, ‘The Kissing Bandit’ (’Me besó un bandido’), en la que cantó ‘Love is where you find it’. También actuó en esa película un joven Ricardo Montalbán. Realizó dos películas junto al tenor Mario Lanza: ‘That Midnight Kiss’ (1949, en español conocida como ‘La huella de un beso’) y ‘The Toast of New Orleans‘ (1950, ‘En las redes del amor’).
Siguió como pareja musical del barítono Howard Keel en ‘Show Boat’ (1951, ‘Magnolia’), ‘Lovely to look at‘ (1952, un musical de Jereme Kern conocido como ‘Roberta’ y que incluyó la hermosa canción ‘Smoke gets in your eyes’ (’Hay humo en tus ojos’) y ‘Kiss me Kate’ (1953, con música de Cole Porter, inspirada en ‘La fierecilla domada’ de Shakespeare).
Una de sus mejores interpretaciones fue en el film ‘So this is love’ (1953, ‘Cumbres doradas’), en el que personificó a la célebre soprano Grace Moore. También en 1953 filmó la opereta The Desert Song (La canción del desierto, célebre opereta de Sigmund Romberg) con el barítono Gordon MacRae.
Su última película fue The Vagabond King(1956, El rey vagabundo, opereta de Rudolf Friml), película en la que debutó el tenor maltés Oreste Kirkopp, al que se pretendió (sin éxito alguno) implantar en Hollywood como un ‘nuevo Mario Lanza’.
En 1960 cantó en varias representaciones operísticas: Madama Butterfly, La bohème y La traviata, y también tuvo un rol en la opereta Orfeo en los Infiernos de Offenbach, en su versión en inglés.
Participó en algunas presentaciones de conocidas operetas como The Merry Widow (La viuda alegre, de Franz Lehar), Rosalinda (El Murciélago, de Johann Strauss, Jr.) y Naughty Marietta (La pícara Marietta, de Victor Herbert).
Con Howard Keel se presentó en Las Vegas en el musical ‘Man of La Mancha’, con música de Mitch Leigh y letra de Joe Darion. En 1962 reemplazó a Julie Andrews en el musical ‘Camelot’, obra de Frederic Loewe y Alan Jay Lerner, realizando una extensa gira por los Estados Unidos.
Hasta la década de los ochenta continuó presentándose en la televisión estadounidense, incluso en papeles dramáticos en los que no cantaba.Con su muerte desaparece una de las últimas exponentes del ‘cine musical’ que tantas alegrías, ilusiones y sueños nos proporcionó en nuestra ya lejana juventud”.
13 de enero de 1892, Teatro Real de Madrid, segundo aniversario del fallecimiento de Gayarre, inauguración de la colocación de un busto del tenor roncalés en el foyer del coliseo madrileño, obra de Benlliure.
“El año pasado solemnizamos en el Teatro Real el primer aniversario de la muerte de Gayarre. Se cantó la Misa de Réquiem de Verdi, hubo procesión de Comisiones, hubo coronas, la orquesta tocó el Sp’rto gentil, y aunque la concurrencia no fuese todo lo numerosa que era de desear (la función se verificó fuera de abono), quedó, según parece, suficientemente honrada la memoria del gran tenor. Este año no ha habido nada el 2 de Enero, pero anoche hemos celebrado dignamente la colocación del busto de Gayarre en el foyer del regio coliseo.
Ahora hemos hecho las cosas con menos boato. Nada de función extraordinaria, nada de procesiones, nada de coronas al son de la romanza de Donizetti. Una modesta función de abono, histoire de atraer concurrencia al tercer turno, que es el más flojo de los tres, y de llevar, por ende, unas cuantas pesetas a la contaduría.
La empresa ha contribuido a dar variedad al espectáculo con un centón compuesto del segundo acto de Los Puritanos, el cuarto de La Africana y el primero de La Favorita.
Con lo cual el busto ha quedado inaugurado, el público ha pasado la velada discretamente, ha habido una buena entrada y la empresa vería seguramente con gusto que el año próximo celebrásemos el primer aniversario de la colocación del busto de Gayarre con una revisión, que dice Bofill, y me permito también decir yo, de la función de anoche.
Quien quizás se opondría a esa revisión o reaudición serla el distinguido tenor señor De Marchi, que, al hacer el sacrificio de cantar el acto cuarto de La Africana, fue el único artista que dio su verdadero carácter a la función, obligándonos a no separar nuestro recuerdo de Julián Gayarre. Hay que señalar la abnegación del señor De Marchi, y aplaudirla como merece.
Cuanto al señor De Lucia, con decir que fue muy aplaudido en la romanza del acto primero do La Favorita y que el dúo obtuvo los honores de la repetición, comprenderá el lector el triunfo que obtuvo el reputado artista y lo orgulloso que puede estar de tan halagüeño resultado.
El éxito de De Lucía permite parodiar aquellos conocidos versos:
Derramemos una lágrima
a la memoria de aquél
que fue nuestro amigo,
y luego nos iremos a comer.
De la manera siguiente:
Derramemos una lágrima
por el colosal artista
y después aplaudiremos
a Fernando De Lucia.
Éxitos como el de anoche deben envanecer al señor De Lucia, a quien mando mi cordial enhorabuena.
La sinfonía de Cleopatra, admirablemente ejecutada por la orquesta y dirigida por el ilustre autor de esa obra tan popular en España, obtuvo el éxito de siempre y fue repetida.
La señorita Pacini arrancó en el acto de Los Puritanos aplausos entusiastas; la señora Tetrazzini detalló, como gran artista que es, el dúo de La Africana; la señora Pasqua compartió con De Lucia la ovación del dúo de La Favorita, y los señores Tabuyo, Uetam y Cotogni prestaron el concurso de sus talentos al mejor resultado de la función”.
Además de cantar en los países de Europa Oriental, lo hizo en La Scala de Milán y Teatro San Carlo de Nápoles, Covent Garden de Londres; en San Francisco y en Montreal y otras ciudades de los Estados Unidos. Cantó también en Francia.
Debutó en el Teatro Colón de Buenos Aires, en 1974, como Azucena en un Trovatore que incluía a Elinor Ross, Flaviano Labò y Matteo Manuguerra. Regresó en 1975 para cantar el rol de Marina en Boris Godunov junto a Evgueny Nesterenko y Vladimir Piatkov.
Crónica en exclusiva en nuestra sección ‘Viva la ópera’. Nos la envía Yemapel, bien conocido por todos ustedes. Corresponde a una de las dos representaciones de Don Giovanni en Praga, Teatro de los Estados, del domingo 4 de octubre de 2009 (aún está en cartel). Las audiciones que ilustran el post son propuesta suya. Las fotografías son de su cosecha. Gracias mil, Yemapel.
Introducción
Me permito, con el plácet de su creadora, retomar esta sección que enriquece sobremanera ‘Ópera, siempre’ y que nos da la oportunidad de aportar nuestras experiencias e impresiones sobre lo que a todos nos une: la ópera. Aunque resulta desgraciadamente frecuente ese viejo aforismo que reza que ‘quien tiene tiempo, no tiene dinero y quien tiene dinero, no tiene tiempo’, quién más, quién menos va a ver alguna representación operística, un concierto o un recital.
Compartir impresiones lejos de la postura oficial, políticamente correcta (o incorrecta) con los demás foreros es, para mí, uno de los mayores atractivos de este blog. Más si cabe cuando tenemos la suerte de contar con expertos y entendidos en la materia, tanto en España como en ultramar, de donde salen desde hace unas décadas —conviene no olvidarlo—, muchas de las mejores voces del planeta. Por eso los animo a participar. Y para dar ejemplo, no de sabiduría musical ni de técnica de canto, sino sólo de iniciativa con algo de humor, recojo el hilo de esta sección, en el olvido desde hace ya año y medio.
Por qué Don Giovanni y por qué Praga
La ópera elegida es Don Giovanni. ¿La razón? Siempre ha sido y será una de mis óperas favoritas por pura nostalgia. Cuando España era fiel a sus tradiciones y no estaba americanizada, cuando se celebraba el día de Todos los Santos y no Halloween, en la tele se representaba el mito de D. Juan Tenorio en todas sus versiones.
En aquella fiesta la familia se reunía en torno a las aventuras y el castigo de D. Juan Tenorio en una noche de fantasmas que con los años acabó desapareciendo para dar paso a una velada de disfraces sin sentido. La ópera es una versión más que conocí posteriormente y que desde el principio me enganchó por su música y por los recuerdos de aquellos maravillosos y ya lejanos días.
Tenía ganas de verla en directo. Busqué por los teatros de España y nada hallé, por lo que amplié mis horizontes. Y así fue como encontré mi destino final: Praga. No tiene el ‘glamour’ musical de otras ciudades pero sí algo que la hace especial: aquí fue donde se estrenó dicha ópera en octubre de 1787, cuando a Mozart se la encargaron tras el éxito de Las bodas de Fígaro. No lo pensé más.
Y no sólo resultaba especial por ser en la capital checa, bella donde las haya, despojada de la multitud de turistas veraniegos que la hacen tan agobiante. Es que además el escenario donde se representaba era el Teatro de los Estados, precisamente donde tuvo lugar la ‘premier’. Un edificio varias veces destruido y reconstruido, olvidado y recuperado, renombrado y restaurado, hasta dejarle su aspecto original. No tendrá el carisma de otros coliseos pero despide un aroma dieciochesco perfecto para esta obra, con sus tabiques de madera envejecida color pastel. Un edificio vivo, que habla mediante crujidos.
En Praga hay gran afición a la música. Mientras en España a un chaval se le regala un balón de fútbol, allí se le da un violín. Basta pasear un poco para que te ofrezcan a precio asequible conciertos en iglesias o en casas señoriales, tocados por músicos anónimos que viven de otra profesión.
La entrada que cogí por Internet me costó 700 coronas, es decir, unos 28€… ¡y estaba en la segunda fila del patio de butacas! Podría decir que me senté en la misma localidad que ocuparon Mozart o Casanova, hace 222 años. ¿Cómo no van a amar la música si tienen fácil acceso? De acuerdo que los salarios son más bajos… pero el teatro estaba lleno. Y mucha gente joven. Elegantemente vestida.
La función era a las dos, porque la de las siete se me antojaba algo tardía. Sí, sí, ¡hay dos funciones diarias! Los subtítulos están en indescifrable checo y en inglés. Un buen detalle.
Escenografía
El teatro, pequeño pero coqueto, aprovecha al máximo el espacio del que dispone. En los dos primeros pisos del proscenio han colocado unas escalinatas que terminan en balcones, lo cual le permite añadir a la escena principal otras dos suplementarias. Así resultan más creíbles los momentos (y en Mozart hay muchos) en los que algún personaje murmura frases que no deben oír los demás. En vez de estar en el mismo plano, se reparten en dos o tres distintos.
Con pocos medios pero con una lógica aplastante, algo de talento y mucha sobriedad, logran escenificar la obra sin desvirtuarla. La única licencia que se toman son unos chambelanes haciendo breves piruetas. Nada de montajes de Ikea (o sea, mucha luz, dos paredes y una mesa), ni provocativos, ni minimalistas, ni ultramodernos. Tienen claro lo que representan y lo hacen sin complejos. Por ejemplo, en el dúo del primer acto entre Masetto y Zerlina, cada verso se culmina con una rosa blanca clavada en el suelo por un chambelán, hasta formar un corazón que envuelve a ambos. Original y bonito.
La escena final en la que el Comendador se presenta en la cena para llevarse a Don Giovanni es muy efectista. Aparece la estatua con los ojos rojos, entre luces y sombras, y se abre el pedestal, de donde sale el Comendador para enviar al casanova a los infiernos. Muy luminosas las escenas de la boda de Masetto-Zerlina y la fiesta en el palacio. Ésta última es una de mis preferidas, porque hay tres ‘miniorquestas’ que tocan piezas por su cuenta.
Otra genialidad del austriaco inmortal es la inclusión de fragmentos de tres óperas: Una cosa rara, de su amigo y rival Vicente Martí y Soler, otra no muy conocida (Fra i due litiganti) y la propia Las bodas de Fígaro. En ésta cambia la letra del aria Non più andrai, farfallone amoroso, y la anuncia con un audaz “¡ésta la conozco de sobra!”.
Valoración musical
Carezco de los conocimientos suficientes como para saber si la orquesta lo hizo bien, si el director (Robert Jindra) controló los tempi o si los cantantes no desafinaron. Sólo sé que la orquesta sonó muy bien y no aprecié ningún fallo clamoroso, al menos en las partes más conocidas de la obra. Las orquestas centroeuropeas suelen ser soberbias y las del Met, Scala, Londres, incluso Madrid, se nutren muchas veces de su inagotable cantera.
En cuanto a las voces, las más flojas, a mi entender, fueron las de Don Giovanni y Leporello. Al primero le faltaba algo de potencia, sobre todo en los graves. Un aceptable Là ci darem la mano y algo decepcionantes sus dos arias principales, la del champán (Fin ch’han dal vino) y Deh, vieni alla finestra. En aquélla le falló la agilidad y sin embargo en ésta le sobró, lo que afectó a la musicalidad y a la seducción que se supone ha de desprender.
Leporello (pongo los personajes porque sus nombres reales son terroríficos) con más potencia pero igualmente falto de agilidad, que no afecta a los recitativos pero sí al aria del catálogo. Un poco más y hay que hacerle el boca a boca.
Un Don Ottavio bastante decoroso, pétreo en la actuación pero bien desde el punto vocal. Tuvo la desgracia (o la suerte) que se cantó la versión original y, por lo tanto, no estaban las tres escenas que añadió Mozart para su estreno en Viena ni tampoco la preciosa aria Dalla sua pace.
Los secundarios fueron un verdadero lujo. Las sopranos vejadas por el galán español estuvieron más que dignas y realmente convincentes. Por un momento pensé que Donna Elvira le iba a arrear a Don Giovanni un guantazo de antología. Desde luego, no eran Della Casa ni Schwarzkopf pero cumplieron con solvencia. Voces bastante bonitas, bien en los agudos sin resultar hirientes. Zerlina era una japonesa de voz dulce que acometió con seguridad sus dúos con Don Giovanni y Masetto. Muy emotiva su súplica a aquél.
Ahora bien, el mejor de la tarde fue sin duda Masetto, un jovenzuelo de unos 150 kilos de peso, que cada vez que se movía retumbaba medio patio de butacas. Simpatiquísimo, expresivo, gracioso en sus nada lentos —pese a su peso— movimientos y una voz espectacular, muy bonita y seductora. Era un torrente, al menos desde la segunda fila. No sabría decir si era barítono o bajo, me inclino más por la segunda opción. En cuanto pierda peso y gane edad, el personaje de Don Giovanni es suyo.
Por último, el Comendador cumplió muy bien su papel, insignificante en el primer acto pero impactante en el final de la ópera. Me recordó bastante a nuestro CarlosChausson: entrado en años pero con voz más que suficiente para increpar y condenar al disoluto español sin que la orquesta lo eclipse.
Epílogo
Aplausos para todos. No me imagino a los checos abucheando al personal. Tampoco ovacionan con pasión, ni tiran ramos de flores. En el punto medio se halla la virtud. Fue una gran experiencia que espero poder repetir y que aconsejo. Confío en no haber hecho una crónica muy aburrida, ni demasiado pesada. Me conformo con que sea secundada, obviando mi atrevimiento. Y aprender de los que tienen vastos (y no bastos) conocimientos musicales.
¿Ya andan preparando el festejo de mañana? ¿Tienen todos los ingredientes para la cena? ¿Serán ustedes el cocinero, la cocinera? ¿Y con qué van a sorprender a su familia?
En operasiempre.es también vamos a preparar una receta… musical. Con la colaboración de todos ustedes. También nos gusta que nos sorprendan.
Desde este momento y hasta el día 25 incluido (incluido también el fun, fun, fun;-) se admiten ideas, sugerencias, proposiciones…
Obviamente, de un villancico. Bueno, no tiene por qué ser propiamente un villancico. Admitimos incluso que nadie cante;-) Algún aria que les recuerde la Navidad. Una pieza musical con la que poder celebrar que estamos juntos y en familia (vale, sí, virtualmente;-)
Bien sencillo: basta con indicar un enlace que podamos escuchar todos. Si además añaden el porqué de su elección, miel sobre hojuelas. Pero no es imprescindible, que ya sabemos que en vísperas de fiestas, el ingrediente más preciado es el tiempo.
¿Cuál es el escollo más peligroso para un tenor? ¿Cómo salvarlo? Problemas y soluciones con ejemplos concretos. Documental auto ayuda de Lauri-Volpi. 1933.
Y hablando de Mario del Monaco, recordé hoy uno de esos estupendos programas de Antonio Lagatta Mazzeo… Eso es, La ópera y sus intérpretes. Un viaje a las voces del pasado.
El programa está centrado esta vez en las primeras grabaciones de Mario del Monaco, entre 1948 y 1951.
“Mario del Monaco nació en Florencia, el 27 de julio de 1915 y (…) si bien estudió canto por algunos meses con Raffaelli y Melocchi y (…) luego se inscribió en la Escuela Lírica de la Ópera Real de Roma; en realidad, el cantante fue un autodidacta.
Durante su juventud se ejercitó estudiando y analizando los discos de Enrico Caruso, Aureliano Pertile, Miguel Fleta, Beniamino Gigli y Giacomo Lauri-Volpi, a efectos de aprender la parte técnica e interpretativa; y fue así que Mario del Monaco tuvo la voz, el estilo de canto, y de interpretación, que él quiso tener”.
Canta Mario del Monaco (y en el siguiente orden):
Un dì all’azzurro spazio, Andrea Chénier, Giordano
O paradiso, La Africana, Meyerbeer
Nessun dorma, Turandot, Puccini
Da voi lontan, Lohengrin, Wagner
♣ Grabaciones del 22 de noviembre de 1948
Exultate!
Ora e per sempre addio
Dio, mi potevi scagliar
♣ Otello, Verdi. Grabaciones del 16 enero de 1951
Celeste Aida, Aida, Verdi
Vesti la giubba, Pagliacci, Leonvavallo
No! Pagliaccio non son!, Pagliacci, Leonvavallo
Niun mi tema, Otello, Verdi
♣ Grabaciones del 5 de abril de 1951
Donna non vidi mai, Manon Lescaut, Puccini
Testa adorata, La bohéme, Leoncavallo
♣ Grabaciones de septiembre de 1951
Il fiore che avevi a me tu dato, Carmen, Bizet
Addio a la mamma, Cavalleria rusticana, Mascagni
♣ Grabaciones del 20 de diciembre de 1951
Oviedo: Gianna D’Angelo, Mario del Monaco, Alfredo Kraus y Giuseppe Taddei, en las jornadas líricas del Campoamor
“La jornada inaugural del ciclo mateíno que todos los años rinde culto a la ópera en el Campoamor ovetense, registró una excelente versión de I Puritani, sobre la que brindaremos inmediato resumen. No sin antes adelantar la referencia sobre el Otello que escuchamos en la segunda velada.
Porque no es corriente la situación que pudo registrarse ese día: la actuación de un gran artista, con la responsabilidad de desempeñar el cometido protagonista en una obra compleja, musical y escénicamente, cuando desde su patria llegaban las más graves noticias sobre la salud de su padre que, en efecto, falleció pocas horas antes de comenzar la representación, aunque tal desenlace se ocultó al interesado hasta el final de la misma.
Puedo asegurar que pocas veces Mario del Monaco supo responder más y mejor a su condición de ’superdivo’ que todavía nos gana con su arte excepcional, con el chorro de una voz de volumen generosísimo y el mordiente de unos agudos que vibran y encienden. Es de suponer hasta qué punto el esfuerzo habrá sido sobrehumano y de reconocer que el público, advertido, volcó en él su admiración, simpatía y respeto.
Desde su primera, impresionante frase en el ‘Esultate’, fueron todo larguísimas ovaciones, unánimes, entusiastas… y merecidas tanto por el cantante, el actor, como por el hombre.
Su Otello, para un crítico que ha visto muchos a lo largo de varios lustros de profesión, sería memorable por el puro valor intrínseco, pero lo será más por las circunstancias.
De cuantos rodeaban al insigne tenor, resaltó la gran personalidad de Giuseppe Taddei, que hace un Yago, como cantante y actor, de nivel sobresaliente.
22 Octubre 2009 a las 23:05
Mefisto nos envía lo que nos prometió esta mañanita. Presten atención, porque es una primicia.
“Fue grabada en 1975 por el secretario privado de Mario del Monaco desde un palco. Como ya saben, Del Monaco se retiró haciendo, a sus 60 años, once Pagliacci en veinte días. Fue la última vez que cantó esta aria y esta ópera”.
23 Octubre 2009 a las 4:22
“Me parece increíble que a sus 60 años cantara así. Entre lo más notable encuentro que su voz resalta claramente frente a la orquesta. En esta grabación no hay micrófonos que permitan equilibrar la voz del tenor con la orquesta. Y no sólo eso, sino que cantó todo a mezza voce hasta el LA tenido, que utiliza para abrir la garganta al punto de casi enmascarar completamente la orquesta”.
“En Youtube hay algunas escenas del Otello de Buenos Aires, que tomaron su esposa y su hijo Giancarlo. Es un documento interesantísimo, donde aparecen también Carlos Guichandut y Delia Rigal (mis queridos maestros)”.