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En homenaje a Giuseppe Taddei

Miércoles, Junio 16th, 2010

Giuseppe Taddei

[Fotografía: gentileza de Liliana Osses Adams]

Tributo a Giuseppe Taddei (1916-2010)

  • Por Juan Dzazópulos Elgueta
  • Junio 20010

    El 2 de junio de 2010, a los 93 años de edad, falleció en Roma el gran barítono italiano Giuseppe Taddei. En unas tres semanas más, habría cumplido los 94. Para mí fue como perder a un buen amigo, que durante toda una vida te ha acompañado, haciéndote vibrar con su arte incomparable. Esto me ha impulsado a escribir lo que sigue, que sólo es un tributo al artista desaparecido.

    Taddei tuvo una larga vida, pero también una larga carrera como cantante. Casi setenta años cantando en muchos países de Europa y América, 135 roles diferentes y con un repertorio variado y diverso, como el italiano, el mozartiano, el ruso e incluso el wagneriano —algo no muy frecuente en los barítonos italianos—, en centenares, centenares de funciones. ¿Qué otro artista podría presumir de haber cantado con Francesco Merli, Galliano Masini y Beniamino Gigli hasta Plácido Domingo, Luciano Pavarotti y Marcello Giordani; desde Iris Adami-Corradetti, Toti Dal Monte y Magda Olivero hasta Renata Tebaldi, Maria Callas, Mirella Freni y Renata Scotto?

    Tratar de reconstruir su cronología artística es, simplemente, un trabajo imposible y que bastaría para llenar todo un libro. Por lo tanto, lo que sigue no pretende mostrar todo lo que Taddei cantó, si no más bien señalar los puntos más destacados de su vida artística.

    Giuseppe Taddei_

    Giuseppe Taddei nació en Génova, el 26 de junio de 1916. Hizo sus estudios de canto en Roma, ciudad donde debutó a la increíble edad de 20 años, el 26 de diciembre de 1936, en el rol del Heraldo, en Lohengrin, en el Teatro de la Ópera de Roma (en aquellos años, llamado Teatro Reale dell’Opera).

    El reparto, hoy de ensueño, estuvo formado por la soprano Franca Somigli, la mezzosoprano Ebe Stignani, el barítono Armando Borgioli y el bajo Giacomo Vaghi. Dirigió Tullio Serafin (y no Arturo Toscanini, como se dice en algunas biografías).

    [Taddei (Falstaff): L'Onore! Ladri!.., Primer Acto, Escena I, Falstaff, Verdi]

    En el teatro romano permaneció durante seis años, hasta 1942, interpretando una gran cantidad de personajes de los así llamados “secundarios” como Cherniakowsky (Boris Godunov), Wallace y Sonora (La fanciulla del West), Valerio (Lucrezia, de Ottorino Respighi), Schaunard (La bohème), Johann (Werther), Silvano (Un ballo in maschera), la voce di Nissen (Il Dibuk, de Lodovico Rocca), Morales (Carmen), Antonio (Miranda, de Pietro Canonica), Biterolf (Tannhäuser), Lucio Polo (La Nave, de Italo Montemezzi), Il cantore (La figlia del Re, de Adriano Lualdi), L’assessore del Podestà (Fra Gherardo, de Ildlebrando Pizzetti), Un popolano di Cappadocia (Salomè), Crebillon (La Rondine), Roberto (I Vespri Siciliani), Taltibio (Euba, de Gian Francesco Malipiero).

    En 1941, sin cumplir aún los 25 años, le dieron la oportunidad de sus primeros roles importantes, Germont en La traviata; y Paolo Albiani, en Simon Boccanegra. En enero de 1942 fue Ashton en Lucia di Lammermoor (con Toti Dal Monte y Beniamino Gigli); Chelkalov, en Boris Godunov; Amachio, en Cecilia; y Haly, en L’italiana in Algeri.

    Además de cantar en Roma, en julio de 1937 se presentó en el Campo Luigi Ferrari de Génova, de nuevo en el rol del heraldo en Lohengrin, con Iris Adami-Corradetti y el tenor Ettore Parmeggiani. En agosto de 1938 cantó para el Carro di Tespi, Germont, en La traviata, en Piacenza, Ravenna y Pesaro. En febrero de 1940 fue llamado al Teatro San Carlo de Nápoles para cantar el rol de Simonson en Resurrezione de Franco Alfano, con Augusta Oltrabella y Antonio Melandri; y Marcello, en La bohème, con Adriana Perris, Giuseppe Traverso y Giulio Neri.

    En abril de 1941, junto al elenco de la Ópera de Roma, cantó en la Opernhaus de Berlín, en L’italiana in Algeri, con la célebre Gianna Pederzini y el tenor Nino Ederle; y en mayo del mismo año repitió esta ópera en el Comunale de Florencia (Maggio Musicale Fiorentino), con el mismo reparto.

    En noviembre de 1941 Taddei grabó su primera ópera completa para La Voce del Padrone en Milán, Andrea Chénier. Hizo los roles de Pietro Fléville y Fouquier-Tinville, con un reparto estelar encabezado por Maria Caniglia, Beniamino Gigli y Gino Bechi.

    Giuseppe Taddei (Scarpia)_El 21 de marzo de 1942 se presentó por primera vez en el Teatro La Fenice de Venecia, en el rol de Grillo de la ópera Stendardo di San Giorgio del compositor Mario Peragallo, junto a Serafina Di Leo, el tenor español Giovanni Voyer, el barítono Piero Biasini y el bajo Luciano Neroni. También cantó, 16 de agosto de 1942, en el Teatro Nuovo de Spoletto, L’amico Fritz de Mascagni, con Rina y Beniamino Gigli.

    Poco después fue llamado a prestar servicios en el ejército italiano. Al término de la guerra y después de ser liberado del campo de prisioneros alemán donde había sido internado, comenzó a destacarse internacionalmente. Un concierto en Viena le ganó un contrato para la Opera Estatal de dicha ciudad, donde debutó cantando el 23 de diciembre de 1946 Amonasro en Aida, con Ljuba Welitsch, Elisabeth Höngen y Mirto Picchi.

    Su primer contrato en Viena le permitió cantar además, entre 1946 y 1949, Escamillo, Rigoletto y Figaro (tanto en Il barbiere di Siviglia como en Le nozze di Figaro). En 1947 debutó en Londres, en el Cambridge Theatre, como Scarpia en Tosca; y Rigoletto. El 11 de agosto de 1948 debutó en el Festival de Salzburgo como Fígaro en Le nozze di Figaro, con un reparto que incluyó al barítono Walter Höfermayer (Conde) y las sopranos Elisabeth Schwarzkopf, Irmgard Seefried y Sena Jurinac.

    Enl 24 de julio de 1947 se reintegró al elenco del Teatro de la Opera de Roma, cantando Amonasro en Aida con Elisabetta Barbato y Mario del Monaco. Permanecerá en el elenco estable hasta la temporada 1960, en  la que cantó Il barbiere di Siviglia, con Anna Moffo, Luigi Alva y Nicola Rossi-Lemeni. Pero regresará, como veremos, muchas veces más como invitado.

    [Taddei (Dulcamara): Udite, udite, o rustici... Benefattor... Così è chiaro..., recitativo, aria y cabaletta, L' elisir d' amore (Acto I), Donizetti]

    En septiembre de 1948, debutó en la Scala de Milán, como Gérard en Andrea Chénier junto a Renata Tebaldi y Mirto Picchi. En la Scala se le escuchó de 1948 a 1951, y  de 1955 a 1961 en roles tan diversos como Scarpia, Don Pizarro (Fidelio), Ashton, Papageno (La flauta mágica, con Elisabeth Schwarzkopf, Graziela Sciutti, Erika Köth, Nicolai Gedda y Nicola Zaccaria, dirigidos por Von Karajan), Malatesta y los tres villanos en Los cuentos de Hoffmann.

    Participó tambien en los estrenos de las óperas modernas Regina Uliva, de Nino Sanzogno, donde cantó el rol del ‘Desconocido’ junto a la argentina Delia Rigal y el tenor Francesco Albanese (17 marzo 1949); el Oso Rey, en Orso Re de Luigi Ferrari Trecati, con Lina Aimaró y Giuseppe Savio (8 febrero 1950); y Il Nazareno de Lorenzo Perosi, con Luigi Infantino (15 junio 1950).

    Un total de 18 roles diferentes en Milán. No podemos dejar de citar entre ellos, su Gérard en Andrea Chénier con Maria Callas y Mario del Monaco (3 febrero 1955), que hoy a 55 años sigue maravillándonos (es fácil de obtener en formato CD). Mucho se ha especulado sobre por qué no volvió a ser contratado en el teatro milanés, cuando aún mantuvo una carrera internacional muy activa durante por lo menos veinte años más. Se supone que algo tuvo que ver con su carácter bromista y con su afición a la buena mesa (en especial, la pasta), lo que a los 40 años lo había convertido en un hombre, no muy alto, y con una panza apta sólo para el buen Sir John Falstaff. La Scala parece haber preferido barítonos con un mejor physique du role como Tito Gobbi, Giangiacomo Guelfi o Ettore Bastianini.

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    Grace Moore, Georges Thill y André Pernet, en ‘Louise’

    Martes, Junio 1st, 2010

    Grace Moore

    Nos invitaba José Carmelo hace unos días a escuchar a dos cantantes que aún no teníamos en casa:  la soprano estadounidense Grace Moore y el bajo-barítono francés André Pernet.

    Gracias, José Carmelo.

  • Grace Moore: Depuis le jour, aria de Louise del Tercer Acto de  Louise, Gustave Charpentier. 1937
  • Depuis le jour
    où je me suis donnée,
    toute fleurie semble ma destinée.
    Je crois rêver sous
    un ciel de féerie,
    l’âme encore grisée
    de ton premier baiser!

  • Con Georges Thill, en el film ‘Louise‘. 1938 (dicen en el Olimpo); 1939, según otras fuentes
  • nota

  • Con André Pernet, en la misma película
  • nota

  • Más audiciones de Moore
  • La soprano chilena Sofía del Campo

    Viernes, Mayo 28th, 2010

    Sofía del Campo

    Sofía del Campo

    [El secreto (zamacueca chilena), Javier Rengifo. Con Rosita Serrano. 1942]

    El artículo prometido por nuestro amigo Juan sobre la soprano chilena Sofía del Campo. En exclusiva para óperasiempre.es

    Gracias mil, Juan.

    * *

    Sofía del Campo (1884-1964)

  • Por Juan Dzazópulos Elgueta
  • Mayo 2010

    Sofía del Campo de la Fuente nació en Santiago (Chile) el 16 de octubre de 1884, en el seno de una de las familias más distinguidas de la sociedad de la época. Fue su padre don Moisés del Campo y Hermida, quien a la vez era hijo de doña Ramona de Hermida, Marquesa de Peña Blanca, y descendiente de Guzmán el Bueno.

    Su madre fue doña Sofía de la Fuente y Bravo, de quien se dice fue una de las bellezas de su tiempo, pianista de gran virtuosismo y poseedora de una hermosa voz de coloratura. El abuelo materno de Sofía del Campo fue fabricante de instrumentos musicales; de su labor artesanal proceden algunos de los mejores órganos de tubos que se conservan en Chile.

    Desde muy niña, Sofía mostró inclinación y condiciones para el canto. Su propia madre le enseñó los rudimentos de ese arte y a los nueve años de edad se presentó por primera vez en público, cantando ‘Tantum Ergo’ en la Iglesia de Nuestra Señora de la Estampa, acompañada al órgano por su madre.

    A los diez, comenzó a tomar lecciones de piano con Federico Lange, hasta que entró al Conservatorio Nacional de Música, a los 14 años. De inmediato se mostró como una destacada alumna de canto, lo que le valió ser tomada como alumna, en forma especial, por la esposa del Director del Conservatorio, Ana Hartam. Cuando Mme. Hartam dejó Chile para asumir la dirección del Conservatorio en Leipzig, Sofía continuó sus estudios de canto con Ana Luisa Cuevas.

    Del Campo

    [Je veux vivre, Roméo et Juliette, Gounod. 1928]

    Después de algunas audiciones privadas, Sofía del Campo se presentó por primera vez en un concierto, en el Salón de la Sociedad Filarmónica de Valparaíso, el 30 de julio de 1899. La sorpresa que recibió el público de Valparaíso se refleja en algunas informaciones de la época:

    “En primera línea —decía el diario La Unión— debemos hacer un elogio, bien merecido por cierto, de la señorita Sofía del Campo, niña de 14 ó 15 años de edad. Es una soprano tal que nos atrevemos decir sin temor a contradicción, pocas veces se habría oído en Valparaíso otra igual. Con voz poderosa, genuina, tanto en el registro alto como en el bajo, canta con gran sentimiento. En el ‘Vals’ de Romeo y Julieta de Gounod y en las ‘Variaciones’ de Proch, tuvo la distinguida soprano ancho campo para lucir sus sobresalientes dotes. En esta última pieza cantó primorosamente; su voz argentina llenó la sala con las vibrantes notas de su privilegiada garganta. La concurrencia entusiasmada le prodigó prolongados aplausos, y ella tuvo que acceder a sus aclamaciones, cantando ‘La Zíngara’ de Schumann”.

    El Mercurio:

    “Nunca nos imaginamos encontrarnos con tan magnífica voz de soprano ligera, ni mucho menos con una ejecutante de primer orden, como es la señorita Sofía del Campo. Su voz es poderosa, fresca, bien timbrada y recorre el diapasón sin decaer en amplitud, desde las notas más agudas hasta las más bajas, que ella emite con especial vigor y sonoridad. Cuando uno no mira y oye aquella voz cantar con tanta entereza y fuerza de expresión, se imagina que está en presencia de una artista experimentada. Y, sin embargo, la señorita Del Campo es una niña de 15 años”.

    Del Campo

    [La tranquera, canción chilena, Osmán Pérez Freire. 1928]

    Sofía del Campo

    Como resultado de esta presentación, el propio Presidente de la República obtuvo para ella una beca que le permitiría ir a Europa para perfeccionar sus estudios de canto. Esta inesperada oferta provocó uno de los reveses más grandes de toda su carrera. Toda su familia se escandalizó ante la sola idea de que Sofía pudiera convertirse en artista. Rehusaron de plano la oferta del gobierno y enviaron a Sofía a Valparaíso, lejos de las nefastas influencias de la capital. Ello no fue impedimento para que la cantante se presentara en algunos conciertos de caridad en la región, siempre con mayor éxito y mayores recriminaciones de su familia.

    El 30 de agosto de 1903 se casó con Alberto Byers Salm, de cuyo matrimonio nacieron cuatro hijos: Virginia, Alberto, Enrique y Johnnie. Sin embargo, después de tan solo cinco años de matrimonio, Sofía quedó viuda al morir su marido de tifus.

    Rosita Serrano

    Rosita Serrano.

    En 1911 se casó con Héctor Aldunate Cordovés, con quien tuvo dos hijos: María Esther (1912-1987) y Luis (1913-1994). Digamos ya que María Esher Aldunate del Campo iría a convertirse con el tiempo en la popular Rosita Serrano, destacada cantante de music hall, cine y variedades en el Berlín de los años treinta, pero ésa es otra historia.

    Por esos años Sofía del Campo conoce al maestro italiano Mario La Mura, radicado en Valparaíso. Con él reanuda sus lecciones de canto y comienza a formar su repertorio operístico. En septiembre de 1914 se presenta en conciertos de beneficencia y el 22 de diciembre de 1914 se produce su debut operístico en el Teatro Victoria de Valparaíso, dirigida por el propio La Mura, en la ópera Lucia di Lammermoor. El resto del reparto estuvo formado por alumnos de La Mura, ninguno de los cuales tuvo nombradía internacional.

    Las funciones de Lucia se repitieron en el Teatro Municipal de Santiago (enero 1915), al igual que las de Rigoletto, en mayo del mismo año. Todo el resto de 1915 estuvo dedicado a conciertos en distintos teatros de Santiago y Valparaíso, siempre de beneficencia. Hay un lapso de dos años en los que se pierden las huellas de Sofía del Campo, posiblemente dedicada al cuidado de sus pequeños hijos.

    En mayo y agosto de 1918 vuelve a aparecer su nombre en conciertos en las ciudades de Concepción, Talcahuano, Santiago y Valparaíso.

    Del Campo

    [Où va la jeune hindoue?, Lakmé, Delibes. 1929]

    Durante el mes de septiembre de 1918 se presentó en el Teatro Victoria de Valparaíso la Compañía de Ópera de Adolfo Bracale, que traía como gran figura a la “diva” catalana María Barrientos. Barrientos cantó ocho funciones de las óperas Lucia di Lammermoor, Il barbiere di Siviglia, Rigoletto, La Traviata, La Sonambula y Gli Ugonotti (esta última el 27 de septiembre). Ante el enorme éxito, el empresario le pidió que cantara algunas funciones más. La Barrientos se negó rotundamente y prefirió regresar a España.

    Desesperado, Bracale toma una decisión arriesgada y contrata a Sofía del Campo para que se presente en el Teatro Victoria y cante las funciones programadas para la Barrientos.

    El debut de Sofía fue el 29 de septiembre con Rigoletto junto a la mezzosoprano Flora Perini, el tenor José Palet, el barítono Augusto Ordóñez y el bajo Virgilio Lazzari. El 1 de octubre cantó Lucia di Lammermoor junto a José Palet, el barítono Mario Valle y el bajo Lazzari. Obtuvo tal éxito que debió repetirse la ópera, con el mismo elenco, el día 3 de octubre. El 5 de octubre volvió a cantar Rigoletto con el mismo reparto anterior, pero además agregó a la función el primer acto de La Traviata junto al tenor Ludovico Olivero.

    La última función de Sofía del Campo fue el 6 de octubre, ocasión en que cantó el rol de Margarita en Gli Ugonotti junto a la soprano Louise Taylor Darclée (Valentina), Flora Perini (Urbano), José Palet (Raul), Mario Valle (Nevers) , Virgilio Lazzari (Marcello) y Giuseppe La Puma (Saint Bris). El programa anunciaba que “antes del cuarto acto, Sofía del Campo cantará el Rondó de Lucia di Lammermoor y las ‘Variaciones’ de Proch’”. Todas las funciones fueron dirigidas por el maestro Amadeo Ferrer.

    El éxito obtenido en estas funciones impulsa al director Alfredo Padovani a contratarla al año siguiente, para el Teatro Municipal de Santiago, en funciones de Lucia, junto al tenor Pedro Navia y el barítono Emanuele Martínez —ambos chilenos— (13 y 21 septiembre, 1 octubre); Rigoletto, con Pedro Navia, Elena Lucci, Mariano Stabile, Mario Pinheiro (17 septiembre, 5 y 12 octubre); y Amleto (Hamlet), junto al barítono Taurino Parvis, el bajo Giuseppe Quinzi-Tapergi y la mezzo Elena Lucci (una sola función el día 28 de octubre, “en honor de Sofía del Campo”, según se lee en los avisos de la época). Las funciones de Lucia y Rigoletto se repitieron con igual éxito en Valparaíso y Concepción durante el mes de noviembre de 1919.

    En 1920 realiza una extensa gira de conciertos por diversas ciudades sudamericanas, incluyendo Buenos Aires, Montevideo y Lima. A fines de ese año está de vuelta en Chile, cantando Rigoletto y Lucia durante los meses de noviembre y diciembre, en la Compañía Lírica Nacional del Maestro Pablo Vos, en el Teatro Santiago de la capital y el Teatro Victoria de Valparaíso.

    Repite sus recitales en 1921 y 1922, por diversas ciudades de Chile y Argentina. Hay noticias luego de diez exitosos conciertos en el Teatro Odeón de Buenos Aires, en 1924, y un Rigoletto, en el Teatro Victoria de Valparaíso, con Roberto D’Alessio, Carlo Morelli y Gaudio Mansueto, el 29 de octubre.

    Sofía del Campo. Fotografía de G. I. Manuel Freres. 47, Rue Dumont d'Urville. París.

    Sofía del Campo. Fotografía de G. I. Manuel Freres. 47, Rue Dumont d'Urville. París.

    Hay noticias posteriores de una presentación en Roma con la Filarmonica Reale, y otra ante los embajadores de la Liga de las Naciones, en Ginebra. Esta última tuvo lugar el 18 de septiembre de 1925 (coincidiendo con el aniversario patrio de Chile) y, además de Sofía del Campo, se presentaron el pianista Claudio Arrau y el violinista Ernesto Valdivia Palma. En noviembre de 1926 da un aplaudido concierto en la Salle Gaveau de París.

    En 1927 se presenta en un concierto en el Teatro Forero (hoy Municipal) de Lima, acompañada al piano por el maestro Federico Gerdes. El segundo concierto que había programado no pudo llevarse a cabo por haber tenido que ser operada, de urgencia, de apendicitis.

    Sofía del Campo_

    Durante 1927 reside en New York. Realiza sus primeras grabaciones para el sello Victor en abril de ese año y se presenta por radio, el 9 de noviembre, por la WEAF NETWORK como solista de los conciertos AEOLIAN. El programa consistió en: 1. Delicia (Beethoven); 2. Mireille: Gran Vals (Gounod); 3. Serenade (Gounod); 4. Clavelitos (Valverde). A continuación, fue contratada para cantar solos durante una semana, a partir del 11 de noviembre, en el Strand Theatre.

    También en noviembre debuta con un recital en el célebre Carnegie Hall y el 18 de diciembre canta en la Brooklyn Academy of Music, en un concierto a beneficio del Hogar para Huérfanos judíos “Pride of Judea Orphans Home”. En este concierto también participa el célebre cantor Joseph Rosenblatt, el violinista Ben Levitzky y el pianista Edoaurd Hesselberg.

    En marzo y abril de 1928 tiene varias sesiones de grabación para la Victor, en New York y Camden. El 3 de mayo se embarcó en New York en la nave “Teno”, con los pasajes pagados por el Gobierno de Chile presidido por don Carlos Ibáñez del Campo. En julio realizó una serie de “conciertos populares” tanto en Santiago como en Valparaíso, en los que es acompañada al piano por Charles Magnan, Marqués de Chavigni, y el flautista de la Scala Francesco Mattia, según se lee en los programas. En estos “Ciclos de Divulgación Artística” cantaba, además del repertorio tradicional, numerosos temas de compositores latinoamericanos, varios de los cuales llevó al disco.

    Del Campo

    [La borrachita (canción mexicana), Ignacio Fernández Esperón ("Tata Nacho"). 1927]

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    ‘Cortigiani, vil razza dannata’…, por Ettore Bastianini

    Jueves, Mayo 27th, 2010

  • Ettore Bastianini: Cortigiani, vil razza dannata, Miei signori, perdono, pietate; escenas III y IV del Seguno Acto de Rigoletto, Verdi. 1962
  • (Gracias, Enrique)

    Anneliese Rothenberger (1921-2010)

    Miércoles, Mayo 26th, 2010

    Rothenberger como Constanza Rothenberger como Sofia

  • Por Juan Dzazópulos Elgueta
  • El pasado lunes 24 de mayo de 2010, falleció la soprano alemana Anneliese Rothenberger. Se le había diagnosticado un cáncer intestinal y, después de una breve enfermedad, falleció en el hospital de Münsterlingen (Suiza), cerca de su hogar, junto a la ribera del Lago Constanza.

    En el Diccionario de Kutsch & Riemens consta que nació el 19 de junio de 1924, en Mannheim (Alemania). Sin embargo, según la información del investigador Rudi van den Bulck (y su espléndido sitio web ‘Opera Nostalgia’), la recientemente fallecida soprano alemana Anneliese Rothenberger se quitaba coquetamente algunos añitos y habría nacido en 1921. Es decir, al fallecer tenía 89 años.

    Después de estudiar con Erika Müller, Rothenberger debutó en 1943 en la Opera Estatal de Koblenz. Desde 1946 y hasta 1973 fue miembro de la Opera Estatal de Hamburgo. Cantó también, con frecuencia, en Viena y Salzburgo.

    [Rothenberger: Letzte Rose (The Last Rose of Summer), Martha, Flotow. Con Fritz Wunderlich. 1960]

    Debutó en La Scala de Milán en 1960 como Sofia en El caballero de la rosa, y ese mismo año en el Metropolitan Opera como Zdenka en Arabella, ambas de Richard Strauss.

    Rothenberger como Susana (Bodas de Figaro) Rothenberger como Violeta (Traviata)

    En 1961 debutó en el Teatro Colón de Buenos Aires, cantando el rol de Costanza en El rapto en el serrallo junto a Fritz Wunderlich y Sofía en El caballero de la rosa con Régine Crespin. Regresó a Argentina en 1970, nuevamente con El rapto en el serrallo junto a Horst Laubenthal, aunque ya no en un estado vocal óptimo.

    Anneliese Rothenberger y Mario del Monaco

    Cantó con frecuencia en la televisión alemana y europea en general, y participó en varias películas musicales. En 1972 publicó su biografía con el título de Melodie meines Lebens.

    Rudi en su obituario nos dice que su voz no era grande, una mezcla entre soubrette y soprano lírica, pero de gran musicalidad y enunciación. Fue una cantante encantadora y vivaz.

    [Parigi, o cara. Con José Carreras. Hacia 1978]

    Su show en la televisión, el “Show de Anneliese Rothenberger”, se mantuvo exitosamente por muchos años y tenía miles de seguidores no solamente en Alemania, sino también en Suiza, Bélgica y Holanda. Su popularidad en Alemania y en los Países Bajos fue enorme, y para el público en general, mayor que la de la Callas o la Tebaldi.

    Realizó numerosas grabaciones, entre las que destacan Martha, Las bodas de Fígaro, Hansel y Gretel, El rapto en el serrallo, La flauta mágica, Undine y Arabella, además de operetas como El Murciélago y El vendedor de pájaros.


    Alfredo Kraus (1996): “Yo procuro ser auténtico. Cantar con una verdad”

    Miércoles, Mayo 12th, 2010

  • Entrevista a Alfredo Kraus en el Parador de Nerja (Málaga), con motivo de su participación en el Festival Cueva de Nerja 1996.
  • Por Domingo Postigo, que…, en fin, se lo vamos a perdonar;-)
  • “Presumo de ser una persona natural; ahora, una cosa es lo que uno ve y lo que uno cree, y otra cosa es lo que pareces. Y muchas veces las apariencias —como tan sobradamente se ha dicho toda la vida— engañan; o sea, que yo no soy nada serio ni nada formal. Me gusta  la seriedad en el trabajo, en las relaciones humanas porque creo que profesionalmente, además,  así debe ser”.

    “El do de pecho lo dan muy pocos cantantes porque es una de las notas más difíciles que hay. Pero, bueno, un cantante tampoco se cataloga porque dé o no dé el do de pecho, sino por una serie de cosas, entre las cuales, además, puede estar el do de pecho incluido”.

    “Yo procuro ser auténtico —si se puede decir—, auténtico: cantar con una verdad. Cantar con un compromiso para intentar construir arte, para hacer una cosa que esté por encima de lo normal, desde mi punto de vista; o sea, desde la profesión que yo ejerzo”.

    * *
    13 de mayo

  • Segunda parte de la entrevista
  • “Yo me siento muy unido, pero muy unido, a toda Andalucía. Y, además, para colmo, me gusta también el flamenco. Y además digo una cosa —que nadie ha dicho nunca pero que es cierta—, que los flamencos son los que cantan con mejor técnica del mundo. Mejor que los cantantes”.

    “Los flamencos no saben por qué, pero lo hacen. Y es muy sencillo. Ellos buscan la defensa de la voz ante el estrés que significa cantar flamenco, y una noche seguida, y otra noche, y otra noche, y venga mandándose copas de vino, o de lo que sea, y fumando y no sé qué… Entonces, se defienden, cómo, a través de la técnica.

    Lo mismo que hace un niño pequeño cuando llora, que llora defendiéndose para no quedarse afónico y colocando los sonidos, precisamente, fuera de la garganta, en lo que nosotros llamamos la máscara —que se dice en Italia—, que son los huecos que hay en los huesos frontales. Y ahí no hay manera de que te haga daño las cuerdas vocales ni hay manera de quedarse ronco. Y la prueba es que un niño pequeño llora, llora, llora, llora, y no se queda nunca ronco”.

    “El profano se imagina al cantante de ópera todo el día en el escenario, cantando, dando dos de pecho y cosas de esas (ríe). Pero el cantante, cuando sale del escenario, pues se convierte en una persona normal y corriente…, y corriente”.

    (Gracias, Victoria)

    Y ahora sí, la Cueva de Nerja;-) Y el perro ladrando al mar… Uf, qué recuerdos… Todos buenos. Casi todos…

    En recuerdo de Tom Kaufman

    Lunes, Abril 26th, 2010

    Tom Kaufman

    Nos envía nuestro amigo Juan una reseña sobre el investigador de ópera Thomas G. Kaufman. No conocí personalmente a Kaufman, pero sí intercambié con él información en numerosas ocasiones. Él me prestó gentilmente su colaboración en la revisión de la cronología de las actuaciones operísticas de la soprano almeriense Fidela Campiña: completó algunos datos, añadió otras, señaló alguna que él no consideraba correcta… También me envío información sobre algunas actuaciones que yo desconocía del tenor vasco Jesús de Gaviria.

    Correspondí a su generosidad como buenamente pude. No era fácil, porque se lo sabía todo. Le envié algún libro que desde España era más fácil conseguir; algunas críticas de prensa sobre  las primeras actuaciones de Luisa Tetrazzini en Barcelona; y alguna que otra crónica o crítica de prensa más que él me solicitó expresamente sobre algunos cantantes líricos del siglo XIX.

    Era un intercambio generoso. Hoy por ti, mañana por mí. Sólo que él siempre tenía infinitamente más que dar. Es lo mismo que me sucede con Juan, quien, ha sido, es, mi maestro en este mundillo de cronologías artísticas sobre cantantes líricos del pasado en el que nunca se termina de aprender. Con el emotivo homenaje de Juan en recuerdo de Tom (así firmaba siempre en sus mails), vaya también el mío.

    Gracias, Juan.

    * *

    23 abril 2010

    Thomas G. Kaufman (1930-2010)

  • Por Juan Dzazópulos
  • Con mucho dolor y mucha nostalgia, les anuncio el fallecimiento de mi amigo el investigador y coleccionista Tom Kaufman el día 22 de abril, en Baltimore, Maryland, a los 80 años de edad (1930-2010).

    Thomas G. Kaufman había nacido en Viena, en 1930, y durante los años de la segunda guerra mundial fue un refugiado en París, para luego emigrar a los Estados Unidos donde tomó la ciudadanía estadounidense.

    Lauri-Volpi (1934)

    Sirvió en el ejército de los Estados Unidos, para luego trabajar, prácticamente durante toda su vida en un importante compañía farmacéutica. Cuando le conocí residía en Boonton, New Jersey, y ya era una autoridad internacional en materia de cronologías artísticas de cantantes líricos. Su gran amor fueron los “tenores” y de ellos prefería aquellos con voces poderosas y squillanti. Sus tenores predilectos fueron Giacomo Lauri-Volpi, John O’Sullivan y Nino Piccaluga. Luego seguía con Mario del Monaco y Franco Corelli.

    Prefería a José Carreras antes que a Plácido Domingo, por quien no sentía especial admiración. De Pavarotti admiraba sus agudos brillantes y seguros. Su compositor predilecto fue Meyerbeer y de Wagner solamente admiraba algunas de las arias popularizadas por tenores.

    Jamás negó su ayuda a quienes le solicitaban datos para algún trabajo musical, especialmente si se trataba de algún tenor. Fue generoso y sabio en sus consejos. Escribió las cronologías de artistas ya míticos como Adelina Patti, Mattia Battistini, Enrico Caruso y Rosa Ponselle, publicadas como apéndices en las biografías de estos cantantes. Trabajos inigualables por su seriedad y por sus detalles fidedignos. Cuando algún libro incluía una cronología y él descubría errores, no vacilaba en proclamarlos en todas las revistas especializadas. Un caso muy particular fue su despiadada crítica hacia el libro “Antonio Paoli, el león de Ponce” de Jesús María López. Obra monumental, pero muy descuidada en los aspectos cronológicos de las funciones en que el tenor portorriqueño participó.

    Tom KaufmanKaufman escribió una obra absolutamente de referencia: “Verdi and his Major Contemporaries” (A selected chronology of performances and casts) (Garland Publishing Co., New York, 1990).
    Su segundo libro fue “Catalogue of Mercadante’s Operas. Chronology of Performances with Casts”, publicado en Italia, en 1996, por el Bollettino dell’Associazione Civica Saverio Mercadante.

    Cuando comencé a escribir mi primera biografía del tenor chileno Renato Zanelli para “The Record Collector” en un ya lejano 1985, fue Tom quien no vaciló en “desmantelar” la parte cronológica de mi trabajo y darme su opinión sobre cómo debía hacerse una verdadera cronología artística. Por supuesto seguí su consejo, y desde entonces todos mis trabajos siguieron lo que podríamos en justicia llamar “modelo Kaufman”. Fue un entusiasta colaborador en mi cronología de Miguel Fleta, y luego en todos los demás trabajos publicados (Margarita Salvi, Carlo Morelli, Carlos Ramírez, Ioannis Apostolou, Costa Milona, Ulysses Lappas) y en otros que esperan su publicación (Pedro Navia, Carlo Merino).

    Viajó a Sudamérica en 1995, invitado por Julio Goyén Aguado para el lanzamiento de su biografía del tenor bilbaíno “Florencio Constantino”. Estando en Buenos Aires, Tom no vaciló en viajar a Santiago de Chile, para conocerme y hacer algunas investigaciones en la Biblioteca Nacional. Así después de diez años de correspondencia (cartas y algunos fax, pues los emails aún eran un sueño), pudimos abrazarnos y disfrutar juntos de algunas exquisitas “parrilladas”.

    Después de jubilar, junto a la compañera de su vida Marion, se trasladaron a Baltimore, donde residió los últimos diez años. Una cruel enfermedad fue minando su organismo, pero su mente siempre ágil estaba dispuesta a seguir discutiendo sobre los méritos de este o aquel cantante.

    Su generosidad, caballerosidad y buen humor, son su herencia para quienes aún continuamos en este mundo. No te olvidaré Tom.

    Clase magistral de la Gruberova en su despedida de Madrid

    Viernes, Abril 16th, 2010

    [Gruberova: Pâle et blonde...,  aria de la locura (segunda parte) Hamlet, Thomas. Teatro Real, 21 de marzo de 2010]

    Una edición más de ‘Viva la ópera’ que no necesita presentación. La única audición que encontré sobre el recital de Gruberova del pasado 21 de marzo va sobre estas líneas.

    Esperamos que alguien más se anime a participar y nos cuente por escrito qué escuchó, vivió, sintió… en determinada interpretación operística o recital lírico de un cantante. Vale también contarlo de viva voz, por qué no. ¿Alguien se atreve?

    Insistimos: no es imprescindible que los recuerdos sean de ayer mismo.  Si lo atesoran en su memoria, seguro que es bueno. Sugerencias, textos…, ya saben, a operasiempre[arroba]gmail.com

    El autor de la crónica, o critica, como prefieran, que hoy llevamos a portada es Paco Roa: gracias mil.

    Edita Gruberova

    La Gruberova dicta una clase magistral de canto y ‘artisteo’ en su despedida de Madrid

  • Por Paco Roa, para Ópera, siempre
  • Me preguntaba nuestra amable anfitriona si quería dejar en el foro una reseña del concierto lírico que la Gruberova ofreció en el Teatro Real de Madrid, el pasado día 21 de Marzo del corriente.

    Supuestamente me quede algún lector, cosa que a estas alturas de tan pertinaz presencia mía (al igual que aquella famosa sequía del franquismo que bien recordamos los mayores de estos pagos) en este tan grata tertulia operística dudo razonablemente, conocerá de sobra que soy un tanto renuente a pronunciarme, ni para bien ni para mal, sobre las sopranos, toda vez que, primero, no son de mi negociado, y, segundo, cada una de ellas dispone para su uso discrecional de prietas legiones de seguidores incondicionales y rendidos admiradores —a los que, mucho ojo, se oponen en parecido número los abigarrados detractores— que ya se ocupan y preocupan por mantenerlas en el candelero, ora para endiosarlas, los primeros; ora para enfangarlas, los segundos.

    Mientras que mis queridas mezzos y contraltos, pobrecitas, como no tener no tienen siquiera un perrito que les ladre (bueno, a excepción de una, la Larmore, cuyo miniaturizado can es un primor). Y que conste que no tengo absolutamente nada en contra de quienes son consideradas las reinas indiscutibles de la ópera, más bien estoy claramente a su favor (recordarán que, de hecho, no tuve el más mínimo problema en echar mi cuarto a espadas para salir en defensa de la Milanov y de la Gencer cuando entendí que se las había minusvalorado injustamente), pero, ¡caramba!, hay que equilibrar un poco la balanza, digo yo.

    Edita GruberovaBien, pues si hay una soprano en activo que, aun siendo ya ¡sesentona!, cuenta con una verdadera multitud de leales por todo el mundo repartidos e inasequibles al desaliento —desde luego, no parece que dé muestras de cansancio alguno por más que la persigan (¿atosigan?) de plaza en plaza— esa es sin el menor riesgo a equivocarnos Edita Gruberova (al concierto de referencia no faltaron, fíjense bien, ni los inevitables japoneses de cuota).

    Por esta razón me resulta un tanto chocante que ninguno de los tertulianos, ya sean eventuales o fijos, que tiene “ópera, siempre” haya pedido la palabra para contarnos lo mucho y bueno que dio de sí la eslovaca en su esperada reaparición en el coliseo madrileño. En fin, en el primer hueco que tengo tras el alta hospitalaria de mi madre, venzo mi natural reticencia sopranil —además la ocasión ya verán que lo merece— accediendo muy gustosamente a la invitación que me hacía la gestora del foro, y en lo que sigue les dejo una modesta crítica del evento en cuestión.

    Dentro del ciclo de “Grandes Voces” de la actual temporada lírica 2009-2010 del Teatro Real de Madrid, se inscribe este cuarto concierto de los anunciados que protagonizó la veterana soprano, una de las cantantes sin duda alguna más respetadas y sobresalientes de su generación, Edita Gruberova.

    En atril estuvieron presentes fragmentos de celebradas partituras de Rossini, Bellini, Verdi y Massenet, seleccionados éstos para los momentos meramente orquestales, alternándose, ya en la parte vocal, con otros pertenecientes a obras no menos aplaudidas de Donizetti, Bellini, Verdi y Thomas.Edita Gruberova

    Sin sorpresas, pues, en la elección de este bien ensamblado programa musical de sobra conocido por los aficionados y perfectamente acomodado al saludable estado vocal por el que atraviesa la grandísima intérprete de Bratislava. Si bien, como reza el dicho popular, más vale maña que fuerza, en ocasiones es preciso disponer y hacer uso tanto de la primera como de la segunda para conseguir llevar a buen puerto determinadas empresas que requieren de ambas cualidades.

    En esa convicción dirigió la orquesta titular del Real el joven maestro alemán Michael Güttler, de una parte, con la suficiente habilidad, esmero, cuidado y como, en apariencia, dejando hacer para conducir a los profesores donde él quería sin que se notase, y así pudimos disfrutar de una matizadísima ‘Meditación’ de Thaïs —con total seguridad lo más logrado de la velada lírica instrumentalmente hablando—, colmada de sosiego y delicadeza (aquí es de justicia hacer mención expresa del primer violín de la formación, Rafael Khismatulin), pero también, de otra, sabiendo imponer su autoridad con mano firme y hasta con la adecuada dosis de contundencia, para firmar, entre lo más destacable de las piezas sinfónicas, unas rotundas oberturas de Guillaume Tell, con la que se abrió el concierto, y de La forza del destino, ya en el comienzo de la segunda parte.

    Aprobaron con nota a mi juicio, pues, director y profesores, que además, lo cual no es poco, dejaron cantar, cosa que no se pudo decir del director que nos tocó en “suerte” en la precedente Andrea Chénier, Víctor Pablo Pérez.

    Edita GruberovaYo creo que a estas alturas de su carrera resultaría totalmente ocioso por mi parte, hasta incluso ridículo, pretender descubrirles a quien durante más de 40 años de ininterrumpida carrera —sin haber cosechado ni una sola mala crítica y habiéndose venido abajo todos y cada uno de los teatros por ella visitados— está considerada con toda la razón en virtud de los méritos contraídos como un prodigioso fenómeno vocal de irreprochable línea de canto, musicalidad innata, y capaz de articular sin necesidad de desmelenarse cualquiera de las intricadas agilidades del más arduo pentagrama que se le proponga a modo de desafío.

    Soslayamos, pues, las presentaciones, y antes que nada sí convenga quizá indicarles brevemente cuál es la situación tanto vocal como interpretativa que después de tantos lustros cantando sin desmayo tiene en nuestros días la Gruberova.

    Seguro que también muchos de Vds. conocen la evolución que ha tenido su instrumento vocal, pero como estoy de acuerdo con mi buen amigo el cátedro de Ética D. José Luis, últimamente compañero de fatigas operísticas de un servidor, cuando dice que “en los tiempos que corren no se puede dar (casi) nada por sabido”, lo dejo apuntado a vuelapluma.

    Edita Gruberova

    No obstante haber llamado la atención esta genial intérprete desde sus inicios profesionales porque, aun pudiendo ser clasificada correctamente como una soprano coloratura, su instrumento resultaba mucho más grande, voluminoso, amplio y, al cabo, de superior vigor “tímbrico” que el de sus colegas de agilidad —pongamos, qué sé yo, una Sills o una Serra, de voces, además, punto monocromáticas—, nunca se apartó en esos primeros años de carrera de los papeles que conforman el repertorio al uso de las cantantes “jilguero”, dejándonos así indelebles creaciones, impecablemente cantadas y no por ello peor escenificadas, de las Lucia, Reina de la Noche (¡11 temporadas teniéndola en repertorio, hasta cumplidos los cuarenta años de edad!), Zerbinetta, Olympia, Norina, Oscar (no confundir con el tertuliano D. Óscar, al que aprovecho para saludarle afectuosamente), Lakmé, Amina, Konstanze…

    Pero no bien entrada la década de los noventa del pasado siglo, la voz en evolución de Edita Gruberova comienza a experimentar un mayor ensanche y expansión, se sombrea paulatinamente su zona aguda, va ganando en facilidad para el canto spianato y consigue una correcta emisión de las notas de centro, por lo que deviene apta ya para transitar hacia personajes no exentos de ornamentación vocal bien que de un mayor fuste dramático.

    De este modo, acomete con total garantía sus primeras reinas Tudor, Dña. Ana, la Condesa, Violetta (ya probada en su juventud), Elvira, Julieta, Semíramis, y más recientemente Norma o Lucrezia Borgia (2009), mientras que, por otra parte, rechaza sistemáticamente cuantas proposiciones se le hacían para avanzar hacia terrenos de superior peso vocal aún al de estos últimos papeles incorporados.

    Edita GruberovaCon lo dicho, pues, a lo que cabe añadir una gradual reducción selectiva de sus actuaciones operísticas en los últimos años —no oculta una total discrepancia con no pocos escenógrafos— para centrarse mucho más en los recitales, tenemos bien definido, creo, su momento actual como intérprete que ha logrado lo que no todos pueden decir, la total plenitud de la que hoy disfruta: canta y actúa mejor que nunca todo cuanto quiere (y debe), como quiere, cuando quiere, y donde quiere.

    Una más que probada inteligencia a la hora planificar la carrera, a lo que hay que sumar una dosificación adecuada, además de, claro está, estudio y trabajo sin descanso, y, en última instancia, interpretando en cada momento únicamente lo que más le convenía han obrado el “prodigio” de preservar su voz (casi) intacta, sin apenas desgaste perceptible, en su año ¡cuarenta y dos! de profesión. “¡A ver si aprenden otras!”.  Repetía una y otra vez no bien concluía cada interpretación la Gruberova el caballero que teníamos justo a nuestras espaldas, en la fila anterior del patio de butacas.

    Y es que hay que reconocer que muy pocas sopranos (ciertas de no poca nombradía que se consideran coloratura no saben ni trinar, y no me tiren de la lengua), si acaso alguna, han conseguido lo que ella a su ya avanzada edad, la casi absoluta ausencia de vibrato, no digamos ya siquiera el más mínimo asomo de trémolo alguno, unos agudos y sobreagudos que aún son verdaderos chupinazos, una cosa ciertamente astral, conservar (casi) la misma amplitud dinámica que tenía de joven, y, en fin, una voz, antes que fenecida como la de sus colegas de “quinta”, increíblemente lozana; y todos estos recursos puestos a la disposición de un programa que hubiera arredrado a la más intrépida de las veinteañeras. Edita Gruberova

    Tras una estimulante obertura de Guillaume Tell, salió a escena, acogida con gran cariño y una interminable ovación de las que sólo se reservan para las muy grandes ocasiones, una bien elegante Edita Gruberova preparada para sentar cátedra con sus muchas tablas y su insuperable oficio canoro. De los cuales ya nos dio sobrada muestra en las mismas páginas iniciales ‘Tranquillo ei posa… Com’ è bello! Quale incanto’ y ‘Respiro io qui… Ma la sola, ohimè!, son io… Ah! la pena in lor piombò’, de Lucrezia Borgia y Beatrice di Tenda, respectivamente, sabiéndoles imprimir el carácter propio de dichas páginas y haciendo gala de un firme registro central, de una buena disposición dramática, y también, lógicamente, de su confesado talón de Aquiles, nadie es perfecto: los graves.

    [Sempre libera]

    Pero lo mejor estaba aún por llegar de la mano de Verdi, antes de irnos al descanso y justo después de la ‘Música de ballet’ de Macbeth, más Verdi ahora con el aria del primer acto de La Traviata, ‘È strano… Ah, fors’è lui… Sempre libera’, que he de confesarles todavía resuena en mis oídos. Aquí, amigos míos, la Gruberova echó el resto: plena intensidad interpretativa e inteligente control de sus fabulosos medios vocales, es verdad que con alguna puntual nota alta mal negociada, para dejarnos en el recuerdo la imborrable delectación de una sublime Violetta nunca antes así cantada.

    Ya en el descanso, no se hablaba de otra cosa más que de lo que recién se había escuchado y que aún nadie daba crédito, y es que, verdaderamente, parece no tener explicación humana lo que hace esta señora con su instrumento.

    En fin, cambió de vestuario nuestra soprano para afrontar la segunda mitad del concierto, ahora vestido de raso largo de color negro, y vino lo que me resultó menos satisfactorio, acaso fruto del necesitado relajo tras la tensión generada en la endiablada aria de la frívola cortesana, una un punto acomodaticia Belliniana ‘O rendetemi la speme…Qui la voce sua soave…Vien, diletto, è in ciel la luna’, cantada con distancia, como únicamente para coger fuerzas, sacar el arresto necesario y poder hacer justicia a ese verdadero “tour de force” interminable que es la escena de la locura ‘A vos jeux, mes amis’ de la Ofelia “hamletiana”.

    [Vien, diletto, è in ciel la luna, Puritani, Bellini. 1985.]

    Edita GruberovaY visto lo visto, cómo desentrañó tanto con el gesto como con la voz el alma de este atormentado personaje, frágil de cuerpo y de mente, que es Ofelia, todos nos pusimos en pie para premiar con vítores esta generosa muestra del talento y el arte de la Gruberova. Con las dos propinas fuera de programa concedidas –Linda de Chamonix y El Murciélago, que sirvió para sacar el lado más cómico de la genial intérprete— se cerró, tras quince minutos de aplausos, el triunfal concierto.

    Una sensación agridulce nos quedó al final a todos: por un lado, felicidad completa por haber podido gozar hasta lo indecible de una jornada musical que cabe ya calificar de histórica, y, por otro, la pena de que, casi con toda seguridad, no se volverá a repetir en Madrid. Su edad y, el que supone un obstáculo mucho mayor, Gérad Mortier nos lo impedirán.

    Muchas gracias de antemano a la gentil anfitriona por la publicación de esta crónica, saludos cordiales y hasta una próxima ocasión.

    Rayén Quitral, La flor de fuego

    Martes, Abril 6th, 2010

    Rayén Quitral

    Hoy traemos a portada algo muy especial. Especial, porque no es fácil encontrar información rigurosa, documentada, sobre la soprano chilena Rayén Quitral. Especial también, porque tampoco es fácil encontrar las grabaciones que de Rayén podrán escuchar. Una exclusiva con todas las de la ley en óperasiempre.es;-)

    ¿Dónde hubiera llegado Rayén con una más sólida formación, con un sólido apoyo afectivo en su vida personal?  Nunca lo sabremos. De lo que no hay duda, es que poseía una voz excepcional.

    Gracias mil, Juan.

    * *

    Rayén Quitral (1916-1979)

    El Copihue Rojo (1953)

    “Soy una chispa de fuego” (de El Copihue Rojo)

  • Por Juan Dzazópulos Elgueta
  • Abril, 2010

    “La soprano chilena Rayén Quitral, que paseara su voz privilegiada por los escenarios del mundo durante los años 30 y 40 del siglo veinte, siempre tuvo a honra reconocer que su apellido era de origen indígena (mapuche) y su nombre artístico significa “flor de fuego” en esa lengua. Sin embargo, los Quitral no tendrían más sangre araucana en sus venas, que cualquier otro campesino típico del sur de Chile.

    María Georgina Quitral Espinoza nació en la pequeña localidad costera de Iloca (provincia de Curicó), el 7 de noviembre de 1916, hija de un peón agrícola, Fidel Quitral Correa; y de una campesina, Fidelisa (Fidela) Espinoza Letelier (algunas versiones dicen que el nombre de la madre sería Elena). Su padre falleció siendo Rayén aún muy niña. Su madre trabajaba de empleada doméstica en una casa particular de Iloca.

    Hasta los cinco años de edad vivió Rayén en Iloca con unas tías, hermanas de su madre. Después la llevaron a San Javier, donde comenzó a asistir a una escuela primaria, y de San Javier se trasladaron a Curicó, donde completó su instrucción, pues allí vivió de los siete a los quince años. Por entonces cantaba en fiestas familiares y en la iglesia. También realizó algunos estudios de piano.

    A los quince años de edad, Rayén fue madre soltera. Una bondadosa señora alemana se hizo cargo del niño y costeó su educación.

    Alrededor de 1932, el dentista santiaguino Alfredo Avaria le escuchó cantar y, entusiasmado, logró que la señora Quitral y su hija se fueran a trabajar a su casa en Santiago.

    El dentista hizo que su paciente, el empresario teatral chileno Ignacio Benítez Gallardo, la escuchara en su consultorio (Rayén cantó, escondida tras una puerta, el tango de Luis Martínez Serrano, ‘Donde estás corazón’) y Benítez, entusiasmado con esa prodigiosa voz, la llevó a la casa de la prestigiosa maestra de canto doña Emma Ortiz.

    Esta dama, cuyo nombre real era Emma Wachter Ortiz de Thomassen, de origen bávaro, le dio primero clases en forma particular, y luego le hizo ingresar al Conservatorio Nacional de Música, en 1935, donde Emma Ortiz fue su profesora de canto; María Elena Blum, de piano; y el maestro Pizzi, de teoría y solfeo.

    Rayén Quitral


    Rayén Quitral

    [Ay, ay, ay... (Osmán Pérez Freire), 1953]

    La primera presentación pública de Rayén Quitral fue en el Teatro Club de Señoras, posiblemente en marzo de 1937, en una presentación que ahí realizó Emma Ortiz con sus alumnas más aventajadas. Luego se presentó en el Teatro de Sewell.

    Aún estudiaba cuando se le ofreció un ventajoso contrato para presentarse en conciertos. Como la dirección del Conservatorio pusiera inconvenientes, Rayén optó por retirarse. Su debut no pudo ser en el Teatro Municipal, pues se la consideró muy joven y sin experiencia, pero lo realizó en el Teatro Central, el 31 de mayo de 1937, en uno de los tradicionales conciertos de los días lunes, con un programa de dos horas de duración y las localidades agotadas.

    Repitió este concierto en el Teatro Central y en otros como el Teatro Santa Lucía y el Teatro Oriente, tanto en la capital como en el resto del país, durante tres meses. Entre ellos destacaron sus exitosas presentaciones en el Teatro Municipal de Concepción y en el Casino de Viña del Mar junto al violinista Pedro D’Andurain.

    El 29 de abril de 1938 se presenta en el Teatro Solís de Montevideo en un concierto, acompañada al piano por su maestra, Emmita Ortiz. Es anunciada como “concierto de la soprano araucana Rayén Quitral”. Siguen actuaciones en Radio Baquedano de la capital y un ‘concierto de despedida’ en el Teatro Caupolicán, y en agosto viaja a Argentina.

    Rayén Quitral, El barbero de Sevilla

    Rayén Quitral

    [Una voce poco fa, El barbero de Sevilla, Rossini. 1938]

    En septiembre de 1938 debuta como concertista en Buenos Aires, realizando cuatro conciertos en el Teatro Politeama, y graba en esa misma ciudad sus dos primeros discos (‘Una Voce poco fa’, de Il Barbiere di Siviglia, con ‘L’angui d’inferno’, de Il flauto magico, disco Victor N° 36211 (12”); y las canciones ‘El Copihue Rojo’ y ‘Canción Araucana’, disco Victor N° 38332 (10”). También en el mismo año es contratada por Radio Belgrano (LR3), en la cual permanece durante cuatro años con un mismo auspiciador.

    De regreso en Chile, el 4 de diciembre de 1938 cantó (sin micrófono) en la inauguración del Estadio Nacional de Santiago, siendo acompañada por el tenor mexicano Juan Arvizu. Los dos años siguientes los pasó prácticamente entre Argentina y Chile, y presentaciones en Radio Belgrano. En la temporada de diciembre 1939 y enero 1940 tuvo ocasión de compartir honores con dos grandes de la lírica internacional: el tenor español Hipólito Lázaro y el tenor italiano Tito Schipa.

    En diciembre de 1940 dio conciertos en diversos teatros de Lima y en Radio Nacional de Perú, con motivo de las fiestas del Centenario de Arequipa. En Perú era anunciada como “la voz extra humana”.

    Rayén Quitral Il flauto magico

    Rayén Quitral

    [Der Hölle Rache, aria de la Reina de La Noche, La flauta mágica, Mozart. 1938]

    En su debut en el Teatro Municipal de Lima, cantó el aria de la Reina de la Noche de La flauta mágica, la canción ‘Mapuche’, lieder de Brahms y Schubert, para finalizar con ‘El Copihue Rojo’.

    En su segundo concierto cantó ‘Ardon gl’incensi’ de Lucia di Lammermoor. Entonces vino uno de los grandes terremotos que destruyó gran parte de la ciudad. Rayén permaneció en la ciudad cantando en Radio Nacional y luego dio un concierto de despedida en el Teatro ‘Marsano’ de Miraflores, cantando ‘Ah! fors’è lui’ y ‘Sempre libera’, de La Traviata, con unos agudos que “eran verdaderos cañonazos”.

    De vuelta en su país, Rayén cantó durante los primeros meses de 1941 en Valparaíso, Viña del Mar y Santiago, realizando luego largas giras por el sur del país.

    Rayén QuitralEl maestro Erich Kleiber, que la había escuchado cantar en conciertos, la solicitó para el rol de la Reina de la Noche, en el estreno argentino de La flauta nágica de Mozart. Tanto Kleiber como la ilustre cantante y maestra Edita Fleisher la prepararon para este rol, con el cual debutó en el Teatro Colón de Buenos Aires el 12 de septiembre de 1941.

    En esta obra compartió honores con el tenor Charles Kullmann y el bajo Alexander Kipnis. Se dieron cinco funciones de esta obra. Al año siguiente, el maestro Fritz Busch repuso La flauta mágica en el Colón y nuevamente es llamada Rayén Quitral para el rol de Reina de la Noche, junto al tenor Edward Kein y el bajo Giacomo Vaghi. La primera de las seis funciones tuvo lugar el 18 de agosto de 1942.

    Poco antes, el 16 de julio de 1942, había debutado en el Teatro Municipal de Santiago, en el rol protagónico de Lucia di Lammermoor. Dos funciones de esta ópera y un exitoso concierto el día 31 de julio constituyeron el aporte de Rayén a esa temporada lírica.

    Después de cantar en el Teatro Colón, Rayén Quitral realizó largas giras de conciertos, cantando en las principales ciudades de las provincias argentinas. Regresó a Chile en febrero de 1943 con recitales en Valparaíso y Viña del Mar.

    Rayén Quitral

    [La tierra (Emmita Ortiz—Gabriela Mistral), 1953]

    Aunque duela admitirlo, Chile no quiso o no supo explotar la riqueza de Rayén Quitral en su mejor época. Además de las dos funciones de Lucia ya mencionadas, su contribución a la ópera nacional en treinta años de carrera artística, se redujo a una aislada función de Rigoletto, al término de la temporada, el 16 de octubre de 1943, junto al tenor Bruno Landi y el barítono Daniel Duno.

    Siguieron conciertos en Uruguay, Perú, Brasil, Cuba, Estados Unidos (donde fue ventajosamente contratada por el empresario Sol Hurok) y Canadá.

    Rayén Quitral

    En Nueva York fue acogida en la casa del célebre pianista chileno Claudio Arrau. Éste le ofreció su casa y además se preocupó personalmente de pulir ciertas vulgaridades en su interpretación y musicalidad. Cuando Arrau creyó que su alumna estaba lista para cantar en un escenario, logró sin grandes problemas una audición para el Metropolitan Opera de Nueva York. Antes de dirigirse al teatro, Arrau, una vez más le hizo hincapié en lo que le había enseñado.

    El 21 de noviembre de 1944 tuvo lugar la audición. Rayén cantó el aria de la Reina de la Noche de La flauta mágica y la Escena de la Locura de Lucia di Lammermoor. Los Archivos del Metropolitan Opera registran lo que sigue: “Extraordinary voice, was so nervous that she was unmusical, undisciplined. Needs much work” (”Voz extraordinaria. Estaba tan nerviosa que se mostró antimusical, sin disciplina. Necesita trabajar mucho”).

    Por supuesto, no fue contratada y Arrau, muy molesto con su ‘indisciplinada” alumna, no quiso saber nada más de ella. Tengo en mi poder una funda de un disco 78 rpm Columbia que dice: “The world’s greatest artists on the world’s finest records” (”Los más grandes artistas del mundo en los mejores discos del mundo”). Y luego una lista de grandes de la música como Ezio Pinza, Lily Pons, Torsten Ralf, Paul Robeson, Risë Stevens… y Rayén Quitral.

    Esto me hace creer que, posiblemente, antes de la malograda audición, Arrau consiguió que Rayén Quitral grabara algunos discos para la Columbia americana. Sin embargo, al no obtener el contrato con el Metropolitan, los discos jamás se publicaron y es más que probable que las matrices fuesen destruidas. Así fue como Rayén Quitral perdió la mejor oportunidad de convertirse en una soprano de renombre internacional.

    En algunas entrevistas que he tenido oportunidad de leer, la soprano menciona con absoluto desparpajo haber cantado en el Metropolitan Opera, Carnegie Hall, Opera de París y Scala de Milán. Mis investigaciones demuestran que, lamentablemente, nada de esto fue verdad.

    En 1945 viajó a México y obtuvo uno de los mayores éxitos de su carrera al participar en el ‘estreno’ en Ciudad de México de la ópera El rapto del serrallo, de Mozart. Se dieron dos funciones, los días 14 y 16 de agosto de 1945, en el Teatro de las Bellas Artes. Rayén cantó el rol de Konstanze y a su lado estuvieron el tenor Romulo De Spirito (Belmonte), la soprano Ruby Mercer (Blonde), el bajo Salvatore Baccaloni (Osmin), el tenor Carlos Sagarmínaga (Pedrillo) y el bajo Gilberto Cerda (Selim). Dirigió el maestro Walter Herbert.

    En su libro Cincuenta Años de Opera en México, Carlos Díaz Du-Pond la describe así: “… una chilena con una voz fabulosa de soprano que pudiéramos llamar ‘única’, pues tenía una extensión fenomenal”. Rayén Quitral se radicó por varios años en la capital mexicana, donde cantó en radio auspiciada por la Lotería Nacional.

    Rayén QuitralEn 1949 volvió a Chile para tres conciertos en el Teatro Municipal y presentaciones en Radio Sociedad Nacional de Agricultura. El 19 de septiembre de 1949 dio un concierto en el Teatro 18 de Julio de Montevideo, acompañada al piano por Darío Sorin. Luego vinieron conciertos en Francia y en Italia. El 30 de abril de 1950 se presentó en un concierto en el Teatro della Pergola, en Florencia. La crítica de Il Mattino dell’Italia Centrale dijo que “… el público aplaudió vivamente”, pero agregaba: “… no ha confirmado plenamente todavía la bella fama con que era anunciada al público florentino. La entonación no es siempre segura….”.

    El 6 de enero de 1951 tuvo lugar su ya legendario debut en el Royal Opera House Covent Garden de Londres, con la ópera La flauta mágica. Se dieron cinco funciones, los días 6, 17 y 26 de enero; y 7 y 19 de febrero, y la obra fue cantada en inglés.

    El reparto fue el siguiente: Peter Pears (Tamino); Uta Graf (Pamina); Rayén Quitral (Reina de la Noche); Jess Walters (Papageno); Iris Kells (Papagena); Marian Nowakowski/Norman Walker (Sarastro), Parry Jones (Monostatos). Erich Kleiber (director de orquesta).

    Rayén cantó la primera función en inglés, pero después la empresa la autorizó para cantar su rol de la Reina de la Noche, en idioma alemán. Aunque estas funciones tuvieron gran éxito de público (Rayén Quitral declaraba en una entrevista que los mismos reyes de Inglaterra aplaudieron de pie su interpretación…; queremos creer que la historia es verdad), la crítica fue algo reservada. Así el Daily Telegraph del 8 de enero de 1951 comentaba que “… hizo una eficiente, pero áspera (harsh) Reina de la Noche…”.

    Vuelve a Chile y el 3 de septiembre de 1951 dio un concierto en el Teatro Municipal acompañada por Carlos Oxley al piano, pero los críticos chilenos, haciendo gala de severidad, le criticaron su “vulgarismo” y su “despliegue de sonoridad”. El 10 de octubre del mismo año se presentó en el Teatro Central en un concierto a beneficio de la Universidad Popular Juan Enrique Concha.

    Nuevamente parte para realizar giras de conciertos por países sudamericanos. El 14 de octubre de 1952 da un único concierto en el Teatro Municipal con Free Focke al piano. Luego regresa a Argentina. Allí, el 9 de julio de 1953, se presenta por última vez en el Teatro Colón de Buenos Aires participando en un concierto de Bailes y Cantos Folklóricos.

    Rayén Quitral

    [La tranquera (Osmán Pérez Freire—Antonio Viergol), 1953]

    Tras una ausencia de dos años, en 1953 regresa a Chile para grabar diez temas para el sello verde de RCA Victor. Estos cinco discos 78 rpm, más los dos grabados en 1938 en Argentina, son su única herencia fonográfica. A fines de ese año dio un único concierto en el Teatro Municipal.

    El 27 de enero de 1954 participó en la velada inaugural del Teatro SATCH (actual Teatro Carlos Cariola) junto a numerosos artistas, entre los que también se encontraban la soprano Marcela de la Cerda y el bajo Claudio Robles.

    Rayén Quitral

    También en 1954 recibió la distinción del ‘Caupolicán’, como la mejor cantante lírica nacional, premio que otorgaba anualmente la Asociación de Cronistas de Cine, Teatro y Radio.

    Rayén Quitral

    [Una pena y un cariño (Lily y Mercedes Pérez Freire—María Pascal Lyon), 1953]

    (más…)

    Sobre la técnica de canto de Lauri-Volpi

    Miércoles, Marzo 31st, 2010
    Lauri-Volpi como Enzo en La Gioconda. Buenos Aires, 1927.

    Lauri-Volpi como Enzo en La Gioconda. Buenos Aires, 1927.

    Sitúense, por favor, en el  kilómetro cero. Quienes ya hayan aprendido a apreciar la voz de Lauri-Volpi en su justa medida, o estén en camino, pueden ubicarse en el 100;-)

    El tiempo apremia y es muy largo de explicar. No; nada que ver con la madrileña Puerta del Sol;-) Lo entenderán a la primera si se dan un garbeo por  los comentarios.

    De la voz de Volpi hemos hablado más veces. Sin ir más lejos, aquí mismito. Entre versos y risas, que de todo hay en la viña de este blog.

    Sobre el vibrato del tenor, precisaba ayer Mefisto (a las 6:18):

    “Un vibrato típico de la escuela de canto del 1800, que él tanto defendía. Sostenía que la voz cantada tenía una extensión de tres octavas como la requerida para el primer repertorio de esa época, y que nunca se debía ‘fabricar’ el sonido para darle más armónicos graves de los que la posición descendida y relajada de la laringe podía otorgar.

    Igualmente ese vibrato no lo escuchas en otras arias como ‘Cielo e mar’ de la Gioconda….;-)

    Sobre el color de su voz… puede gustarnos más o menos. No creo que sea particularmente bella, al menos en grabación, aunque Toscanini no opinara lo mismo, aun siendo un ‘enemigo jurado’  del tenor. Pero no se le puede negar lo magnífico de su voz.

    Magnífica en todo, hasta para cantar ‘Nessun dorma’ a sus 80″.

    El Cielo e mar al que se refiere Mefisto:

    Lauri-Volpi


    Lauri-Volpi

    Giacomo Lauri-Volpi: Cielo e mar, aria de Enzo del Segundo Acto de La Gioconda, Ponchielli.

    Cielo! e mar! L’etereo velo
    splende come un santo altar.
    L’angiol mio verrà dal cielo?
    L’angiol mio verrà dal mare?
    Qui l’attendo; ardente spira
    oggi il vento dell’amor.
    Ah! quell’uom che vi sospira
    vi conquide, o sogni d’or!…

    Per l’aura fonda
    non appar né suol né monte.
    L’orizzonte bacia l’onda!
    l’onda bacia l’orizzonte!
    Qui nell’ombra, ov’io mi giacio
    coll’anelito del cor, vieni, o donna,
    vieni al bacio della vita,
    si della vita e dell’amor…
    Ah! vien!…

    Seguro que Mefisto nos brinda un comentario de esos cortitos cuando no tiene tiempo;-)

    (Gracias, Mefisto)

    02/04/10:

    Mefisto:

    “¿Qué se puede decir de alguien que cantó desde Los Hugonotes a Otello, de I Puritani a Il Trovatore… De Donizetti a Mascagni?

    Tal vez lo que diría Bergonzi.

    O lo que diría Corelli.

    Sonido amplio en tessitura y extensión, pleno de dinamismos y expresividad…, una voz para el teatro. Un maestro a la distancia”.

    (Gracias, Mefisto)