Anna Netrebko: “Cuanto canto un aria, soy más cantante, pero cuando tengo a mi lado a un compañero atractivo, actúo como mujer. La ópera es un arte sensual, y siempre trato de dotar a mis heroínas de un espíritu erótico-amoroso”.
“¿Cuánto tiempo puede cantarse Don Juan? Estaría bien ir haciendo otra cosa ya. Siempre le empujo [se refiere a su pareja, el barítono uruguayo Erwin Schrott] a que haga algo nuevo, pero, lamentablemente, es un poco vago”.
Por Domingo Postigo, que…, en fin, se lo vamos a perdonar;-)
“Presumo de ser una persona natural; ahora, una cosa es lo que uno ve y lo que uno cree, y otra cosa es lo que pareces. Y muchas veces las apariencias —como tan sobradamente se ha dicho toda la vida— engañan; o sea, que yo no soy nada serio ni nada formal. Me gusta la seriedad en el trabajo, en las relaciones humanas porque creo que profesionalmente, además, así debe ser”.
“El do de pecho lo dan muy pocos cantantes porque es una de las notas más difíciles que hay. Pero, bueno, un cantante tampoco se cataloga porque dé o no dé el do de pecho, sino por una serie de cosas, entre las cuales, además, puede estar el do de pecho incluido”.
“Yo procuro ser auténtico —si se puede decir—, auténtico: cantar con una verdad. Cantar con un compromiso para intentar construir arte, para hacer una cosa que esté por encima de lo normal, desde mi punto de vista; o sea, desde la profesión que yo ejerzo”.
* * 13 de mayo
Segunda parte de la entrevista
“Yo me siento muy unido, pero muy unido, a toda Andalucía. Y, además, para colmo, me gusta también el flamenco. Y además digo una cosa —que nadie ha dicho nunca pero que es cierta—, que los flamencos son los que cantan con mejor técnica del mundo. Mejor que los cantantes”.
“Los flamencos no saben por qué, pero lo hacen. Y es muy sencillo. Ellos buscan la defensa de la voz ante el estrés que significa cantar flamenco, y una noche seguida, y otra noche, y otra noche, y venga mandándose copas de vino, o de lo que sea, y fumando y no sé qué… Entonces, se defienden, cómo, a través de la técnica.
Lo mismo que hace un niño pequeño cuando llora, que llora defendiéndose para no quedarse afónico y colocando los sonidos, precisamente, fuera de la garganta, en lo que nosotros llamamos la máscara —que se dice en Italia—, que son los huecos que hay en los huesos frontales. Y ahí no hay manera de que te haga daño las cuerdas vocales ni hay manera de quedarse ronco. Y la prueba es que un niño pequeño llora, llora, llora, llora, y no se queda nunca ronco”.
“El profano se imagina al cantante de ópera todo el día en el escenario, cantando, dando dos de pecho y cosas de esas (ríe). Pero el cantante, cuando sale del escenario, pues se convierte en una persona normal y corriente…, y corriente”.
Ya ha manifestado la soprano en más de una ocasión que tiene cuerda para rato. Hace nada, este mismo mes de diciembre, volvió a dejar bien claro, con el gran sentido del humor que le caracteriza, que no figura en su agenda despedirse de los escenarios: “Cantaré hasta el último momento. Sólo dejaré de hacerlo cuando se me lleven con los pies por delante. No me veo sentada en el salón de casa haciendo punto de cruz”.
No le falta razón, con lo aburrido y de los nervios que debe de ser la crucetilla. Tampoco es eso…
Montserrat Caballé, genio y figura hasta la sepultura. Pero ¿de verdad necesita demostrarlo hasta ese aciago día del que esperamos y deseamos de corazón que aún faltenmuchos años?
La crítica del concierto que les anunciaba:
Agustí Fancelli
“Como los turrones de la canción, Montserrat Caballé volvió anoche a casa. Su casa no es otra que el Liceo de Barcelona, el teatro que ella colocó en el mapamundi lírico. Ahora, cuando la soprano se halla al final de su carrera, es justo que el teatro le devuelva el afecto y la consideración que se merece.
El problema, en este tipo de situaciones, es el tipo de espectáculo que se escoge. Es obvio que las condiciones vocales de Montserrat Caballé no son hoy las que en su día maravillaron al planeta. Los años pasan también para las estrellas y recurrir al show, un punto autoirónico, es un buen recurso. El formato fue el de Montserrat Caballé and her friends. Los amigos eran el tenor ruso Nikolai Baskov —quien antes de dedicarse a la lírica transitó por la música pop—, el bajo ucranio Serghiy Mahera y el fiel pianista argentino Manuel Burgueras. Estaba previsto que actuara también su hija, Montserrat Martí, pero al final causó baja por problemas de salud. (…)
Derrochó picardía y vis cómica la soprano con ‘¡Ay, malhaya!’, de La boda de Luis Alonso, a lo que replicó el tenor con una vistosa interpretación de ‘No puede ser’, de La tabernera del puerto. A Blaskov el dominio del pop le vino como anillo al dedo para meterse al público en el bolsillo. Como mandan las reglas del show, la apoteosis llegó con los bises: ‘La Tarántula’, el célebre vals de Léhar —bailado graciosamente por tenor y soprano— y ‘Ojos negros’, en versión trío. No tardarán estas versiones en asomarse al YouTube.
Para entonces, el público, que llenó el aforo, palmeaba y reía todas las gracias de los artistas. Acabó puesto en pie, ovacionando a Montserrat Caballé. Finalmente, era de lo que se trataba”.
¿Y qué dicen sobre el recital en La Vanguardia de Barcelona? El titular es muy elogioso: “Montserrat Caballé regresa a su casa con otra lección de canto”. Y lo que sigue: “Un recital de Montserrat Caballé en el Liceu es siempre algo fascinante por su capacidad indudable de ganarse al público, sea cual sea el programa, las piezas y su modo de cantarlas”. ¿Y lo que sigue a lo que sigue? Pues también.
[Entrevista a Caballé en su 40 aniversario en el Liceo.
Gran Teatro del Liceo de Barcelona, 2002]
—Yo creo que también hay una creación cuando alguien es un artista, ¿no?
—Bueno, tú vives esa creación. Y a veces lo que tienes que procurar es no traicionar la creación misma. No siempre te puede salir bien. Porque los espíritus son distintos, como las yemas de las digitales nuestras. Entonces, yo creo que eso también influye. Pero, por poco que te guste la música, si escuchas, te llega; te llega el mensaje del creador. Y entonces…, no digo que sea fácil, pero te envuelve: es el gran abrazo de la música que te envuelve y te penetra.
Yo siempre he dicho que es como una droga que corre por las venas; por los ríos de sangre de nuestras venas. ¡Y es cierto!, porque en escenas de locura, en escenas de muerte, en escenas de amor; de repente, cuando baja el telón, dices ‘ostras, qué he hecho…’ (risas). Pero sucede.
“Los bravos llegaron con la primera aria, ‘Come nave’, compuesta por Nicolò Porpora, maestro de grandes castrati como Farinelli. Y continuaron hasta el final, con momentos de verdadero éxtasis como el final de la primera parte con la energía de un aria de la Berenice de Francesco Araia”.
“Los 175 euros que costaba ayer un asiento de platea en el Palau, un precio que supera de largo al de cualquier ciudad europea que vea a Bartoli, excepto a la rica Copenhague, dolieron menos”.
Una entrevista amable, ad hoc, que no deja por ello de tener su encanto. Que en esos momentos prepara Aida, por qué no cantará más Otello, cuánto tiempo invierte en preparar una ópera, su afición al agua mineral… Su casa, la sua Adua, su jardín, el tenis, su perro… Su voz es clara, latina, solar, a la italiana. Caruso será siempre insuperable. ¿Problemas por el exceso de peso? Si cantara Werther, que se consume de amor… Le aporta un cliché inconfundible. Muy superticioso. Éxito y dinero van de la mano, pero sólo el éxito es importante. De jueves a domingo: tre giorni. O casi.
7:29 —¿Es verdad lo del crítico y las barbas?
—Sí, es cierto. Le tiré de las barbas a un crítico en el Teatro de la Zarzuela, aquí en Madrid —cosa que no volvería a hacer, evidentemente—; un pecado de juventud, pero el tío lo merecía.
—Por qué.
—Bueno, porque era una transmisión por televisión, yo estaba cantando Carmen en el Teatro Real y durante el segundo entreacto él me hizo una entrevista en directo, y en la entrevista en directo ya, una de las frases —y lo digo con todo el afecto hacia esta persona, sin ningún tipo de rencor ni muchísimo menos, al contrario, al cabo de tantos años—. Me dijo: ‘Bueno, creo que viene usted de Barcelona, de cantar L’elisir d’amore, incluso con éxito’. Frases de este tipo.
Entonces, durante todo el resto de la función, él estaba en el palco del proscénico, porque estaba allí grabando, iba haciendo así con la cara todo el rato [niega con la cabeza], que no, que no, que no, cuando yo iba cantando. Claro, llego un momento que la adrenalina pudo más que yo, y salí, cuando acabó la función salí, vestido de Don José y dije: ‘Oye, éstas no son maneras’. Y le tiré de la barba, es verdad, es cierto, y me arrepiento. Pero… lo merecía.
—Estoy de acuerdo contigo.Con quien creo que nunca te enfrentarías, y lo aprendiste pronto en este mundo de la ópera, es con una soprano.
—No. Esto nunca. Éste es el mejor consejo [ríe] que me dieron jamás en el ámbito de mi profesión. Y fue en Nueva York. ‘Nunca discutas con una soprano. Vas a tener una vida muy fácil’. Y ha sido así, y me ha ido muy bien.
“Mi voz es [...] la parte más importante de mi vida, es lo que más quiero, es lo que más satisfacciones me da, y es la que me hace más sufrir también”.
“Los alemanes han dicho ‘no sabemos si es que tiene la técnica más perfecta o es que canta tan natural que es así, desde que ha nacido’. No, yo canto con una técnica, tengo una voz. Y creo que hay voces muy bonitas, muy hermosas, pero cuando no tienen técnica, cuando no hay una técnica para mantener esa voz, se nota y se siente, y sobre todo se nota a través de los años”.
“Mozart fue mi primera pasión en el canto, puesto que la primera aria que aprendí cuando empecé a aprender canto fue el Voi che sapete de Las bodas de Fígaro, el Cherubino”.
[Orquesta Sinfónica de Londres. Dirige: Claudio Abbado]
“Rossini pedía unas agilidades, un color de voz [...], un color redondo para hacer esas agilidades, y yo tenía ese color y tenía esas agilidades. Esas agilidades no las tenía, esas agilidades son parte de la técnica de canto”.
“Yo creo que a Rossini le hubiera encantado conocerme; a mí me hubiera encantado conocer a Rossini, porque pienso que hubiera escrito, como se hacía en la época, óperas para mí”.
“Yo encuentro que la mujer gitana, y gitana española, no sé, es una mujer como muy encerrada en sí misma. Y esta Carmen que he hecho yo… Yo no he hecho nada de especial en esta Carmen, no he hecho más que sé leer música y he leído muy bien esta partitura, y creo que he sido fiel a ella”.
“A la zarzuela hay que darla su importancia y su categoría y su nivel. Yo la he llevado por todo el mundo. Incluso he llegado a cantarla con una orquesta china, que me costó muchísimo, muchísimo, explicarles lo que era un chotis, porque o iban muy deprisa o iban muy despacio. Y entonces [ríe], le cogí al director y le dije ‘Venga, muy cerca de mí, agárreme, y a ver cómo marca usted este ritmo en un cuadrado así: ta, ta, tri/ ta, ta, tri/ ta, ti, ta/ ti, ri’. Y el chino lo bailó”.