Miguel Fleta: «En Cavalleria, al natural, en 'Carmen'» ('Caras y caretas', Buenos Aires, 5 de julio de 1924).
Caras y caretas (Buenos Aires), 5 de julio de 1924
«El gran tenor se disponía a almorzar. Su hijo, una encantadora criatura de cuatro años, se encaramaba por los muebles con esa inquietud simpática de los niños inteligentes. La señora de Fleta dirigía con su mirada viva todos los detalles. Una estufa eléctrica mantenía una temperatura tibia y acariciadora.
—Almuerce usted tranquilo —le dije— yo iré averiguando lo que deseo saber, sin molestarle.
Y mientras almorzaban, Fleta y su señora, iban respondiendo a mis preguntas con esa sencillez tan sugestiva que constituye la característica del gran tenor.
—Yo nací en un pueblo de la provincia de Huesca que se llama Albalate de Cinca. Mis padres fueron unos modestos industriales; es decir, mi padre tenía el café del pueblo.
—Mi padre tuvo ya buena voz y además tocaba casi todos lo instrumentos; también mis hermanas tenían buena voz. Yo, a los ocho años, era en el pueblo ‘EI cantador de Jotas’ y cantaba en la iglesia.
—Mis padres querían dedicarme al comercio porque el maestro se lo aconsejó; yo era, para mis años, un gran matemático y por mi facilidad en la aritmética se creyó que yo haría un buen comerciante; pero mi madre no se decidía a dejarme ir a Barcelona; luego, por consejo de unos ingenieros, se me quiso dedicar a la marina mercante; pero mi padre enfermó y estuvo cuatro años en cama con una parálisis general; entonces llegó la catástrofe de mi casa; tuvimos que trasladar el café y para poder vivir, se me envió a Zaragoza con una hermana mía, y estuve dedicado a los trabajos del campo; pero yo seguía cantando y cuando había alguna fiesta iba yo con los otros muchachos cantando jotas, hasta que un día, un tal Miguel Asó, cantador de jotas de profesión, me oyó y me dijo que fuese a su casa para enseñarme el estilo del canto de jotas; mis hermanas se opusieron, pero yo durante el día trabajaba y por las noches iba a casa de Asó y estudiaba aquel estilo que tanto me pustaba. Tenía yo entonces 18 años.
—Me presenté entonces en un festival de jotas que hubo en el Principal de Zaragoza y el día del ensayo general todos me felicitaron y me auguraron el primer premio.
—Ni el primero, ni el segundo… No obtuve premio alguno; no, señor.
—Estuve dos años en Zaragoza trabajando; unos dos meses después del festival regresé a mi pueblo, y como había aprendido el estilo, tuve allí un gran éxito; tanto que todos aconsejaron a mis padres que me enviasen a aprender el canto delinitivamente. Y allá fui.
"Los artistas del Liceo de Barcelona": Adelina Agostinelli, Maria Gelcich, Elvira de Hidalgo, Luisa Pierrick, Nicola Zerola, Titta Ruffo, Margort Kaftal ('Mundo gráfico', 6 de noviembre de 1912).
—Fui a Barcelona; al Conservatorio. Había en el Conservatorio dos clases de canto: una, que la daba un profesor, y la otra que la daba la profesora francesa Luisa Pierrick, una artista que después de haber cantado con gan éxito en el Liceo de Barcelona habia sido nombrada profesora del Conservatorio. Yo pregunté al conserje, que era un buen hombre, y él me aconsejó que fuese a la clase de la profesora Pierrick. Y allá fui.
Miro a la señora de Fleta y sonrío; para nadie es un secreto que aquella profesora del Conservatorio de Barcelona es hoy la esposa del gran tenor y madre de ese niño que Fleta adora, y que me mira, mientras come, con sus ojos inteligentes de muchacho travieso y gracioso.
'Mundo gráfico', 6 de noviembre de 1912.
—Diga usted, señora —le pregunto. —¿Cómo empezó usted la educación de la voz del gran tenor?
Nuevo libro a la vista sobre Alfredo Kraus: Alfredo Kraus, una concepción del canto, del crítico musical Arturo Reverter, autor de El arte del canto. Saldrá publicado en la editorial Alianza.
Aurelio M. Seco
—Alfredo Kraus, una concepción del canto, responde a un encargo de la Asociación Lírica Asturiana Alfredo Kraus¿Cómo surgió la idea?
—Tenía ganas de escribirlo desde hace tiempo, ya que poseía un material muy valioso en forma de entrevistas con Kraus realizadas a lo largo de más de 20 años. Pensé que sería interesante darles forma y usarlas como base de un estudio más amplio sobre él. Desde hace tiempo mantengo una intensa relación con la Asociación Lírica Asturiana Alfredo Kraus, que es una entidad que realiza muchas actividades todo el año. En una de las ocasiones en las que se me invitó para ofrecer una conferencia, hace 5 años, Carlos Abeledo, su presidente, me hizo el encargo del libro, que finalmente se publicará con la editorial Alianza.
—Haga un resumen del libro.
Mi trabajo ha consistido en comentar todo lo que Kraus va diciendo, ya sea a modo de glosa, apoyatura o incluso polémica porque, evidentemente, hay ocasiones en las que disiento de su opinión. A lo largo de 15 capítulos, Kraus nos muestra su técnica de canto y concepto interpretativo, tanto en ópera como en zarzuela. También analiza los principales personajes que ha cantado, y habla sobre su vertiente docente. El último capítulo es enteramente mío, y está dedicado a la técnica vocal.
—¿Cómo era su personalidad?
—Kraus era una persona exquisita, un hombre muy cordial, amable y educado, aunque es probable que no tuviera el don de gentes de Pavarotti o Domingo. Su manera de cantar era muy rigurosa, y estaba puesta al servicio de las reglas de oro del bel canto. Es posible que este aspecto le haya apartado de las grandes masas, pero para los buenos aficionados siempre será una referencia.
—¿Cuál fue la base que sustentó sus críticas a Los tres tenores?
—Él consideraba que no era apropiado popularizar la ópera como hacían Pavarotti. A él no le gustaban ese tipo de manifestaciones tan populares.
—Aunque, más tarde, él haría algo parecido.
—Sí, por supuesto. Era un hombre que, como todos, tenía algunas contradicciones. Creo que se sintió herido y preterido por ellos. Sentía que se le había dejado un poco de lado. Fue una sensación que, con los Juegos Olímpicos de Barcelona, se intensificó. Allí volvieron a tener sus más y sus menos, porque era evidente que no formaba parte del grupo. De cualquier manera, siempre fue un artista independiente, que se preocupó mucho de cuidar el repertorio que cantaba, buscando lo que mejor le iba. Esta forma de actuar también le separaba de los demás.
—Ernesto Palacio dijo que, llegado el momento, Kraus dejó de cantar bello para cantar con la voz colocada.
—Kraus siempre intentó hacer bel canto, en el sentido de cantar bello y bien. No obstante, sí es cierto que, entre los 55 y 60 años, se preocupó más de buscar determinadas sonoridades y puntos de apoyo para ir disimulando problemas que, de manera natural, el tiempo causa en una voz. Es sabido que tras los 50 años, la voz de cualquier tenor comienza a resquebrajarse, más o menos rápido; pero él poseía una técnica maravillosa que siempre se ha alabado, y que encaminó usando determinadas cavidades de resonancia que le interesaban para seguir cantando bien.
La entrevista es del 29 de agosto. Pero nunca es tarde si la reseña es buena… La entradilla al completo, en el útimo enlace.
“Jonas Kaufmann tiene conmocionado al mundo de la ópera. El tenor muniqués de 41 años está convertido en una estrella de la que ningún teatro importante puede prescindir, es adorado por miles de fans y la crítica está a sus pies.
Curioso caso el suyo, por muchas razones: es probable que su transformación de tenor lírico-ligero a tenor dramático sea única en la historia de la ópera; desde Franco Corelli que no se veía a un gran tenor con la prestancia física de Kaufmann, quien además agrega dotes de actor pocas veces vista y un conocimiento profundo de los diversos estilos que aborda; es un hombre de familia (está casado con la mezzo Margarete Joswig, con quien tiene tres hijos), practica yoga, es cristiano protestante y hablar con él es como hacerlo con un viejo amigo”.
Juan Antonio Muñoz
—¿Cómo se produjo su llegada a la música? ¿Hubo estímulo familiar? ¿Nació espontáneamente?
—En mi casa se amaba la música clásica y también la ópera, pero ninguno era músico. Todos tocaban el piano como divertimento, pero no como trabajo. Yo cantaba siempre en la casa y también en el coro. Siempre lo he hecho. No me acuerdo de cuando no lo hacía. Como a los 14 ó 15 comencé a hacer pequeños solos; dos o tres frases en una cantata, en un oratorio. Pero jamás pensando en tomar esto como una profesión. Siempre fue un bello hobby. Cuando esto comenzó a tomar otra forma mi papá me decía: ‘Tú eres un amante de la familia y si quieres crear una familia también necesitas un trabajo más profundo…”.
—¿Tenía razón?
—Sí, por cierto. El riesgo en esto del canto es muy grande. Lo veo por ejemplo entre quienes han estudiado conmigo; son sólo algunos los que pueden al menos sobrevivir. No es una vida de lujo. Hay tantos, además, que después de estudiar canto han tenido que comenzar de nuevo para obtener otra profesión. Es verdaderamente riesgoso.
—¿Por esto es que usted comenzó estudiando matemáticas?
—Claro. Mi papá trabajaba en una aseguradora y me impulsó en esta dirección. Pero no era algo para mí, todo era demasiado teórico y muy seco. En matemáticas se habla de las cosas, pero se hace nunca nada. Durante el tiempo que estudié, jamás vi una cifra. Era sólo teoría. Yo no puedo estar quieto todo el día, teorizando. Mientras estudiaba matemáticas siempre mantuve mis clases de canto; me hacían falta.
La fleur que tu m’avais jetée. La Scala, diciembre 2009
—¿Cómo lleva ahora esto de que su rostro sea conocido hasta por quienes no saben nada de ópera?
—Es especial y un poco difícil, pues la gente te mira, hace comentarios y te trata de otro modo. Sobre todo en lugares donde he cantado mucho, como Zürich.
—¿Sigue viviendo ahí?
—Ya no; estuve allí 7 años. Ahora me he trasladado de nuevo a Baviera. Desde la próxima temporada no haré cosas en Zürich, una plaza que ha sido muy importante para mí pues pude probar títulos que han sido claves en mi carrera. Es un teatro pequeño donde todo funciona perfecto. Pero ahora mi calendario está tan lleno y concentrado en pocos lugares —el MET, Londres, la Scala, París, Viena y München, fundamentalmente— que resolví reestablecerme en mi país.
—Usted nació en München y allí, curiosamente, es desde hace poco que figura de manera estable.
—Sigue sucediendo en Alemania que hay que hacerse de un nombre afuera primero para que te llamen de los principales teatros nuestros. Es verdad, en 15 años he hecho pocas cosas en München, pero ahora por mí han cambiado muchos planes. Desde 2009 y en los años que vienen cantaré a menudo allí. Cada año haré una nueva producción y retomaré otra. ¡Todos me dicen que desde el punto de vista de los impuestos es una locura volver a Alemania! Pero a mí me gusta mucho mi país, la gente… soy alemán en definitiva. Además, tengo muchas cosas programadas también en Berlín, Bayreuth y Salzburgo…
—¿Sus hijos están siempre con usted?
—Sí y no. Ahora están conmigo porque es verano, pero estando en el colegio no se puede llevarlos a todas partes. Son tres, además. No es fácil. También es difícil hacer un calendario de actuaciones que no demande estar fuera demasiado tiempo. Pero yo no he hecho estos niños para no estar con ellos. La familia es siempre muy importante para mí y también para estabilizarme internamente, tener una base y no volverme loco con el éxito. Cada vez se hace más difícil ser uno mismo, permanecer en uno mismo y no cambiar porque algo cambia en tu entorno.
—Es fácil tomar el otro camino…
—Mucho. Es fácil, pero al final el problema es que, según mi punto de vista, todo se deteriora. Porque también la calidad del canto depende de la calma, de la profundidad, de la estabilidad. De estar contento en uno mismo y con uno mismo. Una vez que uno sale de sí para vivir otra cosa, después es muy difícil regresar. No se encuentra más el camino.
—¿Cómo se vive un cambio tan radical en la voz como el suyo? Usted partió cantando algunos papeles de Mozart y también roles como Flavio (Norma) y Cassio (Otello), y ahora lo tenemos en Lohengrin, Werther y ya se puede pensar en usted como Otello y, por qué no, Tristán.
—Es verdad. El año 95 comencé a cambiar mi técnica completamente. Hasta entonces había cantado como un tenor muy ligero. Ni siquiera era lírico, verdaderamente ligero, ligerísimo…
Rosita Serrano en la película 'Schwarzen Augen' ('Ojos negros'). Alemania, 1951.
Último día de junio. Casi que van a dar las 12 campanadas…, por estos lares. Llegamos justitos a cumplir lo prometido: la semblanza de Rosita Serrano, por nuestro amigo Juan para óperasiempre.es
En realidad, es casi un reportaje. No faltan las fotografías de rigor de entrevistador y entrevistado (entrevistada, en este caso). Ni falta tampoco la foto que la artista, agradecida, suele entregar al reportero.
El autor de esta semblanza no sólo investigó sobre la carrera artística de Rosita Serrano, sino que, en los últimos años de la vida de Rosita, la conoció, habló con ella, tomó notas… Por eso ahora nos lo puede contar. En fin. Estarán conmigo en que estas cosas no suelen pasar todos los días.
Gracias mil, Juan.
[Rosita Serrano, grabando su disco 'Eine Kleine Mondscheinfahrt!' (Un pequeño viaje a la luz de la luna). Del corto musical de la Telefunken, Weltspiegel (Espejo del mundo). Marzo de 1942]
[Un viejo amor, canción mexicana (Alfonso Esparza Oteo). Por Rosita Serrano y Sofía del Campo. 16 de enero de 1942]
* *
Rosita Serrano (1912-1997)
Por Juan Dzazópulos Elgueta
Junio 2010
Rosita Serranonació en Quilpué (Chile) el 10 de junio de 1912. Su verdadero nombre era María Esther Aldunate del Campo, aunque en muchas entrevistas ella misma lo mencionaba como: Sofía María Esther del Carmen Rosario Celia Aldunate del Campo Fuentes Cordovés y Carrera. Fueron sus padres don Héctor Aldunate Cordovés y doña Sofía del Campo de la Fuente.
La madre de Rosita, Sofía del Campo, fue una soprano ligero de prestigio internacional, con actuaciones en importantes centros musicales de todo el mundo y artista del Sello Rojo de la Victor, en los Estados Unidos. En 1903 contrajo matrimonio con Alberto Byers Salm, con quien tuvo tres hijos: Alberto, Enrique y Virginia.
En 1908 enviudó y volvió a casarse, en 1910, con Héctor Aldunate Cordovés (Cordovez, según algunas fuentes). De este matrimonio nacieron dos hijos: María Esther Aldunate del Campo (1912-1997) y Luis Aldunate del Campo (1913-1994).
La soprano Sofía del Campo, madre de María Esther Aldunate del Campo internacionalmente conocida por su nombre artístico, Rosita Serrano.
La pérdida de la fortuna de los Byers y las ambiciones artísticas de Sofía del Campo causaron la ruptura del segundo matrimonio. En un principio María Esther estudió en Santiago en el Colegio de las Monjas Inglesas, pero al partir su madre fue acogida en casa de unos amigos de la familia en Quilpué, los Serrano Palma. La niña, de sólo doce años, permaneció con ellos durante seis años. Los años más felices de su vida, según reconocería hacia el final de su existencia.
[Carmencita la gitana (Rosita Serrano y Sofía del Campo). 23 de abril de 1938]
En 1929-1930 acompañó a su madre a Brasil. Estando en Río de Janeiro se enamoró del joven hijo de un diplomático, Carlos Villegas Matthews, con quien se casó. Esta inmadura relación duró sólo un año y terminó en divorcio. Entonces decidió probar sus aptitudes artísticas y se presentó en la radio de Río de Janeiro con el nombre de ‘La Chilenita’, obteniendo gran éxito.
Desde Brasil escribió a sus amigos de Quilpué solicitando su autorización para usar artísticamente el nombre de una de las hijas de la familia: Rosita Serrano, autorización que le fue concedida. Y con ese nombre, a partir de ese momento y por toda su vida, fue conocida en todo el mundo.
De Brasil pasó a Portugal, donde fue contratada para una larga temporada en Radio Nacional de Lisboa.
[Madrecita (José Sentís). 1948]
Existe un período oscuro en la vida de Rosita Serrano, entre 1930 y 1936. Se dice que partió a Europa en busca de su madre, en un largo peregrinaje por diversos países. Su madre, al parecer (pues no he podido encontrar documentación al respecto), se había vuelto a casar con el gerente de una multinacional (Remington) y viajaba continuamente: Lisboa, Estambul, Atenas y Saarbrucker (en la frontera con Francia).
Como en una novela, la hija, al llegar a una ciudad, descubría que su madre ya había partido. Así llegó a Berlín, donde contrajo una bronconeumonía. Sola y sin recursos fue aceptada en una sala común de un hospital berlinés. Allí un médico, de ascendencia peruana, le enseñó a tocar la guitarra, instrumento que llegará a formar parte de sí misma en su futura carrera artística.
Aunque en un principio fue rechazada, no tardó en ser aceptada con una remuneración mínima y un contrato que la amarraba por muchos años al ‘Wintergarten’ de Berlín (versión alemana del célebre ‘Olympia’ parisino). Rosita participó como parte de las variedades del programa de entretenimiento, principalmente para las fuerzas armadas, llamado ‘Kraft durch Freude’ (Fuerza a través de la alegría).
La actriz y cantante chilena Rosita Serrano en 1938.
En 1936 se produjo su debut triunfal en el Wintergarten y desde entonces su fama alcanzó el estrellato. Le llovieron los contratos y el dinero. Llegó a cobrar mil marcos (de la época) por cantar una noche en los grandes hoteles y cabarets de Europa, pero en Berlín siguió atada al Wintergarten, debiendo cantar una vez a la semana por tan sólo treinta marcos. En el Wintergarten cantó ininterrumpidamente hasta 1942. Fue conocida internacionalmente como ‘Der Chilenische Nachtigall’ (El Ruiseñor chileno).
En el Teatro Metropol de Berlín triunfó en una opereta, Maske in Blau (Máscara en azul), bajo la dirección de Peter Kreuder. Con este gran director y pianista realizó una exitosa gira por toda Alemania.
El compositor Theo Mackeben compuso especialmente para ella una opereta, Anita und der Teufel (Anita y el diablo). Junto a Rosita, el galán de moda Albert Matterstock y Axel Monjé. La opereta constituyó otro triunfo para Rosita. Todo Berlín cantaba el tema principal, ‘Das ist mein Parfum’. Curiosamente, en la opereta se incluyó una canción en español, ‘Amorcito mío’. Al cumplirse las cien representaciones, el Embajador de Chile en Berlín, Tobías Barros Ortiz, ofreció una espectacular fiesta en su honor.
Rosita Serrano y toda la compañía viajaron a París, donde presentaron con gran éxito Anita und der Teufel. El Embajador de Chile en Francia (luego Presidente de la República), Gabriel González Videla, ofreció también una gran fiesta en su honor.
En 1942 se presentó en un espectacular recital en Budapest (Hungría), que fue transmitido por radio y también filmado, para ser exhibido en Alemania.
Fotografía de la artista chilena dedicada al autor de esta semblanza: "Cariñosamente a Yani mu! ("mi Juanito", en griego), su Rosita Serrano de Chile". Julio de 1995.
Rosita Serrano fue un ídolo indiscutido en Alemania y Europa. Se dice que su fama superó a la de Zarah Leander.
Muy alta (más de 1.75), esbelta, bellísimos ojos color esmeralda, cabello castaño…, era una belleza en todo el sentido de la palabra. Cantaba en doce idiomas (que obviamente no los hablaba) pero jamás tomó lecciones de canto, e imitando a los pájaros, silbaba maravillosamente, característica que podemos apreciar en muchos de sus discos.
Solamente para el sello Telefunken (Berlín) grabó más de cien temas, entre 1938 y 1943. El compositor Michael Jary compuso especialmente para ella y dirigió la mayor parte de sus grabaciones.
Algunos de estos discos fueron éxitos de público y de venta: ‘La Paloma’, ‘Der Kleine Liebesvogel’ (El pequeño pájaro del amor), ‘Und die Musik Spielt Dazu’ (Y la música sigue tocando), ‘Oui, Madame!’, ‘Roter Mohn’ (Amapola roja).
[Roter Mohn: Amapola roja (Michael Jary-Bruno Baltz). 3 de octubre de 1938]
Posteriormente, Rosita volvió a grabar estos temas para otros sellos discográficos, entre 1951 y 1976. De todos sus discos, sin duda ‘La Paloma’ resultó uno de los más populares en su tiempo. Fue utilizado como un recuerdo nostálgico en las siguientes películas: Das Boot (El barco o El submarino) (1981), La casa de los espíritus (1993) y Aimée und Jaguar (1999). ‘Roter Mohn’ se convirtió en su carta de presentación en todos los espectáculos, tanto en radio como en teatros.
Entre 1938 y 1976, Rosita Serrano grabó alrededor de 180 temas para diversos sellos discográficos, y en idiomas tan diversos como el alemán, francés, inglés, portugués, español, italiano, sueco, húngaro y griego; todos en perfecta fonética.
1938-1943 Telefunken (aprox. 100 temas)
1948- Decca (14 temas)
1949 -RCA Victor (4 temas)
1951-Electrola (30 temas)
1959-Philips (12 temas: 1 LP)
1961-Metronom (13 temas: 1 LP)
1976-Bellaphon (3 temas)
Otro aspecto muy importante en la vida artística de Rosita Serrano fue su participación en varios films, entre 1937 y 1951:
A Revoluçäo de Maio (1937-Portugal) (La Revolución de Mayo)
Es Leuchten die Sterne (1938-Berlín) (Así brillan las estrellas)
Die Kluge Schwiegermutter (1939-Berlín) (La suegra inteligente)
Herzenfreud, Herzenleid (1940-Berlín) (Alegrías y penas del corazón)
Schwarzen Augen (1951-Alemania) (Ojos negros)
Además de estos films con argumentos, la Telefunken realizó un documental en Berlín, en 1942, Weltspeigel (Espejo del mundo), mostrando a Rosita Serrano ensayando y grabando sus discos ‘Und die Musik Spielt Dazu’ y ‘Eine Kleine Mondscheinfahrt!’ (la segunda parte de este documental es el que podemos ver al inicio de este post).
Su presentación en Budapest en 1942 también fue filmada con el título de Wunschkonzert in Ungarn (Concierto a pedido, en Hungría). En 1947, Illustra Film de Copenhague (Dinamarca) realizó un cortometraje con Rosita cantando cuatro canciones.
Retomando la historia artística de Rosita Serrano, durante los primeros años de la Segunda Guerra Mundial vivió, junto con su madre, en Alemania, cantando tanto por radio como en numerosas presentaciones personales, a los cuales, como es muy fácil suponer, asistía toda la jerarquía del partido nacional socialista.
[Río abajo, canción chilena (Donato Román Heitman). 1948]
En esta etapa de su vida se entrelaza la leyenda con la realidad. Hitler la escuchó cantar en el Wintergarten y después de la función le besa la mano y le dice al marcharse: “Señorita, la próxima vez quiero escucharla cantar en alemán”. Otra versión dice que cantó para Hitler y Mussolini, cuando este último visitó Berlín. Hermann Göring asiste a una de sus presentaciones y luego la invita, junto a toda la compañía, a su castillo en Prusia.
Rosita era una diva, extravagante, fantasiosa y muy divertida. Le encantaba alimentar los mitos que se creaban a su alrededor. Ella misma confesó riendo que le habían atribuido ser la amante de Rommel y de Hitler, quien la mandaba buscar en avión para que le cantara sólo a él ‘Cuando las lilas vuelvan a florecer’.
Pero la verdad era que ella actuaba para un país que mantenía relaciones con Chile. Recién el 20 de enero de 1943, Chile las rompió y fue uno de los últimos países latinoamericanos en hacerlo.
El embajador de Chile en Berlín, Tobías Barros, les avisó que se estaba haciendo mal uso de sus discos, mezclándolos con una propaganda abiertamente nazi. Por ese motivo, Sofía del Campo y Rosita Serrano decidieron terminar con la radio pero sin manifestar los motivos de su decisión. La reacción fue inmediata y en las calles y emisoras había letreros que decían “prohibido tocar los discos de Rosita Serrano”.
A pesar de ello, Rosita siguió cantando en hospitales para heridos de guerra, tanto aliados como alemanes. Esto causó que en los años siguientes, fuera acusada por algunos de ‘colaboradora’ con el régimen nazi.
En 1943, poco antes de que comenzaran los bombardeos sobre Berlín, Rosita y su madre dejaron Alemania abandonando todas sus pertenencias. Entre ellas “un Mercedes Benz hecho a la medida y con el tapiz del color de mis ojos”. Lo único que les permitieron sacar fue un par de maletas y la suma de diez marcos cada una.
Llegaron a Suecia, país que se convirtió en su hogar por varios años. Incluso el Rey Gustavo V se convirtió en su admirador y el tenor Jussi Björling fue un amigo que frecuentó su casa. “En 1943, encontrándose en Estocolmo, Heinrich Himmler despachó una orden de arresto contra la cantante por haber sido vista en supuestos trabajos de espionaje”. (A Alemania, Rosita Serrano sólo pudo regresar en 1951).
(Parte de la información de los párrafos precedentes está tomada de una entrevista realizada a Sofía del Campo por Patricia Reyes, para la revista Ecrán, publicada el 1 de enero de 1946; y de un artículo de Enrique Lafourcade en El Mercurio de Santiago, del 7 de agosto de 1994).
En Finlandia, donde cantó Rosita Serrano, la nombraron “la novia de los inválidos de Finlandia”. Residió durante una larga temporada en Grecia, país que la recibió con honores de diva. En Atenas, uno de sus más grandes admiradores fue el Primer Ministro Giorgios Papandréou, que tenía fama de ser un gran ‘Don Juan’. Hubo rumores e incluso insinuaciones en la prensa de que el político griego tuvo un affair con Rosita.
En 1946 fue contratada por seis meses en Suiza y luego cantó con gran éxito en Londres. El Embajador de Chile, Manuel Bianchi Gundián, se convirtió en otro admirador incondicional.
En 1947 realizó una gira por el Oriente, Líbano y Egipto. En una función de gala en la Embajada de Chile en El Cairo, conoció a Jean Aghion, apuesto abogado e hijo del ‘Rey del Algodón’ y dueño de una fábrica de cristales. Éste era un egipcio-francés, de familia sefardita, pero de religión copto cristiano. Acababa de enviudar y tenía un hijo, Pierre Aghion. Al poco tiempo se casaron y fijaron su residencia en Alejandría. Su marido resultó un hombre muy comprensivo, que le permitió continuar su carrera artística, en lugar de la vida de cócteles, bridge y póker que se acostumbraba en Oriente.
Rosita Serrano, hacia finales de los años cuarenta.
En 1948, después de veinte años de ausencia, Rosita Serrano regresó a Chile, acompañada por su esposo, hijastro y secretaria privada, además de sus seis perros. Vino contratada para un mes de actuaciones en Radio Sociedad Nacional de Agricultura y un recital en el Teatro Municipal de Santiago, por la suma de diez mil dólares, más los pasajes desde Suecia.
Se alojó en el Hotel Crillón, ocupando tres departamentos. La prensa de la época comentó su fabuloso equipaje de pieles y vestidos…: “traía tenidas como para vestirse durante seis meses sin repetirse”. Su recital en el Teatro Municipal, el 5 de junio, fue todo un acontecimiento. La primera vez que el teatro abría sus puertas a una artista popular. El Presidente, Gabriel González Videla, le otorgó un pasaporte oficial, con “misión artística”, para cantar en otros países. De Santiago pasó a Buenos Aires y se presentó en Radio El Mundo de la capital argentina.
A Sudamérica volvió en 1949, actuando en los meses de julio y agosto en Radio Río de Janeiro de Brasil; en septiembre, en Radio Cooperativa Vitalicia de Santiago de Chile; y a partir del 20 de octubre, en Radio Belgrano de Buenos Aires.
[Nacht muss es sein: Debe ser de noche, (Kirch-Hanner-Baltz). En alemán, la primera parte; en español, la segunda. 5 de marzo de 1938. La letra es muy reveladora. Las impresiones de Rosita cuando llegó una tarde a la bella ciudad de Berlín en 1936]
“Soñar por toda una vida entera,
llegar a mi tierra más querida,
convertir mis penitas en alegrías,
llegar a la ciudad de luz un día.
Cuando llegué una tarde
a este hermoso país, soñé,
soñé que era reina de amor”.
Tras el delirio que han provocado, varios minutos saludando en medio de una gran ovación, Ciofi (Siena, 1967) ha interpretado, como si no llevara encima dos horas de esfuerzo, el primer bis programado, ‘Chi il bel sogno di Doretta’, de La Rondine, de Puccini, y ha recibido un aplauso tan cerrado que se sujetaba la cara emocionada.
Ha tomado el relevo Nucci que ha preguntado al auditorio “¿un poco de Andrea Chénier?” para dejarle boquiabierto con su potente ‘Nemico della patria’, de Umberto Giordano.
Y cuando ya parecía imposible que pudiera haber más, después de salir varias veces más a saludar solos y junto al director, Michele Mariotti, con una sonriente pero agotada Ciofi haciendo el gesto de dispararse en la sien, ha sucedido lo inédito: Nucci ha pedido a la orquesta y al director que atacara de nuevo los compases de Sì vendetta“.
Por la blanda arena que lame el mar
su pequeña huella no vuelve más,
un sendero solo de pena y silencio llegó
hasta el agua profunda.
Un sendero solo de penas mudas llegó
hasta la espuma.
Piel azul que recubres las espaldas del mundo,
y atas pies con cabeza de la endiablada esfera,
huidiza y multiforme culebra mudadera,
puñal alguno puede clavársete profundo.
Años de juventud. Miguel Patrón Marchand (1943-2010), junto al compositor, pianista y director de orquesta estadounidense Leonard Bernstein (1918-1990).
La soprano Renata Scotto frente a Patrón Marchand.
Miguel Patrón Marchand, junto al tenor Plácido Domingo.
El bajo-barítono belga José van Dam y el musicólogo, escritor, director de orquesta uruguayo radicado en Chile Miguel Patrón Marchand.
En compañía de Leo Nucci, uno de los grandes a quien dirigió Patrón Marchand.
Alfredo Kraus, Miguel Patrón Marchand. Gala de 1992 del Teatro Municipal de Santiago.
Alfredo Kraus junto a Miguel Patrón Marchant, en el Teatro Municipal de Santiago, 1992.
Fotografía de Miguel Patrón Marchand dedicada al investigador de ópera Juan Dzazópulos en Santiago de Chile el 29 de septiembre de 1996.
Por Juan Dzazópulos Elgueta
Adiós, Miguel:
La partida de mi amigo Miguel Patrón Marchand ha significado un inesperado golpe. El sábado 19 de junio, fueron sus funerales en la Parroquia de Jesús Nazareno de Providencia. La iglesia estaba llena de amigos, colegas, discípulos o simplemente admiradores del músico.
Durante la misa, el Coro del Teatro Municipal llenó las bóvedas de la iglesia con cantos litúrgicos propios para la ocasión. Las sopranos Cecilia Frigerio y Lucia d’Anselmo cantaron solos, con las voces quebradas por la emoción. El ‘Panis angelicus’ de Franck resonó vibrante en la voz del tenor José Azócar, y al final, el Coro elevó sus voces para despedir a Miguel con ‘Va pensiero’ del Nabucco verdiano.
Juan Dzazópulos, Miguel Patrón Marchand y Enrique Gilardoni en 1997, el día de la presentación del libro 'Como un rayo de sol. El l áureo legado de Beniamino Gigli'.
Con un nudo en la garganta, quien estas desordenadas palabras escribe, escuchaba y recordaba cuando Miguel me pidió que presentara, también en el Teatro Municipal, su gran libro, su opera magna, Como un rayo de sol. El áureo legado de Beniamino Gigli. Eso fue un 19 de diciembre de 1997. Y recordaba las veces en que me invitó a participar de su programa en la Radio de la Universidad de Chile, en algunos temas que él reconocía con esa humildad propia de los grandes hombres, no estar tan calificado para exponerlos.
Miguel es el autor de los siguientes libros, todos productos de su gran amor por la ópera, por sus legendarios intérpretes y por su venerado Beniamino Gigli:
Apuntes e imágenes de una carrera (MPM Editor, 2003)
La voluntad de Miguel fue ser incinerado y que sus cenizas fueran llevadas a su Montevideo natal, para reposar junto a sus padres.
Al salir la urna de la iglesia, una larga, larguísima ovación lo despidió.
Tal vez la más espontánea y larga que jamás recibiera en su vida.
Te lo merecías, Miguel. Gracias por tu amistad y hasta pronto,
«Se retira José van Dam a punto de cumplir 70 años. Y ha elegido para la ocasión el patio de su casa —La Moneda, de Bruselas— y el Don Quijote de Massenet, quizá porque el maestro se identifica en la nobleza del héroe cervantino o porque el caballero de la triste figura musita en los últimos compases una emocionante reverencia: “Sancho, Sancho, vamos a dejarnos”.
Nos deja José van Dam, y el peso de la ausencia no concierne únicamente a la sede vacante de un gran artista. También atañe a una época del canto y a una manera de entender el misterio operístico. Van Dam ha sido un ejemplo de coherencia y de escrúpulo. Ha sabido llegar a la esencia de cada papel. Ha participado de la hondura y de la inteligencia sin sobreactuar.
Puede que no tuviera unos medios ni una carnosidad arrebatadores, pero a cambio destacaba en el refinamiento, en la pulcritud de la línea de canto y en la implicación teatral. Recuerdo haberlo escuchado en Salzburgo a propósito de su memorable San Francisco de Asís —Messiaen le hizo el papel a medida— como me vienen ahora a la memoria las secuencias de una película de Gérard Corbiau que se titulaba, claro está, “El maestro de música”».
[El secreto (zamacueca chilena), Javier Rengifo. Con Rosita Serrano. 1942]
El artículo prometido por nuestro amigo Juan sobre la soprano chilena Sofía del Campo. En exclusiva para óperasiempre.es
Gracias mil, Juan.
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Sofía del Campo (1884-1964)
Por Juan Dzazópulos Elgueta
Mayo 2010
Sofía del Campo de la Fuente nació en Santiago (Chile) el 16 de octubre de 1884, en el seno de una de las familias más distinguidas de la sociedad de la época. Fue su padre don Moisés del Campo y Hermida, quien a la vez era hijo de doña Ramona de Hermida, Marquesa de Peña Blanca, y descendiente de Guzmán el Bueno.
Su madre fue doña Sofía de la Fuente y Bravo, de quien se dice fue una de las bellezas de su tiempo, pianista de gran virtuosismo y poseedora de una hermosa voz de coloratura. El abuelo materno de Sofía del Campo fue fabricante de instrumentos musicales; de su labor artesanal proceden algunos de los mejores órganos de tubos que se conservan en Chile.
Desde muy niña, Sofía mostró inclinación y condiciones para el canto. Su propia madre le enseñó los rudimentos de ese arte y a los nueve años de edad se presentó por primera vez en público, cantando ‘Tantum Ergo’ en la Iglesia de Nuestra Señora de la Estampa, acompañada al órgano por su madre.
A los diez, comenzó a tomar lecciones de piano con Federico Lange, hasta que entró al Conservatorio Nacional de Música, a los 14 años. De inmediato se mostró como una destacada alumna de canto, lo que le valió ser tomada como alumna, en forma especial, por la esposa del Director del Conservatorio, Ana Hartam. Cuando Mme. Hartam dejó Chile para asumir la dirección del Conservatorio en Leipzig, Sofía continuó sus estudios de canto con Ana Luisa Cuevas.
Después de algunas audiciones privadas, Sofía del Campo se presentó por primera vez en un concierto, en el Salón de la Sociedad Filarmónica de Valparaíso, el 30 de julio de 1899. La sorpresa que recibió el público de Valparaíso se refleja en algunas informaciones de la época:
“En primera línea —decía el diario La Unión— debemos hacer un elogio, bien merecido por cierto, de la señorita Sofía del Campo, niña de 14 ó 15 años de edad. Es una soprano tal que nos atrevemos decir sin temor a contradicción, pocas veces se habría oído en Valparaíso otra igual. Con voz poderosa, genuina, tanto en el registro alto como en el bajo, canta con gran sentimiento. En el ‘Vals’ de Romeo y Julieta de Gounod y en las ‘Variaciones’ de Proch, tuvo la distinguida soprano ancho campo para lucir sus sobresalientes dotes. En esta última pieza cantó primorosamente; su voz argentina llenó la sala con las vibrantes notas de su privilegiada garganta. La concurrencia entusiasmada le prodigó prolongados aplausos, y ella tuvo que acceder a sus aclamaciones, cantando ‘La Zíngara’ de Schumann”.
El Mercurio:
“Nunca nos imaginamos encontrarnos con tan magnífica voz de soprano ligera, ni mucho menos con una ejecutante de primer orden, como es la señorita Sofía del Campo. Su voz es poderosa, fresca, bien timbrada y recorre el diapasón sin decaer en amplitud, desde las notas más agudas hasta las más bajas, que ella emite con especial vigor y sonoridad. Cuando uno no mira y oye aquella voz cantar con tanta entereza y fuerza de expresión, se imagina que está en presencia de una artista experimentada. Y, sin embargo, la señorita Del Campo es una niña de 15 años”.
[La tranquera, canción chilena, Osmán Pérez Freire. 1928]
Como resultado de esta presentación, el propio Presidente de la República obtuvo para ella una beca que le permitiría ir a Europa para perfeccionar sus estudios de canto. Esta inesperada oferta provocó uno de los reveses más grandes de toda su carrera. Toda su familia se escandalizó ante la sola idea de que Sofía pudiera convertirse en artista. Rehusaron de plano la oferta del gobierno y enviaron a Sofía a Valparaíso, lejos de las nefastas influencias de la capital. Ello no fue impedimento para que la cantante se presentara en algunos conciertos de caridad en la región, siempre con mayor éxito y mayores recriminaciones de su familia.
El 30 de agosto de 1903 se casó con Alberto Byers Salm, de cuyo matrimonio nacieron cuatro hijos: Virginia, Alberto, Enrique y Johnnie. Sin embargo, después de tan solo cinco años de matrimonio, Sofía quedó viuda al morir su marido de tifus.
Rosita Serrano.
En 1911 se casó con Héctor Aldunate Cordovés, con quien tuvo dos hijos: María Esther (1912-1987) y Luis (1913-1994). Digamos ya que María Esher Aldunate del Campo iría a convertirse con el tiempo en la popular Rosita Serrano, destacada cantante de musichall, cine y variedades en el Berlín de los años treinta, pero ésa es otra historia.
Por esos años Sofía del Campo conoce al maestro italiano Mario La Mura, radicado en Valparaíso. Con él reanuda sus lecciones de canto y comienza a formar su repertorio operístico. En septiembre de 1914 se presenta en conciertos de beneficencia y el 22 de diciembre de 1914 se produce su debut operístico en el Teatro Victoria de Valparaíso, dirigida por el propio La Mura, en la ópera Lucia di Lammermoor. El resto del reparto estuvo formado por alumnos de La Mura, ninguno de los cuales tuvo nombradía internacional.
Las funciones de Lucia se repitieron en el Teatro Municipal de Santiago (enero 1915), al igual que las de Rigoletto, en mayo del mismo año. Todo el resto de 1915 estuvo dedicado a conciertos en distintos teatros de Santiago y Valparaíso, siempre de beneficencia. Hay un lapso de dos años en los que se pierden las huellas de Sofía del Campo, posiblemente dedicada al cuidado de sus pequeños hijos.
En mayo y agosto de 1918 vuelve a aparecer su nombre en conciertos en las ciudades de Concepción, Talcahuano, Santiago y Valparaíso.
Durante el mes de septiembre de 1918 se presentó en el Teatro Victoria de Valparaíso la Compañía de Ópera de Adolfo Bracale, que traía como gran figura a la “diva” catalana María Barrientos. Barrientos cantó ocho funciones de las óperas Lucia di Lammermoor, Il barbiere di Siviglia, Rigoletto, La Traviata, La Sonambula y Gli Ugonotti (esta última el 27 de septiembre). Ante el enorme éxito, el empresario le pidió que cantara algunas funciones más. La Barrientos se negó rotundamente y prefirió regresar a España.
Desesperado, Bracale toma una decisión arriesgada y contrata a Sofía del Campo para que se presente en el Teatro Victoria y cante las funciones programadas para la Barrientos.
El debut de Sofía fue el 29 de septiembre con Rigoletto junto a la mezzosoprano Flora Perini, el tenor José Palet, el barítono Augusto Ordóñez y el bajo Virgilio Lazzari. El 1 de octubre cantó Lucia di Lammermoor junto a José Palet, el barítono Mario Valle y el bajo Lazzari. Obtuvo tal éxito que debió repetirse la ópera, con el mismo elenco, el día 3 de octubre. El 5 de octubre volvió a cantar Rigoletto con el mismo reparto anterior, pero además agregó a la función el primer acto de La Traviata junto al tenor Ludovico Olivero.
La última función de Sofía del Campo fue el 6 de octubre, ocasión en que cantó el rol de Margarita en Gli Ugonotti junto a la soprano Louise Taylor Darclée (Valentina), Flora Perini (Urbano), José Palet (Raul), Mario Valle (Nevers) , Virgilio Lazzari (Marcello) y Giuseppe La Puma (Saint Bris). El programa anunciaba que “antes del cuarto acto, Sofía del Campo cantará el Rondó de Lucia di Lammermoor y las ‘Variaciones’ de Proch’”. Todas las funciones fueron dirigidas por el maestro Amadeo Ferrer.
El éxito obtenido en estas funciones impulsa al director Alfredo Padovani a contratarla al año siguiente, para el Teatro Municipal de Santiago, en funciones de Lucia, junto al tenor Pedro Navia y el barítono Emanuele Martínez —ambos chilenos— (13 y 21 septiembre, 1 octubre); Rigoletto, con Pedro Navia, Elena Lucci, Mariano Stabile, Mario Pinheiro (17 septiembre, 5 y 12 octubre); y Amleto (Hamlet), junto al barítono Taurino Parvis, el bajo Giuseppe Quinzi-Tapergi y la mezzo Elena Lucci (una sola función el día 28 de octubre, “en honor de Sofía del Campo”, según se lee en los avisos de la época). Las funciones de Lucia y Rigoletto se repitieron con igual éxito en Valparaíso y Concepción durante el mes de noviembre de 1919.
En 1920 realiza una extensa gira de conciertos por diversas ciudades sudamericanas, incluyendo Buenos Aires, Montevideo y Lima. A fines de ese año está de vuelta en Chile, cantando Rigoletto y Lucia durante los meses de noviembre y diciembre, en la Compañía Lírica Nacional del Maestro Pablo Vos, en el Teatro Santiago de la capital y el Teatro Victoria de Valparaíso.
Repite sus recitales en 1921 y 1922, por diversas ciudades de Chile y Argentina. Hay noticias luego de diez exitosos conciertos en el Teatro Odeón de Buenos Aires, en 1924, y un Rigoletto, en el Teatro Victoria de Valparaíso, con Roberto D’Alessio, Carlo Morelli y Gaudio Mansueto, el 29 de octubre.
Sofía del Campo. Fotografía de G. I. Manuel Freres. 47, Rue Dumont d'Urville. París.
Hay noticias posteriores de una presentación en Roma con la Filarmonica Reale, y otra ante los embajadores de la Liga de las Naciones, en Ginebra. Esta última tuvo lugar el 18 de septiembre de 1925 (coincidiendo con el aniversario patrio de Chile) y, además de Sofía del Campo, se presentaron el pianista ClaudioArrau y el violinista Ernesto Valdivia Palma. En noviembre de 1926 da un aplaudido concierto en la Salle Gaveau de París.
En 1927 se presenta en un concierto en el Teatro Forero (hoy Municipal) de Lima, acompañada al piano por el maestro Federico Gerdes. El segundo concierto que había programado no pudo llevarse a cabo por haber tenido que ser operada, de urgencia, de apendicitis.
Durante 1927 reside en New York. Realiza sus primeras grabaciones para el sello Victor en abril de ese año y se presenta por radio, el 9 de noviembre, por la WEAF NETWORK como solista de los conciertos AEOLIAN. El programa consistió en: 1. Delicia (Beethoven); 2. Mireille: Gran Vals (Gounod); 3. Serenade (Gounod); 4. Clavelitos (Valverde). A continuación, fue contratada para cantar solos durante una semana, a partir del 11 de noviembre, en el Strand Theatre.
También en noviembre debuta con un recital en el célebre Carnegie Hall y el 18 de diciembre canta en la Brooklyn Academy of Music, en un concierto a beneficio del Hogar para Huérfanos judíos “Pride of Judea Orphans Home”. En este concierto también participa el célebre cantor Joseph Rosenblatt, el violinista Ben Levitzky y el pianista Edoaurd Hesselberg.
En marzo y abril de 1928 tiene varias sesiones de grabación para la Victor, en New York y Camden. El 3 de mayo se embarcó en New York en la nave “Teno”, con los pasajes pagados por el Gobierno de Chile presidido por don Carlos Ibáñez del Campo. En julio realizó una serie de “conciertos populares” tanto en Santiago como en Valparaíso, en los que es acompañada al piano por Charles Magnan, Marqués de Chavigni, y el flautista de la Scala Francesco Mattia, según se lee en los programas. En estos “Ciclos de Divulgación Artística” cantaba, además del repertorio tradicional, numerosos temas de compositores latinoamericanos, varios de los cuales llevó al disco.
Por Domingo Postigo, que…, en fin, se lo vamos a perdonar;-)
“Presumo de ser una persona natural; ahora, una cosa es lo que uno ve y lo que uno cree, y otra cosa es lo que pareces. Y muchas veces las apariencias —como tan sobradamente se ha dicho toda la vida— engañan; o sea, que yo no soy nada serio ni nada formal. Me gusta la seriedad en el trabajo, en las relaciones humanas porque creo que profesionalmente, además, así debe ser”.
“El do de pecho lo dan muy pocos cantantes porque es una de las notas más difíciles que hay. Pero, bueno, un cantante tampoco se cataloga porque dé o no dé el do de pecho, sino por una serie de cosas, entre las cuales, además, puede estar el do de pecho incluido”.
“Yo procuro ser auténtico —si se puede decir—, auténtico: cantar con una verdad. Cantar con un compromiso para intentar construir arte, para hacer una cosa que esté por encima de lo normal, desde mi punto de vista; o sea, desde la profesión que yo ejerzo”.
* * 13 de mayo
Segunda parte de la entrevista
“Yo me siento muy unido, pero muy unido, a toda Andalucía. Y, además, para colmo, me gusta también el flamenco. Y además digo una cosa —que nadie ha dicho nunca pero que es cierta—, que los flamencos son los que cantan con mejor técnica del mundo. Mejor que los cantantes”.
“Los flamencos no saben por qué, pero lo hacen. Y es muy sencillo. Ellos buscan la defensa de la voz ante el estrés que significa cantar flamenco, y una noche seguida, y otra noche, y otra noche, y venga mandándose copas de vino, o de lo que sea, y fumando y no sé qué… Entonces, se defienden, cómo, a través de la técnica.
Lo mismo que hace un niño pequeño cuando llora, que llora defendiéndose para no quedarse afónico y colocando los sonidos, precisamente, fuera de la garganta, en lo que nosotros llamamos la máscara —que se dice en Italia—, que son los huecos que hay en los huesos frontales. Y ahí no hay manera de que te haga daño las cuerdas vocales ni hay manera de quedarse ronco. Y la prueba es que un niño pequeño llora, llora, llora, llora, y no se queda nunca ronco”.
“El profano se imagina al cantante de ópera todo el día en el escenario, cantando, dando dos de pecho y cosas de esas (ríe). Pero el cantante, cuando sale del escenario, pues se convierte en una persona normal y corriente…, y corriente”.