“Estos acordes pertenecen a una vieja canción tradicional que allá hace muchos años encontré en la zona Caribe, en la frontera de Venezuela y Colombia. La cantaba una mujer de color. La aprendí, me encantó, y la caminé por el mundo.
Mucha gente me la adjudica. Honor hubiera sido para mí que fuera mía, pero no lo es. Es mía en cuanto a lo que tenga de sensibilidad mi corazón de cosas receptivas. Es un tema anónimo, plural, folclórico. Es de ellos: de la gente morena de esa zona, frontera Venezuela-Colombia.
El tema es la madre que deja a su niño porque se va al cafetal a trabajar, y deja a su niño en manos de una mujer, de una vecina, hermana de ella en el color, en el destino, en la vida.
Y entonces le dice que se duerma, le pide que se duerma al niño la vecina, y le ofrece, le promete, que la madre ha de traerle cosas que todo niño negro quisiera gustar, comer, probar. Pero de adónde; a veces no se puede, la vida tiene otras letras, otra condición.
Le ofrece codornices, dos dólares la yunta: no puede ser. Carne de cerdo, tampoco: no puede ser. En fin. Como toda canción de cuna pisa la tierra y es un poco metafísica. Duerme negrito se llama”.
Nicolás Camilo: “Todo está bién… Pero la canción, a pesar de esta bella historia de Atahualpa, tiene dueño…. Sí!… La canción pertenece al músico cubano Ignacio Villa, más conocido como Bola de Nieve.
“La carrera internacional de Celso Albelo parece haber entrado en una autopista por la que el joven cantante tinerfeño —en tantos sentidos heredero del gran Alfredo Kraus—circula con más prudencia que velocidad.
Atento a cada uno de sus pasos, el tenor lagunero va enriqueciendo su repertorio con nuevos personajes, obteniendo paulatinos reconocimientos, como el obtenido en los V Premios Nacionales de la Lírica, y conquistando nuevos destinos”
—Se encuentra en el festival romano que se celebra en las termas de Caracalla, representando Rigoletto, o lo que es lo mismo reencarnando al duque de Mantua, caballo de batalla de muchos tenores. ¿Cuál es su visión del personaje? ¿Sigue a través de él la línea “krausiana” que guía su trayectoria?
—Kraus siempre ha sido, para mí, referencia absoluta a la hora de afrontar los personajes. Entre ellos está, desde luego, el Duque de Mantua, pero es que además en esta ocasión tengo la oportunidad de cantar bajo la dirección del maestro Renzetti, que alguna vez dirigió a Kraus.
—Es fundamental para mí realizar un Duque elegante, basado en la palabra, remarcando las intenciones y reguladores musicales que Verdi escribe, y así destacar ese carácter libertino, caprichoso pero a la vez aristocrático del Duca. He tenido la suerte de hacer muchas veces el papel con el gran Leo Nucci, quien compartiera escenario con Alfredo, y cada vez que nos encontramos para cantar esta ópera, Leo me indica ciertos matices que me ayudan a encontrar el camino. Sin duda, otra buena guía para mí.
Cesare Siepi, el más célebre de los bajos italianos de posguerra, falleció ayer, 5 de julio de 2010, en Atlanta (Estados Unidos). Hace unos diez días, fue víctima de un infarto.
Había nacido en Milán, el 10 de febrero de 1923. Tenía 87 años.
Una muy fructífera carrera de casi treinta años: de 1932 a 1960. Un dignísimo sucesor de su padre, el célebre barítono Sagi-Barba. Un referente, sin duda, en el ámbito de la opereta y la zarzuela, y que —o a mí me lo parece— no ha recibido el reconocimiento que se merece. Bien sabemos que no se estila… Aun así, lo reivindicamos. A quien corresponda. Qué menos que un homenaje, ¡en vida!; y en su nombre, homenaje a sus padres también, el barítono catalán Emilio Sagi- Barba y la soprano valenciana Luisa Vela.
Sí hubo un concierto homenaje en honor de Sagi-Vela, en enero de 2006, en Torrelodones, localidad madrileña donde reside, o residía, Sagi-Vela. ¿Y qué más? Nada más. Sagi-Vela cumplió 96 años, que se dice pronto, el pasado 17 de febrero. ¿Y a qué esperan?
Debutó en el Teatro Ideal de Madrid, en la compañía de Jacinto Guerrero, como Juan Pedro en La rosa del azafrán. A la batuta, Sagi-Barba, que en marzo de 1930 estrenaba esta misma obra en el madrileño Teatro Calderón. Sagi-Vela tiene tan sólo 18 años. Era el 24 de noviembre de 1932.
Su triunfo fue inmediato. Además de en España, canta en prácticamente todos los países de América del Sur (salvo Brasil), donde fue aplaudido en numerosísimas ocasiones; en Estados Unidos, Italia y Portugal. En 1934, con veinte años, crea la ‘Compañía Lírica Luis Sagi-Vela’, con la que contribuyó a la gran popularidad de que gozó la zarzuela en Argentina, México, Chile, Perú, Bolivia… durante los años treinta y cuarenta. La compañía, heredada de su padre, cosechó éxitos durante casi veinte años; no consecutivos, debido al estallido de la guerra civil española.
Dorini de Diso y Luis- Sagi Vela, en 'La barbiana', zarzuela en dos actos de Leopoldo Magenti y Rafael Fernández Shaw, estrenada "con gran éxito" en el Teatro Ideal de Madrid el 24 de febrero de 1933 ('Mundo gráfico', 8 de marzo de 1933).
Estrenó en España un total de 25 obras. Entre ellas, La del manojo de rosas, de Pablo Sorozábal (noviembre de 1934, Teatro Fuencarral de Madrid), Me llaman la presumida, de Francisco Alonso (diciembre de 1935, Teatro Ideal de Madrid), Monte Carmelo, de Moreno Torroba (octubre de 1939, Teatro Calderón de Madrid), La Caramba, también de Torroba (abril de 1942, Teatro de la Zarzuela) y en 1944, Golondrina de Madrid, de José Serrano.
En la temporada de 1949-1950 se presenta en el Colón de Buenos Aires, como Alfredo en La traviata; y Edgardo, en Lucia di Lammermoor. Interviene también por estas fechas en el estreno argentino del oratorio de Mendelssohn Elías en el Teatro Municipal de Buenos Aires.
Maruja Vallojera y Luis Sagi-Vela, en una escena de 'Me llaman la presumida', sainete lírico en tres actos de Francisco Alonso (música) y Francisco Ramos de Castro y Anselmo C. Carreño (libreto), "que tan brillante y rotundo éxito ha tenido" ('Mundo gráfico', 1 de enero de 1936).
En su repertorio, 68 títulos, entre los que se incluyen operetas y zarzuelas.
“Sus caballitos de batalla eran los que exigían un canto elegante y una presencia escénica impecable”.
“La voz de Luis Sagi-Vela se encuentra a caballo entre la cuerda de barítono y tenor, si bien el artista debió de optar finalmente por la más grave —con esporádicas incursiones en la de tenor— por la mayor comodidad y seguridad de las tesituras baritonales para un cantante de sus características”.
“El timbre es de gran belleza, claro y aterciopelado. Los centros adolecen del peso requerido para la cuerda baritonal, aunque —dadas las condiciones exigidas para un barítono de zarzuela (tesituras muy altas y agudos brillantes)— nos encontramos con un cantante muy adecuado para la interpretación del género español”.
“El intérprete es elegante y busca en todo momento el hilo conductor de la línea de canto, logrando convencer por la musicalidad de sus interpretaciones”.
Triste noticia para la lírica. En la mañana de hoy, miércoles 5 de mayo de 2010, falleció en su hogar de Roma, GiuliettaSimionato. La gran mezzosoprano italiana nació en Forlì el 12 de mayo de 1910. Siete días más, y hubiera cumplido cien años. El destino no lo quiso así.
Sus funerales tendrán lugar mañana en la Capilla de los Caballeros de Malta, en Roma.
«La noticia la ha dado el director de la Asociación Bruno Tosi quien ha definido a la intérprete como “un extraordinario fenómeno artístico” y a la que iba ser entregado el “Premio a Una vida en la Música”. “Nada hacía presagiar su improvisada desaparición pues estos últimos días estaba en discretas condiciones de salud, aunque se sentía bastante fatigada”».
«(…) Lo que sí quería es, aprovechando que de refilón salió a colación el tenor rossiniano por excelencia de los últimos años y uno de los cantantes que meritoriamente más contribuyó al renacimiento de la obra de Rossini en nuestros días, hacer una mínima semblanza de Rockwell Blake que, así lo creo, bien se lo tiene merecido.
Como pueden ver, al final siempre cada loco con su tema. Tenemos que reconocer además que el norteamericano, no obstante su exitosa y premiada carrera en repertorio tan exigente, apenas sí gozó de predicamento alguno entre los “foristas” y eso es algo que me propongo reparar. Vamos, pues, con ello.
Blake contó de partida, mal asunto, con dos no pequeños hándicaps, de esos que, diría yo, sistemáticamente hacen que el grueso de la afición —mucho más entregada y rendida (¿sin condiciones?) a las voces grandes, opulentas, con brillo y bien timbradas que poseen otros tipos de bizarros tenores más “agraciados”— postergue a un segundo término, casi a la marginalidad, a quienes “adolecen” de los mismos: un instrumento vocal pequeño y, para más inri, a decir de muchos acidulado y falto de belleza.
Si a esto añadimos la elección de un repertorio altamente especializado que no está al alcance ni en el interés del gran público, irremediablemente la carrera del norteamericano estaba predestinada a una minoría, la que gusta salirse de los caminos más trillados y que aprecia en los cantantes otras cualidades además de una robusta voz más o menos bonita.
Tras formarse musicalmente en su localidad natal de Plattsburgh, muy cerca de Nueva York, y perfeccionar la técnica canora con la que ha sido su única maestra, Renata Carisio Booth, consiguiendo al cabo su proverbial fiato y una perfecta emisión en la “máscara” que le es característica, en 1977 Blake debuta profesionalmente en el Kennedy Center de Nueva York, siendo el Lindoro de La Italiana en Argel.
Desde un primer momento me interesa subrayar un aspecto fundamental de la particular forma en la que ha entendido la profesión este fantástico tenor, toda vez que el mismo será el santo y seña de tan grande artista desde sus comienzos: jamás Rockwell Blake, y eso que, dada la enorme facilidad para el virtuosismo que posee y una agilidad vocal sin parangón hubiera sido lo más cómodo, sucumbió a la tentación de hacer de éstos un fin en sí mismos, un permanente alarde sin más de sus soberbias facultades canoras, antes al contrario, tan privilegiada capacidad para la más compleja coloratura quedó siempre al servicio de las exigencias teatrales.
Y así ha conseguido, antes que nada, sabiendo velar cualquier signo exterior de semejante superioridad que pudiera interpretarse como un lucimiento personal al margen de la dramática, y, en última instancia, vía introspección y concienzudo estudio de los rasgos esenciales y del modo de ser de cada personaje por él abordado, memorables caracterizaciones dentro de su repertorio que hoy están consideras como no superadas (véase, p.ej., su más que lograda composición del Conde Almaviva que ha paseado por todo el mundo).
Y fíjense que este, cómo diríamos, complicarse la vida sin necesidad para, en definitiva, hacer buen teatro, podría servirnos de percha en la recuperación de aquel otro estimulante debate de hace algunos meses sobre la voz versus la interpretación en ópera.
Seguimos. Un dato acaso no demasiado conocido del currículo de este cantante, es su proclamación como ganador de la primera edición del prestigioso Concurso de Canto Richard Tucker, allá por el año 1978, lloviéndole a partir de ese triunfal momento no pocos contratos hasta llegar su debut, tres años más tarde, en el más importante coliseo norteamericano, el Metropolitan.
Bajo la tutela del célebre bajo-barítono ya retirado George London, cuyo interés había despertado el debutante, Houston, Filadelfia, Chicago y, entre otras renombradas plazas de su país, San Francisco serán testigo en estos primeros años de carrera de sonados éxitos personales que irán afianzado al joven intérprete en la que habrá de ser su especialidad belcantista por la que, sin tardar, le llegará el reconocimiento mundial, Rossini.
Del maestro de Pésaro, Rockwell Blake ha cantado con igual buena fortuna hasta un total de dieciocho títulos, convirtiéndose así en el mayor experto de esta obra de su cuerda y, así lo creo, el más destacado epígono contemporáneo del legendario Giovanni David, el primer contraltino rossiniano de la historia; Blake, explicitando la perfecta comunión que mantiene con su operista de cabecera, llegó a afirmar que “Rossini está hecho para mí y yo estoy hecho para Rossini”.
«Nino Machaidze (Tblisi, Georgia, 1983) ha irrumpido con fuerza en el circuito de la ópera. Su voz y su imagen —alguien la llamó la ‘Angelina Jolie de la ópera’— han atraído la atención. En Valenciainterpreta uno de los papeles más exigentes, con algunas de las notas más agudas del belcanto. Uno sólo advierte cierto reproche si se le insinúa si es la ‘nueva Anna Netrebko’».
Alfons García
—¿En qué piensa cuando tras representar la locura de Lucia, el público irrumpe en aplausos durante unos minutos? —Soy sólo muy feliz, porque lo que hacemos es para el público y los aplausos demuestran que les ha gustado. Si puedo emocionar es que he conseguido mi objetivo.
—¿Es felicidad también por superar el reto del momento técnicamente más complicado? —No, porque la ópera es un continuo, no hay un punto que tengas que hacer mejor, es de la primera a la última nota.