Una buena noticia, publicada en el once aniversario del fallecimiento de Kraus, y que no parece haber originado en los medios gran repercusión: “La Escuela Superior de Canto Alfredo Kraus inicia su andadura“. Con sede en Las Palmas de Gran Canaria, donde se trasladará la Fundación que lleva el nombre del tenor, estará dirigida por su hija, Patricia Kraus Ley, “heredera directa de la técnica de su padre”.
“Nacerá con el propósito de dotar a la ciudad de un centro de alta formación profesional dirigido a los jóvenes cantantes de talento, tanto de las islas como del resto de la península y también de la comunidad internacional. (…)
La escuela acogerá a estudiantes de todas las nacionalidades y contará con un excelente cuadro de profesores de reconocido prestigio nacional e internacional bajo la dirección de la cantante española Patricia Kraus, hija de Alfredo, que cuenta en su bagaje profesional con una amplia carrera como pedagoga, además de ser heredera directa de la técnica de su padre el gran tenor”.
Dì tu se fedele / Forse la soglia attinse… Ma se m’è forza perderti (Un ballo in maschera)
Oh! fede negar potessi… Quando le sere al placido(Luisa Miller)
La vita è inferno all’ infelice…O, tu, che in seno agli angeli (La forza del destino)
Quale d’armi fragor poc’anzi intesi?… Ah sì, ben mio… L’onda de’ suoni mistici.., Di quella pira (Il Trovatore). Con Annalisa Raspagliosi y Arturo Chacón-Cruz
La mia letizia infondere (I Lombardi)
Mercè, diletti amici… (Ernani)
Coro y Orquesta Sinfónica de Milán Giuseppe Verdi. Director: Daniel Oren
Nueva gira de Bartoli en España: “San Sebastián (el 8 de abril, en el Kursaal), Bilbao (el 10, Teatro Arriaga), Oviedo (el 12, Auditorio Príncipe Felipe), Santiago de Compostela (el 14, Auditorio de Galicia), Valladolid (el 17, Centro Cultural Miguel Delibes), Pamplona (el 19, Baluarte) y Vitoria (el 20, Teatro Principal)”.
Como mucho me temo que no voy a saber estar sin contarles qué pasa por el mundo, me adelanto (como el almendro;-) Lo confieso: no me deja el genio;-)
Ya eché sin contemplaciones a todos los dragones goearinos que con premeditación y alevosía se nos habían colado en casa (dejo los enlaces: qué remedio, pero más de uno iré eliminando poco a poco). Si se me ha escapado alguno, por favor, den un silbidito;-)
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27 de febrero
Álvarez, Armiliato, De León (Teatro Real, Andrea Chénier)
En mayo de 2004, tuve la fortuna de entrevistar al tenor catalán Juan Oncina. Lo recuerdo con un cariño especial. Alto, elegante, aún muy atractivo. Sencillo, cordial, sumamente atento; todo un caballero. De los que ya no quedan. O de los que ya quedan muy pocos, recuerdo que pensé mientras bajaba las escaleras de su casa aquella mañana de mayo y le daba al play, no fuera que la grabadora me hubiera hecho una pirula (no me ha pasado nunca, pero a veces la cinta se queda en blanco).
¿Para siempre? Yo la sentí a su lado, y no sólo porque en su casa, donde ambos habían sido sin duda muy felices, rebosara de fotografías y recuerdos de Tatiana; de Tatiana y Juan, de Juan y Tatiana. Sobre el impresionante piano de cola, en la sala de estar, en la salita, en el pasillo…; por todos los rincones de su casa de Barcelona.
Cuando hablaba de ella, se le iluminaban los ojos y, a mí me lo pareció, se le velaba ligeramente la voz. No pronunció la palabra ‘ausencia’; no dijo en ningún momento cuánto la extraño, cuánto la amé, cuánto la quiero, pero no había que ser muy hábil para darse cuenta de que le dolía tanto que ella ya no estuviera físicamente junto a él que todo lo demás importaba apenas nada.
El pasado 29 de diciembre falleció Juan Oncina. A los 88 años de edad. Descanse en paz. Allá donde esté, estoy segura de que se sentirá feliz de reencontrarse con Tatiana, a quien tanto amó y con quien tanto quería.
Subo a portada lo más completo que existe ahora mismo en la Red sobre la vida y carrera artística de Juan Oncina (gracias, Salvador). ¿Salió en la prensa la noticia de su fallecimiento? No veo nada. Claro que no sé de qué me extraño.
Cuando nos despedimos, Juan Oncina me regaló un CD con grabaciones suyas, de su archivo personal. Llevo ni sé las horas intentando subir alguna de ellas, pero, no sé por qué razón, no lo consigo. Las meigas:-( Otro día será. Junto con la entrevista.
“Juan Oncina Espí nació en el célebre Paralelo de Barcelona, donde se crió. Era hijo de Rafael Oncina, natural de Elche y con buena voz de barítono, pero cuando le dijo Chapí los sacrificios que debía hacer para ser cantante dijo que para su tía, que él quería vivir. Su madre, Consuelo Espí, era de Jijona, trabajadora como ella sola y apoyo de Rafael en cuantos negocios se metía. Era el menor de cuatro hermanos, Camelia, Rafaela, Pepita y Juan. Otro hermano, Rafael, había muerto a los siete años, dos antes de que Juan naciera.
Los últimos negocios de su padre en Barcelona fueron ‘Le Petit Noé’, un restaurante, y una taberna en el puerto. Antes tuvo otro bar-restaurante y, al llegar a Barcelona, una barbería, ya que el oficio con el que llegó fue el de barbero.
En este ambiente se crió Juan con su mala salud a cuestas. Todos los años cogía unas pulmonías que hacían temblar a la familia hasta que, por consejo del médico, su padre decidió cambiar de aires y se fue a Orán con toda la familia exceptuando a Rafaela, que ya se había casado.
Juan tenía entonces nueve años e inauguró su estancia en Orán con un paludismo que lo tuvo a punto de morir pero el tratamiento de quinina y baños de mar lo dejó inmunizado para el resto de su vida. En Orán vivían todos los hermanos de su padre por lo que, una vez pasado el paludismo, pudo llevar una vida familiar activa rodeado de sus padres, hermanos, tíos y primos.
Se abrió un nuevo ‘Petit Noé’ que atendían la madre con las hijas y un barbería que atendía el padre ayudado por Juan cuando sus deberes escolares se lo permitían.
Poco a poco, conforme crecía, fue definiendo sus aficiones: el remo y cantar. Acompañándose con la guitarra hacía las delicias de las reuniones en las que a las chicas se le caía la baba. Todos los veranos ganaba el concurso de canción melódica.
También, mientras fregaba los platos del restaurante ayudando a sus hermanas, escuchaba por radio las retransmisiones de ópera que se daban desde La Scala. Sus ídolos eran Beniamino Gigli, Tito Schipa y Feruccio Tagliavini. De todas formas, no había pasado por mi mente dedicarme a la música.
A los 17 años, como dos chicas que les gustaban a su amigo Juanito Sola y a él habían tenido la ocurrencia de matricularse en el Conservatorio, allá fueron los dos Juanes. A Sola no lo admitieron y a Oncina sí. La responsable del área de canto del Conservatorio era la gloria de la ópera francesa Jeanne Camprodon, nacida en Orán y cuñada del Prefecto, que le acogió en sus clases.
Cuando le dijo que podría cantar como Gigli o Schipa ya no hubo sacrificio que no fuera capaz de hacer. Su ilusión fue ser cantante a pesar de que su padre, acostumbrado a su propia voz de barítono, al oír la de tenor ligero de su hijo, le decía: ‘Tú no tienes voz ni para vender periódicos’. Su madre le hacía un guiño de complicidad y luego le decía: ‘No le hagas caso, y estudia’.
Estudió tanto como para hacer en tres años los seis cursos de carrera. Cuando su maestra le dijo que ya había llegado el momento de volar lo quiso mandar a París, donde tenía buenos contactos, pero Juan a donde quería ir era a Italia y nunca estudiaría en Francia.
Antes de irse a Italia tuvo que hacer la ‘mili’, a pesar de que su padre estaba enfermo; y después de muchas aventuras que empezaron en Melilla y siguieron en Algeciras, tras pasar por Madrid, acabó en Barcelona con permisos uno tras otro para que pudiera estudiar canto. Mientras tanto había muerto su padre y les tocó a su madre y a sus hermanas seguir atendiendo ‘Petit Noé’.
En Barcelona estaba su hermana Rafaela, que con su marido, otro alicantino llamado Severino Cortés, tenía una horchatería en la calle Aribau. Entre los clientes de la horchatería había una señora que se llamaba Mercedes Capsir, una formidable soprano, que tras haber cantado en los mejores teatros del mundo estaba haciendo las últimas representaciones en su tierra.
Rafaela le contó a Mercedes, ésta lo escuchó y Juan acabó siendo el ojito derecho de Mercedes entre todos sus alumnos. Tanto es así que el año 1945 le hizo debutar en el Teatro Municipal de Gerona cantando junto a ella en el papel de ‘Renato Des Grieux’ en Manon.
En esta época de estudiante tuvo contacto con todos los cantantes y relacionados con la música que también empezaban su carrera en Barcelona, entre ellos, el tenor Miguel Fleta, hijo; la soprano Victoria de los Ángeles, Rosa Sabater, la gran pianista tempranamente desaparecida; el barítono Raimundo Torres, la soprano Carmen Gracia, la mezzo Conchita Velázquez… Las reuniones para cantar y charlar eran en casa de Victoria o de la hermana de Juan. Se formó una buena relación entre todos ellos.
Tras el debut de Gerona volvió a cantar otra vez, junto a Mercedes, en Reus y Vic la Manón de Massenet, que también cantaría en el Teatro Calderón de Barcelona.
“De la Carmen me encanta el hecho de que es una persona que vive el momento, es muy práctica. Quizás la practicidad que tiene ante la vida haga que resulte como una mujer fría y calculadora ante el amor. Yo creo que no. Yo creo que lo que pasa es que ella vive la vida de un manera…: con todo. Es decir, es muy apasionada, es una persona que se rige por sus propios códigos, no sigue las reglas de nadie, ni siquiera las de su propia comunidad. Yo pienso que dentro de su propia comunidad, ella también es un personaje diferente, porque sigue un poco su propia voluntad. Ella tiene un código de vida y vive el momento”.
“Yo siempre pienso que en la medida (en) que uno sea capaz de sentir las cosas auténticamente; no sólo de sentir la música sino realmente estar metida dentro de la historia, metida bajo la piel del personaje, eso va a llegar mucho más directo al público”.
“Tú puedes engañar al público hasta cierto punto nada más. Pero hay algo en que cuando uno es genuino —cuando canta, cuando hace algo, lo hace de corazón—, hay algo que va mas allá del intelecto, que llega directamente al corazón”.
Le escuchamos cantar (a partir de 22:49): ‘Mon coeur s’ouvre à ta voix’, Sansón y Dalila, Saint-Saëns. Teatro Monumental de Madrid, 22 de mayo de 2009.
«Y después de casi tres horas de recital, ni el público se cansaba de ovacionar con auténtico delirio, ni ella de salir incansable a agradecer las muestras de afecto y admiración, aunque las dos últimas veces ya no quedara ningún miembro de la orquesta en el escenario y hasta los más devotos empezaran a aceptar que ya les había entregado suficiente».
«Es increíble lo que está haciendo. Seis compases sin tomar aire es una brutalidad. Lo que está haciendo es tremendo y nada cómodo para ella que va un tono y medio por encima de su tono”, decía un señor sentado en el patio de butacas que se desgañitaba con sus ‘bravos’ y ‘brava’».
“El barítono malagueño CarlosÁlvarez se encuentra ‘mucho mejor’ de su lesión congénita en una de sus cuerdas vocales, por lo que a partir de enero retomará su agenda para recorrer ciudades como Roma, Nueva York y Washington y trabajar a las órdenes de Plácido Domingo”.
Y hablando de Mario del Monaco, recordé hoy uno de esos estupendos programas de Antonio Lagatta Mazzeo… Eso es, La ópera y sus intérpretes. Un viaje a las voces del pasado.
El programa está centrado esta vez en las primeras grabaciones de Mario del Monaco, entre 1948 y 1951.
“Mario del Monaco nació en Florencia, el 27 de julio de 1915 y (…) si bien estudió canto por algunos meses con Raffaelli y Melocchi y (…) luego se inscribió en la Escuela Lírica de la Ópera Real de Roma; en realidad, el cantante fue un autodidacta.
Durante su juventud se ejercitó estudiando y analizando los discos de Enrico Caruso, Aureliano Pertile, Miguel Fleta, Beniamino Gigli y Giacomo Lauri-Volpi, a efectos de aprender la parte técnica e interpretativa; y fue así que Mario del Monaco tuvo la voz, el estilo de canto, y de interpretación, que él quiso tener”.
Canta Mario del Monaco (y en el siguiente orden):
Un dì all’azzurro spazio, Andrea Chénier, Giordano
O paradiso, La Africana, Meyerbeer
Nessun dorma, Turandot, Puccini
Da voi lontan, Lohengrin, Wagner
♣ Grabaciones del 22 de noviembre de 1948
Esultate!
Ora e per sempre addio
Dio, mi potevi scagliar
♣ Otello, Verdi. Grabaciones del 16 enero de 1951
Celeste Aida, Aida, Verdi
Vesti la giubba, Pagliacci, Leonvavallo
No! Pagliaccio non son!, Pagliacci, Leonvavallo
Niun mi tema, Otello, Verdi
♣ Grabaciones del 5 de abril de 1951
Donna non vidi mai, Manon Lescaut, Puccini
Testa adorata, La bohéme, Leoncavallo
♣ Grabaciones de septiembre de 1951
Il fiore che avevi a me tu dato, Carmen, Bizet
Addio a la mamma, Cavalleria rusticana, Mascagni
♣ Grabaciones del 20 de diciembre de 1951
Oviedo: Gianna D’Angelo, Mario del Monaco, Alfredo Kraus y Giuseppe Taddei, en las jornadas líricas del Campoamor
“La jornada inaugural del ciclo mateíno que todos los años rinde culto a la ópera en el Campoamor ovetense, registró una excelente versión de I Puritani, sobre la que brindaremos inmediato resumen. No sin antes adelantar la referencia sobre el Otello que escuchamos en la segunda velada.
Porque no es corriente la situación que pudo registrarse ese día: la actuación de un gran artista, con la responsabilidad de desempeñar el cometido protagonista en una obra compleja, musical y escénicamente, cuando desde su patria llegaban las más graves noticias sobre la salud de su padre que, en efecto, falleció pocas horas antes de comenzar la representación, aunque tal desenlace se ocultó al interesado hasta el final de la misma.
Puedo asegurar que pocas veces Mario del Monaco supo responder más y mejor a su condición de ’superdivo’ que todavía nos gana con su arte excepcional, con el chorro de una voz de volumen generosísimo y el mordiente de unos agudos que vibran y encienden. Es de suponer hasta qué punto el esfuerzo habrá sido sobrehumano y de reconocer que el público, advertido, volcó en él su admiración, simpatía y respeto.
Desde su primera, impresionante frase en el ‘Esultate’, fueron todo larguísimas ovaciones, unánimes, entusiastas… y merecidas tanto por el cantante, el actor, como por el hombre.
Su Otello, para un crítico que ha visto muchos a lo largo de varios lustros de profesión, sería memorable por el puro valor intrínseco, pero lo será más por las circunstancias.
De cuantos rodeaban al insigne tenor, resaltó la gran personalidad de Giuseppe Taddei, que hace un Yago, como cantante y actor, de nivel sobresaliente.
22 Octubre, a las 23:05
Mefisto nos envía lo que nos prometió esta mañanita. Presten atención, porque es una primicia.
“Fue grabada en 1975 por el secretario privado de Mario del Monaco desde un palco. Como ya saben, Del Monaco se retiró haciendo, a sus 60 años, once Pagliacci en veinte días. Fue la última vez que cantó esta aria y esta ópera”.
23 Octubre, a las 4:22
“Me parece increíble que a sus 60 años cantara así. Entre lo más notable encuentro que su voz resalta claramente frente a la orquesta. En esta grabación no hay micrófonos que permitan equilibrar la voz del tenor con la orquesta. Y no sólo eso, sino que cantó todo a mezza voce hasta el LA tenido, que utiliza para abrir la garganta al punto de casi enmascarar completamente la orquesta”.
“En Youtube hay algunas escenas del Otello de Buenos Aires, que tomaron su esposa y su hijo Giancarlo. Es un documento interesantísimo, donde aparecen también Carlos Guichandut y Delia Rigal (mis queridos maestros)”.