¿Puede un violín transmitir el sentimiento vivaz de una jota? ¿Puede a uno entrarle ganas de bailar y soltarse la melena (o el delantal)?;-) ¿Sin guitarras, bandurrias, castañuelas, dulzainas ni tamboriles?… Puede.
Claro que la jota es del genial Sarasate; y la interpretación, de un gran maestro: el excepcional violinista cubano de origen navarro Eduardo Hernández Asiain. Al piano, estupenda también, Lily (Araceli) Hernández Asiain.
Años de juventud. Miguel Patrón Marchand (1943-2010), junto al compositor, pianista y director de orquesta estadounidense Leonard Bernstein (1918-1990).
La soprano Renata Scotto frente a Patrón Marchand.
Miguel Patrón Marchand, junto al tenor Plácido Domingo.
El bajo-barítono belga José van Dam y el musicólogo, escritor, director de orquesta uruguayo radicado en Chile Miguel Patrón Marchand.
En compañía de Leo Nucci, uno de los grandes a quien dirigió Patrón Marchand.
Alfredo Kraus, Miguel Patrón Marchand. Gala de 1992 del Teatro Municipal de Santiago.
Alfredo Kraus junto a Miguel Patrón Marchant, en el Teatro Municipal de Santiago, 1992.
Fotografía de Miguel Patrón Marchand dedicada al investigador de ópera Juan Dzazópulos en Santiago de Chile el 29 de septiembre de 1996.
Por Juan Dzazópulos Elgueta
Adiós, Miguel:
La partida de mi amigo Miguel Patrón Marchand ha significado un inesperado golpe. El sábado 19 de junio, fueron sus funerales en la Parroquia de Jesús Nazareno de Providencia. La iglesia estaba llena de amigos, colegas, discípulos o simplemente admiradores del músico.
Durante la misa, el Coro del Teatro Municipal llenó las bóvedas de la iglesia con cantos litúrgicos propios para la ocasión. Las sopranos Cecilia Frigerio y Lucia d’Anselmo cantaron solos, con las voces quebradas por la emoción. El ‘Panis angelicus’ de Franck resonó vibrante en la voz del tenor José Azócar, y al final, el Coro elevó sus voces para despedir a Miguel con ‘Va pensiero’ del Nabucco verdiano.
Juan Dzazópulos, Miguel Patrón Marchand y Enrique Gilardoni en 1997, el día de la presentación del libro 'Como un rayo de sol. El l áureo legado de Beniamino Gigli'.
Con un nudo en la garganta, quien estas desordenadas palabras escribe, escuchaba y recordaba cuando Miguel me pidió que presentara, también en el Teatro Municipal, su gran libro, su opera magna, Como un rayo de sol. El áureo legado de Beniamino Gigli. Eso fue un 19 de diciembre de 1997. Y recordaba las veces en que me invitó a participar de su programa en la Radio de la Universidad de Chile, en algunos temas que él reconocía con esa humildad propia de los grandes hombres, no estar tan calificado para exponerlos.
Miguel es el autor de los siguientes libros, todos productos de su gran amor por la ópera, por sus legendarios intérpretes y por su venerado Beniamino Gigli:
Apuntes e imágenes de una carrera (MPM Editor, 2003)
La voluntad de Miguel fue ser incinerado y que sus cenizas fueran llevadas a su Montevideo natal, para reposar junto a sus padres.
Al salir la urna de la iglesia, una larga, larguísima ovación lo despidió.
Tal vez la más espontánea y larga que jamás recibiera en su vida.
Te lo merecías, Miguel. Gracias por tu amistad y hasta pronto,
“En EE.UU. celebrarán mi 65 cumpleaños, el 4 de julio, por todo lo alto. Nací y vivo en Madrid. Estoy casado y tengo un hijo. Mi idea política se resume en el último movimiento de la ‘Novena’ de Beethoven: todos los seres humanos tenemos que ser hermanos. Soy agnóstico”.
—¿Al cura pelirrojo le gustaba hacer tríos?
—Sí, y no precisamente musicales, que también los hizo. Era vox pópuli que Vivaldi, a pesar de ser cura, convivía con una cantante, la Giró, veinte años más joven, que era su protegida, y una hermana de esta a la que contrató como enfermera.
—Pillín. —”Como soy estrecho de pecho (asmático) —se justificaba—, no puedo decir misa y necesito una enfermera siempre conmigo”.
—Pero fue fiel a su trío.
—Efectivamente, fiel a las dos hermanas. Las costumbres en aquella época eran muy relajadas, incluso los cardenales tenían doble vida, y allí, en Venecia, los carnavales duraban casi seis meses.
—La debilidad de Bach era más prosaica.
—Sí, el orgullo. Fue una persona religiosa y de orden, fiel a sus dos mujeres, de las que tuvo 20 hijos; pero tener que estar bajo la esfera de quienes le contrataban, muchos ignorantes y cretinos, le sacaba de quicio, y tenía que tragarse el orgullo. Sin embargo, por orgullo y por cabezonería acabó encarcelado.
—¿El más feo de todos los genios?
—Probablemente Wagner, porque era bajito y cabezón.
—Pues a Haydn lo describían como a un monstruo.
—Sí, de él decían que sus piernas eran tan cortas que cuando se sentaba no alcanzaba el suelo. Su mandíbula inferior sobresalía como la de un bulldog y tenía la cara picada de viruela. Y le llamaban el Nigeriano por el color de su piel. Pero era bonachón y tenía sentido del humor. Era muy amigo de Mozart.
—Mozart sufría una extraña fobia. —Sí. Un trompetista dejó un documento en el que explica que cuando Mozart era pequeño tenía terror a la trompeta. Su padre lo invitó a su casa y le pidió que tocara para ver sí así se le pasaba la fobia; pero en cuanto se puso a tocar, Mozart se desmayó. Sufría trompetofobia.
—¿Qué es lo que más le sorprende de la vida íntima de los grandes músicos?
—Vivaldi fue cura porque, al ser pobre, su padre tuvo dos opciones: o hacerlo cura o castrarlo; pero Liszt se hizo sacerdote por vocación después de haber tenido hijos y siguió acostándose con todas las señoras —eso sí, de alta alcurnia— que podía. Que un abate fuera un promiscuo quizá es lo que más me choca.
—Mucho pecado de faldas, veo.
—El de Wagner fue, además de la autoidolatría, la infidelidad hacia sus mejores amigos y protectores: se la pegaba con sus mujeres.
—¿El más atormentado, Chaikovski?
—Sí, ser homosexual en la época de la Rusia zarista significaba irse a vivir a Siberia. Intentó ocultar su homosexualidad (a la que consideraba una enfermedad) casándose. El matrimonio fue un desastre y vivió amargado. Pero tuvo una relación con Nadejda von Meck, una acaudalada viuda rusa que tenía 11 hijos y que estaba enamorada de él.
—¿Qué tipo de relación?
—Ella le mantenía y sólo le puso una condición: que no se conocieran. Estuvieron carteándose durante catorce años.
—¿Beethoven era el de peor carácter?
—En una ocasión, como tantas, estaba tocando el piano y un príncipe susurró algo a una señora. Beethoven cerró la tapa del piano y gritó: “¡Yo no toco para esos cerdos!”. Luego se arrepentía; mandaba a la porra a un amigo y a los diez minutos le escribía una carta: “¡Querido corazoncito!, por favor, ven, perdóname. Te besa tu Beethoven, también llamado albóndiga”. Su música es así.
—Ciclotímica.
—Sí. Nunca cuajó con ninguna mujer, prefería las fulanas, a las que llamaba fortalezas.
—No está mal.
—Y Brahms tocaba desde los 11 años en prostíbulos de Hamburgo. Durante toda su vida tuvo un amor incondicional hacia ellas, decía que eran mejores que cualquier dama.
—La mayoría de los músicos provenía de estratos sociales bajos.
—Sí, los artistas eran parte de la servidumbre, se utilizaba a los músicos como ahora se usa un CD, no estaban considerados.
—¿Cuál es la historia de amor más bella?
—La de Brahms con Clara Schubert, bastante mayor que él y esposa de su mejor amigo y protector. Brahms se enamoró de Clara nada más verla. Cuando Schubert enloqueció y tuvieron que internarlo, Brahms no lo traicionó, incluso cuando murió siguieron enamorados toda la vida, pero sin casarse.
—Había genios esforzados y genios iluminados.
—Cierto. Beethoven era un genio pero le costaba; en cambio, Mozart… En la Capilla Sixtina, una vez al año se abría un cofre que contenía una obra, el Miserere de Allegri a ocho voces, se interpretaba y se volvía a guardar bajo llave y bajo pena de excomunión a quien la copiara.
—¿Una obra complicada?
—Mucho. Mozart, con 14 años, escuchó el Miserere de Allegri una vez, llegó a casa y lo escribió sin un solo fallo. ¿Cómo es posible? Yo creo que era un savant.
—¿El síndrome del sabio?
—Sí, personas con desórdenes mentales como el autismo que pese a sus discapacidades poseen sorprendentes habilidades mentales específicas. A Mozart era como si alguien le dictara la música, nunca corregía.
“Mi segunda petición será la invitación a nuestra portada de uno de los vídeos de Damrau que nuestra recordada Lillith (a la que añoramos) tiene colgado en el olimpo”.
“Ahora una mezzo dramática de auténtica raza, la brava cantante norteamericana GraceBumbry como princesa de Eboli, una de sus máximas creaciones, y concretamente propongo que la escuchemos en la segunda de sus arias, la temible en verdad O don fatale, o don crudel”.
“Y ya por último, no podía faltar, claro está, Rossini; una monodosis suya tomada de la deliciosa obra L’italiana in Algeri, la cavatina ‘Cruda sorte! Amor tiranno!’ (pongamos que en la notable interpretación que de ella siempre hizo la Berganza)”.
“Ana María Olaria poseía una voz clara, alta de posición y casi siempre brillante. Un instrumento de ligera —que pronto apuntó también posibilidades de lírico-ligera— de agradable timbre, y no exento, además, de los más dulces repliegues.
Contaba con dicción franca y fluidez notable, con estilo ágil y cortés. Era capaz de emitir también agudos cristalinos, aunque, espisódicamente, algún sonido en este sector sonara algo clareado o bien acusara una leve tensión”. [Sagarmínaga]
Y finalizamos con el Bolero del marabú, o Canción del marabú, que se las trae;-)
Grabaciones de 1960. Coro de Radio Nacional de España. Orquesta de Cámara de Madrid. Dirige: Daniel Montoro.
“Dolores Pérez [Llily Berchman, en sus inicios] tuvo un estilo de canto propio, que en justicia puede calificarse de intransferible. Se apoyaba su arte en unas sobresalientes dotes de actriz, y en una voz retumbante y poderosa de soprano, con la que alternó —no sin peligro— papeles de lírica y de spinto, recalcando mucho la dicción y exhibiendo un fuerte temperamento que hacía muy llamativas sus interpretaciones”. [Sagarmínaga]
Canción del marabú: Emma Penella, con la voz de Lily Berchman (Dolores Pérez).
La película, Doña Francisquita, es de 1952, así que la versión que se escucha, de Dolores Pérez, ha de ser anterior a la de 1960.
“Amo la música en general, y el momento de hacer un programa es un verdadero problema para mí, porque nunca sé qué poner: lo pondría todo, y no pondría nada (…). En cuanto a la música, lo pondría todo; en cuanto a mí…, entonces llega mi exigencia y empiezo a pensar en que esto todavía no está a punto, o que lo otro está demasiado ya gastado o, en fin, una serie de problemas que, si fuera por mí, no haría ningún programa”.
“Si tuviéramos que escoger, siempre a modo de juego, la “versión de referencia” para que algún estudiante, o alguien que no conociera nada sobre la ópera, la escuchara… ¿Qué versión sería? ¿Qué versión, y de qué cantantes, prefieren ustedes para El elixir de amor?”.
“Y ya si alguien me puede hablar de algun Elixir que viera entero en un teatro… pues ya sí que sería no para darle las gracias sino para darle dos besos ( o un abrazo, XD)”.
Quien dice la mejor, dice la que más nos gusta. Por las razones que sean. Iremos añadiendo audiciones o vídeos (siempre que sea posible) a medida que ustedes se pronuncien.
“Me quedo con una versión que hizo en 1990 en la Plaza de Las Ventas dentro de una gala denominada “Opera Stars” y es que esa noche Alfredo tenía como un plus que hacía como si estuviera en estado de gracia…”.
Nemorino: “La ‘lágrima’ de Kraus no deja de sorprenderme, no dejo de escucharla una y otra vez; ésta de las Ventas o la mayoría de las que nos interpreta nuestro Alfredo del alma”.
8 Septiembre 2009, a las 12:11
Nemorino: “Me quedo con la versión de las Ventas. Por cierto, mil perdones a Werther, ¡cómo me pude olvidar! El único atenuante es que hace ya más de dos años (5 abril 2007) que él mismo me dedicó en su blog una maravillosa ‘Quanto è bella’ interpretada por el maestro. Ahí os dejo el enlace, con el permiso de Werther”.
(Gracias, Nemorino)
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7 Septiembre 2009, a las 10:00
Antonio: “Me gusta muchísimo la versión de Schipa, pero me quedo con la de Kraus. Por cierto, además de las versiones que aquí se han mencionado (me refiero a las de Kraus), en e-mule encontré una en directo en París (o, al menos, eso ponía) que también es impresionante”.
9 Septiembre 2009, a las 9:47
Antonio: “Ahí va mi votación, según el ‘nuevo formato’:
1. Kraus
2. Schipa
3. Aquí tengo más dudas, pero recuerdo que hace tiempo, Gio, dedicaste otra entrada a esta misma aria. Allí aparecía una versión de Di Stefano que me gustó bastante (a diferencia de una que tengo en disco, que no me gusta nada), así que, aunque hasta ahora no haya aparecido, creo que la voy a elegir como nº 3.
(Gracias, Antonio)
Giuseppe Di Stefano (1944)
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8 Septiembre 2009, a las 8:37
Werther nos saca de dudas (como siempre): “Efectivamentehay ‘Una furtiva…’ de Kraus en París. La misma tuvo lugar en la Ópera Garnier a finales de 1987 en un memorable recital conjunto de Kraus con June Anderson y bajo la batuta de Michelangelo Veltri [aquí]”.
(Gracias, Werther)
Tito Schipa (1929)
4 Septiembre 2009, a las 10:20
Dinora: “Me quedan muchas versiones por escuchar, pero de momento hay una que me gusta mucho, quizás por esa delicadeza y pasión con la que canta Tito Schipa”.
“Me gusta [esta de Gigli, 1933] aunque la escala final en esta versión… ejem… qué puntillosa soy jejeje bueno, seguiremos en ello…”.
(Gracias, Dinora)
——————— 5 Septiembre 2009, a las 1:57
Yemapel: “A mí, como a Dinora, la que más me gusta es la de Schipa de 1929. La voz parece pura glucosa. Hay dos más muy interesantes: Carlo Bergonzi en directo (1967, también algo lenta) y Cesare Valletti(creo que de 1952)”.
6 Septiembre 2009, a las 1:48
Yemapel: “La de Schipa está entera, aunque con la imagen fija. Aunque es otra versión, es también de 1929″.
(Gracias, Yemapel)
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7 Septiembre 2009, a las 3:43
José Carmelo Rugna: “Hay muchas y muy buenas versiones pero destaco dos tenores por sobre el resto, Tito Schipa y Beniamino Gigli, la de Gigli la tengo en un viejo LP con un terrible ruido a púa, pero igual o quizás por eso me pone “la piel de gallina cada vez que lo escucho”.
9 Septiembre 2009, a las 2:21
José Carmelo Rugna: “Dije Schipa y Gigli como las que mas me gustan, pero si debo decidir voto: 1º Schipa 2º Gigli.
Por supuesto que también son excelentes las versiones de Bergonzi y Kraus”.
(Gracias, José Carmelo)
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5 Septiembre 2009, a las 8:59
Jussi Björling
e.arroyo: “A mí me gusta Björling y después Schipa”.
(Gracias, e.arroyo)
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5 Septiembre 2009, a las 5:58
Allforthemusic: “Bueno, yo también quiero dejar versiones para que al menos, con un clic podamos escucharlas… y decidirnos! John McCormack (1910), Enrico Caruso, Alfredo Kraus joven (versión que aparece en la película Gayarre; 1958), Cesare Valleti(Quanto è bella, quanto è cara…; 1954).
Yo todavía sigo escuchando, ya decidiré”.
(Gracias, Allfor)
John McCormack (1910)
Carlo Bergonzi (1967)
7 Septiembre 2009, a las 4:56
Yemapel: “Bueno, tengo que votar, que sólo he aconsejado versiones:
1. La que más me gusta, la del irlandés McCormack, propuesta por Allforthemusic. Se puede dejar sólo la voz y seguiría siendo espléndida.
2. Tito Schipa, por lo dicho en otros comentarios.
3. Carlo Bergonzi. Magnífico, como siempre”.
Beniamino Gigli.
Londres, 27 de marzo de 1933. Orquesta de La Scala de Milán. Dirige: Sir John Barbirolli.
(Nota bene: creo que esta versión de Gigli no se corresponde con la que señala Mefisto, pero a alguna le tenemos que poner la flor;-) Sobre la versión de Caruso, él mismo lo especifica)
7 Septiembre 2009, a las 2:58
Mefisto: “Para mí la versión del gran Caruso, una que tengo en disco de Gigli me parece muy buena, y la de Schipa”.
8 Septiembre 2009, a las 6:38
Mefisto: “La versión de Caruso acompañado por piano donde juega magistralmente con los claroscuros, los tiempos están llevados atrás, tiene muchas florituras no escritas y utiliza su fiato para tocar (literalmente) al oyente. Creo que es la de un link de Allforthemusic, pero no estoy seguro porque de la que yo dispongo tiene menos tratamiento digital, especialmente en la compresión del sonido.
“La versión de Gigli es la del sello EMI en discos (7) con toda su discografía en obras sueltas catalogadas por época bajo el nombre de Historical Archives, Arie da opere, Beniamino Gigli La sua storia, la sua voce.
En cuanto a la de Schipa es la del´29″.
(Gracias, Mefisto)
——————— 9 Septiembre 2009, a las 8:20
Nicolás Camilo Gesén: “Yo me quedo con el Elixir de Bergonzi, Scotto, Taddei de 1967, el video está un poco bajo en calidad, pero es una versión muy buena, creo que es la que más prefiero y lo he dicho ya en otros comentarios. (…)
Asumiendo que las versiones aquí citadas son todas magníficas, la elección va más por el gusto personal y nada más. Si hubiese sido La favorita, mi voto indiscutido habría estado con Kraus. En este caso mi elección es otra.
1.- Carlo Bergonzi
2.- Beniamino Gigli
3.- Tito Schipa
4.- Nicola Monti
5.- Ferruccio Tagliavini
Reitero que todas me parecen exelentes… es solo mi más personal gusto”.
Allforthemusic: “Más versiones (me he tomado la libertad de buscar algunas de las que votáis, para que no queden en ‘algo que he oído’ sino en ‘MIRAD cómo canta este pájaro’, espero que no moleste a nadie)”.
Antonio: “Yo no sé si con tanta lágrima estaremos a punto del desbordamiento, pero me gustaría añadir una más. Es de Simoneau, creo que vale la pena”.
(Gracias, Antonio)
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19 Febrero 2011, a las 8:12
Casi año y medio después, añadimos una lágrima que nos recomienda Victoria. Ya la señaló en su momento Alforthemusic, pero por aquellos tiempos llovieron tantas lágrimas que no a todas las dejamos asomarse a los ojos… (Gracias, Victoria)
He escuchado este suave vientecillo tantas veces a lo largo de las últimas semanas mientras viajaba de Madrid a Burgos, y viceversa, que casi me lo sé de memoria. Al principio tuve que bajar el volumen. Uf. No. Menos mal. El ruido no provenía del motor del coche: era el mismísimo CD que imploraba clemencia a tantas vueltas y revueltas;-)
Intenté adivinar sobre la marcha quién cantaba. Y aposté conmigo misma por la Janowitz. No hubo premio, claro. Además, de la otra soprano no tenía ni idea de quién se trataba. Y tiene delito, porque ya la tenemos en casa.
“Haydn la compuso en solidaridad con los músicos sobrecargados de trabajo de su orquesta. En homenaje a aquel gesto, los miembros de la Filarmónica fueron abandonando ayer sus puestos hasta dejar solo a Barenboim”.