¿Hoy es lunes? No había caído;-) Hace mucho tiempo que no odiábamos los lunes… Y qué mejor que una canción para capear el temporal; digo los lunes. Yo me quedo con la Milonga del solitario y su bordoneo. ¿Y ustedes? No vale decir que no saben lo que es el desamor. No vale. Porque no nos lo creemos.
“La milonga es de la pampa y el hombre de la pampa usa rollo largo para enlazar porque no tiene obstáculos; el norteño tiene piedras y por eso usa el rollo corto. Mucho lazo, galope abierto, un señor de a caballo en la pampa es un dominador del espacio, entonces cuando toma la guitarra no canta dos minutos, usa cuatro décimas, canta diez minutos porque tiene llanura y tiempo”.
“No miro mucho para atrás: he vivido cuarenta y cinco vidas en el tiempo de una sola, he pasado pobrezas, angustias, rebeliones, tristezas, humillaciones, olvidos, ingratitudes; yo mismo he sido ingrato y olvidador. Prefiero mirar para adelante. Porque detrás de mí lo único que he hecho es ir acumulando una serie de vivencias, de acontecimientos, de eso que la gente llama experiencia.
Yo tenía un amigo a quien recuerdo “muy siempre”, como decimos en el campo, un amigo que murió hace treinta años o algo parecido, el autor de ‘Los ejes de mi carreta’, Don Romildo Risso. Don Romildo me decía: “hay dos clases de viejos –él era un hombre de canas y yo un mocoso de veinticinco años– “dos clases de viejos –me decía Don Romildo Risso–: aquel que pasó la vida acumulando experiencia y aquel otro que se pasó la vida amontonando zonceras y se cree que es experiencia”.
“Lo que calla la montaña y el canto eterno del río, el fuego del horizonte y la nostalgia del frío. El milagro y la justicia del caballo y de los cardos, el gorrión y los horneros, la esperanza, el sol, el campo.
Todo eso lo sabía por tu guitarra y tu canto, don Atagualpa Yupanqui, que abriste puerta y ventana pa’ que nosotros podamos contar al mundo la patria. Ahora canto tu milonga pa’ darle gusto a mi alma, y después haré silencio. Y eso es pa’ darte las gracias”.
“Dos gardenias, con sus incontables grabaciones y versiones, fue más que un éxito comercial o de popularidad. Era un pedazo de su vida”.
Estrenada en 1945 por el barítono Guillermo Arronte, con quien Isolina contrajo más tarde matrimonio, el puertorriqueño Daniel Santos fue el primero en grabarla y en convertirla en uno de los boleros más populares de todos los tiempos. Le seguirían otros: AntonioMachín, Pedro Vargas, Toña La Negra, Nat King Cole… Más de cuarenta interpretaciones.
Barbara Hendricks es una dama de la música y una mujer comprometida que considera que la lucha por los derechos humanos y la lucha por el arte “son un mismo combate”. Artista multidisciplinar, compagina sus raíces norteamericanas del jazz y el gospel con su carrera operística. Y se queda con todas ellas.
“Los diferentes estilos son como hablar distintas lenguas y me siento afortunada por poderlos cantar”, asegura desde París. “Todas las formas de la música hablan de lo mismo: de las emociones, de los sentimientos sobre la vida”. Como ejemplo, el pasado año grabó un disco homenaje a Billie Holiday, una de sus cantantes de jazz de referencia y a la que, según algunos, se parece.
La soprano nacida en Arkansas, aunque nacionalizada sueca y residente en Europa, actuará en el Palacio Euskalduna de Bilbao el próximo 26 de mayo, en un concierto que interpretará los 24 lieder de Winterreise, de Franz Schubert.
Pero Barbara Hendricks también desarrolla una no menos importante labor social, sobre todo en favor de los refugiados y los derechos de los niños, y es colaboradora de las Naciones Unidas en estas materias. En el año 2000 recibió el premio Príncipe de Asturias de las Artes por su defensa de los derechos humanos y su contribución a la cultura.
—Viene a Bilbao con Winterreise, de Schubert, inspirado en poemas de Wilhelm Müller, una pieza muy conocida por usted. ¿Por qué la ha elegido y qué tiene de especial?
—Es una obra maestra y he tenido que merecerme el derecho a cantarla. Schubert la escribió al final de su vida y yo la canto al final de mi carrera. Es un regalo para mí misma después de interpretar lieder durante cuarenta años. Un cantante verdiano, cuando interpreta Falstaff, alcanza todo el lenguaje de Verdi. Lo mismo sucede con Schubert y Winterreise.
—Es una cantante que aborda diferentes estilos, pero debutó con el jazz. ¿Su corazón es todavía funda mentalmente jazzístico?
—Es musical. Vivo para la música y sus emociones. Lo que me motiva es participar con los demás de los sentimientos que transmite la música. Los diferentes estilos son como hablar distintas lenguas, algo que se suma a la riqueza de mi propio estilo.
—Canta blues, jazz, ópera… ¿Qué le aporta cada género?
—El canto ha sido toda mi vida. Mi voz es diferente según el idioma que hable, lo noto. No sé si la razón está en la musicalidad de cada lengua. De ahí mi interés en explorar diferentes estilos y formas de interpretar.
—Billie Holiday, Mozart, Schubert… ¿Cómo casan en vida?
—Sin mezclarlos. Me gusta la variedad en la cocina, soy una persona muy curiosa, me gusta aprender, investigar, saber, en definitiva.
—Se graduó en Matemáticas, que están íntimamente relacionadas con la música. ¿Cómo le sirve esto a la hora de cantar?
—Las matemáticas sirven para todo en la vida, ya que te enseñan a razonar, a resolver problemas. Pero sobre todo me han dado disciplina para mí misma, una disciplina que no es para nada opresiva sino que me facilita ser libre.
—Como cantante, ¿qué le queda aún por hacer?
—Siempre aprendo. No quiero seguir interpretando lo mismo en los años que me restan en activo. Me gusta regresar de vez en cuando a los lieder que conozco de siempre, pero no me puedo quedar en el pasado, debo seguir adelante aunque sé que tendré que parar. Los viajes, los aeropuertos, las esperas suponen un infierno para mí, pero cuando subo al escenario doy el cien por cien.
Vamos de castizos hoy. Y qué menos que un chotis… En la voz de una soprano madrileña que aún no tenemos en casa. Dice Sagarmínaga sobre María de los Ángeles Morales que, dada la brevedad de su carrera, dejó pocos discos y que, probablemente, “no le hacen entera justicia, pero aun así, son fiel testimonio de algunas de sus cualidades vocales”.
“En Doña Francisquita y Luisa Fernanda, ambas dirigidas por Ataulfo Argenta para el sello Columbia, puede escucharse una voz fácil y bella, además de sonora y timbrada, con color en las notas centrales, de notable homogeneidad, e indiscutible facilidad en los agudos”.
La soprano ligera María de los Ángeles Morales nació en Madrid en 1929. Se la escuchó por primera vez en Radio España, en un programa de cuentos infantiles, y en los conciertos del ya desaparecido Teatro Fontalba de Madrid. Contaba por entonces, doce años. Pero la fecha que marcó el lanzamiento de su carrera fue 1948, al ganar el Concurso Internacional de Canto de La Haya. Aún no había cumplido veinte años.
Protagonizó La traviata en el Palais Garnier (con el nombre de María Moralès, para diferenciarse de Victoria de los Ángeles), junto al tenor Léopold Simoneau, en febrero de 1952.
En la Ópera Cómica de París, cantó El barbero de Sevilla y La bohème. A finales de los cuarenta e inicios de los cincuenta se embarca en dos giras por La Habana, Puerto Rico, Caracas, México y Buenos Aires.
Abandonó los escenarios en 1954, apenas siete años después de su debut oficial. Sus últimas actuaciones tuvieron lugar en el Teatro Galdós de Las Palmas, con El barbero de Sevilla, Rigoletto y Traviata.