A propósito del artículo de opinión de Paco Roa sobre Miguel Fleta…, una grabación del artista aragonés que aún no tenemos en casa, más una versión de Alfredo Kraus de la misma romanza. Dos grandes, cada cual en su época y estilo, y por motivos diferentes.
No proponemos comparar, sólo escuchar. Que cada cual manifieste su opinión si lo considera oportuno. Como siempre…
Nuevo libro a la vista sobre Alfredo Kraus: Alfredo Kraus, una concepción del canto, del crítico musical Arturo Reverter, autor de El arte del canto. Saldrá publicado en la editorial Alianza.
Aurelio M. Seco
—Alfredo Kraus, una concepción del canto, responde a un encargo de la Asociación Lírica Asturiana Alfredo Kraus¿Cómo surgió la idea?
—Tenía ganas de escribirlo desde hace tiempo, ya que poseía un material muy valioso en forma de entrevistas con Kraus realizadas a lo largo de más de 20 años. Pensé que sería interesante darles forma y usarlas como base de un estudio más amplio sobre él. Desde hace tiempo mantengo una intensa relación con la Asociación Lírica Asturiana Alfredo Kraus, que es una entidad que realiza muchas actividades todo el año. En una de las ocasiones en las que se me invitó para ofrecer una conferencia, hace 5 años, Carlos Abeledo, su presidente, me hizo el encargo del libro, que finalmente se publicará con la editorial Alianza.
—Haga un resumen del libro.
Mi trabajo ha consistido en comentar todo lo que Kraus va diciendo, ya sea a modo de glosa, apoyatura o incluso polémica porque, evidentemente, hay ocasiones en las que disiento de su opinión. A lo largo de 15 capítulos, Kraus nos muestra su técnica de canto y concepto interpretativo, tanto en ópera como en zarzuela. También analiza los principales personajes que ha cantado, y habla sobre su vertiente docente. El último capítulo es enteramente mío, y está dedicado a la técnica vocal.
—¿Cómo era su personalidad?
—Kraus era una persona exquisita, un hombre muy cordial, amable y educado, aunque es probable que no tuviera el don de gentes de Pavarotti o Domingo. Su manera de cantar era muy rigurosa, y estaba puesta al servicio de las reglas de oro del bel canto. Es posible que este aspecto le haya apartado de las grandes masas, pero para los buenos aficionados siempre será una referencia.
—¿Cuál fue la base que sustentó sus críticas a Los tres tenores?
—Él consideraba que no era apropiado popularizar la ópera como hacían Pavarotti. A él no le gustaban ese tipo de manifestaciones tan populares.
—Aunque, más tarde, él haría algo parecido.
—Sí, por supuesto. Era un hombre que, como todos, tenía algunas contradicciones. Creo que se sintió herido y preterido por ellos. Sentía que se le había dejado un poco de lado. Fue una sensación que, con los Juegos Olímpicos de Barcelona, se intensificó. Allí volvieron a tener sus más y sus menos, porque era evidente que no formaba parte del grupo. De cualquier manera, siempre fue un artista independiente, que se preocupó mucho de cuidar el repertorio que cantaba, buscando lo que mejor le iba. Esta forma de actuar también le separaba de los demás.
—Ernesto Palacio dijo que, llegado el momento, Kraus dejó de cantar bello para cantar con la voz colocada.
—Kraus siempre intentó hacer bel canto, en el sentido de cantar bello y bien. No obstante, sí es cierto que, entre los 55 y 60 años, se preocupó más de buscar determinadas sonoridades y puntos de apoyo para ir disimulando problemas que, de manera natural, el tiempo causa en una voz. Es sabido que tras los 50 años, la voz de cualquier tenor comienza a resquebrajarse, más o menos rápido; pero él poseía una técnica maravillosa que siempre se ha alabado, y que encaminó usando determinadas cavidades de resonancia que le interesaban para seguir cantando bien.
Es ley de vida… Pero no por eso se siente menos. Ya todos ustedes lo saben. Falleció Joan Sutherland . ¿’La Stupenda’? El epíteto se le queda chico. Dame Joan Sutherland, una de las GRANDES de la historia de la lírica (con mayúsculas, como bien apuntaba Antonio).
Una buena noticia, publicada en el once aniversario del fallecimiento de Kraus, y que no parece haber originado en los medios gran repercusión: “La Escuela Superior de Canto Alfredo Kraus inicia su andadura“. Con sede en Las Palmas de Gran Canaria, donde se trasladará la Fundación que lleva el nombre del tenor, estará dirigida por su hija, Patricia Kraus Ley, “heredera directa de la técnica de su padre”.
“Nacerá con el propósito de dotar a la ciudad de un centro de alta formación profesional dirigido a los jóvenes cantantes de talento, tanto de las islas como del resto de la península y también de la comunidad internacional. (…)
La escuela acogerá a estudiantes de todas las nacionalidades y contará con un excelente cuadro de profesores de reconocido prestigio nacional e internacional bajo la dirección de la cantante española Patricia Kraus, hija de Alfredo, que cuenta en su bagaje profesional con una amplia carrera como pedagoga, además de ser heredera directa de la técnica de su padre el gran tenor”.
«Berganza ha pedido que músicos y cantantes sean incluidos en las titulaciones universitarias. “¿No merecemos, ya que somos capaces de crear belleza, armonía y arte, el reconocimiento que merecen otras disciplinas artísticas?”».
Buscando hacer fortuna, como emigrante me fui a otras tierras
y entre las mozas una quedó llorando por mi querer.
Vuélvete al caserío, no llores más, mujer,
que en unos pocos años, muy rico me he de hacer
y, si me esperas, lo que tú quieras de mí conseguirás,
Maitetxu mía, Maitetxu mía, calla y no llores más.
* *
Para Miriam y Juan. Por aquel feliz 18 de abril.
Para que no olvidemos que no hace tanto, o hace muchos años, éramos nosotros quienes marchábamos lejos.
—Hablábamos de Werther, hablabas de Werther, la obra de Massenet, que fue muy especial para tu padre. ¿Por qué fue tan especial?
—Yo creo que se adaptó perfectamente a todas las posibilidades tanto artísticas como vocales de mi padre. Y yo creo que él se identificó mucho con el héroe romántico. También porque a él le gustaba mucho meterse en los papeles que interpretaba, y yo creo que el Werther coincidía plenamente con todos sus gustos artísticos y musicales. (…)
—¿Cómo se percibe desde la familia el trato que recibe siempre la memoria de tu padre?
—Bueno, pues es increíble, claro, porque después de diez años de su muerte y por donde vas lo recuerdan ¡como si estuviera vivo!, porque realmente hablan de él como si estuviera vivo, y lo quieren muchísimo, no sólo a nivel artístico, sino también como persona, como ser humano, y eso emociona mucho. (…)
—En este país a menudo lo del recuerdo de las grandes figuras parece algo excepcional, por desgracia.
—Sí, yo tengo que decir que realmente el recuerdo de mi padre es a nivel de público, de aficionado y de las instituciones de su tierra, por supuesto, y luego los teatros y, sobre todo, el entendido en ópera, que no lo olvidará jamás, porque realmente marcó un hito en la época histórica que le tocó vivir.
No estoy tan contenta, sinceramente, a nivel nacional, con digamos estamentos un poquito más generales, que realmente no se hacen eco, pero yo creo que no sólo es de la figura de mi padre, sino de casi nadie; y eso creo que las figuras españolas que han llevado el nombre de España por el mundo y que, sobre todo, han contribuido a la cultura española, creo que se debería prestar más atención.
—Rosa, ¿el tiempo hace crecer el recuerdo de los grandes personajes; en este caso, de un gran cantante? Es decir, ¿te sorprenden algunas cosas que se dicen ahora de tu padre? ¿Ha crecido su figura con el tiempo?—Vamos a ver. Siempre se ve desde el recuerdo, como bien has dicho. Pero, sinceramente, yo también estas cosas las oí en vida de él; o sea, cada actuación suya era realmente un acontecimiento. Pero sí, posiblemente, lo que empieza un poco a crecer es el mito, del recuerdo.
—A tu padre le gustaba cantar zarzuela, ¿no?
—Sí, a él le gustaba mucho el género lírico español, y la verdad es que él lo interpretó siempre como si estuviera cantando ópera. Digamos que siempre le tuvo muchísimo respeto. Lo que no le gustaba era tener que hacer los diálogos, no le gustaba hablar y cantar al mismo tiempo (ríe) (…)
—¿Tu padre era muy clásico, muy conservador?
—No tanto. Yo creo que él era un persona… Bueno, al haber viajado mucho…; claro, empezó a ir muy pronto a Estados Unidos y por toda Europa, pues yo creo que no correspondía o no era el tipo de hombre español de la época, porque, claro, él había viajado, había visto cosas, y él nunca se definió exactamente como conservador, pero…, bueno, yo creo que era bastante abierto. (…)
—“Agrio, determinante y pragmático en sus juicios, pero también exquisito administrador de un arte que le facilitó llegar más allá del límite que marca la edad”.
—Sí. Posiblemente, sí. Era eso.
—¿Es cierto que tu madre viajaba casi siempre con él?
—Siempre.
—¿Y cómo llevabais vosotros, los cuatro hermanos, esta ausencia?
—Muy mal, lo llevábamos fatal. Porque, claro, ellos se iban… —desde muy pequeños, ¿eh?, o sea que desde siempre; sobre todo las temporadas que iban a Estados Unidos, que a lo mejor estaban cuatro o cinco meses fuera—, y, claro, se llevaba mal, porque los niños nos quedábamos en Madrid y venían nuestros abuelos cuando podían, porque todos vivían en Canarias, y siempre teníamos a alguien que nos cuidaba, pero se echaba mucho en falta su presencia. (…)
—Alfredo Kraus, fue y sigue siendo ejemplo de profesionalidad, de seriedad, de disciplina, de entrega. ¿Tu padre vivió para la música?
—Yo creo que sí. Concretamente, para la voz y para la ópera, porque él se cuidaba muchísimo. No era el típico tenor exagerado que iba con una bufanda… y se privaba de tomar cosas frías o no se tomaba su helado. Eso no. Porque él tenía además una salud excelente y un físico envidiable, pero sí que hacía todos los días sus ejercicios gimnásticos, nadaba… Se cuidaba, se cuidaba. Vocalizaba a diario, menos en vacaciones. Se cuidaba mucho.
—¿Era tan perfeccionista como parecía?
—Sí.
—¿Y era tan coqueto como parecía?
—Más. (risas)
—Rosa, ¿cuál crees que fue el secreto de una carrera tan larga como la de tu padre? ¿Ser muy consciente de sus limitaciones, por ejemplo; tener muy claro qué podía cantar o qué no podía cantar?
—Eso sobre todo, pero yo creo que fue un cúmulo de cosas. También yo creo que hubo mucha suerte en su vida, en el sentido de la buena salud que tuvo hasta el final, el cuidarse muchísimo, el saber lo que podía cantar y lo que no, y el perseverar en ese afán que tenía él de la búsqueda de la perfección, que yo creo que eso te marca una meta y es lo que realmente le llevó toda su vida a ser cada vez mejor.
—En 1997 falleció tu madre, y eso sumió a Alfredo Kraus en una profunda depresión. ¿Nunca pudo superarlo?
—No. No, no, no. Porque… ellos empezaron juntos desde muy pequeños, no sé, yo creo que tenían 14 años o algo así; y, claro, pues tener siempre la presencia constante al lado de mi madre, que yo creo que a un artista eso hace un poco volver a la “dimensión humana”, entre comillas, y a la dimensión de la cotidianeidad; o sea, el decir, pues, mira, ahora estamos en casa, y vamos a hacer una vida de familia…; o sea, el tener los pies en el suelo, que se dice, porque los artistas es muy fácil que se vayan a otras esferas, ¿no? Y el apoyo constante y siempre tenerla al lado…, eso él, como hizo toda la carrera así, no lo pudo superar, no lo puedo superar.
—De hecho, volvió a los escenarios me parece que nueves meses más tarde, pero nunca fue el mismo, ¿no?
—No; hombre, nosotros le animamos, toda la familia, por supuesto, a que volviera, porque era lo que había hecho toda su vida, y sumirse en casa en la desesperación y la tristeza pues hubiera sido peor para él. Y la verdad es que, bueno, él empezó un poco a remontar en aquella época, el decir, bueno, pues, voy otra vez a los escenarios, su cabeza ya estaba ocupada en esto, pero, desgraciadamente, la enfermedad ya estaba ahí, y no le dejó.
Estatua de Alfredo Kraus, a tamaño real, en la Plaza de Alfredo Kraus, frente al Auditorio Municipal Maestro Padilla, en la ciudad de Almería.
“Almería ha brindado su cariño a mi padre. Es la primera estatua que se le dedica en la Península. Toda la familia no puede por más de sentirse orgullosa y emocionada con este homenaje”, manifestó Rosa Kraus el día de la inauguración, en abril de 2007.
Al fondo, el Paseo Marítimo, sin duda la zona más bonita de la ciudad. A su vera, el mar, sólo la mar.
Firma de la autora, Lourdes Umérez. Una réplica de esta escultura preside desde noviembre de 2009 en el cementerio de Vegueta, en Las Palmas de Gran Canaria, la sepultura donde definitivamente descansan los restos mortales de Alfredo Kraus. El epitafio, elegido por el propio Kraus, reza así: “Silencio, aquí yace un tenor”.
Por Domingo Postigo, que…, en fin, se lo vamos a perdonar;-)
“Presumo de ser una persona natural; ahora, una cosa es lo que uno ve y lo que uno cree, y otra cosa es lo que pareces. Y muchas veces las apariencias —como tan sobradamente se ha dicho toda la vida— engañan; o sea, que yo no soy nada serio ni nada formal. Me gusta la seriedad en el trabajo, en las relaciones humanas porque creo que profesionalmente, además, así debe ser”.
“El do de pecho lo dan muy pocos cantantes porque es una de las notas más difíciles que hay. Pero, bueno, un cantante tampoco se cataloga porque dé o no dé el do de pecho, sino por una serie de cosas, entre las cuales, además, puede estar el do de pecho incluido”.
“Yo procuro ser auténtico —si se puede decir—, auténtico: cantar con una verdad. Cantar con un compromiso para intentar construir arte, para hacer una cosa que esté por encima de lo normal, desde mi punto de vista; o sea, desde la profesión que yo ejerzo”.
* * 13 de mayo
Segunda parte de la entrevista
“Yo me siento muy unido, pero muy unido, a toda Andalucía. Y, además, para colmo, me gusta también el flamenco. Y además digo una cosa —que nadie ha dicho nunca pero que es cierta—, que los flamencos son los que cantan con mejor técnica del mundo. Mejor que los cantantes”.
“Los flamencos no saben por qué, pero lo hacen. Y es muy sencillo. Ellos buscan la defensa de la voz ante el estrés que significa cantar flamenco, y una noche seguida, y otra noche, y otra noche, y venga mandándose copas de vino, o de lo que sea, y fumando y no sé qué… Entonces, se defienden, cómo, a través de la técnica.
Lo mismo que hace un niño pequeño cuando llora, que llora defendiéndose para no quedarse afónico y colocando los sonidos, precisamente, fuera de la garganta, en lo que nosotros llamamos la máscara —que se dice en Italia—, que son los huecos que hay en los huesos frontales. Y ahí no hay manera de que te haga daño las cuerdas vocales ni hay manera de quedarse ronco. Y la prueba es que un niño pequeño llora, llora, llora, llora, y no se queda nunca ronco”.
“El profano se imagina al cantante de ópera todo el día en el escenario, cantando, dando dos de pecho y cosas de esas (ríe). Pero el cantante, cuando sale del escenario, pues se convierte en una persona normal y corriente…, y corriente”.
26 de abril de 2010. Presentación del nuevo CD de Flórez en Madrid
I puritani en el Real: aplausos para Diego Flórez; bravos para Eglise Gutiérrez
“Vocalmente el tenor ha estado tan sublime como suele estarlo aunque tampoco se ha entregado o así lo ha entendido el público, que ha premiado ’sólo’ con aplausos al peruano durante la representación, y unos ralos ‘bravos’ cuando ha salido a saludar, acostumbrado en este coliseo a verdaderos desbordamientos de entusiasmo”
Las cancelaciones de última hora y los nuevos talentos
“Casi todos los cantantes saltan a la fama con ocasión de una sustitución. Es el ciclo vital de la ópera. Pavarotti sustituyó a Di Stefano y Ramón Vargas se hizo un nombre como el Rodolfo que no pudo encarnar Luciano”.