Archive for the ‘Bidu Sayão’ Category

‘Ah!, non credea mirarti’, por Pagliughi, Sayão, Carosio, Muzio, Storchio

Tuesday, August 4th, 2015

Sorolla.  'Niña italiana con flores'

Ah!, non credea mirarti
si presto estinto, o fiore;
passasti al par d’amore,
che un giorno sol(o) duro.

Potria novel vigore
il pianto mio recarti
ma ravvivar l’amore
il pianto mio, ah no, non può.

 

Con las flores pasa como con el amor, que a veces sólo es cosa de un día. Podría darle nueva vida con mi llanto, dice Amina, dirigiéndose a esa flor que le regaló su prometido, Elvino; pero reavivar el amor, no, “il pianto mio” no puede. De inmediato, ya saben, la historia termina bien, y todos felices y contentos.

Ah!, non credea mirarti es una de mis arias preferidas de las voces del pasado que ya pertenecen, por derecho propio, a la historia de la lírica. Mi favorita es la versión de Pagliughi. Primero, por la pureza de su voz, tan cristalina. Segundo, por el clarísimo fraseo. Tercero, por el sentimiento que logra transmitir. Numero del 1 al 3, pero bien saben que estas cualidades realmente no se pueden separar.

Esta entrada es mi homenaje particular a una de las grabaciones que más veces he escuchado de cuantas tenemos en el blog. La primera vez me fascinó, y no ha perdido para mí aquel encanto; al contrario: cuanto más la escucho, más admiro a Pagliughi. Y eso que la grabación pertenece a la recta final de su carrera.

Pero confieso que hasta hace unos meses no había escuchado a la piccola brasileña, como la llamaba Toscanini, Bidú Sayão. Y me quedé pensando… ¿No le pone más matices? ¿No es más exquisita? ¿Y los pianísimos?

¿Y la de Margherita Carosio, tan dulce?

¿Y la versión de Muzio, la Divina? Transmite emoción. Pero… ¿se le entiende en todo momento lo que está cantando?

¿Y la de Rosina Storchio? Tengo mis dudas.

Teniendo en cuenta los puntos 1, 2 y 3, no me convencen (algunas claramente no me gustan) las versiones de Galli-Curci, Luisa Tetrazzini, Selma Kurz, Ada Sari, Alma Gluck, Graziella Pareto, Toti dal Monte, Maria Gentile, Elvira de Hidalgo, Mado Robin… (pueden escucharlas en Spotify: es gratuito y basta con instalarse el programa).

Sí, las comparaciones son odiosas y, a menudo, injustas. Una grabación no deja de ser un producto enlatado. La contrapartida es que siempre se aprende algo. O al menos lo intentamos.

Sigo apostando por Pagliughi. Me gusta mucho la grabación de Sayão. Y también la de Carosio. Pero, quién sabe, a lo mejor ustedes me convencen de lo contrario;-)

Ahí estamos. ¡Bienvenidos de nuevo a esta es su casa!:-)

La exquisita Sayão

Friday, February 18th, 2011

Bidu Sayao

  • Bidu Sayão: Bachianas Brasileiras Nº 5 (Aria-Cantilena). Solo de violoncello, Leonard Rose.
  • Dirige el propio autor, Heitor Villa-Lobos. 1945.
  • Hay quien asegura que fue la propia Sayão quien convenció a Heitor Villa-Lobos de que esta pieza fuera para voz. Bien pudiera ser. La piccola  brasiliana, como llamaba Toscanini a la expresiva y menuda Sayão, fue una de las cantantes preferidas del compositor brasileño. Sea como fuere, ésta es una de esas grabaciones históricas que hay que escuchar sin prisas al menos una vez. Y hasta el final.

    La Bachiana Nº 5, escrita para soprano y orquesta de ocho violoncellos, consta de dos números (a y b, compuesto el primero en 1938  y en 1945 el segundo, según el propio autor): Aria-Cantilena y Danza-Martelo.

    “El primer numero, Aria-Cantilena, es un género de canción lírica brasileña, a modo de serenata, apoyada por los pizzicati de los cellos. Tiene forma ternaria (ABA) en la cual la primera sección (A) consiste en una vocalización duplicada por uno de los cellos, con los demás tocando en pizzicati. Luego, el tema lo toma un solo cello, acompañado por los demás, sin participación de la voz. En la sección central (B), contrastante con la anterior, la melodía está a cargo de la soprano, que canta ahora con el texto de Ruth V. Corrêa [Tarde uma nuvem roséa lenta e transparente…], acompañada de los cellos. La sección final (A) es una repetición de la primera”.

    Sobre la 5a de la Bachiana Brasileira —la que estamos escuchando— suele decirse que es una canción sin palabras; lo que en verdad puede apreciarse en la primera parte, donde la voz solista es un instrumento más, arropado y sostenido por el resto. En los últimos minutos, cuando esa primera sección se repite y cierra el número, es una canción a bocca chiusa. Increíble el vibrato final de Sayão, por cierto.

    Heitor Villa-Lobos

    “Héctor Villa-Lobos, el eminente músico brasileño, compositor y director de orquesta, que ha dado con éxito brillante un hermoso concierto en el teatro Colón” (‘Caras y caretas’, 18 de mayo de 1935).

    A sus Bachianas —nueve en total— les dio su autor un título doble: uno tradicional, como en las Suite de Bach, y otro brasileño. El término bachiana fue invención de Villa-Lobos para designar un tipo neoclásico de composición musical que, si bien tiene su inspiración en Bach, el maestro de la polifonía barroca, es, en espíritu, una composición netamente brasileña.

    “Heitor Villa-Lobos es uno de los pocos artistas nuestros que se enorgullece de su sensibilidad americana, y no trata de desnaturalizarla. Por una vez, es palmera que piensa como palmera, sin soñar con pinos nórdicos [Alejo Carpentier]”.

  • A casinha pequenina, canción popular brasileña armonizada por Ernani Costa Braga [vídeo: de hacia 1930; audición: 1947 (Gracias, Juan)].
  • Menos conocida, pero deliciosa también, es A casinha pequenina, otra de las perlas que nos dejó Sayão, el rouxinol brasileiro. En la estructura paralelística del poema y en algunos otros detalles se refleja —quizás no intencionadamente por su autor— el legado trovadoresco de las cantigas de amigo medievales de la lírica galaicoportuguesa, que cultivaron juglares, trovadores y segreles (tipo autóctono de poeta ajuglarado).

    Los temas de las cantigas de amigo (la mujer enamorada y sus circunstancias) y sus formas son comunes a otras manifestaciones poéticas de origen folclórico. En esta canción, el tema central es la queixa por un tiempo feliz vivido que quizás ya no regrese, simbolizado en esa casiña pequeñina  junto a la que se alzaba un cocotero, que, cuitado, de saudade  ya murió. Pero a diferencia de lo que suele ser habitual en las cantigas de amigo medievales, no es un yo poético femenino el que habla, sino un yo poético masculino, que se dirige a su amada (“oh, morena”).

    A casinha pequenina (¿de autor desconocido?) pertenece al género musical de las modinhas, cantigas de salão, emparentadas por su temática sentimental con las cantigas noturnas de rua, las románticas serenatas a la luz de la luna, a modo de los trovadores.

    “A temática amorosa das modinhas, que se estendem até as primeiras décadas do século XX, inclui, além do sofrimento, um natural elogio do campo, uma espécie de locus amoenus, paraíso ou ninho de amor perdido. Percebe-se uma singeleza de motivos, ambientados no espaço rural, a exemplo das cantigas de amigo”.

    Tu não te lembras da casinha pequenina
    onde o nosso amor nasceu?
    Tinha um coqueiro do lado que, coitado,
    de saudade já morreu.

    Tu não te lembras, oh, morena
    Da casinha onde te vi?
    Daquela frondosa mangueira, altaneira,
    onde canta o bem-te-vi?

    Al parecer, el autor de A casinha pequenina no es anónimo, sino que, muy al contrario, tiene nombre y apellido: Patrício Teixeira. En la Enciclopédia brasileira da diáspora africana (pág. 644), se consigna lo siguiente: “TEIXEIRA [Chaves], Patrício (1893-1972). Cantor e violonista brasileiro nascido e falecido no Rio de Janeiro. […] Criador de Casinha pequenina (1927) e Não tenho lágrimas (1937), entre outros sucessos”.

  • São João da-ra-rão, canção de roda do Piauí para voz y piano. 1947
  • Y para no dejarnos invadir por la saudade, una canción infantil, la numero 5 de las Cinco canções nordestinas do folclore brasileiro. No sé yo si no lo terminamos de arreglar…;-) Lo de la saudade, digo.

    Bidu Sayao

    Reproducimos a continuación un artículo sobre Bidu Sayão rescatado del túnel del tiempo, que nos permite saber algo más sobre esta gran soprano brasileña.

  • Caras y caretas (Buenos Aires), 17 de noviembre de 1928
  • Nos visitó recientemente, con motivo de las fiestas realizadas en la transmisión del mando presidencial, una gran artista brasileña, la señora Bidu Sayão. Vino sin precedencia de los anuncios encomiásticos habituales, sin las presentaciones de forzado elogio que suelen usarse para las celebridades de las tablas.

    "La cantante Bidu Sayao, llamada la Barrientos brasileña, que está triunfando en Italia" ('Caras y caretas', 15 de enero de 1927).

    Joven cantante que había recogido en los escenarios europeos considerables triunfos, aún no había tenido tiempo de adquirir la vanidad de su fama, ni el gusto por las adulaciones de encargo; llegaba sencillamente a tomar parte en las funciones de gala oficiales con que el Gobierno agasajó a las embajadas extranjeras, en las que era preciso dar la impresión de cierta simetría de reparto a la ilustre figura de Titta Ruffo, uno de los artistas líricos más apreciados de nuestro público.

    Apenas si uno que otro diario recordó que la señora Bidu Sayão pertenece a una familia distinguida de Santos, y que desde pequeña reveló cualidades extraordinarias de voz y de inteligencia musical; que sus padres cultivaron esas dotes, dándole los maestros que requería el cuidado de la técnica del canto y el desarrollo de su talento artístico, y que, a medida que avanzaba en el estudio, demostraba, no sólo mayor afición y más disposiciones naturales, sino también más entusiasmo por la ardua carrera de intérprete teatral.

    Nació en 1904 [19Bidu Sayao02] y se presentó en conciertos en 1920, a los diez y seis años, conquistando éxitos que pronto le dieron nombre considerable en la sociedad de su patria; pero su anhelo se cifraba en la escena, en la personificación de esas figuras ideales, envueltas en el prestigio sobrenatural que les presta la admiración de las multitudes; su ansia consistía en expresar y transmitir las emociones intensas de la música ante los auditorios suspensos de sus labios; su vida estaba ciertamente en la profunda conmoción de los triunfos populares, en esa especie de infinita ebriedad que provoca la gloria de las magníficas ovaciones.

    Fue a la tierra del canto, a Italia, y se entregó por entero a su arte. Tuvo la fortuna de encontrar una maestra incomparable, Emma Carelli, la directora del teatro Costanzi de Roma, que quiso encargarse de su preparación escénica y, en 1926, a los veintidós años escasos, se presentó al público de la Ciudad Eterna en el papel de Rosina de El barbero de Sevilla, de Rossini, con un éxito tan formidable que al punto su nombre fue incluido entre los de las principales sopranos ligeras del mundo. Bidú SayaoPuede decirse que desde ese instante su carrera estaba hecha.

    Durante su primera temporada del Costanzi repitió su triunfo diez veces, y, por lo tanto, se consagró a preparar su repertorio para lanzarse definitivamente a las tablas. Conoció entonces a Walter Mocchi, nuestro excelente amigo, empresario de notables temporadas líricas en el Colón y en el Coliseo, y es probable que las observaciones y consejos de un hombre de teatro tan experto le han sido de considerable beneficio, puesto que después de actuar con creciente fortuna en diferentes ciudades de Italia, del Brasil, de Holanda, de Francia y de Hungría, se unió a él en matrimonio, y se estableció en su ciudad natal.

    Las contadas funciones que dio ante nuestro público, y más especialmente la audición de arias y canciones ofrecida en la Asociación Wagneriana a fines de octubre pasado, nos la revelaron como una artista admirable, de una sensibilidad musical delicadísima, poseedora de una voz maravillosamente timbrada, flexible y pura como pocas, y de un volumen no común en su género.

     “La cantante brasileña Bidú Sayao, ante el micrófono de Radio Belgrano, el día de su debut, durante la audición Palmolive” ('Caras y Caretas, Buenos Aires, 1 de julio de 1930).

    Expresiva y emocionada en sus interpretaciones escénicas, sencilla y segura de sí misma, se superó todavía como cantante de cámara, pues que dio a escuchar ejecuciones exquisitas de arias clásicas, de ‘lieder’ modernos, de canciones características, y lo mismo comunicaba la pureza de líneas de una melodía de Caccini, de Pergolesi o do Mozart que la inquietud estremecida de una ‘chanson’ de Duparc, de Ravel o de Hahn, o la pintoresca riqueza colorida de una ‘Jota’, de Falla, o de la ‘Casinha pequenina’, de Braga.

    El público de nuestro teatro Colón la acogió con grandes muestras de aprecio en El barbero de Sevilla, dedicándole largos y repetidos aplausos; pero aun excedió ese triunfo con otro mucho mayor y más entusiasta en el segundo cuadro del tercer acto de Lucia de Lammermoor, de Donizetti, la famosa escena de la locura, que hizo célebres a Luisa Tetrazzini y a María Barrientos. Y después de oírla en obras de tamaño compromiso, y de comprobar que no sólo es dueña de una voz preciosa y de una técnica perfecta, sino que también demuestra un sobrio talento artístico, es necesario contar a Bidu Sayão entre las grandes cantantes de la actualidad.

    Bidu Sayão, el ruiseñor brasileño

    Tuesday, July 11th, 2006

  • Bidu Sayão (1902-1999): O mio babbino caro, aria de Lauretta de la ópera en un acto Gianni Schicchi, Puccini. De hacia 1949.
  • En la misma aria
  • nota Adieu, notre petite table, Manon, Massenet.