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‘Viva la ópera’ (II): ‘La flauta mágica’ de la Kömische-Oper-Berlin. Versión con personajes y diálogos inventados

Monday, March 12th, 2007

Esta vez es am_zoo quien participa en ‘Viva la ópera’. Estudia en Berlín y se está poniendo las botas musical y líricamente hablando. Hoy nos brinda su testimonio sobre la representación de La flauta mágica que presenció hace siete días en la Ópera Cómica de Berlín: “Me dejó tan atónito y lleno de rabia que me está costando asimilarlo”.

No sólo lo cuenta, sino que hizo de pirata bueno (¡prohibido llegar al final sin leer el texto!). Toda una exclusiva.

Agárrense a la silla. Voilá:

“Me siento estafado. Fue el pasado lunes, 5 de marzo de 2007. Asistí a la representación de ‘La flauta mágica’, de Mozart, en la Kömische-Oper-Berlin. No sé qué adjetivos usar. Lamentable, horroroso, aberrante… me parecen demasiado suaves.

A ver cómo lo cuento. Llegué, dejé la chaqueta en el guardarropa, compré el programa (2,80 euros) y me senté en mi butaca. Miro la portada del programa y lo abro. Leo:

Die Zauberflöte (bien)

Große Oper in zwei Aufzügen von W. A. Mozart (correcto)

Libretto von E. Schikaneder (exacto)

Dialogfassung (“Versión con diálogos”) von Hans Neuenfels

¿¿¿Cómo??? ¿Versión con diálogos de Hans Neuefels? ¿Eso qué significa?

Paso las páginas del programa. Habla de la obra, hay una entrevista a no_sé_quién; y en las páginas finales, los diálogos del director de escena, el tal Hans. Cito: “Entre la introducción y el aria de Papageno… un diálogo a continuación”. Pues así toda la obra.

La cosa no acaba aquí. Tras descubrir que se ha cargado los diálogos originales y ha puesto los diálogos de cosecha propia, me percato de que en ellos aparecen tres personajes, una mujer y dos chicos. La mujer se llama Marie-Louise. Ellos son Franz y Xaver. Vaya, qué gracioso el director de escena, usando el nombre de uno de los hijos de Mozart, que, mira qué casualidad, ¡es mi nombre!

Estoy nervioso. Desencajado. Me niego a pensar que alguien ha cogido la obra y la ha amputado, literalmente. “¡No, no, no! No puede ser!”.

Saco la entrada. En ella no pone nada. Salgo al hall en busca de algún folleto. Nada. Miro la programación del mes. Nada tampoco. “No lo pone en ningún sitio. Si lo llego a saber, no compro la entrada. ¡Pero es preciso que lo ponga en algún sitio!”.

Pero no lo pone en ninguno de los que miré y miro en este momento. Vuelvo a mi butaca. Me siento fatal. Siento un nudo en la garganta. Estoy incómodo. Noto una presión fuerte en el pecho. La obra no ha empezado. Las evidencias son claras y sé qué va a pasar (mentira, ni la mínima parte de lo que va a pasar sé), pero me resisto a pensar que ocurrirá. Tengo la esperanza (nula) de que no va a aparecer ningún elemento extraño durante la representación. Tengo ganas de gritar fuerte y con rabia alguna de las palabras malsonantes que se me pasan por la cabeza (imaginad las más malsonantes).

Bueno. Empieza la cosa. Obertura. Aparece Tamino: ‘Zu hilfe, zu hilfe…’. Bien. Va vestido de cazador, con gafas. Luego salen las tres damas. Llevan abrigos y peinados a lo años 50 (así era todo el vestuario). Vale, por mí…, mientras no altere el sentido de la obra, como si Tamino lleva bermudas.

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