
Nos envía nuestro amigo Juan una reseña sobre el investigador de ópera Thomas G. Kaufman. No conocí personalmente a Kaufman, pero sí intercambié con él información en numerosas ocasiones. Él me prestó gentilmente su colaboración en la revisión de la cronología de las actuaciones operísticas de la soprano almeriense Fidela Campiña: completó algunos datos, añadió otras, señaló alguna que él no consideraba correcta… También me envío información sobre algunas actuaciones que yo desconocía del tenor vasco Jesús de Gaviria.
Correspondí a su generosidad como buenamente pude. No era fácil, porque se lo sabía todo. Le envié algún libro que desde España era más fácil conseguir; algunas críticas de prensa sobre las primeras actuaciones de Luisa Tetrazzini en Barcelona; y alguna que otra crónica o crítica de prensa más que él me solicitó expresamente sobre algunos cantantes líricos del siglo XIX.
Era un intercambio generoso. Hoy por ti, mañana por mí. Sólo que él siempre tenía infinitamente más que dar. Es lo mismo que me sucede con Juan, quien, ha sido, es, mi maestro en este mundillo de cronologías artísticas sobre cantantes líricos del pasado en el que nunca se termina de aprender. Con el emotivo homenaje de Juan en recuerdo de Tom (así firmaba siempre en sus mails), vaya también el mío.
Gracias, Juan.
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23 abril 2010
Thomas G. Kaufman (1930-2010)
Con mucho dolor y mucha nostalgia, les anuncio el fallecimiento de mi amigo el investigador y coleccionista Tom Kaufman el día 22 de abril, en Baltimore, Maryland, a los 80 años de edad (1930-2010).
Thomas G. Kaufman había nacido en Viena, en 1930, y durante los años de la segunda guerra mundial fue un refugiado en París, para luego emigrar a los Estados Unidos donde tomó la ciudadanía estadounidense.
Sirvió en el ejército de los Estados Unidos, para luego trabajar, prácticamente durante toda su vida en un importante compañía farmacéutica. Cuando le conocí residía en Boonton, New Jersey, y ya era una autoridad internacional en materia de cronologías artísticas de cantantes líricos. Su gran amor fueron los “tenores” y de ellos prefería aquellos con voces poderosas y squillanti. Sus tenores predilectos fueron Giacomo Lauri-Volpi, John O’Sullivan y Nino Piccaluga. Luego seguía con Mario del Monaco y Franco Corelli.
Prefería a José Carreras antes que a Plácido Domingo, por quien no sentía especial admiración. De Pavarotti admiraba sus agudos brillantes y seguros. Su compositor predilecto fue Meyerbeer y de Wagner solamente admiraba algunas de las arias popularizadas por tenores.
Jamás negó su ayuda a quienes le solicitaban datos para algún trabajo musical, especialmente si se trataba de algún tenor. Fue generoso y sabio en sus consejos. Escribió las cronologías de artistas ya míticos como Adelina Patti, Mattia Battistini, Enrico Caruso y Rosa Ponselle, publicadas como apéndices en las biografías de estos cantantes. Trabajos inigualables por su seriedad y por sus detalles fidedignos. Cuando algún libro incluía una cronología y él descubría errores, no vacilaba en proclamarlos en todas las revistas especializadas. Un caso muy particular fue su despiadada crítica hacia el libro “Antonio Paoli, el león de Ponce” de Jesús María López. Obra monumental, pero muy descuidada en los aspectos cronológicos de las funciones en que el tenor portorriqueño participó.
Kaufman escribió una obra absolutamente de referencia: “Verdi and his Major Contemporaries” (A selected chronology of performances and casts) (Garland Publishing Co., New York, 1990).
Su segundo libro fue “Catalogue of Mercadante’s Operas. Chronology of Performances with Casts”, publicado en Italia, en 1996, por el Bollettino dell’Associazione Civica Saverio Mercadante.
Cuando comencé a escribir mi primera biografía del tenor chileno Renato Zanelli para “The Record Collector” en un ya lejano 1985, fue Tom quien no vaciló en “desmantelar” la parte cronológica de mi trabajo y darme su opinión sobre cómo debía hacerse una verdadera cronología artística. Por supuesto seguí su consejo, y desde entonces todos mis trabajos siguieron lo que podríamos en justicia llamar “modelo Kaufman”. Fue un entusiasta colaborador en mi cronología de Miguel Fleta, y luego en todos los demás trabajos publicados (Margarita Salvi, Carlo Morelli, Carlos Ramírez, Ioannis Apostolou, Costa Milona, Ulysses Lappas) y en otros que esperan su publicación (Pedro Navia, Carlo Merino).
Viajó a Sudamérica en 1995, invitado por Julio Goyén Aguado para el lanzamiento de su biografía del tenor bilbaíno “Florencio Constantino”. Estando en Buenos Aires, Tom no vaciló en viajar a Santiago de Chile, para conocerme y hacer algunas investigaciones en la Biblioteca Nacional. Así después de diez años de correspondencia (cartas y algunos fax, pues los emails aún eran un sueño), pudimos abrazarnos y disfrutar juntos de algunas exquisitas “parrilladas”.
Después de jubilar, junto a la compañera de su vida Marion, se trasladaron a Baltimore, donde residió los últimos diez años. Una cruel enfermedad fue minando su organismo, pero su mente siempre ágil estaba dispuesta a seguir discutiendo sobre los méritos de este o aquel cantante.
Su generosidad, caballerosidad y buen humor, son su herencia para quienes aún continuamos en este mundo. No te olvidaré Tom.







