Archive for the ‘Giuseppe Valdengo’ Category

Ramón Vinay (1982): “Yo no lo sabía entonces, pero Toscanini era el Papa”

Thursday, January 29th, 2009

  • Ramón Vinay: Dio, mi potevi scagliar…, monólogo de Otello del Acto III, Escenas III y IV, de Otello, Verdi.
  • Iago: Giuseppe Valdengo.
  • Metropolitan Opera Orchestra. Fausto Cleva. 1951.
  • En la misma grabación
  • NBC Symphony Orchestra. Arturo Toscanini.
  • Iago: Giuseppe Valdengo. 1947.
  • (Gracias, Chema)

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    Ramón Vinay

    Entrevista a Ramón Vinay realizada el 17 de julio de 1982 y publicada dos años más tarde,  noviembre de 1984, en la revista Correo Musical de Buenos Aires.  En julio de 1982, Vinay tiene 71 años.

    (Gracias, Juan:-)

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    Ramón Vinay, 73 aniversario

  • Por Juan Dzazópulos Elgueta
  • «El 31 de agosto, día de San Ramón Nonato, cumplió 73 años de edad el más famoso de los cantantes líricos chilenos de los últimos 40 años y, sin duda alguna, uno de los más grandes intérpretes de ‘Otello’ de todos los tiempos: Ramón Vinay.

    Hace un par de años Vinay estuvo por última vez en Chile, como invitado de honor para presenciar la temporada lírica del Teatro Municipal de Santiago. El título escogido para la ocasión (12 de julio de 1982) era uno de los más apreciados por el público chileno y por Vinay, el Otello de Verdi.

    El reparto incluía a Gilda Cruz-Romo (Desdémona) y Kari Nurmela (Iago), la experta batuta de Michelangelo Veltri y la presentación en Chile, en el rol protagónico, del tenor argentino Carlos Cossutta, reputado como uno de los buenos intérpretes mundiales del difícil rol verdiano.

    Desgraciadamente, Cosutta, sea por nerviosismo o por enfermedad, falló y en la frase Della gloria d’Otello è questo il fin, un tremendo gallo marcó el ‘fin’ del tenor. El resto de la ópera fue alternativamente susurrado o gritado, ante la consternación del público, que sufrió esta verdadera ‘vía crucis’ vocal.

    Cossutta regresó a Buenos Aires sin poder cumplir sus otras presentaciones y para reemplazarlo se trajo de urgencia al italiano Angelo Marenzi y al francés Gilbert Py (dos funciones cada uno), con resultados francamente mediocres.

    Ramón VinayEs que cantar Otello en la patria de Zanelli y Vinay es realmente empresa arriesgada. Pasada la accidentada primera función, quise tener una breve conversación con Ramón Vinay, para saber su opinión de lo sucedido, etc. El sábado 17 de julio de 1982 me invitó a desayunar con él a las 8:30 de la mañana en su suite del Hotel El Conquistador. Lo que siguió fueron más de dos horas, no de entrevista, sino de un largo, intenso y amenísimo monólogo, salpicado de recuerdos y anécdotas, análisis serios y risueños acerca de la ópera, los cantantes y los directores… Durante este ‘show’ privado no sólo se habló de ópera. Las comidas, los vinos y las mujeres (eterna pasión del cantante) tuvieron en Vinay acertados e irónicos comentarios.

    Ramón VinayNo se le escapó la política, ni nacional ni internacional. El problema limítrofe chileno-argentino, la guerra de las Malvinas y otros, que por razones obvias no corresponde incluir  en esta publicación.

    Sin embargo, lo más importante para mí fue ver la vitalidad de este ‘joven’ de 71 años, que me actuó y cantó, primero a media voz y luego a todo pulmón, frases de Carmen, Otello y Parsifal…, y sus movimientos, sus ojos, sus gestos. Toda una clase magistral que, desgraciadamente, no puedo transcribir al papel.

    Vinay: Yo he sido un hombre de suerte…,  de una suerte escandalosa. Permítame recordar que Napoleón Bonaparte decía “Yo quiero generales con suerte…” y, bueno, permítame recordar su nombre, como yo soy Ramón…

    Dzazópulos: Juan…
    —¡Juan! Y nos tuteamos, por favor. Mi padre era francés. Nació a 5 km de la frontera italiana, a 120 km al norte de Niza, de una familia campesina. De allí, hace 200 años,  todos los mayores de la familia emigran a México, donde la industria textil está en manos de  gente del lugar. Mi padre fue allá de joven y luego pasó a Chile… Tenía una fábrica de espuelas en Chillán, donde yo nací, un 31 de agosto de 1911. A mi madre casi no la conocí, murió muy joven y está enterrada aquí, en Santiago.

    Mi padre regresó a Francia en marzo o abril de 1914 para comprar maquinaria para su fábrica y allá lo pescó el 2 de agosto la declaración de la guerra (Primera Guerra Mundial)… y soldado. No pudo regresar hasta 1917, que le dieron un permiso más largo, un mes de descanso. Se fue a su tierra y allí desertó… y se volvió a Chile.

    En 1920 vino una amnistía y mi padre nos llevó a mí y a mis hermanos a Francia. A los tres meses estaba hablando francés. Estudié en Francia pero no llegué a estudiar el bachillerato, porque en septiembre de 1926, o sea, a los 15 años, me enviaron a México para trabajar en uno de esos grandes negocios que eran de mi misma familia… Allí se empezaba desde abajo y a los 10 ó 15 años eras jefe. Ése era el destino que teníamos…

    ¿Tenías más hermanos?
    —Tenía un hermano, Otto, que murió hace poco en México, y una hermana que murió en 1934 a los seis meses de casada… En fin, yo tenía una fábrica de cajas de cartón. A los 22 años ya contaba con 30 operarios que trabajaban para mí… Siempre tuve afición a la música. Tocaba el violín desde los cinco años (desgraciadamente el piano no). Descubrí que tenía un poco de voz, y me dije “a lo mejor la voz se puede educar”.

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    El iracundo y riguroso Toscanini

    Friday, January 19th, 2007

    La ira de Toscanini, del que ahora se cumplen 50 años de su muerte, fue legendaria. “Cuando Arturo Toscanini se enfadaba, lo hacía en serio: una vez el italiano aplastó con su pie un reloj de bolsillo. Otra vez, pateó el atril. Y la batuta destrozada se convirtió casi en su seña de identidad”.

    Dirigía de memoria. Respetaba rigurosamente las partituras. Músicos y cantantes lo temían. Le acusaron de ser casi un analfabeto musical. Pero su autocrítica era aún más feroz que la de sus detractores.

    «Cuando algo salía mal en una actuación, Toscanini decía: “Siempre es mi culpa. Si alguien cree que Mozart, Beethoven, Wagner o Verdi se equivocan, es un idiota”».

  • Toscanini: “el más grande director de orquesta de su época”.
  • Toscani dirige a la NBC Symphony Orchestra en el Preludio de La forza del destino, Verdi. 1944.
  • 16/05/10

  • Toscanini: final del Segundo Acto de Aida, Verdi.
  • Herva Nelli (Aida), Eva Gustafson (Amneris), Richard Tucker (Radamés), Giuseppe Valdengo (Amonasro), Norman Scott (Ramfis).
  • NBC Symphony Orchestra. Director de Coros: Robert Shaw.
  • Programa TV, 26 de marzo de 1949.
  • (Gracias, Aarón)

    17/07/14

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