Jaume Aragall: “Me ha pasado una cosa que nunca me había ocurrido y que ha sido enamorarme de una de las canciones que interpreto. Esa canción es Damunt de tu, només les flors, que cada vez que la canto me llega verdaderamente al corazón”.
Damunt de tu només les flors.
Eren com una ofrena blanca:
la llum que daven al teu cós
mal més seria de la branca.
Tota una vida de perfum
amb el seu bes t’era donada.
Tu resplendies de la llum
per l’esguard clós atresorada.
¡Si hagués pogut ésser sospir de flor!
Donar me com un llir a tu,
perqué la meva vida s’anés marcint,
s’anés marcint sobre’l teu pit.
I no saber mai més la nit
que al teu costat fora esvaida.
«Conocí a Luciano en 1964 en la Scala y dos años después Abbado nos juntó en una producción de I Capuleti e i Montecchi que fue muy especial porque yo hice el papel de Romeo, cuando hasta entonces lo hacía una mezzo. Pavarotti interpretaba a Tebaldo. Desde entonces nos unió una gran amistad, un gran cariño. Éramos como de la familia y hoy siento que he perdido a un hermano.
Sólo colaboramos en aquella ópera de Bellini, porque los dos teníamos un repertorio parecido, éramos rivales en cuanto a personajes, pero coincidíamos mucho en las mismas ciudades y en los mismos hoteles. Él hizo siempre grandes elogios de mí y yo también sentía una gran admiración por él. A veces nos intercambiábamos consejos. Como cantante ha dejado una auténtica enciclopedia discográfica de la que todo el mundo puede aprender. Fue uno de los mejores. Su color, su timbre, su modo de expresar, han sido inigualables.
Era un hombre alegre, al que gustaba rodearse de amigos. Recuerdo nuestras partidas de cartas en los hoteles. El que actuaba al día siguiente decidía cuándo acababan.
Le gustaba comer bien y una vez en Edimburgo me hizo coger dos autobuses para llegar a una taberna donde había descubierto que cocinaban bien la pasta. Bromeábamos constantemente.
Una vez le entregaron la llave de la ciudad de San Francisco y al final de la ceremonia había desaparecido. Lo tuvo claro enseguida: “Giacomo, sé que la tienes tú”.
A pesar de su enfermedad, la última vez que le telefoneé estaba contento. Se lo pedí y me cantó Girometta, una de las canciones que solía incluir en sus conciertos».
Jaume Aragall vuelve esta noche (02/03/07) al Palau de la Música Catalana con un repertorio agradable, en el que imperan dulces canciones italianas y composiciones de músicos catalanes como Toldrà, Mompou y Morera. El recital, que se enmarca dentro del VII Festival del Mil·lenni, permitirá escuchar un Aragall maduro con un programa muy adecuado a su calidad vocal, que mima en extremo.
—¿Es verdad que los días previos a una actuación suele no hablar?
—Siempre que tengo que cantar intento hablar lo mínimo los días previos y no salir mucho de casa. Hablar cansa la voz y hablar por teléfono me produce afonías. Preparo mis actuaciones con disciplina y estudio.
—Con el repertorio de esta noche, le resultará difícil desprenderse de la fama de tener la voz más bonita de la ópera actual. ¿Le molesta esta etiqueta?
—Soy consciente de la calidad de mi voz y me siento feliz de tener esta etiqueta. Pero la voz no lo es todo, ya que debe ir acompañada de la técnica, de la musicalidad y del gusto por interpretar las diferentes partituras. La voz sola no puede ir a ningún sitio.