Archive for the ‘José Mojica’ Category

José Mojica, Fray José de Guadalupe (IV)

Sábado, Agosto 14th, 2010

Y vamos con el tercer y último de los testimonios sobre José Mojica.  Publicado en marzo de 1974, remite al año 1952, cuando Mojica visita Barcelona con motivo del Congreso Eucarístico Internacional celebrado en dicha ciudad.

(Gracias por la audición, Nicolás)

José Mojica

El caso del Padre Mojica

Personalmente lo conocí en 1931 cuando actuó en el Liceo. Muchos años después, una mañana al entrar en el Círculo del Liceo para asistir a la ‘peña’, matutina de la ‘pecera’, quedé asombrado al escuchar mi nombre pronunciado por un religioso muy alto, con cabello blanco, que con los brazos abiertos se dirigía hacia mí desde la arquería del coliseo, con la sonrisa más simpática.

Mojica / Ecco ridente in cielo

“Era el mismo y no era el mismo. Estaba de paso en Barcelona —vivía entonces en Madrid, en el Convento de San Francisco el Grande— y no había resistido la tentación de pisar el Liceo de su ‘Barbero’ .

Entró conmigo en El Casino y tuve la entrevista más interesante y menos preparada que puedo anotar en mi vida periodística. Me dijo que en medio de la vorágine de su vida, contemplando a esas muchachas que presumen de hombres y a esos hombres que parecen mujeres, temiendo a las histéricas ‘fans’ que sin saber música le arrancaban botones de la chaqueta cuando cantaba, observando la vaciedad que desde su interior y en su exterior sentía profundamente, había oído la voz de Dios.

Que no quería tener lazo alguno ni con su egoísmo, ni con su mundo. Y que después de un largo, pensado y meditado período de recogimiento, había profesado en la Orden Fanciscana en 1943 en San Antonio de la Recoleta de Cuzco.

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José Mojica, Fray José de Guadalupe (III)

Jueves, Agosto 12th, 2010

José Mojica


Mojica / Bianca al par

Algunas de las películas protagonizadas por José Mojica obtuvieron gran éxito en España, Norteamérica e Hispanoamérica. A decir de la prensa española de aquellos años, especialmente “entre el género femenino”.

Entre sus films: One Mad Kiss /El precio de un beso (1930), Cuando el amor ríe /Ladrón de amor (1930), Hay que casar al príncipe (1931), La ley del harem (1931), Mi último amor (1931), El caballero de la noche (1932), El rey de los gitanos (1933), Melodía prohibida (1933), Un capitán de cosacos (1934), Las fronteras del amor (1934), La cruz y la espada (1934), El capitán aventurero (1938), La canción del milagro (1940),  Melodías de América (1941), El pórtico de la gloria (1953), Yo, pecador (1959), Seguiré tus pasos (1966).

José MojicaEn diciembre de 1930, aún faltan trece años para que el divo José Mojica  se convierta, convencido y por vocación, en el Padre José Francisco de Guadalupe Mojica. Pero aún siguió ofreciendo recitales, especialmente por la radio. Las tres últimas películas en las que interviene,  ya como Fray José Mojica (El pórtico de la gloria, Yo, pecador, Seguiré tus pasos) son posteriores a su ordenación como sacerdote franciscano, en 1943. Pero las intenciones son muy otras: recaudar fondos destinados a la formación de nuevos sacerdotes, a la fundación de un seminario en Arequipa (Perú) y otras causas benéficas.

(Gracias, Nicolás, por el vídeo y las grabaciones)

Mojica / Fantasie aux divins

El segundo testimonio sobre Mojica (frívolo, decíamos;-) El tercero y último, mañana.

Mundo gráfico, 21 enero 1931

  • Mundo gráfico, 21 de enero de 1931
  • Instantáneas de la estancia en Madrid de José Mojica

    José Mojica, el famoso tenor mejicano y estrella primerísima de films hispanoparlantes —cuya biografía ha publicado hace poco, en estas mismas columnas, un querido compañero radicado en Los Ángeles— acaba de pasar por Madrid. Y le han limpiado los zapatos tres o cuatro veces cada día. Él miraba orgulloso el cuero reluciente, y me decía:

    —En Estados Unidos no es costumbre esto de engrasar el calzado en el café…

    Luego, subía a su habitación del hotel, se ponía otro par de zapatos, y bajaba de nuevo al café:

    —Camarero: ¿quiere hacerme el favor de avisar al limpia?…

    * * *

  • Dime (Gonzalo Curiel)
  • José Mojica y Pedro Vargas cantando a dúo la canción anterior. Convento de San Francisco. Lima, 1969
  • * * *

    Chocolate a la española. A Mojica le encanta. A Leopoldo Rosales—su amigo, más que su secretario— le entusiasma. Y mientras ellos mastican churros y más churros, yo charlo distraídamente con míster Sanders, pianista de Mojica. De pronto suelto, sin poderlo evitar, una carcajada, al ver cómo los dos mejicanos hincan el diente en los azucarillos…

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    José Mojica, Fray José de Guadalupe (II)

    Miércoles, Agosto 11th, 2010

  • Mojica: Adiós, amor (Ernesto Lecuona)
  • Vamos con el primero de los tres testimonios sobre José Mojica (el segundo, mañana). Fue publicado en la revista Mundo gráfico, Madrid, el 10 de octubre de 1930.

    Los vídeos y las audiciones son de Nicolás Camilo (gracias, Nicolás).

    Mundo gráfico, 10 de diciembre de 1930

    Mundo gráfico, 10 dic 1930Artistas de Méjico

    Unas horas con José Mojica

    “Marchar bajo el cielo del Sur de California, azul, claro, transparente casi de continuo, es un placer tan grande siempre!… Vamos en automóvil, desde Hollywood hasta las bellas cercanías de Santa Mónica, un joven mejicano, correcto y amable, secretario de José Mojica, que guía el coche; el artista compatriota nuestro Francisco Moré de la Torre y yo.

    Avanzamos por caminos a trechos sombreados por eucaliptos, palmeras y pimenteros, alineados e inmóviles. Pasamos frente a casitas rodeadas de jardines, junto a huertas de naranjos y manzanares pomposos, ante abullonadas colinas de tierra parduzca, medio vestidas de matojos de verdor obscuro, sobre los cuales alzan aquí y allí su copa maciza y redonda encinas de tronco retorcido y rotundo.

    El automóvil, por caminos que serpean caprichosamente entre campos verdegueantes y descampados arenosos, trepa a una cuesta empinada o se lanza en rápido descenso al fondo de un vallecito entapizado de hierba jugosa, sobre cuya felpa de esmeralda se han abierto hoy multitud de flores diminutas, doradas, azules, de un malva suave, de un rojo sanguinolento o de una blancura inmaculada.

    Allá a lo lejos, en el fondo azul del horizonte ilimitado, centellea el mar, que nos saluda azotando nuestro rostro y revolviéndonos los cabellos con su brisa fresca y salina, que respiramos deliciosamente. Desde esta altura distinguimos ya el tejado, y en parte los muros de la casa de José Mojica, el tenor mejicano, tan querido del público de este país, en donde su dueño nos espera.

    Esta casa, en que el artista lleva una vida retirada, sencilla y laboriosa, situada en pleno campo y no lejos del mar, es —nos acaba de decir su secretario—reproducción casi exacta del rancho de San Gabriel, o Cerrito Colorado, donde nació y pasó los primeros años de su existencia el aplaudido tenor, allá en su país, en el estado de Jalisco, y cerca del volcán Colima.

    José Mojica

    A la puerta de su casa, con gesto fino y acogedor, salea a recibirnos José Mojica. Y momentos después nos hallamos en una morada que en todo revela el bienestar, la sencillez, el buen gusto en el mobiliario, en los libros y los objetos de arte que tenemos ante la vista. Y se respira en ella un ambiente de paz sedante y de familiaridad encantadora que rara vez, si alguna, pudiéramos encontrar en las casas de los artistas de Hollywood más favorecidos por la diosa Fortuna.

    Charlamos un buen rato en la biblioteca de Mojica, junto a la chimenea llameante, éste, Moré de la Torre y yo. Y mientras hablamos, y luego, al pasear por el jardín, a medio plantar todavía, pienso, con el caprichoso desorden de la imaginación, que gusta volar a su antojo sin preocuparse de la sucesión precisa de tiempos y lugares, en hechos de la vida de nuestro amigo, que fui conociendo poco a poco, y en los cuales pongo ahora algún orden para satisfacer las curiosidades del público lector.

    José MojicaComo ya indiqué cantes, José Mojica nació en Jalisco (Méjico) y en el rancho de Cerrito Colorado o de San Gabriel, hacienda azucarera y de café. Cuando contaba el futuro artista seis años murió su padre. Pasaron su madre y él a Guadalajara y a la ciudad de Méjico. Se educó en el Colegio Católico Francés del Sagrado Corazón y en las Escuelas Nacionales.

    En Méjico se percibía a la sazón por todas partes, más intensa en unos lugares que en otros, pero viva por dondequiera, una sed, una verdadera fiebre impulsiva de cultura. Mojica, el adolescente de espíritu curioso y entusiasta, vacila entre distintos rumbos. Ingresa en la Escuela de Agricultura, a fin de continuar la labor paterna, ensanchándola y aumentando su rendimiento, mientras comienza entonces a sentir la poderosa atracción del arte.

    José MojicaDesde aquella época es un inteligente aficionado de la pintura, y ya por entonces se iba iniciando en los estudios musicales. Comienza a cantar en coros, por pasar el tiempo, como una distracción ligera e inocente en un principio. Pero muy pronto decide consagrar al canto su vida entera. Y ya no habrá de apartarse jamás de esa ruta, en la que le aguardaban, como a la mayoría de los grandes artistas, luchas, pruebas y sacrificios numerosos y duros antes del triunfo definitivo.

    Una de las revoluciones mejicanas privó a los Mojica de la hacienda de San Gabriel. En medio de las dificultades mayores y más descorazonadoras por que quizá hayan atravesado nunca el tenor de la Chicago Civic Opera y su madre, la bondadosa y simpática señora a quien acabamos de conocer, toda devoción y espíritu de sacrificio para su hijo (una madre muy de nuestra raza), se toma la decisión de no perdonar medio —¡y se dispone de tan pocos!— para que Mojica, si ha de consagrar su vida al arte, llegue a ser un gran artista.

    Y la dama ejemplar, que me parece estar reviviendo al escribir estas líneas, da a su hijo casi todo el dinero con que cuenta: los últimos quinientos dólares puede decirse, resto del naufragio de una buena fortuna, amasada por el talento, la honradez y la laboriosidad, y destruida por los golpes del azar y de las pasiones y los fanatismos desbordados.

    Mojica se dirige entonces a Nueva York, decidido a luchar sin tregua ni respiro hasta conquistar el triunfo y la fortuna. Pero la época de su llegada es la menos propicia que pudiera haber para la realización de los planes del joven entusiasta e inexperto.

    Los Estados Unidos acababan de entrar en la guerra europea, y no le era posible encontrar ocupación como cantante en ningún sitio. La bohemia artística, trabajosa, amarga en todo lugar, ha de ser terrible en una ciudad monstruosa y dura como Nueva York, sobre todo al estar, como entonces, en plena agitación guerrera.

    José Mojica, el exquisito artista de hoy, tuvo que decidirse a trabajar entonces en una oficina, recibiendo como retribución de sus tareas enojosas doce dólares por semana, de los cuales enviaba una parte a Méjico, a la buena madre que allí —desposeída de todo— esperaba y soñaba con el triunfo del hijo.

    Después de ocho meses regresa a Méjico para cantar como segundo tenor en una Compañía organizada por Sigaldi, y de la que formaba parte Polacco, como director de orquesta; Rosa Raisa, Lázaro, Edith Mason, entre otros.

    Vuelve con esos artistas a los Estados Unidos para cantar en Chicago como segundo tenor igualmente. Al día siguiente de su primera aparición firmó un contrato por cinco años. Empezó a cantar como primer tenor en las óperas de Le Pardon de Ploërme y Thais, con Amelita Galli-Curci y Mary Garden, a quienes recuerda siempre con simpatía y gratitud.

    Retrato al óleo de José Mojica (barcena1901-100)

    Retrato al óleo de José Mojica, 1929 (Macena Barton, 1901-1986)

    Mojica, no sólo en las temporadas de ópera de Chicago, sino en sus tournées de conciertos por todo el país, ha obtenido grandes éxitos. También los principales estudios de Hollywood se han disputado a José Mojica ofreciéndole enviables contratos. Después de algunas vacilaciones por parte del artista, aceptó las proposiciones de Fox, en cuyos estudios ya ha representado la figura principal en dos películas, cantadas en inglés y en español: One Mad Kiss (El precio de un beso) y The Love Gambler, de la cual desconozco aún el título castellano. Ya ha triunfado también José Mojica en este nuevo aspecto de su actividad, en el cual le aguardan, sin duda, numerosos triunfos.

    Mojica / Amores y amoríos

    Pero no puede uno menos de preguntarse, un tanto indeciso, si será el cinematógrafo la verdadera, la definitiva ruta para un artista de tanto talento como Mojica.

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    José Mojica, Fray José de Guadalupe (I)

    Martes, Agosto 10th, 2010

    José Mojica

    Hace unas pocas semanas;-) que Nicolás Camilo preparó para todos nosotros, y con mucho arte, unos vídeos con arias y canciones del tenor mexicano José Mojica (1896-1974). Las audiciones que pueden escuchar en este post también son regalo suyo. Gracias mil, Nicolás.

    Acompañaremos las grabaciones con tres artículos sobre José Mojica que hemos hallado en el fondo del mar. Tres instantáneas. Tres testimonios que de alguna manera resumen lo que José Mojica fue en su vida: tenor, estrella del cine y sacerdote franciscano.

  • Júrame (María Grever)
  • Mojica / Júrame

    El primero es una entrevista reportaje sobre José Mojica publicada en 1930, año en que el tenor adquiere para su madre la Villa Santa Mónica en San Miguel de Allende, Guanajuato (México), donde doña Virginia residirá hasta su fallecimiento, en 1940. En ella se relata, a grandes rasgos, los orígenes de Mojica,  los inicios de su carrera artística, sus primeras actuaciones como tenor y como divo de la pantalla.

    Mojica / Ni de día ni de noche

    El segundo es un curioso y frívolo apunte sobre el paso del tenor José Mojica por Madrid en diciembre de 1930.

    El tercero es de 1974, año en que falleció Mojica, y remite a 1952,  cuando Fray José Francisco de Guadalupe Mojica reside en Madrid, en el Convento de San Francisco el Grande, y visita de incógnito el Teatro del Liceo de Barcelona, donde había cantado El barbero de Sevilla en mayo de 1931. El motivo de su viaje nada tenía que ver con la lírica. Participaba Fray José Mojica en el Congreso Eucarístico Internacional celebrado en la ciudad condal en 1952.

    Ahí [plaza de Cataluña, Barcelona] tuve uno de los éxitos de los cuales guardo el más feliz recuerdo. El día de Santa Cecilia [...] me pidieron unas modistillas y estudiantes que cantara algunas canciones, a lo cual accedí muy gustoso. En cambio lo del Liceo fue lamentable, no sé si porque estaba mal de voz, o por la grandiosidad del local.

    —Y también porque el empresario había doblado los precios. La butaca de platea costaba los domingos por la tarde quince pesetas, y para la representación de El barbero de Sevilla, en la cual desempeñaba usted el papel de Conde de Almaviva, la puso a veinticinco pesetas aprovechándose de su popularidad en el cine.

    —Lo ignoraba y le agradezco este consuelo.

  • V. Coma Soley
  • La Vanguardia, Barcelona, 11 de octubre de 1974
  • * *

    En diciembre de 1930, José Mojica tiene 34 años y ha protagonizado en la pantalla El precio de un beso /One Mad Kiss y Cuando el amor ríe /Ladrón de amor. Es todo un acontecimiento su estancia en Madrid, y los periodistas lo persiguen para conseguir una entrevista.

    El objetivo de su visita, según él mismo manifiesta, es “respirar el aire que fue la cuna de sus antepasados. Y otro muy laudable: contrastar con la realidad el concepto que él tenía formado de España, a fin de no incurrir en equivocación cuando tenga que representar tipos españoles” (Crónica, Madrid, 18 de enero de 1931). Pero hubo otros:

    —¿A qué obedece su viaje a España?
    —No vaya a figurarse que es un viaje de placer. He querido conocer este bello país, porque deseo que el ambiente de mis próximas producciones sea verdadero. No quisiera filmar por ignorancia alguna ‘españolada’. Por otra parte, quiero buscar una muchacha que reúna condiciones para la pantalla, con el objeto de que interprete la principal figura femenina de mis películas. Pero hasta ahora no la he encontrado. He visto a varias, y aunque todas son muy lindas, no se aproximan a la muchacha que yo quiero.

    ¿La encontró?…  En su siguiente película (Hay que casar al príncipe) comparte protagonismo con la donostiarra Conchita Montenegro; en la siguiente (La ley del harem), con la bilbaína Carmen Larrabeiti; y en la que siguió a ésta, con la sevillana Ana María Custodio.

    Mojica / Je crois entendre encore

    Causó gran revuelo José Mojica en Madrid en diciembre de 1930. En la redacción del  Heraldo de Madrid, le hicieron corro. Literalmente. Uno de los reporteros que allí se encontraba describe a Mojica, y sus primeros triunfos cinematográficos, con las siguientes palabras:

    “Sus éxitos como cantante no podían pasar inadvertidos para los productores de films parlantes. Fue requerido por diversas empresas, y a la Fox le cupo el honor de incorporarle a su elenco. Ha filmado varias películas en inglés y en español: de estas últimas, el público madrileño conoce la titulada El precio de un beso, y no tardará en recrearse con otra que se estrenará muy en breve en Royalty con el sugestivo título de Ladrón de amor. [...]

    El protagonista de Ladrón de amor es el único galán que puede competir con los galanes que brillaron en el cinema mudo. A la maravilla de su voz —voz de oro, como la dicen en Norteamérica— une la prestancia gentil, atrayente y arrogante del hombre simpático y una exquisita sensibilidad que jamás pudimos ‘ver’ en los galanes de patrón afeminado, tan en boga hace un lustro. José Mojica es todo lo contrario a aquellos. De aspecto viril, agradable, sin ser guapo: artista, muy artista, y de perfecta fotogenia.  Optimismo de juventud, juventud de amor y amor hecho arte. En unas palabras: José Mojica es la futura estrella del cinema parlante; en la hora presente, es la única”:

    —Hablemos del cine (…) ¡Piensa usted hacer más películas!
    —Hasta el momento, tengo firmados compromisos para tres más.

    —¿En español?
    —En español. Precisamente mi viaje tiene relación con estas cintas.  Vengo a buscar varios tipos que ‘vayan’ bien y a entrevistarme con algunos escritores para que los diálogos sean netamente españoles y… literarios. He hablado con los Hermanos Quintero, con Muñoz Seca

    —Eso es lo que debieran hacer todos los productores.
    —Yo soy amante del detalle y de la fidelidad. El traje que me ha visto usted en Ladrón de amor es reproducción exacta de un traje que pertenecía a mi abuelo y que yo conservo como reliquia.
    [...]

    —¿Piensa usted permanecer más días con nosotros?
    —Desgraciadamente, salgo mañana.

    —¡Mañana! Eso no puede ser. Usted se queda aquí hasta el próximo enero. Quiero que tome las uvas el último día del año y en la Puerta del Sol.
    —Pero…

    —Es inútil. Usted come las doce uvas en mi compañía. A lo mejor encuentra motivo para una película.

  • Heraldo de Madrid, 31 de diciembre de 1930
  • Mojica / María La O

    ¿Tomó Mojica  las 12 uvas en la Puerta del Sol en la Nochevieja de 1930?… Tendrán que esperar a mañana…;-) Mañana, también, el primer testimonio.

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